Etiquetar e Interpretar II
❝No pensamos en palabras, sino en sombras de palabras.❞ Vladimir Nabokov
❝El significado de la oración y el significado del orador son dos cosas muy diferentes.❞ Paul Grice
❝El punto más bajo, ahí es donde vive la libertad.❞ Resindent alien
Breves incisos (o no tan incisos) antes de entrar en tema.
Empiezo con una metáfora. En los dos escritos previos digo que la sociedad y a partir del lenguaje, y puesto que el cerebro “trabaja” con el etiquetado para dar forma a la realidad y su propia identidad, creamos una identidad social. Pero se entendería mal mi mensaje si tal idea se redujese a un falso yo o máscara y un verdadero yo. Sí, hay tal estructura, y hay personas en donde esas dos identidades sean una misma, y otras que no, pues han de limar su “dura”, o “inadecuada” naturaleza para el bien social, pero es que dado como se ha construido el cerebro y las sociedades, no existe otra alternativa. O sea, la metáfora es que somos como una pizza, está la base (el cerebro reptil —instintos y lo más nuclear que mueve toda la química y las hormonas— o paleocorteza; y el queso, el sistema límbico o mesocorteza; más los ingredientes que quiera poner cada uno, que es el equivalente del neocortex, conciencia, razón y parte cerebral altamente simbólica y mediada por las palabras. Sea lo que se le ponga encima a la base y el queso, sigue dando la unidad de lo que es una pizza. La metáfora falla, dado que podemos sólo querer la pizza con queso y nada más, pero no es así, porque la sociedad nos “exige” que le pongamos ingredientes. Muchas filosofías, sobre todo las orientales, dicen que hay que prescindir de los ingredientes y quedarse con las dos primeras partes. Es “fácil” si se vive como un monje (casi aislado, y colaborando en armonía con otros monjes), o si se tiene la vida resuelta (nacer en una familia multimillonaria), o si eres tan anciano que ya ningún fuego quema tu interior (los estrógenos y la testosterona son el ardor de la juventud, no te pueden decir ignora el fuego, pues constantemente te quema—, pero no puede ser en cuanto se viva en sociedad, pues al “chocar” con las otras personas, con las otras pizzas, parte de sus ingredientes se te caerán encima. En definitiva, y para no perderme en la metáfora, somos la unidad de tres partes: de fábrica somos dos ingredientes, y lo social —el espíritu de la época que nos toque vivir, el idioma, la cultura de nuestra región o país, la educación que nos den…— pone la tercera parte de la totalidad que somos. En ese caso, depende de la sociedad el cómo ha de ser esa tercera parte. Dado que somos también ese tercio, puede que uno mismo no sea muy consciente de portar tal identidad, pero la ven y las sienten los otros cuando se interacciona con ellos. El documental “Chasing the present” (con subtítulos) se trata de una persona que intenta escapar del sufrimiento a través de encontrarse con distintos maestros, guías o gurús de distintas corrientes orientales, pero yo lo único que veo son distintas personas con un yo y una identidad, por mucho que ellas crean que no la tienen. Cada una hace un uso de un lenguaje, que remite a una o varias filosofías, corrientes de pensamiento o conceptos científicos, y todas caen en errores de categorización sobre los conceptos que usan. Lo que habla siempre es la razón y desde la tercera capa, racionalizando, bajo lenguajes siempre aproximativos, y no se llegan a dar cuenta. Todos tienen una imagen muy cuidada e individual. Simplemente al hablar o moverse ya emana de ellos la parte añadida de la pizza, la individual, puesto que nos da un tono de voz y un tipo de inflexión por la que fácilmente se deduce cómo son los “ingredientes” de esa persona en concreto. Si ha de pensarse en unos seres que sólo sean pizzas con queso, esos serían los esquizofrénicos y las personas con algún otro trastorno de despersonalización. De cualquiera de las formas, bajo la premisa de que el prefrontal no frene o sea el pie que siempre está sobre el pedal del freno de la realidad cerebral que está detrás. Lo que más me gustó del codumental —mal escrito, pero quedó gracioso—, por ser más realista y contundente, y frente a la opinión de su hijo, donde este se fue en busca de alguna verdad alrededor de todo el mundo —recorriendo 16 millones de kilómetros, según cuentan—, fue cuando su padre le dice: “No puedes cambiar lo que piensan, sienten o hacen otras personas. Dejé de ver las noticias y de leer el periódico hace mucho tiempo, porque no puedes cambiar las noticias, pero las noticias sí pueden cambiarte”…, esto sí es sentido común: lo que está “podrido” es el mundo, el sufrimiento individual sólo es una de sus secuelas.
(No es mi metáfora más feliz. Me da la sensación de estar adquiriendo el tono cínico de los escritos de Philippe Muray.)
Extrañamente en el programa de “la vida moderna”, del día siguiente a mi último escrito, sus tres locutores dijeron lo siguiente, que es paralelo a las premisas de mi escrito:
Quequé: “la sociedad y la vida son una mentira consensuada”.
Ignatius: “la mentira es cortesía”.
Broncano: “(…) para levantar el trono de la mentira, hay que arrimar el hombro entre todos”.
Voy a tratar de asentar las ideas expuestas en los escritos previos, a través de la ciencia o su relación con pensadores o filósofos. Extrapolar el comportamiento social a partir de las estructuras mentales o cerebrales lo han sostenido distintos filósofos, y su iniciador posiblemente fue Platón (por ser el que es conocido y dado que los escritos de muchos presocráticos se han perdido), para quien hay una equivalencia entre partes o funciones del cerebro y las civilizaciones o polis. Para Platón, 1. los gobernantes y la razón han de representar la sabiduría, 2. los guardianes (fuerzas del orden) y la voluntad y las emociones representan el valor, mientras que 3. el pueblo en su laborar (comercio, obreros, artesanos…) y los apetitos (los instintos) representan la templanza. Así salen tres de los fundamentos que después serían parte de las virtudes cristianas: la sabiduría (razón), el valor (voluntad) y la templanza (atemperar los instintos). Tal idea entra dentro de una visión organicista de la realidad, de tipo isomórfica (“un mapeo que preserva la estructura entre dos de ellas del mismo tipo, que puede revertirse mediante un mapeo inverso“). Si bien en la actualidad tales planteamientos quedan mejor explicados bajo las teorías de los sistemas complejos, y en concreto de la superveniencia, o incluso de la holárquica, para la que todo sigue una relación hacia abajo y como sigue: partículas subatómicas ↔ átomos ↔ moléculas ↔ macromoléculas ↔ orgánulos ↔ células ↔ tejidos ↔ órganos ↔ organismos ↔ comunidades ↔ sociedades.
En cuanto a que no puede haber una verdad social, en tanto que esta se adapta a cada tiempo, se puede deducir de las conclusiones de Oswald Spengler, para quien “sólo hay verdades con relación a una situación concreta de la humanidad”. Igualmente “las modernas sociologías del conocimiento, (otro enlace) establecen que no hay validez absoluta de los enunciados, y que la validez de todo enunciado depende de una situación social concreta”, (fuente). Este hilo de la historia del pensamiento se inicia, en cierta manera, con Heráclito, y se formaliza con Protágoras, para quien lo social era una segunda piel, que de ser “correcta”, ha de terminar de formar parte de cada ser humano, agarrada ya a su carne. La frase “el hombre es la medida de todas las cosas”, habría que leerla o entenderla como “cada hombre es la medida de todas las cosas”, pues el argumento individualista de Protágoras dice que la verdad es relativa a cada persona (las verdades humanas; no existe “la” verdad, cada hombre tiene “su” verdad), algo así a “para gustos los colores”, y que en la actualidad es uno de los escoyos de la filosofía de la mente, bajo el concepto de qualia (el cerebro en su individualidad siempre añade algo a las meras sensaciones mecánicas (parte de este añadido viene dado por el etiquetado), que hacen a tal experiencia única: para dos robot de serie, con los mismos sensores de la realidad, sus datos de la información serán siempre iguales, en el humano, no), de la imposibilidad de saber qué siente o como siente cada persona, pues la “especial” y única “configuración” de su cerebro hace que tal información sea intransferible hacia otra persona, al tener esta, otra “configuración” distinta.
Mi aporte, organicista, es haber “fundamentado” tal regla a partir del cerebro y su necesidad del etiquetado. Volveré a los inicios de la filosofía, varias veces, para tratar de entender nuestra situación actual. Quepa decir de momento que desde los inicios del pensamientos surgieron dos ideas contrarias, entre Parménides y Heráclito, que son las que han dado forma a la filosofía y a las civilizaciones. En occidente “ganaron” los seguidores de Parménides, con el consiguiente y nefasto callejón sin salida al que hemos llegado een la actualidad.
El tema anterior al presente en mis escritos, iba sobre ir perdiendo la memoria con la edad. Dos cuestiones nuevas con las que me he encontrado es que 1. dormir poco o que sea de mala calidad, es factor de riesgo para tener tales problemas o llegar a padecer Alzheimer (leer sobre sueño y memoria) y 2. la depresión también es un factor de riesgo. El primer punto no deja de portar cierta paradoja, pues al parecer los trabajadores intelectuales tienen una menor tendencia para padecer Alzheimer, pero es fácil deducir que es más posible tener problemas con el sueño en este caso, ya sea por llevar una vida más sedentaria o porque al activar al cerebro con tales trabajos, este nunca descansa, o sea, el de los obreros es un trabajo físico, que por un lado agota al cuerpo y por otro lado del que uno se desconecta mentalmente cuando acaba su jornada. Como sea, el insomnio o dormir mal es más propio del trabajo intelectual. Esto también va en la dirección de hacer ver que hay que ser crítico con los resultados que nos pueda dar la ciencia, si cabe alguna contradicción, alguno de los estudios, o las estadísticas, han de estar fallando.
El sábado echaron dos documentales sobre el sueño, sobre dormir (“Los misterios del sueño” y “El sueño, un bálsamo en la mente“). Me pusieron sobre la pista de varios genes, con nombres tan sugerentes como: Clock, oscilante, periodo, ciclo, aunque también sobre otro que va en la misma dirección y se llama BMAL1. La vida se basa en los ritmos de noche y día, y en los de las estaciones. Muchos órganos del cuerpo funcionan teniendo en cuenta los ciclos de noche y día. Seguramente ciertas funciones se ajustan a los cambios de las estaciones. Esto nos lleva a la importancia del encuentro del homo sapiens, y el cruzarnos, con los neandertales o con los denisovanos, los homínidos habitantes de Eurasia, pues ellos llevaban unos seiscientos mil años adaptándose a las variaciones climáticas de dicho continente.
Por otro lado, en uno de los documentales, dicen que España es uno de los países con más problemas para dormir y a los que se le receta más somníferos, luego se concluye que nuestra forma de vida, en definitiva nuestra identidad, nos repercute en la salud y por ello, y de ser cierto que la calidad del sueño tiene que ver con la memoria y por ello en cierta medida con la inteligencia, como así afirman en los documentales, repercute al final en otros factores sociales.
Una de mis conclusiones, o por lo menos en mi caso, es que si duermo poco el cerebro no habrá “borrado” ciertas cuestiones —dormir consolida, sí, pero también borra la sobrecarga—, y es por ello que me sea más fácil escribir (el segundo escrito está más perfilado —o es más claro y coherente en sus conclusiones— que el primero), pero vuelvo al círculo de dormir poco y mal, luego no sé qué pensar de todo ello, si es que es posible llegar a alguna conclusión. Puede que a corto plazo dormir poco sea “bueno” para aquellos asuntos en los que el cerebro está metido (es una deducción muy lógica: esto explicaría el que el insomnio pueda tener alguna razón de ser), pero que ese proceder a la larga tenga sus consecuencias, como así parece decir la ciencia. No lo sé. Por otro lado, trato de no “obsesionarme”, en la dirección de no hacer que el cerebro se quede anclado en los temas a pensar, como para que no me repercuta en el sueño, o sea, que escribo un poco un día y a lo mejor me paso varios días sin escribir, pero tal proceder repercute en la continuidad del escrito y sus ideas, y por ello todo puede aparecer como más desfragmentado y/o carente de sentido de fondo (algo así se puede deducir de los escritos de Žižek).
A nivel personal, si no escribo suelo dormir de manera más estable. En las noches de los dos últimos escritos, con pocos días de diferencia, dormí poco y mal. Mi memoria está cada vez peor. A modo de ejemplo, un día me dije: “voy a dejar los auriculares aquí, para tenerlos más a mano”. Al día siguiente no los encontraba y ni siquiera los veía. Incluso había olvidado la conclusión de dejarlos más a la vista. Me pasé dos días buscándolos por todos los lados (cuando los necesitaba), hasta que recordé que los iba a dejar a mano, a partir de esa idea me puse a pensar qué consideraba “ponerlo a mano” y lo encontré (colgado del borde de un cuadro en una encimera alta, que no veía porque es negro, sobre un mueble negro, y dado que tampoco ando bien de la vista). Ya el año pasado, por estas mismas fechas, dije que tenía que pensar en mi salud y dejar de escribir. Como quien dice, “la maquinaria” ya está “dañada”, no sé si por dejar de escribir y tratar de dormir mejor, los “daños” se revertirán. De momento no noto casi ninguna diferencia…., a días y por temas. Así que me reafirmo en tratar de dejar de escribir, aunque una teoría social y otra del autoaprendizaje, dicen que si das a conocer tus conocimientos, estos se consolidarán como memoria. Intentaré acabar los temas pendientes y después ya veré. Por otro lado, dado los problemas con la memoria, me es muy complicado trazar el contenido de los escritos. Me pongo a escribir y pierdo el hilo de mis pensamientos y caigo en divagar sin centrarme en el tema, el cual pierdo de vista. Como resultado, me veo embarullado en escritos complicados y enredados, a los cuales no sé cómo continuarlos y cómo salir de los enredos, como para llevarlos a un buen fin (el presente es un ejemplo).
ETIQUETAR E INTERPRETAR II
Me veo atorado ante la dificultad de tratar el tema presente. Tiene muchos frentes y a partir de las premisas iniciales, el discurso tomará un rumbo u otro, pudiéndome llevar a caminos donde al final el tema quede oculto o mal expuesto.
Partamos de lo dicho en el escrito anterior, sobre que toda la realidad es crear combinaciones de todas sus “partículas” o “elementos·. Esto pone como base al devenir, a la aleatoriedad, puesto que todo posible tendrá un momento en el que podrá darse, volverse realidad. Pero a la vez al orden, puesto que ciertas combinaciones no se mantendrán, dado que lo “impiden” ciertas reglas implícitas en los sistemas. Un ejemplo es la regla del octeto, que define que todo átomo no puede tener orbitando en su núcleo más que ocho electrones. Este “límite” y el propio límite de los protones que puede tener su núcleo, establece los elementos químicos posibles en nuestro universo. El universo es el desarrollo de tal aleatoriedad y dados límites (leyes físicas).
En un ejemplo más “divertido”, no puedo sumar b+1, a no ser que haya establecido un valor numérico a “b”. Tampoco debería poder formar una palabra con un número, pero de hecho lo hacemos al poder concebir al 1 como una “i” o una “l”, o el más clásico de usar el número 3 como una “E”, como así puede ser en casos como “Ali3n” o incluso “Al13n”. En otro caso, la gran mayoría de las palabras de los idiomas son compuestas, donde puede darse un prefijo, un fijo y un sufijo, dando una gran versatilidad a los idiomas y al propio cerebro. En la anterior entrada escribí desentusiasmado, no siendo aceptado por la Real Academia de la Lengua, aunque toda persona de habla hispana la entiende. Curiosamente, cuando ponemos el prefijo de negación “in-“, es no ser aquello que su fijo significa, pero parece ser que para el cerebro es distinto que al usar la palabra “no”, o sea parece ser distinto “no ser cauto”, que “ser un incauto”, la primera frase, que también se podría decir como “no soy un incauto”, parece un estado intermedio entre no ser cauto, ni incauto. Lo que se deduce de estas pocas cuestiones es que la cognición implícita, sin la razón por medio, independientemente que se haya estudiado una lengua, sabe crear reglas y usarlas de manera automática.
❝Los sueños de la razón produce monstruos❞, es claramente una frase ambigua, dado la polisemia de sueño, pues de la frase podría entenderse igualmente como “las ensoñaciones de la razón produce monstruos” o “cuando la razón permanece dormida se producen monstruos en lo social.” O sea, ¿los monstruos son lo que la razón crea en sus elucubraciones o por el contrario vienen a darse cuando no se hace uso de la razón? Son dos posturas contrarias, luego la frase es equívoca e interpretable.
En los social y lo humano no se podría mezclar amor y asesinato, pero se ha dado algún caso de “canibalismo por amor“, que implica tanto el deseo caníbal como el deseo de ser comido (vorarefilia). Esto viene dado por una capacidad humana de no poner/tener límites simbólicos, y dado que precisamente lo que nos hace humanos es la capacidad simbólica de poder pensar sin límites, en donde un solo símbolo puede tener infinitos significados…, (a veces he malinterpretado a Chomsky en mis escritos, pues no dice que el lenguaje naciera de repente, sino que lo que nació de repente —en alguna mutación en un sólo humano, mutación que prosperó— fue la capacidad para el multisigno, a que un mismo símbolo pudiera significar varios o infinitos significados (en realidad capacidad para la gramática generativa, algo así como lo que ocurre en la película “la invención de la mentira”, donde de repente una sola persona era capaz de mentir, mientras el resto de la humanidad no)). Esto rápidamente nos lleva al tema moral, o de poner reglas, pues ¿es válido todo posible en lo humano?, ¿es “válido” el “canibalismo por amor”?
Lo dicho ya me ha desviado algo del tema, pero es aceptable como premisa precedente, a la que hay que tener en cuenta. Aunque plasma tres estados o planos de la realidad: las leyes físicas son inamovibles, rígidas, sempiternas. La moral y las emociones se basan en reglas naturales, pero el humano, al mezclar unas y otras, lleva a caminos extraños y negativos para lo social. Las palabras, por sí solas, como realidad fuera de lo social, son sólo signos, da igual cómo se mezclen. Sigue siendo válida la idea de la realidad como un árbol. Las ramitas (en esta analogía, las palabras), su pérdida, no alteran el árbol, las ramas principales sí repercuten, mientras que el tronco (leyes físicas), es en sí mismo el árbol. También se da cierta analogía entre la flexibilidad del tronco, las ramas principales y las ramitas, en donde aquí flexibilidad puede ser tomado como grado de libertad o de contener más posibilidades combinatorias. Siendo así, la libertad se puede entender como la capacidad de la flexibilidad combinatoria de un sistema dado. Está claro que tal flexibilidad donde más se da es en el lenguaje. Menor en lo moral (en teoría) y rígido en las leyes físicas.
Una división o dualidad posible en la vida es la apuesta individualista, frente a la sociabilidad o incluso la posibilidad de que varias especies colaboren en mutuo beneficio. De nuevo, en el segundo caso, se dan todas las combinaciones posibles: cooperativa, mutualistas, simbióticas o incluso las parasitarias, donde claramente una de las partes sale perjudicada. Para centrarme en lo humano, la sociabilidad tiene dos posibles variantes: sin número límite de individuos (este límite lo “pone” el hábitat, en la cantidad de espacio, alimento y agua), y un número límite de individuos. Por orden general el primer tipo de animales suelen ser herbívoros, y los segundos depredadores. En ese caso el límite de la segunda estructura suele venir dado a que es jerárquica, donde esto implica que suela haber un líder. Se deduce una regla: el tamaño del grupo puede venir dado por la capacidad del líder para “tenerlos bajo control”. Esto a su vez viene dado a que se mantenga el sistema jerárquico, pues el líder tiene el control de los betas que traten de derrocarlo, o en su caso de los que le son fieles…, en definitiva, a crear lealtades. Los fieles hacen presión en el siguiente extracto social hacia abajo y los terceros sobre el cuarto, etc. Esto lleva a que todo grupo social es susceptible a la rotura, o división en dos o más grupos. Jane Goodall, en sus investigaciones con los chimpancés detectó y estudió una “guerra civil” entre estos primates. ¿Antropomorfismo o realidad? Al igual que la Primera Guerra Mundial se inició con el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, la guerra entre los chimpancés se inició con el asesinato grupal de uno de los líderes cuando comía tranquilamente. Recientemente se ha desatado una nueva “guerra civil” y de nuevo por medio de unos asesinatos iniciales, luego el caso que sacó a la luz Jane Goodall no es una excepción. Lo que me interesa hacer ver es que parece haber un número óptimo hasta el que una población puede llegar a crecer antes de que esta se disgregue en varios grupos. En la actual guerra civil, “el grupo había crecido demasiado, por encima de los 200 chimpancés, algo nunca visto; y se habían dividido”, (fuente). Viene a ser como la capacidad cohesiva de un pegamento, dada la resistencia que pueda tener a partir de la fricción, las fuerzas y el peso que tienen los elementos que está uniendo. A la vez hay que tener en cuenta que la violencia, sea del tipo que sea, aunque sólo sea por medio de la palabra…, y teniendo en cuenta que toda palabra sí es un arma arrojadiza que puede crear daños, es proclive a crear escisiones dentro de las identidades. (Leer los escritos de la segunda fuente, así como los artículos vinculados abajo, como relacionados: tienen mucha información interesante.)
A destacar que en la primera “guerra civil” documentada por Jane Goodall, una facción exterminó a la otra, reabsorbiendo a las hembras supervivientes a su grupo, lo que denota la clara diferencia de los sexos. Este mismo proceder se ha dado por milenios entre los humanos, pues una de las bases de las guerras es raptar a las mujeres de la civilización que pierde. Las diferencias sexuales lo cruza todo. En la actual “guerra”, los machos roban los alimentos de las cazas de las hembras, mientras que no es así en otros grupos de chimpancés de otras zonas, luego tales comportamientos vienen dados por la presión ambiental, por la escasez. Otra conclusión que dejan ver en los escritos es que los chimpancés están usando ramas a modo de espadas, o en otra cultura incluso a modo de lanza, cosa que no hacen los más pacíficos bonobos, luego se reafirma de alguna manera la idea de que “la guerra es la madre de todas las cosas” (en realidad la discordia, o desorden, y bajo el aspecto que he mostrado arriba de las multiposibilidades combinatorias de la “realidad”, y en cuya frase original, que es de Heráclito, se usaba “padre”), pensamiento que después continuó Anaximandro y su teoría cosmológica de que el principio que reina en la realidad es el Apeirón, y en donde la discordia (o guerra), ya en lo político, era la que equilibraba el exceso de injusticia y la corrupción (lo muerto da pie a una nueva vida, que emergerá con más fuerza: sobre los cadáveres salen más flores), lo que retrata nuestra posición actual de exceso de corrupción, bajo la regla de la no-violencia. Algo similar tiene de esta premisa la frase de Žižek al decirnos: “cuanto más se pudre el capitalismo, más se agrava su contradicción inmanente y más ha de revolucionarse para sobrevivir”. Como sea, que me he desviado, es fácil deducir que si los bonobos y los chimpancés se encontrasen y compitiesen por el mismo hábitat o recursos, perderían los bonobos. Ya en nuestra prehistoria el humano proviene de una especie omnívora, cazadora y carroñera, y sobrevivió frente a otros homínidos que sólo se alimentaban de plantas y frutas, que ha de suponérseles más pacíficos, al portar una menor cantidad de esteroides.
En lo humano, y puesto que somos seres altamente simbólicos, las palabras, en tanto que son portadoras de conceptos, y en tanto que estos pueden hablar de realidades, suelen ser los detonantes de las disgregaciones de las sociedades. Así, en una manifestación feminista, y visto desde fuera, puede aparentar unidad, pero de hecho tal unidad no existe. Los detonantes de las disgregaciones sociales suelen ser factores de cómo se analizan ciertas realidades. Así, entre las feministas no todas están de acuerdo con el aborto (feminismo cristiano, por ejemplo), o con la pornografía u otros tantos temas, se dividen así en feminismos de derecha e izquierda, o incluso feminismo de mujeres blancas o negras (en Estados Unidos). Lo mismo para las derechas y las izquierdas (analizar el panorama actual en España, de constantes separaciones, divisiones y creación de nuevos partidos); y lo mismo ha pasado con las religiones a lo largo de la historia, si bien el Catolicismo dominó durante muchos siglos, a base de acabar con toda posible disensión o postura que se saliese de sus reglas y formas de ver la realidad (ganaba la violencia, como quien dice). Lo que ha de quedar claro es que en cuanto no puede haber acuerdo, se crea la división, a partir de luchas internas y a partir de sus líderes. Bajo mi punto de vista, tales divisiones siguen reglas heredadas a partir de nuestra condición animal y a partir del concepto de las manadas, donde una de ellas es que no puede haber dos líderes fuertes y distintos (en la actualidad, dos puntos de vistas opuestos en ciertos temas clave). Tanto la idea de la guerra como madre de las civilizaciones, así como que subyacen ciertas reglas en la historia, se están comprobando en distintos estudios, así Arnold Toynbee nos dice que, «la historia no es la sucesión de “una maldita cosa tras otra” sino que existen “mecanismos generales en juego, que modelan los patrones generales de la historia”», (fuente, y origen del estudio de dicha fuente, y réplica a críticas).
Qué tenemos hasta ahora —de lo dicho en este escrito y los anteriores—. Cada individuo es único, al igual que lo es su huella digital. Por otro lado muchas particularidades hay que “adaptarlas”, o limar dichas asperezas, para el “bien” social. Sé que he dicho que lo “natural” vence o es lo que tiene más fuerza en el cerebro, pero no todo es aceptable en lo social, luego siempre habrá “instintos”, pulsiones o particularidades que se tendrán que mantener “cerrados en el armario”. Y aquí nace el conflicto, en donde o bien hay que poner al individuo primero y lo social lo segundo o a la inversa. Este es un tema demasiado complejo como para poderlo reducir en un breve escrito, y a unos pocos puntos que sean coherentes y discernibles. Si hay tantas posiciones políticas es dado lo complejo de tal tema. Expongo un caso para que se pueda entender. Hace poco vi un documental sobre el anarquismo, que se asume como una posición de izquierdas, pero entre sus filas se encuentra el anarcocapitalismo, que es una posición excesivamente individualista, en donde las capacidades para poseer bienes no tendría que ser controlado, y en donde tendría que desaparecer el papel mediador del Estado, a la hora de poner impuestos y otras limitaciones a los individuos o empresas. Tal tipo de anarquismo ya no puede ser tomado de izquierdas: aboga por la ley del más fuerte, por el individualismo y por el darwinismo social (en el documental “Interreflections” dejan caer que la actual situación mundial es, o es cercana, al anarcocapitalismo, puesto que las multinacionales han tomado una posición de poder, en donde los Estados ya no pueden hacer nada por frenarlas). En definitiva, hay tantas ideologías, porque estas no se adaptan, cual guante a una mano, a cada una de las individualidades humanas. Toda persona siempre tendrá un “pero” sobre la ideología o el partido al que apoya o vota (igualmente con las religiones). Y si es así… ¿no se cede de facto a una posición social?, ¿cuánto debe o puede ceder una persona a una posición social concreta? Esta sólo es una de las aristas al problema. Analicemos otras.
Para pertenecer a una ideología, partido, credo o mentalidad, las elecciones son múltiples. ¿Existe el progreso o no?, un ente en el cerebro o no. ¿Existe el alma o sólo es una mente en tanto que un epifenómeno de procesos físicos y en definitiva mecánicos? ¿Hay valores universales —que todos los humanos compartimos— o no? Dependiendo de cómo se respondan a tales preguntas, uno se posiciona dentro de alguna ideología, religión o no, y dentro de ciertas concepciones científicas y/o históricas. De ser uno cristiano, asume que la historia tiene una finalidad: la nueva llegada de Jesucristo. Está la historia determinada o no. Dentro de este espectro se encuentra el historicismo, para el cual hay “fuerzas” que parecen crear una estructura y hacia un final. “El historicismo es la idea de atribuir significado a elementos del espacio y el tiempo, como el período histórico, el lugar geográfico y la cultura local, para contextualizar teorías, narrativas y otros instrumentos interpretativos.” (…) El enfoque historicista se diferencia de las teorías individualistas del conocimiento como el empirismo y el racionalismo , que descuidan el papel de las tradiciones. El historicismo puede contrastarse con las teorías reduccionistas, que asumen que todos los desarrollos pueden ser explicados por principios fundamentales (como en el determinismo económico ), o con teorías que postulan que los cambios históricos ocurren al azar.”
Como se saldría del margen del tamaño del escrito, el analizar caso por caso, voy a ir a mis propias propuestas, para que se entienda la posición individual que represento. Al ser una posición científica, creo que somos un animal, en donde a partir del neolítico, y en donde en tal punto se creó la “historia”, el poder llevar las cuentas de una civilización a través de los escritos, desde ese primer paso, no salimos de lo “natural”. En cierta forma la capacidad de ser historia es el equivalente a la razón, pues al repasar la historia de una nación es cuando se tiene la capacidad de querer replicar y mantener ciertas ideas y comportamientos o no. “La historia es el tribunal de justicia del mundo“, llegó a afirmar Hegel. Ese estado de cosas no nació de la nada, hay una protohistoria en donde cada tribu tenía unas normas propias establecidas como tabús. De igual forma, las capacidades del prefrontal no surgirían de un día para otro. Con todo adoptaremos por comodidad que existen fronteras o ciertos periodos que han hecho de bisagra en el proceso de pasar de animales a humanos, y de la prehistoria a la historia.
¿Cuál es el matiz de ese paso de la no historia a la historia? Un animal está sujeto a los cambios azarosos de la evolución, mientras que supuestamente el humano ha salido de tal estado a otro, en donde él mismo dirige su futuro, o eso queremos creer. Por lo tanto surge una especie de finalidad, en donde el humano como agente conocedor de su hacer en el mundo, es el que pone tales fines. Fines aquí es lo mismo que sentido. El sentido del ser humano al salir de su estado natural, era crearse a sí mismo como humano. Nos llevó a la idea de tener un prototipo de lo que ha de ser un humano. Primer escollo y “error” en el que se enredaron las religiones, los imperios y las naciones por milenios, pues entre otras cuestiones negaron, por seguir el ejemplo de arriba y por ser el más claro, la homosexualidad. Las religiones proponían un humano modelo, al que toda individualidad tenía que parecerse o igualar. Todo humano ha de construirse con tal modelo, y limar de sus individualidades todo aquello que fuera demasiado dispar. En ese caso, el humanismo, el concepto de lo humano, que emergió durante la Ilustración, era heredero directo —y discreto— de los concepto religiosos, que en occidente eran los cristianos. Hoy en día, o por lo menos hasta mediados del siglo pasado, hemos sido los portadores de tales ideales.
Al crear o creer (en) tal modelo humano, se aceptan dos posibles posturas: 1. que hay ciertos valores universales, o 2. que de no haberlos, o no ser tantos o tan fuertes, como para tener una capacidad cohesiva, es la razón la que tiene que luchar por tratar de parearse a ese modelo de humano prototípico. No se excluyen, puede haber personas que crean que son una misma cosa. O sea, la religión creía esto mismo, pero ponía a la fe por medio, mientras que el giro que dio la Ilustración fue el dar tal capacidad a la razón. Bajo mi punto de vista vienen a ser lo mismo, pues ahora hemos pasado a tener fe en la razón. Mi irracionalismo (en realidad arracionalismo), sobre el que estoy insistiendo más sobre todo en los últimos escritos, proviene en no tener fe en la razón. Sostengo que nos somos tan racionales e inteligentes como para poder llegar a valores universales, y en tanto que en la dirección de crear esa sociedad “ideal”, vamos cada vez a una mayor e intratable complejidad, sobre la que sólo caben dos posibles finales: perder el control (Estados Unidos como ejemplo) o contrarrestarlo creando cada vez más control en el sistema (China y su tendencia a poner cámaras en las calles para controlar a las personas, unido a ganar puntos de buena ciudadanía “canjeables” para tener una mejor posición social). Lo que no sé es que “ganará”; en cualquier caso los dos posibles finales son detestables y nos llevarán a situaciones distópicas.
Voy a dar un paso atrás, que parece que he llegado a un punto muerto. La mayoría de las personas no terminan de entender la evolución, quizás porque la ciencia ha “metido la pata” a la hora de escoger ciertas palabras para definir ciertos conceptos. Sobre todo las ciencias de hace uno o dos siglos que aún trataban de poner al humano en el pináculo de la evolución. La propia palabra evolución está “contaminada”. Evolucionar debería de entenderse simplemente por cambiar adaptándose al medio, no desde un aspecto progresivo a mejor. Igualmente aún se tiene de referente el gráfico de la evolución a modo de árbol, donde las últimas ramas son las “mejores”, cuando tal modelo se cambió hace ya tiempo a un arbusto circular, y en donde ninguna especie está en una posición superior a las otras. Tampoco se entiende el concepto de especie o el de inteligencia a nivel coloquial, el segundo ni siquiera a nivel de ciencia. Lo primero que hay que entender es que la vida no tiene una finalidad (¡no todos estamos de acuerdo en esto, claro!). Llegará un momento del universo en el que no habrá vida, al igual que durante más de trece mil millones de años de la historia del universo no la hubo. Vayamos al proceso de cómo se llega a una especie. Muchas veces tienden por un camino, en donde al final llegan a un callejón sin salida. O sea, el tigre de colmillos de sable tendió evolutivamente a tener cada vez unos colmillos más grandes, hasta que llegó un momento en donde su tamaño fue lo que les llevó a su extinción. Como se puede comprender, sus grandes colmillos son una evolución (cambio), que no implicaban un “hacia mejor” o progreso. Bajo este punto de vista hay dos tipos de estrategias evolutivas: los animales que tienden hacia una especialización (los grandes colmillos) y los generalistas o que no tienden a una especialización. El gran prefrontal humano y sus capacidades… ¿son especializaciones o una tendencia a la generalización? El humano es generalista, se hizo omnívoro, a todos los climas, etcétera, y tal capacidad se la ha dado su gran prefrontal, pero tiene la doble vertiente, pues tal capacidad es una especialización, que le trae igualmente problemas, pues una gran cantidad de trastornos psíquicos, provienen de nuestras altas capacidades mentales. El propio aburrimiento, o sin ir más lejos la rumiación o anclarse en dolores del pasado, vienen dados por la misma parte altamente simbólica y compleja del cerebro.
A grandes rasgos se puede decir que caben dos posturas ante la vida. 1. El que lo que ha de primar es la validación de los rasgos individuales, que hay que tratar de preservar a toda costa y 2. el supuesto que hay que creer en algún tipo de ideal que implicará además unas finalidades. Para Nietzsche, ese camino es individual (Steiner en el “único y su propiedad”, de lectura compleja, fue el “creador” del anarcocapitalismo, al poner al individuo como lo primero, y supuestamente Nietzsche lo leyó y adaptó sus ideas a partir de las de Steiner), buscando cada humano a ese supuesto superhombre. En esa dirección toda postura social que trate de limar tal potencialidad individual es negativa (como lo fue el cristianismo o el humanismo). La postura contraria, quizás, tiene su mejor representación en Rousseau. La finalidad es lo social y cada humano ha de estar “sujeto” (el sujeto, sujeto) a valores universales, bajo el contrato social. Una postura intermedia es la de Camus, puesto que ve como negativo todo gran relato (humanismo, historicismo), abogando por la lucha de cosas concretas en cada momento histórico. Tal idea la representó por el mito de Sísifo, condenado a subir eternamente una gran roca a lo alto de una montaña, donde al final esta volverá a caer abajo. Pero, ¿acaso no es lo que tenemos en la actualidad y es lo que nos resulta tan insoportable, como para crearnos esa sensación actual de vacío interior? Hoy en día, ni prima los social dentro de algún ideal, ni prima lo individual, donde en el fondo toda persona siente que estamos perdiendo libertades. ¿Qué está pasando?
Continuará. ¡Ya sé…, me pierdo!




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