Tarea de selección de Wason – El Origen

No somos lo suficientemente inteligentes
para saber qué es la inteligencia.

Hans Magnus Enzensberger
Se deben encontrar diez verdades durante el día,
de lo contrario, su alma tendrá hambre y
buscará la verdad por la noche.
❞ Siberia
Las fuerzas más allá de tu control pueden quitarte
todo lo que posees, excepto una cosa: tu libertad de
elegir cómo responderás a la situación.
❞ Viktor Frankl
Las almas perdidas están obsesionadas con
algo que las desconecta de la vida.
❞ Soul


No sé de qué forma mis “pesquisas” podrían interesar a nadie. Son mis propias dudas e intereses y estos son los que me llevan a profundizar en una línea de pensamiento a través de unos conceptos, o unos autores o libros. De cualquier manera este escrito puede ser de interés en la medida que trato de llegar a la raíz de qué es razonar o qué es a lo que llamamos razón. (Otro título alternativo era ¿Por Qué nos Entendemos? ¿Lo Hacemos?”, pero opté por el que tiene, pues creo que es el más acertado, ya que no he podido llevar el escrito a lo que conllevaba ese otro título.)


He terminado la lectura de “The emigma of reason” de Hugo Mercier y Dan Sperber, pero de constante me he estado “tropezando” con sus maneras de pensar (plural porque son dos personas, pero son una sola forma de pensar, por lo menos en lo dicho en su libro, este apunte se entenderá mejor abajo). Aunque en los primeros capítulos creía compartir sus puntos de vista, según fueron desarrollando sus ideas, cada vez fui desconectando más, si bien al final encaminaron el escrito a ideas que me resultaron ser interesantes. Volvamos atrás en mis escritos para entender a qué quiero llegar.

En el escrito “Tarea de selección de Wason” (TSW en adelante) trataba de mostrar que el humano no es un ser racional, porque dicha prueba muestra que entre el 75 al 90 % de los humanos no saben resolver tal problema. La psicología evolutiva se ha valido de esta tarea para “demostrar” que lo que entendemos por razón no es tal y que evolucionó para otra cosa. Yo me alineé tanto con la “conclusión” de Mercier y Sperber, como con la psicología evolutiva, si bien no traté de diferenciar que estas dos posturas apuntaban a que, el que se dé tantos fallos en los humanos en tal problema lógico, se debe a algo distinto para cada uno de los dos lados en liza. Mercier y Sperber defienden su “teoría argumentativa del razonamiento”, que viene a decir que el módulo o función de la razón tiene como fin el poder consensuar unos argumentos a través del diálogo (o disputa) de varias personas, en donde a través de las contraargumentaciones y las reflexiones de dichas visiones opuestas, es cuando se puede llegar a un punto de vista lo más óptimo para todos o para una situación dada. Por su parte Cosmides y Tooby, psicólogos evolucionistas, arguyen que lo que entra por medio es la detención de mentiras. Un argumento falaz no se sostiene, siendo así el que lo argumente puede ser tomado como alguien que es poco fiable. Mi postura no analizó quién “tenía razón”, sólo me interesaba en tanto que “demostraba” un origen y un porqué para tal facultad, pues de no ser como el humano piensa (la cultura occidental), entonces se puede establecer, entre otras cosas, que la denominación de animal racional no es la más acertada. Mi propia teoría sobre tal “módulo” es que nació como supervisor final de la cognición, a partir de un módulo que le precede, que es el detector de irregularidades, errores, incongruencias o inconsistencias. Es una idea más sencilla y generalista, volveré a ella a lo largo del escrito.

Mi “enfado” con el libro “the enigma of reason” es que cae en la típica meticulosidad puntillosa, pudiendo llegar a la argumentación vacía o indemostrable. Tratan de diferenciar, por ejemplo, entre el sesgo de auto-confirmación, con respecto a otro —que no sé si es de cosecha propia—, llamado “sesgo de mi lado” (no tiene una entrada en la Wikipedia, es una subclase del sesgo de confirmación); tampoco hay demasiada información en Internet), cuando los dos pueden ser tomados por lo mismo, y sólo diferenciarse en el enfoque; o tratan de diferenciar y concretar qué es razonar, con respecto a otros conceptos como la inferencia, perdiéndose en los detalles.

Si yo dijera… “esta tarde tengo que salir para comprar un atornillador y un destornillador”, cualquiera comprenderá que he dicho una estupidez, pues son una misma herramienta con esas dos posibilidades. La razón tiene esa misma propiedad. Es un sistema o módulo multipropósito, lo mismo lo puedes usar para dar razones de tus creencias en Dios, que para razonar qué es una multiplicación. Que esté o no alineada con la verdad es otra cuestión (sé que parece que estoy mezclando creencia con razón, pero se irá entendiendo el porqué.) Esto a la vez tiene que ver con el cómo y el porqué originó Wason su tarea de selección, cosa que no sabía, pues ha sido en una parte avanzada del libro de Mercier y Sperber que estos la han explicado. Al parecer Wason era discípulo de Popper, donde este es el creador del concepto de falsación. Dice, más o menos y siendo reduccionista, que algo es “verdad” mientras no sea falsable (no se compruebe que es falso). Si Dios no se puede falsar ¿se mantiene como verdad o razón y por ello no es una simple creencia? Bien, puede ser que no lo aplicase para tal dimensión, sino sólo en el ámbito de la ciencia, pero en el fondo sería aplicable a todo.

Esto lleva, para Popper y Wason, a si el cerebro busca (tiene como estructura) o se fundamenta por la “verdad”, o lo hace en la dirección de verificar que algo no es falsable. Pienso que está pregunta es “fácil”, el humano prefiere el lenguaje afirmativo que el negativo, de esta manera no usa la doble negación para afirmar algo. O sea, el humano no “razona” diciendo una piedra no es una nube, no es un perro, etcétera y hasta el infinito, pues entonces se quedaría congelado en el mundo nada más nacer. Un bebé nace, alguien le da el pecho, y a partir de ese momento le “confiere” el concepto de “confiable”, de “cuidador”, o algo similar. En todo momento “donamos” de identidad y densidad a lo que en ese momento son nuestras creencias. Todo humano se mueve en el mundo con este “credo”, y si logramos entendernos es por esta aparente simplicidad de nuestra cognición implícita. Otra cuestión es si esa capacidad es parte no de la cognición implícita, sino de ese supuesto módulo que es la razón. En la TSW, una de las selecciones de cartas es afirmativa (modus ponens: Si P, entonces Q. P. Por lo tanto, Q. “Si es martes, John irá a trabajar. Hoy es martes. Por lo tanto, John va a trabajar”) mientras que la otra es negativa (modus tollens: Si P, entonces Q. No Q. Por lo tanto, no P. “Si el perro detecta un intruso, ladrará. El perro no ladró. Por lo tanto, el perro no detectó ningún intruso”), trata de mostrar si el argumento es falsable, que es más claro en este otro ejemplo: toda mujer tiene vagina de nacimiento, un transexual no la tiene de nacimiento, luego no es mujer (¡no echarse las manos a la cabeza!, sólo es un ejemplo, vuelvo a esto más abajo). Tal argumento es falsable pues el que lo ha creado lo ha “construido” en la dirección de tratar de “demostrar” lo que dice la contradicción (que no tienen vagina de nacimiento). O sea, un científico (o cualquier persona) expone su trabajo o sus argumentos principalmente con el modus ponens, buscando lo que valida su premisa, mientras que su oponente buscará sus fallas a través de argumentos que se puedan falsar, usando el modus tollens. Reducible por la parte que la defiende a “es así” y al que se opone como “no es así”…, que es como suelen acabar muchas personas al discutir y cuando han agotado todos los argumentos. Un científico que esté muy seguro de sus afirmaciones puede recurrir a intentar falsar su propuesta, usando argumentos modus tollens, a sabiendas que no falla y en la dirección de adelantar los contraargumentos que puedan hacer otros científicos u opositores. Ese es el caso del libro “the enigma of reason”: es más largo de lo debido, pues Mercier y Sperber se tratan de auto-refutar en la dirección de validar aún más su hipótesis. De vuelta al tema del transexual, tal argumento, el antecedente, no es válido, pues no se puede reducir al género mujer por sus órganos sexuales (tema espinoso: cierto sector del feminismo no acepta al transexual como mujer). O sea, que la lógica tiene una estructura y los argumentos mostrados arriba sobre la transexualidad parecen correctos, pero la segunda proposición de “un transexual no tiene vagina de nacimiento”, no es demasiado defendible y es lo que tendría que contraargumentar un opositor. O dicho más llanamente: hay que basarse en hechos claramente empíricos (demostrables), pues una estructura bien construida, no es por sí misma un recurso lo bastante sólido como para que lo argumentado sea verdad…, si no fijarse en el siguiente planteamiento: toda persona que ame a los perros da fe de ser alguien que se preocupa por seres indefensos, Hitler amaba a los perros, luego Hitler se preocupaba por los seres indefensos.

Fijarse que por simple “lógica económica” (evolutiva, ahorro de energía, y bla bla bla), yo no tengo que estar verificando todo el rato, en el primer ejemplo, si el perro no ladra, sólo tengo que verificar la realidad (una posible amenaza) cuando el perro ladre, o en teoría no tendría que verificar si lo que hay en la nevera y que pone leche y es blanco, lo es o no lo es. ¿Nos interesa la falsación para diferenciar, si fuera el caso, una mujer de un transexual?, o detectar alguien que no dice ser lo que es, frente a lo que es. Esta es una aparente “contradicción” en los argumentos de Mercier y Sperber, pues de ser así se estaría dando la razón a la propuesta de la psicología evolutiva. En la prueba lógica TSW, la carta del modus tollens es en la que más fallan las personas, pues no piensan en ella, luego la falsabilidad no parece ser parte de la cognición implícita (a simple vista, todo habría que mirarlo al detalle, ahora estamos a vista de pájaro).

(¿Vais viendo la maraña y nudos que crean los conceptos y las palabras? Si todo fuera tan complejo como determinar alguna “verdad” en los párrafos previos, nadie sabría enfrentarse a la vida, pero ese no parece ser el caso. Vuelvo a esta conclusión más abajo.)

A ver si al final te acuerdas de todos los cabos que estás dejando sin atar.

Ya, cuestión de revisar la escritura. Con todo este lio de conceptos y palabras… hay que ir al núcleo del problema: ¿qué es (la) razón? Lo más socorrido y directo es ir al diccionario de la real academia y después seguir indagando:

Razón
Del lat. ratio, -ōnis.
1. f. Facultad de discurrir.
2. f. Acto de discurrir el entendimiento.
3. f. Palabras o frases con que se expresa el discurso.
4. f. Argumento o demostración que se aduce en apoyo de algo.
5. f. motivo (‖ causa).
6. f. Orden y método en algo.
7. f. Justicia, rectitud en las operaciones, o derecho para ejecutarlas.
8. f. Equidad en las compras y ventas. Ponerse en la razón.
9. f. Cuenta, relación, cómputo. Cuenta y razón. A razón de tanto.
10. f. coloq. Recado, mensaje, aviso.
11. f. Mat. Cociente de dos números o, en general, de dos cantidades comparables entre sí.

—¡Me gusta lo “enrevesado” de la segunda acepción.

En vista de tal disparidad de acepciones, esto quiere decir que todo humano usa tal palabra para alguno de los casos dichos arriba y el cerebro de su oyente tiene que “descodificar” o “desambiguar” en qué sentido lo dice. La cosa se complica si el diálogo es entre filósofos, y ya en estos si se atienen a qué era razón para Aristóteles, en la Edad Media, o en la actualidad. Fijarse que la real academia nos remite a conceptos como discurrir, entendimiento, motivo, argumento… ¿hay que ir tras cada concepto para llegar a una raíz común?, eso sólo marca las posibles diferencias, dependiendo de cada uno de sus significados. Si de lo que se trata es de ir al origen de la propia palabra, razón es en realidad una palabra latina, como apunta la real academia, que proviene de ratio, más cercano a cálculo, y como una forma de calcular el valor de intercambio o valor de las monedas en la época Romana, luego ese “uso” ya está “desvirtuado” o alterado y no nos sirve. El origen es de Aristóteles y no usaba la palabra razón, sino que usaba el concepto de logos (lógica proviene de logos, lo que da una nueva luz al conocido fragmento de Juan 1:1 de “En el principio estaba el Verbo «palabra, logos», y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios” (las dos últimas proposiciones se excluyen, no es una buena construcción lógica), que más tarde se volvió una palabra o concepto teosófico y quedó en desuso bajo el término aristotélico. Vayamos a su texto (latinizado, los dos sacados del libro “política”):

Se admite que hay tres cosas por las que los hombres se hacen buenos y virtuosos, y esas tres cosas son la naturaleza, el hábito y la razón. […] Los otros animales viven primordialmente por acción de la naturaleza, si bien algunos en un grado muy pequeño, son también llevados por los hábitos; el hombre, en cambio, vive también por acción de la razón, ya que es el único entre los animales que posee razón; de manera que en él, estas tres cosas deben guardar armonía recíproca entre sí; los hombres, en efecto, obran con frecuencia de manera contraria a los hábitos que han adquirido y a su naturaleza a causa de su razón, si están convencidos de que algún otro camino de acción les es preferible.”

¿Se capta de donde nace el concepto de “animal racional”? Vayamos a otro texto, quizás, más clarificador:

Es evidente que la ciudad-estado es una cosa natural y que el hombre es por naturaleza un animal político o social; y un hombre que por naturaleza y no meramente por el azar, apolítico o insociable, o bien es inferior en la escala de la humanidad, o bien está por encima de ella […] y la razón por la cual el hombre es un animal político en mayor grado, que cualquier abeja o cualquier animal gregario, es algo evidente. La naturaleza, efecto, según decimos, no hace nada sin un fin determinado, y el hombre es el único entre los animales que posee el don del lenguaje. La simple voz, es verdad, puede indicar pena y placer y, por tanto, la poseen también los demás animales […], pero el lenguaje tiene el fin de indicar lo provechoso y lo nocivo y, por consiguiente, también lo justo y lo injusto, ya que es particular propiedad del hombre, que lo distingue de los demás animales, al ser el único que tiene la percepción del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, y de las demás cualidades morales, y es la comunidad y participación en estas cosas lo que hace una familia y una ciudad-estado.”

Me interesa este último texto, en primer lugar, para hacer ver que Aristóteles unía la razón con la capacidad del habla y por ello que en su origen la razón fuese logos. A destacar igualmente cómo Aristóteles une razón y ética como una misma capacidad, que es la que se manifiesta en el cristianismo, y que por ello esta religión tiene más de griego, que es la base de las ideas de San Pablo (de origen y educación Romano), que de las propias de Cristo.

Lo que nos hace humanos, entendiendo bien a Aristóteles, es la capacidad del lenguaje para ser un mejor sistema simbólico para “representar” la realidad, y en tanto que tal lenguaje establece unas reglas internas (estructura), que por sí misma ya da legitimidad o no a un argumento. O sea, un argumento mal construido —bajo la lógica clásica— ya invalida por sí sólo lo argumentado, luego no hay que recurrir a verificar por medio de pruebas si se corresponde con la realidad o no. Por ejemplo: todas las patatas son verduras, las lechugas son verduras, luego las lechugas son patatas, es una argumentación estructuralmente defectuosa. Pero el haber llamado a Aristóteles era sólo en la dirección de indagar el que entendemos por razón, luego de momento dejemos el análisis de sus textos. Quedémonos, sin embargo, con la idea que razonar puede ser equiparable a dialogar, en tanto que ese es el fin del lenguaje: la comunicación.

En su sentido más llano, razón es un predicado que se hace sobre un sujeto, como en la frase “el agua moja”. Llama, por lo tanto, a la propia estructura del lenguaje, pues una frase, como estructura básica de información con un significado (semántico), “anuncia” un hecho sobre alguien o algo: Luisa no va a venir. De esto se deduce que de por sí la gramática ya tiene una estructura, que es significativa o “revela” un hecho de una persona a otra (que tampoco se puede violar si quiere ser aceptada con un significado: “el va a venir tiene un Juan” claramente es una frase defectuosa: he tratado de poner un verbo como sujeto, ¡lo cual ha sido divertido!). ß eso no es un pez. Frente a esta estructura proposicional básica, un razonamiento tiene unas premisas, argumentos o proposiciones, por las cuales se puede llegar a una conclusión —en la lógica clásica, hago ver esto porque hay varios tipos de lógicas—, como hemos podido ver a lo largo del escrito. Se diferencia de las frases, en tanto contenga una conclusión y en la medida que pueda intermediar algún identificador (no necesariamente, aunque se supone dentro del contexto; es una transición en lingüística, que según algunos críticos literarios hay que evitar usar, pues es aceptable en el instituto o la universidad, pero no después… más tonterías, jajaja) del tipo “por lo tanto”, “entonces”, “en consecuencia” o similares. En el caso de la frase “Luisa no va a venir”, sería un argumento o razonamiento si fuese el caso que buscásemos el por qué no va a venir: “Luisa ha dicho que no va a venir, no le gustan las fiestas de disfraces, y como va a ser una fiesta de disfraces, es por esto que haya podido haber decidido no venir” (en negrita un identificador). Siendo este el caso, y por lo habitual de este tipo de argumentos o conjeturas… ¿estamos siempre razonando? A nivel coloquial, y aparentemente, sí, pero a nivel filosófico no, pero en tanto que el razonamiento es de uso común, es por ello que en la actualidad lo estudien varias ciencias, como así es el caso de la psicología del razonamiento, las neurociencias o las ciencias cognitivas.

Con esto, por fin, he hecho que el pescado se muerda la cola, y he llegado a lo tratado en mi escrito “Tarea de selección de Wason” y su “anexo“, con sus consiguientes conclusiones. Wason se percató, he incluso yo diría que “insultó” al humano, al concluir en su escrito que “…se argumenta que los sujetos no dieron evidencia de haber adquirido las características del “pensamiento operacional formal” de Piaget”. Proceso que es el que adquiere una persona al llegar a la edad adulta, luego el humano no llega a la edad adulta, luego razona y es a nivel intelectivo como un niño (me he puesto en plan irónico). ¿No es más fácil llegar a otro tipo de conclusiones, tan sólo cambiando los argumentos? Ese fue el propósito de Cosmides y Tooby, bajo los supuestos de la psicología evolutiva, o lo dicho por Mercier y Sperber defendiendo su “teoría argumentativa del razonamiento”. Ahora me toca contraargumentar y “presentar” mis propias propuestas.

En primer lugar tratemos de despejar si la conclusión de Wason sobre que “los resultados sugieren que incluso los adultos inteligentes no adoptan fácilmente una actitud científica ante un problema nuevo. Se adhieren a su propia explicación con notable tenacidad cuando pueden presentar pruebas que las confirmen ”, establece un sesgo de confirmación o un sesgo de mi lado (myside bias) y si es necesario tal distinción hecha por Mercier y Sperber (ahora mismo tengo abiertos los escritos de “the enigma of reason” en inglés y español —en Microsoft Word y un lector PDF—, el escrito que he encontrado sobre el sesgo de mi lado, el mapa mental de la superveniencia, donde tengo todas las entradas de la Wikipedia sobre estos temas, algunas páginas abiertas en el navegador de Internet y el escrito de Wason en español e inglés… ¿no es para volverse loco?, ¡atención a que sólo he dormido cuatro horas!). El sesgo de confirmación es “la tendencia a buscar, interpretar, favorecer y recordar información de una manera que confirme o apoye las creencias o valores previos de uno. Las personas tienden a seleccionar inconscientemente información que respalda sus puntos de vista, pero ignoran la información que no los respalda. Las personas también tienden a interpretar que la evidencia ambigua apoya su posición actual. El efecto es más fuerte para los resultados deseados, para los problemas cargados de emociones y para las creencias profundamente arraigadas”. Y el sesgo de mi lado “ocurre cuando las personas evalúan evidencia, generan evidencia y prueban hipótesis de una manera sesgada hacia sus propias opiniones y actitudes anteriores”.  A simple vista son lo mismo, ¿en qué se diferencian?, en una aparente cerrazón (¡gran palabra! cerrado y razón unidos) por parte del proponente para no aceptar o tratar de escuchar la propuesta contraria. Una de las disposiciones de Edward Damer para el buen razonamiento, en su libro “Attacking faulty reasoning”, es que toda persona ha de aceptar su propia falibilidad (que pueda equivocarse), en ese caso, el sesgo de mi lado se basa en tal carencia. Este matiz es de interés para mis propias hipótesis, pues aduzco que dos de los conceptos que maneja la evolución (y más tarde lo social) son los de identidad y otredad. El libro de John Bargh “Por qué hacemos lo que hacemos”, (o el de  Malcolm Gladwell “Inteligencia intuitiva”) exponen muchos casos del nosotros y el ellos como base del conflicto humano, mostrándola como una primitiva grabada a fuego en nuestros cerebros. Desde muy niños diferenciamos y aplicamos estos conceptos a todo en la vida. La cuestión que sale a colación es que da igual qué sea lo otro. En la medida que creamos una identidad, este concepto por sí mismo implica una otredad. En Estados Unidos ese “nosotros” y “ellos” puede ser el color, los blancos y los negros, pero igualmente puede ser por algo tan nimio como la defensa de un color, asignado aleatoriamente en distintos experimentos, tanto a bebés como a adultos. El humano parece “necesitar” la otredad para definir su propia identidad, toda película, novela o narración necesita un “enemigo”, dos posturas encontradas, lo que de nuevo nos lleva a si el cerebro tiene la negación como base o no.

La primera conclusión ya se deduce de lo dicho arriba: una identidad lo es en tanto que tiene unas diferencias con otras identidades, luego a nivel ontológico el cerebro se proyecta al mundo como “no siendo lo que es lo otro”…, negándolo. ¿Puede ser al revés? Esto tiene un largo recorrido, no es fácil simplificarlo, lo he ido desgranando en distintos escritos. La nada de Sartre, en su libro “El Ser y la nada”, es la capacidad humana de saberse libre e irse construyendo, cosa cuestionable si se tiene en cuenta sus facticidades (el ADN, el lugar y época de nacimiento, su pasado…), pero de una u otra forma mi ser originario se proyecta al mundo como lo “válido” para ser transmitido y ser el modelo de lo que es o ha de ser el humano (que puede parecer exagerado, pero es en definitiva lo que emerge en identidades como una religión, una nación o una ideología; el capitalismo se valida como la única opción válida para gobernar el mundo, por ejemplo). En esa medida todo ente que cuestione esa “verdad” es susceptible de negarme, pero a la vez es el espejo por el cual mi imagen me es devuelta para que yo la vea (reflexión proviene de reflejo). Soy lo que no es lo otro, lo que niego: el humano no es/era una animal, la cultura civilizada no es/era bárbara o salvaje. Más fácil, si no hubiera guapos una persona que no lo fuera no sería fea, al igual que dos hormigas son indiscernibles. Las diferencias las crean las aleatoriedades genéticas (evolutivas) y su signo está mediado por cuál de las variaciones se validará a lo largo de las generaciones. La medida siempre es la otredad. Esto quiere decir que en el cerebro profundo, en la cognición implícita,  la negación es parte constitutiva a nivel ontogénico (Ser), pero no a nivel epistemológico (conocimiento). No quiero explayarme más en este tema, que sólo es anejo en el presente escrito, si bien tiene que ver en la medida de tratar de comprender si somos primeros sociales y después individuos o a la inversa, dilema necesario de despejar para entender los siguientes contenidos.

Un salto de ritmo y una consiguiente pérdida de la continuidad. El libro de Malcolm Gladwell “Inteligencia intuitiva” no me terminó de gustar, porque trata de establecer reglas sobre la validez e invalidez de las intuiciones, sin llegar a crear una clara diferenciación de en qué consistían tales validaciones. A esa misma conclusión llega John Bargh en “Por qué hacemos lo que hacemos” y trata de solventar esa merma argumentativa de Malcolm Gladwell (uno de los consejos de John Bargh que me han “gustado” es el de oír a la intuición, pero dejar reposar la idea para no precipitarnos). Yo no tengo tan claro que se puedan crear reglas, o por lo menos no unas que sean válidas en el cien por cien de todos los casos. Lo que sí tengo en claro, y que valida mi propuesta de que la “razón” nació como supervisor final de la cognición, a partir de un módulo que le precede, que es el detector de irregularidades, errores, incongruencias o inconsistencias, en donde la propia definición es la explicación de dos cuestiones: 1. la cognición implícita, las llamadas intuiciones que no son mas que el cerebro profundo creando uniones neuronales con otros grupos de neuronas (estructuras), en donde tales uniones crean unas nuevas conexiones (significativas) de ideas hacia una nueva, es falible (no fiable al cien por cien) puesto que de no serlo, la evolución no hubiera “recurrido” a un segundo proceso, el cual verifica que todo sea correcto. Y 2. siendo así, si la cognición implícita es una afirmación, y la cognición explícita o razón es una revisión de tal afirmación, en donde el “detector de errores” ha develado un posible o certero error, entonces la razón nace con la base de operar como falsación de una dudosa afirmación. Luego la base de la razón (la conciencia, el prefrontal, el espacio global de trabajo  y a nivel interno) es la negación.

De ser cierto lo dicho, se da cierta simetría entre el cerebro profundo o inconsciente, y la corteza cerebral, prefrontal o conciencia, puesto que el primero busca y trata de reducir la esencia de la realidad a sus mínimos (seres o entes plenos en el mundo), mientras su núcleo es la ausencia de un ser o existente, y que sólo puede ser en tanto que negación (nada) de lo que es lo otro; mientras que la conciencia, el prefrontal, tiene o tiende a poseer un Ser denso y definido a modo de agente, pero el núcleo de su conocimiento es la duda o la negación de que afuera exista entes o esencias. De ser así, de nuevo emerge la imagen del uróboros, la serpiente que se muerde la cola, pero bajo la imagen del símbolo infinito, puesto que el cerebro profundo "necesita" de la solidez del Ser que le viene dado desde la conciencia, y esta necesita de la solidez de conocimiento del cerebro profundo. De dicho flujo de información, en esta cinta infinita en perpetuo movimiento,  emerge el ser que somos, flanqueándose —el uno al otro— las debilidades y fallas que son sus constituyentes.


Hace algo más de una semana me encontré con la propuesta de Erik Asp, de la teoría del falso etiquetado (False tagging theory) que “es un modelo neuroanatómico de un proceso de creencia y duda que propone una función simple y única para la corteza prefrontal. La evidencia indica que la duda mediada por la corteza prefrontal es la base del funcionamiento ejecutivo y puede explicar algunos sesgos del juicio intuitivo. El FTT afirma que la corteza prefrontal es necesaria para las etiquetas falsas durante el componente de evaluación de la creencia. La creencia es la existencia de representaciones cognitivas perceptivas (PCR) en la región de las prostaglandinas, mientras que la duda, el escepticismo y la incredulidad están mediados por etiquetas falsas a través del área prefrontal. La corteza prefrontal es fundamental en situaciones en las que la duda, la incertidumbre y la ambigüedad son altas. La duda sobre una creencia específica puede tener una variedad de efectos, que a menudo se realizan como una reducción del comportamiento hacia la creencia. Los individuos con una integridad estructural de la corteza prefrontal alterada deberían tener un “déficit de duda”, una vulnerabilidad para creer información inexacta.” Lo cual, de validarse con el tiempo, me daría la razón sobre algo que yo vengo proponiendo desde hace años: sobre el papel del prefrontal como mero verificador del cerebro profundo, y que se activa sólo cuando la situación lo requiera. Ya no hace falta decir más, jajaja, (ß no es una risa prepotente, ni cínica, sino simpática), que cada cual desarrolle sus propias ideas a partir de estas premisas y conclusiones.

¡Vale!, prosigo mis inquisiciones. Lo que seguirá es un intento de unificar todo lo argumentado en una teoría coherente y holista de lo que es el ser humano, pero previamente he de “atacar” la “teoría argumentativa del razonamiento” de Mercier y Sperber. He de confesar que me he despertado con esta “solución”, luego de nuevo sale en claro el papel de la cognición implícita frente a la razón. El argumento que más puede validar la teoría de Mercier y Sperber es el hecho de los test llevados a cabo sobre grupos, de la prueba de selección de Wason, en donde tales participantes de dichos grupos se tenían que poner de acuerdo sobre qué cartas voltear para validar la regla de la prueba, acertaban sobre el 80% de las veces, frente al 80% más o menos de las veces que se falla de manera individual. Eso quiere decir que el 20% de las personas son capaces de resolverlo por sí mismos, luego tienen una “buena” inteligencia lógico/matemática. Ahí está la cuestión. ¿En qué medida en cada grupo no había una sola persona con dicha facultad y es la que orientaba al resto para pensar y convencerlos de cómo había que operar sobre qué cartas voltear? Esta conclusión falsea a medias las conclusiones de Mercier y Sperber, pues de una u otra forma tienen razón, pero no por los motivos que ellos aducen o argumentan. Para mi siguiente análisis es necesario tratar de determinar que es inteligencia. En los últimos escritos estoy tratando de proponer que cada persona nace con unas facultades concretas, y es la suma de todas las facultades individuales las que propician la inteligencia de un grupo. En el ejemplo de arriba, da igual que el resto no tenga una inteligencia lógico/matemática, basta que lo tenga una persona del grupo para orientar al resto. Pensemos en un jurado, y pensemos además en la película “Coacción a un jurado” protagonizada por Demi Moore. El argumento es que su personaje forma parte de un jurado y la coaccionan, amenazándola con matar a su hijo, para que trate de persuadir al resto del jurado en la dirección de absolver al acusado. El fondo de mi propuesta es que alguien muy motivado buscará cualquier argumento para tratar de convencer al resto. Por otro lado todo puede ser susceptible de seguir una estrategia. Si en un grupo convences a alguien que tenga una gran capacidad argumentativa o en otro caso a un líder (o líder carismático), estos pueden ir convenciendo al resto, sin que el promotor de tal estrategia ya no tenga nada más que hacer (¿no es lo que pasa actualmente con los influencers?, no se comportan como unos idiotas útiles como propone el artículo de la Wikipedia). ¿Qué es la verdad si todo se trata de ser un buen argumentador? Y de reducirlo todo a esto… no tiene todo como base la seducción?

Te estás acelerando… ¡mesura!

Es cierto, de acuerdo. A dónde quiero llegar, es que por un lado puede estar la “verdad”, como hecho científico, por otro el ser un buen argumentador y por otro ser un líder. Un científico es posible que pierda un debate ante un buen argumentador (tener labia). Así lo exponen en el documental “campaña contra el clima”, donde ciertas empresas contrataron a buenos argumentadores, para tratar de desacreditar la postura científica sobre el cambio climático. En otro caso, un buen abogado puede lograr que su cliente quede absuelto, si es un buen argumentador y no hay ninguna prueba totalmente incriminatoria…, incluso a sabiendas que pueda ser culpable. Y un último caso en esta misma dirección: en Estados Unidos hay concursos de debates, donde los temas y qué defienda cada una de las partes es aleatoria. Se puede dar el caso que a uno de los oponentes le toque defender algo en apariencia indefendible, la supremacía blanca por ejemplo…, y que por el sólo afán de ganar, de ser el mejor, usará todos los recursos que su cerebro y “astucia” tengan a su disposición, indiferentemente de lo que su moral diga (por cierto, en el documental “I human” dicen de un caso en donde una inteligencia artificial ganó a los humanos… ¡quiero ver ese debate!). Qué se concluye con todo esto. Que ganar una discusión o debate no tiene por qué ver con estar más alineado con la verdad. La propia Grecia llegó a esa misma y fatídica conclusión cuando los maestros de retórica se centraron más en ser unos buenos argumentadores, que en buscar la verdad. De tal escuela del pensamiento, los sofistas, es de donde nos viene la palabra sofisma, sinónimo de falacia. Todo esto parte en que es más fácil hacer caer los argumentos de los otros, que defender los propios. O para ser más claros. La “verdad” es muy “escurridiza” si es que existe en los asuntos humanos, y es más fácil decir qué no es verdad, que sustentar qué es verdad. A esta misma conclusión han llegado infinidad de pensadores, como Mercier y Sperber, cuando dicen: “los participantes tienen problemas para encontrar contraargumentos a sus teorías favoritas, pero cuando se les pide a los participantes que razonen acerca de las ideas con las que no están de acuerdo, encuentran fácilmente contraargumentos.” ¿Tiene esto que ver en que la estructura de la razón sea la negación?, como hemos acordado arriba. De ser así, ¿la razón rebate fuera lo que ontológicamente niega nuestra identidad? Una conclusión lasa, de lo dicho, es que las posturas cínicas, escépticas, relativistas o nihilistas son las más fáciles y cómodas, pues no tratan de sostener casi ninguna verdad. Dicho más llanamente todo esto: es más fácil atacar que sostener una verdad, lo que es una mala noticia para tal concepto y para la empresa humana de lo social.

Vuelvo al caso de la película “coacción a un jurado”, Demi Moore recurrió a todo lo que tenía a mano para lograr tener la mayoría de las votaciones. ¿No es lo que están haciendo los políticos en la actualidad?, ¿no se ha hecho siempre? La conclusión de Aristóteles es que el humano es un animal político, entendiendo por política la capacidad de poner de tu lado a todo humano que te sea posible. Con esto vuelvo a la validación de uno mismo. Al validar uno sus creencias, trata de ganar adeptos a sus propios argumentos, que en el fondo es hacer que validen tu identidad. ¿No ha sido así para toda religión que ahora es conocida? o para toda ideología o nación. ¿Tiene esto algo que ver con la propuesta de Mercier y Sperber y su “teoría argumentativa del razonamiento”? Uno de los puntos con los que no estoy de acuerdo, de dichos autores del libro “el enigma de la razón”, es que dicen que el individuo no cuenta. Que todo gran avance no ha sido en ningún caso por los descubrimientos de una sola persona, sino en tanto que tal persona entraba en discusión con otras que les contrargumentaban y en donde estos buscaban posturas más mediadas. A mí no me parece que ese sea el caso de pensadores y científicos como Newton, Kant, Nietzsche, Wittgenstein, Darwin, Hegel o Einstein, por poner sólo unos pocos ejemplos, pues eran personas tendentes a la soledad (y dejando de lado que sus “conclusiones” pudieran estar ya en el aire, pues otros ya habrían plantado los antecedentes). En otro caso, cuando dos o más personas colaboran en un escrito, como así es el caso de Mercier y Sperber, no entiendo cómo se puede hacer, y tampoco creo que emerja una “verdad” o intuición en los dos cerebros a la vez, luego siempre puede haber de uno más que de otro. A mí nadie me contraargumenta, tampoco doy pie para que sea así. Más bien cada uno de esos autores, al escribir sus ideas o plasmarlas en papel, se contrargumentaban a sí mismos, pues eso forma parte de la diferencia entre la simple charla y un sesudo escrito. Yo a veces me he levantado con una idea, la he empezado a desarrollar ante el ordenador, y al final me he percatado por mí mismo que era insostenible. O sea, trabajo por intuiciones y después durante los escritos entra en juego la “razón” o el prefrontal, bajo la capacidad de negar y evidenciar sus flaquezas o ambigüedades. Lo que quiero decir es que su teoría argumentativa es válida, es la base de los grupos sociales, pero no por ello lo es al cien por cien, en todos los casos y en todos los individuos.

¿Sabíais que la palabra inteligencia no ha entrado a formar parte de los diccionarios alemanes hasta 1801?, ¿por qué no era “necesaria”?, ¿por qué ahora lo es tanto? En realidad pienso que antes el concepto más usado era el de sabio, frente al de persona inteligente, pero lo que antes entendían por sabio o entendido, ahora lo denominamos bajo el concepto de experto. Y ese es mi punto. En la prehistoria las labores se dividían y cada humano podía ser experto en una cuestión, mientras que otro lo era en otro tema. Llegaban fácilmente a acuerdos en la medida que sobre todo se fiaban o se posicionaban al lado de los expertos en cada tema. Bajo estos supuestos, es lo que puede haber revelado las distintas pruebas que han llevado Mercier y Sperber para probar su “teoría argumentativa del razonamiento”, u otros científicos a la hora de determinar la inteligencia del grupo. Este proceder ha seguido siendo así hasta la llegada de la era industrial, a través de los gremios (una gran pérdida), que se heredaban de padres a hijos. Recordar que gran parte de los apellidos, sobre todos los de origen anglo-germano, hacían mención a sus profesiones (fijarse que competer, a una profesión, y competencia, de competir, tienen la misma raíz).

Otro inconveniente de las ideas de Mercier y Sperber. Cuando un grupo llega a un acuerdo no es que lleguen a una verdad, en tanto que universal e intemporal, sino que lo suelen hacer con respecto a la mentalidad o el espíritu de una época. Siendo así, un grupo de humanos en la época de la caza de brujas se podían poner de acuerdo si tal o cual persona era o no una bruja, pero tales argumentos hoy no serían válidos para un grupo que tuviese que juzgar retrospectivamente a esa misma persona. Hace cien años hubiera sido distinta la conclusión de un grupo con respecto al tema del aborto, que un mismo grupo de la actualidad y sobre el mismo tema (hoy el feminismo no acepta, y por ello argumenta, que la mujer no es la capacidad de tener hijos, ni tampoco sus órganos sexuales, ni ninguna otra idea de lo que pensemos que es ser una mujer… uno de sus sub-argumentos es que todo son construcciones sociales. ¡ah, ya sé!, son seres etéreos, sin cuerpo, ángeles, formas indefinibles…, creo que esto tampoco lo aceptarán...; otro pensamiento al hilo de esto: el feminismo no quiere que la mujer sea reducida y etiquetada bajo nada, pero algunas corrientes no aceptan al transexual como mujer... ¿bajo qué base si lo femenino o la mujer no puede ser reducido?; otra cuestión es que el feminismo sí "reduce" al hombre bajo ciertas etiquetas como el de patriarcal, violento, egocentrista y machista, luego la mujer son posiciones opuestas a todo esto, luego han de asumir que sí tienen una "esencia"). Este es uno de mis principales argumentos para ser escéptico sobre la validez de lo que ha de entenderse por verdad y si esta existe: nunca sabemos sin lo que nos “domina” es la total imparcialidad de la razón, o el del espíritu de la época que nos ha tocado vivir. La propuesta de Sartre de actuar, aunque uno se equivoque, nunca me ha gustado ni convencido.

No sé si he dejado sin retomar algún punto de los pendientes (al final releo y actuaré en consecuencia). En ese caso trataré de abreviar mis propios puntos de vista, pues todos ellos están tratados en extensión a lo largo de mis escritos.

Por lo que no me convence ninguna postura “unidimensional” del origen o porqué de la llamada razón, es que la evolución hace uso de una función o módulo por, para y desde distintas funciones. El propio concepto de módulo “molesta” a muchos científicos, pues aunque una zona sea una clara candidata a ser para una función, antes otras zonas han pre-procesado ciertos aspectos de dicha función, con lo cual ninguna se puede aislar con exactitud a una sola zona o región. Aunque la región del habla sea el área de Broca —por lo general en el hemisferio izquierdo— el propio hemisferio opuesto hace funciones auxiliares, o no tan auxiliares, al habla. Yo puedo argumentar que la razón se usó como la capacidad de poder comunicar con argumentos, las emociones y sentimientos de cada persona (tengo esta dolencia, recuerda que fui arrollado por un jabalí, y me duele más cuando hace frío, y como es invierno…), pero de nuevo es una visión unidimensional. La postura que yo siempre he defendido es que cuando el cerebro profundo no puede llegar a una única conclusión, o que el detector de errores perciba alguna incongruencia o ambigüedad, cederá el “relevo” del análisis al prefrontal, que es más lento, pero más adecuado para dirimir una posible respuesta más ajustada a ese momento y situación… y consecuentemente, y como dijera certera y escuetamente William James, “la consciencia se retira de cualquier proceso una vez que ya no es necesaria”.

Que tenemos hasta ahora. La razón no puede ser sin la palabra o un lenguaje altamente simbólico, luego nace en el hombre a partir del lenguaje. Nunca tuvo la finalidad bajo la que la entendemos ahora. La mayoría de los cazadores-recolectores actuales no hacen uso de la razón. Gerd Gigerenzer en su libro “Decisiones instintivas” nos cuenta el caso de un jefe de una tribu que se puso a echar una bronca a un ayudante de un antropólogo por fumar, porque era muy malo para la salud, a lo que este le replicó que el propio antropólogo también fumaba. Preguntándole para embroncarlo de igual forma, este le dijo que fumaba porque su padre lo hacía, a lo que el jefe de la tribu arguyó: “ah, bueno, está bien respetar las tradiciones de los padres”. Cualquier humano heredero de la cultura occidental detecta el fallo de tal argumento, pero no podría hacérselo ver a dicho anciano de los cazadores-recolectores. Ante el problema lógico de “todos los osos polares son blancos, imagínate encontrarte en el polo norte y que ves un oso, ¿de qué color es?”, las personas de hace casi un siglo y sin estudios contestaban cosas como “yo he visto una vez un oso negro” o “hay diferentes tipos de osos” (yo he dado respuestas “estúpidas” de este tipo más de una vez o me las han dado a mí…, quien esté libre de tal “pecado” que tire la primera piedra). ¿Hemos avanzado?, sí, pero como demuestran muchos problemas lógicos, y entre ellos el de la selección de Wason, la llamada razón no es tan lógica ni racional. Es un sistema principalmente supervisor de las intuiciones, y las decisiones, que vienen dadas desde el cerebro profundo, y en el día a día, sobre temas simples y que tampoco requieren ni profundidad ni mucho tiempo de reflexión. De paso tal módulo se supervisaba sobre todo a sí mismo (acciones, palabras, decisiones), a la imagen que daba a los demás, con lo que una de sus funciones fue la de crear y “defender” una identidad hacia los demás, bajo lo que ahora conocemos como prestigio o cara ante los demás. Esa faceta es la que ha creado la llamada identidad narrativa, aquella imagen que nuestro cerebro “guarda” como memoria autobiográfica. Es “el sistema de auto-memoria” y el “trabajo sobre el yo” (self working) al que hace referencia Martin A. Conway. Tenemos así dos identidades o seres. O muchos en el cerebro profundo, este no preocupado y sin la labor de ser coherente con un relato, y otro que es el que construye la identidad narrativa (un efecto secundario de este ser emergente es que creaba estabilidad al sistema, pues la conciencia, al darse en la nada del Ser, nos crea angustia (existencialista), mientras que al generarse el sentido de agencia, de estar al control del sistema, nos procura tranquilidad). No hay distancia de uno a otro, es una frontera ficticia, pues como nos dice John Bargh, en su libro “Por qué hacemos lo que hacemos”, conciencia e inconsciencia hacen uso de las mismas partes del cerebro. El único matiz, gran matiz, es que la conciencia es un estado en el cual el foco de la atención es entregado al llamado área de trabajo, principalmente en el prefrontal, que es lento, pero que al tener la capacidad de ser multipropósito, es un mejor calculador, si es que cuenta con tiempo, capacidad, maestría y energía. Fuera de este propósito, que puede darse o no darse, que se puede “ejercitar” o no, el prefrontal es nuestra “unidad de autopercepción”, por el cual nos percibimos como un agente al mando de un cuerpo y un cerebro, en el medio social. Dado que principalmente la identidad narrativa construye memoria autobiográfica, esa es la única información a la que tiene acceso y la que realmente le interesa, con lo cual los procesos que no están bajo tales funciones de la atención, nos son casi totalmente desconocidos (cada vez estoy cometiendo más fallos gramaticales, ortográficos, y de mecanografía, el cansancio va venciéndome ß ¿veis?, es mi identidad narrativa hablando). Este es un concepto más a tener en cuenta del porqué de la “razón”: necesitamos explicarnos y racionalizar constantemente nuestras acciones y decisiones ante los demás. De vez en cuando, navegando por el mapa mental de la superveniencia, me vuelvo a encontrar con algún concepto importante y olvidado. El prefrontal, la identidad narrativa, ante esta ignorancia de los engranajes tras las bambalinas, cae en la ilusión de introspección, en creer que conoce todo de su cerebro, sus acciones y decisiones, cuando no es así.

La ilusión de la introspección es un sesgo cognitivo en el que las personas piensan erróneamente que tienen una percepción directa de los orígenes de sus estados mentales, mientras tratan las introspecciones de los demás como poco fiables. La ilusión se ha examinado en experimentos psicológicos y se ha sugerido como base para sesgos en la forma en que las personas se comparan con los demás. Se ha interpretado que estos experimentos sugieren que, en lugar de ofrecer acceso directo a los procesos subyacentes a los estados mentales, la introspección es un proceso de construcción e inferencia , del mismo modo que las personas infieren indirectamente los estados mentales de los demás a partir de su comportamiento.”

Últimas reflexiones. Lo tragicómico de todo esto es que ni siquiera es sólo el problema de lo que desconocemos del cerebro profundo, sino la suma y sigue de desconocer cómo actúa la evolución, el ADN y la epigenética a nivel interno, y el desconocimiento que tenemos de estar dentro de sistemas complejos que no vemos ni comprendemos. Una conclusión a la hora de tratar de entender la pérdida de memoria durante la vejez, y que no he dejado escrito, es que quizás el cerebro profundo, y a lo largo de tantos años de estar supervisado por el prefrontal, simbólicamente se ha vuelto en el perro que de forma constante mira a su amo, la razón, para “saber” qué hacer. En la medida que lo que se daña es esta conexión, el cerebro profundo se empieza a comportar como un perro vagabundo y sin amo, que deambula por las calles laberínticas de su interior, sin ningún rumbo… perdido y sin la voz de su amo a la que se acostumbró: ya no sabe concebirse a sí mismo como un ente individual y libre (cuestión similar a cuando una persona muy anciana pierde a su cónyuge, con la que ha vivido casi toda su vida). Bajo tal signo, amo y perro se pierden a la vez. ¿No ocurre otro tanto a nivel social? El humano era en tanto que perteneciente a un grupo, su inteligencia, en lo que fuera experto, se unía a una inteligencia distribuida o grupal. Su identidad era en tanto que ese “amo” eran las normas sociales, y en tanto que tabús y tradiciones. Bajo estos signos, su principal cometido era la imitación. “La imitación es una especie de pegamento social, mantiene unidas a dos o más personas, la imitación inconsciente promueve la formación de lazos afectivos”, nos recuerda John Bargh. El prestigio nació como secuela de la tendencia al individualismo, con la lenta pero paulatina muerte de la inteligencia grupal. Esa doble naturaleza, la de imitador y de ser individual, son dos frentes en liza que de ninguna forma pueden crear sanidad mental. “El dueño ya no tiene amo”, la narrativa social se está deshilachando, desintegrando la realidad e identidad de cada uno de los humanos. Pero esto ya es la historia de otro relato, que está por contar.


“Mi dueño ya no tiene amo” es de esta canción.


Después de comer muchas nueces, y bastante carne y comida muy variada, en estas fechas, mi cerebro ha podido generar algo de cordura, coherencia, memoria y continuidad. ¡Pero me he cansado para todo el año!, jejeje.


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