Tarea de selección de Wason - Anexo



El mundo nunca es como esperabas.❞ Another Round
La moralidad no tiene nada de divino;
es un asunto puramente humano.
❞ Albert Einstein
No es fácil escapar del diablo
una vez que lo has invitado
.❞ Berlin Alexanderplatz
Un rato es la sustancia con la que
están hecho los sueños.
❞ Tennessee Williams
Uno se echa a andar, aventura una improvisación,
pero improvisar es sumarse al Mundo, fusionarse con este.

Delauze y Guattari


¿Por qué comprar libros o informarnos si lo único que tratamos de leer, según el sesgo de confirmación, es aquello que nos da la razón?

I
L
as palabras no se sostienen solas, necesitan el andamiaje que les proporciona las neuronas. ¿qué palabras sostendrán tus células nerviosas?, ¿las eliges tú ?, ¿te las impondrán?, ¿cómo saberlo? Hay que rectificar la metáfora. Las palabras crean enlaces neuronales, que hacen que al final las neuronas sean el armazón que las sostienen. La estructura con la que se nace no tiene ninguna palabra. Cuando un humano toma conciencia en la edad adulta, se percata que todo su esqueleto de ideas se lo ha proporcionado el ambiente: los padres, los allegados, la educación en las escuelas, el espíritu de la época que le ha tocado vivir. ¿Qué relación tienen las palabras con la verdad?, ¿existe la verdad….?, ¿la verdad está fuera de las palabras? Las palabras descifran la verdad o la encubren. ¿Depende de cada uno?, ¿afrontar la verdad es de valientes o de locos? Si la base de la realidad es el caos, no hay verdades. El orden crea una “verdad” sólo válida para este universo. Otro universo, otras reglas, otras verdades. La moral no es nada, es solo el deseo de mantener y creer en que hay un orden y que es real y/o natural.  Por tanto, toda persona inmoral es un agente del caos. Cada ser vivo trata de imponer su propio orden… el resto no le “cree”, pues tiene  su propio criterio y orden. Cuando un carnívoro destruye y deglute a otro animal, aniquila un orden inválido para sí mismo. Genera un caos en otra especie, que esta trata de restituir teniendo más descendencia. Destruir y generar, caos y orden. Qué supone el significado en toda esta trama. Es un orden concreto en una especie viva concreta, y ya en el humano un orden dentro de cada cerebro e individuo. Si se deglute el orden, así mismo se hace con los significados de las otras personas. ¿Somos depredadores de los significados que no estén relacionados con nuestros propios significados?

Último aviso: no crees unas palabras en las que al final te quedes enredado, y a la espera de la araña que te devorará. Sí, las palabras son telarañas. Ya se sabe… “por boca cerrada no entran moscas”. El humano más silencioso es la persona que menos se equivocará en la vida.

Ya, pero Søren Kierkegaard dijo… “Atreverse es perder el equilibrio momentáneamente, no atreverse es perderse.”

Suena totalmente a telaraña. ¿Cuántos habrán muerto por tales palabras?

II
E
n el escrito anterior se me olvidó usar un ejemplo que venía muy al caso. Me refiero a la confusión y la polémica que ha creado la película TENET. A cada paso todo espectador espera que la siguiente trama le aclare dónde está y hacia dónde va la película. Pero aunque hay algunos momentos que nos den algo de lucidez, donde se nos encienda nuestra pequeña bombillita, al final de nuevo vence el caos y la oscuridad. La paradoja es que cada uno de los personajes de la película tiene muy claro dónde está y hacia dónde van. Lo que trato de hacer ver es que si cada uno de nosotros pasase por tal historia no se perdería. Nos ocurre porque estamos fuera de la historia. En el fondo se cuela aquello de “ponerse en la piel del otro”, y es la demostración perfecta de que esto no es posible, pues siempre estamos fuera de la vida de los demás, como meros espectadores que no entendemos nada de la vida del otro, o más bien pocas cosas. Aquí igualmente sale una crítica al feminismo. En una madre de antes era legítimo aquello de “te conozco como si te hubiera parido”, pues la madre se dedicaba casi exclusivamente a los hijos. Hoy desde los pocos años, los niños tienen experiencias de las que sus padres no saben nada. Ocurre desde la guardería o desde el momento que otra persona los cuida. A partir de ese momento ya se empiezan a desligar de sus antecesores, con la tara y el problema que si llegan a pasar por un acoso escolar, no le contarán nada a sus padres, con los cuales ya no tienen la ligazón que existía antes. (Siempre barro para mis “fines”.) Como sea. Alguien ha hecho una gráfica de las distintas líneas del tiempo de la película TENET, pero la propia gráfica tampoco es que nos aclare demasiado. Más bien nos puede llegar a confundir aún más, al tratar de determinar qué ha querido decir el que la ha hecho, con respecto a la propia película a la vez. Es una descodificación de algo codificado, pero como dijera Morris Zapp… “cada descodificación es una nueva codificación”. ¿Cuántos códigos hay que descodificar a estas alturas de la historia para tratar de estar al tanto de lo que acontece?, ¿se puede?

A todo esto… aquí otro tema que se me pasó por alto: el que crea un lenguaje, una narración, una “codificación”, tiene ventaja sobre los que lo aprenden, lo leen o lo analizan desde afuera. Christopher Nolan, director y guionista de TENET, no se pierde porque él mismo creó su “lenguaje”, su trama. No se puso en la piel de los espectadores (debió de poner fechas a modo de guía), que a la vez tampoco estos podían ponerse en la suya. El “traje” de los otros siempre nos suele sentar mal. ¿Yo he creado una “filosofía” en la que tengo ventaja sobre el resto? Desvelarla no es hacerla a la medida de cada persona. De hecho cada lector cogerá y dejará conceptos según su propio gusto, de su propio significado de la vida. ¿Qué es entonces la comunicación?, la penetración en la pared celular del otro, lo cual es un riesgo tanto para el anfitrión, como para el visitante. Comunicarse es volverse vulnerable.

—¿Retomamos la frase de Kierkegaard?

La realidad es que somos permeables cuanto menos años tengamos, y que con la edad lo que era una mera pared celular de lípidos, el paso de las décadas lo vuelve un fuerte armazón impenetrable. ¿Amamos lo que no nos deja entrar en su núcleo?, ¿es eso amor u obcecación de arrancar el secreto de los otros?

—¡Que inocente el humano al pensar que el amor lo explica todo.

—¡O no!, nunca se ha…

—¡Basta ya!, habla sobre el tema relacionado y deja de divagar.

III
S
omos seres dentro de sistemas, que al no verlos, los pasamos por alto. Una neurona no tiene ningún sentido en un  cerebro. Son las neuronas, en su relación, las que crean el sentido y significado de lo que codifican. Nos hemos centrado por tantos siglos en la razón, que nos va a costar aceptar “esa” otra verdad de los sistemas en los que estamos imbuidos. ¿Y si la racionalidad está en el grupo?, como así dicen tantos científicos y entre ellos Gerd Gigerenzer en su libro “decisiones instintivas”. Y de ser así, si tendemos hacia la individualidad…, ¿no es cuando dejamos de ser una racionalidad y somos más vulnerables a parecer irracionales? En un experimento con ratas, al final de un camino había un doble carril, en donde en la izquierda había un 80% de comida y a la derecha un 20%. De forma extraña algunas ratas iban al 20%, a la menor cantidad… y sobre un 20% de las veces. ¿Por qué?, la “razón” quedó respondida cuando al soltar a muchas ratas a la vez, el 20% de ellas se iba a la comida del 20%. Si hubieran ido todas a la vez al 80%, las más desventajadas no habrían comido nada. Patrón que se repetiría al ir a por el 20%, con lo que se hubieran quedado sin comer las “desventajadas”. ¿No es extraño el patrón de 20 y 80%? Haciendo una media, es posible que el 80% de las personas que hicieron la tarea de selección de Wason (expuesto en el escrito anterior) fallen, frente al 20% que acierta. Que es igual al principio de Pareto, en donde el 20% tiene el 80% de la riqueza, frente al 80% de las personas que sólo tiene el 20%. ¿No se repite en la misma proporción a la hora de pasar el test de los niños a los que se les deja sólo ante las golosinas, y no tienen que comerlas si quieren el doble, pues han de esperar a que vuelva el que les ha puesto tal prueba? ¿Cómo es esto?, de tanta reiteración con tales proporciones.

El experimento de las ratas no cuenta para ser aplicado por la distribución de Pareto, ya que pudo influenciar el hecho de la división del alimento en un 80 y 20%, y podrían darse otras cifras si esa división se variase. Otra posible consideración al comportamiento de las ratas: ¿y si la comida con un 80% estuviera envenenada o con algún virus o bacteria mortal? ¿Esta división del 80/20 es quizás una forma evolutiva de no jugar todo el dinero en una sola baza? Si se crea una varianza en donde un X% tenga comportamientos alternativos, se tiene una mayor probabilidad para que esa especie sobreviva a pandemias y otros tipos de peligros…, ¿el cobarde es una alternativa (comedido, según este baremo) para que la especie sobreviva en casos extremos?)

En un primer análisis se puede pensar que todos estamos en ese maldito 80% de lo que podrían denominarse como perdedores. Pero no ha de ser así. Uno puede estar en un 20%, sobresaliendo en algo y en el resto en el 80%, y otro grupo de personas ser ese 20% en otro tema. ¿Hay un 20% de personas a las que se le da bien la lógica, de artistas, de matemáticos, o atletas? ¿Sólo hay un 20% de personas que arriesgarían su vida para salvar a un extraño? ¿Basta con ese 20% en cada cuestión para hacer esa teórica racionalidad humana…?, que crea un cerebro en la totalidad de todos esos porcentajes.

IV
S
alto de tema, y lo hago por “rellenar” este escrito que es un poco corto, y porque quizás no trataré en más sitios los temas que vienen a continuación, pues varios libros que he ido sugiriendo ya dan cuenta de lo que yo pueda decir. Las ciudades, poco a poco, se ven cada vez más visitadas por animales “salvajes”. En otro caso, hay control para que no haya perros callejeros, pero no así con los gatos, en donde con estos es cada vez más normal ver que escogen ciertas zonas de las ciudades para formar manadas o agrupaciones. ¿Cómo reconocer un gato equivalente a la mediana edad humana con respecto a uno más joven? Suelen ser los que no salen a la carrera cuando un humano linda sus “dominios”. Los jóvenes tienen exceso de energía y prefieren aquello de “más vale prevenir que curar”, pero los más adultos, teniendo un peor comportamiento energético, se quedan al tanto mirando al humano, tratando de detectar si tienen que correr o no. Por otro lado su cerebro más maduro y con una mayor cantidad de aprendizaje, ha llegado a esa “conclusión” como la más óptima. Lo que impera en ellos, al igual que con cualquier animal de cerebro complejo, es la cognición implícita, esa que va aprendiendo por sí sola con los años. Por lo tanto, los animales también llegan a una mentalidad cristalizada, como los adultos humanos, frente a la fluida de los jóvenes. Si se supone que dichos animales no tienen la capacidad o el módulo de la razón, se concluye que tampoco les hace falta, y que llegan —más o menos— a una misma posición “intelectual” que la humana con la edad. Variando un conocido refrán: “sabe más el perro por viejo que por perro”.

En el libro “Decisiones Instintivas” de Gerd Gigerenzer, nos expone el caso de que los golfistas veteranos eran más precisos si se les  distraía durante los tiros o no se concentraban, que a la inversa con los novatos. Los primeros ya tienen una memoria muscular muy precisa, en donde esta recurre a métodos bayesianos (probabilísticos y predictivos), frente a los novatos, que quizás tengan una mayor fuerza, agilidad y capacidad de concentración, pero en donde sus músculos —y el cuerpo entero unido al cerebro—, aún no han dado los suficientes golpes para llegar a tal destreza casi ciega. Al igual que con los gatos, los tenistas jóvenes suelen estarse moviendo de manera inquieta a la espera de la pelota, derrochando una energía que le sobra, frente a los tenistas más maduros, que harán los movimientos mínimos, pero certeros, sobre dónde se tienen que mover. “Encontré” otro libro en mis estanterías que va en la misma dirección que el anterior. “Inteligencia Intuitiva” de Malcolm Gladwell. Al principio nos expone el caso de la compra de una estatua griega Kurós (kouros, “joven, muchacho, especialmente de rango noble”, en este tipo de estatua vemos lo extraño de las modas: todas parecen iguales pero fueron desarrolladas durante varios siglos), en donde de forma intuitiva para algunos expertos, pese a las distintas pruebas científicas que validaban su autenticidad, algo no les encajaba, aunque no sabían determinar con precisión qué era. Un museo estaba a punto de comprarla, por una suma muy alta de dinero, pero finalmente un análisis más profundo determinó que era una falsificación.

V
¿Qué es entonces lo “inteligente” en lo humano?, la experiencia de años de pruebas y errores, en donde el propio cerebro profundo es el que suele tener tales conocimientos tácitos o implícitos. ¿La inteligencia es fallar, fallar y fallar una y otra vez hasta que sólo quede una probabilidad? Eso explicaría que hallamos tardado tantos siglos hasta llegar al conocimiento actual. Un humano de la actualidad no tiene que fallar una y otra vez para llegar a comprender algo de la realidad: cuenta con ese proceso, que es por el que ha pasado una gran cantidad de personas a lo largo de la historia, como para seguir a partir de donde sus predecesores lo han dejado. Es lo que se entiende por cultura, y es por esta realidad aquello de “ir a hombros de gigantes”, frase que se atribuye a Newton, pero que es más antigua.

La cuestión es que todo ese conocimiento, en dos frentes: 1. el que cada humano nazca con unas capacidades concretas que se suman a las capacidades sobre otras cuestiones de otros humanos, 2. el pensar a partir de lo que ya han pensado y probado otros humanos a lo largo de la historia, converge en el espíritu de una época, en una mentalidad rectora. ¿Es tan sencillo como eso? De ser así, ¿cada nueva generación tiene un “mejor espíritu”, más avanzado u óptimo? Ese no parece ser el caso. Primero porque cada momento histórico tiene su propio pasado, que le han creado sus propios “traumas”. Los nuestros siguen siendo los acontecimientos de la primera mitad del siglo pasado…, a saber: dos grandes guerras mundiales, los distintos holocaustos (el judío, el ruso…), el crac del 29, la pandemia de la gripe española y el fracaso del comunismo. Por “miedo” a no caer en las consecuencias de tales tragedias, “adaptamos” nuestro modo de pensar y actuar a partir de tales “traumas”. Y como el telón de fondo, a casi todos ellos, es por un lado el dinero y por otro las ideologías extremistas, ahora tememos “agredir” o atacar a los que mueven los hilos económicos (la banca, a las multinacionales) y optamos por ser más “blandos” y cautos a la hora de adoptar cualquier ideología. Siendo así, lo que somos, ¿lo hemos “elegido” o simplemente es un suma y sigue con unas conclusiones o resultados finales? Las “pruebas (las consideraciones), más bien apuntan a que se debe a lo segundo.

Esta facticidad (sartriana) y determinismo de los hechos no los terminamos de asumir. Ni a nivel social y global, ni a nivel individual. Pongamos un solo caso, entre tantos, expuesto por Gerd Gigerenzer (creo, estoy leyendo tantos libros a la vez y tan rápidos que se mezclan en mi cabeza). En un experimento se hacía esperar a una persona fuera de un  despacho, a veces sola y otras veces con otra persona que formaba parte del experimento. En cierto momento empezaban a salir gritos de dolor y pidiendo socorro desde el despacho contiguo. Cuando las personas estaban solas, casi al cien por cien entraban a ver si podían ayudar o ver qué ocurría. En el caso de estar con otra persona, donde esta estaba aleccionada para seguir a lo suyo y no hacer ningún caso a los gritos y a las solicitudes de ayuda, la mayoría de las personas no hacían nada, adoptando la misma postura que la de su acompañante de sala. Cuando después se les preguntaba, todas justificaban su respuesta, y no asumían que la otra persona y su actitud les hubiera influenciado: todo había sido, según ellos, una postura racionalizada y elegida. Pero las pruebas demuestran lo contrario, luego…

En otro caso, este grupal, a ciertos batallones de soldados en las filas alemanas, se les “pedía” que fueran voluntarios en la “tarea” de conducir a los hombres judíos a los campos de concentración, y matar a las mujeres y sus hijos, y un gran número de ellos se “apuntaron”. La explicación es que todos —o casi todos— querían “arrimar el hombro” (prefiero este concepto al usado por Gigerenzer de “no romper filas”). La sutileza fue que no pidieron que se diese un paso al frente al que quisiese ser voluntario, sino que pidieron dar un paso atrás a los que pensaban que no serían capaces. Siendo así, casi nadie dio ese paso atrás, pues por camarería no querían abandonar, en tal “oneroso” y difícil trance y mandato, al resto de sus compañeros. Si había que hacer un “trabajo sucio”, tenía que ser “todos a una”. ¿¿No hacemos eso mismo una y otra vez a lo largo de nuestras vidas? Recuerdo que en un trabajo nos pidieron quedarnos fuera de horario para mover una maquina industrial de varias toneladas de peso y más de tres metros de altura, y sin casi base horizontal (una sierra vertical para tableros industrial, de las antiguas de hierro, ahora las hacen más ligeras), en una posición vertical muy precaria (empujándolas sobre mantas). Cualquier descuido hubiera podido provocar que se cayese, aplastando al que hubiera pillado, lisiándolo o matándolo. Yo me mantuve al margen, no quise ayudar. ¿Insolidario?, ¿por qué arriesgar mi vida por un empresario que no quería gastarse un dinero en contratar a una empresa especializada en tal cometido, pidiéndonoslo (en realidad imponiéndolo) fuera de horario y sin retribución? Me podía ser igual la vida, era más bien una cuestión de defender una postura digna y justa. No era una buena empresa, no pagaban bien, de ser parecido a algo, era a una dictadura (servidumbre involuntaria). Al empezar a trabajar te advertían que no querían sindicalistas o ninguna voz “disidente” de sus órdenes o se iría a la calle (cuando por ley cuando una empresa tiene cierto número de trabajadores, tienen que nombrar a un miembro sindical, que mire por los derechos del trabajador). Esa postura es la que mantengo de constante, y las pocas veces que he trabajado con grandes empresas no he durado mucho, resulto ser demasiado “rebelde”, según sus políticas. En tal empresa, al acabar mi contrato, no me renovaron, todos los sabían. Me apoyaban en silencio, contaba con su simpatía, esperaban de mí la constante reivindicación y “lucha”, pero sólo yo fui despedido.

Entonces… ¿creemos realmente ser libres y no estar obedeciendo a ninguna facticidad —o reglas que nosotros no hemos elegido— ahora? ¿Siempre otros son los culpables y nosotros tenemos una moral intachable? Pensarlo. Puede que no matemos directamente con un fusil a inocentes, como así fue durante la II Guerra Mundial, pero la mayoría de nuestros actos suelen estar manchados de sangre (diamantes de sangre, trabajos esclavistas en países en vías de desarrollo, prostitución por falta de otra salidas, prostitución infantil a manos de los propios padres para darles de comer, explotación de los recursos de países pobres por parte de las multinacionales, dejándolos en la ignorancia  —sin propiciar la educación— y la miseria…)

Si fuésemos realmente una especie inteligente y lo que ponderase en el panorama mundial fuese la razón y la lógica… al servicio de la emoción, de la compasión y la piedad, nada de esto sucedería. No somos distintos de aquellos alemanes que obedecían órdenes, solo que en nuestras manos no hay un fusil, hay un móvil, deseo de dinero para comprar más y más tecnología, una ropa interior que tenga el nombre de una marca, etcétera. Habría que preferir morir antes que provocar la muerte o la inequidad sobre otra persona, pero preferimos vivir y hacer lo que sea necesario para hacerlo. ¿Es eso valentía o cobardía?

(Tampoco quiero que nadie me “siga”, no trato de aleccionar. Que cada cual haga según su estructura mental, la mía, en el fondo, es la de rebelde…, debe de haber por ahí otra regla del 20% frente al resto del 80%.)


Hay semanas desérticas de una buena película, y en dos días seguidos me encontré con dos muy buenas: Berlin Alexanderplatz (tres horas, muy dura, no para cualquiera, para mayores de 28 años, jejeje —comentaré esta película en otro escrito..., doy tiempo a verla—) y Another Round (lo mismo que la anterior cuanto a dureza, un mensaje final algo más esperanzador), las dos con una lírica, y voz en off muy creativa y salida de las entrañas— (descargar súbtítulo de la segunda, traducción automática).

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