Devaneos XXVIII - La Nueva Rebelión de las Masas
❝Ahí está el mundo moderno. Este mundo moderno ha creado unas condiciones tan completamente nuevas para la humanidad, que todo lo que conocemos de la historia, todo lo que hemos aprendido de las humanidades anteriores, no puede servirnos, no puede ayudarnos a comprender el mundo en el que vivimos. No hay precedentes.❞
Charles Péguy
I
¿Y si un ciclo de la historia consiste en haber narrado y oído todos los relatos? De ser así, con la alta profusión de “escuchar” de la actualidad —de las plataformas de contenido, la larga lista de canales TDT, descargas de libros y vídeos en Internet…— rápidamente los ciclos acaban antes. Volvamos a la prehistoria. Es de suponer que los mayores contaban a los hijos sus propios relatos memorables, y los acontecidos y transmitidos por sus ancestros. El ciclo de llegar a adulto consistía en haber oído todos los relatos. Claramente en esas noches los niños y jóvenes estaban atentos a las nuevas historias, pero los ancianos ya apenas si las escuchaban, y se limitaban a ver las reacciones de las personas de poca edad de la tribu.
La diferencia entre el niño y el anciano, es la misma que la de una sociedad en vías de desarrollo y una sociedad del primer mundo. Los del primer mundo ya apenas si esperan nada. Se limitan a vivir de forma desganada, sabiéndose de antemano los finales de todos los “relatos”. ¿A qué me refiero con esto?, que cuando, y como ejemplo, a un político se le “pilla” en una trama de corrupción, todos ya sabemos cómo va a ir la “historia”. Lo sabemos de otras tantas veces que la hemos “escuchado”. Ninguna o casi ninguna sorpresa.
En cualquier periodo anterior de la historia, ese “cansancio” o “agotamiento” de todos los relatos llegaba tarde en la vida de las personas. Hoy cada vez ocurre a una edad más temprana. En ese caso el “cinismo” se apodera antes de la mayoría de las personas.
En España cuando alguien nos quiere dar alguna lección sobre algo, o quiere justificar sus actos o palabras…, solemos decir “¡no me vengas con historias!”. Lo que habla ahí es el cinismo de las personas al saberse todos los relatos, y ya no esperar que nada le sorprenda.
(En ese caso yo ya he contado todo los relatos, y ahora sólo me repito o reviso todos los “cuentos” de mi repertorio. Cuando eso sucede, los lectores te pueden dejar de seguir, y uno mismo se cuestiona la validez de seguir escribiendo.)
Al morir joven, como fue el caso de Jesucristo, uno se queda en la idea de qué más podría haber contado, qué relatos le quedarían por contar (u oír, por eso el dar más valor a la vida de los niños o los jóvenes). Lo cual es un grado extra para mitificar a tales personas. Uno de esos raros casos fue el poeta francés Rimbaud, que dejó la poesía siendo muy joven, para pasar a ser un “simple” comerciante e importador de productos de países, por aquel entonces, exóticos.
II
Antes de ayer me compré una regleta de enchufes. Me argumenté para mí mismo así: “si la compro en los «chinos» estoy propiciando a que los fabriquen para que cada vez su periodo de duración sea más corto. Si por otro lado lo compro en una gran superficie, estoy desfavoreciendo el comercio local y de España. Así que iré a una tienda de electricidad local”. Lo compré, lo coloqué en casa y lo use durante todo el día. Ya por la noche al apagarlo, pues es uno de los que tienen un interruptor con luz…, ¡no se apagaba! El interruptor se había dañado en un solo día. A qué quiero llegar con esto. Que no hay “forma humana” de “acertar” en cómo obrar en las sociedades modernas. Todas las reglas se vuelven inválidas de un día para otro. Cada día tienes que volverte a plantearte la vida y tus valores, ideas y “principios”.
(Por si queda la duda: la siguiente mañana tuve que ir a cambiarlo. Le argumenté al comercial: “cómo me voy a fiar de llevarme otro a cambio, si este ha fallado en un solo día, ¿y si me falla dentro de un mes…?” El comercial me argumentó que su jefe se compró un Mercedes y que no le iba la bomba del combustible el primer día, como diciendo que “ni de los productos más caros se puede sacar la regla de que no fallará”. ¿Con qué contrargumentarle?, me lo cambió y me fui. La “historia” completa es que me tuve que comprar otra regleta porque a la que tenía le titilaba (¡bonita palabra!) la luz del encendido, donde en ese proceder puede darse inestabilidad en el flujo de la corriente: el ordenador se colgó durante dos días seguidos, posiblemente por este problema. Se supone que la fuente de alimentación “suple” tales fallas apagándolo, para no dañar la placa base o algún otro componente, pero ¿por qué fiarse en un mundo en donde nada parece “funcionar” como debería?)
III
Lo anterior viene a colación con respecto a la película “Surge“, en donde su protagonista un día “pierde los papeles” (referencia a salirse del guion en el cine, pues en la vida seguimos los relatos ya escritos por otros —por todos nuestros ancestros— de cómo tenemos que “actuar” en cada momento) y va “de locura en locura”. Antes de continuar voy a hacer un inciso. A un jefe que tuve, en un cyberbar donde trabajaba en el mantenimiento y funcionamiento de la red, le dije que por qué no poníamos un programa de ordenador de control de los clientes y sus tiempos de conexión —lo llevábamos en una plantilla de papel, se marcaba la hora de inicio y al final se echaba las cuentas—. El jefe me dijo que por el problema de sobrellevar la impotencia. El que a una máquina no se le pueda replicar y que funcione bajo la regla de seguir a “sus trece”, bajo la “idea” de “es así y no hay otra”. Tal impotencia es la que sentimos ahora todos con los contestadores automáticos, donde en muchos casos al final tenemos que cortar porque hemos metido la pata en alguna de las indicaciones y/o “decisiones”. Si nos vuelve a pasar en un proceso ulterior, de nuevo a colgar y a volver a empezar. O lo mismo pasa cuando un datafono no termina de aceptar nuestra tarjeta, no sabiendo ni siquiera si es un problema nuestro o de ese datafono…, o muchos más problemas de este tipo. ¿Quién no está cansado —diciéndolo de forma sencilla, por no usar palabrotas— de las llamadas de números desconocidos que nos hacen a todas horas? (¡Me aburro con mis escritos hasta a mí mismo, tengo por ahí muchos escritos de este tipo, empezados y abandonados!, “¡paciencia, ya terminas!”). Vuelvo al argumento de la película “Surge”, que acierta al escoger al actor Ben Whishaw, que tiene unas facciones cercanas a la de los neandertales, usado bajo esta misma premisa para la película “el perfume”. El día que pierde los papeles es por un caso más entre otros en donde para algo muy sencillo, las “máquinas” conspiran aparentemente contra él. ¡Además había sido porque quería ayudar a una compañera de trabajo de forma gratuita y voluntaria! En su mente me imagino que se dijo: “la vida es una mierda, porque todos estamos haciendo que sea una mierda, ¿cómo solucionarlo?, siendo un mejor tipo con toda persona a la que uno pueda ayudar.” Pero lo siguiente en tal narrativa es que tiene que comprar algo para ayudarla, y no tiene forma de hacerlo por la “conspiración de las máquinas” ya mencionadas. Otro dato a tener en cuenta es que en un momento de la película el protagonista se enfrenta a una persona a la que considera incívica. La norma actual es no tratar de protestar, porque todos “caemos” en algún grado, y en algunos momentos, en comportamientos incívicos. Se cumple aquello de no ver “la paja en el ojo ajeno”, y por ello todos caemos en la espiral del silencio en lo cívico. Un caso, ¿por qué venden equipos de música de mucha potencia para vehículos, cuando las leyes prohíben cierto volumen alto? Así que se da el caso que tengo una calle con un semáforo cerca del dormitorio, y me suelen despertar todos aquellos que tienen el volumen muy alto y se quedan detenidos ante el semáforo en rojo. ¿De quién es la culpa?, ¿de la persona que sube mucho el volumen imponiendo su nefasto gusto musical al resto de viandantes y vecinos?, de los fabricantes, de los ayuntamientos que no se vuelven severos con los conductores… de todos, del caldo en el que estamos “cociendo” a lo social.
(Se ha vuelto norma, por moderno, el no protestar por “menucias”, y si lo haces es que eres posiblemente un intolerante resentido —algo así ocurre en la película “código desconocido”, quizás en alusión a los códigos morales innatos—. Algo en lo que nadie quiere caer.)
Así tenemos que haya algunas personas que nazcan con una mayor sensibilidad ambiental, con una baja inhibición latente, y que sean en los primeros en los que salta la válvula de seguridad de la presión interior. Esto es lo que muestra “Surge”. Lo segundo relevante en la película es que se sienta feliz por ejercer su libertad, por romper del todo con la mayoría de las normas sociales actuales, atacando al sistema desde su individualidad. Quien sienta esa libertad en algún momento de su vida, ya no volverá a ser el mismo. Habrá nacido en él un cínico nihilista (un resentido bajo los ojos de lo social).
La película “Surge” merecería un análisis más pormenorizado y profundo, pero estoy en mi época del año en la que tiendo hacia la “decadencia” y la flojera mental. Queda para otro hacer tal análisis, uno más “justo” y dedicado.
IV
Lo dicho en el anterior punto se une al presente. Uno de los títulos más memorables de Ortega y Gasset es “La rebelión de las masas” (releyéndolo ahora), que lo escribió en los años veinte, en esos llamados como “locos”. Cuando lo retomó más tarde, después de la Guerra civil española y la Segunda guerra mundial, en su prólogo, decía que el estado de cosas había cambiado y que ya no tenían tanta vigencia sus hipótesis. ¿No estamos hoy en día en la misma situación de la década de los veinte del siglo pasado, que anuncia una rotura o un cambio crítico en el sistema complejo en el que nos encontramos?, ¿no se dan, acaso, siempre los mismos signos? Veamos un fragmento muy interesante del libro, que no en vano se encuentra en el capítulo titulado sardónicamente, y en similitud a lo que vemos en la actualidad, «La época del “señorito satisfecho”»:
❝El nuevo hecho social que aquí se analiza (el de la rebelión de las masas) es este: la historia europea parece, por vez primera, entregada a la decisión del hombre vulgar como tal. O dicho en voz activa: el hombre vulgar, antes dirigido, ha resuelto gobernar el mundo. Esta resolución de adelantarse al primer plano social se ha producido en él, automáticamente, apenas llego a madurar el nuevo tipo de hombre que él representa. Si atendiendo a los efectos de vida pública se estudia la estructura psicológica de este nuevo tipo de hombre-masa, se encuentra lo siguiente: 1.°, una impresión nativa y radical de que la vida es fácil, sobrada, sin limitaciones trágicas; por lo tanto, cada individuo medio encuentra en si una sensación de dominio y triunfo que, 2.°, le invita a afirmarse a sí mismo tal cual es, dar por bueno y completo su haber moral e intelectual. Este contentamiento consigo le lleva a cerrarse para toda instancia exterior, a no escuchar, a no poner en tela de juicio sus opiniones y a no contar con los demás. Su sensación intima de dominio le incita constantemente a ejercer predominio. Actuará, pues, como si solo él y sus congéneres existieran en el mundo; por lo tanto, 3.°, intervendrá en todo imponiendo su vulgar opinión sin miramientos, contemplaciones, tramites ni reservas, es decir, según un régimen de «acción directa».
Este repertorio de facciones nos hizo pensar en ciertos modos deficientes de ser hombres, como el «niño mimado» y el primitivo rebelde, es decir, el bárbaro. (El primitivo normal, por el contrario, es el hombre más dócil a instancias superiores que ha existido nunca: religión, tabús, tradición social, costumbre.) No es necesario extrañarse de que yo acumule dicterios sobre esta figura de ser humano. (…)Este personaje, que ahora anda por todas partes y dondequiera, impone su barbarie intima, es, en efecto, el niño mimado de la historia humana. El niño mimado es el heredero que se comporta exclusivamente como heredero. Ahora la herencia es la civilización —las comodidades, la seguridad en suma, las ventajas de la civilización—. Como hemos visto, solo dentro de la holgura vital que esta ha fabricado en el mundo puede surgir un hombre constituido por aquel repertorio de facciones inspirado por tal carácter. Es una de tantas deformaciones como el lujo produce en la materia humana. Tenderíamos ilusoriamente a creer que una vida nacida en un mundo sobrado sería mejor, más vida y de superior calidad a la que consiste precisamente en luchar con la escasez. Pero no hay tal. (…) Ahora, en vez de esas razones, basta con recordar el hecho siempre repetido que constituye la tragedia de toda aristocracia hereditaria. El aristócrata hereda, es decir, encuentra atribuidas a su persona unas condiciones de vida que él no ha creado, por tanto, que no se producen orgánicamente unidas a su vida personal y propia. Se halla, al nacer, instalado, de pronto y sin saber cómo, en medio de su riqueza y de sus prerrogativas. Él no tiene, íntimamente, nada que ver con ellas, porque no vienen de él. Son el caparazón gigantesco de otra persona, de otro ser viviente: su antepasado. Y tiene que vivir como heredero, esto es, tiene que usar el caparazón de otra vida. ¿En qué quedamos? qué vida va a vivir el «aristócrata» de herencia: ¿la suya, o la del prócer inicial? Ni la una ni la otra. Esta condenado a representar al otro, por lo tanto, a no ser ni el otro ni el mismo. Su vida pierde, inexorablemente, autenticidad, y se convierte en pura representación o ficción de otra vida. La sobra de medios que está obligado a manejar no le deja vivir su propio y personal destino, atrofia su vida. Toda vida es lucha, el esfuerzo por ser sí misma. Las dificultades con que tropiezo para realizar mi vida son precisamente lo que despierta y moviliza mis actividades, mis capacidades. Si mi cuerpo no me pesase, yo no podría andar. Si la atmosfera no me oprimiese, sentiría mi cuerpo como una cosa vaga, fofa, fantasmática. Así, en el «aristócrata» heredero toda su persona se va envagueciendo, por falta de uso y esfuerzo vital. El resultado es esa especifica bobería de las viejas noblezas, que no se parece a nada y que, en rigor, nadie ha descrito todavía en su interno y trágico mecanismo; el interno y trágico mecanismo que conduce a toda aristocracia hereditaria a su irremediable degeneración.❞
Algunas cuestiones a tener en cuenta: habla de Europa, porque por aquel entonces Estados Unidos aún no era lo que es hoy. Menciona la “acción directa“, que nos parece ahora tan nueva; de hecho se cree que es el primero que la nombra. Por último hay que tener en cuenta que Gasset cae en un tipo de clasismo, el de los intelectuales sobre la masa, el del “noble” ante el pueblo llano. Noble no por la línea hereditaria de tal concepto, sino noble bajo la conocida frase de “nobleza obliga“, o sea, de todas aquellas personas, que como el protagonista de “Surge”, se imponen a sí mismos ser buenos ciudadanos o en definitiva humanos. Por el contrario, la “masa” no parece guiarse por esa máxima de “la nobleza obliga”. Esta es la mayor queja de Ortega y Gasset contra la rebelión de la masa, pues “impone” su “innobleza”, que es la que se vuelve imperante e incontestable por ser la de la mayoría (masa=niño rebelde y mimado, sociedad que ya no hace caso a la voz del “padre” (del mandato, de las obligaciones, de lo “necesario” en la comunidad, en lo social)). ¿Proviene de una puesta en crisis del papel del padre?, como ahora lo está propiciando el feminismo. Otro punto a tener en cuenta para entender el libro es que dice que el filósofo (el antiguo sabio), 1. ha devenido en otra cosa (literato, político, hombre social) y 2. ya no se le escucha ni se le tiene en cuenta. Gasset nombra la “sensación de dominio” y “ejercer su dominio”, que recuerdan al principio nietzscheano de voluntad de poder, que también era traducible —quizás mejor traducción— por voluntad de dominio. En España a esto le llamamos “ir de sobrado”, cosa que se ve en exceso en algunos YouTubers, y los influencers de otras redes sociales.
Retomo el tema después de tales cuestiones. ¿El primer párrafo —el creer tener la legitimidad de hablar de todo y que se les tenga en cuenta— no es totalmente aplicable a la situación actual de las redes sociales? Gasset, como clasista intelectual, piensa que no toda persona llegará al nivel de profundidad de un “verdadero” pensador, que es al único al que habría que escuchar…, yo caigo en la misma retórica. El “caldo de cultivo” actual viene sobre todo dado por esa legitimidad de toda persona para poder dar su “opinión”, que para sí mismo es “la” (y única) verdad.
Lo que trato de hacer ver es lo que ya dijera al principio de que todo parece seguir siempre una “trayectoria”, una cadencia…, seguir unas reglas. En contra de Gasset, y bajo las ideas de los sistemas complejos, pienso que este “estado” en donde todos nos estamos volviendo “arrogantes” de nuestros yos y opiniones, es sólo un ir caldeando el ambiente para que sea posible una guerra en donde matar al enemigo —matar a otros hombres— sea legítimo. Todo parece seguir el siguiente patrón: 1. dando legitimidad a que vivimos en una sociedad civilizada, se rechaza de plano la violencia física; 2. esto es una trampa, pues el macho humano —su cerebro, su programación en el ADN— “relaja” su tensión y estrés interno, en ir dejando salir su frustración interna a ráfagas y poco a poco (tal como hace una olla a presión con su válvula y “pitido”, que muy bien recuerdan a los bufidos de los animales embravecidos); 3. se recurre a que se “imponga” la necesidad de hablar de las frustraciones internas (que es posible que sea lo que “funcione” para el cerebro femenino); pero 4., bajo la cuestión de que no funciona y el discurso social cada vez se vuelve más agresivo en las palabras. ¿Resultado?, que cada vez interiorizamos más esa falta del diálogo real, el que sea porque el otro acepta los puntos de vista ajenos, con lo cual cada vez se demoniza (y deshumaniza), más y más, a cualquier otro que esté en contra nuestra, nuestra identidad y nuestras ideas. El único “plan” para esta forma de proceder es poder estallar en una revuelta general, como así los son las revoluciones o las guerras, donde el otro se habrá vuelto tan deshumanizado para cada una de las facciones, como para que sea “legítimo” para nuestras mentes el matarlos, como así fue el “reciente” caso de la masacre en Ruanda. ¡Amén! (he de recordar que amén quiere decir “así sea”; no lo digo con tintes religiosos, lo suele decir “mi lado” cínico.) Lo que trato de decir es lo que ya he dicho otras veces. Somos como las langostas, que viven pacíficas cuando son pocas y hay abundancia de alimentos, pero que su naturaleza se torna agresiva, “loca” y despiadada cuando son muchas y escasean los alimentos. La evolución les ha preparado para tal cambio de comportamiento, que en ellas incluso es a nivel externo, pues “mudan” su piel de verde a negro. Tal mecanismo se activa en sus patas traseras, las que le sirven de impulso, cuando detectan demasiados individuos a su alrededor, equivalente a nuestro darse codazos cuando estamos rodeados de una gran masa de personas. No en vano eso es lo que trata de legitimar Gasset, que es la alta cantidad de humanos la que ha creado la “rebelión de las masas”, que yo lo he llevado a que fue la situación que propició las guerras que asolarían el mundo en la década siguiente (y que fue algo que no llegó a ver el pensador madrileño, pues pensaba lo contrario: que la masa al creer tener legitimidad iba contra su “designio” de ser meramente influenciable y manipulable, cuando lo que yo digo es que es “necesaria” tal ilegitimidad para que el panorama social implosione en revueltas o guerras, y que al ser una opinión personal, no tiene por qué ser así. De momento tuvo sentido el siglo pasado).
(Se puede pensar que el poner esos dos roles bien diferenciados de cerebro masculino y femenino es “machista”. A estas alturas ya me da igual que puedan usar tal término contra mí. Al nivel en el que nos encontramos del “conflicto”, se ha vuelto ilegítimo por su repetición y vacuidad. Un principio en la vida es que odia lo “redundante”, porqué poner seis patas (alusión a los “caballos” de la bobería de la película “Avatar”) si con cuatro vale. Por qué habría de haber dos sexos indiferentes e iguales. Cada uno tiene “asignados” unos “papeles”. En el caso que tratamos, la mujer alienta a la calma, pero al final eso no funciona en el hombre, sino que produce el efecto totalmente contrario. Luego el “llamar a la calma” de la mujer… ¿forma parte de las reglas para que el macho saque lo más salvaje que lleva dentro?, ¿es esto una posible “explicación” de la violencia “machista”? ¿El escape que da el macho de forma eventual a sus frustraciones le sirve para no volverse en un ente en el que al final predomine lo pasivo-agresivo?, y que es lo que se está volviendo más general en la actualidad.)
V
En alusión a las diferencias de los sexos, y para que se comprenda lo intrincado, profundo y complejo de tal tema. Se ha “descubierto” que la madre da los nutrientes y vitaminas necesarias a sus bebés a través de crear la leche idónea que supla sus necesidades. ¿El mecanismo?, el contacto con la boca, y lo que transmite la saliva del bebé al pezón (piel) de su madre. ¡Todo es por algo tan antiguo como la transmisión química! Aquí vemos que la comunicación es totalmente irreducible al habla y por ello a la razón. La comunicación es algo tan antiguo y básico en la vida, que se sigue de forma más fiel en lo más antiguo y arraigado, que en lo más nuevo y superficial, como así lo es el habla. Tengo la teoría que algo así sucede con los besos de boca a boca (trasmisión de información: comunicación) e incluso entre el pene y la vagina (sin preservativo, claro). Es posible que esta tenga su propio lenguaje, y “abrace” más al pene cuando lo que le “habla”, con su fluido preseminal, le comunique lo que “ella” quiere (no sé si este lenguaje será demasiado erótico, jeje).
VI
Para que veamos lo “manipulador” que es el lenguaje actual, la serie Ted Lasso (comedia, intranscendental), en el segundo capítulo de las segunda temporada, uno de sus protagonistas “pilla” a una fans de los deportistas masturbándose con un vídeo, en donde uno de los jugadores se muestra vulnerable, lloroso, avergonzado y torpe socialmente. No voy a decir que sea imposible, pues de “todo hay en la viña del Señor” (en la aleatoriedad evolutiva), pero la verdad es que no hay algo más anti-morbo para las mujeres como que el que se dé tal situación. Llama al lado de “madre” de las mujeres, sí, pero no a lo sexual, pues además tal acto implicaría (llevado a lo sexual, como así es en la serie), en algún grado, a una tendencia sublimada hacia el incesto (desear al hijo, a lo vulnerable, al necesitado), pues no es lo mismo el amor de madre que el “amor” (deseo, pulsión) al macho. Por mi propia experiencia cuando he sido más vulnerable en mi vida, es cuando más se han “espantado” las mujeres de mi alrededor (me imagino que es lo más general y es la “información” que sale una y otra vez de lo que dicen los hombres en las redes sociales). La mujer vive con el sensible (razón), pero le seduce más el canalla (pasión). ¡Bendito aquel hombre que tenga los dos lados!, amén, jeje.
VII
En “la dos” (RTVE 2) están poniendo unos documentales sobre la historia del Arte. El segundo, que trata sobre el Arte religioso, fue de mi interés, porque pone en relieve lo importante que eran los mensajes transmitidos a través del Arte para su propia época, y lo vacuo de tales mensajes en la actualidad. El Arte sólo suele “hablar” de las verdades en su fluir, de sus épocas, quedando “trasnochados”, en algunos casos, al siglo siguiente. ¿Por qué empeñarse, entonces, en hablar de qué se puede (y “debe”) o no hacer en una época dada? ¿De qué sirvió la arenga de Ortega y Gasset en “la rebelión de las masas?, ¿de qué la de Sartre —y otros intelectuales— comprometidos? Parece ser que lo que tenga que suceder, sucederá. Que la “masa” no tiene unos “oídos —entendederas— muy finos”, pues es lo que está programado en ellos por el ADN. Sólo unas personas son lo suficientemente sensibles, como es el caso del protagonista de la película “Surge”, para “oír” lo que les dice el medio. Sólo algunas de esas pocas tienen la capacidad mental de hilar esa sensibilidad en una visión general del mundo, y sólo unos pocos aún les quedará la esperanza de que al hablar puedan cambiar en algo la realidad que les rodea. Lo más general de esos pocos, es que no entiendan o sepan expresar con palabras lo que sienten (al igual que la madre no sabe por qué el espesor de su leche cambia), o como que en el caso del personaje de la película mencionada en este escrito, tal “saber” inconsciente se “escape” en estados de fugas mentales (locuras) o que se llegue a tal grado de cinismo que se piense que da igual llamar la atención sobre una situación o no, pues en nada cambiará en lo que el estado actual de cosas han de terminar. Yo estoy en el lado cínico. Nada de lo que se diga en palabras alterarán la masa, esa energía inerte y sin un rumbo consciente, que es manejada por los “hilos” de la situación ambiental y las reglas de la evolución.
VIII
Esto sólo ha sido un relato más. Si lo has “escuchado” (sentido), puede que haya sido uno de esos últimos de los relatos a los que, en número, está tu cerebro programado para “cargar” con ellos, antes de crear el cambio cerebral a ese otro estado, en donde los relatos ya no contarán para nada en tu vida. De buena fe digo que espero que no sea así.
Post Scriptum (forma pedante de decir posdata).
Al igual que yo, y porque debe de ser tradición en occidente o en lo humano, Gasset llamaba, sin nombrarlo, al estoicismo. Se deduce en frases como: “Vaya esto tan solo para contrarrestar nuestra ingenua tendencia a creer que la sobra de medios favorece la vida. Todo lo contrario. Un mundo sobrado de posibilidades produce automáticamente graves deformaciones y viciosos tipos de existencia humana“, donde para él el exceso es el camino hacia la “inmoralidad”, como se sigue en secciones como: “Y si la impresión tradicional decía: «Vivir es sentirse limitado y, por lo mismo, tener que contar con lo que nos limita», la voz novísima grita: «Vivir es no encontrar limitación alguna, por lo tanto, abandonarse tranquilamente a sí mismo…»” El humano nació y “creció”, en sus andaduras por la evolución, y como casi todo animal, con la escasez por medio; los bosquimanos (pueblo San), que se creen que son la tipología humana de la que salió toda la humanidad, son flacuchos y bajitos. Viven en la escasez, y no por ello sus vidas y cuerpos son insanos. Mente sana, en cuerpos limitados por la escasez (en su justeza). Hoy estamos “hambrientos” de todo, nada nos parece saciar. “Comemos” móviles y los desechamos con igual facilidad, y así uno y lo mismo con todo. ¿No nos damos cuenta que nos estamos comportando como las langostas?, que fagocitamos (lo volvemos identidad, yo, destruyendo la otredad) todo lo que se nos ponga por medio. Nuestra “fagosidad” —quizás dada por nuestra alta tendencia hacia la neofilia (amor, deseo y “patología” por la novedad, por lo nuevo, por lo distinto), propiciada seguramente por el vigor híbrido, al mezclarnos con los neandertales— creó la historia (léase civilizaciones), donde por “lógica”, lo que la creó la ha de destruir. Nuestra fagosidad crea civilizaciones, y es esta misma la que al final las ha de destruir. Lo que nos mata, lo que termina por destruir las civilizaciones, es la imposibilidad de crear nuevos relatos, relatos que son los que alimentan nuestra necesidad de lo nuevo, donde por lógica, tal pozo siempre se ha de terminar por secar. ¡Amén!





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