Devaneos XXXII – No hay que Controlar el Signo





¿No te quejabas de películas no simbólicas…? ¡Toma!, ahí tienes “el caballero verde“! No por ello es una gran película, quizás porque trata a los símbolos de manera bastante superficial. Estos en sí mismos, y en la película, son “poderosos”, pero creo que no calan. La idea del sacrificio, del “verdadero rey”, ya no nos conmueven, quizás porque no nos incumben, pues hace ya tiempo hemos matado a tales símbolos. ¡Fijarse que a Cristo se le endiosó por su sacrificio!, hoy, y como paradoja y contradicción, el sacrificio nos parece algo demasiado vano y sin ningún significado. Ya nadie quiere sacrificarse (como así es el caso de la negación de los políticos a renunciar, a dimitir, de sus puestos, por más evidente que nos parezca al resto de las personas en algunos casos). Tal signo, el del autosacrificio, murió con Dios.

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Crónica de una mente fuera de la normalidad. El último escrito es de hace casi dos semanas, donde el cuerpo dio un giro en su comportamiento al entrar fuertemente el calor. Pero el siguiente proceso, al mantenerse las altas temperaturas o por lo menos durante el día, se dio el “efecto Jack”, el del narrador y protagonista del “club de la lucha“, quien describe el insomnio (rara palabra para el castellano) como “no estar nunca entera(mente) despierto y nunca realmente dormido”. Duermo poco y estoy “fresco” las primeras horas del día, pero al final el cerebro no puede llevar el ritmo de estar frente al ordenador para hacer cosas, y me voy a la cama para tratar de dormir algo más, pero no me duermo. Resultado: el ya dicho, un estado semidormido/despierto, neblinoso, donde es complicado hilar el pensamiento y la productividad de forma constante durante unas horas. Ni siquiera para leer, con lo que tengo a medias varios libros y sin conseguir avanzar demasiado. Entonces…, este escrito es el producto de este estado. Hay un punto largo acabado, varios iniciados, y alguno que voy a desechar. Hoy he dormido poco, es muy temprano, voy a intentar acabar el escrito, pero no sé si lo conseguiré.

I

Por qué he sacado varias veces a colación temas del nacismo o al propio Hitler. En la dirección de hacer ver a las personas sus contradicciones internas. Creo que quedó claro hace muchos escritos que no somos una especie racional (2 y 3), o no tal como lo asumen las personas. Nuestros límites mentales no nos dejan ver nuestras contradicciones e incoherencias. Los módulos cerebrales no trabajan al unísono, sino que cada uno soluciona sus propios temas. En uno de esos casos, el módulo de cómo nos analizamos a nosotros mismos no es el mismo con el que analizamos al resto de las personas. Por ello vemos “la paja en el ojo ajeno, pero no vemos la viga en el nuestro”. La razón tiene la capacidad de dar cuenta de tales desajustes, pero no es de uso común, ya sea por falta de tiempo o por la profundidad de algunas cuestiones. No somos capaces de pensar que desde “Hitler deshumanizaba” a afirmar que Hitler es inhumano, el cómo se llega a yo no deshumanizo, o a deshumanizar es de nazis…., y ha “yo deshumanizo, pero yo no soy nazi”, y bla bla bla de más argumentos de este tipo de retórica, y llegando a la conclusión —no de forma consecuente, pero sí tácita— de que al final al admitir que hay excepciones para deshumanizar, y asumiendo por ello que a Hitler siendo humano (le guste o lo acepte la gente o no) le fue posible deshumanizar, no fue por inhumano, sino por ser humano.

El siguiente argumento sería… “¡pero Hitler asesinó a millones de personas!, mientras yo soy incapaz de matar una mosca”. No sé a cuántas personas mató el propio Hitler con sus “manos”. En realidad fue un perdedor que tuvo suerte. Si no se hubiera dado “el Crash del 29” su partido no hubiera ganado, el nacismo no se habría dado, la historia hubiera sido distinta, y Hitler no habría pasado de ser un simple perdedor, apenas recordado por la historia.

Ha todo esto, echaron la corta serie de “La directora”… ¡todo un acierto de crítica para uno de los aspectos de la situación actual! Por no hacer spoiler no hablaré de ella, lo haré abajo del todo, fuera del escrito, y queda en mano del lector leerlo o no. De fondo trata sobre la “cultura de la cancelación” (o la llamada). Esta consiste en vetar a una persona o grupo, haciendo presión a sus contratadores o medios donde expongan sus críticas o a su persona, de tal forma que no tenga ningún medio para hacerse oír o para subsistir, ya sea por caer en el ostracismo (aislamiento social), o porque tal persona se termine por derrumbar. Aquí vemos que los que “sostienen” tal tendencia sólo atacan aquí y allá a una o unas pocas personas concretas, pero la suma de todas deben de ser millones (en todo el mundo), luego “acaban” o hunden a personas concretas que en muchos casos se pueden terminar por suicidar, o por hundirse en la miseria o en alguna drogodependencia. El #Metoo ha “tumbado” a ciertas personas que se lo merecían, más bien pocas en un mundo de miles de millones de hombres, pero también han tenido en jaque a personas como Johnny Deep, el cual era inocente de las inculpaciones de su mujer, donde al final era ella la que era más violenta…; la sociedad no le pedirá perdón.

¿La paradoja?, no hay una mano clara, un nombre o una sola persona a la que inculpar de tal tendencia (en realidad lacra) que va contra la libertad de expresión, e incluso contra la libertad de ser, pues ¿por qué odiar tiene que ser tan “odioso”, cuando de nuevo se cae en odiar al odiador?, cómo no ser a la vez un grupo odiador, y de nuevo la retórica de que se pueden dar excepciones y bla, bla, bla, que en realidad contradicen sus premisas. ¿Resultado?, que se cae ladina y sutilmente en un tipo de fascismo, pues trata de echar por tierra cualquier voz disidente o distinta de la opinión de una minoría que ejerce su poder, de tal forma que todos la temen y que o bien se suman a ella, o bien es muy posible que uno mismo este en contra de tal mayoría (enfrentándose en su silencio al miedo al ostracismo y el repudio social), mayoría ahora controlada y dentro de una “espiral del silencio“, como ese fue el caso del pueblo alemán, ante unos pocos que formaban el partido nazi.

Así que Hitler “provocó” que a partir del genocidio ya no se pudiera hablar del tema judío. ¿No alimenta esta misma idea la teoría del complot? Yo ataco los paradigmas, ¿puedo atacar el paradigma del sueño americano y el neoliberalismo, pero no el paradigma que sustenta el pueblo hebraico?, porqué, bajo qué lógica. Yo no quiero matar judíos, personas, si acaso sólo atacaría lo que sustenta una forma de concebir la vida, al igual que “ataco” la cultura protestante del trabajo, sin por ello querer matar alemanes o a “anglosajones” (ingleses, estadounidenses…). En definitiva, nunca he atacado a una persona concreta (o viva), sino lo que subyace de fondo en ciertas ideologías… y en la única dirección de alentar el diálogo o que tal tendencia no coja demasiada fuerza como para volverse “nazi”.

Termino este punto. Hace unos años el feminismo “ganó muchas batallas” por medio de la cultura de la cancelación. Se vetaba de Internet a todo hombre que defendiera sus pensamientos, alegando que sostenían “discursos de odio”. ¡Casi se quedaron solas en las redes sociales, en cuanto a voz y presencia con respecto al tema de los sexos o géneros! Con todo se mantuvo una “resistencia” de fondo que hay ido ganando fuerza y seguridad, pues ahora la “masa” ya no está tan dispuesta a secundar el feminismo —o por lo menos el más radical—, por la suma de errores que se han ido dando a lo largo de estos años.

II

Desde Bateson se hizo popular la analogía del mapa y el territorio entre los posmodernistas, los posestructuralistas y los deconstructivistas, donde los signos, y por ello la palabra, son el mapa y la realidad el territorio. En ese caso trataron de delimitar a la palabra…, ¡pero con palabras! A su vez la filosofía hacía otro tanto al tratar de llevar al lenguaje a una orbe positiva, donde el lenguaje —o por lo menos el científico—no pudiera albergar la ambigüedad y la interpretación. Pero ¿y si el signo es a la vez mapa y territorio? O sea, en la teoría de la superveniencia las partículas crearon átomos, estos crearon moléculas, y así hasta llegar a la vida. Estamos hechos de átomos, pero si a mí se me descompusiese a los átomos, o a los elementos: carbono, oxígeno, hidrógeno, calcio… ¿dónde estaría “yo”? Un estado emergente ocurre porque la suma de sus partes no lo explican.

De la vida se llegó a la social, y de esta al signo, a las señales que se hacen los animales para transmitir una información, en donde el humano es la tendencia más fronteriza de ese nuevo territorio o capa de la superveniencia. La lógica de los filósofos y los pensadores de la sospecha es que la realidad social es un constructo, un terreno creado por medio de las palabras (de los signos), pero en su base se encuentra la lógica que destruye su propia premisa sobre la diferencia entre el mapa y el territorio. Toda la civilización humana es un constructo, una nueva realidad, que no parece tener que ver mucho con una condición animal, luego la palabra, los signos, han creado una nueva realidad que aunque tenga como base un territorio, la anterior capa de la superveniencia, la de los animales sociales, no puede ser analizada como un mapa de un territorio, o por lo menos de una forma tan banal y superficial. Si restamos de lo humano la palabra, si de repente todo humano no tuviese esa alta capacidad de manejar signos, la torre de naipes se derrumbaría. Despertaríamos “bobos” en unas ciudades y tecnologías supercomplejas que no comprenderíamos y sabríamos manejar, y sólo nos quedaría la posibilidad de volver a la naturaleza (suceso que ha pasado una y otra vez en la caída de las civilizaciones) y tratar de alimentarnos de ella, con la paradoja que la hemos “reconstruido” tanto que ya no nos daría alimentos, tal como se esperaría de una naturaleza salvaje.

(Todo guarda un fino y sutil equilibrio, a las afueras de la ciudad hay pequeñas arboledas en fincas abandonadas que son tan densas, que ya es imposible andar dos pasos por ellas. Los árboles y arbustos, sin animales, llenan todo el terreno, haciéndolos impenetrables. Otro caso es el imposible equilibrio de mantener a los elefantes sin ningún depredador: destruyen toda la vegetación, dejando áridas las tierras que los hombres les ceden. Para que algo vuelva a su estado natural, el humano no tiene que interferir en nada, pero lo hace a unos kilómetros, luego siempre interfiere, pues crea fronteras regionales y zonas aisladas.)

Damos así, con que un sembrado es una buena analogía entre el mapa y el territorio, está claro que es la naturaleza creciendo a partir de unas semillas, pero esa simple forma de analizarlo no basta, puesto que en la naturaleza raramente crece una sola especie vegetal (¿es machismo que se pueda escribir “sólo” pero no “sóla”?, esto sólo es un chascarrillo, donde una “sóla especie” —femenino— no puede ser escrito en papel). Es el humano el que ha creado esa capacidad —la agricultura—, que lleva depurando desde hace más de siete mil años. Solamente en los últimos cincuenta o sesenta años la ha terminado de “perfeccionar” a través de los pesticidas, pues anteriormente o se aceptaban las “malas hierbas” o se tenían que quitar a mano, como un trabajo pesado y oneroso de todos los días.

Otro ejemplo son las nuevas tecnologías. Está claro que abren nuevos caminos. Sendas que se basan en el electromagnetismo, pero que no pueden ser reducidas a este. Luego…, el mapa crea una nueva realidad que no existía previamente en el territorio, y que no puede reducirse a este. Se desbarata la analogía. Ya no “sirve” el ataque al signo. Lo emergente es lo único que explica la realidad. (No tengo porqué desarrollar más esta idea, sería redundar con nuevos ejemplos y hacia nuevas ideas, pero creo que sería insultar a la inteligencia del lector el hacerlo. Sale así la siguiente posibilidad: ¿si no puede reducirse a un Tuit no es verdad?).

En todo caso habría que limitar qué y no puede crear el signo. ¿Las matemáticas son “reales”?, sí al nivel que las manejamos en la cotidianidad…, y más allá, pero ¿toda matemática abstracta habla de la realidad?, ¿no llega un momento en el cual ya no se habla de la realidad sino de “estructuras” que ellas mismas crean? Otro tanto puede ocurrir con la física teórica. Pienso que en el fondo tales personas creen estar llegando al “lenguaje máquina” de Dios, así parece ocurrir entre muchos científicos y a partir de la mecánica cuántica. Hay ciertos expertos en estos campos que buscan caminos espirituales a través de la profundidad de sus conocimientos, donde el no “iniciado” no puede pronunciarse, puesto que no llegan a entender a su mismo nivel tales materias. Esta idea va pareja y sustenta la película interestelar (o de forma más poética “2001, una odisea en el espacio“), donde en ambas hay una parte hasta la que el no experto llega, pero donde se tiene que dar un “salto de fe” para poder seguir a sus autores.

Por la teoría de la superveniencia se sigue que lo nuevo se da en las capas más superficiales de la realidad. O sea, que a una cosecha se llegó por la parte más externa de la piel de la realidad, no desde lo más profundo. Un átomo no puede explicar (implicar) una cosecha. Una cosecha sí puede explicar al átomo (sí lo implica, como se puede ver por los nuevos productos químicos que sirven para su efectividad). Wittgenstein denunciando las paradojas matemáticas decía que tales contradicciones no se siguen de la realidad, sino dentro de tales lenguajes, y puesto que son abstracciones de la realidad, no la realidad misma. En un ejemplo, no se puede decir todos los números (en la teoría de conjuntos) y a la vez decir que son infinitos (John von Neumann trató de  resolver tal dislate al “formalizar el principio de limitación del tamaño, que evita las paradojas encontradas en formulaciones anteriores de la teoría de conjuntos, al reconocer que algunas clases son demasiado grandes para ser conjuntos…”, esto, y al fin y al cabo, puede ser reducido a que todo en la naturaleza es “gris”, y que toda delimitación —como así lo es el ying y el yang…, aunque en realidad un manchón gris es más claro para significar lo que quiere decir tal símbolo, pues este siempre cae en los límites y la dualidad de la realidad— son puras abstracciones de la razón humana. O sea, que si se habla de paradojas no es porque tal paradoja descubra una “verdad”, sino que en todo caso descubre fallas en los nuevos lenguajes… o en mi “idioma” de la realidad: de los nuevos estados emergentes, pero es así porque incluso —y como ejemplo claro— entre los animales sociales se dan comportamientos antisociales, lo cual es una “paradoja” en la idea de lo que ha de ser lo social. Ese es el caso que “denuncia” el concepto de mente social profunda, sostenido por la psicología evolutiva, donde este tipo de pensamiento —y comportamiento— es contrario a lo que es ser social, como así es el caso de los comportamientos “maquiavélicos” de los chimpancés o de todo primate, y donde el humano se encuentra dentro del mismo análisis. Este punto quedará mejor explicado más abajo. (Al final no lo he desarrollado, me fui por otros derroteros y no quería machacar de ideas negativas el final del escrito).

Al hilo de todo esto, y como cierre de este punto, la frase de Einstein de “dos cosas me inspiran asombro: los cielos estrellados en lo alto y el universo moral interior”, es una buena analogía de lo que quiero decir. El “universo moral” humano es un nuevo mapa que no habla de ningún territorio, pues por lo dicho arriba, el comportamiento de los primates es “maquiavélico”. La “culpa” es un nuevo territorio que sólo existe en el humano. Si se destierra a la “culpa”, como proponía Nietzsche al denunciar a las religiones hebraicas, por ser lo que nos vuelve débiles… en qué se queda el humano, ¿en “lo Hitler”? A todo esto, en la tonta serie “American horror stories” —donde no entienden los símbolos, o los tratan de forma demasiado infantil (inocente, ignorante)— dicen que a lo que más hay que temer es a la vergüenza, no al miedo… La vergüenza es un modo de miedo, la culpa es un modo de vergüenza. Esta última es el sentimiento (leve, duradero) de la emoción (intensa, breve) que es la vergüenza (por cierto, el inglés “usa” los conceptos de emoción y sentimiento de una forma muy distinta a las lenguas latinas, lo cual es bastante desconcertante cuando se les lee). En este tema se ve cómo emergen nuevas realidades (territorios a partir de mapas). Para los animales sociales el aislamiento puede significar la muerte. Todo animal social depende de las ventajas que puedan darse al vivir en grupo. En las presas al hacer masa frente a los depredadores, a estos para ser más efectivos en la caza. Un lobo aislado puede llegar a morir, pues su estrategia y efectividad en la caza viene dada por la jauría (se turnan para cansar a la presa, donde esta aisladamente es más rápida y tiene mayor resistencia que un lobo por sí solo). El humano llevó a la sociabilidad a una nueva cota. Luego un humano aislado (en la prehistoria y hasta hace poco) implicaba morir. Fue así que un castigo que se asentó en lo humano fue el echar del grupo a los “indeseables”. No los mataban, pero sabían que podía significar la muerte. La vergüenza primero nació como la capacidad de detectar que uno cometía un “error” por el cual podría ser expulsado del grupo, que provenía del miedo a la muerte (por cierto, muy al principio era una señal honesta —una forma de decir: “sé que he cometido un error y al asumirlo como tal espero el perdón”—, puesto que el rubor en las mejillas así lo hacía ver, pero más tarde el rubor ha pasado a ser otras muchas cosas, o en algunas personas ya no se da, luego pasó de ser una señal honesta, para entrar dentro del multisigno —significar muchas cosas, o no significar nada— ). La culpa fue un siguiente paso, puesto que se interiorizó por un lado el tener en el grupo a los que cometían “fallos” pero no eran expulsados, pero que nos podían dañar o o llegar a perjudicarnos  —o a uno de los nuestros—, con el sentimiento de ser uno mismo una de esas personas que quizás no se merecería permanecer dentro del grupo. Por eso decía en el anterior escrito que si se restan todo los miedos de la sociedad, esta será más proclive hacia una de dos cosas: hacia la culpa (interiorizar y proyectar los miedos provenientes del terror a ser expulsado o rechazado) o hacia la “desvergüenza”…, vamos así hacia una sociedad de ovejas (mansos “inundados” de miedos y culpas) y de lobos (psicópatas que ya no temen nada). Nietzsche no logró ver esta perspectiva. El lobo sólo puede ser si existe la oveja. Hoy en día el lobo son las multinacionales y las ovejas los consumidores. ¿Cómo no se es ni una cosa ni otra?, no dejándose arrastrar por la marea de ser un “vencedor” (o no un fracasado en su versión negativa), ni ser un consumidor. Hay que salirse de la “lógica” —estructura, lenguaje— de este sistema. Yo no soy un fracasado, el salir vencedor de mis luchas internas así lo dice, no necesito testigos de tales lizas. El suicidio tampoco es una forma de perder.

(Vamos hacia el otoño. Cada vez son más largas las noches y se enfría más el medio. Fijarse en lo tentador que debió de ser dividir noche y día, frío y calor, mal y bien, para el cerebro todavía no muy cultivado del humano primitivo. No recuerdo que autor dijo: “dos mil años, y ningún nuevo dios”. Los dioses emergieron en las mentes de la “edad infantil” humana, después ya ningún nuevo dios ha podido nacer y sobrevivir a los embates de las mentes más cultivadas de un humano ya más adulto. La razón “mata” a los signos y que no estén pareados con alguna realidad, no cayendo en la cuenta que son los signos los que han creado las sociedades en las que vive. Muchos de esos signos se han vuelto pilares, por ello muchos científicos mantienen a los “antiguos dioses”, pues como dijo Einstein, “la ciencia sin religión está coja y la religión sin ciencia está ciega”. Si se une esta frase a su cita de más arriba, se puede llegar a la conclusión de que Einstein tenía miedo que sin dios los valores mor(t)ales caerían también. Recordar, por otro lado, que esto es caer en el sesgo a la autoridad, y que si bien Einstein era “grande” en física no por ello lo convierte en un experto (o sabio) en todo.

III

Ya lo he dicho muchas veces…, es un error el pensar que evolución es un sinónimo de progreso o a mejor. Evolución sólo debería de ser sinónimo de cambio, que puede ser a mejor o a peor. Si no fuera así no se habría dado tanta extinción a lo largo de la evolución (sobre el 99% de los seres vivos que han existido). Un animal no “acierta” a vivir por que tenga la “mejor” estrategia para ello, puede ser que el medio se lo haya puesto “fácil”. Un perezoso se explica por el medio en el que vive, no sobreviviría en las sabanas africanas. El 1% que es la actual vida, de la totalidad de todos los animales durante la evolución, no son los “mejores” sobre el resto. Hoy dominan los mamíferos (o eso se piensa a nivel no científico), pero fue a causa de la extinción de los dinosaurios, no por “méritos propios”. Sobrevive lo que tiene alguna ventaja sobre un medio. Cambia el medio y cambiará todo. El hombre está cambiando el medio hasta volverlo contra él, eso no es progreso, no es evolución en tanto que a mejor, es evolución a peor, pues evolución sólo es —o debería de ser— sinónimo de cambio.

Este es el caso del móvil. Gran parte de la nueva situación social se da por este nuevo “aparato”…, y no ha sido para mejor. Ahora Internet se está llenando de plataformas de contenidos enfocadas a las noticias llamativas y cortas. Aquellos tipos de noticias que saldrán en forma de notificación en los móviles y que sean capaces de llamar la atención a las personas que los reciban. Dichas plataformas, por tanto, “evolucionan” en la dirección de captar esa atención. “Ganan” las que sean más “estruendosas”, llamativas y cortas (“noticias” del tipo “El meteorito que podrá acabar con la humanidad” o “¿sabes qué ha sido de la bella protagonista de la serie «matrimonio con hijos?»”). Lo cual no está beneficiando en nada a la inteligencia humana en general, sino perjudicándola (nos vuelve a todos en cotillas y entrometidos de las vidas ajenas, pues las noticias científicas ya están empezando a cansar y en la mayoría de los casos no son reducibles a noticias cortas o “entendibles”). En definitiva… que los móviles y las noticias no nos están haciendo más inteligentes, ni Internet está ganando en profundidad de conocimientos, sino todo lo contrario. No quiero redundar en esto. El móvil se está convirtiendo en el análogo del anillo único: “un anillo para gobernarlos a todos, un anillo para encontrarlos, un anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas”. Entre el resto de los “anillos” se encuentran la televisión y el ordenador. Por cierto…, las personas se obsesionan en que todos estos medios estén interconectados y unidos en un todo (idea del “anillo único”), aunque en el proceso se pierda la conexión principal, que es el de las personas. Ya se sabe…, cada vez hay menos “peligro” para estar solos, cada vez es más posible la autosuficiencia, luego la tendencia será hacia el aislamiento. ¿Suena a “maquiavélico”, cínico y de aprovechado?, provenimos de los primates, que no nos extrañe. ¿En qué queda el amor?, a lo que uno lo quiera llevar. A lo que la razón le deje habitar. Si todos son palabras y estas crean nuevas realidades, cada vez habrá menos espacio para lo natural de las emociones. Desnuda una emoción desde la razón y habrás destruido una realidad emergente. El feminismo no es inocente de esta “nueva masacre”, la maternidad y la paternidad, hombre y mujer, son signos que no deberían de haber sido nunca desnudados. (Puede sonar a ataque vano, a caer en el “argumento del hombre de paja“; he de recordar que unas feministas hicieron un documental llegando a la “conclusión” de que el instinto maternal no existe…, y no lo hicieron desde la ciencia, si no por simple demagogia y opiniones de unas pocas mujeres, que ni siquiera se molestaron a hacer sondeos de opinión o estadísticas. Hay muchos más casos que este, pero no me quiero alargar en el tema).

IV

Me estoy metiendo poco a poco en un lenguaje de programación…, o de automatización (autohotkey), como dicen sus detractores, pero que en todo caso es un lenguaje de programación…, quizás más asequible o directo para iniciarse en ellos. Lo traigo a colación para seguir el tema del anterior escrito sobre la dislexia moral.

El caso es que no quiero llegar a nada, no trato de “dominarlo” o ser un programador, sólo me “entretengo” en hacer cosas concretas que necesito en el día a día con el ordenador. La analogía es con respecto a que un niño aprenda un lenguaje y por ello se vea inculcado dentro de una cultura. Los niños no quieren dominar el lenguaje, entender sus entresijos, no saben —ni tampoco que existan— qué es la sintaxis, la semántica, la pragmática o la gramática. Se limitan a generar frases aleatorias a partir de sus deseos y quejas, y poco a poco se ven sumergidos en un universo sin fin, pues las posibilidades de hacer frases es infinita (teoría de la gramática generativa). En mi caso no he tratado de aprender las bases de la programación, me limito a que los lenguajes de programación de alto nivel son cercanos al propio lenguaje. En ese caso si “utilizo” el lenguaje del habla, voy al lenguaje de programación con la “inocencia” de que usar uno me ha de servir para aprender el otro. Así me topo con una sintaxis muy estricta, y que mientras que en lo humano se da aquello de “a buen entendedor pocas palabras valen” (o mal dichas), en el caso de la máquina (el intérprete) no pasa un solo error en la sintaxis, aunque sí pueda aceptar la “pluralidad gramatical y semántica” (hacer una misma cosa por distintos procedimientos —irreductibilidad y polimorfismo computacional—). El niño no tiene un método premeditado, nace con la curiosidad, la creatividad, el potencial y la estructura para aprender un lenguaje. En un alto grado hace un uso intensivo del “prueba y error”, donde al final adquiere el uso del lenguaje (con mayor o menor profundidad, con mayor o menor acierto, dependiendo muchas veces no de su inteligencia o potencialidad, sino de su entorno).

Y de nuevo llevar todas estas ideas al tema moral. Este “lenguaje” también tiene en cierta forma sus sintaxis (se puede hacer unas cosas en cierta situación, pero no en otras), su semántica (sentido, significado) y su gramática (se puede hacer tal cosa dada cierta situación, pero no en otra distinta). Yo “aprendo” programación cometiendo errores una y otra vez, sin distinguir siquiera si tales errores obedecen a errores de sintaxis o gramaticales…, o simplemente si estoy haciendo alguna “barbaridad” (este adjetivo a seguido una misma hoja de ruta que lo nazi: casi no tiene que ver nada el concepto original a cómo lo aplicamos ahora, hoy ya no podemos usar bárbaro para llamar a otro pueblo, pero sin embargo existe el barbarismo para el lenguaje, donde quizás un día de estos a alguien le dará por decir que es políticamente incorrecto usar tal concepto y se tendrá que dejar de usar). Sólo más tarde, cuando ya voy entendiéndolo mejor, comprendo las “barbaridades” que cometía al principio. En realidad aún no he salido de esa zona. No creo que profundice demasiado como para llegar a dominarlo. Me terminaré por cansar o se dará el caso que llegaré a un límite por el cual llegar a un nivel más alto requerirá “aprender en serio”, y entonces se dará el caso que habrá dejado de ser “divertido”, como para que siga más adelante.

El problema con la vida es que nunca llegamos a la “maestría moral”, nunca pasamos de “jugar” con “ella” mientras resulte sencilla y divertida, “abandonándola” cuando requiera demasiado de nosotros, pues un exceso de rectitud nos impediría divertirnos en la vida…, además, y quizás, con el posible problema de volvernos en unos intolerantes contra todo el que “atente” contra cualquier fallo “sintáctico, semántico y gramatical” de la moral, en donde en muchos casos se podrá caer en algún tipo de integrismo o de fascismo. Espero que no se me coloque a mí en ese esquema. Tengo demasiados fallos en mi “programación” para dictar nada. Hago crítica constructiva y elaborativa de lo moral por “diversión”, como “se-cuela” de atacar hacia donde va la humanidad, pero quizás sólo porque sea lo propio de mi edad. Esto me lleva al siguiente tema.

V

No pienso que Buda llegase a la “sabiduría” o la “iluminación”. Más bien pienso que la edad le alcanzó, para llevarlo a un estado algo “pasota” del mundo. Lo curioso es que parece haber ahí una dicotomía, entre llegar al “pasotismo” o por el contrario a la rigidez mental y por ello de lo moral, con la edad. Según Jung, Buda llegó al niño, meta que es la que tiene que alcanzar todo humano, ¿es así?, es una “elección” o un grado de sabiduría, o sólo obedece a la propia disposición genética y de lo que haya vivido tal persona durante su larga vida.

Este punto lo traigo a colación por haber leído el libro “Madness and creativity” (locura y creatividad) de Ann Belford Ulanov. No sé cómo llegué a él. Mi mente divaga tanto que es complicado seguirme mis pasos. Puede que viese su refrencia en alguna entrada de la Wikipedia o de algún artículo en Internet. El caso es que me llamó la atención el título, pues se acercaba al tema de mi escrito anterior, al vincular la creatividad con el trastorno mental o las experiencias del dolor (o la miseria: dolor prolongado en el tiempo). Para mi decepción al final no iba por donde yo pensaba…, o por lo menos no de forma directa.

La autora, y puesto que sigue la escuela de Jung y de la psicología analista, sostiene que la creatividad es el medio para escapar de la “locura”. Antes que todo hay que tener en cuenta que la palabra locura ya no se usa. Se hace uso común de ella de forma metafórica por ensayistas o novelistas (o en películas y series), o en el uso común, más bien por “comodidad”, por su significación social o por no tratar de profundizar en el tema. La palabra más común ahora es la de trastorno o desorden, esta última por lo análogo del cerebro y el humano al desorden que se pueda dar en una casa, donde el orden en esta es su supuesta “normalidad”, en todo caso lo que supuesta(mente) tiene que “reinar” en una vivienda. En ese caso Ann Belford, y parafraseando de forma constante a Jung, pues es un libro que sostiene su filosofía, dice que en el humano existe la creatividad para luchar contra la “sombra“, o lo que la autora llama “el complejo”. Aquí, y en otros aspectos, cae en el fallo de dar por sentado que el lector sabe a qué se refiere con complejo, cuando no tiene por qué ser así. Por complejo, precedido del artículo “el” para darle notoriedad, se refiere al complejo de inferioridad, que fue en el que basó Jung su psicoanálisis, apartándose así de Freud.

Otro concepto del que hace mucho uso la autora es el del “principio gobernante u ordenador“, en donde con tal concepto se refiere a la concepción que tenía Jung sobre lo que era el Yo. Para entender esto hay que tener en cuenta primero que mientras que para Freud la mente se dividía en tres: ello, yo y superyó, Jung prefirió u optó por la división a dos del cerebro y de la realidad. O sea, y para ser claros, tomó de las religiones orientales la dicotomía de mundo en dos opuestos (blanco/negro, masculino/femenino, bien/mal…) haciendo que la mente estuviera gobernada a la vez por dos opuestos: la sombra y el yo. Por mi parte he optado por acercarme a una división tripartita del mundo, como Freud y otros, puesto que por lógica la lucha (dialéctica) de los opuestos da como resultado las posiciones intermedias, donde ninguno de los opuestos ha de “vencer”. Bajo mi punto de vista el sistema límbico es el centro entre lo más “recóndito” del cerebro (la sombra en Jung, el ello en Freud, instinto para la ciencia) y la razón, mediada por la lógica pura y la palabra (cerebro trino). La lógica rayana es que son las emociones y los sentimientos del sistema límbico los que han de vencer a las pulsiones más básicas, o a las “locas” ensoñaciones de una razón, “dislocada” de la realidad animal y emocional humana. En ese caso, y para mí, esa es la parte que tiene que mediar para crear un yo unificador de los dos contrarios, ese yo junguiano que es el regulador.

(Llevo algo más de cinco horas escribiendo y corrigiendo. La inercia y la neblina se empiezan a apoderar del cerebro que soy. ¡Tengo que dar por terminado este escrito!, por lo demás, he olvidado casi todo el libro al que me estoy refiriendo y porqué quería mencionarlo…, algo que ver con el nihilismo…, ¡de nuevo!)

En definitiva…, la propuesta de Jung, presentada y actualizada por Ann Belford Ulanov en su libro, dice que en la medida que tratemos de tomar el control de nuestras vidas, de forma creativa, ahondando en nuestra individualización y sus propias querencias e inquietudes, la creatividad será la capacidad por la cual nos alejemos de la sombra, y por ello del complejo y la locura. Todo esto no sin cierta contradicción, pues Jung se basaba en los arquetipos y creía en el inconsciente colectivo, con lo que la ritualización —costumbres, tradición, convenciones— es una parte inherente de esta tendencia a perpetuar tales arquetipos. ¿Cómo resolver tal dislate?, ¡no hay nada que un buen “pegamento” y giro argumentativo no pueda solucionar! Buscando en lo profundo uno encuentra el arquetipo que le “habita”, nos unimos al inconsciente colectivo, lo ritualizamos, en la medida que dejemos aflorar tal “interpretación” individualizada del arquetipo al que pertenecemos. Esto se puede seguir de la frase de Borges de: “comprendí que el trabajo del poeta no estaba en la poesía; estaba en la invención de razones para que la poesía fuera admirable”. Borges buscó creativamente el poeta dentro de él, para sustentar la validez y la admiración social para este arte. Individualidad y sociabilidad se  vuelven uno, en el acto de ser un humano creativo.

Tengo que llevar este punto a mi terreno (¿sigo la senda de mi arquetipo?). Jung dijo que… “¿qué hay, cuando no hay significado?, sólo tonterías o locura” (por cierto… Jung era de los “míos”, pues al decir “aprendí que soy parte de todo el horror de la naturaleza humana”, asume tácitamente que Hitler —como el mayor ejemplo del mal— no le ha de ser ajeno). Las “tonterías y la locura”, son dos sinónimos del nihilismo, pues para el que “hace” tonterías —que no lo tiene por qué ser— lo hace porque todos los signos han dejado de tener validez, y todos son meros “juguetes” (abalorios) con los que uno puede jugar a su antojo (como así es en el caso del Joker). Por otro lado, locura, al modo no de un trastorno físico del cerebro, sino de una desviación de lo normal, suele empezar por una falta del sentido de la vida (idea motor de Viktor Frankl que comparto), que de nuevo viene dada por la muerte del significado de todo. Aquí es donde se ve lo erróneo de dividir el cerebro sólo en dos. El cerebro profundo tiene programado vivir como sea, igualmente sigue el principio de la vida de tender al ahorro de la energía (como se puede ver en lo complaciente que les es a nuestras mascotas el dormirse a la menor). En esta dimensión no tiene sentido el nihilismo…, la vida nos empuja a sobrevivir, a seguir los latidos de los ritmos diarios y estacionales. La sombra sólo es un impulso vital ciego (Schopenhauer), no necesita ni causas ni fines. Es la razón la que se da cuenta que existe el multisigno, que todo puede significar todo y a la vez no significar nada. Es la razón la que se da cuenta que todo tiene que tener una causa y un fin, a la que le es imposible ser coherente con el mundo, lo social y la vida, porque estas están llenas de paradojas, contradicciones, ambigüedades y sinsentidos. Si la razón cae, si la identidad narrativa no es capaz de sujetar su liviana máscara, es entonces cuando esta se “alía” con la sombra para “hacer de las suyas”. Podrá “dar la razón” a la inercia por la cual el cerebro profundo tiende a evitar todo lo que requiera demasiado esfuerzo, pues lo sustenta su tendencia al mínimo esfuerzo. Se podrá aliar con la sombra para caer en adicciones o querer dar suelta a todos sus deseos u pulsiones, pues la búsqueda del placer y de vivir el momento será su nuevo motor para soportar lo absurdo de la vida.

Con la filosofía de Jung me pasa otro tanto que con la programación: no la termino de comprender, porque en realidad no he leído ninguno de sus libros y sólo lo conozco a través de otros. No me parecen realmente seductoras muchas de sus ideas y por eso no lo hago (también porque es complejo de leer y no es que fuera muy bueno escribiendo; de este tipo de autores —otros casos son Hegel y Heidegger— es mejor leer lo que otros han dicho sobre él o de su filosofía). Al principio de este punto mencioné a Buda, no era en vano, pues el propio Jung pasó por el mismo proceso que buda: se sintió perdido y buscó en el mundo y dentro de sí alguna realidad en la que basar su existencia (de nuevo decir que esto ocurre desde la razón, desde la caída al nihilismo). Uno de sus principales libros, escrito a lo largo de su vida y sus descubrimientos, es “El libro rojo“. ¿Llegó a encontrar su “iluminación”?, sí, o eso es lo que él quiso creer. Bajo mi punto de vista en ese estado de cosas sólo caben dos posibilidades: o encuentras un sentido de la vida, o te suicidas…, y conociendo bien al cerebro profundo, a nuestro rastro animal, a la sombra…, ¿qué no hará para mantener vivo a esa persona que lo ponga ante tal tesitura? Todos los estados “iluminados”, de creer haber pasado un umbral de un antes y un después, vienen dados a que al final el cerebro profundo maneja sus mecanismos de defensa, por medio de los cuales al final uno abraza una identidad narrativa, una narración, un "descubrimiento", como si por este proceso se llegase al único camino, y tal camino fuese el único poseedor de una verdad.

En ese caso Jung no creía en Dios, pero lo puso como centro de sus ideas, (pues la individuación para por buscar lo uno dentro de un mismo), a veces al revisar me encuentro con frases de este tipo…, ¡que infierno!, jajaja. A ver cómo la reconstruyo. Pues la individuación es el medio para buscar a Dios en uno mismo (¡ah, ya me he dado cuenta: “lo uno”, en la frase tachada, es Dios desde los filósofos griegos y es de uso común en Jung, sí tenía sentido la frase, no hay una entrada directa en la Wikipedia, quizás en esta). No voy a tratar de explicar esto porque no lo he llegado a entender. Ann Belford Ulanov pone en sus párrafos finales una serie de afirmaciones extrañas y paradójicas que no las he terminado de asimilar. El libro es de una traducción automática. Tengo que revisar mejor esa parte para que quede mejor traducida, pues ahora mismo es excesivamente ambigua. Quizás era la meta de la autora. No en vano Jung decía que uno no tenía que tratar de aprender el cómo él había interpretado a los signos, decía que cada cual lo tenía que hacer por sí mismo, lo cual me crea empatía hacia él, pues en definitiva no se sentía superior sobre el resto de las personas: todo humano es válido para buscar la senda, su propia senda. Vuelvo, que me he perdido. ¿Por qué poner a Dios como el centro y parte del principio gobernante del yo, no siendo creyente? Esto lo he llevado (interpretado) hacia mi propio terreno. Escritos atrás decía que todo animal individual trata de comportarse como la apuesta de lo que ha de ser el futuro de su especie. Pavonearse significa que uno se siente con la bastante seguridad como para comprender que el humano que somos, porta o es la semilla del humano del futuro. Al desear reproducirnos deseamos que nuestra identidad se perpetúe por siempre, que nuestros genes —y por extensión nuestros pensamientos y comportamientos— formen parte de lo que ha de ser el humano. Esto sólo tiene sentido si lo único relevante y trascendental —como causa y destino— está impregnada de la idea de que la especie es la que tiene esas propiedades, que son las que siempre hemos puesto en los dioses. Si no queremos reproducirnos o incluso negamos el instinto materno, si caemos en el nihilismo, y si somos incívicos e inmorales…, consecuentemente nos estamos negando como especie válida, y puesto que esto es lo único pareado a lo divino, negamos lo único divino que tenemos, que no es otra cosa que ese impulso vital de vivir tratando de ser el mejor humano entre todos los humanos. ¡Amén!

Ahora toma un nuevo sentido qué quiere decir creatividad en el libro de Ann Belford Ulanov. Somos la única especie que no se cree animal, pero bajo una nueva forma de comprender esta idea: nuestra animalidad (no estoy usando este adjetivo como sinónimo de burrada) es la de no creernos animales, que es lo que da sentido a nuestra existencia. Eso va pareado a que dar sentido a la vida es “divino” y el nihilismo, como negación de Dios, de la vida, es lo “demoníaco”. El sentido de nuestra existencia es la de pensar que nuestra causa y fin es ajena a la naturaleza. En un pensamiento teísta esa causa es Dios, en un ateo esa causa última es el propio humano. En los dos casos es un pensamiento transcendental, y siendo así es lo único equiparable a un dios, o ajeno a lo natural, a lo físico (aunque yo lo sigo “agarrando” a lo natural). Por otro lado la dicotomía sólo puede ser tal como la que nos presenta el título del libro: creatividad y locura. Quizás lo que nos hace únicos entre el resto de las especies es la creatividad, proviene de crear, sólo el humano lleva al límite tal capacidad. Es lo que nos define. Cuando una persona lucha por su vida, por darle sentido, lo hace a través de una profesión o una forma de hacer y elaborar en la vida. Lo hace autoconstruyéndose, y tratando de ser creativo en aquello por lo que lucha. Lo contrario a esto… es la desidia, la rutina, la muerte de los significados, la muerte de los signos como portadores de sentido. Lo contrario es el nihilismo y la muerte, ya sea real o en vida. Lo contrario, por lo tanto, es el trastorno de no querer luchar por nuestra identidad, por nuestra individuación, por el ser divino (que quiere propagarse, subsistir en la especie), que es el que nos ha de habitar.

Jeje. Esta entrada demuestra que lo que escribo no tiene por qué ser lo que yo sienta. En general sólo transmito ideas, que cada cual haga con ellas lo que quiera. Yo soy cínico y nihilista. Según la monserga de los párrafos previos, niego al humano y su validez, y así es. Pero a tenor de dejar el escrito en alto, no desplegaré mi veneno en las últimas palabras.

(Me he dejado en el tintero hablar de la idea o el arquetipo del niño eterno en Jung —estoy muy cansado—, de este autor es la frase de “uno no deja de jugar por hacerse mayor: se hace mayor por dejar de jugar”. Esta idea retoma la de arriba, de la diferencia entre el anciano que mantiene al niño en su interior, y el anciano que vive con el cadáver del niño en su interior. Hay que luchar, aunque sea, por no llegar al segundo. La rigidez de pensamiento mata al niño. Por otro lado una de las representaciones de Jesucristo es la de este siendo niño, la de un Dios-niño. Unir los puntos. El escrito está lleno de puntos inconexos, que por otro lado dan pie a que uno piense por sí mismo. No ha sido a posta, es por el cansancio.)


Spiler:

En la serie “La directora“, y sin quererme alargar demasiado por el cansancio, echan a un profesor cínico que un día se le ocurre hacer el saludo nazi de forma irrelevante y graciosa, un sólo gesto de unos segundos.

Otra serie muy interesante es “Condena“. Sobre esta no hablo, tiene demasiados mensajes, es mejor verla. Una tercera, más intrascendental, es “Nosotros“. Todas son series para “pensar”, sin ser pretenciosas o demasiado profundas. Las tres son británicas. Están hilando fino desde su actual crisis de identidad.

Libro:

Dejo aquí la descarga del libro mencionado. La traducción es en automático, y con demasiados fallos esta vez (si me entra ganas reviso los últimos párrafos, pues me tienen intrigado, y los pondré en algún escrito). En la descarga también se encuentra “El libro rojo” de Jung, comentado, pues es complicado entender todo su simbolismo.



Textos del libro “Creatividad y locura“:
Juntos sufrimos el colapso cultural. Los símbolos que nos unen en la existencia compartida palidecen, se debilitan, no mantienen espacio para el comercio entre uno mismo y los demás, entre aquí y ahora y lo que lo trasciende y perdura, entre la invención y la verdad perdurable.” “Es un sacrificio impuesto a nosotros aceptar, aceptar que el mal es algo en lo que nos mezclamos.” “sólo tenemos este día, que puede ser el día antes de nuestra muerte.” “Me sorprende que el libro de Jung se publique en el siglo XXI, cuando estamos llenos de toda clase de demonios en todo el mundo: inestabilidad financiera, guerras en erupción, tráfico sexual en aumento, dictadores luchando para retener el poder, revoluciones que estallan, desempleo, hambruna que se avecina. El mal no es abstracto sino en las noticias diarias.” “el ego, a pesar de que el ego también es un complejo.” “Podemos estar llevando un complejo de nuestros padres o cultura.” “El vacío esconde semillas fértiles debajo de la superficie.” “…aunque compartimos el mismo tipo de vida mental, no compartimos la misma vida mental. Así que Jung advierte en contra de imitar su camino, incluso diciendo que puede ser un obstáculo para nuestro camino.” “Nuestro poder simbolizador humano para crear imágenes de lo que importa nos conecta con lo que importa.” “La repetición da paso al ritual, que representa el servicio a los demás y a la Otredad que nunca se domestica en términos humanos.” “¿Es la psique creativa, entonces, la imagen de Dios alrededor de la cual la psicología profunda gira, ofreciendo una vivienda de lo incognoscible dentro de la categoría conocible que debe ser vivida para ser comprendida en su vitalidad?” Ann Belford Ulanov


¡Hablando de creatividad…!

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