Feminismo y Metacognición



Si hubiera tenido una buena infancia no hubiera sido comediante.❞ Dan Soder
Los artistas son personas que siguen vinculadas con la energía
que tenían siendo niños. No la han perdido.
❞ Richard Long
He comprendido que nuestra realidad es una decisión.❞ Dickens
Siempre que se intenta suprimir la duda, hay tiranía.❞ The Lost Daughter


Qué es más cobarde… ¿escapar o huir?, ¿es el cerebro medio capaz de desentramar el cómo operan los conceptos, qué quieren decir y qué significados evolutivos pueden tener?

Voy a desarrollar temas sobre la metacognición y esta con respecto a la evolución en casos claros y sencillos. Va en la dirección de tratar de ser un mejor análisis con respecto a lo que Dalrymple Theodore ha llamado, para diagnosticar el momento actual, el «sentimentalismo tóxico». Cada vez que nombre al feminismo no haré alusión al de las igualdades.

Cuando era niño salía con mis amigos por el campo. Ya he hecho ver algún otro ejemplo en otros escritos. El caso es que aprendíamos ciertas reglas sin que nadie nos las hubiera enseñado. Uno de esos casos es el de las alondras. Son un tipo de aves que ponen sus huevos en el suelo, pues España principalmente es una semi-estepa, donde se dan pocos árboles y se propician las altas hiervas (actualmente campos de trigo y cebada en Salamanca). Aprendimos que cuando una alondra se echa a volar hay cerca un nido. Los buscábamos y nos comíamos sus huevos (es un comportamiento cercano al del humano primitivo).

Un motor evolutivo es la guerra armamentística entre la presa y el depredador (y 2). Cada presa y su depredador es un sistema con sus propias reglas y estructura. Tales estructuras terminan por formar parte de la información que ha de guardar el ADN a modo de instintos. Los depredadores son más tendentes a crear metacognición, porque parten de tratar de aprender de lo que sus presas hacen por instinto, o en un segundo proceso, bajo el supuesto que su presa sepa de su existencia y cree una estrategia para engañarlo, y en una tercera fase, en la medida que la presa pueda utilizar un segundo engaño en tanto que «sabe» que su predador sabe del primer engaño. ¿Cuántas capas se pueden dar en tal sistema?, cuantas más capas se den, mayor capacidad de metacognición y por ello de inteligencia. Algunas películas crean diálogos sobre tal capacidad, del tipo: «si él sabe que yo lo sé, va a actuar a partir de este hecho y yo he de crear una estrategia a partir de saber que él lo sabe, pero entonces, si a la vez él sabe que yo sé que él lo sabe y voy a actuar a partir que sé que lo sabe, va a crear una posición desde este nivel…», que en muchos casos al final se vuelve en una argumentación sin final y sin sentido, pues tales estrategias no van a ser más óptimas que si se tirase una moneda al aire y se actuase a partir de si es cara o cruz, pues se suele reducir, quizás, a dos opciones y desde la suposición de tratar de averiguar en qué nivel de la profundidad de la metacognición se ha quedado el opositor.

Me imagino que el adjetivo y concepto de zorro viene dado porque tal animal tiene un alto grado de inteligencia o metacognición. La estrategia de la alondra no está dirigida hacia el hombre, que es un bípedo que por su altura puede encontrar más fácilmente el nido. Su estrategia va dirigida a animales como el zorro. La alondra tiene el ardid de alejarse del nido andando, y después echarse  a volar. El zorro en ese caso va hasta el punto donde la alondra ha echado a volar y busca desde ese punto. Aquí se empiezan a poner las cosas interesantes y entra en juego la metacognición. El zorro sabe que el nido no está allí. Puede ir haciendo círculos cada vez más amplios para encontrarlo, pero sería más óptimo que calculase cómo ha obrado la alondra. Este juego a dos es un claro ejemplo de la evolución de la presa y el depredador. Pongamos el caso que la alondra se dirigiese andando hacia el depredador, en tal situación las distancias se van acortando y no es el proceso más óptimo, pues no le da tiempo a alejarse mucho del nido. En otro caso la alondra podría alejarse en la dirección opuesta, pero el zorro tendría que ir hasta esa posición y por el camino se encontraría el nido. Me imagino que estos dos procesos han ocurrido durante la evolución, entre las estrategias a seguir por parte de la alondra, pero que no se validaron por ser poco óptimas.

La mejor estrategia de la alondra es andar en algún ángulo hacia la derecha o la izquierda con respecto a la posición del depredador. En ese caso el zorro no sabe si desde el punto que se ha echado a volar la alondra, ha de buscar a la derecha o a la izquierda. Una posible pista la proporcione hacia dónde vuela, pues las aves terrestres vuelan en la dirección en la que estaban andando. La alondra tuvo que partir de que tal proceso era «deducible» y seguramente en un siguiente paso evolutivo y estrategia voló de forma aleatoria desde el punto que más se pueda alejar. ¿Sabe el zorro que seguramente no vuele en la dirección que se encuentra el nido?, de ser así, ¿sabe la alondra que el zorro puede haber llegado a tal conclusión y obra a partir de tal información?

No sé cuánto de lo que he planteado es así o no lo es. Sólo trato de mostrar un juego evolutivo entre un depredador y su presa. La alondra de hoy no «razona» la mejor estrategia. En muchos casos sólo opera bajo el último comportamiento más óptimo asentado en la evolución a modo de instinto. Un claro ejemplo es la de otra ave terrestre que simula tener una ala rota, para que le persigan sus depredadores y así alejarlos del nido, para al final echarse a volar. Sus padres no se lo enseñan, seguramente no sepa que es una ala rota…, es imposible saber cómo se inició y perfeccionó este instinto. Remite a un principio que nos es opaco. No sé cuánto «aprende» o corrige su estrategia la alondra en cada nidada, y cada vez que ha fallado su anterior estrategia. Me imagino que la etología sí ha llegado a averiguar su actual estrategia e inteligencia, o nivel de aprendizaje a partir de sus errores y aciertos. Lo importante a tener en cuenta es que la evolución «premió» la metacognición en la medida que el sistema que se crea entre el depredador y su presa lleva a tales animales en tal dirección. A nivel humano, quizás, el juego que más metacognición necesita es el del ajedrez. En cada movimiento de una pieza el oponente tiene que tratar de «leer» la intención de tal movimiento, no en un primer nivel metacognitivo, sino bajo una alta capacidad de los siguientes movimientos y dirigidos a un fin, quizás muy concreto, como pueda ser el caso de comer a una torre. A tal capacidad humana Aristóteles lo llamó política, y aducía que mientras los animales suelen obrar por instintos, sin embargo el hombre estaba mediado por la razón, teniendo en cuenta que tal capacidad está atravesada por la metacognición, o la capacidad de actuar a partir de tratar de actuar en base de lo que una persona o grupo sabe o cree sobre sus oponentes, y en tanto que estos tienen la misma «herramienta» o función cerebral.

Bajo esta base, otro juego evolutivo es el de las hembras y los machos. La ciencia sabe que «Las hembras humanas, como las hembras de la mayoría de las especies biparentales, invierten más en las crías, mientras que los machos invierten más en el esfuerzo de apareamiento» (texto proveniente del estudio compartido en el escrito anterior). El conflicto intragenómico (2 y 3), en este caso del empuje de dos estrategias de los sexos, es el concepto que maneja la evolución para hallar un equilibrio en tales opuestos. A nivel general, como la hembra es la que tiene el mayor coste para la crianza, es la que tiene que ser la más selectiva. Al implementar un sistema selectivo, esto llevó a que los machos tuviesen que competir entre ellos. Tal tendencia crea un primer desnivel en la musculatura y fuerza que ha de desarrollar el macho con respecto a las hembras, para luchar contra los otros machos. Tal fuerza es un tipo de poder susceptible de volverse contra la hembra. Pero también es cierto que tal tendencia de la hembra a ser la que selecciona es otro tipo de poder que el macho no puede tener. En ese caso la violación es una forma de ejercer la ventaja que ha llegado a tener el macho sobre la hembra, invalidando el poder selectivo de esta. En los estudios que se han hecho sobre la violación, se ha averiguado que el dolor psicológico va pareado a la percepción que tiene la mujer de cuánto ha salido «perdiendo» bajo tal acto. En definitiva de cuánto esté alejada tal violación de lo que ella misma hubiera seleccionado. Un caso paradigmático es que algunas mujeres blancas sienten un mayor dolor psicológico si han sido violadas por un hombre de color, o en otro caso de una cultura distinta a la propia (quizás por esta regla subyacente, si una actriz blanca porno hace sexo interracial, baja de categoría y ganará menos dinero desde entonces). Entra en juego, por ello, la identidad, que no es otra cosa que las formas de entender y de obrar de una persona en la vida. Pero parece dar la «razón» al efecto Baldwin, que predice que la hembra selecciona aquello que no se aleje a sus propios comportamientos e identidad. Lo más alejado de lo propio está reglado por la quinofilia, el rechazo de los individuos portadores de mutaciones, defectos genéticos, (los feos en lo humano y como ejemplo), etc.

¿A qué trato de llegar?, que lo que el humano analiza como una violación sigue unas reglas, que además son reglas dentro de otras reglas. O sea, que lo que sienta una mujer a nivel individual, al ser estudiado en su conjunto, hacen visibles unos patrones que están reglados en el ADN y la evolución, y que por ello lo que sienta tal mujer se vuelve menos individual y personal, en tanto que tal dolor y comportamientos vendrán dados por reglas que están implementadas a nivel de ADN en todas las mujeres. O dicho de forma más clara, su individualidad, en tanto que ha de ser considerada como que entre en juego una libertad, casi no cuenta. Un humorista decía que una mujer si quiere nunca la violarán, pues llegado al caso le dirá a su violador, «venga, follemos». Por qué traigo al caso tal chiste negro (creo que está en este monólogo), que puede ser considerado de mal gusto. Porque en el fondo entra en juego la metacognición. Si la sociedad bajo la que se vive se centra mucho en la violación, y la vuelve como lo más repugnante que pueda darse en la sociedad, a una mujer violada en la actualidad tal concepción se le sumará a su dolor psicológico. No estoy diciendo una barbaridad, sólo estoy usando y dando validez al concepto de la metacognición. Si tal concepto existe no podemos decir «se puede usar y puede operar bajo tales acciones, pero no para estas otras». Ahí está como ejemplo que muchas personas homosexuales se lleguen a suicidar, puesto que la homosexualidad está mal vista en ciertas culturas o sociedades. O sea, si tal concepto es válido, lo es para todos los casos. Y si se usa como una de las claves para casi todo manual de autoayuda y de manera optimista, y contra los pesimistas, entonces se puede utilizar para todos los casos. En un ejemplo que ya he usado, si la vida es miserable, saber que es miserable la vuelve más miserable. Si es así el optimista se negará a ver la vida como miserable y ya no operará en él tal metacognición. Volviendo al chiste, la prostitución es en cierta forma una violación consentida, pues los patrones de qué rechazaría y aceptaría la mujer siguen vigentes, y con ciertos hombres la prostituta sentirá más repulsión que con respecto a otros. Repulsión que ha de ocultar. Bajo esta regla no se viola una vagina (u otra parte), sino que la violación, como auto-percepción, es una cuestión de violar la ventaja de la mujer como la que ha de tener la potestad para ser la selectiva, o lo que esta quiera ceder de tal ventaja, a cambio de algo. Muchas hembras del reino animal tienen sexo a cambio de algo (comida, protección…). La violación se da incluso entre las moscas. No hay nada nuevo bajo el sol y las mismas reglas y patrones salen en unas especies y otras. Con estas ideas, y teniendo en cuenta que tales reglas están estudiadas bajo el denominado conflicto intragenómico, o sea el conflicto entre las hembras y los machos…, se puede aceptar la aparente «burrada» del escrito anterior al decir «los genes del hombre piensan que la mujer es una puta falsa y aprovechada, y los genes de la mujer piensan que el hombre es un cabrón egotista y frío». Las hembras del reino animal tienen el poder sobre su sexualidad, y sacan provecho de este poder, y los machos, que suelen rehuir de la crianza, sacan ventaja de sus propios «poderes». Ventaja y poder son sinónimos para la evolución.

Una mujer que ha estado en mi vida fue violada (en su pasado) y me lo dio a conocer. El «otro» también es un modo de metacognición, «sé que esa persona lo sabe» hace que el cerebro parta del hecho que al encontrarme con esa persona conozca algo de mí, por la cual me mirará o me tendrá en cuenta: el cerebro activa todos los recuerdos compartidos con tal persona. Mi saber y dolor no le ayudó en su dolor, sino que formó parte de nuestra relación. Con lo cual, cuando lo dejamos, me dijo que tal información no se la volvería a contar a su futura pareja. Restaba así una forma de la metacognición, pues le daba «ventaja», o  en otro lenguaje, volvía a aquel suceso menos presente. ¿Se entiende ahora porqué algunas mujeres optan por callar sus violaciones?, ¿alguien se cree con la potestad, y en poder de alguna verdad inquebrantable, como para juzgar su silencio?

Para entrar en mi siguientes deducciones antes hay que considerar otros temas. ¿Por qué hemos llegado a la superpoblación? Escritos atrás compartí la frase de «es diferente si le pasa a alguien a quien quieres»,  de la película «Una joven prometedora». Tal frase la utiliza la protagonista cuando le hace creer a otra mujer que ha dejado a su hija ante la posibilidad de que la violen. Los Estados, las democracias modernas, parten de la regla de que una persona es importante para su familia y allegados. Tratan de validar que sea así y no que toda persona sea un simple número. Bajo esta regla, toda vida es importante. El humanismo se fundamenta bajo tal estructura social. Una regla o límite cerebral es que sólo nos afecta lo cercano, lo que vemos, y sobre todo lo que tenga que ver con respecto a nuestros seres queridos. A la inversa, cuanto más lejano sea y más alejado de nuestra identidad, menos nos afectará. Cualquier humano no verá como «justo» que su madre sienta el mismo dolor psicológico por un niño sin rostro y de otro continente, que por sus hijos presentes. Tal humano, de existir, se terminaría por suicidar por no poder soportar tanto dolor. O sea, la evolución equilibra las cosas, sobre todo para favorecer los propios genes, que es donde va la información de nuestra visión de lo que ha de ser el humano futuro. Dalrymple Theodore, en su libro, nos hace ver un ejemplo sobre estos temas, de Adam Smith:

«Supongamos que un terrible terremoto se tragara de repente el gran imperio de China con sus millones de habitantes y consideremos cómo se vería afectado un hombre sensible de Europa, que no tiene ninguna clase de relación con esa parte del mundo, al recibir la noticia de tan terrible desgracia. Me imagino que, en primer lugar, expresaría su gran pesar por la desgracia que afectó a esa pobre gente, luego reflexionaría melancólicamente sobre la precariedad de la vida humana, y la futilidad de las obras humanas, que pueden ser aniquiladas en un instante. Si se tratase de un hombre con tendencia a especular también podría elucubrar sobre el efecto que ese desastre causaría en el comercio y los negocios europeos así como en el comercio mundial. Y cuando terminase con toda esa filosofía, cuando expresase todos esos delicados sentimientos humanos, seguiría con sus asuntos o placeres, se tomaría su descanso o se divertiría con la misma facilidad y tranquilidad como si nada hubiera pasado. Pero el accidente más nimio que le afectase a él le ocasionaría una perturbación mucho más real. Difícilmente conciliaría el sueño si supiese que al día siguiente iba a perder su dedo meñique, pero, a condición de que nunca los hubiera conocido, roncaría tranquilamente a pesar de la muerte de cientos de millones de sus semejantes; y la desaparición de esa inmensa multitud claramente resulta menos interesante para él que la más nimia de las propias desgracias.»

¿Perderías o permitirías que te cortasen —a dolor vivo— un meñique para evitar esa catástrofe en China? Me imagino que aún habrá gente que hiciese tal sacrificio. Imaginar que os cortasen el brazo derecho (el dominante), y el de tu pareja, teniendo además a unos gemelos recién nacidos. Sacrificarse a uno mismo parece ser muy distinto que hacer que sufran los tuyos o que no puedas criar a tus propios hijos con un mínimo de buenas condiciones. Es más, cuanto mejores condiciones puedas dar a los tuyos, mejor. ¿A expensas de quien o qué? ¿Se entiende la mentalidad del capitalismo? Sólo pretenden dar las mejores posibilidades a los suyos. No unas posibilidades por las cuales cualquier crisis los vuelva vulnerables, sino una situación fuertemente consolidada que no quiebre cualquier nimia crisis social. Al igual que la evolución, como sistema, tiene sus reglas, lo mismo se sigue para el sistema social. Tiene sus propias reglas y patrones, que se han ido validando a lo largo de la historia.

Bajo lo dicho. ¿Una feminista siente el dolor por el que está pasando una mujer violada? Algo más si ella misma ha pasado por una violación, menos si no ha sido así. Más si le ha ocurrido a un familiar, menos si ha sucedido en Australia. Por lo antecedente, el feminismo es una parte del humanismo, en la medida que nace de la regla que esa mujer —además de a sí misma como víctima—importa para alguien muy cercano. Pero, si es una parte del humanismo, ¿por qué es un tema que principalmente ha de ser de interés a sólo la mitad de la población? Para el humanismo todo ser humano es igual, independientemente de su sexo, edad, físico, etc. Un humanismo centrado e ignorando las otras partes ya no parece ser un humanismo, sino parte de una estrategia social, conjunto menor, de una identidad, la mujer, que forma parte del conflicto intragenómico, como conjunto mayor o que abarca al menor. Este es el «error» en el que caen todas las identidades minoritarias (en estos días sale la noticia de que los homosexuales han creado la criptomoneda «maricoin»), no crea un punto de vista humanista de la sociedad, sino identitario y por ello tendente a caer en los juegos y estrategias entre las identidades. Por lo tanto igual o similar al juego del depredador y su presa. O sea, juego en la medida que cada una de las partes ha de sacar ventajas de sus posiciones iniciales o naturales. Se supone que toda minoría busca la igualdad, pero a la vez remarcan las diferencias. Son dos posturas contrarias, no hay forma de que tal contraposición sea lógica o pueda ser razonada. Es la ley de identidad: A no puede ser a la vez no-A.

Qué tenemos hasta ahora. Juego evolutivo entre el depredador y su presa, potenciación de la metacognición para ganar por las ventajas, y el juego y las diferencias marcadas en el juego intragenómico sexual. Volvamos a la idea central de la división de los sexos: «Las hembras humanas, como las hembras de la mayoría de las especies biparentales, invierten más en las crías, mientras que los machos invierten más en el esfuerzo de apareamiento». Lo que se deduce de la vida es que lo importante y central es procrear, la siguiente generación. Dar ventaja a tu propia descendencia o cuanto menos que no parta desde la desventaja. ¿Hace falta decir que sin procreación el humano no existiría? Expongamos «apuestas» actuales para vivir de la hembra humana. Una mujer puede no querer tener hijos y sólo apostar por su propia comodidad y prestigio. Una pareja igualmente le puede «estorbar». Tal tendencia o modo de comportamiento no se vuelve común a nivel evolutivo, puesto que no tiene descendencia (muchos «grandes hombres» de la historia eran solteros). Una segunda opción, e igualmente manteniéndose soltera, es darse de tiempo hasta los 38 o los 40 años, para desarrollarse a nivel personal y después ser madre por medios artificiales. Mala estrategia, puesto que cuando sus hijos estén en la edad de la universidad la madre tendrá sobre los 60 años, y dado que si pierde el trabajo, su descendencia ya no podrá estudiar en la universidad o le será más difícil. Además, sus hijos tendrán que ocupar parte de su tiempo, dinero y energía en cuidar a su madre. Sea como fuere, lo óptimo pasa por que haya dos personas para la crianza y tener los hijos más bien a una edad no alta, lo que de nuevo restará a los padres energías, dinero y tiempo para sus propios proyectos. Dado que cada vez hay una mayor cantidad de divorcios, se hace más inviable para que tal estrategia funcione y termine bien. La estrategia, quizás más óptima, es que uno de ellos se dedique más a sí mismo y tener ventajas en lo social, mientras el otro se dedica a la crianza. Por defecto así ha sido hasta hace poco y no hace falta decir cómo estaban divididos tales roles. Tal estrategia es la que mantiene la Derecha, lo que a la vez hace que se valide, puesto que sus hijos tendrán más oportunidades que los hijos de los otros tipos de apuestas. A estas altura se antoja que el feminismo es un planteamiento desde la izquierda, puesto que trata de invalidar que normalmente sea el hombre el que luche por la posición social, el prestigio y el dinero, mientras que la mujer se dedique a la crianza o como mucho tenga un trabajo de menor valor. Se deduce por lo dicho que lo social se pondera hacia la «mediocridad», puesto que la apuesta más general —y validada por lo general—, es casarse y mantenerse en el matrimonio por el bien de los propios hijos. Coincide con la tendencia hacia la mediocridad de la evolución. Sólo unos pocos tendrán, y muy de vez en cuando,  la capacidad de llegar a ser un Einstein o un Newton.

¿Mi mirada sobre lo que trato es demasiado fría, generalista y reduccionista? Soy un hombre. En otros lados ya he dicho que la sociedad es como las últimas capas de un árbol. Puede parecer imposible deducir patrones de sus ramitas, se hace inviable tratar de predecir o generalizar algo, pero impertérritamente todo árbol sigue patrones del tropismo. Lo que sigue, algo menos científico, trata de responder el por qué he afirmado que el feminismo, que no la mujer, están dentro de los que yo denomino «predicadores de la nada», de los negadores de la realidad, y por ello tendentes hacia el nihilismo.

¿Un trauma necesita un aparato neuronal?, ¿existe el trauma histórico? Por qué estas dos preguntas. Desmadejemos mis pensamientos. En el escrito anterior digo que el actual estado de cosas se inició —o potenció— a partir de la década de los sesenta del siglo pasado. Colectivos como el de los afroamericanos, los homosexuales y las mujeres, reivindicaron ser víctimas de la historia. Más tarde a estos colectivos se les sumó toda cultura, etnia o identidad colonizada. En todos los casos, el culpable —o a los que se dirigían tales colectivos— era al hombre blanco heterosexual. Estoy tratando a la vez con el concepto de la metacognición, en donde uno de sus componentes es el del etiquetado. Si al analizar la historia digo que ha habido unas víctimas, a la vez implica que ha habido un culpable de tal daño a unas personas o colectivo. Se entra así en conceptos como los de «conciencia histórica», víctima y culpable. Lo que trato de hacer ver es que una mujer de la Edad Media, por poner un ejemplo, no tenía una conciencia histórica y por ello no se percibía como víctima. No lo afirmo, sólo pongo posibles cartas sobre la mesa, el feminismo puede argumentar que pudo ser así. Por lo que sé de mi madre no tenía tal conciencia. Sabía que había diferencias de roles, pero no creo que en ningún momento se plantease que le había tocado el «peor» rol social posible. Toda mujer asumía que los sexos eran diferentes y que cada uno tenía que hacer y asumir su «papel» en la vida.

Un referente histórico es la conciencia de clases, que llevó a conceptos como el del materialismo histórico, el comunismo y demás lenguaje paralelo. ¿Existe hoy la conciencia de clase?, la idea parece haberse diluido, haber perdido fuerza, puesto que todo intento para implementar el comunismo ha fallado. Hoy se acepta el progresismo, en tanto que es necesario el papel de los emprendedores para crear puestos de trabajos, y por ello hay que «aceptar» que tengan más bienes, prestigio y dinero. Estoy exponiendo hechos, no declarando o afirmando que sea así, o que crea en una postura u otra. El humano es en tanto que tiene la capacidad para potenciar su metacognición a partir del lenguaje, del etiquetado, de crear conceptos. Cuando se crea un concepto a nivel de historia (meme puede ser otra forma de verlo) este se «convierte» en un atractor de caos, es un componente nuclear que crea un sistema, en tanto que crea dos fuerzas: 1. los que creen en tal concepto, y 2. los que no creen en él. Lo tragicómico del ser humano es que una vez que se crea ya no tiene sentido no creer en él, puesto que luchar contra tal concepto lo alimenta. Ese es el caso de Dios, por ejemplo. Lleva desde el principio de la humanidad con nosotros. Es uno de nuestros signos. Algo con los que nos calificarían unos extraterrestres si existieran y nos estudiasen.

Retomo el tema. Una vez que se ha creado el concepto del feminismo —por centrarme sólo en uno y puesto que cada uno de ellos (homosexualidad, colonizados, afroamericanos…) necesitaría una retórica y análisis muy distinto—, su lenguaje ha venido para quedarse. Todo intento de ir contra un concepto lo alimenta y lo mantiene. Es similar a la dinámica de un huracán, toda fuerza que se le añada le hará crecer en tamaño y fuerza…, o el llanto de un niño, donde crece su grito cuanto menos caso se le haga. Hay por ello dinámicas propias de todos los sistemas. Comprende uno —o mejor todos— y podrás sacar conclusiones sobre otros o los que puedan nacer. En cierta forma los tres colectivos (homosexuales, afroamericanos y feminismo) se retroalimentaron unos a otros: aprendían de sus victorias, fracasos y nuevas tácticas. A la vez se sumaron como una única fuerza con un «enemigo» común.

Vuelvo a la pregunta que inició la actual línea del discurso. Si hay un daño, ¿se necesita un aparato neuronal social que lo sustente? Arriba hemos visto que por un lado está el dolor psicológico «real», cuando dañan a alguien cercano, y por otro lado está el daño racional cuando hay una tragedia al otro lado del planeta. El daño sobre el que se alimenta el feminismo es del segundo tipo, un daño racional. Un daño a partir del conocimiento, no un daño que viene desde el sistema nervioso. Si me precipitase en mi análisis diría que todo daño de este tipo es un daño neurótico, pues se retroalimenta no de un daño real, sino del miedo a un daño o el miedo provocado a partir de una palabra. Algo así como lo que antes sucedía al nombrar al diablo o en la actualidad el nombrar una araña a una persona con aracnofobia. Pero he asumido que el dolor racional es un tipo de concienciación, que llama a que le pueda pasar a uno mismo. O sea, a que el Estado asume que la muerte de una persona siempre —generalización aceptable— va a implicar a unas personas (familiares, allegados) a los que le afectará de forma directa como dolor psicológico. En ese caso el feminismo se presenta como una forma de concienciación o sensibilización.

A veces, hasta a mí mismo me «apesta» ser tan meticuloso en mi análisis. ¿El problema?, tratar de no saltar a las conclusiones sin exponer todas las premisas, pues de hacerlo los planteamientos parecerían ilógicos o no sostenibles. Sigo con mi desarrollo. Bajo lo planteado el feminismo tiene dos vertientes. 1. Concienciar de los problemas actuales de las mujeres y 2. hacer ver que han sido víctimas durante la historia de un estado de cosas, donde hay un acusado o culpable. Nadie duda sobre el primer punto, si bien muchas personas creen que se exceden y que no hay tantas víctimas como para que quieran tener tanto protagonismo dentro de los problemas sociales. En un ejemplo, hay más suicidios o hay más accidentes laborales que homicidios de género, de los primeros apenas se habla, mientras el feminismo se «encarga» de mantener su tema como uno de los centrales en las actuales sociedades del primer mundo. Al afirmar algo así ya entro en discusión, pues el feminismo no aceptará este punto de vista. Lo dejamos estar, no es al tema al que quiero llegar, aunque sí de forma indirecta.

El segundo punto es el más cuestionable. ¿Por qué yo, como hombre blanco, he de asumir la culpa de lo que hiciera todo hombre blanco en el pasado? Según el feminismo porque sigo manteniendo el mismo estado de cosas. Bajo un planteamiento igual, un rico en la actualidad sigue manteniendo las clases sociales. ¿Es así? Un reproche que hace la Derecha a algunas personas de la Izquierda es que son ricos, y en su nivel monetario y de bienes no es legítimo que ataquen al capitalismo. ¿Tienen razón o no? Se entiende ahora por qué no tiene ningún sentido sostener nada. Todo está demasiado enredado como para afirmar que en lo humano haya unos «malos» y unos «buenos». Casi todo humano vive dentro de contradicciones en los que se ve metido, por los conceptos que los propios humanos hemos creado. La única postura posible y honesta es el cinismo. La película «no mires arriba» es una visión honesta de nuestras estupideces y contradicciones.

¿He solucionado o aclarado algo?, no. Ahora mismo —y explica nuestra ingrata sensación nihilista— estamos enredados en eternas discusiones insalvables. Ninguna postura es lo bastante legítima como para creerse libre de caer en alguna incoherencia o el «legítimo» reproche de alguna otra parte en liza. Pero de fondo sale una estructura o patrón al actual estado de cosas…, que hay unas partes que se creen dañadas y que no perdonan, y que por ello actúan desde el rencor. O visto desde el lado opuesto, que unas partes no creen que tengan que asumir ninguna culpa por la que tener que pedir perdón a nadie. Las dos posturas se retroalimentan la una a la otra, como para crear bandos en liza que tienen de fondo tales planteamientos. Se ha creado un sistema de daño/dañado o de víctima/culpable, que cual huracán crece en cada uno de sus giros. Así para Dalrymple Theodore u otros, eso ha llevado al victimismo o el sentimentalismo, pero yo prefiero simplificar lo segundo como a que se apela de forma continua a la emoción. En todo caso entra en juego la trama de la victimización, donde no está en claro cuando se está usando el juego de la víctima o usando tal juego como estrategia con ciertos fines ocultos, y cuándo se está hablando desde la legitimidad de una víctima…, lo que de nuevo deviene a si es posible el dolor sin un aparato neuronal o no. Si la conciencia histórica es legítima, y si los actores sociales han de heredar, y de hecho heredan, el dolor y el daño que han hecho sus antecesores.

Voy a dar un rodeo para tratar de aclarar conceptos que han entrado en juego. Un trauma se alimenta, en parte, de la energía que tiene que hacer el propio cerebro para no volverlo presente. Toda energía adyacente —pequeñas tormentas, vientos— se suman a la del huracán. Cuanto más permanezca oculto mayor puede llegar a ser su fuerza. En psicoanálisis se hace uso del concepto de catarsis al proceso por el cual la persona se libra de su estado previo. El perdón es su equivalente en un daño a otra persona (remito a la película «Mass«, de actualidad, como un ejemplo sobre la capacidad del perdón). Esto lleva a otro tema más complejo. Qué es en lo que se da una catarsis o un perdón. Qué se asume al aceptar o manejar tales conceptos. Se acepta que hay una identidad con una capacidad para crear un cambio sobre sí. ¿No suena a metacognición? La catarsis se supone que se da cuando una persona conoce qué era el prurito —causa— del daño. ¿Es así?, algunos críticos dicen que no, que al descubrir la causa del daño sólo nos enfrenta a él, pero el daño permanece. En algunos casos tales traumas nos los ha creado una persona y de nuevo nos remite al perdón, que de nuevo remite a que tales personas asuman ser la causa y por ello el arrepentimiento y el consiguiente pedir perdón. A mí se me antoja que emerge de tales planteamientos una narración, a modo de guion, en donde para llegar al final de la trama primero hay que pasar por otras partes de la historia. Esto a la vez remite a una identidad como parte de tal trama…, por ello remite a la identidad narrativa que asume que el yo es un ente sólido en el cerebro, que es el protagonista de su propia vida. Tal ente está cruzado por una libertad, y por ello por una intención y una voluntad. Tal entidad, además, es siempre el mismo durante toda nuestra vida. ¿Es así? Yo —como muchos— no me reconozco como el mismo que cuando tenía 20 años o el ser que fuera cuando tenía 40 años. ¿Son fases de la misma identidad o son otras entidades? Bajo el punto de vista de algunos pensadores y científicos, tal ente es una ilusión. Lo mantenemos por una ilusión de la continuidad. Una persona que pierda la memoria, pierde tal capacidad y puede cambiar de forma de actuar. Esa es la trama de la película «A propósito de Henry«, donde el «nuevo» Henry de repente es más fiel y más cariñoso, atento y amable, que el «antiguo» Henry.

Volvamos a un caso de arriba. La de una de mis parejas que pasó por una violación, al hacérmelo saber estaba presente entre nosotros. El otro, la otredad, sustenta partes de nuestra identidad cuando la conocen. Si no la conocen ya no se puede dar el mismo «efecto». Bajo la misma lógica, si el feminismo se erige ante el hombre con un tipo de mirada hacia nosotros, no podemos ignorar la mirada que nos está echando. Presentifican lo que ellas creen que tiene que estar presente en nuestras mentes de hombres blancos heterosexuales. Tenemos que ser conscientes, y según ellas, de nuestra culpabilidad. ¿Hemos avanzado algo hacia alguna solución?, no, solo parece estar más aclarado el panorama actual, pero no aparece ninguna solución. ¿La salida puede estar en no creer en ninguna identidad? El problema de la identidad viene desde nuestro cerebro: en la medida que yo crea que soy una identidad, extrapolo que las identidades sociales existen. El feminismo no quiere que haya unas diferenciaciones legales de las identidades, pretende además que en cuestiones como la inteligencia y el nivel de emotividad hombres y mujeres no se diferencien, y que sólo son en tanto que son construcciones sociales. Pero a la vez asume un culpable y una víctima, luego asume a la vez unas diferencias para que algo así haya sido posible. Sus contradicciones, a nivel lógico y ontológico, son insalvables.

Bajo mi punto de vista la identidad nace de la negación de lo otro, y de las interacciones y acoplamientos con otras identidades. No soy de color, no soy homosexual, y no soy mujer, luego soy blanco, heterosexual y hombre. Siendo así falta definir mi relación con lo que no soy. Caben muchos tipos de análisis, el feminismo sólo hace un análisis histórico y no le interesa el análisis evolutivo, pero es que a la fuerza la historia humana nace desde nuestra condición animal. Cuando «arrancó» la historia, ya existían unas diferencias que dieron ventajas a unas identidades sobre otras. ¿A que quiero llegar?, a que al cuestionar al macho se cuestiona a nuestra especie, pues el macho está enraizado a conceptos evolutivos de nuestra especie de los que la mujer tampoco se puede librar. En ese sentido si el feminismo me dice que yo soy culpable de algo, es legítimo y como defensa, por mi parte, remitirme a nuestro pasado evolutivo. De ser así se podría entender que alguno de los géneros tuviera que pedir perdón, o no, al otro género.

¡Me aburro!

Vuelvo al tema de qué es lo que puede ocurrir en el cerebro cuando alguien perdona. Si se cree que tenemos una identidad cabe un tipo de respuesta y si no se cree en ella cabe otro tipo de respuesta. Bajo mis supuestos no existe tal identidad. Si una persona, que tiene un trauma, pasa por un accidente que dañe su cerebro, es posible que tal trauma quede desconectado y ya no opere en tal cerebro. En otro caso, se cree que los psicoanalistas, y los que han recurrido a la hipnosis, pueden crear un falso recuerdo en sus pacientes (caso de la feminista Meredith Maran e histeria de las décadas de lo 80 y 90), que a partir de ese momento es el que va a ser el que cree o tenga la potencialidad de originar un trauma. De esta manera se han perjudicado a muchas mujeres que creen haber pasado por abusos sexuales de sus familiares. ¿Qué entra en juego?, la metacognición, el etiquetado. La capacidad, a partir del lenguaje, para crear un estado de creencias o predisposiciones por las cuales se «guiará» la identidad y los comportamientos de tal persona. En muchos casos un pesimista es un tipo de persona «producida» por una constante avalancha de estados de estrés durante toda su vida (creación de un huracán), que en el caso que le pongan ante su conocimiento que tenga como causa un solo suceso, le predispondrá a que se le haga válido legitimar su trauma, a una sola causa y una sola persona, todas esas fuerzas negativas de su cerebro. O sea, es muy reconfortante pensar que todo nuestra negatividad tiene una sola causa que conocemos, pues en cierta forma nos aliviará. ¿Y si toda esa negatividad sólo es heredada? ¿Cómo saber que tiene una causa u otra? No hay ciencia, conocimiento, ni persona, que te pueda decir al cien por cien que averiguará la causa de tu actual dolor mental.

Sé hacia dónde parece ir mi discurso, si lo trato de legitimar, acepto a la vez que se aplique en otros temas, que puede que no me convengan. O sea, si mi discurso dice que el feminismo se ha auto-victimizado y por ello se ha auto-creado un trauma —trauma «ficticio» del que ellas mismas se pueden librar con tan sólo usar los conceptos adecuados (o no los equivocados)—, acepto a la vez la misma regla para el capitalismo. ¿O no es así y son dos temas que hay que tratarlos de forma diferente? A lo que quiero llegar es que el argumento que utiliza Dalrymple Theodore, y otros pensadores de la Derecha y entre ellos Jordán Peterson, es que al hacer uso de la carta de la víctima, tal palabra y concepto ya me vuelve en un ser paralítico, y con sólo no usar esa carta mi cerebro trabajará de otra forma más positiva y luchadora ante la vida. Además no parece ser el caso, puesto que una palabra clave del feminismo es el de empoderamiento. ¿O juega a las dos cartas y según les convenga?

En el fondo todo lo planteado nos remite a las filosofías orientales, basadas en el fluir y la falta de identidad, y las filosofías occidentales basadas en el ser y lo permanente. Por lo demás, tales y diametralmente opuestas filosofías no parecen hacer las diferencias, pues los mismos problemas que se dan en occidente, se dan de igual forma o en paralelo en los países y culturas orientales. ¿O es que ha «ganado» la cultura y filosofía occidental a la oriental?

Se da en la actualidad demasiada mierda narcisista. Demasiados documentales, podcasts, vídeos, libros, desde la visión de un solo individuo. Yo tampoco me libro. A todo este caos de planteamientos aquí presentados, que parecen ir a una solución y al final no las hay, le puede seguir sólo un estado mental que es al que yo llamo realismo depresivo, que deviene en una postura nihilista y cínica de la vida. Me gustaría no creer en la identidad, pero la ilusión permanece aunque no crea en ella y aunque tenga unos fuertes argumentos contra su existencia. Soy una infancia fallida que generó una personalidad pesimista. La psicología me dice que me puedo librar de ese estado si usase los conceptos y las herramientas adecuadas. Pero no veo «necesidad» de renegar de ese «ser» o identidad que soy. Sentiría que me traiciono si tratase de cambiarla. Me defino, entonces, desde mi dolor. ¿No tiene sentido?, por qué tendría que tenerlo. Bajo mi punto de vista nada lo tiene, por qué habría de ser el único ente en el universo que tiene un sentido. ¿Por qué el humano se empeña a buscar un sentido a todo?, ¿por qué está en su naturaleza? ¿Tal búsqueda de sentido le da sentido?, lo justifica, le hace necesario, en un universo sin sentido. ¿Por qué hay algo en vez de nada?, que exista algo porqué ha de implicar que tenga que tener un sentido. De ser así, ¿unos humanos como las feministas o los capitalistas están en la senda de ese verdadero sentido, mientras otros están fuera de ese sentido? Unos —al estar dentro o fuera de ese sentido— son el bien y otros el mal. La filosofía oriental, al luchar contra tal dicotomía, «acepta» todas las posturas como «necesarias» para la vida. No hay bien sin mal y no hay mal sin bien (Yin y Yang). Todo forma parte de la misma urdimbre, forma parte de la realidad y el universo. El feminismo al luchar contra los esencialismos se convierte, de facto, en un acérrimo esencialista, pues ante su existencia y prerrogativas, hace que permanezcan las diferencias de género. No quieren aceptar que hombre y mujer son dos entidades que se necesitan en sus dos roles, quieren que gane lo femenino como el único lado de la realidad posible. La masculinidad es el mal y lo femenino el bien.

Todavía no he llegado a donde quería llegar. Las primeras reivindicaciones de las mujeres, del feminismo, no tenían como principales temas la violencia de género o las violaciones. ¿Por qué se han vuelto tan centrales? ¿No pareciera que parten de la percepción de no haber alcanzado sus metas y buscan los porqués y/o las ventajas a partir de los nuevos datos?, de la nueva situación. ¿No actúan desde el rencor y dañar al que no parecen poder vencer? Recordar las estrategias entre la alondra y sus depredadores, a cada paso evolutivo se adaptaban a la nueva situación. Si a una feminista le argumentas que la mujer no ha alcanzado sus metas, te expondrá casos de mujeres que sí lo han logrado, pero si por el contrario les dices que porqué sí las han alcanzado en algunos casos, te dirán que no es así y que viene dado por el «techo de cristal» (invisible, impenetrable). Racionalizan en vez de razonar. En las guerras evolutivas, entre el depredador y la presa, cada lado potencia sus «propiedades» para tratar de sacar ventaja. ¿Qué arma parece estar usando el feminismo al remarcar que la sociedad humana es patriarcal?, ¿acaso no es el rencor o el no perdonar?, no es la astucia y el juego trapero de clavar el puñal por la espalda. Al hacer que todo macho consciente de lo malo de su naturaleza, ¿no parecen buscar crear daño en tales mentes para volverlas más vulnerables y bajarles la autoestima? La ciencia dice que el rencor es más propio de las mentes neuróticas. De las mentes desalineadas, desacopladas, de la realidad. Se puede tratar de ganar la carrera por la fuerza de los pies y la resistencia, o se puede ganar poniendo la zancadilla al contrincante. En la naturaleza no hay reglas, todas son válidas. (Estas frases dan asco a mi razón, pero no a mi instinto). Lo mismo se sigue de la homosexualidad, los afroamericanos y las culturas colonizadas. La llamada «culpa blanca» no puede nacer si no hay dos entidades que entren en juego para poner dos lados: víctimas y culpables, al igual que mi pareja al hacerme saber de su violación volvía presente un estado de cosas que implicaron nuestras dos mentes y por ello a un «nuevo» nosotros como pareja. El perdón consiste en una actitud a partir de la cual las dos mentes, la del culpable y la víctima, dejan de jugar sus roles. Bajo mi punto de vista el perdón no existe, pues el «pecado original» consiste en haber creado la dinámica que ha hecho posible el «juego» de la víctima y el culpable. El pecado original es la creación de todo concepto que crea una división entre los humanos. Que crea dos identidades donde sólo debería haber una (el argumento fácil es pensar que en ese caso el hombre blanco heterosexual fue el primero que «pecó» al tomar la mejor y única posición legítima; toda la historia es una continua caída en errores, uno detrás de otro, pero hoy no estamos en una mejor postura tampoco, pues se siguen cometiendo errores: soy anarco primitivista, no creo en la «civilización»…, del humano está más cerca cualquier cazador-recolector que aún vive, que cualquier sociedad moderna). El feminismo al crear o usar el concepto de patriarcal es el que ha hecho que existan dos identidades, y vuelto visible que toda mujer tenga que luchar contra el hombre para empoderarse. Tal concepto está errado, mi madre no se sentía ninguneada o cuestionada, era feliz como madre. La duda sobre su papel en la familia sí la hubiera vuelto infeliz o vulnerada. No le hacía falta el concepto de empoderamiento, pues ya se sentía empoderada dentro de su forma de obrar en la vida. No se puede o debería revisionar el pasado histórico o evolutivo humano desde posturas modernas. En cada momento de la historia los conceptos que usaban eran los válidos para esa época. No hay contradicción, el feminismo —que no la mujer— no juega limpio: la suma de puestas en duda nos ha llevado al estado actual de cosas, tendentes a romper la urdimbre humana y por ello potencialmente nihilizadora. La ciencia no nos ha llevado desde la era de la oscuridad a una de claridad, sino a una nueva y quizás más perniciosa oscuridad. La era del nihilismo, de dudar de todo, de no poner fe en nada, ni siquiera a que podamos tener una identidad, un yo atrincherado y luchando por vivir. El feminismo, al hacer de psicoanalista de la historia, ¿ha descubierto un trauma o ha creado uno ficticio?

Sólo cabe una lectura y conclusión final. La metacognición, al crear y creer en nuevos conceptos produce nuevos problemas, pero la metacognición es la única que es capaz de salir de los entuertos que ella misma crea. El equivalente griego al concepto de catarsis es el de la metanoia (y 2). La capacidad de dejar algo en el pasado y empezar de nuevo. La capacidad para cambiar de actitud y de mentalidad. No porque realmente se produzca un cambio, esto ya es interpretación mía, sino que puesto que no existe la identidad, y sólo jugamos un papel, desde ese momento apostaremos por jugar un nuevo papel donde el anterior ya no ha de tener cabida. En la antigüedad, más sabia sobre esta realidad humana, usaban los ritos de paso para que tal proceso ocurriese «mágicamente» en el cerebro. Una vez que se hubiera pasado por el rito, el yo pasado moría y se nacía a una nueva identidad. ¿Es posible hacerlo ahora?, cabe en nuestras actuales mentes cínicas, materialistas y científicas. En mi cerebro no cabe tal capacidad o rito de paso, al dar cabida a lo nihilizante de conocer demasiado bien los entresijos de la realidad. Un cerebro que opere desde la duda, no puede operar a partir de dar fe a una creencia. No puede operar en él el pensamiento mágico. Por ello el peligro más latente para la humanidad, entre otros tantos, es el que terminen por vencer los profetas de la nada. Que termine por vencer toda postura que apueste por derrumbar las esencias humanas. Si la humanidad puede tener alguna esperanza, pasa por no leer o dar fe a personas como yo, pero quizás tampoco al actual feminismo de la cuarta ola. Los dos somos predicadores de la nada.


La actual mujer no es más feliz que la antigua. Se enfrenta en la misma medida al nihilismo que el hombre. La película «The lost daughter«, que nos presenta a una madre que se considera a sí misma como «antinatural» y la película «Mothers and daughters» (2008) que en uno de sus casos muestra el maltrato psicológico y físico de una hija hacia su madre, nos desvela que el tejido social y familiar se está quebrando. El siguiente vídeo muestra «errores» en los que está cayendo el feminismo. Entre ellos afirmar que una de cada dos —no estoy seguro de esto, lo dicen en el vídeo, no tengo ganas de buscarlo— mujeres han sido víctimas de la violencia machista, contando como violencia machista una mirada o un piropo. Estan distorsionando la realidad, sólo cabe pensar que lo hacen desde el rencor.



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