Etiquetar e Interpretar IV – Quebrar el Sistema



Para conquistar la realidad, hay que conquistar el lenguaje. Ignatius Farray
Los monstruos existen, los fantasmas existen, viven dentro
de nosotros, y a veces ganan.
❞ Stephen King
❝ La diferencia inmanente y determinación del concepto,
está en el juicio, porque juzgar es determinar el concepto.
❞ Hegel
¿Cómo puede estar limpio un pájaro que se alimenta de otro pájaro? ❞ Esquilo
Siempre pensé que la hierba era más verde del otro lado…,
quizás la hierba está muerta en ambos lados.
 ❞ Shoot to marry


Siempre me despierto a las cinco horas (más o menos) de haberme dormido, y después intento volverme a dormir. Si tengo temas en mente ese día, al despertarme lo haré con alguna idea nueva o un nuevo enfoque o metáfora para explayarme en mis escritos. Ese es uno de mis problemas con el sueño, ya que si me levanto en ese momento, en ese despertar temprano, habré dormido poco (esto ha sido así durante toda mi vida, antes era por pintar o por el ordenador). En la juventud se aguanta, pero a mayor edad menor será el aguante, peor se llevará ese día. Por otro lado hay que tener en cuenta que ese proceder, a la larga, traerá sus consecuencias con la memoria y como para tener una mayor probabilidad para caer en el Alzheimer, como dice la ciencia, y dejé expuesto en un escrito anterior. En una nueva actitud, estoy tratando de ignorar las ideas que me surgen en ese despertar y volverme a dormir, con el problema de que no las recuerde la segunda vez que me despierte, ya después de haber dormido un total de ocho o nueve horas. Hoy (el sábado…, he dejado reposar el escrito), por “suerte”, pues no es lo usual, me he despertado la segunda vez con una metáfora, que paso a relatarla.

En el primer escrito de esta serie, trato de sostener que no hay una frontera entre conciencia e inconsciente, la ciencia para solventar ese espacio, ha creado una tercera zona que ha llamado subconsciente, pero remite al mismo problema, que no hay realmente fronteras. La metáfora con la que me he despertado va de pegamentos. Dos metales, o uno en dos partes por una rotura, son complicados de pegar porque no son porosos. Cuanto más porosa sea una superficie más fácil es de pegar. Una de ellas es la madera (aunque no todas las maderas son igual de porosas). El pegamento para la madera se llama cola blanca, que me imagino que vendrá de la misma raíz que colar, que se filtra, como es el caso de colarse en una fila única de personas (cola). Mantener esta metáfora.

(Los neandertales crearon un pegamento, a base de alquitrán, para unir la vara de la lanza a su punta de piedra, mientras el sapiens aún la unía con cuerdas, luego no eran tan “tontos” como se les suponía.)

En el escrito anterior he querido mostrar que el propio lenguaje está cargado de estructuras, de cómo ha de entenderse la realidad. Algunas enseñanzas que portan los lenguajes “hablan”, nominan, realidades del cerebro medio y profundo. En ese caso, cuando uno aprende un idioma, este hace de pegamento entre las distintas partes del cerebro. Su fluidez, cual cola de la madera, cala en el cerebro profundo y allí echas sus raíces en lo más recóndito, cohesionando las distintas estructuras del cerebro. Para el caso es como si al echar cola a la madera, hubiera poros superficiales y poros más hondos, o incluso fisuras profundas, que en unos casos u otros crearán puentes entre las distintas estructuras. El lenguaje, así y siendo reduccionista en pos de la claridad, tiene dos principales capas: 1. las palabras nuevas (en realidad conceptos) que pueden tener sólo unos años o siglos, frente a 2. palabras y estructuras del lenguaje muy antiguas y que se remontan al inicio del lenguaje (primitivas, arquetipos). Madre es similar en muchas lenguas, es una palabra que vendrá desde el principio de la humanidad. Evoca al propio ADN en la medida que todo recién nacido espera que exista un cuidador, pues nace indefenso. Todos los bebés de los animales complejos nacen con la regla de crear tal lazo (aves, mamíferos, algún que otro reptil), al que la ciencia ha llamado impronta. Por el contrario, “vientre de alquiler” es un concepto nuevo. Así tenemos que mientras madre, como palabra, es la cola que se filtra por un “poro” en el cerebro hasta llegar a ese núcleo de la impronta, conectando los dos lados de forma férrea, vientre de alquiler seguramente se queda en la superficie del prefrontal y el lóbulo temporal izquierdo, como mero concepto social.

Si se me has seguido hasta aquí, se entenderá, por ello, el por qué digo que lo social, la tercera capa, la de los ingredientes que se echan en una pizza, no tiene porqué entenderse como máscara. Tampoco llama exclusivamente a lo tradicional frente a lo nuevo, lo aparentemente nuevo, puede no serlo. Se habla de que en las últimas décadas estamos llegando a ciertos grados de libertad, sobre ciertos desajustes o injusticias que han durado milenios, pero analizándolo bien en realidad se están recuperando. O sea, en estos días se ha aprobado la ley sobre la eutanasia en España. No es una victoria, un hito. El humano primitivo asumía el dejar morir, o incluso quitar la vida, a sus familiares o allegados, dependiendo de la edad y del dolor que estuviese pasando en ese momento. Aún hoy en día los pueblos de cazadores-recolectores, o incluso los nómadas, dejan morir a sus ancianos. Un documental sobre nómadas de Siberia, expone el caso de dejar al padre anciano atrás, abandonado a su suerte, porque no podía cruzar un río muy ancho, y en donde sus aguas bajaban con demasiada fuerza. O se quedaban todos bloqueados, o el anciano se tenía que sacrificar para el bien del resto (es de un documental de hace varias décadas, no recuerdo el nombre). En otro caso, me imagino que la homosexualidad estaba aceptada en las primeras andaduras humanas, pues tiene un sentido evolutivo: el que esos hombres ayudasen a sus madres y hermanas en el cuidado de la descendencia (no estoy diciendo una “barbaridad”: lo sostiene la ciencia, ver este escrito, donde se trata sobre todo esto). La homosexualidad masculina se puede dar a partir del quinto o sexto varón de una misma madre, y si a la vez hay varias hermanas (el pasivo es más tendente a tomar roles femeninos, el activo al no procrear no incrementa por su parte la descendencia en la familia, favoreciendo a las hermanas y su descendencia; se pueden dar casos fuera de estas reglas, como pueda ser el caso en los que se den cambios epigenéticos (durante el embarazo), siguen baremos estadísticos, no son rígidas leyes genéticas). Esta es una clara manifestación del conflicto intragenómico, en donde el sexo femenino trata de poner las cosas a su favor, “desfavoreciendo” la masculinidad (los genes que favorecen la masculinidad, que es un concepto usado y cotejado por la ciencia).

Volviendo a la metáfora. Algunos pasos sociales que se consideran liberales, así, no lo son tanto, sino que tienen más “sentido” (razón de ser) que lo que había hasta ese momento. En ese caso ese concepto es de tal tipo que se filtra entre los poros del cerebro, hasta alcanzar sus partes más antiguas. Consideremos el caso del perdón. Es una de las reglas dentro de sus premisas (mandamientos, o como sea la palabra para otras creencias) de algunas religiones, pero bajo mi punto de vista el escepticismo es algo primitivo, como estructura cerebral, y en realidad el “verdadero” perdón, puede ser más propio de alguien no religioso, que de alguien que sí lo es. O sea, una máxima humana es que todos cometemos errores (el consabido “errar nos hace humanos”), el “verdadero” perdón llama a este escepticismo primigenio, al saber que no hay nada, ni nadie perfecto (tampoco hay que olvidar la tendencia al olvido, como tendencia genética, analizado escritos atrás). Pero las personas religiosas creen en la perfección, que es un dios o dioses, y donde todo humano tiene que alcanzar o tratar de llegar a esa perfección. Siendo así, perdonan, porque es un mandato de sus creencias, no porque lleguen a ese núcleo escéptico y más primitivo del ser humano. Bien mirado, en realidad no perdonan, o si perdonan en algún grado es por ese lado más primitivo, pero ese perdón crea una disonancia moral y/o cognitiva (ambivalencia) con sus creencias religiosas y de la perfección. Con todo, este núcleo llama a otro que es el “ojo por ojo“, y por ello el no perdón. No hay forma de cohesionar esos dos núcleos. Recordar que abogo por que somos el caldero, en donde se ha echado un lado de la realidad y su contrario (la metáfora inversa, al abrirla, es la caja de pandora). De ninguna forma tales componentes pueden llegar a formar un puré homogéneo. Por esto afirmé que no hay un ente en el cerebro profundo, pues hay contrarios cerebrales (primitivas) que no hay forma de que sean parte de una sola unidad de ser. Toda pretensión de cohesionar todo los contrarios son racionalizaciones, que es lo que estoy tratando de “atacar”, pero igualmente comprendo la imposibilidad de crear alguna moral o conducta a seguir (eso ya sería creer en algún universal por el que crear una “moral válida”), pues lo “primitivo” no está exento de errores…, luego no hay forma de “resolver” nunca nada, y por siempre, en lo humano. Para terminar este párrafo, y en parte contradecirme, pero en la dirección de hacer ver lo complejo del tema…, el cerebro profundo, nuestros genes, sí “tienen” o manejan el concepto de “perfección”, puesto que un bebé recién nacido mira con más atención los rostros bellos y muy simétricos. La tendencia evolutiva es buscar una pareja lo más bella y simétrica que se pueda (pues demuestra portar unos buenos genes), pero este patrón o primitiva genética, sólo está implementado en lo estético, el volcarlo o extrapolarlo a lo moral ya forma parte de otra capa y puede que sólo sea una racionalización, y una parte que se ha creído esencial del sistema que son las sociedades, pues este sistema se basa en el “mal” o el “buen” comportamiento de los individuos. Para el caso, un “malentendido” —no exento de puntos de vistas tendentes a la manipulación propias de las ideologías— que ha arrastrado a la filosofía y a la teología a la hora de concebir al humano y este como manifestación de algún dios.

O sea, habrá quien crea que ataco ciertas cuestiones para reivindicar la tradición, y otras personas creerán que ataco a esta, sin perfilar ningún camino claro. No es ni lo primero ni lo segundo. Trato de hacer ver que la condición humana, y dentro de los sistemas complejos en los que pueda estar, implica portar contradicciones insalvables, y que precisamente si hay tanta lucha e interpretación de lo humano y la realidad, viene dado por ese principio. La imagen del yin y el yang es un ejemplo y a la vez una contradicción de su filosofía. Hay fuerzas contrarias, y su gráfico va contra su propia esencia, pues es una visión muy formal y racional de dichas fuerzas y contradicciones. Entonces, si se entiende y analiza “bien” la realidad, las cuestiones e historias humanas no podían haber sido de otra forma de como ha sucedido todo, y que está simplificado en el escrito anterior (no paso por paso, claro, sino a nivel general). O sea, que aunque el humano haya creído ir hacia la razón desde su libertad, no podía haber sido de otra forma, porque esta capacidad humana es la que tiene más poder, aunque sólo sea para hacer uso de la fuerza más brutal y cruel, como así fueron las bombas atómicas lanzadas sobre Japón, o el holocausto judío. Lo que dice la regla de que “la guerra (o discordia) es la fuente de todas las cosas”, es que en tales luchas vencerá lo más fuerte. Los Romanos fueron, quizás, el primer ejército que sistematizó racionalmente las guerras, o por lo menos el más eficaz al atenerse a ciertos sistemas de ataque. A la vez aprendían de sus fracasos y de las victorias de sus enemigos (y de sus tecnologías), que de nuevo es otra forma de usar la razón. Siendo así, no gana el que pueda estar más alineado a una verdad, sino el que tenga más fuerza. Las posturas escépticas de la historia no ganan porque suelen ser minoría, y porque sus sistemas no tratan de imponer nada…, eso ya sería tener certezas. Esta misma idea se deduce de la frase de Bertrand Russell que dice que “el problema de la humanidad es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas”. Imaginar la lucha por imponerse en las ventas de un teléfono móvil. Si una empresa dudase constantemente qué tecnología poner y de qué forma, nunca sacarían un móvil definitivo, pues la tecnología avanza y a cada paso se tendrían que replantear de nuevo todo. Mientras que lo que funciona, y se impone, es ser resolutivo y sacar la última tecnología, sin plantearse pros y contras. Así que cuando salió el reconocimiento de caras, las personas se plantearon que si se cogía el móvil de una persona, cuando esta se encontrase dormida, se podía desbloquear el móvil con su cara sin que esta se diera cuenta…, ¿se lo cuestionaron las compañías que la pusieron en sus dispositivos? La regla que subyace bajo todo esto, “sirve” para explicar la mayoría de los sistemas: la evolución, la historia, las sociedades… En la evolución subsiste cualquier mínima ventaja, da igual que a la larga lleve a ese animal a un callejón sin salida y a la extinción. No hay ninguna verdad, si por tal se entiende una finalidad: “funciona ahora, todo va bien”, es la regla evolutiva y no hay, tras esto, otra regla. Un caso es el oso panda, el oso suele ser carnívoro u omnívoro, el panda se especializó en la caña de bambú, que era lo que era más abundante en el hábitat que se encontraba, pero ahora el humano al acabar con tales hábitat, está llevando a la extinción al oso panda. Paradójicamente si se da el cambio climático, el bambú será una de las plantas que podrán mantenerse y expandirse, volviendo a dar ventaja al oso panda.

Lo que estoy diseñando puede que algún día se use para matar a millones de personas. No me importa. Esa no es mi responsabilidad. Se me presenta un problema tecnológico interesante y disfruto resolviéndolo.Estudiante del MIT, citado en “New York Artículos” del “Times”, el domingo 9 de noviembre de 1969.

Mi “regla” es ser crítico con los que creen estar en alguna verdad, ser simplemente crítico, “vigilar” las ideologías o paradigmas que creen ser las únicas que son racionales, para tratarles de hacer ver en qué se equivocan, y en vista de que toda ideología que se ha creído con tal capacidad, suele haber sido la que ha llevado a muchos caminos cerrados, equivocados y desastrosos de la historia. Mis frentes son dos: el feminismo radical (y el de la cuarta ola) y el neoliberalismo…, de la globalización dudo, pues por ahora está dando más problemas que soluciones (volveré sobre esto abajo y en el último escrito). En España hace treinta o cuarenta años se oía decir que alguien era de Bilbao, de Barcelona o La Coruña, pero hoy se dice que es un vasco, un catalán o un gallego. Si supuestamente vamos hacia la globalización…, ¿por qué de repente se están volviendo tan presentes las nacionalidades o las autonomías? Lo mismo que está pasando en España está pasando en otros países. Estados Unidos teme llegar a una nueva guerra civil, porqué hoy las posturas opuestas de los distintos Estados se están volviendo insalvables. Hoy más que hace unas décadas se habla y se hace más uso del término de fascista o facha. Cómo, si lo que debería de primar es el concepto de cosmopolita, de igualación de los rasgos locales, bajo el signo de Internet y la globalización. Pensar que tales tendencia son una última resistencia a la globalización es simplificar en exceso el tema. De reflexionar así, de nuevo, olvidamos cómo está construido el cerebro, y como este crea una identidad, su identidad (explicado aquí). Bajo mi punto de vista, los escépticos, y puesto que no creen en ninguna verdad social, son más propensos para pensar en un concepto como el de cosmopolita, o sea y de entenderlo bien, no es una virtud: su ausencia de creer en la validez de cualquier raíz de una identidad, les hace ser cosmopolitas de manera negativa, porque es lo que queda como resto en su negación de todo…, mientras que el cerebro “normal” es más tendente a las creencias, lo patrio y la identidad (ideologías). Esto se entenderá mejor en el siguiente escrito.

¿Por qué pongo al feminismo en el mismo paquete? Bajo mi punto de vista, algunas de las leyes promovidas por el feminismo están creando desigualdad, porque de facto, aunque en una imagen metafórica, haga lo que haga la mujer tiene a dos policías, uno a cada lado y detrás, que la custodian, mientras que pisando el mismo terreno el hombre tiene un juez que está mirando todo lo que haga o diga. La sexualidad será un tema que nunca se resolverá. En escritos atrás puse el caso de una mujer que fue al “late Show” de Broncano, “La resistencia“, con un suéter de rejilla muy abierta y sin sujetador (no soy puritano, siendo cínico me da igual, como si va desnuda, sólo soy crítico en tanto que opositor al camino que toma el feminismo). Decía además que si tal cuestión es “normal”, y en igualdad, el hombre le debería poder mirar aquello que se ve a simple vista. Es igualdad en tanto que ante una postura “descarada”, se responde igualmente con descaro (no hay forma de igualar este lenguaje: el feminismo aduce que tal actitud no implica descaro, sino libertad, pero entonces el hombre también se puede acoger al mismo principio de libertad…). De hecho no se mira a los pechos de la mujer, porque “está feo”, o sea, se produce el efecto del elefante en una habitación, que parece no existir, porque nadie pone la vista sobre él, en este caso porque es de maleducado mirar ciertas partes del cuerpo humano directamente. La desigualdad femenina, aquí y ahora, es que se ponen “dianas” sobre esas partes y hay que obviarlas, cuestión más compleja (también en el mismo trama se ignora el saber científico y la importancia de la vista periférica —que sí ve aquello que sus ojos no enfocan—, que llama y está conectada a las partes más primitivas y básicas del cerebro). La paradoja es que uno puede mirar en todas las direcciones, pero la visión tiene que saltar a otro lado, cuando se topa con algo así. A lo que quiero llegar es que este mismo efecto, cargado e incrementándose por milenios, ha creado el concepto cerebral del morbo, de lo prohibido. Yo no quiero resolverlo, no creo que se pueda; la apuesta que se ha solido imponer ha sido la cesión por ambas partes (cierto que en algunas culturas tal equilibrio no se ha dado), hoy en día ya no existe tal pacto, es lo que imponga la mujer.

Lo prohibido, en la dirección de no volcarlo y limitarlo a lo sexual, tiene otras tres formas de revelarse —o una en tres grados de expresarse—, a través de las palabrotas y obscenidades. Al soltar palabrotas se libera el estrés, que de esa manera aminora o desaparece. Es una manera de no llevar esa ira a las manos, a la violencia física. Las obscenidades, por otro lado, sirven de acicate para el sexo. Aquí de nuevo vemos la importancia de las palabras y el cómo estén etiquetadas en sociedad, si árbol fuese una palabrota tendría una carga significativa distinta para todos. El caso más extremo de las obscenidades y las palabrotas es el síndrome de Tourette, conlleva que el que lo porta es una persona que cae fácilmente en la ansiedad y es muy sensible a la tensión social: es una olla a presión que tiene como fuga las obscenidades y las palabrotas. Tales hechos puede que demuestre que los tabús y lo prohibido han de llevar tanto tiempo en el acervo humano como para haber creado algún cambio genético, como para haber creado tales mecanismos de escape tan “extraños” o cuanto menos paradójicos, y de ser así, ¿cómo no habría de serlo en algo tan elemental a nivel evolutivo como el sexo? (Leer más sobre esto).

El programa “La vida moderna“, tenía como una de sus secciones “cómo hemos cambiado”, donde exponían casos de “barbaridades”, de actos o palabras, que cometían las sociedades de apenas unas décadas o incluso de hace unos pocos años. Pero si se entiende bien lo que trato de mostrar en estos escritos, siempre será así, pues qué está bien o mal en lo social, depende de cada una de las sociedades. Ahora mismo hay comportamientos que son aceptados, o no vistos como negativos, pero puede que dentro de unos años se analicen como tales. Uno de esos casos es el permitir el porno o las cam girl de embarazadas, porqué ahí hay una persona a la que no se le ha pedido autorización para hacer tales cosas; el niño en el vientre, que al final se podrá enterar que estaba presente en aquellos comportamientos y elecciones de sus madres. Otro caso es que las cam girl, o las compañías porno, jueguen con la infantilización, a comportarse como lolitas y niñitas. Una gran cantidad de cam gilr tienen de fondo grandes osos de peluche y objetos infantiles de ese tipo. Cambiando de tercio, es inútil tanto eufemismo y ver con malos ojos para nominar a ciertos colectivos: al final el más aceptado tendrá la misma carga conceptual. Tal carga no cambiará a nivel cerebral profundo si es el caso que la persona que la analice la capte como alteridad, como otredad, con algún componente que no tenga que ver con su propia identidad y/o sus credos. De nuevo el que tiene la duda como base, no cree de forma férrea o da fe a su propia identidad, y es más tendente a no sentir como alteridad a otra persona tan fácilmente. Su único contrario son su reverso: los que creen tener, y defienden, una identidad a ultranza. Ignatius, humorista canario, defiende una y otra vez la postura que trato de mostrar aquí, define ese tipo de personalidad “persona que se flipa mucho” (en este vídeo, por ejemplo; fliparse mucho, en tal contexto, quiere decir que se toma como ejemplo humano y baluarte de “la verdad”). Ignatius del feminismo ha llegado a decir: “La cuarta ola es el momento en el que las mujeres se ríen del feminismo” (sic), de sí mismas, como quien dice, no tomándose tan en serio, no forjando en titanio su identidad y como portadoras de una verdad sin fisuras—tendría que haber dicho quinta, la cuarta ola, la actual, es la que es más identitaria y seguramente la más contradictoria, chauvinista y radical—.

Se me abren dos frentes, a partir de algunas consideraciones de lo escrito arriba. 1. No ataco el tradicionalismo, ni digo que es la mejor o mayor representación de qué ha de entenderse por máscara. Esto se entenderá mejor en el último escrito de la serie, del cual sólo quedan dos temas y entradas pendientes. Las personas que parecen carecer de identidad, esos que ponen la duda como base de la vida, son los más tendentes a llegar a ser actores (intérpretes, por seguir el lenguaje del título y los escritos), y en donde uno de esos tipos de intérpretes, ahora, son los humoristas. A modo de metáfora, al carecer de piel les es más fácil y les encaja mejor una piel que les sea ajena. La ductilidad con la que pueden cambiar de papel siempre ha resultado sospechosa o incómoda para el resto de humanos, pues si se tiene de pareja un actor o actriz…, ¿cómo saber si ante cierta situación de crisis lo que muestra al exterior es “real” o es una interpretación?, esta trama es una constante en la literatura, el teatro o el propio cine, y suele salir a flote cuando alguno de sus personajes es un actor o actriz (de hecho saltimbanqui o payaso, siguen siendo insultos en la actualidad, equivalente a “persona poco seria”, y a la que no se le deba tener en consideración…, uno de esos casos es Ignatius). Sólo a partir del nacimiento del cine, a principios del siglo pasado, empezaron a ser tomados de la forma que los consideramos ahora. En otro caso, y si se entiende de forma atinada el papel de este tipo de identidad dentro del sistema complejo al que pertenece, en las sociedades humanas, como meros frenos de “bajar los humos” al lado opuesto; de “llamada de atención” para que no se “flipen”, como dice Ignatius; al modo, si se quiere, de hacer de “Memento Mori” (objetos que nos recuerden que moriremos) al resto de humanos —con tanta perífrasis y subordinadas he olvidado cuál era el caso de la frase: fallo de la memoria de trabajo, a ver cómo la continúo ahora… este es mi actual “calvario”, ¡ah, ya me vino el “santo”! (por aquello de “se me ha ido el santo al cielo”))— Retomo… si se entiende de forma atinada el papel de este tipo de identidad dentro del sistema complejo al que pertenece, son los que pueden ser tomados como la izquierda. De hecho en Estados Unidos, y seguramente en el resto de países, los actores suelen estar al frente de las posturas de izquierda. Visto así el tema, y de manera tan reduccionista, la izquierda no debería tratar de llegar al poder, pues como dice Ignatius, al llegar al poder las personas se vuelven flipadas. Se le “suben los humos” y empiezan a creer en que son depositarias de la “verdad” (como así es la creencia en el materialismo histórico como ideología y los fallidos estados comunistas —dictatoriales— en lo político).

¿Me apoyo excesivamente en Ignatius?, es que es lo más cercano a lo Dionisiaco (lo que Ignatius llama “la commedia”, con dos emes, es lo dionisíaco, la parte más irreverente, contradictoria, animal y básica —deshabitada de la razón— del ser humano, pero no exenta de humor, ante sus paradojas) a la representación del Zaratustra de Nietzsche, como antihéroe que trata de abrir los ojos a los ciudadanos, en sus arengas al bajar de la montaña (Ignatius, cuando aparentemente cree equivocarse, acierta más que la mayoría de las personas que creen acertar. Hay más sabiduría en sus errores que en los aciertos de la sociedad; por otro lado, la emoción básica de su “personaje” es el entusiasmopropio de los dioses, como decían los griegos). Voy a tomar otro rumbo y perspectiva, si es que esta no gusta o convence demasiado. En el escrito anterior, he perfilado la historia del pensamiento occidental, que en definitiva es el lenguaje actual que nos habita el alma (alma —psykhé— para los griegos es lo que entendemos ahora por mente, frente a espíritu, como el extracto más elevado…, mensaje que se “perdió” o se alteró con el cristianismo). Después de Aristóteles surgieron el estoicismo y el epicureísmo, centrados en el comportamiento de las personas en sociedad. Los primeros cogen la “antorcha” de la duda, tienen el mismo alma, y sostienen que el comportamiento humano ha de basarse en “pisar tierra”, en ser prácticos, pragmáticos, teniendo como base la frase de “nada en exceso”. Hay que buscar la felicidad en las cosas sencillas, no buscar el placer, pues al hacerlo uno ya se encadena en el exceso, a salir fuera de la estabilidad atemperada. Esto es de sentido común para todos. Los que salen de ese estado son los humanos más tendentes a creerse por encima del resto, de endiosarse, de creerse poseedores de la verdad. Un caso, y para no salirme de la época que trato, basta para entender lo que quiero decir. De Empédocles se cuenta que se tomaba de origen divino, e incluso que resucitó a una persona, siendo así…, una de las teorías de su muerte cuenta que se lanzó dentro de un volcán, para demostrar su inmortalidad, volviendo del más allá (¿no nos recuerda demasiado al propio Jesucristo? ¿Cómo tomarse la frase de “yo soy la verdad” de Jesucristo?, ¿aceptaríamos hoy en día a alguien que la dijera?). Dos casos más de endiosamiento, más conocidos, han sido Hitler, y en nuestro tiempo Donald Trump (hay otros muchos que han sido fundadores de religiones o en la actualidad de sectas… con finales trágicos de suicidios masivos). Volviendo al estoicismo, sobrevivió durante muchos siglos y se sabe que la profesaban muchos filósofos o más tarde científicos de renombre. En ese caso —y terminando, pues no quiero alargarme en esto— cabe crear la dicotomía entre el hedonismo y el estoicismo. En la actualidad el neoliberalismo, Estados Unidos al frente, parece abogar por el hedonismo, la vida en exceso, la búsqueda constante del placer, el consumo desenfrenado, por ejemplo, acabando con toda postura estoica y más serena de tomarse la vida (menos consumista, minimizando gastos y bienes, disfrutando de las cosas sencillas). Aceptar el dolor es otro de los signos del estoicismo (que tampoco quiere decir ser masoquista), es otra de sus premisas; otra “virtud” que está en retroceso, dado que lo que ha de primar ahora es lo hedónico.

Visionado del lugar más popular de porno, por países.

Segundo tema pendiente. En la alegoría de la cueva de Platón, o la más reciente de tomar la pastilla roja de la película Matrix, ¿Internet es salir de la cueva y tomar la pastilla roja o es lo contrario?, volver a la cueva o tomar la pastilla azul. Este planteamiento es una puesta en duda de la globalización. Uno puede estar en un foro, o en una red social, y estar hablando con las personas o interactuando con ellas, y puede resultar que uno de ellos sea un independista catalán, otro que sea un musulmán radical y alguien que crea en la supremacía blanca (no estoy tratando de ponerlos en el mismo caldero, sólo he querido mostrar una variedad de posturas identitarias). La globalización debería de querer decir que lo que hay que poner en primer orden es el concepto de humano… sin fronteras o banderas, sin identidad, y sin tener contrarios, pero no es lo que parece que esté pasando. Internet por un lado parece procurar el efecto de “volver a la cueva” o a Matrix, cuando a la vez, paradójicamente, está avivando más las diferencias, siendo el “atizador” que caldea aún más las radicalidades. Bajo otro punto de vista, la globalización le interesa a las multinacionales, pero a la vez estas entorpecen ciertas instituciones como es el caso de la OMS (organización mundial de la salud), que debería de ser apolítica, pero que le interesa que esté gobernada (como director general), por alguien de Derechas a las multinacionales, pero de Izquierdas a los que creen en el humanismo y la globalización. Se ha cuestionado, así, y en vista de no perjudicar a las compañías aéreas y el turismo, que la OMS no actuó con precaución, que es lo que se le debe de suponer, a la hora de abordar el inicio de la actual pandemia del coronavirus, dando consejos a las naciones que a la larga propiciaron que el virus se expandiese con rapidez.

Termino el escrito con una frase que iba en la cabecera de una de las entradas previas, para abrir boca del siguiente y en la dirección de hacer ver lo que postulo en los escritos. Cómo entender la frase de “quien no sea de izquierdas a los veinte años, es que no tiene corazón, y quien no sea de derechas a los cuarenta, es que no tiene cabeza”. Si el cerebro portase una identidad, tal frase carecería de sentido. Uno estaría toda la vida siendo llevado por el corazón o la cabeza, pero no es así. La frase cobra sentido dentro de los sistemas en los que nos encontramos, y en la medida que la rebeldía de la juventud proviene del hecho evolutivo de que todo animal complejo, ha de ser impelido con un ímpetu extra, como para tener las agallas o el empuje de “saltar del nido“, o en otro caso, de alejarse de la manada para crear su propia manada. Por el contrario, la segunda fase obedece a los padres tratando de hacer de freno a dicha postura rebelde, a frenar con la razón (cabeza), dicho exceso de pasión (corazón) que podría quebrar el sistema (la tradición). Si no se llega a ser padre, puede que nunca se llegue a la segunda fase. Según mi punto de vista, y en la puesta en duda del papel del “macho” en las últimas décadas, el joven ni llega a saltar del nido, ni trata de asumir posturas maduras, ni siquiera el ser rebeldes… y además en exceso aguijoneadas hacia el hedonismo, quedándose en el limbo de lo humano, donde la última década —vacía y aparentemente sin sentido, ni rumbo— es una de sus manifestaciones. Hemos “roto” la “maquina” social, la cual nunca hemos llegado a entender cómo funcionaba; parte de esto viene dado por ciertas posturas del feminismo, que de repente se creen sabedoras y portadoras de la verdad, en definitiva que ha terminado siendo una ideología, (¿cómo sino interpretar la frase “el futuro será feminista o no será”?, ¿no es contextualmente pareja a la de Jesucristo de “yo soy la verdad”?).


Frases y arengas de Ignatius:

La imaginación es un arma, la comedia es saber cuándo apretar el gatillo.” “En la democracia no gana quien tiene razón, gana la gente que va a votar, a veces coincide.” “La democracia es postureo y eso no es malo, somos así y no nos merecemos nada mejor, hay que aceptar que el ser humano es así, y llegamos hasta donde llegamos, y no damos para más. El estado natural del ser humano es mear fuera del tiesto. La democracia es el proceso que nos garantiza que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos.” “No estamos equipados para la felicidad.” “Lo que no nos deja ver es la lógica, que somos muy racionales, y lo que en realidad somos, es una manera de comprendernos a nosotros mismos, sin fliparlo demasiado.” (sic) “¿Se puede hacer ya bromas del hombre de neandertal?” “El juego es la comedia; la risa y la comedia son igual de importantes para el hombre; los dos son un refugio para este. Al igual que el fuego es un refugio de los elementos, de la azarosidad de la vida. El fuego y la risa nos dan protección y poder.” “El ser humano necesita unos límites.” “Hasta ahora las herramientas del ser humano eran la fantasía y la imaginación, ahora tenemos los tuits.” “Comedia es el equilibrio de tirarte un pedo, y que su olor no sea desagradable.” “Un humano no tiene la capacidad para mantener la misma actitud durante toda su vida.”


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