Los Morlock y los Eloi



Un mundo donde todo está permitido, pero en el que nada es posible.❞ Sánchez Dragó
La inteligencia que no despierta hostilidad es anodina.❞ Nicolás Gómez Dávila
La miseria es mejor que nada.❞ Dr. House
Tal vez con suerte encontremos lo que se nos escapó,
en lo que antes llamábamos hogar.
❞ La crónica francesa
Puede que hayamos olvidado el pasado, pero el pasado no nos ha olvidado.❞ Magnolia
En la vida no hacer nada también es pronunciarse.❞ Dark Web Cicada


Ayer tuve la intuición de si realmente existe el procesamiento mental, o si todo sólo es memoria. O sea, que no procesamos, sino que en cada acto se recupera una memoria óptima de cómo hacer algo en concreto. Esta teoría topa con la recursividad al infinito, en tanto que si se recurre a una memoria previa —estado de las conexiones de ciertas neuronas— se remite a un primer estado donde no existía memoria, y por ello tuvo que entrar en juego un procesado mental. Pero, ¿y si al final sólo remite a estados preinstalados en el ADN? Por ejemplo, nacemos «sabiendo» de unas leyes físicas, como la de la gravedad, donde todo cuerpo tiende a caer. A partir de tales reglas, el cerebro asume o «corrige» estados de las conexiones neuronales con las que nacemos, de tal forma que no hace falta el «procesado», sino sólo memoria (es una versión alfa de tal idea, le sigo dando vueltas…, me autoanalizo en cada momento para ver si en cada proceso motor he procesado o recuperado una memoria; esto se puede analizar cuando se recoge la mesa para llevar todo a la cocina, y el cómo el cerebro se readapta a cómo llevar más platos, vasos y otros enseres. ¡Es divertido este tipo de análisis!).


Preámbulos para comprender y entrar en el tema

Se habla ahora mucho de «despertar» (despertismo, wake), que a la vez hace alusión a tomar la pastilla roja, que se popularizó en la película Matrix, pero que tiene de antecedente el concepto de la «máquina de experiencia» de Robert Nozick, a la hora de elegir entre la realidad o vivir dentro de una máquina, y donde quizás su inicio esté en la alegoría platónica de salir de la cueva, en tanto que los que vivían allí sólo veían las sombras de figuras proyectadas sobre la pared, y debido al foco de las antorchas de aquellos que mantenían a tales personas en la creencia de que tales sombras eran la «verdad». Así, el protagonista de Platón, al salir de la cueva, se encuentra con la realidad de los objetos tridimensionales y llenos de color, brillos y matices, y «despierta» a la realidad. ¿Os imagináis que hubiera salido por la noche?, la realidad no hubiera sido muy distinta de la proyectada en la cueva. ¿Qué es realmente despertar?, ¿Se puede hacer?

Hace unas semanas, en el mapa mental de la superveniencia, me puse a agrupar qué conceptos o partes del cerebro entrarían en juego a ese «despertar». Acabé con tantas posibilidades que no me fue posible crear un patrón sencillo, como para poderlo definir en pocas palabras o unos pocos conceptos o funciones del cerebro. Con «despertar» me refiero a esa especie de epifanía que creen tener algunas personas, que es aquella por la cual a partir de ese momento cambiarán su forma de ser o su forma de accionar sobre el mundo. Aquí ya vemos una posible dualidad. Un cambio hacia adentro, y un cambio en la proyección hacia afuera. Pienso que detrás de todos ellos suele darse un salto de fe. Me refiero a que no existe un cambio «real», sino más bien una disposición a creer y dar fe que ha ocurrido un cambio. En ese caso opera un deseo a mantener una profecía autocumplida, y en tanto como he dicho en unos escritos atrás, la libertad siempre es a posteriori. O dicho de otra forma, en tratar de impeler, prever y posicionarnos, a cómo actuaremos de aquí en adelante si se vuelve a dar una situación X.

Realmente no existe un despertar, ponemos fe a que hemos despertado y en la medida de querernos cambiados a partir de X experiencia o compromiso con nosotros mismos. La clave por tanto parece ser la fe, donde esta sólo se basa en una creencia sobre qué es la verdad, más que con respecto a salir a la verdad. Si realmente fueran despertares, no podría darse un cambio de ser feminista para al final atacar al feminismo, o lo contrario, no serlo y de repente serlo y defenderlo. Un «verdadero» despertar se suele tomar desde la mentira o lo falso a la verdad, pero esos dos diametralmente opuestos «despertares», no parecen ir  hacia una sola dirección, luego son despertares relativos a la posición previa. La metáfora de Platón era despertar a la verdad, pero es distinta la verdad científica que la humana, y si se puede hablar de «una» verdad humana es que parece imposible volverla científica. Como somos seres individuales, todos tenemos el humor y eso es una verdad universal (puede darse el caso de alguien que por su cerebro dañado no lo tenga…, en parte los autistas al no saber «leer» el contexto), pero qué es o no es gracioso depende de cada cultura y persona. Hay recovecos aquí sobre los que aún habría que escarbar, pero de momento lo dejaremos así.

En el escrito «la sangre justa» (tiro piedras sobre mi propio tejado al acertar tan poco en algunos títulos o su gráfico de cabecera), traté de establecer qué capas del cerebro son «reales» y cuántas son susceptibles de ser construcciones sociales. Hay bastantes que son de «puertas para afuera», pero diferencié entre las que terminan por estar «agarradas a nuestra propia carne y hueso», como son el idioma y la cultura nacional/regional que somos, y aquellas otras sobre las que sí tenemos cierto margen para el cambio. Mi imagen, bastante intuitiva para todos, es la dualidad de cómo nos comportamos en soledad y en casa, con respecto a estar en sociedad y en situaciones convencionales. O sea, alguien puede ser muy gracioso de forma natural, sacar chiste de todo, pero si va a un funeral, tiene que «frenar» su «naturaleza». Gracioso es su naturaleza, lo social es aquello que requiere ser «frenado», tapado u ocultado, de todo aquello que es natural, dada las convenciones sociales. Lo «natural» y lo social no es un interruptor de apagado o encendido. Está claro que el gracioso en un funeral se tiene que conmutar a apagado, pero las situaciones sociales son tantas y tan variadas de matices, que en cada caso tal persona se tendrá que conmutar a ser 5% gracioso, 50%, etc. El problema social es delimitar qué porcentajes hay que usar en cada situación, donde para algunos un 50% de gracioso ya es excederse, mientras que para otros será «haberse quedado corto». Es por esto que no hay verdades universales en lo social o sólo algunas, como pueda ser el caso concreto de evitar ser gracioso en un funeral.

Bajo lo dicho, lo que creen las personas al decir que han cambiado, es un «reconteo» de cómo se han de comportar (bajar el grado de gracioso, por seguir con el ejemplo…, en otros casos a su fe a que Dios tiene un plan para sus vidas y sus percances) en sociedad, pero que no tiene por qué implicar un cambio interno. O sea, alguien que aplique el humor a todo, por ejemplo el Dr. House, a la vez el resto de las personas lo simplificarán o analizarán como que es una persona que no quiere madurar. Si en un momento dado House se percata que tiene que hacer tal cambio, ocurre lo ya dicho arriba: desde ese momento habrá firmado un contrato consigo mismo para reducir su nivel de humor un X%, al que por fe se mantendrá fiel. En definitiva, se ha proyectado a que en cada ocasión social futura reducirá un X% su nivel de humor. En pocas palabras: prefija su futuro, o en otro concepto: favorecerá para que se dé la profecía autocumplida.

Visto lo dicho, y bajo la dualidad de cambio hacia afuera o hacia adentro, lo analizado hasta ahora sólo son cambios hacia afuera. No se cambia la «realidad», sólo el hacer. No se cambia el ser, sino sólo cómo este se manifiesta…, su (a)parecer. ¿Es posible un cambio de ser? Bajo mi punto de vista no, menos en algunas excepciones (decía House que «las personas no cambian, por ejemplo yo siempre seguiré diciendo que «las personas no cambian»»). Los traumas o las experiencias límites (o en otros casos daños en el cerebro), sí tienen la capacidad de hacer cambios. Yo he apostado en mis escritos a que tales cambios producen alteraciones en la huella epigenética del ADN, y es por ello que se da una «transmutación» del ser (los daños al cerebro son un tema aparte, pero los dejaré de lado). Pero además se puede dar otro caso, a partir de lo analizado hasta ahora. Pongamos que uno «despierta» a no ser feminista y pongamos que no nace a partir de una emoción, sino de una razón (el porqué de esta división se irá viendo). El cerebro sobre todo aprende a partir de la carga emotiva de las situaciones. Si uno ya se ha quemado antes, al acercar la mano al fuego el cerebro «revive» el miedo, la mala sensación, y aparta la mano. Por ello la razón de no ser feminista parte de una razón, pero no «toca» el ser, porque este es en tanto que emocionado o encarnado en un cuerpo lleno de sensaciones y emociones. Pero he ahí que a partir de ese momento damos fe a que no somos feministas, de tal forma que cuando alguien lo defienda a la vez irá en contra de nuestro «credo», ser e identidad. En ese caso el cerebro habrá sido prefijado a detectar los argumentos a favor del feminismo, a modo a como el cerebro prefija al fuego: algo que agredirá nuestra integridad, nuestro ser, nuestra identidad. Puede que al principio la emoción que nos despierte una feminista cree algo bastante neutro, pero he ahí que empezaremos a captar algunos argumentos feministas como muy desviados de la lógica formal (o de lo conveniente para lo social, etc.), de tal manera que a cada paso en el tiempo tal emoción se irá sumando a crear cada vez una emoción más negativa, hasta llegar un momento que la sintamos tan «real», como para detectarla como «peligrosa» contra nuestro ser y por ello odiosa, repudiable y deleznable, y con la misma consistencia y «validez» emocional como la que es el acercar la mano al fuego. Al final lo que partía de la razón deja de serlo, y formará parte de nuestras emociones secundarias y por ello parte de nuestro ser (hay muchas terapias psicológicas que parten de tal estructura, para reeducar hacia lo «positivo» —leáse conveniente para lo social—).

Hasta ahora hemos hallado tres estructuras. 1. el carácter (ser gracioso por «naturaleza»), 2. la sociabilidad, que es una parte muy externa (comportamiento en un funeral), y 3. una tercera estructura que si bien parece partir de una decisión o apuesta «razonada», al final se vuelve «real» al mover emociones reales.

Preámbulo

Qué habría de ser la «verdad» humana platónica, de existir, en un mundo en donde hay una alta variabilidad de caracteres, donde las convenciones dependen de cada cultura, y donde las emociones parecen reconstruirse. Si quitamos las dos últimas capas… ¿la primera nos dice algo?, existe alguna esencia humana…, ¿cómo descubrirla? Mi apuesta siempre ha sido la psicología evolutiva, o igualmente la antropología al tratar de hallar patrones existentes en todas las culturas, y en tanto que encuentra patrones que son universales. Tratemos de hacer una análisis a partir de estas premisas.

Muchas hembras del reino animal se vuelven agresivas y letales en cuanto lo que está en juego sea la supervivencia de sus crías. No hay una regla universal, depende de cada especie. La ciencia tiene la regla de que muchas hembras apuestan por dejar morir a sus crías, y poner más valor en sí mismas, puesto que las crías sin madre morirán igualmente, y en tanto que al apostar por vivir podrán tener más crías en el futuro. Esto es lo óptimo a nivel de las reglas evolutivas. Toda hembra que sobrevivió, y al final tuvo más crías, propició a que este modo de comportamiento fuera el que prevaleciese. Con todo, toda hembra mamífera tiende a luchar hasta el último momento para que no mueran, luego la regla no está grabada a fuego, sino que se pone en juego en cada hembra y ante cada situación de peligro. O sea, no hay un instinto a modo de interruptor, o estado de cero y uno, y parece ser una cuestión que se sigue dirimiendo en cada hembra y ante cada situación. Si una sola hembra de leona está entre su cría y varias hienas, se ve supeditada a reevaluar a cada momento sus posibilidades de salvar a su cría. Me imagino que entrará en juego cuántas hienas ataquen y cuánto de hambre estas tengan, como para que se muestren más o menos fieras ante tal situación, y como para que la leona reevalúe sus posibilidades de éxito. Con todo, y aunque por los datos dados se asimila más bien a un algoritmo, tiene que darse un momento X en donde al final opte por «rendirse» o dejar de luchar. Tal posible «algoritmo» es la naturaleza de las madres leonas.

De ser así, ¿cómo es el algoritmo de las madres humanas?, o no existe. Si se analiza lo dicho arriba sobre la leona, parece (pareciera) que existe un alto grado de libertad, pero al final ese lapsus en donde termina de rendirse, y que será distinto entre las hembras suricatas, «determinan» la naturaleza de la madre leona. Yo no dudo que existan tales patrones básicos entre los humanos, y por ello no creo en la absoluta «reprogramación» social, y es por ello que no doy fe en la teoría del construccionismo social. La aceptación de la homosexualidad implica que la programación innata existe. O sea, no se puede a la vez defender la homosexualidad y el construccionismo social. En ese caso la teoría Queer les «conviene» a las actuales feministas, puesto que tal teoría incluso cuestiona a la homosexualidad, como algo con lo que se nace, y dado que han de partir de la idea primera de que no existe la diferenciación de los sexos a nivel de comportamientos. ¿Cómo han resuelto todas las posibles paradojas subyacentes?, no lo sé, y la verdad es que no tengo ganas de leer ningún libro sobre el tema. Se puede pensar que cómo voy a atacar algo sobre lo que no he leído. Pero entonces el mismo argumento valdría para no poder atacar el zodiaco o cualquier otra seudociencia. La fase por la cual la ciencia no «estudia» o se plantea tales seudociencias se basan en reglas implícitas dentro de la propia ciencia. En la medida que el zodiaco nace desde ideas que no son científicas, después todo posible «acierto», del total de las ideas de los horóscopos, podrían ser aciertos por mero azar, no basadas en unas reglas científicas, donde en tales reglas, y para serlo, se han de repetir una y otra vez, y se validan como regla en la medida que se den por encima del 50% (mayoritariamente) en aquello que estudian. ¡Claro! En una isla en donde sólo existiesen hombres, al final, de querer tener sexo tendrían que tener sexo entre ellos. Tal situación llevaría a que, como resultado, les crease un tipo de emociones y no otras, pero saca a esos hombres de tal isla y puede que nunca vuelvan a tener sexo con otros hombres, mientras puedan tener sexo con mujeres. ¿Se han vuelto bisexuales?, quizás alguno, dudo que todos. ¿La «verdad» será con respecto al número que se hayan vuelto bisexuales?, tampoco. En filosofía, igualmente en ciencias, se distingue lo accidental del ser. Una manzana pocha —tal pochez es algo accidental— no es propia del ser de la manzana (no estoy diciendo que la homosexualidad sea algo podrido…, prestar atención). O sea, volviendo a los presos. Accidentalmente tales vidas encerradas en una isla, les han hecho no «hacer ascos» a nada en sus tendencias sexuales. Pero sus hijos nacerán sin tal «aprendizaje», o nacerán reseteados a «lo natural» en sus tendencias.

Vayamos a un caso más evidente y menos neutro. Si en vez de presos de un mismo sexo en una isla, se diera el caso de un adulto y un niño, quizás desviase su deseo de sexo hacia el niño. Al salir de la isla quizás ya no lo pudiera «normalizar» y se hubiera activado una tendencia pedófila en él, y de por vida, pero su hijo no heredaría tal tendencia, pues no estará programado en su ADN. Con todo, la pedofilia es un rasgo que se puede heredar. Tenemos así que por un lado se nace con unos rasgos concretos y por otro que se pueden modificar. Pero lo segundo no anula la primera regla, sólo la «supervisa» durante la vida. En definitiva: que cada hijo nace reseteado a su modo de fábrica. Esto lleva a qué queremos «reprogramar» o no a nivel social, pero no niega la naturaleza humana, pues existe. Al ser de esta forma, y si se diera el caso que el mundo se fuera a acabar en una hora, y de poder tener sexo con el que cada cual quisiese, saldría como regla mayoritaria el tener sexo con nuestra tendencia «programada». Los cisgéneros con el otro sexo, los homosexuales con el mismo sexo, y los bisexuales… con algo de elección, pero en tanto que suelen tener una preferencia primera.

(Por qué saco a colación tantas veces la pedofilia o el incesto… Porque se habla de libertad sexual como si ya no existiesen tabús, pero se mantienen en estos dos casos. Ciertos pensadores, como Philippe Muraydicen —temen— que todas estas nuevas tendencias —que parten del feminismo y lo Queer— terminarán por romper con todos los tabús. De hecho una feminista llegó a decir que habría que buscar el medio para que no se necesitase a la mujer para la procreación, que la humanidad naciese de incubadoras, pues de esa forma se podría tener sexo con los hijos que se cuidasen, pues no serían hijos naturales… Mal planteado, no es hijo aquel que se pare, sino el hijo que se cuida, como así lo son para las madres que los adoptan. Lo que se «active» en el cerebro lo crea el contacto constante con tal niño. Tal «activado» parece estar programado. Por todo esto realmente no puede darse la libertad sexual —tal como así se cree—, pues siempre habrá que proteger a los menores de tal «mirada» del mundo. Algunas situaciones actuales se explican por el actual estado truncado, donde se presupone libertad sexual, en un mundo en el que a la vez existen los niños. En España quieren, torpemente, tratar de explicar a los niños, antes de la pubertad, qué son los géneros, pero ¿cómo hacerlo si no saben qué son los dos sexos o el sexo?)

Hay más sutilezas aquí de las que pudiera parecer. ¿Yo podría tener sexo con cualquiera?, sí, pero mi preferencia, en todo caso, es hacia la feminidad, hacia lo delicado y etéreo del concepto femenino. Cuanto menos femenina fuera tal persona, más «resistencia» pondrá mi cerebro. O sea, como soy cisgénero y hombre, mi preferencia principal es hacia mujeres muy femeninas, en gradación a menos femeninas, pero posiblemente «mejor» hacia las transgénero muy femeninas que a una mujer muy masculinizada…, lo que de nuevo remite a la naturaleza, a lo que soy a nivel de programación, que es la de ser un hombre «destinado» a preferir o tender hacia lo femenino. Si se suma que esta será la mayor tendencia entre los hombres, se deduce que está programado, y a la vez que se valide la belleza femenina como aquello que la evolución tiene como «ideal» de la hembra humana.

(Añadido día 26 de abril. A veces me enredo cuando todo puede ser más sencillo de explicar. Si uno no tiene sexo durante mucho tiempo, al final se tienen sueños húmedos. Aquello a lo que el cerebro profundo recurra durante el sueño es nuestra preferencia «básica» o principal. Yo siempre tengo sueños húmedos con mujeres. La tendencia a lo trans puede que sólo sea una racionalización, vinculada a la curiosidad, y no plenamente un deseo per se. Bajo otra consideración, una forma cúbica si se deja caer por una ladera nos dará la sensación que rueda, pero en una superficie plana no lo hace. Hay que diferenciar naturaleza frente a posibilidad remota.)

(Puede parecer contradictorio tender a un trans muy femenino frente a una mujer masculinizada, pues en el primer caso no puede darse la reproducción. Esto se explica por un concepto que se repite en distintas especies, y que igualmente «da la razón» a Platón —en el sentido de buscar las esencias— , que se llama estímulo supranormal, por el cual el macho busca o tiende a lo exagerado de aquello para lo que está «programado», de tal forma que da prioridad a ese exceso que al propio fin de la reproducción. El caso más cercano en los humanos son los implantes de pechos o nalgas. Otro ejemplo son las venus prehistóricas, en las cuales todos los atributos sexuales están exagerados. En el reino animal el caso más conocido es el de un escarabajo de color marrón irisdiscente. El macho bajo el efecto de estímulo supranormal, se ve «atraído» por la botellas de cerveza, pos su parecido al color que le atrae.)

No sé si he aclarado algo o lo he oscurecido. Volviendo a la idea de Platón, qué es salir a la luz, qué es despertar: 1. ¿descubrir nuestra naturaleza?, o 2. ¿saber que es tan moldeable durante nuestra vida? Cada persona apostará por una u otra opción y por ello en lo humano siempre se partirá desde posiciones duales, o más, en donde lo común es nunca ponerse de acuerdo. Según Platón existe un mundo de las ideas, donde cada cosa concreta del mundo busca igualarse a su ideal. Es cierto que la base está equivocada, pero en el caso de la belleza femenina, se ve que no hace falta que exista tal cielo, pues es cada hombre dentro de sus elecciones programadas el que valida en vida tal ideario de belleza, como para que al final se haya escrito en el ADN y la evolución, y se mantenga. El ADN y la evolución es el cielo platónico. Tal saber debería de ser la luz fuera de la cueva.

Entro en tema, que quizás no parezca que tiene que ver, pero en el fondo sí.


Los Morlock y los Eloi

El título se refiere a dos tipos de humanoides en la novela «La máquina del tiempo» de H.G. Wells, pero no he leído el libro, y ni siquiera la división que voy a plantear es tal como el autor la planteó, sino sólo la versión de una película, que por lo demás no recuerdo cuál es (tengo que volverlas a ver, pero me llevará unos días —ver nota aclaratoria abajo—). La propuesta parte de la idea de que dos tipologías humanas eran tan distintas, en los cometidos que tenían que hacer durante la vida, como para que al final se creasen dos tipos de humanoides muy distintos. 1. Los Morlock son seres simiescos muy altos y de una gran masa muscular, que por lo demás, al dar prioridad a su fuerza, han ido perdiendo inteligencia, hasta llegar a parecerse más a un animal depredador que a un humano. Los Eloi son su contraparte. Se especializaron en el uso de la razón, de tal manera que serían más similares a una máquina que al hombre, puesto que perdieron su capacidad para sentir emociones (puede que mis recuerdos estén bastante distorsionados).

¿Qué tenemos en la actualidad? «Seres» que han orientado sus vidas a las finanzas, de tal manera que nunca han tenido en su vida ningún trabajo basado en el esfuerzo físico, y por otro lado personas que son su anverso, que toda su vida han sido trabajos manuales y apenas han trabajado nunca en nada que requiera un proceso complejo de sus cerebros. En la actualidad se dice que vivimos en la era de la información, que a la vez implica a que es la era basada en el conocimiento. Atrás quedó la era donde en la que el humano era medido por su sudor (el trabajo físico), para devenir en un mundo donde lo que se valora es el trabajo intelectual. Tal división no es tan diametral, pues el mecánico de coches hoy es mucho menos físico que el mecánico de los años 40 del siglo pasado, pues los vehículos ahora cada vez son más electrónicos y menos mecánicos. Lo mismo para el agricultor o la mayoría de las profesiones. ¿Cuál de los dos humanos está más pareado a la «naturaleza» humana?, tal como lo he planteado arriba. Cuál está más cerca de la «programación».

Voy a dar un rodeo. De las ciencias humanas nació la sociología, en la dirección de centrarse en el «componente» social «mutable»  y «programable» del ser humano. A partir de ahí la sociedad entró en las políticas identitarias a nivel político, en la medida de si habría que analizar al ser humano desde su naturaleza y ser, o desde su condición social y «moldeable». Para algunas posturas, como la comunista, lo importante es lo social, y por ello todo humano es sólo un eslabón que hay que «programarlo» para que haga su mejor «función» social. En esa dirección los hijos son a la vez de la madre y del Estado, por lo tanto si hacen falta hijos la mujer se tiene que centrar en procrear frente a otras labores. ¡Fijarse en la distancia de esta forma de concebir al ser humano con respecto de nuestro origen y que debió ser cercano a como son las tribus de cazadores-recolectores actuales! En tal planteamiento está más presente las mentes de los Eloi, mientras que los Morlock están más cercanos a los cazadores-recolectores. La teoría de cualquier persona es que los humanos somos «comunistas» a nivel de familia (o antes era así y cada vez menos), pues compartimos todo y de la forma más igualitaria posible, pero al extrapolar tal concepto a nivel social se distorsiona tanto la idea, que se vuelve insostenible. El capitalismo, por el contrario, se basa en la defensa del individuo, y su teórico agente racional, pero tanto que al final la sociedad deviene en ser demasiado individualista, narcisista y egoísta. De nuevo los Eloi están más cerca de tales planteamientos. ¿Qué se deduce?, que las ideas que parten de las ciencias humanas, entre ellas la sociología y la política, «pervierten» nuestra verdadera naturaleza. Tal distorsión está de trasfondo en nuestras sociedades, y convivimos con tal malestar ante la premisa de que no hay otras opciones. En la medida de lo posible nos «encerramos» a vivir en familia y con los amigos más cercanos, a modo de «escudarnos» de esa otra realidad social, pero se quiera o no es inevitable y permanece latente en nuestras mentes. No hay, ni habrá, una sociedad futura que nos «extraiga» de esta condición angustiante. Ningún partido político suplirá o nos devolverá a nuestro estado natural. Nos tenemos que conformar con votar aquel partido que creamos que nos acerque más a esa vieja arcadia.

Retomo el tema central. Un recurso filosófico para argumentar es la reducción al absurdo. Voy a llevarlo a cabo. Escritos atrás decía que ahorrar dinero no sirve de nada ante una futura gran crisis, pues cada vez valdría menos, hasta llegar el momento de ser simplemente papel (así sale retratado en la película catastrofista «Moonfall«, cuando una persona se hace con mucho dinero, en un mundo que va morir, y cuando su amigo le hace ver que el dinero ya no vale nada). Las empresas gestoras de inversiones se dedican a «escudar» el dinero de las personas para que las pérdidas sean las menos posibles. A la vez hace que las personas ganen dinero a partir no del trabajo, sino simplemente del dinero y las buenas inversiones. Reducción al absurdo… ¿por qué tanta educación, enseñanzas y saberes humanos, si tendría que valer con que todos fuésemos unos grandes gestores e inversores? Porque el sistema funciona en tanto que estas pocas mentes «Eloi» parten de la idea de que existen los Morlock. La gestión al final se basa en productos naturales o manufacturados que necesitan de los «brutos» que ponen su mano de obra y sudor para que los Eloi puedan ganar dinero. ¿Qué determina ser Eloi o Morlock?, en parte la naturaleza de tener unas capacidades intelectuales (y morales), y en parte haber heredado el suficiente dinero como para moverse con seguridad en el mercado bursátil.

No quería ir más lejos de lo aquí planteado. No tengo soluciones, sólo existen los problemas. Según el pensamiento liberal, tales personas son a la vez inversionistas, y crean empresas que crean empleos. Según el planteamiento Marxista, tal sistema es corrupto y terminará por implosionar por sus propias contradicciones (queda fuera de mi capacidad enumerar y exponer la visión Marxista), y devendrá en un sistema comunista. La única pretensión del presente escrito, donde es más larga la introducción que el propio tema, es la de hacer ver que no es que tal o cual idea esté mal o no, sino que ha ido en la dirección de hacer ver que todas las ideas están mal. La democracia está mal, los partidos políticos están mal…, o para ser más corto: todo está mal, menos la familia, que para colmo de males, cada vez tiene un menor valor. Por esto, y otras cosas, nunca podré estar de acuerdo con el feminismo, pues en su loca prosecución de no sé qué metas, —ni ellas mismas las saben ya—, están dañando ese último reducto de lo que nos hace ser humanos, ese último reducto de poder estar algo pareados a nuestra naturaleza. Une feminismo y liberalismo, en tanto que este es capitalista, y habremos terminado por matar todo lo que pueda quedar de natural en el ser humano.

(A modo de añadido… En el macho humano se dan más los dos límites de los Eloi y los Morlock, bajo los conceptos de los hombres hipercontrolados (sociópatas y psicópatas), que matan o controlan el sistema en su total falta de empatía, y los subcontrolados (borderlinepersonalidad antisocial) que pueden llegar a matar ante cualquier contrariedad en sus fuertes arrebatos. Un lado y otro son tan sólo entre un 1 al 4% de los hombres, pero teniendo en cuenta que en este «mundo loco» la desviación de la media cada vez es mayor. Por el contrario la mujer no suele tender a ninguno de tales extremos, manteniéndose más cerca de lo mediado humano. El feminismo al forzar a la mujer a salir de su «naturaleza», tiende a que esta se pronuncie igualmente en algunos de los dos lados).

No caigo en la idea del «buen salvaje«, no hubo un estado previo y perfecto en lo humano. Con todo prefiero el estado natural con sus «errores», que en todos los subsiguientes errores en los que estamos cayendo al haber salido de aquel estado…, en muchos casos en «nombre de la razón», al creerla pareada a la verdad. Nadie está de acuerdo en el «ojo por ojo», a nivel de puertas para afuera, pero las películas basadas en esta regla natural suelen tener mucho éxito en taquilla. El cine manifiesta, en muchos casos, nuestra verdadera naturaleza, pero tales narrativas después no las mantenemos «cara a la galería» o durante una discusión. Los humanos no somos ni Morlock’s ni Eloi’s, sino un estado siempre intermedio que nunca se terminará de definir hacia ninguno de sus extremos. Me gustaría pensar que si todos fuésemos Eloi’s, y a través de la razón, el mundo llegaría a una cierta armonía. Pero en teoría estamos más cerca de estos últimos y no somos más felices, sino que en el proceso de restar de nuestra naturaleza el pensamiento mágico, y toda emoción negativa hacia los otros, estamos entrando en unas sociedades cada vez más nihilistas, insatisfactorias y caóticas. Estamos apostando por no dar o recibir un tortazo a tiempo, a cambio de ir a psicólogos de por vida. Apostamos por la muerte de los significados a cambio de la paz. A la expiración de la espontaneidad a cambio de no tener miedo. Apostamos a lo psicopático de los Eloi a cambio de que el bruto Morlock nunca se manifieste. ¿Realmente estamos acertando?


Sobre el tema del principio y si existe el procesado mental. Al tratar de poner la clave para iniciar el ordenador, sin gafas, no veo y me equivoco. Al ponérmelas y ver, traté de crear alguna regla de poner el último número —que estuviera cerca de alguna de las paralelas de arriba—, que es en el que me suelo equivocar. Esto ya es un procesado mental, que no parte de una memoria previa, luego nada que hacer ahí.


Añadido el día 5 de abril. La película que tenía en mente era «The time machine» de 2002. La división hecha arriba está mal. Los Eloi son lo que ha quedado de la humanidad en la superficie de la tierra y es un pueblo manso que sirve de ganado —carne— para los Morlock, que viven bajo tierra. Dentro de los Morlock hay castas, y una de ellas es la de unos dirigentes con capacidad para controlar mentalmente —mente colmena— a los Morlock más fieros, y con una mayor musculatura y fuerza bruta. Es esta casta a la que me refiero arriba —erroneamente— como los Eloi. Dejo el escrito tal como está, pues de modificarlo, pierde fuerza o claridad. Llamar la atención que los Morlock matan a los eloi que más resistencia ofrecen, pues de esa forma los domestican hacia una descendencia cada vez más mansa y sin ningún viso de tratar de defenderse, y por ello, mucho menos el plantearse atacar a los Morlock. Es por esto que yo estoy contra la idea de «violencia cero»…, sólo beneficia a los que están en el poder, para que ninguna revuelta de las clases bajas sean demasiado agresivas y peligrosas como para poner en jaque el Estatus Quo. Generación a generación nos van domesticando, volviéndonos cada vez más mansos.

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