¿Sentimentalismo Tóxico?



Por lo tanto, trabajemos para pensar bien. Ese es el principio de la moral. Pascal
No nos salimos de la rueda.❞ Estación once
La aseveración ha de estar antes que la realidad,
y esa aseveración quizá sea difícil.
❞ No mires arriba
Y sin duda peor puedo estar, porque no es lo peor
mientras aún podamos decir: esto es peor.
❞ The New Warrior
Cuando teníamos las respuestas, nos cambiaron las preguntas.❞ Mario Benedetti


I

Si no hubiera sido por el feminismo, yo no hubiera leído nada sobre las violaciones, la pedofilia y demás temas, y no hubiera escrito nada sobre ello. Todos estos estudios en realidad crean un retrato nefasto del ser humano, pues no sólo el macho sale mal parado de tales estudios (¿hubiera preferido no saber nada?). La ciencia igualmente los estudiaría, pero quizás el público en general no los leería y no crearían esa sensación de pertenecer a una especie nada especial y quizás si bastante despreciable. Cuando escritos atrás compartí la idea que subyace en el sesgo de verdad, por el cual toda persona tiende a decir la verdad y en confiar en lo que le digan, lo hacía por tratar de «limpiar» la percepción que tengamos del ser humano, pero a estas alturas de nuestra nueva normalidad se hace imposible. Yo hablo de los conflictos identitarios, pero no emergen en el día a día de las personas acomodadas o que se limitan a vivir con sus seres queridos de forma lo más armoniosa posible, pero en las redes —y por extensión en los medios de noticias— sí se captan tales guerras. Expongo algún caso.

Dos feministas, no pondré nombres pues no quiero hacer ataques directos a personas, iban por las discotecas dando codazos e incordiando a los hombres, para que estos se embroncasen y grabarlos con los móviles, y para después subirlo a sus redes sociales tratando de «demostrar» lo agresivos que son los machos. Les salió mal porque ningún hombre les agredió (hasta donde yo sé) y además fueron grabadas por las cámaras de seguridad de la discoteca en cuestión. Los hombres les llamaban la atención, pero poco más. Un codazo directo se detecta fácilmente, no es como cuando alguien choca contra ti.

Este clima, y guerra de identidades, se está caldeando cada vez más y en algunos casos los hombres les desean la muerte a tales personas, o les dicen que «ojala que te violen» o «sutilezas» similares (en estos días en las redes salen los que desean la muerte de Miguel Bosé, tal persona no es creíble como para alentar nada sobre el COVIC, sólo es lamentable y puede dar pena, pero de ahí a desearle la muerte ya es ir demasiado lejos). En ese caso algunas feministas se encuentran con verdaderos acosadores que pueden llegar a ser peligrosos. En toda guerra se pierde la coherencia y la compostura. Al final ninguno de los bandos está libre de haber caído en la «barbarie».  Dos casos de la Segunda Guerra Mundial, el bombardeo a la ciudad de Dresde en Alemania (se bombardeó sobre civiles, la ciudad quedo totalmente derruida), y las bombas atómicas sobre japón, por parte de los aliados. Se suponía que tal bando no debería de caer en la «guerra sucia«, pero lo hizo.

Dresde despues del bombardeo. Es curioso que el humano siempre busque lo estético hasta de lo más terrible.

Así, escarbando en la «mierda» de los genes y el comportamiento humano, en el estudio científico que compartí en el escrito anterior, dice que la mujer tiene más probabilidades de quedarse embarazada por un coito forzado que de manera normal (comprobado en matrimonios donde la mujer es violada por su esposo y en otros casos, y que «explica» por qué se quedó embarazada el personaje, basado en la vida real, de la película «el último duelo«). Esto da pie a que la violación sí está «premiada» o es algo heredable a nivel genético. No sólo deja mal al macho, sino a la propia genética de la mujer, pues parece crear ahí un patrón de comportamiento heredable y a seguir por las mujeres. La ciencia consta de dos partes: 1. recoger datos, 2. interpretar o dar un por qué de tales datos. De los primeros no se pueden dudar, si se basan en métodos científicos, y han sido verificados y vueltos a recrear por otros científicos. Los segundos son los que son más cuestionables, la mayor cantidad de disputas científicas van sobre cómo interpretar los datos, que llevan a nuevos estudios, por cada uno de los bandos en liza, para tratar de demostrar quién tiene razón. Yo estos datos los interpreto a que la mujer, como el resto de las hembras del reino animal, optan por el macho cabrón (denomino por tal término a un tipo de macho oportunista y asertivo que es capaz de hacer cualquier cosa para alcanzar sus objetivos —caiga quien caiga— o sobrevivir: la apuesta más válida para salir del paso en los cuellos de botella poblacionales y las grandes crisis o guerras), y el sexo algo más agresivo es una de las señales de ser ese tipo de macho (pero ningún dato es demasiado determinante como para sacar conclusiones claras y precisas…, seguramente porque habrá varias apuestas o comportamientos y ninguno apunte en una sola dirección). El cine norteamericano, que ha «contagiado» al resto de los países, muestra un tipo de acto sexual espontáneo y no exento de cierta agresividad, donde se tira todo lo que haya por medio para llegar a su culminación (hace falta una escena del día siguiente tratando de recoger todo y valorar qué se ha roto, jejeje). Cierto, no es una violación, pero está más cerca de ese lado que del acto sexual de una pareja, en donde tienen que mediarse los tiempos y la delicadeza para llevarlo a cabo. El porno cada vez va más en esa dirección, hacia el duro y agresivo. La ciencia ha comprobado que muchos hombres tienen una mayor cantidad y calidad de esperma ante tal tipo de porno, lo que es un dato a interpretar (a mí no me excita y por ello no lo veo). Puede dar pie a que el hombre es violador, pero otro dato dice que tiene esa misma calidad y cantidad cuando duda que su pareja haya tenido sexo con otro(s) hombre(s), con lo cual tal «estrategia» puede ir dirigida a que sea su semen el que tenga éxito para la reproducción, frente al de los otros hombres (esto mismo sale a colación en la película «el último duelo»; la cópula forzada en la pareja, puede llevarla a cabo el hombre cuando duda de su pareja, y para «imponer» su esperma a la hembra —¿por qué?, para no criar a hijos que no son los suyos). Ese tipo de sexo «voraz», reflejado en el cine estadounidense, es además cercano al sexo oportunista (aquí te pillo, aquí te mato), pues la reflexión se deja de lado y sólo sale el lado más instintivo de lo sexual. Como conclusión, todo apunta a la lucha espermática (no todo espermatozoide está creado para llegar al óvulo, hay algunos que hacen de bloqueadores, o que «luchan», para que el esperma ajeno no alcance el óvulo), y dado que la mujer podía tener sexo con varios hombres. En algunos casos las hembras, de las que proviene la mujer humana, aceptaban la cúpula algo más forzada de los hombres de tipo A, o cabrones. El sexo de «aquí te pillo aquí te mato» es un rastro de ese pasado. Para confundir o enredar aún más el tema, las mujeres al salir de fiesta (he sido camarero de noche…, he visto de todo), beben para desinhibir más ese lado de su naturaleza. Y para confundir aún más el tema, el hombre no siempre sabe leer bien las señales en esas situaciones, en donde el alcohol tiene la propiedad de no regar de sangre el prefrontal…, el sistema de «sujeción» o de freno del ser humano. Muchas violaciones nacen de estas «noches locas», donde las barreras se desdibujan por los dos lados. Una gran cantidad de hombres acusados de violación, en tales situaciones, no tenían la percepción de haber forzado nada. Cada caso es cada caso, y dados los hechos tienen que ser los jueces los que dictaminen si lo ha sido o no. El feminismo afirma que ha de creerse a la víctima siempre. No creo que sea la postura más equilibrada, no al cien por cien, dados los datos de nuestra genética y tipo de comportamiento que aquí se han analizado. Yo nunca he buscado el sexo bajo los efectos del alcohol, de hecho soy del tipo de humanos que aún bajo sus efectos, el prefrontal nunca me abandona del todo  —que los hay; simpaticé más con Sartre porque tenía este rasgo— , el alcohol sólo me vuelve más gracioso, con más chispa (algo igualmente común). Si me dejara llevar por sesgos —bajo mi forma de operar del cerebro— no creería a los hombres que dicen que no sabían lo que hacían o que no captaban las señales, pero la ciencia dice que por lo común las personas no son demasiado conscientes cuando beben mucho, hecho por el cual no recuerdan demasiado bien qué han hecho la noche anterior. Luego lo razonable es no dar valor a la parcialidad de mi cerebro. ¿No debería de obrar de igual forma el feminismo —de forma menos sesgada y «dogmática»— dados los hechos que nos dicen la ciencia?, según su doctrina y principios, no. El único culpable es el hombre. Pensar que siempre se tiene la razón, aun contando con los datos proporcionados por la ciencia, sólo puede ser catalogado de «facha».  (Lo dicho aquí tiene más sentido si se lee los estudios compartidos en el escrito anterior —los capítulos referentes a la violación—, sobre todo el segundo, que tilda al feminismo de ideología política desfasada —no recuerdo qué adjetivo usan con exactitud, por otro lado hay que tener en cuenta que en tales estudios también hay mujeres—.)

(Voy a exponer cierta apreciación que no he añadido en el párrafo previo y que no quiero poner arriba, pues quizás me tocaría reestructurar parte del párrafo. Dado que lo que «manda» es la lucha sexual intragenómica, la mujer violada debería de haber activado, a nivel evolutivo, alguna estrategia o función para no llevar a término tales embarazos. En el estudio analizado hacen mención de esta posibilidad, y así se plantean si la preeclampsia o el aborto expontáneo pueden ser medidas del conflicto intragenómico, pero las estadísticas no parecen confirmar tal posibilidad, luego la mujer no parece haber creado ninguna contramedida, por lo que se sabe hasta ahora, para llevar a término la gestación devida a las violaciones.)

II

Voy a analizar someramente el libro «Sentimentalismo tóxico» de Dalrymple Theodore. Pero antes he de dar un pequeño rodeo.

Hay dos documentales de la Derecha, que afirman que la Izquierda opera bajo los dictámenes de una agenda (y dos) programada y planeada. «Agenda» es una nueva forma de escapar de no ser tildado de caer en las ideas conspiratorias. Yo creo en la frase reduccionista de la película «No mires arriba» de: «no son lo bastante inteligentes como para ser tan malvados como vosotros los pintáis». Ya lo he dicho en otro lado: no hace falta recurrir a la idea de un plan, nacida desde una mente o unas pocas personas, para tratar de explicar la realidad. Lo que se suele manifestar —y que se toman como conspiraciones o agendas— son los sistemas complejos con sus propios patrones y reglas. Según el planteamiento del concepto de agenda, países como Rusia y China orquestan ciertas estrategias para que el neoliberalismo caiga. Yo tampoco afirmo que estos países no hagan algunas cosas que lo propicien, pero de ahí a tener una «agenda» y seguir un plan maestro, hay mucha distancia. Nadie, ni ningún grupo humano, es lo bastante inteligente para trazar un plan a tan largo plazo, y que todo salga según su agenda.  Como son sistemas, y se dan luchas identitarias, en cada momento hay que adaptarse a cómo esté actuando el «enemigo» o contrario, lo que ya no implica un plan o agenda. O sea, y volviendo al feminismo, ¿tiene una agenda?, si Simone de Beauvoir, una de las ideólogas del feminismo, levantase cabeza estaría echando «pestes» sobre el feminismo de la cuarta ola, tal llamada de atención lo está haciendo la propia feminista Judith Butler. El feminismo se ha desbordado y no toda feminista estará de acuerdo con los planteamientos de muchas películas de corte feminista. Lo que quiero hacer ver es que una vez que se crea un sistema, este opera bajos sus propias reglas internas, a expensas de sus «creadores» o iniciadores. Ahí está el caso de la Revolución Francesa y la Rusa. Tales estado de cosas es la que se deduce al saber sobre la historia humana. Una y otra vez sale el mismo patrón: nunca terminan las cosas tal como las planteó su creador o creadores. Se sigue la lógica del efecto bola de nieve, las fuerzas crecen fuera del control de nadie, bajo sus propias dinámicas y fuerzas (mis escritos suelen ser así, pocas veces «van» hacia donde yo tenía pensado). La propia evolución sigue la misma regla. No tiene un plan para lo que ha de ser el hombre, cambia en cada momento y en cada ecosistema. Seguramente el «plan maestro», de ciertos genes femeninos, fueran tener de pareja un cuidador, alguien que les ayudase en la crianza, y a la vez tener sexo con los portadores de los mejores genes, tendentes a crear machos menos cuidadores (provenientes de los antiguos alfas). Se cambia de estrategia, la evolución sabe que es cuestión de la cantidad de la testosterona, se baja la cantidad de testosterona…, ¡uy!, ha salido un homosexual…, se sube de testosterona, se le añade oxitocina, ¡uy!, me ha salido un pedófilo…, nueva mezcla y ahora le añade prolactina, ¡uy!, se acobarda ante las fieras y otros machos, no protege ni a mí ni a mis hijos.  Jajaja, el humor es lo mejor para demostrar lo absurdo de tomarse cualquier cosa demasiado en serio y como para darle la fe de que ahí resida alguna verdad y un plan perfecto (leer Dios). La cuestión es que esa falta de dirección de cómo ha de ser un hombre o una mujer nunca ha llegado a buen puerto, la evolución sigue barajando las cartas y nunca llegará a nada concreto… ¡y mucho menos a una humanidad perfecta!

Con el párrafo previo trato de hacer ver que Dalrymple Theodore cree que la Izquierda, que creo recordar que no nombra, tiene un plan, y además alega que es un plan erróneo. Parece basarse en que lo principal para «construir» un humano, una personalidad o carácter en este, es el sistema de estudios de un país. Planteamiento endeble que no trata de demostrar de manera sistemática. La ciencia se divide en saberes, el planteamiento Dalrymple trata de acercarse a ser un análisis sociológico, pero sin los conocimientos, modos de estudio y conceptos que maneja tal sistema. Todo ello, además, teniendo como base que se está dando una mala enseñanza a las nuevas generaciones, que deviene en una menor inteligencia media en general, cuando él mismo no es lo bastantes sistemático y analítico para estar fuera de aquello que critica. Mis escritos van en la dirección de decir que no sé nada, que sobre todo tengo dudas. Doy todas las posturas posibles y dejo que el lector tome su propio rumbo. Doy una de cal y otra de arena. En lo único que me muestro más firme es en decir «duda de lo que te dice tal o cual dogma», pregúntate por ti mismo, busca, analiza. Ten en cuenta todos los puntos de vista. En definitiva: trato de alentar el pensamiento crítico. Me vuelvo muy duro con el feminismo —no el de la igualdad y los derechos— porque están cometiendo demasiados errores. Afirmo o tomo posturas para tratar de sacar del ensueño en el que están cayendo las personas con respecto al feminismo, que las estén tomando como una voz de autoridad, cuando realmente no lo son. No doy por cierto, al cien por cien, las conclusiones a las que llego. No espero que se me crea en la misma proporción. Cambio de parecer si es necesario. De reducir a un lenguaje llano la guerra de los sexos, y su conflicto intragenómico, los genes del hombre piensan que la mujer es una puta falsa y aprovechada, y los genes de la mujer piensan que el hombre es un cabrón egotista y frío. Es absurdo tratar de saber quién es mejor que quién. Todo valor moral y de hallar una verdad equilibrada y válida está de más, por lo demás siempre estará sesgada. (Me estoy pasando de cínico, quizás sea debido a ver visto la película «No mires arriba», seguido de la lectura de los estudios sobre la violación. Todo efecto tiene una causa.)

Se me va la pinza. Vuelvo al tema. El argumento principal de Dalrymple Theodore es que la mentalidad en la que ha ido o en la que se basa la Izquierda ha llegado al sentimentalismo, ignorando o dejando de lado si se han perdido otros valores, donde sería necesario hacer tal análisis, para poder determinar qué es causa de qué y que es un efecto de otra cuestión, que ha de ser lo capital. Bajo mi punto de vista, el sentimentalismo, sin llegar a sostener que es lo que pueda definir el momento actual como su autor lo hace, es el efecto de otras causas, es un efecto secundario de otros procesos que han entrado en juego.

Demos un paso atrás y definamos la propuesta del autor del libro «Sentimentalismo tóxico», errónea y publicitaria simplificación del título «Spoilt rotten – The toxic cult of sentimentality». Si tenemos que todo sistema dual se mueve por el equilibrio de dos duales, el sentimentalismo es el exceso de dar muestras externas de las emociones, donde la contención de estas no entran para nada en juego. La media, la más óptima o aceptada, no es ni la total contención, ni su exceso, en donde se puede caer en la dramatización, la teatralización y la sensiblería (este análisis es mío, no lo plantea así el autor; el humano de a pie duda de la total contención, quizás porque pueda ser un signo de los rasgos sociopáticos). Tal punto medio de dos extremos, o virtud, es la templanza, bajo el lenguaje de la filosofía griega y más tarde de la cristiana. Si se ven películas de los años cuarenta o cincuenta, nos percataremos fácilmente que hay un exceso de contención (templanza) y sólo ha sido en las últimas décadas cuando se está dando o se está cayendo en el sentimentalismo, como propone el autor…, en apelar a la emoción , el victimismo, el carácter quebradizo y el populismo, diría yo. ¿Por qué quiero hacer ver esto?, porque la premisa del autor es que ha sido un proceso que nace después de la Ilustración, en autores como Rousseau, y más tarde sostuvieron los Románticos, hasta llegar al momento actual. Que sólo se haya empezado a manifestar a partir de las últimas décadas del siglo pasado no parece darle la razón. La concepción Rousseana se basa de fondo en tener una visión idílica del ser humano, donde lo que ha de primar no es la disciplina, si no dejar que opere la propia e innata naturaleza buena del hombre. Tal idea se basa en el falso concepto del «buen salvaje«, que es en la que sostiene Rousseau su filosofía y su visión de lo que es el hombre. Un análisis algo más detallado revela que la idea de la Ilustración, y más tarde la del pensador francés, y por ella la idea del humanismo, se basan en los fundamentos del cristianismo. En cierta forma «el buen salvaje» es lo más cercano del hombre a ese primero que vivía en el jardín del Edén, antes de pecar. Al atacar a Rousseau, así, Dalrymple, ataca a la vez al concepto del humanismo y de paso al cristianismo. Este es un tema complejo —y aburrido— en el que no quiero entrar. La Derecha, que se supone defensora de los «grandes valores» provenientes de las Sagradas Escrituras, no parece concordar con tales credos —los cristianos, los humanistas— o sólo cuando le interesan.

(Bajón de azúcar después de comer…, tengo que remontar la inercia.)

Lo que en el fondo denuncia, Dalrymple Theodore, sin nombrarlo, es la posible caída de la cultura del trabajo, propia de las culturas germanas y por ello de los anglosajones o en definitiva los descendientes de tales culturas. Se da así un cruce y lucha de identidades. Defiende, sin decirlo, el espíritu o esencia germano y de Derechas, y va en contra de lo que principalmente nació en Francia y proveniente de las culturas latinas. (¡Cómo me aburren este tipo de escritos y análisis!, caigo en el sentimentalismo —por tanto uso de las exclamaciones— y me falta disciplina, según el autor del que tratamos). Yo no sé mucho de historia, lo que conozco se basa en leer filosofía, pues cada filósofo retrata la mentalidad y los acontecimientos de su época. Así tenemos que alrededor de la época de Rousseau, siglo XVIII, el foco de la filosofía pasó desde el protagonismo de los filósofos y pensadores franceses, a la toma de protagonismo de la filosofía alemana, para al final, y de forma alterna con la última, acabar en la época de los pensadores británicos. A la vez tiene de telón de fondo la existencia de la división del Cristianismo y el Protestantismo, que dividió aún más las diferencias de las mentalidades de las tribus del norte (principalmente la actual Alemania e Inglaterra: germanas), y las latinas (Francia, Italia y España).

Dalrymple parece echar en falta la enseñanza clásica, no acepta que se enseñe mal el idioma —hace bastante hincapié en esto, en varias partes—, baluarte de la cultura. Bajo mi punto de vista fue imposible mantener la enseñanza clásica, pues las ciencias fueron avanzando tanto que los estudiantes tenían rápidamente que especializarse en una carrera, que sería en la que tendrían que volcar todas sus energías. Ahora mismo, dentro de cada carrera, después se requieren otros años para estudiar una especialización. El periodo crítico de máximo potencial del cerebro suele ser los 24 años, con lo cual después poco a poco va en declive. Tal como están hoy en día los estudios, la mayoría de estudiantes pasan de esta edad para terminar de estudiar sus carreras y especializaciones. Este análisis, que el autor del libro no hace, tampoco es que me interese mucho. Lo que quiero hacer ver es que la enseñanza, hoy en día, no puede ser tan disciplinaria y rigurosa como hace unos siglos, pues cada vez hay una mayor cantidad de información sobre la que estudiar, y antes los estudiantes sabían varias lenguas (entre ellas latín y griego), y varios saberes como la retórica, que ya no son tan «vitales». Hoy en día es casi imposible mantener la misma estructura de aprendizaje, pues además en la actualidad lo más demandado son las ingenierías, y de ser así, qué falta hace tener ciertos saberes de los estudios clásicos, como es el caso del latín. La idea del «saber no ocupa lugar» ha dejado de ser válida. Si queremos, por poner un ejemplo, que alguien «arañe» al máximo la optimización de un código, de un programa técnico, o incluso de Microsoft Windows, eso le llevará varios años y hace falta que sea a la edad óptima de tales cerebros para tales tareas.

Lo que trata de clamar el libro «Sentimentalismo tóxico» es la aparente pérdida de…, el autor no lo dice, ¿disciplina?, en las siguientes frases de abajo salen las tres veces que usa tal palabra: «La mitad de los profesores habían considerado en algún momento abandonar la docencia a causa del comportamiento indisciplinado de los alumnos y todos tenían algún compañero que lo había hecho.» «La disciplina con los niños implica tener un criterio, la elaboración del criterio supone tener que pensar, y pensar requiere energía, pero todo el mundo está agotado.» «Pero no sólo debe controlarse la expresión de los sentimientos (que Solomon confunde con los propios sentimientos) sino que estos sentimientos deben ser sometidos a una disciplina.» Contención sólo lo usa una vez: «la contención emocional fue considerada una muestra de falta de sentimientos y, por tanto, de una mente culpable». Sobriedad, equivalente a templanza y contención, no la usa. Tampoco rectitud, firmeza, tenacidad, ni entereza. Lo que trato de hacer ver es que si denuncia un estado de cosas en los que se ha llegado al sentimentalismo, tendría que basarse en hacer ver qué es lo que se ha perdido, pero tal cuestión no aparece en sus textos. ¿Es su libro sentimentalista?, pues no es nada disciplinado, no sostiene qué es lo que tiene que desplazar tal emocionalidad excesiva, basándose por ello sólo en casos y ejemplos de lo que se ha de entender por sentimentalismo.

Sé que dijiste que la historia se acabó para ti, pero eso es lo que pasa con las historias. Realmente nunca terminan, ¿verdad? Seguimos contando las mismas historias que siempre contamos, solo que con diferentes nombres y diferentes caras.❞ Matrix

Bajo mi punto de vista, tal libro no sustenta con solidez que lo que sea que se haya perdido, sea debido a la enseñanza provenientes de las ideas de la Ilustración y principalmente de Rousseau y el Romanticismo (de corte izquierdistas), pues en todo caso estas se basan en las concepciones humanistas y por ello del cristianismo. La Era Victoriana, quizás el punto álgido de un mayor saber más generalista entre sus estudiantes, es fruto de los siglos que le precedieron, y tal época no puede ser tildada de ser especialmente sentimentalista, sino más bien al contrario. Tampoco demuestra, ni lo intenta, que el carácter de una persona lo forje los años escolares. Es un juego a tres entre el tipo de trato que recibe en casa, las escuelas y la mentalidad de una época. De nada sirve que en las escuelas se plantee la educación de una manera (estudia), si en casa es distinto (haz lo que te dé la gana), o de nada sirve ser muy disciplinado si la mentalidad de la actual época es la de ser lo más flexible que se pueda. O sea, si ya no se hace uso de palabras como templanza, firmeza, rectitud o entereza (tampoco él), es porque se ha dado un cambio de paradigma o mentalidad, en donde tales palabras y conceptos nos parecen «rancios», en un mundo donde ya no prima un lenguaje de los valores morales, sino uno basado en la libertad y la búsqueda de la felicidad. ¿Está venciendo, así, la mentalidad latina, a la germana y Protestante del trabajo? Vencieron las filosofías francesas a las alemanas. No creo. Nuestra actual mentalidad proviene de las filosofías inglesas y estadounidenses. Provienen del pragmatismo y el utilitarismo (la optimización de los números). Bajo tales reglas se puede afirmar que si el latín no es útil, ni es práctico, no hace falta estudiarlo, o poner excesivamente énfasis en ellos.

El sentimentalismo, bajo mi punto de vista, nace a la par de la década de los 60, donde emergieron las ideas posestructuralistas, y se dieron el Mayo de 68, las revueltas de los afroamericanos y los homosexuales, la liberación sexual, y de paso se fue pronunciando el feminismo hasta llegar a ser tal como lo conocemos hoy. Lo que cayó en la década de los 60 fue la legitimidad del poder blanco y patriarcal, o sea se puso en jaque sobre todo al macho y la masculinidad. Lo demás se sigue desde ahí. Tanto los afroamericanos, los homosexuales, como las mujeres, hablaron desde su condición de víctimas de la historia. Apelaron a la emoción, y en cada vuelta de rosca, del pasar de las décadas, no han aflojado tal «dispositivo», sino que lo han remarcado cada vez más, hasta llegar al momento actual dominado por la corrección del lenguaje, la cultura de la cancelación, el ataque a los humoristas que transgredan los límites, la apropiación cultural y el resto de conceptos (pamplinas, jejeje) tan de boga en la actualidad. Como tales minorías hablaban en su condición de víctimas, se tuvieron que posicionar al lado de todas otras minorías que igualmente eran potencialmente víctimas del «poder macho blanco» (los niños, los colonizados…). La violencia se tenía que rebajar a nivel cero, lo cual creó un nuevo tipo de enseñanza, en donde ya no se podía hacer ninguna presión física, y al final psíquica, sobre los alumnos. Se restó la mirada patriarcal hacia el niño (firmeza, entereza, disciplinaria), pero no para ir a un estado neutro, sino puramente maternal. ¿Resultado?, lo que conocemos. ¿Hay que llamarlo sentimentalismo tóxico?, no lo sé. ¡Ya me aburrí!, ¡es que no soy nada disciplinario! ¡Mierda!, de quién es la culpa…, las minorías se basan en la cultura de la culpa, su falta de éxitos ha sido culpa de otros. Dalrymple expone varios ejemplos, como la falta de prosperidad de África, para «demostrar» que su estado actual de cosas no es especialmente culpa del colonialismo, y toda mirada «sensiblera» a su pobreza está de más y es falsa. Hace varios tipos de ataques en la misma línea, entre ellos a los drogadictos y los criminales. Sus ataques no son tan viscerales como para ser detectados como tales. Por todo lo dicho: ¿es este momento actual sentimentalista, melodramático, o qué es? Quizás sólo sea la mierda del límite cognitivo del cerebro de no poder abarcar demasiado ampliamente qué es y en qué consiste la realidad humana.

La civilización es un mecanismo complejo y autocorrector, tanto como una persona, aunque con cierta conciencia.❞ Estación once

Otra lectura posible es que lo que inició el actual estado de cosas fue la apuesta por la razón, a partir de la Ilustración. Razón y emoción son contrarios. La templanza (por el estado medio o templado entre el calor de la emoción —Lakoff hace un estudio exhaustivo de la emoción con respecto a las metáforas del calor, en sus estudios de la conciencia encarnada— y lo frío, o incluso gélido, de la razón, «¿no me digas?, ¡me has dejado helado!»). Por defecto la psicopatía es más propia de los hombres. Igualmente la razón, frente a lo emotivo de lo maternal y las mujeres. ¿Ha vencido la mujer?, la emoción. En todo caso no parece ser para mejor. De «leer» correctamente los sistemas dinámicos, sus ciclos,  y sus amortiguadores —como cuando se tira de un muelle— no frenan en seco cuando cambian de estado. Van a un estado extremo del centro, hasta llegar a su límite, para después recuperar su estado inerte y equilibrado. Quizás sólo estemos en ese momento donde el muelle ha ido más allá de una posición correcta. De ser todo así…, ¿no resultaría todo demasiado asquerosamente mecanicista y determinista? ¡Por favor, paren el tren, que yo me bajo!, jejeje.


Me he quedado vacío. Tengo que «rellenarme». ¡Feliz salida y entrada de año!

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