Identidad Narrativa y Realismo Depresivo




"Todos estamos aquí para hacer lo que tenemos que hacer." Matrix Reloaded
"Nada es complicado, pensarlo es lo que lo complica." Vikings
"Somos los hombres huecos, los hombres rellenos de serrín, que se apoyan unos contra otros, con cabezas embutidas de paja." T.S. Eliot
"Cuando la sociedad se refiere a la falsedad de la mayoría como la verdad, podría ser fatal." Thomas Szasz
"Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo." Blade Runner
"—¡Es un robot!   —Debí haberlo sabido. Ningún ser humano es tan humano." Alien resurrección
"—¿Crees que estamos muertos por dentro? —Creo que estamos en coma inducido." The Morning Show
"Honra merece el que a los suyos se parece." Refrán popular
"Siempre que enseñes, enseña a dudar sobre lo que enseñas." Ortega Gasset
"Las mentes más inteligentes son aquellas que pueden entretenerse con una idea sin creer en ella necesariamente." Aristóteles


     (¡Atención!, este escrito —que podría ser un libro— ocupa alrededor de cincuenta páginas. Descargar archivo PDF para el que lo quiera leer offline. Corregido y ampliado)
   
   El título quizás tendría que haber sido "Identidad narrativa contra realismo depresivo", o a la inversa. Este escrito tiene varios inicios o introducciones. Lo aviso pues parecerá que salto de un tema a otro sin sentido. Todos son válidos, pues crean un ambiente previo a lo que será el escrito, aparte de obedecer a que ha sido retomado una y otra vez. Por otro lado hay que tener en cuenta, como nos dice uno de los ancianos del consejo de Sion en una conversación con Neo, que no pretendo llegar a ninguna conclusión, pues con la edad se deja de creer que la verdad sea unidimensional o racional, apostando por el contrario a que no es unívoca y sí caótica. Mientras lo escribía ciertos artículos del magazine online Aeon me influyeron, y me hicieron revisar y ampliar ideas. Estos son los principales:


   Finalmente opté por dejar de leerlos para dejar de revisar una y otra vez el escrito bajo sus ideas e influencias. La imagen de la cabecera es igualmente de Aeon. La escogí pues tiene que ver con el escrito, ya que todos miran un mismo evento, pero cada persona y sus distintas expresiones, posturas y gestos, los hacen únicos, —indiferentemente de esa misma fuente o signo—. Cada humano vive la vida desde su alma, desde su individualidad, desde su propio mapa mental. Igualmente me gustó porque no es pose, y "caza" las señales honestas de cada persona. Si se mira a una por una llegas a conocer algo a esa persona; analizadas en su conjunto hablan sobre el ser humano.

   Todo escrito es una violación a una hoja en blanco. En un mundo donde el significado muere, esta propuesta es tan válida como cualquier otra, al igual que una mentira es una mezcla de cera y un miércoles, o haber oído la voz de mi propia alma, que está ronca de tanto callar. Toda "verdad" poética lo es, pues habla del alma humana, manteniéndola a su vez intacta. En este escrito no sé si desnudo al emperador —referencias al famoso cuento de Christian Andersen— o lo he sobrecargado tanto de ropa como para que al final se parezca a un payaso.

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   En la película "Ad astra", casi al final, el protagonista —en sus eternos monólogos— se pregunta que porqué continuar, que porque seguir luchando por mantenerse vivo. Su protagonista no se contesta. Es algo que cada espectador a de responder por sí mismo, pero ¿acaso lo hace?, y si así fuere, ¿sería tal contestación legítima? No será que lo que hace seguir adelante, a todo héroe contra lo imposible, es algo tan sencillo como que está programado para hacerlo. Cada una de nuestras células claman vida. Así lo argumenta el agente Smith ante la misma cuestión a Neo, en donde a la pregunta de por qué persiste (rasgo de la personalidad), Neo contesta: "porque yo lo elijo", tema y respuesta sobre la que volveré después.  ¿No será, como argumenta Smith, que nuestra razón simplemente no sabe silenciar a cada una de las células?, que parezca que acata sus órdenes, como nos hace ver Riplay en la película "Alien resurrección", pues a la pregunta "¿por qué sigues viviendo" que le hace la androide, esta le contesta con un lacónico y cansino: "no tengo otro remedio".

   Este es un intento de diálogo entre el "monstruo" (en texto granate, que no hablaré mucho y haré de la "voz del diablo") y la razón (en negro). ¿Acaso no son lo mismo?, según pregona el inconsciente colectivo intelectual. Pues quién fue más monstruo: Hide por seguir su naturaleza instintiva, o el Doctor Jekill por crearlo. La intención de Jekill no fue esa, aunque me imagino que me vas a hablar sobre el eterno miedo de jugar a ser Dios, de alterar lo natural, en donde tal alteración ya es en sí el mal. Lo que la sociedad de hoy niega lo termina por aceptar la sociedad dentro de cien años. Bajo esa cantinela el hombre nunca ha dejado de jugar a ser Dios, y normalizamos hoy lo que se negaba o se cuestionaba hace cien años.

    De fondo se encuentra la dualidad de dejar que la naturaleza siga su curso o que el humano tome el control. Los límites de tomar el control suena a lo eugenésico. Pero mientras tanto —parece ser— que dejar que la naturaleza siga su curso tampoco "funciona" muy bien, pues arrastramos todos los "males" de la condición humana, sin que ninguna disposición legal o moral las mitigue o las aminore.

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   Aquí enlazo en cierta medida con mi escrito anterior, pues lo explicado es una metáfora sobre complejidad y simplificación, entre la vida y los estereotipos. Si se mira el ramaje, de la mayoría de los árboles, no nos dirán nada. Son demasiado caóticos como para que el cerebro encuentre un patrón que le pueda llamar la atención. El cerebro lo analiza como una masa sin forma ni orden. Pero se equivoca, pues todo árbol o arbusto sigue un simple algoritmo que está en cada una de sus bifurcaciones, hasta en las más pequeñas de sus más pequeñas ramas. Sin embargo si se nos muestra un gráfico sobre un prototípico árbol, el cerebro lo reconocerá como tal. Es más fiel la foto del ramaje que la gráfica en blanco y negro sobre la realidad del árbol, pero el cerebro de alguna forma se ha percatado de ese algoritmo y que está bien expuesto en el dibujo. Ese mismo algoritmo, con variaciones, se sigue en las arterias, y tanto el cerebro como los pulmones, en sus arterias, son similares a los árboles.

   El humano primitivo podría reducirse al dibujo de un árbol prototípico. La complejidad vino dada por las ciudades, que son como los ramajes de los árboles. Cada rama —persona— parece ser única, pues parece tener su propia identidad diferenciada del resto que le rodea, pero el algoritmo sigue detrás. En la vegetación tal concepto y algoritmo se llama tropismo, quizás en lo humano habría que llamarlo homotropismo (el prefijo homo es dudoso ahí, pues también se refiere a igual, frente a variedad). La forma general del árbol humano —al igual que en estos— son las jerarquías. Las ramas principales sustentan a las menores, que siguen su curso. Una ramita no repercute en la rama principal, pero si esta última se daña o se quiebra todas las demás ramas seguirán su mismo "destino". Hay muchas formas de ramitas, pero lo que importa de ellas es su función. No te andes por las ramas. Al operar en sociedad todos tenemos un rasgo principal, que en muchos casos es la profesión (función). Decimos "voy a ver al médico", no a Jesús López, en otros casos decimos "el padre de Pepe", etc. En estos ejemplos se sigue que lo multifacético de una persona no es intrínseco a ella misma, sino que viene dado por la complejidad de las sociedades de las grandes ciudades actuales. Tampoco hay que olvidar que cada humano, como totalidad, es bajo la idea de que ha de ser considerado en integración con sus instintos, los cuales se suelen ignorar (todos tenemos "pecados" y tendencias que han de ser ocultadas a los otros). Antes sólo existía el chamán, más tarde el doctor, hoy cada uno de ellos está especializado en una rama muy concreta de la ciencia; tantas que en muchos casos no son deducibles bajo sus complejos nombres. El cerebro, en su necesidad de simplificar, los llamará a todos médicos o doctores. El humano medio, al ver el ramaje, se negará a que existan algoritmos que reduzcan tal complejidad, pero existe. En un segundo proceso, todo humano tiene la necesidad ontológica de sentirse único y especial, pues es lo que le sustenta el orgullo (como actitud implícita, que conlleva el egotismo implícito), que es uno de los motores que le dan empuje en la vida. Tal orgullo no es gratuito, puesto que al final puede que la evolución tienda en la dirección que toma dicha persona o por cierta mutación que porte. En cierta medida los estereotipos —sin llegar a afirmar que sea en todos los casos— se refieren a esos algoritmos. En resumidas cuentas: sí hay unas reglas implícitas en el caos de la actual condición humana. La individualidad o lo multifacético de cada individuo ofusca el ver esos algoritmos, pero están ahí detrás, aunque aceptar tal regla hiera el orgullo humano y su pretendida libertad.

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    Parte de este escrito —abajo— ya estaba redactado antes de ver la serie documental "¿Por qué odiamos?". Me ha animado a seguir con él artículo "Project and system", pues en el fondo —su autor y yo— hablamos de lo mismo, si bien el autor lo hace desde su propio mapa del mundo, mientras que el mío es muy distinto. Bajo mi punto de vista la identidad narrativa es una entre tantas que creen y buscan el proyecto, mientras que el realista depresivo al ver la realidad no se deja engañar por tal optimismo y sólo ve y analiza la vida como sistema. O sea, desearía un proyecto humanista e igualitario, pero las pruebas del desarrollo histórico y el día a día, sobre todo con los documentales de tipo denuncia, me dicen que es imposible. El que el escritor del artículo llegue a unas conclusiones y yo a otras me hace pensar en los juegos de rol y de ir cogiendo distintas rutas, en donde recoges distintos objetos, o uno se encuentra con unos personajes u otros, y según se dirijan las conversaciones con ellos te dan unas pistas u otras. Cada siguiente pantalla o reto parte de lo dado, de cada circunstancia a partir del pasado. Varios jugadores llegan a distintas metas por distintos caminos, con distintos atributos, pero la trama siempre es la misma: resolver el enigma del juego. El naturalista se dejará llevar por los impulsos, por el instinto, mientras que el jugador sistemático tratará de recorrer todas las habitaciones y agotar todas las conversaciones con todos los personajes. El naturalista seguramente acabe antes el juego. Ya, pero quizás se encuentre en un callejón sin salida y sin haber resuelto el juego, y de pasó habrá agotado todos sus recursos y energía, con lo que no querrá volver a empezar ni retroceder. Creo que en esa situación estás tú ahora. Estás hablando de la división a dos del ser humano, entre los maximizadores, analizar todas las vías posibles, y los satisfactores, vivir el momento o aprovechar el momento del aforismo "carpe diem", en su reducción más clara.

   No lo sé exactamente, o puede que Herbert A. Simon sólo analizase desde uno de los lados del prisma una figura geométrica compleja. Pero una de sus conclusiones y conceptos ya "sentencia" su forma de ver la vida, pues a la ecuación añade el concepto de racionalidad limitada, en donde los satisfactores —y sin que él afirmase tal cosa— pueden tener unos límites cognitivos para tender a sus tipos de elecciones, y por ello formas de comportarse y de vivir. Hay demasiados factores a tener en cuenta como para reducirlo a dos estados o tipologías humanas. Alguien sin dichos límites cognitivos puede "elegir" ser satisfactor. En otro caso, alguien muy honesto y empático parecerá que tiene límites racionales en ciertos comportamientos, mientras que estos sólo obedecen a que antepone su honestidad o a los otros por encima de sus propios criterios maximizadores. En definitiva: un maximizador puede llegar a ser o a comportarse como una máquina fría. Ya se sabe que uno de los problemas de los nazis fue el optimizar al máximo el genocidio y sus costos. Al principio ponían varias personas solapadas unas detrás de otras para gastar sólo una bala al matarlos. Las multinacionales ahora mismo están actuando igual: sólo importan las ganancias, lo demás —las personas— sólo son variables dentro de complejos algoritmos.

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   Paul Kahn en su escrito "proyecto y sistema" —el segundo en tanto que lo natural es un sistema complejo evolutivo—, hace una división con un lenguaje nuevo sobre una dualidad que siempre ha existido, y en donde cuestiona si el humano no debería superar su estado sistémico hacia uno en donde se construye. Ya Nietzsche lo dividía entre lo apolíneo (razón) y lo dionisiaco (instinto). A los inicios de la Ilustración estaba la dualidad entre la razón y los Románticos (emoción). En su momento, y salvando las distancias, el cristianismo —en sus primeras andaduras bajo el Imperio Romano— era razón frente a lo Bárbaro. Los fundadores de la filosofía lo dividían entre lo humano (razón) y la bestia (instinto). Como hecho anecdótico la serie de películas Matrix contraponen a Oráculo, la madre —instintiva, emotiva, caótica—, frente al padre: pura racionalidad fría y calculadora de la máquina. Estas distintas proyecciones sobre lo social a la vez vienen dadas por nuestra doble naturaleza de instinto y palabra, o inconsciente y conciencia. La ciencia hoy podría dividirlo entre la memoria implícita, más corpórea, instintiva y física, y la explícita, basada en los lenguajes altamente simbólicos. De todo esto se sigue que la sociedad suele ser, o en ellas suelen manifestarse, las distintas manifestaciones de las estructuras cerebrales.

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    Empecemos con un breve comentario sobre la serie "¿por qué odiamos?" (Why do we hate?) El primer capítulo expone la trama evolutiva del simio del que surge el humano (agresivo despiadado), frente a otro que son los bonobos (basados en la confraternización y sustentada en el sexo). Argumentan que una misma especie se vio dividida por el río Congo: la parte sur era rica en recursos y es allí donde prosperó el bonobo, mientras que en el norte primaba la escasez y fue esta la que llevó a que las distintas manadas de chimpancés —o simios de los que procedemos y por ello el posterior antecesor humano— a que se vieran obligadas a luchar por los territorios, y en donde las guerras y el infanticidio fueron su camino evolutivo para sobrevivir. Los siguientes capítulos muestran distintas teorías o cómo se revela en el humano tal condición, llegando a la resbalosa y no consecuente conclusión, en su última entrega, de que cada humano ha de tratar de llegar a la conciencia o atención plena (mindfulness) para controlar ese "animal" que nos habita, ignorando por completo que fue el concepto de escasez el que nos dio nuestra actual condición cerebral, y que la situación actual de crisis es una en donde de nuevo se da la escasez —o más bien el mal reparto de los recursos—, y que una solución más realista sería crear un mundo donde nadie sufriese de carencias. Bajo mi punto de vista está claro el porqué de esta extraña y falaz conclusión de poner a cada individuo como el "responsable" de la condición humana o la situación actual. Es un documental Estadounidense, nación que defiende a ultranza el feroz y desigualitario capitalismo en el que vivimos. De nuevo la eterna lucha entre las derechas (naturalista o sistema: dejar que la vida y su lenguaje siga su curso) y las izquierdas (proyecto: usar la razón para llegar a una nueva disposición fuera de lo natural) en el análisis de la realidad.

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    Mis escritos albergan —de manera extraña y ambigua— las dualidades mostradas arriba, y como tal no están exentos de contradicciones. Voy a analizarlas, no para resolverlas, pues no sé si lo podrían ser, sino tan sólo para dejarlas sobre la mesa. Bajo mi punto de vista, y que valga como conclusión, tal dualidad es irresoluble, pues llama a nuestra doble naturaleza, y cada época y sociedad llega a unas conclusiones distintas en la medida que en esa época y sociedad hay o se da una mayoría de humanos que tienen en primacía una condición frente a las otras, a partir de las "necesidades" ambientales. Tal estado no está libre de contradicciones, pues el que una de las tendencias venza sobre otras, ¿por qué es?, ¿los intelectuales o los líderes han manipulado a la masa en una dirección u otra?, ¿es la masa la que llega por sí sola a tal "conclusión"?, lo hace en la medida de adaptar su mentalidad a la era de escasez o la abundancia que le ha tocado vivir. Y de ser así —de nuevo— ¿no ha ganado lo natural a lo deseado?, el instinto adaptativo a la razón.

    Una de mis primeras contradicciones es "defender" al cazador-recolector, pues se basa en el pensamiento mágico y como tal descarta la razón. Una creencia peligrosa se basa en esta estructura. Algunos antropólogos al "descubrir" ciertas tribus morían en sus manos tan sólo al ser vistos. En los cerebros de esos humanos no se da(ba) ni el más mínimo atisbo de culpa. Lo mismo ha ocurrido con ciertos hechos del último siglo con respecto a ciertas dudosas religiones (la película "midsommar" es una muestra de lo que quiero decir), calificadas de sectas, o sin ir más lejos la Alemania nazi.

    El segundo dilema de mis escritos proviene del primero, y es el núcleo del conflicto dual entre lo natural y la razón. Una tribu mantenía su identidad cultural/étnica por tales tipos de comportamientos del pensamiento mágico. ¿Cuánto se puede ser de permeable a la razón, sin a la vez caer en la aculturación y por ello en la pérdida de la identidad cultural propia?, y por ello en el dominio cultural de un país o cultura. El caso más conocido es el etnocentrismo de los blancos y por ende la occidentalización. Yo como europeo no lo siento como "peligroso", pero sé que es bajo sesgos, e incluso diferencio la "occidentalización" europea de la estadounidense, en tanto que esta sí la veo tendente a lo corrupto.

    De los dos anteriores se sigue que 1. las diferencias culturales crean conflictos. 2. la aculturación implica poder, puesto que lo "grande" arrastra a lo "pequeño" (tronco, ramas principales, ramas, ramitas). En esa dirección: ¿hay que mantener la identidad propia, donde una parte es la cultural/nacional/creencias?, ¿o hay que "derribar" toda diferencia hacia una unificación de todo lo humano?, esto supone romper con todo signo cultural que implique parte de la propia identidad. Por lo demás, ¿quién ha de ceder parte de su identidad a otra que ya lo tiene?, tal proceso se concibe como una derrota. Se suponía que Internet podría ser ese sistema hacia una monocultura o cultura global, pero los idiomas son un problema. Ahora el idioma internacional es el inglés (imperialismo lingüístico), luego da preferencia a la cultura anglosajona, en donde tal coyuntura a la vez implica aculturación.

    El siguiente problema es la praxis, la puesta en marcha de ir a una igualación cultural. Alguien "dominado" por el pensamiento mágico no va a ceder ni un ápice en su postura. No puedes decir a alguien que deje de creer en Dios, o su inversa: decir a un ateo que crea en Dios, al igual que no puedes decir a alguien que deje de sentir amor. Tales procesos no los "domina" el sistema ejecutivo del cerebro o razón. Por otro lado sería una pérdida de la identidad. En otro ejemplo se encuentra la paradoja de la libertad: no se puede obligar a nadie a ser libre, pues tal máxima ya implica en sí misma una orden u obligación. En un caso concreto la Unión Europea alienta a que España se "adapte" a los horarios del resto de Europa, donde se acuestan y se levantan antes. La cadena de televisión nacional avisa en sus emisiones que ciertos programas o películas van a acabar tarde, en la dirección de recordar que quizás sea mejor irse a dormir, pero ni la sugerencia de Europa, ni las subliminales de RTVE sirven de nada, pues la mentalidad española es la de acostarse tarde. Si se analiza bien este tipo de costumbres (tratando de hallar los algoritmos homotrópicos), vienen dadas por las latitudes. En España, en su largo y caluroso verano, sólo se está cómodo al anochecer, cuando el sol cae alrededor de las diez, que es cuando al español sale a reunirse y disfrutar de lo que queda del día, que al final siempre se alarga. Las antiguas tribus del norte eran lo contrario a este comportamiento. Tenían que aprovechar las pocas horas de luz en donde el sol realmente calentaba. Casi toda Europa occidental se han visto invadidas por las tribus del norte, que han ido llevando así sus propias costumbres a las tierras conquistadas. La propia Francia es de los francos, una tribu del norte germana. Inglaterra ya no es de los bretones (o los originarios de bretaña), sino de los anglo-sajones (germanos). Por el contrario muchas de las costumbres españolas, como los patios interiores y las ventanas cerradas, nos vienen dadas por los musulmanes. El español así parece tener una mentalidad dual, pues quiere estar en la calle rodeado de gente —se da la paradoja que en verano los españoles se sientan en las terrazas, cuando en realidad hace más fresco dentro de los locales refrigerados—, pero a la vez al llegar a su casa quiere estar totalmente aislado. No hay un antes y un después en la historia humana, arrastramos las costumbres que forman parte de una identidad, que es percibida cuando es comparada con otras.

    Tienes que aclarar a tus lectores que tales ideas proceden de las teorías sobre el "determinismo medio-ambiental", si bien tú tienes tus propios puntos de vista. En otros escritos has defendido —sin conocerla— la llamada "paradoja ecuatorial", que dice que "alrededor del 70% del desarrollo económico de un país se puede predecir por la distancia entre ese país y el ecuador, y que cuanto más lejos del ecuador esté un país, más desarrollado tiende a ser. La teoría es el argumento central de Philip M. Parker 's en su libro "Physioeconomics: La base para el crecimiento económico a largo plazo", en donde argumenta que, dado que los seres humanos se originaron como mamíferos tropicales, los que se trasladaron a climas más fríos tuvieron que optar por restaurar la homeostasis fisiológica a través de la creación de riqueza. Este acto incluye la producción de más alimentos, mejores viviendas, calefacción, ropa de abrigo, etc. Por el contrario, los seres humanos que permanecieron en los climas más cálidos, al ser fisiológicamente más cómodo simplemente debido a la temperatura, tuvieron por lo tanto menos incentivos hacia el trabajo y por ello para aumentar sus niveles de confort. En conclusión el PIB (Producto Interno Bruto) de un país, de acuerdo con Parker, es directo a la compensación natural de los seres humanos a su clima.", (fuente Wikipedia). Por otro lado, tales hipótesis las manejas no bajo la idea de que las sociedades prósperas sean la finalidad de lo humano. El estado óptimo humano es el más cercano a como la evolución le llevó con respecto a estar en equilibrio con su medio. Ese estado son los de los cazadores- recolectores. A partir de salir de África y ese medio, las cosas se empezaron a poner "feas". En definitiva, que son las sociedades mal llamadas civilizadas, las que nos han llevado a las actuales paradojas, como el cambio climático, los trastornos mentales, entre los que se encuentran la psicopatía y en donde desde esta —y en parte por los medios de comunicación y el cine— han "favorecido" la proliferación de los asesinos en serie, amén de un desnivel socioeconómico excesivamente injusto, y una actual pérdida de identidad universal por parte del humano, que ni se siente natural, ni social, y en ese medió camino e indecisión sólo le queda por optar por el individualismo.

   Sí, eso es. No quiero alentar diferencias étnicas, pues las primeras propuestas del determinismo medioambiental alentaron las colonizaciones y el orgullo ario, entre otros tantos desvaríos. Trato de mostrar tan sólo un posible camino hacia el momento actual, del predominio de ciertos países y culturas, que en su momento fueron las que más pasaron por esos cuellos de botella del clima y la escasez. Por otro lado no es una cuestión étnica, sino de cultura y mentalidad, a la vez que entraban en juego posibles mutaciones genéticas que propiciaron dichas nuevas formas de pensar, como trataré de explicar.

    De las tribus del norte de Europa se sigue la máxima que domina el lenguaje de la actualidad, pues proviene de la cultura dominante que es la anglosajona, del esfuerzo y el trabajo. Lo que hoy tenemos como regla cultural y social suele nacer de lo evolutivo, por muy pequeño o insignificante que pueda parecer o ser. Quien viva en una vivienda vieja y sin calefacción, en lo más profundo del invierno se da cuenta que su única baza es la de no perder calor, así uno se abriga todo lo que puede. Salir a la calle tiene el doble esfuerzo calorífico de cambiarse a la ropa de calle, que está helada, y salir a la intemperie. El cuerpo ofrece una fuerte resistencia a pasar por tal trance de forma innecesaria, que se impone en el cerebro y que sólo la conciencia más fuerte y persistente doblega. Por este mismo proceso han pasado los pueblos del norte durante milenios, y antes que el sapiens el neandertal. De estos hemos heredado la depresión, según últimas investigaciones. Este inicio de tal "trastorno" nos induce a pensar que el neandertal, que pasó por la última glaciación en la fría Eurasia, bajaba su ritmo de vida en invierno, quizás a algún estado cercano a la hibernación. Por inercia, ante el intenso frío, el cuerpo recurre a ovillarse, a no tratar de perder calor. Pero el humano moderno tenía que laborar, luego la reflexión o conciencia (voluntad) tenía que tomar el control de lo que el cuerpo le decía. Todo humano que ha sobrevivido a tal inercia lo consiguió a través de hacer que se impusiese el "proyecto", en el lenguaje de Paul Kahn, a la naturaleza, al sistema. Como el humano además es cultura transmitida, esa validación se ha transmitido de padres a hijos, y es hoy la que nos domina bajo el predominio de lo anglosajón. Japón o los hebreos son otros ejemplos de culturas con una herencia de carencias, en donde se tuvo que imponer la razón frente a lo más instintivo. Saco esto a colación porque queramos o no lo evolutivo precede a lo cultural, y es lo primero lo que explica a lo segundo a poco que uno piense en ello. ¿No es extraño que junto a España, México y Argentina sean donde más "ruido" hace el feminismo? Los dos países latinos nombrados es donde más emigraron los españoles, frente a otros países más ecuatoriales. ¿Tiene algo diferente la mujer íbera frente a las de otras culturas a nivel genético?, ¿o lo tienen sus hombres y el comportamiento femenino depende de este?

    Detengámonos aún más sobre todo esto. Siempre ha existido el concepto de los "hombres de frontera", solían ser las personas que tenían problemas a la hora de adaptarse a las sociedades establecidas. Si se analiza la expansión humana, es de suponer que se tomó el sur y que los humanos fronterizos fueron abriendo camino hacia el norte. Cuanto más al norte más liminal tenía que ser tal grupo. Establezco una dinámica que no tiene que ser válida al cien por cien. Habría migraciones que obedeciesen a otras reglas. Un rasgo humano es la búsqueda de sensaciones, los amantes de las novedades o la adrenalina. Se ha apuntado que tal característica es por una mutación en el receptor de la dopamina D4, que se encuentra en el gen DRD4, si bien hay que tener en cuenta que lo más seguro es que tales características obedezcan a un rasgo complejo en el que entren en juego varios genes. Tal capacidad alterada de la búsqueda de novedad parece venir dada como un sistema adaptativo que se hereda, pues la persona la tiene que haber heredado de los dos padres (doble alelo), pero a la vez se activa o permanece desactivada dependiendo de la calidad de la crianza. Es de suponer que una peor crianza supone una peor situación ambiental, como así lo confirman estudios sobre aves, donde la presión invasora de otras aves, o de los propios humanos, hace que en tales aves se active el gen DRD4 y por ello tengan una mayor capacidad para la búsqueda de la novedad. En el humano tal rasgo se va heredando a lo largo de las generaciones, y fue este el que a través de las sucesivas descendencias, seguramente promovido por los cambios climáticos, hizo que los pueblos del norte fueran invadiendo el sur hasta conformar —a grandes trazos— la Europa de los siglos pretéritos y la actual. De ahí la aparente división en prosperidad de la Europa latina frente a la de origen germano o de los pueblos del norte, como los escandinavos. También está ahí la paradoja que es Rusia, que parece ser la apuesta más liminal de toda Europa al ser la que está más al norte. Hay que aclarar que tal tendencia en desmedida es proclive a la vez al exceso de impulsividad, y por ello a la falta de control. Ese rasgo de búsqueda de la novedad, de no sentirse a gusto con lo dado, parece ser el dominante en la actualidad.

   Lo que he perfilado en lo precedente es un dibujo o croquis, al modo que lo hace lo mostrado arriba con un árbol, sin afirmar que tenga por qué haber sido así, y sabiendo que he perdido la descripción de todos los detalles. Hacer hincapié en lo que dicta el sistema adaptativo… ¿es peligroso para el proyecto? La razón ilustrada buscó porqués y creó el concepto de raza que tantos quebraderos han creado en la historia. ¿Toda búsqueda de las diferencias están erradas bajo la premisa que lo nominado "encajona" la pluralidad? Pero, ¿cómo crear un proyecto que ha de basarse en la realidad si se ignoran datos? ¿Estoy promoviendo la anglofobia? No, trato de cuestionar el capitalismo, que lleva al atroz individualismo que desgarra el tejido de lo social y a la vez al consumismo que podría terminar con la estabilidad climática del planeta. Cualquier humano en su plasticidad puede adaptar su comportamiento al más ecológico y adaptado a la situación actual, y la que está por llegar. Sólo "ataco" la mentalidad predominante que es la mayoritaria en el panorama actual. Sé que las nuevas generaciones son más de mentalidad tipo "proyecto" (racionales) y tratan de no "leer", o tener en cuenta, estos tipos de datos. En la superficie domina, por ejemplo en la programación de las televisiones, el "buenrollismo", pero a la vez solapada a esta máscara, está la realidad de la calle que parece decir otra cosa. La propia ciencia, por el sentimiento de culpabilidad de haber propiciado el problema del racismo, ya no hace el tipo de análisis o investigaciones como los mostrados aquí. Si uno se da cuenta y lee el momento actual no sirve de nada ignorar los problemas como si estos no existiesen. En psicología se sabe que un trauma se alimenta de su negación, pues el cerebro cada vez genera más recursos alienados (defensas, sesgos, falacias, comportamientos desadaptados) con respecto a lo que es la realidad. El cerebro cada vez "anula" más y más estructuras y funciones que son las que nos hacen humanos. Ese primer proceso de negar que se tiene tal problema, es la base de toda adicción y la parte nuclear de una gran mayoría de los trastornos mentales graves. Una vez que se pasa esa barrera la conciencia o razón va "cediendo" estructuras y funciones a esa distorsión de la realidad. Es de deducir que lo social pasa por los mismos procesos. El holocausto judío, así, es la manifestación delirante, maniaca y obsesiva que la sociedad europea fue creando por siglos en sus entrañas, al mantener una isla identitaria dentro de su "Ser" e identidad.

    Tendrías que mencionar cómo encaja la conquista Griega por parte de Alejandro Magno, el caso de los Romanos y las conquistas de España, pues los tres son culturas latinas y del sur y el calor, y no encajan con la visión que has plasmado arriba. Ya. Hay infinidad de otros "éxitos" de distintas culturas en donde cada una tienen sus propias teorías. Grecia y Roma se explican por lo que ya he dicho en otro lado sobre el papel del mediterráneo, que era una vía rápida de moverse, mientras que en ese momento el resto de las culturas europeas vivían en densos bosques aislados y sin casi movimiento, al principio allí no había ni caballos. España tenía esa misma "marca", le llegaban invasores por todo los lados. Después de los Romanos llegaron una primera oleada de vándalos, suevos y alanos, seguidamente los visigodos (todos pueblos germanos) y después los árabes del norte de áfrica (moros). El caso de las conquistas de España se explica por un proceso similar al de los Estados Unidos actual, que tiene como uno de sus más importantes movimientos de capital la investigación y fabricación de armamento. España vivió durante varios siglos en una sociedad bélica ante la necesidad de reconquistar la península (militarismo). Justamente cuando estaba terminando ese proceso Colón llegó a las américas. Simplemente adaptaron su mentalidad bélica a las nuevas "conquistas". Ya tenían los medios y los comandantes preparados para tales situaciones, sólo los reajustaron. Se puede decir que se dejaron llevar por el sesgo optimista, al igual que un adicto a los juegos no puede dejar de seguir jugando cuando obtiene un premio. Había que seguir con la "racha". Con esto y lo dicho arriba no quiero decir que unos u otros sean los buenos o los malos. No estoy tratando de dar connotaciones morales a mis análisis. Sólo trato de dar un posible porqué evolutivo y cerebral de la actual mentalidad del trabajo y del mayor rendimiento. En su momento otras culturas fueron por esos mismos derroteros, pero por otros caminos. Hay distintas formas de llegar a las mismas metas o situaciones. Sólo hay que analizar el caso de los dinosaurios, que dominaron el planeta con el gigantismo, y el momento actual en donde ese papel lo hace el humano y su "inteligencia". Ninguna conquista durante la historia ha estado bien, y ninguna es justificable de ninguna forma. Yo no estoy de acuerdo con que el día de la fiesta nacional en España sea el 12 de octubre, no es algo a celebrar, sino todo lo contrario. Por lo demás el determinismo medioambiental es aplicable al pasado, sigue teniendo alguna repercusión proveniente del pasado, pero ya no opera en tanto que el humano ha "dominado" en alto grado el medio. La mayoría de las medianas y grandes empresas tienen aires acondicionados, luego la temperatura ya no tiene un papel tan central a nivel de cerebro y de la economía. Sigue influyendo en temas como el turismo, claro, y esa es una nueva baza a tener en cuenta. Repercute igualmente a nivel de clases. En las sociedades actuales la salud no es democrática.

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    Retomemos el tema de las diferencias culturales o de identidad. La regla aristotélica de que la "verdad" está en el medio de los opuestos, es aplicable al concepto de tolerancia, puesto que es el punto medio entre la intransigencia y la total permisividad, pero ¿hasta qué medida es válida la tolerancia? En ciertas culturas el tirarse provechos después de comer es una norma de agradecimiento y de hacer ver el agrado por lo comido. En occidente, y por lo general en todas las culturas, está mal visto. Otro caso más claro es la ablación del clítoris. ¿Cómo resolver el problema de la tolerancia en todos los casos, si en sí mismo la tolerancia puede implicar intolerancia para aquel otro que no acepte sus paradigmas? O sea, ¿hay que ser intolerante con los intolerantes? Tal paradoja la expuso Karl Popper cuando dijo que "para mantener una sociedad tolerante, la sociedad debe ser intolerante ante la intolerancia". Y por lo demás… ¿quién tiene —o cree tener— la regla universal de no estar en lo equivocado?, de tener el proyecto "correcto" de lo humano. Quien así lo defienda ya está ejerciendo poder —y por ello se cree superior— sobre el resto de las culturas. Lo que quiero hacer ver es que el proyecto humano siempre nace de estados previos (parafraseando a Barthes: no existe el grado cero de la "escritura", del metarrelato, todo momento histórico sigue un discurso empezado con la aparición de la vida y en eterno desarrollo), y por ello de cuestiones culturales, que como hemos visto suelen venir de hechos evolutivos, luego todo proyecto siempre va a parecer imposición, aculturación y negación de otras posibles culturas, a las que se las aplasta y se les anula. Lo que se deduce de la historia, esa que en teoría no hay que olvidar para no repetir los mismos falsos pasos, es que lo que suele ganar no es la razón, lo que gana es lo que tiene más poder, luego lo que al final vence no es el proyecto, sino lo sistémico. En un caso más claro; he expuesto distintas ideas y conceptos de lo anglosajón no de forma gratuita, sino porque hoy ya no tiene sentido su "mentalidad" del trabajo, hace ya mucho tiempo que hemos dominado a la naturaleza como para que ya no nos sea amenazante a diario, y puesto que de seguir su "lógica", terminaremos acabando con los recursos de la naturaleza, e irrevocablemente iremos hacia una crisis sin precedentes sobre el calentamiento global. Tres de las grandes potencias: Estados Unidos, Inglaterra, Alemania —y en menor medida Francia— se basan en la mentalidad del trabajo (en oriente Japón, a la que se está sumando China por inducción del sistema) y son las que "imponen" su forma de pensar al resto del mundo, como para que todo humano, y país, si quiere sobrevivir, tenga que adaptar su cerebro a esa misma mentalidad y paradigma.

    Es de suponer que si las sociedades viven de forma global, como es la tendencia actual, al final, quizás al cabo de un siglo o más, todas lleguen a una media consensuada. ¿Será así? Las redes sociales han demostrado que al igual que el cerebro tiene sesgos, el "cerebro" social lo tiene en igual medida, ya que en Internet no prima la razón, sino dichos sesgos de lo social. Muchos de ellos provenientes de primitivas cerebrales. La teoría de la distancia del llanto del bebé, nos recuerda que nos preocupamos de un niño si su lloro es cercano y audible, de tal manera que aunque sólo sea para que no nos sea molesto lo atenderemos. Internet es lo opuesto al rastro de esta primitiva, pues todo es lejano y no oímos esos "llantos". Nos pronunciamos de forma poco moderada sobre ciertos temas porque no vemos o percibimos el dolor directo que producimos. Aquí de nuevo la distancia entre lo "programado" en el cerebro y la razón, en donde en este caso debería de imperar la razón y no el sesgo de no percibir el daño provocado.

  El movimiento de las personas (migración) tampoco parecen resolver tales temas. Estados Unidos ha sido un "experimento" de esa integración de culturas y no parece ir demasiado bien, sigue habiendo divisiones, disputas y conflictos sobre el origen de cada uno de los ciudadanos. En cierta ocasión tenía de compañero de piso un Senegalés, con el que tenía más puntos en común que con muchos españoles. Estaba integrado en la sociedad, pero en el fondo se sentía solo, pues vive en medio de cristianos, mientras él es musulmán, y no puede hablar con nadie con su lengua primera. A veces pensaba en irse a Francia e ir a algún barrio de musulmanes, pero yo le hablaba de los problemas que conllevan ese tipo de aislamientos en barrios en otros países (y que empieza darse en España, que siempre va "retrasada" con respecto a otros países debido a la dictadura de Franco), donde al final se pronuncia el racismo. De nuevo me remito al párrafo de la tolerancia: no es una solución "real". Cuando un emigrante se integra en sociedad, y puesto que se le analiza de forma individual por su carácter, es distinto que cuando se aíslan en barrios, en donde lo que "analizan" los ciudadanos de dicha sociedad es el crecimiento de tal isla identitaria frente a la propia. En algún momento —sobre todo durante las crisis— a tal isla se la analizará como una amenaza para la propia identidad. En otras palabras: son conflictos que se barren bajo la alfombra que tarde o temprano se visualizarán o se remarcarán.

    Los párrafos anteriores nos hacen ver que no parece haber ninguna regla válida para lo social. Cada cual interpretará cada una de las premisas extensionales de dichos párrafos a su manera, creando una cacofonía o ruido de fondo de la comunicación en lo social. Parecen ser temas irresolubles que sólo generan problemas, dilemas y conflictos.

    Todo esto lleva a la ética y si esta ha de estar sustentada en la razón —a partir del contrato social— o en el intuicionismo (lo natural). Si ha de basarse en las primitivas o en la razón. Hay que fijarse que cuando el humano primitivo llegó a los tabús estos se basaban en muchos casos en primitivas que tienen todos los animales, como la evitación de la endogamia. "Captar" esas primitivas es la postura intuicionista, pero tiene sus problemas, pues el cerebro y la evolución pueden tener como máxima preservar la vida, pero el humano a la vez tiene el "mecanismo" cerebral de volver a otro humano como no-humano, como para que sea "aceptable" para el cerebro matarlo. En la naturaleza impera la "teatralización", las luchas entre machos se suelen basar en mostrar los atributos de lucha (cuernos, garras, colmillos), medirlos y en ese proceso evitar la confrontación, en donde pueda peligrar la vida o la integridad física. En algunos casos dos contrarios no se "conformarán" y se enfrentarán a muerte. El humano es una de esas especies. La teoría es que nuestros predecesores vienen de la misma línea que los chimpancés, en donde estos y dado la escasez de los alimentos, luchaban constantemente por el territorio, matando y comiéndose a las crías de otras manadas, pues así no proliferaba su descendencia, con la que ya no tendrían que competir. Ese mecanismo repetido por cientos de milenios es el que nos domina en situaciones de escasez y durante las crisis profundas.

    El cerebro tiene unos mecanismos por los cuales "avivar" y mantener el odio hacia lo "otro". Pongo un caso extraño pero ejemplar. Juego a "craft the world", en donde unos enanos se ven atacados de forma constante por distintos enemigos. De forma rara al enemigo que más "odio" es a una especie de gusano, pues de alguna forma llama a este circuito del odio dentro del cerebro. La cuestión, después de meditarla, es como sigue: otro enemigo, como un gigante u otros "humanoides" enemigos más iguales a lo humano, me parecen rivales en igualdad. De alguna forma mi cerebro los asume con una inteligencia y que "obedecen" a unas reglas similares a las mías. Sin embargo el gusano no está dentro de esa categoría. Recordar, sin ir más lejos, que se recurre al insulto de gusano —o vil gusano— cuando despreciamos a alguien en esa medida: como lo más bajo, nimio y despreciable de la vida. Cada vez que uno de esos gusanos mata a uno de mis enanos me siento más herido —emocionalmente rabioso para que andar con eufemismos—, de tal manera que lo ataco con todas mis fuerzas disponibles. Soy una persona que se mueve por la razón y no tengo este mismo sentimiento por ningún otro ser humano, colectivo, cultura o etnia, pero esa "emoción" por ese gusano me ha hecho "comprender" el racismo y cualquier otra forma de odio hacia la otredad, pues activa esa primitiva -o proceso programado- que está en todos. Comprender quiere decir que la he sentido como para saber a qué se refiere, pues antes no lo sabía; aunque mi razón no la entiende, no comparte —o ve como razonable— tal estado o secuestro del cerebro por parte de esta estructura tan antigua. Con todo, la razón no hace que disminuya esa pasión ciega y negativa hacia el gusano. Razón y primitivas son dos estructuras que se ven detrás de un cristal y no se llegan a tocar. Ni una ni otra alteran la realidad de su contraria. Por medio de la razón puedo tomarme unos segundos para hacer que la emoción aminore, o puedo salir del juego. Pero sólo son distintos medios de evadir que una estructura y otra no puedan comunicarse como para que una venza sobre la otra, pues su base es que tienen dos lenguajes no traducibles del uno al otro. Recordar que una emoción, como el enamoramiento, se siente, no es palabra, y que esta no lo frena, o si se quiere traer aquí la arquetípica frase de Pascal: "el corazón tiene razones que la razón no entiende".


   Con este ejemplo quiero dar a entender que todos tenemos tal estructura, el caso es si se llega a activar o no. En mi ejemplo me la ha "despertado" un simple gusano en un juego, pero es posible que me la despertasen ciertos japoneses o alemanes de la II Guerra Mundial (la paradoja de la intolerancia hacia los intolerantes). ¿Y que se "despierta"? Son distintos procesos, pero uno de ellos es el pensar que nuestra identidad ha de ser salvaguardada, que a la vez implica cierta arrogancia de tener la identidad "verdadera" o humana, mientras que otras están lejos de esta, más cuanto más alejadas estén de dicha identidad "verdadera", como así lo es el gusano en el juego. En ese caso la razón no escapa de esta misma trampa, pues una persona que use sobre todo la razón "despreciará" o sentirá como otredad a todo aquel que esté lo más alejado de tal capacidad de usar la razón. La cultura occidental o etnocentrista se basa en tal tara de la propia razón. Como tal dividió lo humano entre aquellos que hacen uso de la razón, frente al resto que no lo hacían y que por ello eran "salvajes" o no "civilizados".

     Entonces si no vale ni la razón ni el intuicionismo… ¿a qué "agarrarse"?, o hay que volver a revisar la razón para que sea lo que ha de ser. Con esto de nuevo llegamos a la tolerancia, que en realidad como hemos visto no resuelve nada, sino que cubre, cual alfombra en el salón, los problemas barridos bajo ella e inherentes de toda diferencia.

    Volvamos a las redes y por extensión a todo lo digital, puesto que en ellos se dan tres de las estructuras que he analizado: la parsimonia, la identidad y la distancia. El principio de parsimonia, del mínimo esfuerzo, sale a flote a la menor. Parte del éxito del navegador Chrome de Google han sido las extensiones: la capacidad de dotarle de todas las herramientas, funciones y utilidades que podamos necesitar. Si estamos en el navegador no queremos recurrir a un programa instalado en el ordenador, pues de alguna forma el cerebro le parece un proceso más trabajoso. ¡Fijarse que no hay que generar ningún movimiento corporal especialmente largo y duro!, tan sólo hacer varios clics extras del ratón. En cierta forma eso que la ciencia ha denominado con el nombre de área de trabajo del cerebro, es como si tuviese unas paredes y un afuera, y que tener que salir a otro programa en el ordenador es como cambiar el área de trabajo…, para el caso como ir a otra habitación que tendrá otras herramientas y formas de trabajar con ellas. Es vaciar el área de trabajo actual, que funciona con el cebado (procesos prestablecidos en uso: neuronas que se mantienen activas), para hacer que el cebado se prefije ahora con otros procesos distintos. Es un doble gasto de energía cerebral, en tanto que hay que inhibir las neuronas activas (cebadas) y activar unas nuevas. Por otro lado este proceso de inercia conlleva más energía que la directa mostrada aquí, pues tales procesos crean residuos metabólicos que el sistema glifático (de las células gliales: el sistema linfático del cerebro) ha de "limpiar" cuando dormimos, generando de nuevo más gastos cuantos más residuos se hayan creado. Atención a la sutileza de Stuart Kauffman sobre la interacción entre energía y trabajo en física: "la primera sorpresa es que se necesitan restricciones en el lanzamiento de energía para realizar el trabajo, pero se necesita trabajo para crear restricciones. La segunda sorpresa es que las restricciones son la información y la información es restricción". Lo que quiero mostrar es que todo animal —toda vida— está programada para seguir el principio del mínimo esfuerzo, dado que la máxima en la vida es la escasez. Para que un humano se active y gaste más energía de la necesaria se tienen que dar una de dos posibilidades: la natural o pulsión que es que "necesite" algo, o la alentada por la voluntad: obligarse a ello. Si el humano se sale en alguna medida de la regla de la vida del mínimo esfuerzo es o bien porque ese humano en concreto ha cogido algún camino obsesivo como parte de su necesidad, o bien por exigencia de la sociedad. El macho en la mayoría de las especies está programado para el gasto excesivo de energía según el principio del hándicap (de la desventaja). El caso más conocido es la cola del pavo real, pero es general de casi todas las especies. El macho suele hacer más gasto ya sea en el colorido, en el canto, en la cornamenta, en el pelaje, en el tamaño o en su comportamiento. Un caso que he conocido hace poco es el del pez nocomis leptocephalus, hace un montículo de unas siete mil piedras, llevadas con la boca una a una (que han provocado que a lo largo de la evolución su mandíbula sea mayor que con respecto a la de su fémina), para llamar la atención de una hembra que deposite sus huevas, y que de esa manera queden protegidas de la corriente. Tal cantidad no sería necesaria, es una de las típicas carreras armamentistas entre machos de una misma especie: "que tú haces un montículo de cien piedras, pues yo de doscientas", comportamiento brabucón encaminado nada más que para llamar la atención de las hembras y poder tener sexo. ¿No nos es familiar este comportamiento con respecto al de los hombres?

    Retomo, que me he desviado un poco. La segunda forma de gastar más energía de la necesaria es por medio de la voluntad. La sociedad humana tiene esta base. Si en un primer momento, por medio de la inversión de la dominancia, se usó la vergüenza a todo aquel que quería sobresalir del resto, cuando el humano optó por la agricultura y la ganadería, que eran procesos tediosos, largos y muy físicos, se temió más a todo aquel que no "arrimase el hombro", que no luchase contra el principio natural de la parsimonia. En el caso del pez nocomis leptocephalus vemos una regla evolutiva: una tendencia o comportamiento tiende a desproporcionarse con el paso de los milenios hasta volverse una desventaja. En el caso del humano esa tendencia fue el de laborar hasta la extenuación, por mediación de imponérselo uno a sí mismo, o sea, por la voluntad. Puede que esta disposición al principio fuese evolutiva, impuesta por la hembra para seleccionar al macho —como así es de forma general en la naturaleza—, pero al final fue parte de nuestra condición humana. Según hipótesis, en algún momento de la evolución humana fue la hembra la que tuvo que "tomar el trabajo" de conquistar al hombre y se invirtió en parte el dimorfismo, lo que hizo que el proceso de esforzarse, de hacer uso de la voluntad en lo social, se dé en los dos sexos, si bien según estudios sobre la teoría de la rigidez (inercia mental) y el efecto Einstellung, hay algo de diferencia entre los sexos, que es de suponer que provenga de esa tendencia general del macho hacia el exceso en la naturaleza (diferencias pequeñas y no todos los estudios coinciden; según mi opinión esa diferencia puede ser por los temas tratados: cada sexo tiene "pasiones" distintas).

    No me he desviado. Profundizo en el tema bajo distintos aspectos. A poco que uno piense lo que demuestra la teoría de la rigidez o el efecto Einstellung no es simple y llanamente la vagancia, sino la capacidad de cambiar el punto de vista personal por alguna novedad. De ser adaptativo a cambiar de mentalidad, de replantear lo dado en el mapa interno, con respecto a lo nuevo que esté en el medio. En definitiva, que de nuevo entre en juego posiblemente el gen DRD4 que modifica el receptor de la dopamina D4. Me doy cuenta que "amante de la adrenalina" no encaja con razón, son incluso lo contrario. Tengo que resolver esta aparente paradoja, de nuevo volvemos al tema de la dualidad de instinto y razón. El lector avispado ya se ha percatado de tus conclusiones. Los genes no son taxativos a cómo se tienen que expresar en la vida, en el comportamiento, en lo social. Lo que "dice" el gen DRD4 es que la dopamina no "funciona" de la forma esperada, que parece no adecuarse a que el sentimiento de premio, del placer de lo bien hecho, y por ello de la memoria y el aprendizaje, sea el previsto o lo normalizado por la evolución. En el sistema de recompensa se pueden dar tres posibilidades: 1. la recompensa fue mejor de lo esperado (un error positivo); 2. que la recompensa fue exactamente como se esperaba (sin error); o que la recompensa fue menor de lo esperado (un error negativo). En los tres casos se deduce que el cerebro hace un pronóstico, que parte del mapa interior, y que el sistema verifica si ha acertado o no. Dicho de otra forma: la dopamina en gran medida está vinculada a la novedad. Lo sabido y consabido no mueve el sistema dopaminérgico. Lo ritualizado, las costumbres, dan una sensación agradable por otros neurotransmisores, en donde prima la ausencia del cortisol, que tiene como base el miedo. O sea, estar en casa puede generar placer porque sabemos que estamos fuera de todo riesgo (en teoría), este placer difuso y poco acentuado se basa en la serotonina.

    Así que nos encontramos que todo aquel que tenga alterado el receptor de la dopamina D4 tiene un placer menos intenso ante el premio (aquel de "lo mejor de lo esperado") de tal manera que o bien siempre busque la novedad (búsqueda de novedad), o que quiera mantener "el pie pisando el acelerador" para sentir realmente la sensación de premio (adicción). En el primer caso eso quiere decir que no se atiene a lo dado, al mapa interno, de tal manera que ha de estar saliendo constantemente de su zona de confort y por ello de la inercia cerebral. Tal estado se puede traducir como estar probando todas las posibilidades, aunque en su momento se hallase una que "funcionase". La vida es prueba y error, sí, pero un sistema dopaminérgico "normal" se detiene —aprende— cuando da con un comportamiento válido que al final lo vuelve rutinario, costumbre o parte del mapa mental, mientras que alguien con el gen DRD4 modificado no se sentirá completamente satisfecho y seguirá probando más posibilidades. Todo animal se atiene a la primera fórmula, es lo que es porque ritualiza a modo de instinto todo aprendizaje que ha funcionado el primero, sólo el humano —o algunos de ellos que son los que dan los grandes pasos de la humanidad—no lo hace(n) así.

     En resumen, el amante del riesgo sólo es una manifestación de algo mayor que no tiene por qué implicar algo físico, sino igualmente algo mental. Es la disposición de no sentirse totalmente satisfecho y permanecer inquieto como para obligarlos siempre a ir más allá, en donde ese más allá también implica a las propias capacidades cognitivas. Así que nos encontramos con dos teóricos humanos, uno que ha hallado una solución a cada cosa, sin saber si es la más optima, frente a otro que tiene muchas posibles soluciones a esas mismas cosas. Es fácil deducir que el segundo es más racional, en la medida que siempre evaluará más cosas de una misma vez. Es por esto que haya cierta diferencia en el tema de la rigidez entre los dos sexos, puesto que el macho es el que se ha visto una y otra vez sometido a explorar y a encontrarse con novedades, y puesto que la testosterona le empuja(ba) más a ello.

    Llegados a estas alturas hay que revisar lo escrito. Por un lado nos encontramos que las dualidades pueden ser bastante engañosas, puesto que la razón, o su exceso, puede haber venido dada por una predisposición a ser más impulsivo, como así lo son los amantes del riesgo. A la razón no sólo se llega por un camino, como veremos abajo, y además esta es una disposición o forma de operar con el área global de trabajo. O sea, que ser hombre o mujer no predispone a ser más o menos razonable, o usar mejor o peor la razón, si bien sí los puede capacitar (alentar, predisponer) de distintas formas. En las tribus del norte es muy posible que el que sobreviviese fuese todo aquel que tenía las capacidades que provee el gen DRD4 modificado, ya fuese para la lucha o para crear estrategias de lucha y más tarde para el comercio. Con el paso del tiempo las luchas se fueron dejando de lado y lo que principalmente se manifestaría, alentado por lo social y el aprendizaje de padres a hijos, fuera usar la voluntad de ejercer poder sobre la inercia mental, a través de la razón, pues la mal llamada voluntad en realidad es una capacidad del sistema ejecutivo para imponerse metas y cumplirlas, frente a la mera motivación que emerge de los propios deseos. La película "Lucy in the sky" (basada en Lisa Nowak, en teoría con algo de Asperger, de ahí la explicación de ciertos comportamientos durante la película como ser excesivamente fría y calculadora ante ciertos aspectos de su vida) es una prototípica imagen de la cultura anglosajona del culto al trabajo y la voluntad, de salir de la zona de confort, como nos recuerda su protagonista ante el consejo de su abuela de que "jamás te instales en la rutina", que de nuevo nos muestra la tendencia de la búsqueda de la novedad frente a lo rutinario. O sea, es muy posible que una predisposición genética de sólo algunos fuera la que creó el rasgo mantenido en lo social de hacer que lo que se impusiese fuera la capacidad de la voluntad, que es una parte de las capacidades de la razón, que era necesaria para trabajar duro y que fue la que al final se convirtió en aquello de que el trabajo era la base de la vida. La hipótesis léxica establece que "los primeros estados que esas características de personalidad, que son importantes para un grupo de personas, eventualmente se convertirá en una parte del lenguaje de ese grupo. El segundo se deriva del primero, indicando que las características más importantes de la personalidad son más propensas a ser codificadas en el lenguaje como una sola palabra." De esta manera esa palabra, en realidad concepto, de las tribus del norte era posiblemente la de persistir (voluntad racional de luchar contra viento y marea). En el caso de Estados Unidos lo es el concepto del sueño americano, donde nace a su vez de la idea de persistir, por cualquier medio, para alcanzar las propias metas.

     Nietzsche no era más alemán al alentar hacia lo dionisiaco, según este planteamiento, pues el alemán es más apolíneo, razón fría y calculadora (cabezas cuadradas, en sus dos sentidos, en un insulto de sus contrincantes de las dos grandes guerras; las filosofías más profundas y sistemáticas son de los filósofos alemanes, como son el caso de Kant o Hegel). Dicho más claramente: si bien la característica de la que estoy hablando se da sólo de forma "natural" en algunas personas, la que puedan tener algún gen dañado del sistema de recompensa, es la que se terminó de imponer como rasgo de su cultura, sin que por ello toda persona tuviese ese rasgo de forma "natural". Recordar la metáfora de la rama principal, las secundarias y sus ramitas. En este caso estoy diciendo que si bien hago mención a la cultura anglosajona, germana, o del norte de Europa, no afirmo que tal concepto exista como raza con cierta característica genética, sino que en cada uno de sus pasos fueron tendiendo hacia una predisposición social, que fue la que "eligieron" como parte distintiva de su carácter patrio o cultural. En otros escritos ya he hablado sobre el rasgo distintivo —lo que nos hace diferentes del resto— es sobre lo que se suele pronunciar una personalidad, e igualmente ocurre a nivel de una cultura, ideología o país. En los países latinos de Europa ese mismo rasgo de la búsqueda de la novedad se manifestó de otras maneras y nunca se quedó como parte de su identidad (a grandes trazos la mejor música clásica es de autores del norte de Europa, mientras que España destaca en pintores). Los latinos europeos sí son lo dionisiaco (diversión, trabajar para vivir) frente a lo apolíneo de las tribus del norte (vivir para trabajar). Estas divisiones son odiosas, fallan según qué momento de la historia se analice, pero es la que "funciona" para hacer una caricatura de la situación actual, o para hacerla de la historia a grandes rasgos. Huelga decir que a nivel de éxito comercial "vence" la actitud de la voluntad, la razón y la cultura del trabajo frente a cualquier otra, luego es la que se ha terminado por imponer de forma global en la actualidad.

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    Ahora me toca a mí postular algo similar y desde otro ángulo. El receptor de la serotonina 5-HT parece ser un candidato que predispone a la depresión. Bajo mi punto de vista, y al igual que has argumentado arriba, a la razón se llega por muchos caminos. Tanto la mutación genética del receptor de la dopamina, como el de la serotonina, crean individuos incómodos dentro de sus sociedades, que son los que yo denomino como preconcientes, si bien siguen caminos y propósitos muy distintos, puesto que los segundos son lo opuesto a los primeros, ya que tratan de frenar los excesos de cambios en el sistema. En ese caso se pueden reducir a los primeros como los aceleradores y a los segundos como el freno del sistema. Recientemente se ha asociado el origen de la depresión a la función que hace la habénula en el cerebro. Esta es sobre todo inhibitoria, detecta si lo que entra por los sentidos son algo nuevo o no. Si está dañada dice al sistema que no hay nada nuevo, luego no crea ninguna respuesta emocional: si la habénula se la inhibe con ketamina (inhibir su inhibición) la "depresión mejora", puesto que la novedad vuelve a entrar en juego. Cabe pensar si los amantes del riesgo no parten del mismo problema: que la habénula esté diciendo al sistema que no hay ninguna novedad y en ese proceso se busque más de lo necesario. Con esto volvemos al tema de los rasgos complejos: es complicado reducir a un solo gen o un receptor o neurotransmisor un comportamiento o uno desadaptado, si bien pueden ser los "interruptores" que los predispongan. En los amantes al riesgo parece predominar la ausencia del miedo, mientras que en los depresivos se puede manifestar de forma exagerada, lo que nos lleva a otra parte del cerebro: la amígdala y al papel del cortisol. Casi podríamos decir, ya fuera de la naturaleza y al humano como su único depredador, que los segundos temen a los primeros.

    Pero qué sabe de forma implícita el cerebro del realista depresivo con respecto al resto. En otro lugar dije que pareciera haber un algoritmo que determinase que cuanto menos se ame a la humanidad más se ame a la naturaleza (a los perros en un caso concreto y repetido hasta la saciedad en las redes sociales como meme). Todo solitario se refugia en la naturaleza, a la cual ensalza. Es más, sí es sensible a la belleza de la naturaleza y a sus novedades. Luego la habénula no parece operar ahí, no le inhibe a apreciar la belleza y las formas extrañas en las que se manifiesta lo natural. La respuesta, a la pregunta que ha quedado en el aíre, es que el realista depresivo no ve novedad en lo humano, pues de alguna forma predice que siempre es decepcionante, al igual que predice que no existe realmente la comunicación, y que por ello todo humano es un ser condenado a la soledad. Enclaustrado en su individualismo cerebral. Predice, además, que el miedo es lo que explica lo social, y que todo son máscaras que esconden los miedos internos de todo humano. Así el actual "buenrollismo", y las nuevas generaciones, siguen esa misma premisa, pues intentan escabullirse de los temas irresolubles sobre nuestra "negra" condición humana. Hacen lo mismo que los niños: se tapan los ojos creyendo que de esa manera el resto de las personas o los peligros no los "ven" a ellos. Basan su vida en la ocultación, en la negación. No ver las noticias y ver sólo series de humor o fantasía es no afrontar la realidad, es crear mecanismos de defensa ya dictados desde la propia razón.

    En otros lugares he hecho una defensa ciega al espíritu de los ñinos (sí, sé que está mal escrito, he llamado a tu corteza cingulada anterior detectora de errores para que entre en juego la atención) y su bondad innata, pero la defensa de la identidad surge en un proceso posterior a los pocos meses. En un experimento sobre la bondad de los niños se hace un pequeño teatro de marionetas donde dos, cada una con un color distinto, hacen el mal o el bien a un tercer muñeco, y en donde al final se les hace elegir uno de los muñecos, y por lo general "eligen" al que hizo el bien, rechazando así a la vez al "malo". Esto es una demostración de que venimos dotados de una moralidad innata. Pero en otro experimento se hacía que uno de los muñecos tuviese sus mismas preferencias y con los cuales se identificaban, que serían los que después fueran los que hicieran las acciones "malas" sobre un tercer muñeco indefenso y víctima. Se les volvió a dar a elegir y optaron por los muñecos con los que se sentían identificados, indistintamente de que hubieran hecho el mal. O sea, es antes la defensa de la propia identidad que los actos morales. O dicho de otra forma: tendemos a no ver como tan malas las acciones de aquellos que son de nuestra propia identidad o lo que es lo mismo: es antes lo identitario que la evaluación "correcta" de lo moral. Con tan sólo tener en cuenta este experimento ya se invalida al intuicionismo moral. La razón tiene que entrar en juego para "desmontar" esta tendencia errada de nuestra naturaleza. Como dicen en la serie documental "¿por qué odiamos?", tendemos a pensar que nuestras acciones contra el otro lado están motivadas por el amor a nuestra gente, mientras que sus acciones contra nosotros están motivadas por odio hacia nosotros".

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   Perdón por la interrupción en tu discurso. Un breve alto en el escrito, para explorar otros caminos. Lo he abandonado durante más de una semana porque unas cosas me llevaron a otras y de repente había perdido el rumbo. El mapa mental que he creado se basa en los artículos de la Wikipedia inglesa. En muchos casos me es complicado traducir sus términos, y en otros imposible. El propio traductor de Google a veces los traduce de una manera y otros días de otra, y dentro del propio escrito el mismo concepto, y dentro de cada contexto, lo traduce de distintas maneras. Un ejemplo claro es que "nuestro" concepto de recato para ellos es modesty, en donde su traducción literal, claro está, es modestia. Salta a la vista la diferencia en el lenguaje español, no creo que tenga que explicarlo en demasía. Modestia va sobre no aparentar por encima de los demás, mientras que recato va sobre el ir moderado/a a la hora de vestir, como para no mostrar en exceso los atributos sexuales. En unos casos y otros veía que el lenguaje científico estaba dominado por el idioma inglés, que además viene dado por su mentalidad y cultura. Volvamos a la frase de Neo, en la película Matrix, a la arenga de Smith sobre porque se levantaba una y otra vez en su lucha final. Neo dice "porque yo lo elijo (persistir)". ¿De dónde viene la elección del concepto persistir?, si tal guion lo escribiese un español seguramente elegiría otro término, lo mismo para un alemán o un japonés. Tal concepto viene dado por su cultura del trabajo, basado en la voluntad, en tanto que volición…, elección hecha y dirigida desde la razón, desde la palabra o discurso —en donde discurso es otro caso de un término inglés que trata de imponerse, aunque este sólo se refiera a un soliloquio—. A la vez la división de los cinco grandes rasgos de la personalidad (OCEAN) vienen dados por su cultura, en donde persistir forma parte de los rasgos "positivos" del buscador de novedades (apertura a la experiencia), la persona responsable, el extrovertido, el amable y la parte más positiva del neurótico (que en su suma es uno de los dos "prototipos" que yo estoy analizando). En otro ejemplo, dentro de esos cinco rasgos, se encuentra "conscientiousness", traducible por concienzudo o escrupulosidad, cuando en castellano sería equivalente a responsabilidad. En Estados unidos se refieren con el concepto y siglas "WASP", al protestante anglosajón blanco (considerado como la clase privilegiada), donde a WASP "la "W" y la "P" se agregaron en la década de 1950 para formar un epíteto humorístico que implica "pulcritud" ("waspishness") o alguien que probablemente haga comentarios agudos y ligeramente crueles", (fuente Wikipedia, tal como lo entiendo es lo que en España llamaríamos, en lenguaje llano, "tocapelotas"). Todo esto me llevó a pensar que la medida del mundo y sus valores vienen dados por los términos de predominancia inglesa y su cultura, que a la vez remiten a las lenguas y culturas germanas. Cambiando de ámbito, otra gran dominancia proviene del latín y este del griego, y por lo tanto a los conceptos de las filosofías de la Grecia clásica. En uno u otro caso se da un etnocentrismo, que es sobre todo de la cultura occidental, y con esto llegamos de nuevo al concepto de occidentalización.

    ¿Por qué validamos como "bueno" los valores que vienen impuestos por los occidentales?, y en la actualidad por los estadounidenses, y su lengua y cultura inglesa. A todo esto leí varios artículos provenientes del Magazine online "Aeon" sobre el sesgo RARO, que proviene del acrónimo inglés WEIRD (western, educated, industrialized, rich and democratic) Se suele decir que "no es mal sastre aquel que reconoce su paño", la propia cultura dominante ha estudiado el sesgo RARO en la medida que casi todos los estudios, para llegar a las conclusiones de lo que es el ser humano, se basan en las personas "RARAS", o sea,  "educados, industrializados, occidentales, ricos y democráticos", cuando ese humano tan sólo representa al 12% de la población mundial. Menos si se tiene en cuenta que si esos estudios se llevasen a cabo en la Europa latina los resultados serían posiblemente distintos, pues tienen una mentalidad muy diferente que las de origen protestante/germana, en donde entre ellos también se encuentran los de origen inglés. En los grandes cinco rasgos de la personalidad —en realidad diez, pues son los cinco más sus contrarios—, por ejemplo, se ignora el humor (que podría ser parte del extrovertido), cuando los latinos europeos lo pondrían como un rasgo importante. En oriente es posible que el rasgo más relevante fuese el de la amabilidad o agradabilidad, por ser el más cercano a la espiritualidad.

   Esta línea de pensamientos me llevaron a conceptos como los del imperialismo cultural, la americanización, la homogeneización cultural, la globalización cultural o monocultura, el neoimperialismo…, que son mil formas de hablar de la misma problemática o tema, que en principio, pienso yo, parten del imperialismo lingüístico, pues el primer paso en todos estos procesos suele ser aceptar un término que no es propio, que a la vez tiene una carga conceptual de la cultura dominante, que es la que termina por "conquistar" a las mentes individuales de los otros países o culturas. La teoría de la nivelación de los dialectos y de la estandarización de un idioma nos dicen que toda diferencia entre los modos de hablar tienden a disminuir con el tiempo, llegando a posiciones promediadas para la mayoría de los hablantes. Sin llegar a sostener la teoría de Sapir-Whorf (si acaso en un proceso de miles de años, dada la herencia dual), sobre que el lenguaje estructura la cognición y por ello al final el cerebro, sí creo que la mayoría de las personas al ser miméticas (o meméticas) —al seguir las tendencias y las modas— "aceptan" de buen grado todo lo que pueda implicar una palabra o concepto, y por ello acomodan su manera de comportarse —identidad narrativa— a tales estructuras a partir de las palabras. El "lenguaje" de YouTube es un claro ejemplo de lo que quiero decir: o entras dentro de tal lenguaje o no tienes seguidores y "me gusta".

    Dicho esto dejo que mi alter ego retome el escrito, pues las conclusiones y tramas que se derivan de estas lecturas son las que ya tenemos en mente.

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   Vuelvo al tema de la habénula. Se ha comprobado que en aquellas personas en las que dicha parte del cerebro inhibe en exceso, tienen un hipocampo más pequeño que la media. ¿Demuestra tal cuestión que se trate de un trastorno? Pienso que tanto la amígdala como el hipocampo hacen unas funciones similares, hacen de indexadores de las experiencias, si bien la amígdala lo hace sobre todo de las emociones negativas, y por ello, seguramente el hipocampo de las positivas. Me repito, ya sé, pero uno de mis postulados principales es que premio y castigo son una redundancia del sistema y que primero fue el del dolor y por ellos su evitación. Proceso que es llevado a cabo por la amígdala. En ese caso habría que saber si las personas con una habénula "cautelosa en exceso" —demasiado inhibidora—, tiene una amígdala más grande que la media. Si fuera así, existirían esos dos principales prototipos humanos con esos dos rasgos anatómicos muy distintos: hipocampo grande/amígdala pequeña y su inversa. Y de nuevo de ser así, es muy posible que lo que hace el hipocampo sea la función que es la llamada como el locus de control. Estoy tratando de recrear una hipótesis, una posibilidad, holística o global. Lo que hace el locus de control es mediar para hacer que todo tienda o cobre rasgos positivos, o sea para hacer que tal persona sea optimista. Eso ha de crear un gran nivel de estrategias por las cuales esa persona salga bien del paso, salga lo más indemne posible de toda situación que pueda ser problemática, negativa o complicada. Tales estrategias explicarían el tamaño del hipocampo. Por el contrario, el realista depresivo no se deja engañar por tales "argucias" del locus de control. Siguiendo la misma lógica, y para terminar de dar sentido a la hipótesis en construcción, el locus de control es la base de la identidad narrativa. Para este tipo de identidad lo importante no es lo fidedigna que sea con respecto a la verdad, sino que tal hipóstasis sea efectiva o "funcione" para vivir. O sea, de forma profunda es máscara, y no Ser, pero en tanto que tiene una finalidad y justificación de ser, Es, y tal necesidad ontológica la cualifica para ser válida. De vuelta a Neo, como prototipo de la identidad estadounidense, persiste en luchar porque lo elije —o así lo cree— y al creer (sentir) que esa premisa es válida ya la valida por sí misma, puesto que "funciona".

    Para un buen analista, para un depresivo realista, esa argumentación es falaz por dos cuestiones. 1. recurre a la paradoja o trilema de Münchhausen, por el cual una persona se pueda sacar de un pozo tirándose él mismo de su cabello y 2. no está claro que sea simplemente porque sea una disposición meramente instintiva y no tenga que ver el prefrontal o sistema ejecutivo en su capacidad para persistir. Si uno se trata de suicidar tirándose al río sabiendo nadar, es casi imposible persistir para que el cuerpo no trate de mantenerse a flote. Por eso la mayoría de los suicidios "exitosos" tienen que ser pensados para "anular" o "bloquear" esta capacidad instintiva. O bien no saber nadar, o adentrarse en el mar hasta cansarse, o ponerse un peso añadido al cuerpo para que se hunda. Del primer punto se deduce la actitud. Según dictan las creencias humanas —en realidad sesgos—: "querer es poder", pero ¿es realmente así? Está claro que no al cien por cien, y de ser según una probabilidad, ¿con cuánta probabilidad puede repercutir la actitud en las acciones diarias? Nadie lleva más las cuentas que la propia evolución. Al parecer la postura optimista es la que "gana", tanto como para que la evolución haya creado el locus de control y la identidad narrativa. En definitiva, que tales rasgos no los "elige" uno, sino que es lo que "viene de serie" en todo humano que nazca con buenas condiciones y tenga una infancia feliz, lo que de nuevo nos remite al punto dos: que es una condición "natural" y no se elige. Así lo hace ver la teoría de los cinco caracteres (OCEAN) analizados arriba, al decir que la predisposición con la que se nace suele perdurar para toda la vida. Querer salir de ese círculo vicioso argumentativo es imposible, una y otra vez la naturaleza estará como sustrato a toda elección. Este es el argumento de Richard Dawkins para explicar el "arranque" de la propia vida (materia no-animada/animada), pues la actitud parte del mismo dilema (no-acción/acción):  "las diferentes células reciben diferentes combinaciones de productos químicos, que activan diferentes combinaciones de genes, y algunos genes funcionan para activar o desactivar otros genes."

   Para simplificar, que puede que mis argumentos parezcan un nudo gordiano. El locus de control es una falacia a nivel evolutivo y como mecanismo de supervivencia, al modo que como decía Quevedo "es un ciego llevando a cuestas a un tullido", y en tanto que es un argumento circular y de regresión al infinito. El locus de control funciona porque funciona, ¿y porqué funciona…?, ¡porque funciona! Como tengo una actitud positiva funciona porque es positiva... ¿porque no genera dolor o angustia?, tal cuestión no tiene que ver con la "verdad". Pero para terminar de diagnosticar tal proceso analicémoslo más en profundidad, aunque podría bastar con decir que el pesimismo también "funciona" a nivel evolutivo, puesto que "persiste" (rechifla). Lacan trató de superar las contradicciones freudianas bajo un nuevo lenguaje. Su triada —frente al ello, el yo y el superyó—, era lo simbólico, lo imaginario y lo real. Argumentaba que en lo real no hay un opuesto a la existencia, puesto que en esta toda materia solo cambia de estados o es permanente cambio. Para lo imaginario, y puesto que toda la realidad puede reducirse a contrarios, la muerte es otro estadio —el contrario a la vida— que existe como tal. O sea, que hay una existencia de lo "no vivo" o nada, y eso o bien puede ser un alma, o bien un lugar como el cielo o el infierno. Es fácil identificar lo imaginario con el locus de control y por ello con la identidad narrativa. Quien cree en algo transcendental, en una vida después de la muerte, en algún más allá, vive más tiempo que el ateo  —por norma general—. Los Estados Unidos es la nación occidental más devota (reduciendo para este caso a occidente a los países europeos y donde son mayoritarios sus emigrantes: Australia, Canadá…). En su series y cine siempre rezuma el nombre de Dios y la apuesta hacia la fe y en que todo ha de tener una explicación bajo algún plan divino. Es muy posible que los países latino-europeos —junto a la península escandinava—, sean donde crece el ateísmo o el agnosticismo más que la media. Puede que mis argumentos sean reduccionistas en demasía, pero parecen "funcionar" analizándolos desde distintos puntos de vista, luego da indicios a que sea "medible" y por ello cuantificado por métodos científicos.

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    Vuelvo a interrumpirte, aunque creo que ya llegaste a ciertas conclusiones. De nuevo he tenido un tiempo largo de receso en el escrito, en parte porque el cerebro que soy se ha ido por otros derroteros. Quiero traerlos aquí por ser de interés y porque en alguna medida explican muchos tramas, como lo es el dar una explicación a la senectud, tema tratado en el escrito anterior. Durante años me he centrado en las neuronas y he hecho mención de forma esporádica a las células gliales, que forman parte del cerebro, pero de repente me vino a la mente una posibilidad interesante de ser tomada en cuenta. 
Nunca me han terminado de gustar las distintas teoría sobre la memoria, por no encajar a cómo las "vivo" yo, a mi propio análisis fenomenológico. Se me ocurrió que las células gliales mantuviesen la conexión entre varias neuronas hasta que por la noche estas creasen una conexión "fija". En ese lapsus las células gliales dejan de hacer ese proceso que hacen durante el día y llevan a cabo su trabajo nocturno de hacer limpieza de los residuos cerebrales (sistema glifático). Para entenderlo mejor recurro a una imagen gráfica. En las placas base del ordenador hay unas terminaciones del circuito que sobresalen como unos pequeños alambres de metal, a modo de machos. Tales circuitos están abiertos y se puentean con los llamados jumpers, que cierran el circuito. En las actuales placas ya casi no existe tal estrategia de diseño, si acaso para volver la BIOS a su estado de fábrica. En las antiguas placas servían para "decir" a la placa a qué velocidad de reloj tenían que funcionar y el multiplicador a usar, dado la CPU insertada en su zócalo. Tal medida era llevada a cabo porque las tecnologías se mantenían durante más tiempo que ahora y una misma placa perduraba y se aumentaba su rendimiento con un nuevo microprocesador, gráfica o más memoria. Pues bien, las células gliales hacen esa función de puentear dos neuronas o más neuronas durante el día, como un estado previo. Por mi experiencia, al dormir poco, se mantienen esos estados conectados de las células gliales y los "arrastras" durante días en ciertas "obsesiones" o ideas fijas, que las "pierdo" si un día duermo mucho. He estado leyendo en el tema y aunque no he confirmado la finalidad que digo yo, parece ser que así es: que el sistema glial es más vital de lo que se pudiera pensar. Tiene su propio sistema de neurotransmisores, por los que mantener las neuronas conectadas, pero además repercuten en el sistema sanguíneo como para hacer que cierta zona tenga más nutrientes y por ello oxígeno, o en su caso contrario que se lo "niegue". Además una sola glía conecta con cientos de neuronas a la vez, con lo que con tan sólo una de ellas se hace esa función de puente intermedio, que se mantienen durante el día, y que se "borra" o se mantiene durante la noche, a nivel de sólo las neuronas. Por otro lado las células gliales son las más antiguas y es muy posible que fueran las que primero "funcionasen" como estados de memoria, pues la neurogénesis primero se inicia creando una célula glial radial, que más tarde se diferencia hacia otros tipos de células gliales o neuronas. La senectud se "inicia" con una cada vez menor producción de nuevas células gliales, aquellas que mantienen el cebado, la memoria de trabajo, y memoria a corto y medio plazo. Estás sí mueren y no son reemplazadas, frente a las neuronas, y por ello se tiene una buena memoria del pasado, pero no de los procesos actuales o diarios.

    Uniendo ideas, con aquellas en las que digo que todo humano tiende a la ritualización, a crear hábitos, es muy posible que este tipo de células sean más necesarias para aprender y por lo tanto para la niñez y la adolescencia. La siguiente conclusión es personal y no la he podido verificar. Si el humano tendió a hacia la neotenia, a mantener los rasgos infantiles, y por ello mantuvo más tiempo en edad la frente abultada (redondeada) eso llevó a que su sistema glial se adaptase a mantenerse durante más tiempo. A que se renovase durante una edad más larga su sistema glial, de tal manera que mantuviese durante más años la neuroplasticidad. Se han hecho experimentos para que ciertos ratones tuviesen un sistema glial como el humano y eran más proclives a querer aprender y más inteligentes que la media (ir al estudio). Esto une el presente tema con el de la neofilia o el deseo o búsqueda de la novedad analizados arriba. La evolución no lleva a un mismo destino por un sólo camino, sino por varios que se han cruzado de forma azarosa. Todo humano tiene esa predisposición (se aburre fácilmente, en una de sus manifestaciones negativas), si bien en algunos está en desmedida por ese posible cambio en el gen DRD4 que repercute en el comportamiento de la dopamina.

    En los dos casos, en el del "optimista" y el "pesimista", la neuroplasticidad persiste, si bien repercute en dos centros cerebrales distintos. Por otro lado, no todo aquel "habitado por la niebla" cae en la mediocridad. Siempre se afirmó que se encontraban más sabios entre los que en la antigüedad se les denominaba como melancólicos y que hoy estarían "etiquetados" como neuróticos o depresivos. A lo que quiero llegar —y en sus dos extremos— es que tanto para buscar el placer, como para evitar los riesgos, hay que hacer uso de muchos mecanismos cerebrales que van a cablear sobremanera el sistema, y que la inteligencia "consiste" precisamente en la alta complejidad de la materia gris, de las altas conexiones entre neuronas. Paradójicamente tanto para ser optimista (alegre), como para ser pesimista (neurótico, depresivo…, se me ocurre Woody Allen a modo de ejemplo) se ha de tener un sistema glial muy sano, como para cablear durante el día posiciones intermedias que se consolidarán por la noche. Entre medias de esas dos postura se encuentra el hombre medio, el olvidadizo, el que "rutiniza" su vida y se siente "bien" por dicha disposición, aquel que nos recuerda Nietzsche en su lapidaria frase de "benditos sean los olvidadizos, pues superan incluso sus propios errores".

    Me toca a mí soltar una parrafada científica, para dar un nuevo giro a la presente narración y estar más cerca de su final. En mis escritos —y en una de mis aparentes contradicciones— he defendido el individualismo. Aposté por sustentarlo por la tendencia de la vida hacia lo autopoiético. El problema es que no tiene sentido a nivel evolutivo, puesto que en el sistema sexual en el que se encuentra el humano se necesita "conectar" con otra persona para tener descendencia, y dado que para que esta tenga ventaja se necesita del esfuerzo aunado de los dos padres. De casualidad encontré una propuesta científica que valida lo dicho por mí. Tiene el exótico nombre de "hipótesis de pleiotropía antagonista" (pleiotropía: cuando un gen influye en dos o más rasgos fenotípicos aparentemente no relacionados). "La pleiotropía antagónica es cuando un gen controla más de un rasgo, donde al menos uno de estos rasgos es beneficioso para la aptitud del organismo y al menos uno es perjudicial para la aptitud del organismo", (fuente Wikipedia). Un claro caso de ejemplo es que ciertos tipos de enanismo, al tener dañado el sistema de las hormonas del crecimiento, esto hace que las células cancerosas no se puedan dar. La paradoja (Lek) es que si estamos en una selección sexual, a la larga acabaría con la diversidad, puesto que los machos más competitivos serían los seleccionados y serían sus rasgos los que se heredarían. La conclusión más llana, y que es la que viene al caso, es que si se es padre se tiene un gasto energético extra, que al final repercute en una peor aptitud para vivir, mientras que si no se es padre tal "ahorro" repercute en la aptitud individual (más locuaz, inteligente, personalidad más rica, buscador de novedades…). O de otra forma: si hay un gen que "determine" la tendencia a la soledad o el individualismo —o en su contrario que no busque la sociabilidad—, puede ser "negativo" en la medida que lo social es muy estimulante y es donde se encuentran pares que nos ayudarán en momentos difíciles, pero lo social crea un desgaste mental —ansiedad, estrés, frustraciones…— que a la larga repercute en la aptitud, lo que por ese lado ese posible gen hacia la soledad favorecerá al individuo.


    Bajo mi punto de vista no existe tal paradoja en la pleiotropía antagonista. Muchas hembras (y entre ellas la humana) selecciona a un tipo de macho que se "desgasta" en la paternidad, mientras que le es "infiel" con aquel otro que al estar solo tiene una mejor aptitud física ("mejores" espermatozoides). Por otro lado la selección sexual tiene programado tender a la variabilidad, a no "cerrar puertas" a las distintas "manifestaciones" de las buenas aptitudes —bajo el límite de "rechazar" lo más liminal y extraño, como nos dice la hipótesis de la koinofilia—. Tiene una doble dirección, ya que la mujer que no apuesta por la maternidad (que es la tendencia hacia la que vamos) atraerá más hombres hacia sí, por tener una mejor aptitud —ahí está el caso de Lou Andreas-Salomé, que en su fuerte individualismo atrajo hacia sí a hombres como Nietzsche, Paul Ree, Freud o Rilke—. Esto aparentemente "resuelve" el dilema de porqué la hembra sigue siendo "necesaria" para seleccionar su pareja, pues es otro de los problemas evolutivos que encaminaría la selección hacia un solo camino de los machos más aptos, y en donde llegado a cierto estadio ya no debería hacer falta la selección de la hembra. Ellas "modulan" la selección dependiendo de los cambios ambientales y ecológicos, entre los que en el humano se incluye lo social (hay que recordar nuestra tendencia  a la herencia dual —natural y cultural—, vuelvo a esto más abajo). El individualista, así, se mantiene pues aunque no parezca aportar nada a la sociedad, es posible que tenga una mejor aptitud física hasta una edad más avanzada ("viejo" artista, intelectual, emprendedor, "sabio"), y puesto que puede que sí sea seleccionada para tener sexo esporádico, sin que por ello se tenga porqué hacer cargo de la descendencia. Esta es una tendencia actual, cada vez se mantienen menos los matrimonios —cada uno de los cónyuges tiende a seleccionar a parejas solteras con una mejor aptitud— y se tiende más a las apuestas individualistas y poco o nada comprometidas hacia la descendencia. Viene un salto triple mortal conceptual. ¿Acaso no puede estar programado por la evolución en situaciones en las que se está llegando a un límite de los recursos y hay que bajar la tendencia reproductiva? El feminismo puede que sólo "prospere" —no me refiero al de los derechos— porque es un consecuente dada la alta población mundial, en donde la tendencia individualista de la mujer es de desear. Ya he analizado en otros lugares que la evolución tiene "planificado" dichas eventualidades "modificando" comportamientos a nivel génico y hormonal. Después de una catástrofe se suele "disparar" la fertilidad, pues de alguna forma el "sistema" detecta que la especie puede estar en peligro. Igualmente ante el exceso de población (efecto Allee) o la escasez de alimentos se baja la tasa de natalidad, y se da una mayor dificultad para quedarse embarazada, tendencia a los abortos espontáneos y las muertes prematuras de los recién nacidos —en la actualidad hay problemas para la natalidad, pero los padres pueden recurrir a distintos métodos "artificiales" para poder procrear, lo cual puede ir contra lo que "dicta" la evolución—.

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    Es mi turno, aunque lo que sigue lo podría decir cualquiera de los dos. Una vida humana sigue la misma estructura que lo social o un árbol. Su transcurrir es ese ramaje confuso que parece no obedecer a ninguna regla o patrón, pero eso sólo ocurre si uno se fija en los detalles, en las pequeñas acciones, en el caos del día a día, mes a mes, año a año. Si por otro lado se analiza una vida al completo salen las grandes ramas secundarias, las primarias y el "tronco", que definirán qué tipo de árbol que se es o era. Hay que suponer que el ADN tiene algún tipo de organización similar a la hora de "crear" una individualidad. La teoría de los cinco grandes rasgos da cinco tipologías o troncos básicos, en donde una de ellas es el rasgo principal y las otras sus ramas primarias. Hay que fijarse que siempre ha existido una división a cuatro temperamentos a lo largo de la historia humana, donde la más antigua era representada por los cuatro elementos: agua (emoción), aire (intelectualidad), tierra (práctico), y fuego (pasión), las que después se derivaron hacia los cuatro humores. Se desecharon por anticientíficas, pero al final los cinco grandes —por análisis factoriales— llegaron de nuevo a cinco. El quinto, aquí y en discordia, es el neuroticismo, que puede ser uno que está emergiendo como nuevo en las sociedades actuales (no creo que haya neuróticos entre los cazadores-recolectores). Estos grandes trazos son los que proporcionan un carácter. La personalidad es lo que uno hace con su carácter, dentro de una sociedad o situación dada. Según la teoría de los cinco grandes, la ausencia de los rasgos positivos dan como resultado los trastornos de la personalidad, según una lectura, y cualquier tipo de trastorno mental según otra. Esto nos dice la Wikipedia: "Cloninger lo ha descrito como «fuerza de voluntad», que se define como «un concepto abstracto metafórica para describir el grado en que una persona se identifica con el yo imaginal (Lacan) como un sistema integrado, toda persona con propósito, en lugar de un conjunto desorganizado de los impulsos reactivos». La investigación de Cloninger ha encontrado que la baja autodirección es una característica común importante de trastornos de la personalidad en general. La autodirección está conceptualmente relacionado con el locus de control. Esto es, la baja autodirección está asociada con locus de control externo, mientras que alta autodirección está asociada con locus de control interno. En el modelo de cinco factores de la personalidad, la autodirección tiene una fuerte asociación inversa con la neurosis y una fuerte asociación positiva con la escrupulosidad (responsabilidad). Cloninger sugirió que los tres temperamentos originales de TPQ, búsqueda de novedades, evitación de daños y dependencia de las recompensas, se correlacionaron con baja actividad dopaminérgica basal, alta actividad serotoninérgica y baja actividad noradrenérgica basal, respectivamente." Cabe preguntarse dos cosas: 1. si este esquema no será porque cada vez cuestionamos más lo dado como "natural" y en esa lucha interna —negación de uno mismo, superarse… y "encajar" en lo social— es cuando se crean los distintos trastornos. "¿Por qué todo los salvaje nos da vergüenza?", dicen en la película "Blaze". 2. ¿Tales sucesión de hechos no será porque lo que se ha establecido en lo social, y por ello ha vencido, sea el poner el esfuerzo y el trabajo como la base de lo humano?. En ese caso no serían una condición evolutiva, sino social, como propone el construccionismo social. Otro factor a tener en cuenta es la hipótesis que estoy tratando de perfilar de fondo en este escrito, sobre dos grandes contrarios, en donde los dos son partes de un sistema dinámico dual, en donde uno de los polos hace de retroalimentación positiva y el otro de negativa. En cuanto el sistema se desequilibra entra en juego su contrario para balancear la homeostasis a su posición media. Algunos teóricos, entre ellos —y como se ha visto arriba— Cloninger, sobre los cinco grandes los asocian a los principales neurotransmisores y sus funciones: adrenalina (fuego, pasión), serotonina, dopamina, cortisol (¿tierra?, ir a lo seguro, evitación de daños) y yo añadiría la oxitocina (emoción, empatía). No trato de decir que sea así, tan sólo muestro con lo que me he encontrado en mis lecturas y las extrapolo hacia las viejas ideas. Es de suponer que el elemento aire (intelectualidad, creatividad, inventiva, emprendedor) lo dé alguna suma de factores de la dopamina y la serotonina, los dos en discordia que crean las personas resolutas, inventivas y seguras; o en su lado contrario —y en ausencia de que "funcionen" bien dichos neurotransmisores—, las personas obsesivas, neuróticas, dependientes o las depresivas. ¡Claro!, no hay sólo cuatro tipo de personas, se supone que entran en juego factores secundarios, cómo actúa el principal neurotransmisor con el resto, y al final se llega a posiciones de nueve, doce, dieciséis, según otros tipos de clasificaciones. Sé que no somos tan reductibles, cada humano es único, pero esa unicidad lo dan factores como el ambiente donde se vive (subpersonalidad), las personas que nos rodean, y la situación que nos haya tocado vivir en la época en la que hayamos nacido. En definitiva… ramaje.

    Vuelvo a tomar un aparente desvío. Hay distintas teorías semióticas (estudio de los signos), la más asentada —y que es la que se enseña en la actualidad— es la de Saussure, que crea la división entre signo, significado y significante. Pero de fondo va emergiendo la semiótica de Charles S. Peirce por estar a la vez enraizada dentro de una visión más holística o sistémica que explique la realidad. No es totalmente de mi agrado, pues toda teoría semiótica ha de basarse en primer lugar en una teoría de la información, que a la vez nos va a remitir a qué es información a nivel de la materia inerte y de la vida, pero su sistema conceptual tiene ciertos aspectos a tener en cuenta. Peirce distinguía entre índice, icono y símbolo. De forma extraña ciertas ideas que perfilé en "señalar y suponer: la desintegración de la comunicación", encajan en cierta forma con la ahora clásica percepción de Peirce —sin que yo hubiera profundizado en tal división—, si bien nuestras respectivas conclusiones parecen ser contrarias (a modo de anécdota y de mis problemas con la memoria…, cuando leí algo sobre Peirce me sonaba familiar con respecto a algo que yo había escrito, pero no recordaba el qué, dónde estaba y qué decía en dicho escrito: lo tuve que buscar; al leerlo casi no me reconozco en el escrito, lo tuve que leer para tenerme a "mí mismo" —o a ese otro que fuiste al hilvanar esa cadena de signos— como base del presente). Cuando hablé en tal escrito sobre la cuestión de señalar con el dedo un objeto peligroso, encajaba con el concepto de índice (dedo índice: el que indica), pero si bien se "ajusta" en que sea un índice, aquello que indica (signo, a lo que se señala) puede ser a la vez o bien un símbolo (una convención humana) o un icono o un índice. Por otro lado tal sistema no puede ser rígido, ya que evolucionan y pierden su sentido y su "naturaleza". La risa es (era) un índice, ya que manifestaba una reacción natural en bruto de una emoción o sensación corporal; sin embargo una sonrisa "nace" en primer lugar —evolutivamente hablando— como una risa suavizada, pero al final puede tener una doble naturaleza: 1. la sonrisa natural al volver a ver a alguien querido, 2. la sonrisa "exigida" a las personas que atienden al público. El primer tipo es un índice, el segundo un símbolo (establecido socialmente). Y cuándo es uno u otro si a un cliente se le puede coger aprecio como para que nos "nazca" una sonrisa al volver a verlo. Por eso el trasfondo con los signos es un problema con la información, independientemente de las "estructuraciones" que se puedan hacer de los signos usados para dicha información. La clasificación de Peirce, aunque estructurada, no resuelve si tal transferencia de datos entre dos o más comunicantes es algo a tener en cuenta por válido (verdad) o es una falsa información.

~ Gráfica de Darin McNabb en la Fonda Filosófica ~


   Peirce construye una trama de la realidad para que encaje con un plan previo, que es la vieja idea occidental de que la razón es el bien supremo del hombre, y que esta ha de ser un "regalo" (don) de Dios (los sacrificios humanos eran devolver un regalo de Dios, ser agradecidos con Él). De nuevo la dicotomía entre emoción y razón, de sistema y proyecto, que es el hilo conductor del escrito. La emoción puede dar tanto el amor como la ira, la que media o direcciona las emociones hacia un proyecto es la razón, mediado por el auto-control (tratando de dar amor o empatía y encajonando o negando la ira). Como nos dice Cloninger:  "la fuerza de voluntad se define como un concepto abstracto y metafórico para describir el grado en que una persona se identifica con el yo imaginal, como un sistema integrado, la totalidad de una persona con propósitos, en lugar de un conjunto desorganizado de los impulsos reactivos". En mi escrito decía justamente lo contrario, que las emociones eran claras y se "crearon" como sistema de señales honestas (dentro de la teoría de la señalización), que es la base de la información, mientras que la disparidad y complejidad hacia la que ha ido el humano nos ha llevado a un sistema complejo de símbolos, mediados por la palabra, que nos dan una y otra vez información falsa, por medio de engaños, mentiras y ocultamiento de las verdaderas finalidades. ¿Por qué nos gusta a todos los bebés sino por sus señales honestas?, un bebé nunca fingirá una sonrisa. Se puede pensar que un síntoma externo en la piel es y siempre será un índice, pero como en el humano se dan las enfermedades psicosomáticas, la hipocondría y la somatización, esos "índices" vuelven a tener una doble naturaleza de verdadero o falso. En algunos casos los síntomas "evolucionan" para dejar de ser un índice, puesto que lo único que hacen es crear un lenguaje (signo) que quiere decir: "¡eh!, necesito vuestra atención", en cuyo caso es un proceso al que se ha llegado por medio de las sociedades modernas humanas, y por lo tanto es un extraño modo de comunicación en tanto que símbolo. Se me puede argumentar que nunca deja de ser un índice, pues sigue revelando un proceso físico, aunque más complejo, pero por esa misma coyuntura ha pasado la propia palabra, pues una de las hipótesis del origen del lenguaje, nos dice que provienen de antiguas onomatopeyas, que en su momento operaban como índice. No es algo del pasado del cerebro y cuyo mecanismo haya dejado de operar, fijarse por ejemplo que en España para referirse a un vaporizador se usa la onomatopeya de "flusflús", o sin ir más lejos, y universal por los comic, el "¡bang!" del hipotético sonido de un disparo. ¿Es distinto sonreír que decir "te quiero"?, la sonrisa que nace al ver a alguien al que se aprecia implica un "te quiero". En ese caso "te quiero" es una forma compleja de índice, indistintamente que sus signos sean de este idioma y tipografía o en otro idioma e ideogramas: en todos los idiomas existe, luego nació y evolucionó como un índice. Bajo mi punto de vista, una reacción psicosomática es símbolo puesto que cada enfermo usa uno o varios síntomas distintos, al igual que amor se puede decir con love, amour, liebe o cualquier otro idioma y tales signos usados son símbolos. En todo caso nos encontramos que los signos son casi siempre multi-signos, pues no terminan de encajar dentro de los esquemas —o simplificaciones— creados por los humanos, y que el problema con los signos es su función en tanto que información y en la medida que esta pueda transmitir algo verdadero o algo falso, y en donde en el segundo lugar deja de ser información en tanto que esta ha de implicar comunicación entre dos entes, en donde para los dos tal uso del signo sólo quiere decir una sola cosa y esta ha de estar libre de ambigüedades (Ser no implica comunicación a nivel interno, en tanto que esta sólo puede ser tautológica por ser meramente información).

   A todos estos planteamientos llegué al leer un escrito en el magazine online Aeon sobre Peirce y un experimento con las abejas, pero mi mente lo llevó más lejos que el autor, pues mi base es distinta y opuesta a la de Peirce, al que el autor de dicho escrito tiene como referente. Este es el resumen del experimento:

    "Aquí mostramos que las abejas melíferas son capaces de aprender a hacer coincidir un signo con una numerosidad, o una numerosidad a un signo, y posteriormente transferir este conocimiento a nuevos estímulos de numerosidad cambiados en las propiedades de color, la forma y la configuración. Mientras que las abejas melíferas aprendieron las asociaciones entre dos cantidades (dos y tres) y dos signos (forma N y forma T invertida), fracasaron en revertir su tarea específica de coincidencia de signo a numerosidad, con la coincidencia de numerosidad a signo y viceversa (es decir, una abeja melífera que aprendió a hacer coincidir un signo con una serie de elementos no fue capaz de invertir este aprendizaje para hacer coincidir la numerosidad de los elementos con un signo). Así, si bien las abejas podían conocer la asociación entre un símbolo y la numerosidad, que estaba vinculada a la tarea específica, las abejas no podían extrapolar espontáneamente la asociación a una tarea novedosa e inversa. Por lo tanto, nuestro estudio revela que el requisito básico para la representación simbólica numérica puede ser cumplido por el cerebro de los insectos, lo que sugiere que la ausencia de su aparición espontánea en animales no se debe a su limitación cognitiva."

    Lo que nos dice Daniel Everett, el autor del artículo en Aeon, es que lo que han probado los científicos no es la simbolización en las abejas, puesto que lo que las abejas aprenden es un índice, al igual que en la naturaleza —para ellas—una flor es un índice para el polen. Esto se ve más claro en el caso del perro de Pávlov, la campana y la comida. El perro saliva al escuchar la campana, pues previamente se tocaba la campana cada vez que se le daba comida. La campana actúa a modo de un dedo indicador, donde los dos "objetos" sensoriales, sonido de campana y comida, se han vuelto unidad, y en ese caso el sonido de la campana es de tipo índice.

    Lo que más me llamó la atención no fue el escrito de Daniel Everett, sino el experimento de las abejas, unido posteriormente a la estructuración semiótica de Peirce, unido a la vez a lo que había aprendido de las células gliales, y a la vez a otros conocimientos en los que he ido centrando mis escritos. Aquí trato de mostrar cómo de forma azarosa se crea una nueva idea, en donde si falta uno de los componentes no se crea la misma "reacción química", hacia un nuevo compuesto químico complejo (más fácil: la paella sin azafrán no es lo mismo; para el pobre: el colorante amarillo). En varios escritos he llamado la atención sobre que el cerebro es sobre todo predictivo. Esta regla no se cumple si da con algo nuevo, en cuyo caso esa impronta crea un nuevo trozo del mapa cognitivo, por lo cual las siguientes veces tendrá esa novedad y primera vez como mapa predictivo al que "mirar" en su mapa interno. Con lo que se encuentran los científicos, con el experimento de las abejas, es con ese proceso. La abeja se encuentra con una novedad y crea una regla (mapa, cognición) en su cerebro, pero falla si se invierten las reglas, por no ser capaz de extrapolar dicho mapa a una situación similar (familiar). O sea, hacen lo que he dicho en otros lugares, casi todo animal trata de crear reglas que se vuelvan en cierta forma como lo que son los instintos: acción/reacción y no la "olvidan". Lo complicado para los animales es desaprender u olvidar, ya que si las abejas no tuvieran la experiencia previa hubieran aprendido cómo funcionaba la operación inversa. En este caso lo aprendido "interfiere" (ruido cognitivo) en el caso inverso, en el que trata de usar el mismo mapa cognitivo interno, pero que al comprobar que no "funciona" no sabe resolver el "dilema". En el humano no se da tal límite. Un niño, como nos dicen en el experimento de las abejas, puede aprender que un interruptor enciende la luz al ponerlo hacia arriba, pero si este dispositivo se invierte, aprende que se enciende hacia abajo. Puede aprender que honey quiere decir miel en inglés, pero que según en qué contesto puede ser una expresión de cariño hacia otra persona (dulzura). A la hipótesis que me llevó todo esto es que el humano al perder la unicidad comunicativa de los signos, al llegar al multi-signo, tal como lo he expuesto arriba, al tener que interpretar lo que el otro quería comunicar, se vio en la necesidad evolutiva de que sus células gliales "hablasen" o se conmutasen a varios estados posibles, no descartando ninguno de ellos hasta haber agotado la comunicación. Esto es, si de repente digo: "cerdo…" y hago una pausa estando viendo una película con otra persona, esta dejará tal signo de manera indeterminada o puede que piense que he olido ese pedo que se le ha escapado hace un rato y que creía que no olía, pero al seguir la frase con "…es lo que quiero cenar esta noche". Las células gliales se han conmutado a ese otro y nuevo estado de la información. Tal idea me la terminó de confirmar al saber que las células gliales son las que posiblemente se conmuten entre varios grupos de neuronas, cuando nos presentan una imagen de primer plano y fondo y vamos de una a otra sin poder ver las dos a la vez (la copa y los dos perfiles).


    Dando una vuelta de rosca al tema, el humano también pasa por el proceso de que le sea complicado desaprender algo. Sobre todo de la memoria implícita, que es básicamente motora/sensorial y por ello crea esquemas o patrones de comportamientos sobre todo motores (es lo que "hicieron" las abejas del experimento). Si alguien aprende por sí mismo mecanografía o piano puede adquirir manías, que después es muy complicado que un curso o profesor le corrija. En otro ejemplo aprender un nombre es motor, ya que es una secuencia de procesos de la colocación de los músculos bocales. En mi caso estaba usando la palabra incorrecta sipnasis por la de sinapsis. Algunos de mis escritos tienen errores tontos de este tipo. De alguna forma cuando lo leo no me quedo en los detalles del orden de las letras y para mi cerebro una palabra y otra son la misma. Vemos así que como se aprenda algo es como se queda prefijado, y que todo aprendizaje tiene esta debilidad, pues como de alguna forma uno lo "aprenda mal", cargará por siempre con esa tara, hasta que alguien le haga ver el error. Lo que he analizado arriba es el papel que hace el mecanismo de potenciación de la memoria, de las conexiones entre las neuronas. Cuanto más se repita una acción más se fortalece una conexión. La evolución de alguna forma se "dio cuenta" que esto a la vez puede ser un "fallo", pues llegado a cierto estado tal conexión no se romperá nunca. Para paliar tal "defecto" creó la "depresión a largo plazo" —depresión en tanto que debilitamiento de una conexión—, esto nos dice la Wikipedia: "como proceso opuesto a la potenciación a largo plazo (LTP), la depresión a largo plazo (LTD) es uno de varios procesos que sirve para debilitar selectivamente las sinapsis específicas con el fin de hacer un uso constructivo del fortalecimiento sináptico causado por LTP. Esto es necesario porque, si se permite que continúe aumentando en fuerza, las sinapsis finalmente alcanzarían un nivel máximo de eficiencia, lo que inhibiría la codificación de nueva información." Tal sistema está sobre todo implementado en el cerebelo, que tiene que ver con el aprendizaje de patrones motores, y en el hipocampo, no así en la amígdala, por ello son más persistentes los traumas que los momentos felices: conviene no olvidar aquello que puso en peligro la propia vida o la propia identidad. Para entender un porqué de estos "virajes" y complejidades de la evolución sólo hay que analizar a una presa y su depredador, pues uno de los motores de la evolución es el juego del "ratón y el gato", y su carrera armamentista de usar distintas estrategias para "ganar" al contrario. Si una gacela ante cierta situación siempre virara bruscamente hacia la izquierda, su depredador lo aprendería (predeciría) y ante tal situación su mapa mental le diría que saltase a la izquierda y atraparía a su presa. En ese caso, para un cerebro "adaptado", es más conveniente no tener tan prefijados ciertos patrones de movimientos, y dejar que entre en juego algo de aleatoriedad. ¿Se intuye bajo este ejemplo qué es la "libertad"?: es un cerebro programado para no crear patrones fijos —de eso se encarga el sistema de depresión a largo plazo— y dejar que entre en juego algo la aleatoriedad. El humano es el ser vivo más "aleatorio" del planeta; un joven más que un anciano, puesto que el cerebro es necesario que sea más neuroplástico en dicha edad. Aleatoriedad a la vez puede ser tomada como espontaneidad. De nuevo sale sistema y proyecto: una persona muy racional, al tratar de controlarse, anula de su "sistema" a la vez la espontaneidad, se vuelve "rígido" , predecible para los demás —a modo de anécdota, Kant era tan racional y predecible, se cree que tenía asperger, que las personas se fiaban más de la hora que era, en su programado paseo al atardecer, que del reloj del ayuntamiento—. El actual dilema del consentimiento sexual es que se resta espontaneidad a unos actos que de por sí requieren constantemente de la novedad y por ello de la espontaneidad. Racionalizarlo le quita parte de su "magia".

    Una creencia religiosa —bajo estos puntos de vista— es algo aprendido en la niñez que se "engancha" con ciertos mecanismos evolutivos —al igual que opera el aprender el idioma de los padres— y que casi ninguna persona está dispuesto a revisar y mucho menos "olvidar". Entre medias de una creencia religiosa, y una mera opinión revisable que no nos importe cambiar, se encuentran las creencias perseverantes, aquellas que contra más evidencias nos pongan delante para anularla, más el cerebro se obstina en mantener. Toda energía que opere contra ella no la debilita, sino que la fortalece. Todo esto de nuevo nos lleva a las conclusiones del párrafo anterior, a que el sistema más plástico y "endeble" es el de la memoria declarativa, entre la que se encuentra la memoria semántica. El multi-signo —o los signos hipostáticos— que son las palabras, las ideas y los conceptos, al no tener una identidad "fija" y única, son más proclives a no quedarse bien prefijados en el cerebro (odio del idioma castellano el tratar de seguir el rastro femenino o masculino del sujeto de la frase: es un gasto cerebral inútil, sobre todo cuando el género sobra al referirse a conceptos abstractos y asexuados). En esta doble naturaleza de la memoria humana encajan dos refranes que pareciera que se contradigan: "el humano es un animal de costumbres" y "el humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra". La primera se refiere al proceso por el cual el cerebro crea mapas del mundo y a la memoría implícita (es adrede lo de la tilde mal puesta, pues de esa forma es multi-signo, a este tipo de cuestiones llegaba Derrida y su "différance"; el juego de conceptos es que si uno es memoria y esta es tan voluble, sus "fallos" te hacen estar muriendo una y otra vez), a los que se "acomoda" para ahorrar energía y ser lo más óptimo posible; y el segundo refrán se refiere a la memoria declarativa, aquella que es más plástica y sobre todo porque se suele referir a signos cuyas entidades son muy dudosas o ambiguas, lo que me lleva de nuevo a que el cerebro es una máquina de etiquetar la realidad, y ontológicamente "odia" la falta de identidad o la ambigüedad. Los sesgos y los estereotipos, así, son una "necesidad" del cerebro, pues casi es la única forma que algo quede bien prefijado en la memoria. Ir contra esta manera de proceder quiere decir estar haciendo llamadas al sistema ejecutivo, a la conciencia, al prefrontal: la parte del cerebro de mayor gasto energético. Remarco esta idea, pues de nuevo nos lleva al tema central de la pasividad a la que tiende el cerebro, frente a estar constantemente en alerta. El feminismo, el movimiento LGTB y las etnias o grupos minoritarios, se han vuelto "incómodos" no porque digan "verdades" —que también—, sino porque nos "obligan" a estar midiendo cada palabra. Como todos estamos en algún lado mayoritario, todos de repente estamos "condenados" a estar haciendo uso excesivo del prefrontal. Esto lo hago ver por la cuestión que no es un proceso nuevo. Es uno de los motores que han creado la humanidad, pues en todo momento de la historia siempre ha existido un "otro", una "diferencia", con su propio uso o connotación de los signos, sobre el cual nuestro "lenguaje" y modo de operar del cerebro se tenían que estar reajustando. La dirección evolutiva en ese caso es hacia la razón (uso atento de las funciones del prefrontal: sistema ejecutivo, atención, concentración… conciencia). Hoy este "mecanismo" está en desmedida por la proliferación de los nuevos medios de comunicación globales, como lo son las redes sociales.

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   "Una frase tonta me ha dejado en suspenso, he fallado no es como yo la pienso (...), que no es lo mismo equivocarse en unas cosa, que en una esposa." La cinta rosa - Luccio Battisti


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    La paradoja de todo esto es que una de las cuestiones que nos volvieron inteligentes fue la falta de claridad en la comunicación, y seguramente dada las sociedades cada vez más complejas que fuimos creando. O dicho bajo un aspecto más positivo y optimista: al crearse clanes que reuniesen varias familias, se unían dos lenguajes de signos, en donde para cada uno de ellos funcionaba a modo de índice, pero para el otro al tener otro distinto dejaba de ser un índice para convertirse en un símbolo (una convención social de qué quería decir). Este proceso por cientos de generaciones y distintas nuevas agrupaciones terminaron de dar forma a un primer lenguaje acordado en lo social, que de esa forma dejaba de ser indexal. Para el cerebro y la evolución eso significó que todo humano tenía que nacer bajo la premisa de hacer uso de un lenguaje, y bajo la premisa que previo a este existía un modo de comunicación indexal en donde signo y objeto eran unidad (unicidad), como así son los índices, tal como nos refiere Peirce, o lo eran las expresiones de las emociones básicas o algunos gestos, como lo es el de indicar con un dedo a un objeto. O sea, que de ser así fue lo multicultural lo que dio un "empujón" evolutivo a la inteligencia humana al crear la paradoja de que lo indexal no era suficiente para que se comunicasen dos culturas distintas, y en ese proceso se llegó a la simbolización y a los lenguajes acordados. Tampoco hay que despreciar el gasto cognitivo que se requiere para detectar las mentiras y las dobles u ocultas intenciones del resto de las personas, tal como sugieren ciertas hipótesis de las psicologías evolutivas, económicas y ecológicas. Provocaron un cambio de paradigma cerebral, por el cual una sola glía encontraba no solo un sentido a un signo, sino varios sentidos posibles, lo que obligó a dichas células a adaptarse a esa nueva situación cambiando su forma de actuar en el cerebro. Una de las premisas de la neuroplasticidad consiste en entender que está dentro de una metaplasticidad, un sistema de aprendizaje en donde el mismo sistema de aprendizaje es plástico, cambiante y se tiene que adaptar a nuevas maneras de ser plástico.

    Lo que sí me gusta de Peirce, para resolver el dilema del dualismo cartesiano, es el concepto de "interpretante". Anula la necesidad de que exista un único agente en el cerebro que interprete la realidad, y en su lugar no coloca nada más que la propia cognición que cierta parte del cerebro haga de la realidad. Traducido a un lenguaje científico, una zona del cerebro interpreta que tal color afuera es el rojo. Otro se ocupa de saber que es una bola y otra zona se ocupa en aunar esas dos interpretaciones como que lo que se tiene en la mano es una bola roja. El cerebro, así, es un continuo en el que todo en el mundo son signos a "leer" y entrelazar para crear su propio mapa del mundo. No estoy tratando de ser fiel a las ideas de Peirce, las estoy traduciendo a  mi "idioma", puesto que él era un continuo y yo soy otro distinto, pues manejo otros signos distintos a los suyos. O para volver a mi metáfora del árbol, yo no puedo dar sus mismos "frutos" porque los dos somos árboles distintos. Él parte de la existencia de Dios, y en ciertas de sus ideas se vislumbra la presencia de Dios, mientras que yo soy ateo.

    Quiero detenerme en esta particularidad de la filosofía de Peirce. He de avisar que no lo he leído —ni ganas: me he "cansado" o desilusionado de la filosofía que pierde "contacto con tierra", Peirce fue cofundador del pragmatismo, pero parte de su filosofía no es nada pragmática al perder el contacto con lo "real"—, y me baso en los vídeos de la "fonda filosófica" (interpretación/reducción de una interpretación/reducción). Darin McNabb nos dice en sus vídeos que Peirce hace la connotación que "al igual que decimos que una pelota está en movimiento y no que el movimiento está en la pelota; deberíamos decir que nosotros estamos en la conciencia y no que la conciencia esté en nosotros" (…) "Así el humano no es más que otro signo dentro de un nodo, dentro de una vasta red de semiosis". Se puede pensar —para el cerebro que soy ese fue el camino fácil— la idea de que esa "conciencia" general puede ser Dios. Que cada interpretante es una neurona o conexión neuronal de Dios. Una segunda idea fue pensar en el meme de Richard Dawkins: el ADN como un "vehículo" de la información, en donde el propio ADN y la evolución "discute" sobre la validez de sus signos, de su información. Sin tratar de saber cómo era para Peirce, bajo mi punto de vista tal idea sólo habla de sistemas, pero eso sí: de sistemas vivos. La materia inerte del universo no es comunicación. Para que tal cosa se dé tiene que haber un locutor y un oyente, o un signo y un interpretante, y en este segundo caso, en la medida que el segundo tiene que estar "revisando" el signo, si este es cambiante o multifacético (de interpretaciones multidimensionales). En ese caso un ecosistema concreto es una red de signos/interpretantes, en donde todos tienen que hallar un equilibrio, un "lenguaje" común como quien dice. En la medida que el medio es cambiante los signos varían y cada interpretante tiene que reajustar su punto de vista del signo. La evolución (el tiempo) y sus "reglas" son las "mediadoras" para llegar al equilibrio de un ecosistema dado. Yo al final me he adaptado a decir que la simbolización cerebral, la comunicación o la interacción de los sistemas, como lo es el social humano, son como reacciones químicas: se darán o no darán si sus "componentes" tiene la potencialidad para que así sea, y una reacción varía a otra, y por ello crea un tipo de molécula compleja u otra, dependiendo qué "componentes" entren o no en juego. Arriba he puesto un caso, o todo este escrito lo es. Hoy —diez de enero— me ha llegado para leer un artículo de Aeon sobre el realismo depresivo, y me veo "obligado" a tenerlo en cuenta por ser un "componente" que está ligado a la "molécula compleja" que es este mismo escrito. Bajo esta línea hay una gran cantidad de apuntes (componentes químicos) que no se si al final se "ligarán" al flujo del escrito.

    Así que tenemos que un individuo es un continuo en un flujo de información que transita entre distintos nodos. ¿Dónde se queda el agente que creemos ser? Si el humano fuera tan "pasivo" —sin agente, como sucede en la vida "simple"— tendrían sentido frases como "uno no elige las cosas en las que cree…, ellas te eligen a ti", o uno de los fundamentos de la hermenéutica, que dice que uno no tiene un idioma, sino que el idioma lo tiene a uno…. Extrapolable a lo que es una identidad cultural: un individuo es un nodo dentro de su cultura, la cultura tiene al individuo y no es que el individuo tenga una cultura. De nuevo sale a colación los sistémico y el proyecto. Si todo fuera como revelan tales frases, un individuo tan sólo sería una neurona dentro de una red de neuronas, donde si esta "disiente" de la "voz" general, no se tendrá en cuenta, y en caso de estar interrumpiendo una y otra vez el flujo de la información cerebral (interferencia cognitiva), el sistema glial le podría programar su muerte.

     Uno de mis temas recurrentes es que la información se reajusta en el cerebro por sí sola sin necesidad de que uno (ese hipotético agente que somos) lo haga. El meme o frase hecha de "consúltalo con la almohada" nos habla de esa capacidad del cerebro. Los conceptos como "imaginación activa", "intelecto activo", "cognición implícita", "síntesis creativa", "aprendizaje automático" o la de "síntesis del prefrontal", nos hablan de esos tipos de procesos no supervisados que el cerebro hace por sí solo. Por eso tiene sentido la frase de David Bohm en "Pensado como un sistema (1992)" cuando dice: "usted no decide qué hacer con la información, la información se hace cargo". Introducimos elementos químicos en el cerebro y ellos solos tienen la capacidad de encontrarse o enlazarse para crear moléculas complejas, nuevas ideas, maneras de operar cognitivamente o nuevos conceptos. Uno de mis referentes más antiguos es el de "pregunta abierta": algo que nos sea "vital" y que quede sin resolver es en lo que trabaja el cerebro implícito cuando está "desocupado". Esto también tiene su equivalente en informática: un antivirus o un desfragmentador de archivos se pondrán a trabajar en cuanto detecten que no se está trabajando en el sistema, que está ocioso. Vemos así que es algo implícito en todo sistema y que opera para ser óptimo con respecto a los recursos, límites y energía de dicho sistema. El cerebro de un enfermo grave no ocupara esa energía en su cerebro y los procesos arriba descritos. Es algo que se da cuando se tiene o bien exceso de energía o cuando se tiene una necesidad imperiosa (el hambre agudiza el ingenio). Con esto último encajan las personas que tiene algún tipo de desajuste en los receptores de la dopamina y la serotonina: siente una falta de homeostasis y tienden a tener este sistema más activo que la media. Peirce en este caso también se "equivocaba" —por lo menos en sus deducciones o conclusiones finales— con su concepto de abducción. Este autor se refería con este concepto a lo que he descrito yo arriba. El cerebro se ve "secuestrado" (abducción) en trabajar en procesos de manera automática, detectando patrones y teniendo unas primeras deducciones aproximadas de ciertos temas. Pero hay que tener en cuenta que para cada cual esos temas son distintos. Mi cerebro no va usar una sola conexión en tratar de deducir qué jugador va a ser contratado en la siguiente temporada por el Real Madrid, por ejemplo. En mi caso, y en la propia cuestión del concepto de "pregunta abierta", mi cerebro ha analizado cada una de las propuestas de la ciencia para ver o tratar de encontrar similitudes. Este ha sido un proceso de años, y en realidad el cerebro aún no ha cerrado la pregunta, pues ninguna de las propuestas científicas lo terminan de satisfacer…, cierran la pregunta. Volviendo a Peirce, en ese proceso no está Dios, dándonos respuestas, ni son las musas, ni nuestros ancestros hablando en nuestro interior, ni nada ajeno a ciertas premisas de lo que es un sistema evolutivo y por nuestro cerebro adaptativo. La finalidad de la vida no es la búsqueda de la verdad y esta es transcendental, ni el humano es la "pieza clave" de esa búsqueda. Todo sistema es adaptativo y en cuanto haya una "posición" adaptada deja de "preguntar" al medio. El humano porta varias mutaciones hacia la insatisfacción en ciertos individuos, amén que pueda ser debido al vigor híbrido al cruzarse con los homínidos europeos, que son los que marcan la dirección de las culturas, las mentalidades y la historia. No hay más. En realidad ya podríamos crear una sociedad estable y no lo queremos ver porque la mentalidad dominante (y enfermiza, si se piensa bien) es la de la insatisfacción, origen de la envidia, en donde todo humano quiere ser igual que los grandes, y en tanto que estos posiblemente tengan tales mutaciones de genes (tenemos como referente a "enfermos" del sistema). La ciencia —el conocimiento— no nos está llevando a Dios como creía Peirce…, nos aleja cada vez más, pues era parte del pensamiento mágico, y la razón es árida y mata el espíritu. Desgrana la realidad, la cuantifica, perdiendo en ese proceso lo emergente. Ahí está el caso del sabor del tomate. Es (era) un emergente dado cierto equilibrio dado sus nutrientes (vitaminas, minerales… moléculas complejas), pero casi todo tomate hoy es un híbrido con una mutación que impedía que madurase. Se optó por esta hibridación para que los tomates se distribuyesen por todo el mundo, aguantando semanas, ante el tomate "natural" que se pudre en tres días. Al frenar su maduración no se terminaban de crear sus nutrientes, que eran los que en su número y proporción creaban el emergente sabor a tomate. Ahora hay que comer dos tomates para tomar la misma cantidad de nutrientes de lo que era antes un tomate. Este ejemplo no es gratuito. ¿No estamos acaso haciendo lo mismo con el humano?, su casi único "uso" para la productividad, la cuantificación de sus "componentes", de sus habilidades y "funciones" desgranan lo humano en tanto que totalidad, que era donde se daba su estado emergente. La ciencia "desagrada" porque "rompe" el "juguete" para ver sus entrañas, cuando al final no es capaz de volver a unir sus piezas. Decía Skinner que "la ciencia no deshumaniza al hombre, lo deshominiza". Por otro lado, ¿quién decide este tipo de cosas? La sociedad tiene sus propios mecanismos implícitos, a modo de cognición implícita e inconsciente, de las cuales el prefrontal que es cada individuo —como masa: cognición colectiva—, no se entera. Al igual que no hay un "verdadero" agente al mando en el cerebro, tampoco lo hay en lo social. Estos trabajan —se activan— siempre a posteriori y sólo si algo se vuelve "alarmante" en alguna acción (tomate sin sabor). Por lo demás… una vez que se tiene la información, ¿se puede hacer algo? El cambio climático, las continuas llamadas de atención en el tema, las distintas plataformas o recogidas de firmas, y las multitudinarias manifestaciones no crean cambios reales. En otro ejemplo, de mis propias "preguntas abiertas", encontré en el concepto del prepulso dañado (analizado escritos atrás) como un tipo de síntoma de esas personas genéticamente diferentes a la media. Es un concepto abstracto que no terminaba de entender. Hace unas semanas me di cuenta que hacía demasiados clic falsos con el ratón del ordenador, en donde yo creía que lo había pulsado, pero el sistema no hacía nada. Me percaté que el interruptor del clic izquierdo del ratón no sonaba, pues se daña con el tiempo. No sé si tal clic es premeditado o accidental por parte de los fabricantes, pero el caso es que se adapta a ciertas formas de trabajar del sistema nervioso, que tiene que verificar o cerrar el circuito de retroalimentación de salida, con alguna entrada (respuesta del medio). Achaqué que los falsos clic se pudieran deber a esa ausencia del sonido, en donde el sistema nervioso no es capaz de "saber" si lo ha pulsado con bastante intensidad o no, en parte tengo un problema con el sistema motor fino del cerebro. Azararse, en el lenguaje coloquial, suele venir por esta disposición: hay dos apuestas evolutivas contrarias, la mía es hacia el habilidades motoras gruesas, si estoy "dentro de la zona" va bien, pero falla según qué estados o situaciones. Al parecer los niños de corta edad que tienen contacto con los móviles y las Tablet tiene una mejor coordinación del motor fino, si bien les puede perjudicar a las habilidades gruesas y están demasiado tiempo con ellas. El sistema motor fino está implicado con el habla, ya que los movimientos faciales y bocales que entran en juego requieren de ese sistema. El gen FOXP2 tiene relación con el habla, se cree que los neandertales tenían un lenguaje o vocalización más reducida. Es posible que fuera porque su tipo de caza y herramientas eran más burdas, lo que hizo que no tuviesen tanto control de las habilidades del sistema motor fino. En lo dicho arriba se da una redundancia en el sistema informático, como así será en la evolución del cerebro, que crea varios sistemas redundantes de verificación, pues el sistema operativo a la vez trata de detectar las falsas pulsaciones o dobles clic y los trata de "subsanar". La conclusión de esto, y llevado al concepto de si un árbol cae y no hay nadie allí, es que todos sistema adaptativo suele basarse en circuitos cerrados, de retroalimentación, en donde si tal proceso no se cierra, es verificado, es como si no ocurriese, tal como sucede con el tema de las acciones automáticas, de las cuales al final la conciencia duda si las ha llevado a cabo o no. ¿A quién no le ha pasado que si se pone a pensar cuál es el PIN de su móvil, de repente se dé cuenta que no lo sabe decir, pues era un automatismo de los dedos?

    Con esto volvemos a las células gliales. ¿En qué medida recordar es uno de los papeles que hacen dichas neuronas cuando por la invocación de la conciencia o un objeto externo, correlaciona (enlaza) lo actual a un patrón, signo o trozo de mapa mental en nuestro cerebro? Lo que propongo es que tales células son como los bibliotecarios de la gran biblioteca que es el cerebro, en donde las neuronas son libros o archivadores semi-pasivos, y son las neuronas gliales las que crean las asociaciones entre ellas en un momento dado. El problema es que no son unidad, en cada zona existen otros bibliotecarios y se consultan entre ellos sobre si tal "libro" está en su "base de datos", o es un "libro" lo bastante interesante como para tenerlo en "propiedad". Puede parecer que de nuevo introduzco en tales procesos un agente con unas intenciones: el sistema glial como "bibliotecarios". No es así. Lo que propongo es que son las células gliales las que en sus conexiones mantienen no los datos, sino las "preguntas abiertas". En ese caso están "hambrientas" de todo dato externo que puedan "cerrarlas", en las que puedan hacer que tal "respuesta" a las "preguntas abiertas" las puedan archivar en las neuronas, que son así más pasivas. Las neuronas son el mapa interno del mundo y las células gliales los que "dibujan" ese mapa, en cuyo caso tienen la función de estar al tanto de las novedades o de las partes de la realidad sobre las que no saben aún o sobre las que tienen dudas. Hay que tener en cuenta que según las últimas investigaciones hay una proporción de 1:1 de neuronas y células gliales, si bien algunas no hacen las funciones de las neuronas. Son principalmente los astrocitos los que hacen las funciones que estoy teorizando aquí. Volviendo a la analogía entre las glía y los jumpers de las placas bases: en cada momento el sistema neuroglia del cerebro lo "puentea" de una manera concreta para adaptarse a los "signos" externos (predictibilidad, inferencia abductiva). En aquellas placas, de hace más de una década, las placas base tenían un número importante de este tipo de interruptores, a base de jumper, de tal manera que era la forma que se podía hacer overclocking para forzar al ordenador a ir más rápido. Muchas personas con esa misma placa base no llegaban a las mismas "conclusiones" y tenían cada uno los jumpers puenteados de distintas maneras. Abstrayendo: cada una de esas placas, siendo iguales, tenían distintos tipos de "personalidad". Así y volviendo al humano, y como ejemplo, la teoría de la subpersonalidad nos dice que es "…un modo de personalidad que se activa (aparece de forma temporal) para permitir a una persona hacer frente a ciertos tipos de situaciones psicosociales. (…) el modo puede incluir pensamientos, sentimientos, acciones, fisiología y otros elementos del comportamiento humano para presentar un modo particular que funciona para negar situaciones psicosociales particulares." Igualmente la teoría del espejo social nos dice que "las personas no son capaces de autorreflexión sin tener en cuenta la interpretación de la experiencia por parte de un compañero. En otras palabras, las personas definen y resuelven sus reflexiones internas a través del punto de vista de los demás"; en definitiva, que uno adapta su "identidad", pensamientos y comportamientos, dependiendo de con que persona o en qué grupo se encuentre (es más fácil caer en lo "machito" entre un grupo de sólo hombres). Por otro lado la teoría de la acomodación a la comunicación define… "«los cambios de comportamiento que la gente hace al sintonizar su comunicación a su pareja, el grado en que las personas perciben su pareja para sintonizar adecuadamente con ellos.» La base de la teoría de las mentiras es la idea de que las personas se adaptan (o acomodan) su forma de hablar el uno al otro. Hacer esto ayuda a la aprobación de ganancia del remitente del mensaje desde el receptor, aumenta la eficiencia en la comunicación entre ambas partes, y ayuda a mantener al remitente una identidad social positiva. Esta teoría se ocupa de los vínculos entre el lenguaje, el contexto y la identidad." Me estoy deslizando hacia la identidad narrativa lo sé, es la finalidad del escrito —sólo he puesto tres ejemplos o conceptos, hay más, como el modelo de covariación, en donde en esta caso tiene en cuenta la temporalidad—. Lo que se deduce de todo lo dicho es que el cerebro humano no es más que otra forma, quizás extralimitada, de un sistema adaptativo. Un sistema que por su alta tendencia a la plasticidad creó un estado emergente, en donde el total era más que la suma de sus partes. Se requiere incluso para cada edad: de joven uno acciona en el mundo bajo la posible premisa de "ahora no tengo tiempo, lo hago más tarde", pero como con la edad falla la memoria de trabajo y a corto plazo, el cerebro —que no la persona o un agente al mando—, se adapta a tener que hacer las cosas en el momento que suceden, obviando en la medida de lo posible el "ahora no tengo tiempo, lo hago más tarde". Bajo esta nueva limitación de la memoria de trabajo se tiene una menor capacidad para la multitarea. ¡Atención spoiler!, te pasará también a ti por mucho que mimes y entrenes al cerebro, luego dos cosas: 1 respeta esa aparente lentitud y "torpeza" de las personas mayores y 2. la evolución tiene ciertas cuestiones programadas y de nada vale el proyecto, lo que uno pretenda, sino lo que viene dado en el sistema, puede haber algo de holgura y el entrenamiento puede repercutir, pero al final ese estado nos alcanza a todos. Por esto, y otras cuestiones similares, no puede darse la comunicación entre un anciano y un joven, pues parten de estructuras y funcionamientos totalmente distintos (el joven no entiende el apremio de los adultos, y a estos la aparente "dejadez" de los jóvenes —puse "dejez" y estaba empeñado a que era así, después de unas horas el cerebro que soy me "devolvió" a la conciencia que era dejadez—). En estos casos y otros tantos, el cerebro se "puentea" —en mi supuesto lo hacen las neuronas gliales— para adaptarse a las distintas situaciones y edades porque, volviendo al lenguaje de Pearce, un humano no es más que otros signo que a la vez es un interpretante y un "objeto" dentro de un sistema semiótico…, de información en flujo, de comunicación.

    Un breve inciso para reforzar las teorías del determinismo medioambiental. Todo circuito electrónico opera bien bajo cierto rango medio de temperatura. Al hacer overclocking, sí, se sube la velocidad, pero repercute en la estabilidad del sistema que empieza a cometer más fallos. Hay programas que calculan un promedio válido entre fallas y velocidad límite. Si por ganar unos segundos el sistema se "cuelga" y se reinicia de manera constante, tal elección al final es la menos óptima. Igualmente el frío afecta al ordenador. La BIOS de mi actual placa tiene un retardo bastante apreciable de arranque a temperaturas más bajas de diez grados. Las nuevas SSD, al no ser mecánicas y tener un motor como los discos duros, también tienen problemas con el frío durante el primer arranque del día. Con todo, siempre es preferible el frío, puesto que la electricidad en los circuitos y los chips generarán calor, mientras que el exceso de calor es más complicado controlarlo. El cerebro humano y su sistema nervioso se basa en impulsos eléctricos y reacciones químicas, que igualmente se ven entorpecidos por las temperaturas extremas. En fríos muy intensos el cerebro llega a estados paranoicos y dementes. Ante el exceso de calor la concentración se mantiene por un menor tiempo y de paso se es más tendente a la ira, puesto que el freno que es el prefrontal entra menos en función por su exceso de gasto en dichos estados, en donde el "sistema" se ocupa en otras cosas como la regulación de la temperatura. La evolución adapta a cada humano a su clima, creando cambios a distintos niveles, como en los comportamientos, y por ello al final en las mentalidades de las distintas culturas. Los serpas en el himalaya son un ejemplo claro de adaptación climática. Los occidentales se ponen "medallitas", pero casi nunca mencionan que a su lado iban sherpas cargando con más peso que ellos. Si el clima del planeta cambiase hacia temperaturas muy bajas, los sherpas y su descendencia —por su adaptación a las altas alturas y la falta de oxígeno—serían los más favorecidos, y su cultura podría llegar a ser la "dominante".

    Volviendo a los temas centrales… y teniendo en cuenta todos los puntos de vista arriba expuestos, ¿cuál es nuestra identidad?, dónde queda ese agente que "aparece" a modo de diálogo interior, o como conciencia que emana en soledad. Bajo todo lo expuesto, la idea que trato de plasmar es que existe lo que se llama el carácter o temperamento, que es con el que se nace, mientras a la vez somos entes con una gran tasa de adaptabilidad (neuroplasticidad) por la cual creamos una identidad "modelada" por el medio y cada circunstancia (el "yo soy yo y mis circunstancias" de Ortega y Gasset, "existencialista" adelantado a estos). O volviendo a la metáfora del árbol. Independientemente de por dónde se vayan las ramas, un arce siempre será un arce, e independientemente que el coreano sea más pequeño, o que en otoño sus hojas sean rojizas y en verano verdes. Los rasgos individuales no son su "esencia", esta lo da las generalidades aplicables a todos los arces.


    Me canso de encontrar sutilezas filosóficas de lo que hace el cerebro, de cómo conoce y crea una representación, en donde dicho dilema a la vez implica el problema de la conciencia. Toda teoría filosófica "falla" si en su abstracción no tiene en cuenta que el cerebro no es unidad. Que por un lado está la memoria y la cognición implícita, y por otro lado la explícita, en donde en una de sus partes está la memoria semántica, y finalmente la conciencia. Lo que no me gusta de Peirce, y derrumba toda su edificación, es que pone la iconicidad (primaridad) antes que el índice, cuando evolutivamente hablando es a la inversa. Los primeros seres vivos sólo eran detectores químicos y de la luminosidad o el calor, eran acción/reacción, causa/efecto. Esta forma de accionar en el mundo es de tipo índice, ya que lo único que les "interesaba" era "saber" si el agua era demasiado salina o alcalina, y si estaban cerca de la superficie y por ello de los rayos del sol. Hasta crear unos sentidos complejos y un sistema nervioso algo más centralizado, la vida no pudo crear una representación del mundo (mapa mental) que es la base de la iconicidad. La conciencia y la razón son las últimas en llegar. Esta sólo es un foco que alumbra a una parte del cerebro. Si enfoca sobre una imagen real (imaginar un árbol concreto que he visto esta tarde) lo está haciendo a la memoria implícita, no se tiene una representación vívida, tan sólo ciertas características borrosas; si la conciencia enfoca (como la tengo yo si miro al segundo monitor, en donde tengo una búsqueda de Google imágenes sobre arces) entra en juego las clasificaciones y los conceptos de la ciencia sobre lo que es una especie; si cierro los ojos puedo llegar a hacer una abstracción de qué es un arce, que en la prehistoria era sólo a través de las imágenes propias, pero que hoy está "contaminada" con las ideas de la ciencia; si tuviese que representar a un arce lo haría por su tipo de hoja, tal como lo hace la bandera canadiense, pues el cerebro ha "buscado" su distintivo (novedad) —siempre lo hace con todo, una persona "aburrida" es alguien sin distintivos—; una obra abstracta sobre un árbol tendrá, quizás, algún componente emocional, o quizás conceptual, como es mi tipo de arte. Aquí —y lo dicho arriba sobre el encuentro de dos culturas— tenemos que la estructura de Peirce de nuevo puede "fallar"; una cruz seguramente es de tipo índice para el cerebro de un creyente, pero no para una persona de otra religión o un ateo. El cerebro de un creyente puede crear estigmas sobre su propio cuerpo por esta propiedad indexal del cerebro, pues tales signos para él son al modo de causa/efecto, acción/reacción. Qué es distintivo para el cerebro de un objeto lo convierte de tipo índice. El cerebro grada y signa el mundo a niveles superficiales o profundos. Uno cambia de marca de jabón, pero no con la misma facilidad de religión…, entre medias de los dos, de marca de un móvil. Por otro lado eso es para el cerebro profundo o el módulo que trabaje con dicha indexación, pero no para el prefrontal, que sí lo puede tratar como símbolo. En un ejemplo, una araña es indexal del miedo y repulsión para un aracnofóbico, pero no para un científico que esté acostumbrado a su contacto. Por cierto, el mismo módulo que tiene que ver con el asco o la repulsión hacia algo, como una araña, es el mismo que se activa con el racismo, la ínsula anterior, que es parte del circuito del odio. Volviendo al ejemplo del arce, seguramente las células gliales sean las que se encarguen de conectar distintos grupos de neuronas y zonas del cerebro para crear cada una de las formas de "analizar" o "representar" un arce. La conciencia (el prefrontal) no hace una copia sobre cada modo de representación, sólo es el último interruptor que ha modo de verificador cierra cada uno de los circuitos implicados, y en donde dada esa propiedad parece ser el agente o "protagonista" de tales procesos. Este módulo se puede "divorciar" de los significados que le entregue el cerebro profundo. Verificar y dudar es lo mismo, luego esa propiedad es una de las centrales del prefrontal: poner todo en duda, incluso lo que le "entrega" el cerebro profundo. ¿Es un mejor mecanismo para estructurar los signos el cómo lo debe de hacer el cerebro que los propios signos en su pura abstracción por medio de la razón?

     No sé si habré aportado algo nuevo o no al panorama del pensamiento entre todos mis escritos e ideas, pero creo que el concepto de que la conciencia "nació" a partir de un último sistema de verificar puede ser uno de ellos. Tampoco es exactamente "mío", puesto que lo adapté a partir del libro inacabado sobre ética de Sartre. La "prueba" más palpable es no estar seguros si hemos llevado a cabo, a posteriori, una acción cuando la hemos llevado a cabo de forma automática, como es el caso de dudar de repente si hemos cerrado con llave nuestra casa al salir. La conciencia no las supervisa y no tiene conocimiento de tal proceso, pues su sistema no ha entrado en juego. Un obsesivo-compulsivo, en primer momento, es aquel que "no quiere" no dejar de verificar todo, que duda —o teme— sobre la eficacia de los procesos automáticos, que se siente en peligro si la conciencia no está presente. En el caso que nos toca, la conciencia supervisa esas "decisiones" que el cerebro de fondo toma como la mejor acción, y este sistema verificador lo deja pasar o no. La cuestión es que es una zona o estación de paso que se ve a sí misma dentro de ese mismo proceso de verificar, o sea, que tiene la capacidad de verificar lo verificado, y en ese proceso se crea esa sensación de una presencia o agente. "Al final, somos espejismos autopercibidos, autoinventados y encerrados en esos pequeños milagros de autorreferencia", nos dice Douglas Hofstadter. Como somos principalmente seres sociales —ya no está en juego nuestra supervivencia en la naturaleza, sino en las ciudades— lo que principalmente supervisa tal zona es nuestra identidad social. En ese proceso se cuela que tal entidad existe, puesto que es el "objeto" sobre el cual el interpretante que es ese verificador crea un juego de signos o lenguaje. Nace así en primer lugar nuestra reputación en lo social (en el mundo anglófono "face", y este proveniente de un concepto japonés), para al final devenir a que el propio proceso de verificar tal entidad es la parte más significante de tal entidad. Si se me cuestiona si soy concienzudo, el proceso verificador hace de interpretante de tal signo y "construye" o devuelve tal premisa al cerebro para afirmarse o negarse en tal asignación (a-signar: poner una etiqueta sobre lo que somos para otro interpretante). A todo esto sale otra estructura. Al igual que para un creyente una cruz es indexal, en el proceso de verificar una identidad personal, esa que estamos denominando como identidad narrativa, dicha identidad debería ser símbolo para el prefrontal, en tanto que razón desligada o divorciada del mundo de los signos (duda), pero de hecho no pone tal identidad en tal rango, sino que la "toma" de modo indexal. O sea, no tenemos un signo que es nuestra identidad, sino que somos tal identidad. Al modo que como dijo Peirce de que "nosotros estamos en la conciencia y no que la conciencia esté en nosotros", pero que habría que modificarla —por las conclusiones previas— a decir que "nosotros no tenemos una conciencia, si no que nosotros somos la conciencia", pero con la premisa que la conciencia es sólo un epifenómeno, y que por lo tanto tal frase es reducible a que nosotros somos el cerebro. Este distingo ya nos lo hizo ver Sartre, pues el habla humana se nomina a sí misma siempre distanciada. Decimos tengo pena, en vez de soy pena. Este "problema" nos viene dado por la filosofía griega y su distinción entre ser (estar), hacer y tener, entre el Ser y lo que le sucede a ese Ser (esencia, contingencia/accidente). No sé si se da en otros idiomas o culturas ajenas a la occidental.

     Parece haber una aparente contradicción entre los dos principales argumentos del párrafo anterior, pero no lo hay. Para el humano es su conciencia —ese ser que entreteje lo que supervisa—, y es esa capacidad cerebral de volver indexal todo aquello en lo que cree que es su Ser, mientras que su cuerpo y sus emociones son algo que tiene o le suceden a ese Ser. Esta forma de tomarse a sí mismo es dualista. Dualismo, así, no es algo en lo que tal o cual filósofo crea, sino un modo "errado" de operar del cerebro al disociar cuerpo y conciencia. Parte del hecho que en el "nacimiento" de la conciencia, y esta en tanto que social y con normas, tal entidad se distanciaba de ciertas "propuestas" y formas de actuar del cerebro profundo, como para ser "vigiladas" o "negarlas", en donde supuestamente tal entidad ya no es ese cuerpo tan visceral e instintivo. El prefrontal o razón, al negar o poner en duda un instinto crea una desunión entre conciencia y cuerpo, que después no remeda. Pero esto creaba un dilema, dado que igualmente lo cultural era aquello sí aceptado y no negado —se reniega del cuerpo para abrazar lo aceptado como rito para lo social—. En esa dirección la conciencia sí era a la vez el ser de aquello que no negaba. Aquello que coincidía con lo ritualizado dentro de la cultura en la que se nacía. Sale en este proceso y función del prefrontal que si algo lo deja pasar (que no haga falta verificarlo) es que es parte de uno mismo, mientras que todo aquello que cuestiona o verifica, no es parte —o es susceptible— de no ser parte de su identidad. En esta dirección cualquier rito de su cultura no era verificada o puesta en duda por el prefrontal, luego era parte de su identidad. Así se entiende que el cerebro de un individuo de una tribu no tuviese ningún tipo de disonancia o conflicto para que su hijo fuese sacrificado, puesto que su conciencia no supervisaba tal acto como erróneo y dado que tal acto no era un signo de tipo símbolo… social, sino vuelto indexal para su cerebro. Tales capacidades son las que muy bien pudieran llamarse como pensamiento mágico. Para una conciencia con una fe en algo no hay distancia entre lo que cree y su modo de conocer aquello en lo que cree, puesto que para ese estado de la información no es comunicación del cerebro profundo al prefrontal, sino simplemente información… y como ya he dicho en tal estado la información es sólo tautológica. Hay que entender la inversa de un estado emergente. Si a tal estado se llega por la suma de sus partes, si faltase alguno de los componentes, como es la fe de la conciencia en sí misma, no se podría dar tal emergencia. La conciencia emerge dado la fe que pone en la validez de sus estructuras. En esa medida no se puede auto-cuestionar, o sólo de manera abstracta, sin alterar su naturaleza. Hagamos una analogía con el caso del sabor del tomate: tal "ente" —poniendo el sabor como conciencia— no se podría cuestionar su naturaleza, si le faltase por ejemplo los polifenoles, puesto que no existiría el sabor del tomate para que se pudiera dar tal capacidad para cuestionarse. Es un estado de todo o nada, como demuestra el coma o los estados de inconsciencia, el yo (o yoidad) sólo emerge en tanto un cuerpo toma conciencia de sí. Con esta estructura básica ya contaba la evolución antes de la conciencia, puesto que la "ley de todo o nada" en el sistema nervioso establece que si no se llega a un umbral de excitabilidad máximo, una fibra nerviosa o muscular no se activará. Para tener en claro esta estructura tautológica en un ejemplo…, a una persona bella no le hace falta decirse con palabras que es bella (comunicación de sí sobre sí), el sólo hecho de mirarse al espejo ya le da tal información. (Yo no saludo y trato de entrar en convencionalismos con mis más allegados, al igual que no me doy los buenos días a mí mismo cada mañana al despertarme…, dejo que se manifiesten las señales honestas, pero no sé si ellos lo entenderán y sentirán así). Nos encontramos de esta manera que Ser y conocer son dos estructuras metafísicamente distintas, puesto que el Ser internamente sólo proyecta su ser, mientras que conocer implica siempre algo externo al Ser, en donde este simboliza o iconiza tal exterioridad. (En un retrueque de tales argumentos, Peirce y los que pongan "fe" en su estructuración, en tanto que esta forma parte de su identidad, no la verifican o la ponen en duda como externa a su Ser).

Un párrafo muy denso. Acabas de ir contra cierto supuestos en los que tratabas de basar el escrito, así como sus conclusiones. Por lo demás, tú has sido durante tu vida aquellos que en algunos casos denuncias o pones como negativo.
Ya me he dado cuenta y sé que ese ha sido mi pasado. Pero por otro lado creo que ciertas otras ideas han salido ganando en esta dialéctica sobre el "papel".

    Retomo así algo que estado diciendo en los últimos escritos. "Verdad" para el cerebro profundo o no racional (y para la razón en tanto que "infestada" por una identidad, como creo que ha quedado en claro en el párrafo anterior) es aquello que es su mapa interno, más "pegada" (acoplada) en tanto que más profunda a sea la estructura en la que se encuentre. Por lo dicho de tal estructura, y su relación con el conocimiento y la dualidad identidad/otredad, hombre y mujer tendrán sus propias "verdades" y nunca existirá una "verdadera" comunicación, porque la premisa de la información indexal es que no se dé un divorcio entre el objeto y su signo (y que por ello sólo sea tautológica, como el "creo porque creo" de la fe)…, y en tanto que el mapa interno tiene sus propias estructuras para "colocar" y reestructurar el mapa (la capacidad cognitiva) bajo ciertas directrices y no de otras. De esta manera el prefrontal vive ajeno a una emoción como el enamoramiento o el desenamoramiento (mapa del mundo en definitiva de unas estructuras muy antiguas) sin poder llegar a tocarlas, y mucho menos modificarlas.

    Lo que Peirce y los racionalistas intentan es hacer que la razón se "desembarace" de tales límites y taras, y que el humano sólo sea razón, o ese estadio cerebral que sólo duda o pone "fe" en las "verdades" de la razón o científicas, pero en el proceso no resuelven que el cerebro profundo tiene sus propias estructuras y eso es lo que en "realidad" somos. Fijarse —uniendo lo antedicho con el principio del escrito sobre el "determinismo" medioambiental y a la fría razón de lo anglosajón— que las principales corrientes filosóficas en Estados Unidos han sido el pragmatismo, el utilitarismo, y la fría y calculadora filosofía analítica, mientras que en la llamada filosofía continental —para referirse a la europea—, se han llegado a las posturas contrarias, como así lo es el posmodernismo o el deconstructivismo. De nuevo sale a colación el determinismo medioambiental, pero a nivel de edades. Europa parece ser y comportarse, en sus filosofías y credos, como un anciano cínico (en una cultura anciana y con achaques), mientras que Norte América aún tiene el optimismo y los idealismos propios de un joven. Hace unos días me encontré con el meme de "la ciencia nos calienta la cabeza, pero nos deja frío el corazón". A la persona media, al cerebro profundo, no le gusta la razón y las cosas con las que se encuentra la ciencia, porque de esa manera se niegan a sí mismas. Una razón pura y analítica es robótica. Nadie quiere convertirse en un esclavo de la lógica. Dos inteligencias artificiales iguales, y manejando la misma secuenciación y datos, son iguales, clones. Una persona ajena, y sin ver cuál de ellas le ha dado una respuesta, no tendría la capacidad de saber si es de la primera o de la segunda. El humano parte de su individualidad, y su Ser está sustentado en dicha individualidad. Si sólo fuera razón, al modo de una IA, no nos diferenciaríamos. Todo sistema trata de anular la redundancia, en el ADN sólo se manifiestan ciertas particularidades, luego todo humano sería "despreciable", un ente redundante no necesario: una distopía, no algo a desear. Por lo demás es un imposible, pues todos nacemos distintos y así está dispuesto en el ADN, y por ello nuestros actos y "conocer" se "crean" a partir de unas estructuras previas en el mapa mental —que es lo que es un cerebro—, y cuyo mapa se irá aumentando y reestructurando a lo largo de la vida a partir de dicha estructura base. Retomo ciertas otras conclusiones al final.

    A todo esto sale que cuando el cerebro crea una acción en el mundo, cuando crea un esquema de comportamiento, "predica" la acción, donde esta es un verbo. Esta "gramática" básica de la acción, o esquema central de accionar en el mundo, es sobre la que más tarde se formalizó el lenguaje de las palabras. Fijarse que el yo o identidad individual —bajo la concepción actual— pudo nacer por algo tan trivial como caer en la cuenta de que el sujeto de ciertas acciones que se comunicaban era uno mismo. En muchas películas, donde dos personas no hablan el mismo idioma, al señalarse a sí mismos a la vez que dicen su nombre, están alentando para saber el nombre de su interlocutor. Ese gesto/índice debió de ser uno de los primeros: indicarse a sí mismo y hacer el gesto de lanzar algo con el brazo sería anunciar que se iba de caza (se parece a la teoría de la apelación de Althusser —que no conocía y he leído de ella después de escribir esto, pero a nivel de evolución cerebral). Hay una teoría, de la que no recuerdo el nombre, que dice que en todo idioma las palabras más cortas son las más usadas. Seguramente porque en su origen eran onomatopeyas. El inglés, sin academia, es más onomatopéyico y sujeto a tal regla, como lo demuestran los tan necesarios y vitales help o run. Para los Romanos los germanos eran bárbaros -el inglés es de origen germano—, entre otras cosas, por su lenguaje. Los pronombres son cortos en todos los idiomas. Volviendo a la premisa de este párrafo; si en la directriz de incluir el sujeto de una acción uno se hacía alusión a sí mismo, este proceso "filtrado" por la propiedad revisora del prefrontal dio "nacimiento" al yo o a la conciencia como yo. Yo como sujeto de la acción y como distinto a otro. La ciencia ha averiguado que si no se tiene recuerdos de los primeros años de vida es porque el niño aún no ha creado un yo, que es al que le suceden tales cosas ("el surgimiento y desarrollo temprano de la memoria autobiográfica" de Mark L. Howe y Mary L. Courage). La partícula "yo" —y esta a partir de dicha estructura— ha de etiquetar en la memoria la información de una forma distinta que sin dicha partícula (en ciertos trastornos ese proceso se daña). Con la tendencia hacia la complejidad del habla, y en el encuentro con otras culturas con otros idiomas y ritos, la identidad pasó por un segundo proceso, por el cual uno se percibía como individualizado con respecto al resto, incluso de su propia tribu. Explico esto. Un lémur vigilante es igual que otro lémur vigilante en tanto que sus acciones o comportamientos son lo mismo. Pero la cultura humana —en el encuentro de varias— al dejar de ser icónica o de tipo índice se volvió simbólica, concertada en lo social. Cada grupo en la medida de incorporar los símbolos —por necesidad de comunicarse— de otras culturas creaban la distinción de lo propio, que era de tipo icónico o índice, a lo puramente acordado como símbolo. El problema del símbolo es que no es unidad con su objeto —la palabra perro no es un perro—, y en ese divorcio cada cerebro creaba su propio mapa mental o interpretación de esos símbolos, que a la larga a la vez ni siquiera creaba unidad dentro de un grupo con la misma cultura, pues cada uno de sus individuos tenía unos u otros símbolos y los interpretaba de una u otras maneras, de tal manera que en esa tendencia la evolución llevó (se encaminó) hacia la individualización. Recordar la fuerte metáfora de la biblia y la torre de Babel. Bajo mi punto de vista no representa a los idiomas, sino el "nacimiento" de la individualidad frente al saber y hacer común. En definitiva, a la interpretación que hace cada cerebro del mundo, a que cada cerebro es y tiene su propio mapa mental. Cuanto más signos manejemos o creemos mayor variaciones en cada uno de los mapas con respecto al resto. Tan sólo hay que fijarse en la multitud de "interpretaciones" del cristianismo o en la multitud de puntos de vista filosófico sobre como crea el cerebro una representación. Ni siquiera cabe llamar aquí a la lógica como esencia de la razón, base sobre la que Peirce trata de sustentar su sistema —falla igualmente en la filosofía analítica—, pues habría de ser la base elemental de todo filósofo y no parece llevar a nada. Todo filósofo cree estar en lo "cierto" y que el resto se equivoca. Babel y el árbol del conocimiento están unidos, pues los dos hablan de la toma de conciencia y por ello del distanciamiento entre la conciencia y el objeto de la conciencia, entre el signo y su objeto dentro de los símbolos, cosa que no sucede con lo indexal. Así se puede afirmar que si morder la manzana significó tender al individualismo, la soberbia fue un trozo de la manzana que se nos quedó entre los dientes, y hoy —más que nunca— la volvemos a masticar.

    Volviendo a la dualidad de sistema y proyecto. Analizado bajo todo lo expuesto, el segundo consiste en realidad en tratar de crear coherencia y unidad en una sociedad dada, que era lo que teníamos en la prehistoria, y es la que tienen en la actualidad cada una de las culturas de cazadores/recolectores aún existentes. El "problema" de llegar a un proyecto, analizado tal como lo he hecho, es irrealizable, puesto que de lo que se trata es de volver a un estadio donde el símbolo no existía y sólo existía lo icónico y lo indexal. En definitiva, el proyecto "pretende" que no exista la "otredad", que todo signo sea unicidad y sin ambigüedad para todas y cada una de las culturas y los cerebros… un imposible lógico, e incluso genético, puesto que eso es sólo es/fue posible por los ritos y la "llamada" al pensamiento mágico, en donde las tribus anulaban dichas individualidades frente a lo grupal: inviable hoy en día (los nacionalismos son un intento a que exista y se mantengan en el sistema dichas propiedades o estructuras de lo tribal; una dictadura el control de toda disidencia). Abrimos la caja de Pandora, y ya no hay vuelta atrás.

    He dejado aún en el aire qué es la conciencia y si tiene algún papel en la "máquina" que es el cerebro. Me detengo en un proceso trivial para hacer ver una de sus propiedades. En la nueva era audio-visual las películas y series se las tiene que ver para dejar en claro qué tipo de personaje representa un actor/actriz. En esta dirección hacen (o hicieron) de asentadores de los estereotipos. A un nerd (el antiguo empollón en España) se le podía representar con unas grandes gafas, su ausente y ecléctico gusto para seleccionar la ropa, etc. Einstein repercutió en esa imagen de "sabio" descuidado por su apariencia. Para él era una cuestión económica: no quería perder el tiempo y su energía mental sobre tal "nimiedad". Paradójicamente en ese proceso ciertos nerd's empezaron a adoptar esa exterioridad para hacer ver su "identidad", de esta manera se crea una retroalimentación entre el medio que son las películas y series, y los cerebros individuales. El que uno siga una moda puede ser por dos factores, o bien desde el cerebro profundo, a modo de conformidad con las señales sociales, o de otra forma el prefrontal puede tomar tal estereotipo y aceptarlo o elegirlo. Ahí entra en juego el prefrontal al retroalimentar el sistema, otra cosa muy distinta es averiguar si en el fondo era conformidad, presión social, o una simple decisión aislada del entorno. Nunca somos un ente aislado de lo social, luego no hay libertad, puesto que se parte de unas premisas (variables) dadas en lo social. Tampoco tenemos la capacidad mental si tal elección a la larga va a ser para bien o para mal (velo de ignorancia). Suelen ser apuestas vagas, a partir de supuestos difusos, de tendencias sociales ambiguas. Pero en este supuesto sólo estoy hablando de algo demasiado "externo" al cerebro.

   Vuelvo, como otras veces, a la equiparación entre cerebro y ordenador. ¿No asombra todas las posibilidades que se pueden dar para montar un PC? Distintas placas base (donde desde hace tiempo estas tiene integradas una tarjeta de red y una de sonido), microprocesadores, tarjetas gráficas, memoria, discos duros o SSD. Incluso algo tan externo como un monitor repercute en el modo de operar de la gráfica, que a la vez repercute en la placa y al final en la CPU. Se suele tener dos tarjetas de sonido: la de la placa base y la de la tarjeta gráfica. El sistema "sabe" cuál de los dos sonará. En este caso vemos que lo importante son las vías (buses) en la placa base y que el sistema conmuta vías. Lo mismo para el cerebro. Además cada componente tiene su propio sistema de control, hacen sus procesos y entregan los resultados al sistema, hay distintas interfaces que comunican cada una de las partes, que en su equivalente en el cerebro son regiones con sus correspondientes funciones. Es equivocado decir que el cerebro tiene más conexiones entre las neuronas que estrellas hay en el universo para maravillarnos de su complejidad. Lo importante son las vías entre las distintas zonas. En un ejemplo, una fotografía digital puede tener diez megas de información, pero si la abrimos sólo es la fotografía de una flor. Muchas conexiones y neuronas son procesos redundantes o que trabajan en procesos de muy bajo nivel, como la relación de horizontalidad/verticalidad del perfil de un objeto. Lo asombroso de la arquitectura de un ordenador, con tantas variables y potenciales problemas, es que funcione y sea altamente estable. Tal "diseño" es equiparable al cerebro humano, pues ciertas disposiciones del ADN, de los primeros años de vida, y la época y lugar en donde se nazca van a repercutir en la arquitectura de tal "máquina". En un ordenador tales variables han de estar "sujetas" a dos bases: la BIOS de la placa base, y el kernel (núcleo) del sistema operativo. Ningún software (excepto el especializado y siempre bajo supervisión del usuario) puede ir contra las premisas de la BIOS, ni puede acceder al kernel del sistema (cada componente puede tener su propia BIOS o su propio núcleo o base de operar). Lo que siempre he tratado de hacer ver es que el cerebro ha de tener esa misma arquitectura, que tenga ciertos núcleos o bases que son "intocables". La conciencia es software en el sistema, la prueba más clara es un proceso de enamoramiento/desenamoramiento, el prefrontal no manda sobre tales procesos. Lo que sí puede es hacer distintas estrategias para sobrellevar lo mejor posible tales estados. Otro ejemplo es el acceso a la memoria. El kernel del sistema operativo no deja que ningún proceso acceda a la zona que ha creado en la memoria sobre sus líneas de programación. La conciencia no es como una mano que aceda a su capricho sobre lo que la memoria del cerebro, la conciencia hace una "petición" y los bibliotecarios le pueden traer o no dicho "libro". El kernel de cerebro ha creado a lo largo de la evolución mecanismos de defensa (de autoprotección) para que en caso que algo haya creado un trauma la conciencia no acceda a tales memorias. —¿El Kernel del individuo son sus más sucios y recónditos secretos?, escondidos incluso para sí mismo, ¿no será por eso que llegar a ese "Kernel" es el deseo más profundo de todo amante?,  ¿el del amante el no revelarlos, para que no lleguen a su núcleo y mantener la chispa?, ¿sin secretos el Kernel es más "estandar" y monótono, atrae menos?; ¿la hiperrealidad del porno —Baudrillard— acaba con lo más profundo del deseo sexual?, que se basaba en el secreto y el tabú. El defecto de este "sistema", de no acceso a lo profundo del cerebro y sus mecanismos de defensa, es que puede ser peor el remedio que la enfermedad, puesto que crea desajustes con la realidad a la hora de crear un mapa del mundo. En otro ejemplo vemos lo catastrófico y complejo que son todas estas cuestiones. El feminismo ha levantado la alfombra para ver que hay bajo ella, y en ciertos casos descubrió que la falta de salud mental de una mujer adulta (el mismo caso se ha dado en hombres) eran debido a que habían pasado por algún tipo de abuso sexual en la niñez y sus mecanismos de defensa los habían ocultado de tal manera que al final se manifestaban en trastornos mentales. Hasta ahí bien. El problema que vino más tarde es que ciertos terapeutas, tratando de indagar si pudiera haber habido algún trauma de este tipo, terminaron por crear falsos recuerdos a sus pacientes. Esto es: no habían pasado por ningún tipo de abuso sexual, pero al final creían que sí. Esto ocurre por otra de las partes del diseño del "kernel" del sistema: el cerebro prefiere cualquier causa, por muy terrible que pueda ser, que ninguna (horror vacui). Para el cerebro todo tiene que seguir la lógica de la causa y el efecto. ¡Pero un momento!, el cerebro profundo sí sabe la "verdad"…, ¿a qué se engaña? A la conciencia, al prefrontal que asume y "acepta" (¿elige?) que es la causa más probable. En este proceso volvemos a lo que hace un friki al "aceptar" un estereotipo: retroalimenta al sistema.

~ El cerebro es "simple" analizado desde sus principales vías ~

   Una breve interrupción para tocar estos delicados temas, pues tienen que ver con el párrafo anterior. La serie "the morning show" —¡espoiler para el que no haya visto la serie y tenga pensado verla!— trata de un caso hipotético a partir de #MeToo (personas que denuncian casos de abusos sexuales o violaciones después de años). Al final una de las mujeres implicadas en el caso se suicida. Está claro que sin el primer suceso esto no hubiera ocurrido, luego el primer culpable es el hombre que le creó tal trauma, pero ¿quién está libre de culpa si se supone que el cerebro tiene mecanismos de defensa y el #MeToo ha reavivado viejas heridas a toda persona que ha pasado por tales actos? En la serie todos son más o menos culpables, porque ponen sobre esta víctima el peso de la defensa o el ataque hacia el inculpado. La sonsacan desde varios frentes para saber cada detalle, lo que obliga a dicho cerebro a revivir una y otra vez tal proceso, reviviendo a la vez la parte emocional, e incluso me imagino que la de su propia "carne". Hasta ese día, habían pasado años, lo sobrellevaba, pero pasar por todo este proceso fue demasiado para dicha persona.  —Por cierto, por orden de Apple TV, Twitter nos borró uno de los mensajes en los que hacía alusión a la serie; no decía gran cosa, algo así como "qué clarificadora es la serie…, se está poniendo interesante", (el gran hermano nos vigila). El propio feminismo al alentar el #MeToo es igualmente culpable en alguna medida. Según mi punto de vista el final y el suicidio no son consecuentes con la trama. Es un artificio de la serie para acabar de una manera más dramática. El suceso no fue, a nivel de leyes, una violación, ella no supo salir del paso y no dijo no o basta, o quiero irme a casa, y se dio un acto sexual no aceptado internamente por parte de ella. La trama de las serie intenta denunciar la "cultura de la violación", en este caso a nivel corporativo y dentro de las grandes empresas. No creo que ese clima se dé en las empresas de países como España. La raíz del problema, sí, son ciertas estructuras de la "naturaleza" del macho, pero también de algunas mujeres que sí están dispuestas a tener sexo por conseguir un puesto más alto de trabajo, o cualquier otro tipo de poder o reconocimiento—nos viene de la prehistoria no es un proceso que nazca de la nada—. Ahí está el ejemplo de la película "Richard Jewell", basada en hechos reales, en donde una periodista seduce y tiene sexo con un agente del FBI, para que le filtre alguna información que pueda publicar. La seducción va en las dos direcciones, ¿es más agresivo si un pene entra en una vagina, que si una vagina rodea un pene? Dos no juegan si uno no quiere, en cuanto algunas mujeres sí entraban en ese juego, en las corporaciones y por arribismo, propiciaron para que el juego se mantuviera, con la consiguiente presión sobre esas otras mujeres que no querían tener sexo para conseguir un cargo más alto. Ese "juego" se puede haber dado en mentalidades como las de los estadounidenses, pero no en otros tipos de culturas menos arribistas. Con todo si el feminismo logra acabar con esa lacra en las corporaciones bien está, pero no así acabará con las violaciones y abusos sexuales, luego airearlos, bajo mi punto de vista, va contra lo que trata de hacer el cerebro al bloquear ciertos recuerdos, y en ese caso es para mal.

     Las series que tratan estos temas adaptan sus guiones a las opiniones de las redes sociales, y si en algún caso hacen o dicen algo excesivamente inconveniente para un colectivo lo remedan en siguientes capítulos. En uno de los capítulos iniciales una de sus protagonista dice: "¡Por favor, cuál es el problema! Los tíos a menudo meten la polla donde no deben, pero ¿quién de nosotras puede asegurar que no haría lo mismo si tuviera otros atributos? Los tíos son así por naturaleza y eso es imposible de cambiar. Dan igual las mentiras que nos contemos y cuántos reportajes hagamos..., así que, ¡Mazel tov!", pero el personaje se tuvo que desdecir en el capítulo final dado el suicidio y me imagino que por las protestas de las feministas en las redes sociales. En otra serie, "Flack", que se trata de una empresa que saca de apuros a los famosos o a las personas de la élite, no dudan en hacer uno de los capítulos centrándose en cómo una artista menor de edad gana fama recurriendo a un falso vídeo sexual filtrado, azuzado y apoyado por su propia madre, pero en un capítulo posterior, posiblemente debido a la indignación de las feministas, la protagonista no duda en no proteger a un magnate que ha perdido el control de unos vídeos comprometidos, y en donde supuestamente (no lo dicen claramente, se lee entrelíneas) se encuentran vídeos de sexo con menores de edad.  La serie mostró una doble moral. Para mí es peor el  caso de la menor y la madre, pues algunos machos son un caso perdido y siempre ha sido así, pero que ahora las madres entren en el mismo lenguaje, y sobre todo con una hija menor de edad, y sea simplemente por fama y dinero, fue algo demencial que lo legitimasen en la serie. Antes de la masificación de Internet y las redes sociales  las películas y las series se limitaban a mostrar la realidad. Hoy todo guionista ha de estar "condenado" a "maquillar" las palabras, a ser políticamente correcto. No hablar de algo, o contarlo "disfrazado" o atenuado, no acaba con el problema: es minimizar la realidad. Con todo, casi siempre el cine ha tratado de no tocar ciertos temas, como los de las violaciones, pero quizás por esa "sabiduría" de entender que hay cosas demasiado delicadas como para ser tratadas. Al fin y al cabo uno no le recuerda todos los días a un viudo/a su pérdida, o se le recuerda a una persona que ha pasado por un abuso o violación el día de tal suceso. Cada humano venimos de serie con el saber y "respetar" ciertas formas de operar del cerebro (reglas tácitas, sin la tilde son unas tazas pequeñas), como es el caso del olvido de los procesos traumáticos o de mucho dolor. No hay que escarbar en las heridas de las personas, como tampoco queremos que lo hagan con las nuestras, eso sólo puede estar en manos de los terapeutas especializados en tales temas.

    Con esto vuelvo al prefrontal como sistema verificador. Al prefrontal o conciencia llegan ciertos tipo de datos y los "acepta" o lo da como "inválidos", pero su "criterio" no tiene nada que ver con la "verdad", puesto que no sabe de las directrices del cerebro profundo, ni tal "elección" va a modificar las estructuras de las capas más profundas del cerebro. Por otro lado el prefrontal al "negar" algo que le diga el cerebro profundo sólo va a generar una duda que puede que al final cree un trastorno, como es el caso de los falsos recuerdos de una violación de la niñez, pues crean a partir de entonces distintos procesos en cadena: desconfiar de los hombres, tener demasiada cautela, vivir atemorizada por otra violación. Tal estado se llama hipervigilancia. Se puede pensar que si tal proceso tiene efecto para lo malo debería de tenerlo para lo bueno. Vuelvo al ejemplo del ordenador. Este tiene una velocidad límite que no puede ser sobrepasada. Si el optimismo consiste en creer que se puede sobrepasar ese límite, es un optimismo negativo. Lo que sí se le puede hacer a un ordenador sin peligro es hacer que vaya lo más lento que se quiera. Un pesimista que no deje ir al sistema a su velocidad "normal" es menos negativo que un optimista que sobrepase los límites del sistema. Una persona "normal" aceptará la velocidad a la que se prefija el ordenador por defecto. El problema que descubrió la evolución es que el prefrontal y el agente que allí emergía no era estable bajo las premisas a como estaba construido el cerebro y dado que este está en un medio que, por la segunda ley de la termodinámica, tiende al desorden y lo caótico. Para que ese agente estuviese estable tenía que tener las sensación que tenía control sobre el medio, y en ese proceso creó varios mecanismos bajo los que todos nacemos, como el locus de control (remito al escrito de Julie Reshe en Aeon sobre realismo depresivo en su piel, pues me ahorro de volver a explicar todo lo que significa tal "condición"). AMD, fabricante de microprocesadores, al ser la competencia de Intel, ha tenido que recurrir a distintas estrategias para tener un espacio en el mercado. Como sabe que el usuario es más "feliz" si hace overclocking al sistema, vende los microprocesadores con cierta velocidad, diciendo que se puede llegar a otra bastante más alta. ¿Engaño? Si creemos o afirmamos que es un engaño en este caso, ¿por qué creemos que el locus de control no lo es? En su escrito Julie Reshe nos hace ver que la mayoría de la gente —pues el falso o sesgo optimista es como venimos de fábrica— cree ser mejor de lo que es, incluso en sus resultados académicos, cuando las estadísticas dicen lo contrario. En ese caso y otros el escrito en Aeon —basado en estudios— nos dice que el realista depresivo suele tener un punto de vista más ajustado a la realidad.

    Resumiendo lo que antecede. Un realista depresivo no es un pesimista, yo me tengo en alto valor, no me infravaloro. Si acaso me infravaloro bajo el punto de vista del optimista, pero dado que el de ellos está inflado la visión de mí mismo está bastante ajustada a la "realidad". Volviendo al ejemplo del ordenador. ¿Uno puede forzar un poco más allá del límite a la máquina?, sí, pero a la vez este proceso pasa por perder estabilidad y años de durabilidad. Recordar lo que se le dice al replicante de Blade Runner: "la luz que arde el doble de brillante, arde la mitad de tiempo". Por otro lado está el impacto social de tal tendencia, que es una de las metas a la que quiere llegar este escrito. El exceso de "brillo" del humano nos ha traído a las actuales paradojas de la sociedad, donde estamos acabando con la vida natural y estamos creando un cambio climático. Hemos actuado no como vida en el planeta, sino como un virus o un cáncer, como nos recuerdan en "Matrix". No hemos leído bien las señales, aquellas que todos los animales tienen de base, porque se fundamentan en los signos indexales de los ecosistemas y de la evolución, y hemos tratado de fundamentar nuestra vida en la "razón", con su fantasmagórico juego de símbolos vacíos de significado relevantes para el resto de los sistemas y en la voluble, irreal y falseado agente que es la conciencia como falso "conductor" al volante de tal sistema. Los grandes saurios "dominaron" (lenguaje antropomórfico) el planeta durante 135 millones de años. ¿Seremos como el replicante de Blade runner que al brillar con el doble de intensidad duraremos mucho menos? La vergüenza actuó a modo de "bajar los humos" de las personas engreídas —en esa medida no dejaba de ser la evolución tratando de reajustar la velocidad del sistema—, para que de esa manera se mantuviesen los sistemas tribales estables, la mujer era la principal "creadora" y promotora de tal sistema y proceso para frenar al macho, más tendente a los excesos (testosterona, adrenalina, esteroides). Durante una época el cristianismo hizo igualmente de freno poniendo a todo exceso como un pecado. El arte y la idea de "Memento Mori" nos recordaba la banalidad de creerse grande y lo democrática que era la muerte. Con la "muerte de Dios", con la llegada de la Ilustración y la "fe" en la razón, todo freno dejó de ser válido. Esa muerte de Dios se inició con el Luteranismo y las siguientes guerras entre Católicos y Protestantes, si se piensa bien. Está claro que para Lutero la Reforma era una cuestión de cómo interpretar la biblia, pero ¿era así igualmente para los comerciantes germanos?, ¿en qué medida no vieron un medio para desligarse de la forma de entender la vida, un cambio de paradigma, pues el catolicismo frenaba el crecimiento de los comerciantes desde sus credos? La falsa idea en que podemos crear un proyecto —que la razón y la conciencia vencerán a los sistémico— nos alienta a ir cada vez más rápido hacia ese teórico cambio de paradigma, sin que este al final llegue y con el problema añadido de que cada vez aceleramos más el sistema hacia un catastrófico final. El sistema ya ni siquiera escucha a los expertos y pareciera que fuéramos en un vehículo sin conductor y sin frenos. Las libertades (opiniones) individuales, aunque mayoritarias, tampoco logran tomar tal mando, pues aunque sus palabras dicen unas cosas, sus acciones dicen otras. No acelerar el sistema no es tener conciencia y nominarlo. No acelerar el sistema tendría que significar, por ejemplo, renunciar a tener un vehículo y no viajar en exceso, en un mundo occidental que casi cada persona tiene un vehículo y su único incentivo en la vida suele ser unas largas y lejanas vacaciones. No tratamos de arreglar lo que se estropea: es una buena excusa para comprarse algo nuevo. En este tipo de acción (¿elección?) "validamos" la obsolescencia programada. Al aceptar y entrar dentro de las reglas del capitalismo y el consumismo (jugar a su juego, aunque sea de forma pasiva y a regañadientes) hacemos grande al sistema en nuestro hacer, frente a una conciencia que se cree falsamente ecológica (falsa conciencia de…, que es uno de los signos de tal estructura o aparente agente al mando). De nuevo los desmanes de sobrevalorarnos y del locus del control. De nuevo los sistémico jugando sus cartas.

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   Da un respiro al lector. Deduzco que aunque arriba hayas usado el lenguaje de Peirce, este no te haría falta, pues siempre has dicho lo mismo pero bajo "otros  lenguajes"; desde siempre has utilizado el concepto del multi-signo; y por lo demás es lo mismo que han denunciado los posmodernos: que la razón general es la cárcel cognitiva de lo individual, que la unidad de los signos es falaz y tan sólo una construcción de la razón, en tanto que razón social. ¿Es el de Peirce un lenguaje "mejor"?, sólo has adaptado tu propio lenguaje al suyo, en parte para hacer ver alguno de sus fallos. Tu escrito "Señalar y suponer - la desintegración de la comunicación", se basa en hechos científicos como el concepto de señales honestas, que no se basan en ninguna semiótica, sino en algo tan básico en la evolución y la vida como lo es el engaño, como una estructura más dentro del sistema de supervivencia. No hay "verdades", existe el engaño como estructura truncada de lo que es y debería de ser una señal honesta o simple información dentro de un mismo sistema, que al ser uno no requiere de comunicación, sino de la unicidad de sus signos. A todo esto, y en la misma línea de investigación, hemos averiguado que hay una zona y neuronas en el cerebro dedicadas a la posición de la cabeza. ¿Por qué? Es el primer modo de señalar o primer índice en la naturaleza y la evolución. La posición de la cabeza de otro pez indica a un depredador si puede estar desprevenido o no, o lo mismo para la presa de si el depredador le ha "echado el ojo". Los ojos de las presas se adaptaron para tener casi una vista de 180 grados y la de los depredadores a la vista frontal. En los primates se volvió frontal por la necesidad de saltar entre las ramas y los árboles. El señalar objetos con el dedo, como hace el hombre, fue una necesidad más precisa dentro de este sistema tan primario, al igual que nuestra esclerótica sea blanca con respecto al resto de animales: para saber en qué dirección mira otro humano. La evolución “no da puntada sin hilo”, todo tiene un porqué y un origen aparentemente "tonto" y azaroso.

    Este escrito se está alargando en exceso, vamos a darle el tiro de gracia para que —cual cadáver— deje de deambular sin dirección. Vuelvo a las redes sociales, Internet y la globalización. Lo que suele hacer toda persona en dichos medios es buscar a sus "iguales". En la vida de un pequeño pueblo uno interacciona con las pocas personas de tal espacio: ha de "aceptar" de alguna manera la otredad. Las grandes ciudades fueron un primer camino hacia lo identitario. Se buscaba vivir en los barrios o zonas más cercanas a los de nuestra propia identidad. Hoy hay ciudades casi exclusivamente para ciertas identidades o tendencias, como ciudades para personas mayores, para la juventud, para el juego… Urbanizaciones para millonarios, para ricos…, barrios de la clase media, para artistas, para pobres… Barrios de judíos, de chinos, de musulmanes. Internet no ha significado salir fuera de la propia identidad para acercarse a culturas ajenas. La mayor tendencia es la posición contraria, la de buscar cada vez más cada detalle que aíslen ciertas identidades a grupos muy específicos. Eso no está pareciendo que nos lleve a la tolerancia, sino a cada vez más "guerras" soterradas por doquier. A monólogos que no buscan la comunicación, sino al "ataque" de lo "otro". Ni siquiera bajo la supuesta idea de que en su dialéctica puedan llegar a unas conclusiones mediadas. Suelen ser "ataques" con la única intención de herir o negar al otro.

     Con esto vuelvo al realismo depresivo. Quizás, como dijo el poeta, esta tipología sólo sabe una cosa, pero es algo muy "poderoso": que la identidad es la base de todos los conflictos. Y cuando digo identidad no me refiero al carácter, eso sólo es ser. Me refiero a la construcción de una identidad social, que irremediablemente (17 letras) lleva a una identidad narrativa. Yo soy cuando dejo que mi carácter se exprese, soy construcción cuando tengo que adaptar esa identidad dentro de las normas sociales. Soy en mi hacer, soy "otro" en tanto que "actúo" de forma reactiva y adaptativa, o para finalizar este modo de decir lo mismo de distintas formas y parafraseando a Kierkegaard: al elegirme a mí mismo, no dejo que otros lo elijan por mí. El individualista se cuestiona la adaptación óptima del ente social que propone la teoría del rasgo distintivo óptimo, por el cual una persona analiza y lima sus asperezas para el bien de lo social. El realista depresivo suele tender a la soledad porque no quiere adaptarse y porque tampoco quiere que se adapten a él, pues lo que no quiere para sí mismo no lo quiere tampoco para ningún otro. No es algo lógico, puesto que hay que reproducirse y hay que colaborar, pero la vida nunca se pensó para ser "lógica"..., ni moral, como nos recuerda Michael Ruse con respecto a lo segundo al decir que: "la moralidad es una ilusión colectiva de los genes; necesitamos creer en la moralidad y, por tanto, gracias a nuestra biología, creemos en la moralidad; no hay ningún fundamento «ahí fuera», más allá de la que le pueda dar la naturaleza humana". El antinaturalismo, como manifestación contra la vida por su absurdidad, está contra ella, pues es una enfermedad genética y degenerativa de la materia, y puesto que sólo es un sistema de dolor que "inventó" el placer para contrarrestarlo, pero donde a la vez este sistema se volvió dolor en tanto que había que buscarlo eternamente (Schopenhauer). "No soporto estar consciente todo el rato", nos dicen, bajo estas premisas, en la película "Senderos de honor". La base de la vida es el dolor, sino ¿por qué inventarse el cielo si la propia vida ya lo fuese? La genial serie "The good place", en su último capítulo, en donde llegan al cielo, sus protagonistas se encuentran que todas las personas son estúpidas y apáticas, pues tener todo lo que se desea sin ningún esfuerzo no genera ningún reto para el cerebro. A la misma conclusión se llega en la trilogía "Matrix", donde un primer mundo perfecto no fue del agrado de los humanos y lo tuvieron que remedar. El dolor —o la escasez, que es la esencia de la vida— tiene que ser la base desde la cual tratar de remontar ese estado.  La insatisfacción genera movimiento, la felicidad quietud.  No queremos que nos "entreguen" la felicidad, queremos lucharla. El  sexo fácil o gratis no "sabe" igual que aquel otro por el que hay que "pelear". Lo gratis está bien pero no se le da el mismo valor que algo de un alto precio. Bajo estas premisas este escrito parte de la desventaja del poco valor que tiene lo gratis. Para Mary Wollstonecraft la felicidad era la saciedad poco profunda de los deseos, (fuente Aeon). La total perfección genera malestar, apatía y estupidez, luego la escasez y el dolor es la base y el primer motor de la vida sensitiva y compleja. Un medio camino —de todo lo analizado arriba— es aceptarnos todos con nuestros errores, pero la vida social está hecha para castigar todo lo liminal y que no se adapte a sus modelos o sus promedios. Sea como fuere que sea un gobierno, en la actualidad nunca deja de ser una ideocracia. Las redes sociales nos "empujan" a readaptarnos a ciertas normas, comportamientos y lenguajes, en donde tal premisa hace de la directriz que en otros casos ideocráticos lo harían sus líderes o las ideologías. Casi todo el cine y las series se han adaptado a este lenguaje casi como el único. Llegamos así al humano unidimensional de Marcuse. En un ejemplo, si no se aceptan las premisas feministas se es un machista, sin tratar de establecer si tales premisas son ciertas. Tal apelativo crea ansiedad (como se demuestra en la edición de GH Vip 2018 de España, en las reacciones demasiado temerosas —llegando incluso a ataques de pánico— de dos de sus concursantes), luego se evita toda posible polémica y disensión hacia dicho colectivo, que se erige así en la voz de lo que son los sexos, los géneros, incluyendo al hombre, donde este —según el feminismo— igualmente tiene una visión equivocada sobre sí. Según el feminismo el hombre tiende más al suicidio porque el orgullo que le exige la sociedad no puede quedar herido y porque en esa coyuntura no deja salir su lado emocional. No quiero alargarme para hacerles ver en que están erradas.

     En todo lo previo salen dos conceptos a tener en cuenta: la autenticidad y la diferencia entre sujeto (como es el social) y el yo. De nuevo en todos mis escritos me he deslizado de un lado a otro. Mis últimas opiniones es que somos el carácter, lo dado por el ADN, pero a la vez también sostengo que uno ha de ser ese ser que emerge como razón y donde esta tiene como base la duda, la falsabilidad, y es verificabilidad. En los dos casos hay dos estructuras que ni siquiera en su raíz contienen o se vislumbra un ego. Ese emerge por el concepto de apelación (explicado arriba), el otro me nombra y sé que dichas estructuras son las que emergen para y dada la existencia del otro y la sociedad en su conjunto con su cultura, leyes, normas y convenciones. Llamamos a los niños encontrados abandonados en bosques y selvas como salvajes o ferales pues no tienen ese yo o ego que media entre su Ser y lo social. Soy yo porque el otro me apela como sujeto distinto a él. Esas dos estructuras son la cognición implícita, esa que emerge como resolutor de problemas y constructor del mapa mental interno, a nivel profundo, y por otro lado está la llamada síntesis creativa del prefrontal. La primera "soluciona" o construye a partir de los pilares que son las estructuras heredadas (carácter) y formadas en los primeros años, las segunda es simplemente una resolutor de problemas al modo de una CPU. Tiene la capacidad de estar más "libre" de lo dado. En ese módulo todos somos iguales, en tanto que es razón, sustentada por la lógica, y estructura la realidad a partir de que su base es la duda, —la diferencia, y es por lo que no puede ser una razón "real", es que cada uno tiene ciertas cosas que son intocables para este módulo—. El prefrontal tiene la capacidad de no dar nada por sentado. La zona media de esas dos estructuras construyen una identidad lo más coherente posible entre esos dos contrarios que no tienen una capacidad real de comunicarse entre ellos. En una metáfora: es como un hijo que manda mensajes entre sus dos padres, porque estos no se hablan. Siendo así ese segundo estado incluso tiene la capacidad de cuestionar el carácter. Entonces… ¿dónde está el Ser auténtico?, y ¿se puede determinar que uno sea el "ángel" y el otro el "demonio"? No hay nada que diga algo con contundencia en ninguno de los casos. La razón fría es capaz de crear los genocidios y al psicópata, y la parte más profunda del carácter, "aliada" con una religión o ideología en una época equivocada, igualmente producen los mismos efectos "desastrosos" o dan como resultado una persona impulsiva y violenta.  De nuevo sale a colación la media dorada de Aristóteles. El problema, bajo mi punto de vista, es que la identidad narrativa es la más falseada o menos auténtica. En la antigüedad, y hasta el siglo IXX, el oficio de actor estaba mal visto; quizás porque nos recordaba demasiado claramente que la acción (actuar) no nos representaba como seres, sino como una impostura, como nos recuerda David Egan cuando dice que "todos tenemos un sentido intuitivo de cómo llevar a cabo los personajes de ficción, porque nosotros mismos lo realizamos todo el tiempo". Una religión o un credo, que se puede manifestar como una ideología de izquierdas o derecha, está acoplada (pegada) al carácter, ya que se nace o no con dicha estructura. Pero esa estructura en tanto que dependiendo de la sociedad, lugar y la época en la que se nazca, la van a "rellenar" con una u otra. Con la capacidad heredada de ser religioso, si se nace en la India se es hindú, en oriente medio musulmán y en Europa cristiano (a nivel más probable en estadística). Esta estructura o capacidad de crear una identidad acorde a la sociedad es muy antigua, puesto que nacemos para aprender. En su estadio más primitivo se tenía que aprender que frutos comer y cuáles no, o a partir nueces con piedras, o a coger termitas con una rama. Cuanto más cosas se tenían que aprender más compleja era esa sociedad, que la podía hacer diferente de otras. A esa base se unió a la larga el aprendizaje de los ritos y las creencias, y esa es a la estructura a la que me refiero, que es donde se encuentra la identidad nacional y la religiosa. Con las ciudades, y por ello es un estadio relativamente nuevo, tales estructuras no suplían todas las posibilidades (combinaciones, interacciones de componentes químicos y moléculas) que se pueden dar o que el medio exige al cerebro para que se adapte. En ese nuevo medio nace una identidad adaptada a cada situación, un ser hipostático o subpersonalidad a modo de espejo social (nombrados y definidos arriba), entre esas identidades profundas y las capacidades del prefrontal. A ese conjunto de identidades a su nivel más superficial es a la que por comodidad se llama identidad narrativa. Esta es sólo piel. De nuevo sale una dualidad: el carácter está "pegado" —acoplado— a la identidad nacional o religiosa, son dos estructuras menos móviles o volubles…, más fijas. Por otro lado el prefrontal supervisa sobre todo la identidad narrativa, pues como hemos dicho no tiene tanta comunicación con las estructuras profundas. Las interacciones de esas dos estructuras crean una zona central dedicada básicamente a resolver los conflictos entre esas dos zonas y una persona, como sujeto (de sujetar), como yo, como agente, como personalidad (y su solapada subpersonalidad), se es esa estructura central. Los dos opuestos le hacen ir de un extremo a otro según las situaciones, mientras que esta aparente unidad trata de domeñar las posibles contradicciones a un punto mediado. No hay que ver en tal estructura tres agentes: es el propio cerebro "dialogando" consigo mismo… o mejor, puesto que no es habla, interaccionando en sus conexiones y su química. Una persona cabal, íntegra (integrar) es aquella que no tiene ningún conflicto interno, en donde en tal proceso tampoco los suele tener a nivel externo o en lo social. Pero para que tal persona se dé, o bien es porque es mediocre (común, normal… "normie" y peyorativamente en jerga inglesa), o bien es porque es un "sabio", que se suele asociar como estereotipo a ciertos ancianos. Explico esto. Si se nace sin problemas genéticos que le predispongan a uno a tener un carácter extremo, como los analizados arriba sobre los receptores de la dopamina o la serotonina, el lado profundo no está desintonizado de la media y por lo tanto de la sociedad. Si no es así, el prefrontal —si entra en juego, en las personas subcontroladas eso no ocurre— se vuelve más activo de lo normal (persona neurótica en la teoría de los cinco grandes), tiene que estar más pendiente de "vigilar", verificar, los "resultados" que el entrega el cerebro profundo. En ese proceso es complicado hallar un equilibrio medio y quizás por esta dificultad añadida, y puesto que el prefrontal de estas personas es más "quisquilloso", no crea ni cree (de la cercanía de creer y crear) en esa identidad media más social. Sabe o siente que tal identidad es máscara, lo que retroalimenta aún más su incapacidad para crearla y poder creer en ella. Aquí a la vez sale otra regla. Es más sólida o menos hipostática la identidad nacional y la religiosa que la social. Si una persona con dichos conflictos llega a un estado estable dentro de su caos, se volverá cabal por medio de la sabiduría. Los conceptos de autenticidad dentro de los distintos autores como Heidegger, Marx, Sartre o Umberto Eco no nominan a una misma autenticidad. Cada una de ellas son "adaptaciones" de cada uno de esos cerebros, con sus propios conflictos, y según la vida que les tocó vivir.



     Para Tolkien la felicidad y la bondad de corazón nace en las mentes de las personas sencillas, que es lo que representan los hobbits (el hombre representa a la mentalidad anglosajona o la general: corrompible, que le dominaban las pasiones). El hobbit es como aquella que es la más cercana a cómo eran los cazadores-recolectores y lo son las personas de los pequeños pueblos, donde difícilmente pueda emerger una identidad hipostática (no dejan que nazca en el otro, se conocen y eso crea un tipo de control, para bien o para mal, —el nadie es profeta en su tierra: "¿No es Este el Hijo del carpintero? ¿No se llama Su madre María, y Sus hermanos Jacobo (Santiago), José, Simón y Judas?"—). Bajo esta rayana lógica, y si hemos ido yendo de estructuras habitables pequeñas a cada vez más grandes, Internet es el mayor espacio habitable posible y donde más se está dando dos posiciones contrarias, en tres estadios: 1. por un lado las identidades iguales se buscan, pero por otro 2. uno no sólo tiene una dimensión y pertenece a varias identidades. Como resultado 3. Internet es allí donde uno se puede estar cambiando de identidad una y otra vez sin fin. Se crea un perfil en una red social con unas formas de comportarse, si tal identidad falla o hemos creado enemigos o desavenencias, borramos tal perfil y creamos uno nuevo y "probamos" otra identidad. Una persona que sólo tenga su perfil "real" (casi nunca lo suele ser: damos el lado bueno o aceptable), no genera demasiado movimiento. Lo que más emerge en la red es la mutabilidad (en teología el Único Ser Inmutable es Dios), de tal manera que se ha vuelto viral el aceptarse como un ente multifacético. La frase de Walt Whitman de: “¿que yo me contradigo?, pues sí, me contradigo, ¿y qué? (yo soy inmenso, contengo multitudes)" define muy bien esta idea. Ahora… ¿es "real" ser multitud? En situaciones de alta tensión y crisis sale el carácter, ese núcleo "duro" (rígido) que somos. Cuanto mejor viva una sociedad (las del primer mundo) más superficial y lejos de ese núcleo se manifiesta tal sociedad. A Internet y las redes sociales "le dan vida" este tipo de sociedades y personas, pero lo dicho no responde a de si somos multitudes. Habría que hacer una gráfica donde por un lado se encuentren los grados de libertad de los cinco estadios que he representado del cerebro, en donde el carácter permanece de por vida, la identidad religiosa y nacional es bastante inamovible, y en donde en la cúspide de esa pirámide, el prefrontal y razón son la libertad de la que nos hablaba Sartre. Somos en primer lugar cinco facetas, pero que tienen como finalidad ser unidad —el cerebro por medio de la evolución ha creado estructuras en esa dirección, como la disonancia cognitiva, moral, emocional, el locus de control, o los alief; cada una entre las distintas capas—, o por lo menos eso decía el "guion" hasta ahora sobre lo que tenía que ser un humano. Si se puede hablar de la muerte del sujeto, como es así en la base del posmodernismo, es que ahora aceptamos que no tiene por qué haber coherencia entre esas cinco facetas —el sujeto está menos sujeto—, y en tanto que como —en parte— estamos tendiendo hacia el papel del prefrontal, este es en tanto que es nada, o lo que este módulo se quiera hacer ser. Pero esa identidad no crea Ser, sino un ser hipostático o cristalizado, sobre las estructuras sobre las que se sustenta. No referimos como pose a lo que no queremos llamar simplemente como máscara. Pose a la vez remite a la postura que adoptamos para dar una "buena" imagen en ante una cámara. Tanto una como otra provienen de postura, donde estas tenían en su origen provenientes de las señales honestas como el la postura cabizbaja de alguien triste, avergonzado o triste —como así lo hicieron ver Freud o Darwin, pero que con el paso del tiempo llevaron a posturas mediadas por las normas sociales (cruzar las piernas al estar sentado para evitar miradas a las zonas genitales, por ejemplo). ¿Hoy es todo pose? Por muy multitudes que pueda ser o se crea Whitman, su núcleo es de artista (que no es un estereotipo, sino un tipo de carácter en cuya base hay algún tipo de problema genético que repercuta en los neurotransmisores o sus receptores, o bien una infancia traumática, Whitman es uno más añadir a las personas solitarias que se refugiaron en la naturaleza), y este es el director de la orquesta en la sombra de esos otros instrumentos que crean una tonadilla o canción en su cabeza.


     La primera estructura es la física, la corporal, con sus funciones vegetativas, instintos (comportamiento incorporados) y reflejos. Uno no puede evitar que su estómago digiera, o que si algo va hacia el ojo este se cierre. En la segunda estructura, la identidad nacional y religiosa (cultural) crea unas estructuras asentadas en las emociones. Para un ateo no significa nada que se queme una cruz: un cristiano quizás pueda sentir dolor, odio, ira…; lo mismo para la bandera del país. En la última capa, el prefrontal cuestiona todo: es totalmente libre, puede cuestionar su indignación y moderarla o dejarla salir. Es muy posible que la gráfica de la libertad en las distintas capas sea una exponencial, donde en las capas "bajas" crezca poco, pero en donde la del prefrontal sea su 100%. La identidad narrativa es máscara, su grado de libertad estará entre el 60 al 90 por ciento. Pero la vida siempre está guionizada, en tanto que por lo general no se acepta el ser totalmente voluble, y mientras que ese grado de volubilidad se "pacta" en lo social. Hoy la tendencia es a que hay que ser lo más adaptable posible, pero de nuevo es parte del guion…, lo cual es una paradoja: la de obligar a alguien a cambiar bajo la premisa de que es libre (paradoja que igualmente tiene el feminismo: "no seas tal tipo de mujer, sino este otro tipo: el nuestro", atacan el construccionismo social, pero como somos entes performativos y sociales al final crean un nuevo tipo de construccionismo). Igualmente hay que tener en cuenta que aquella persona que es capaz de no tener ninguna premisa como válida, que es capaz de cuestionar todo y nada le prefija, es la base de un psicópata. La principal diferencia ente este y un sociópata, es que el primero suele ser un solitario, mientras que el segundo está bien integrado en la sociedad, de tal manera que puede llegar a ser indetectable. Para un psicópata, ni lo que le pueda decir el instinto moral de no matar, ni lo que le pueda decir los social de la preservación de la vida sustentado en la empatía por el dolor del que muere y los que le sobreviven, ni lo que le diga su imagen social, le dictan nada. Como dijo Max Horkheimer: "podríamos describir el fascismo como una síntesis satánica de la razón y la naturaleza", en donde razón son las capacidades del prefrontal. Es así que se entienda la frase de Hume que dice que : "la razón es y debería ser esclava de las pasiones", en donde con pasión se refería a la parte natural o profunda del hombre.

     A lo que quiero llegar es que somos esa suma de capas y en tanto que no nos vemos o percibimos por capas. Pensamos que el prefrontal, la conciencia, ese agente al mando, es el que se indigna con la quema de la bandera. No, es una capa profunda que manda una información/emoción en un circuito y el prefrontal lo verifica como "sí, soy yo el que siente rabia". A la vez creemos que algo de la máscara o la identidad narrativa nos es vital, cuando realmente no es así o bien no es parte de esta, sino de algún módulo más profundo. Entrar en un gran centro comercial llama a la misma zona que entrar en una gran catedral; el logotipo de Apple llama a la misma zona que una cruz. Los "matices" se añaden en otras partes del cerebro. Uno puede tener una discusión acalorada por defender su religión o a Apple, pero —quizás— muriese por su religión, pero no así por Apple. Yo no soy nacionalista y religioso, estructura profunda, y eso me puede dar algo más de "libertad" de acción en la vida, pero en el núcleo esta mi carácter, que me "predispone" a tener más "simpatía" con los partidos socialistas y comunistas, que con los de derechas o el capitalismo. Yo si tengo tres gominolas y estoy con otra persona le doy una y media. No sé de qué manera fuimos hacia lo que somos ahora, a personas que dan sólo una o ninguna. En ética y teoría de juegos plantean el dilema de "tu cortas la tarta y yo elijo el primero". En ese caso el que corta se ve "obligado" a ser justo. En los distintos experimentos sobre el tema —con dinero por medio— no siempre el que reparte lo hace de manera justa, con la condición que si el otro no lo acepta, ninguno de los dos recibe nada. Se da un porcentaje bastante elevado de no dividir por la mitad y que la otra persona no lo acepte. Esta estrategia en  la naturaleza se llama de rencor o despecho. Un satisfactor, volviendo al principio, es posible que se "conformase" con lo que el otro le dé, aunque no sea justo. ¿En qué medida no es lo que se ha ido dando de forma acumulativa durante la historia humana? Hoy estamos en el extremo más pronunciado de esa "bondad" del satisfactor con respecto al maximizador, donde el 10% de los humanos tienen el 90% de las riquezas, frente al resto del 90% que sólo tiene un 10% (principio de Pareto, en donde en este caso la división es 20/80). Puede el sistema frente al proyecto, pues tal regla se sigue de forma general en todos los sistemas (depredadores/presas, por ejemplo); así que por mucho que todo humano crea poder llegar a ese estado maximizador, o los que lo son crean que es por elección, los números de los sistemas dicen otra cosa.

    En sus inicios, entre los animales de manada, como he dicho en otros lugares, la testosterona no se reparte "democráticamente", sino que se reparte según la posición jerárquica. El alfa tiene una mayor cantidad, que le va hacer que tenga más gasto metabólico, que a la vez va a necesitar más carne o la de mejor calidad, y es por esto que es el primero en comer y elegir lo mejor. Para el macho en la naturaleza el centro del universo es el mismo. La maternidad por el contrario pone como el centro de su vida a otro ser distinto de sí misma: al hijo. No sé cómo el feminismo podrá hallar esos dos "sistemas" como iguales. El macho humano tendió a cuidar a su prole, lo que le pone más cerca del papel femenino de la naturaleza (leer artículo de Aeon al respecto), pero puede no llegar a él hasta no tener sus propios hijos, mientras que la mujer lo suele tener de base. La mujer era la posición fija de este sistema —su regulador homeostático, el atractor de caos (regulador)-, anclada a las necesidades del hijo, el macho era mutable y podía llegar a fijarse en una posición, pero hoy en día la misma mujer se ha vuelto mutable, y el único perjudicado ha sido el eje que es el hijo. Pero un hijo es un futuro adulto, luego "aprende" del sistema que no hay nada fijo, que todo es mutable, con el perjuicio a la larga en el cerebro evolutivo/social humano, que estaba signado a hacer "girar" engranajes sobre la descendencia, y eso era lo que le construía un sistema emocional estable, mientras que generación tras generación terminan por hacer cambios epigenéticos, que muten esos cerebros a ser inestables y mutables, porque así parece ser su entorno y parece una "exigencia" del medio. Las nuevas generaciones no son su propia construcción (porque persistan en ello) y adaptados a un nuevo medio como lo es Internet, donde pueden incluso dudar de su género, como ellos quieren creer. Son el producto de un ecosistema inestable que están creado cambios epigenéticos, que además "encajan" con la mutabilidad que es el propio Internet.

   Lo extraño de la época que nos ha tocado vivir, y bajo la falsa idea que "somos multitudes", que somos sobre todo  neuroplasticidad, es que estamos poniendo más "fe" en la identidad narrativa que en el resto de las identidades. Bajo mi punto de vista, poner fe en la máscara es la más cara de todas las apuestas posibles (cacofonía y juego de palabras intencional). Primero porque es la posición más cercana a la psicopática. La serie documental "A los gatos ni tocarlos: un asesino en internet", es un claro ejemplo de lo que quiero decir. Se trata sobre el caso de Luka Magnotta, una persona que mató a otra y lo emitió por streaming en Internet. Primero quiero traer aquí los distintos diagnósticos de distintos psiquiatras, pues pone en evidencia que tal doctrina no es positiva y sí muy falible. En medicina unos síntomas y unos análisis seguramente sólo lleguen a un mismo resultado, respuesta o enfermedad. En psiquiatría y las ciencias humanas nada es igual.

Experto
Diagnóstico
Procurador/ Defensa
Dr. Roy
Trastorno límite de la personalidad con rasgos histriónicos.
Independiente
Dr. Paris
Trastorno límite de la personalidad.
Procurador
Dr. Chamberland
Trastorno de personalidad antisocial, trastorno de personalidad histriónica,
trastorno de personalidad narcisista.
Procurador
Dr. Allard
Esquizofrenia paranoide.
Defensa
Dr. Watts
Esquizofrenia, trastorno de personalidad histriónica, rasgos de personalidad límite, parafilia.
Defensa
Dr. Barth
Esquizofrenia paranoide.
Defensa

    Lacan se refería a lo imaginario, el equivalente a lo que yo trato como identidad narrativa, como la capacidad mimética humana para reajustarse a los modelos sociales, esto nos dice la Wikipedia: "lo Imaginario, un reino de las apariencias superficiales que son inherentemente engañosa, es "fraude". Bajo un simple y un propio diagnóstico cuestionable, Luka Magnotta simplemente escogió unos modelos sociales equivocados. Se había obsesionado con las películas de los asesinos en serie como "American Psycho", la serie de películas sobre Hannibal Lecter, o la serie "Dexter". Había "amoldado" sus comportamientos a los de tales personajes de ficción. Casi todos sus "comportamientos" eran puramente imitativos de las acciones y formas de operar de dichos personajes. Pero, claro, no toda persona es capaz de matar. Cuando una persona pasa por fuertes traumas en su niñez la capa social queda en entredicho. En la niñez validamos y volvemos nuestra la piel de las convenciones sociales, pues esta es la que nos dan los seres en los que confiamos y que a la vez nos protegen: nuestros padres. Sin padre y una madre con sus propios problemas mentales, el niño que fue Luka Magnotta nunca prefijo esa identidad como propia, no creo una identidad social y por ello no daba fe a tales convenciones y normalizaciones regladas en lo social. "Lo que el individuo es para sí mismo no es algo que él inventó. Es lo que sus seres queridos han llegado a tratar ... como lo que es", nos recuerda Erving Goffman. En ese proceso su identidad se quedó suspendida entre la razón, que crea la identidad narrativa, lo imaginario (mimético) en Lacan, y los instintos. Los modelos que más se acercaban a él mismo eran los mostrados en las películas arriba mencionados, luego su identidad narrativa se reajustó a dichos modelos.

    Con todo esto llego a la finalidad del escrito: la mentalidad o modelo social que hoy en día es al que el humano se tiene que "prefijar", no es el mejor modelo de todos los posibles. Se cuestiona la identidad nacional o la religiosa, ya nadie se dice religioso, porque es casi una parte vergonzante de mostrar (Estados Unidos como excepción, o quizás sólo sea una tendencia de Europa). Ya no nos sirve de modelo lo nacional y nuestra cultura porque estas son por las que la humanidad ha cometido tantos "errores" a lo largo de la historia. Pero si quitamos tales capas… ¿qué queda?, por un lado el carácter y por otro la identidad narrativa. Retrocedamos un paso y recordemos: el prefrontal verifica, es una última capa. Se reajusta y llama un yo a partir de una identidad dada. Si el carácter, y la identidad nacional y la religiosa están en entredicho, sólo le queda la identidad narrativa para prefijarse. Niega todo lo dado excepto la identidad narrativa. No es así, realmente no funciona tal supuesto, pero esa es la base en la actualidad. El documental "sígueme" , que trata sobre las redes sociales, sobre todo en Instagram, que se basa en la imagen externa (nuevo lenguaje: predomina el exceso de pose y la belleza: el lookismo en una nueva manera de discriminación), en algunos de sus personajes mostrados, es una evidencia de lo que quiero decir. Si la identidad narrativa es lo más externo de todas las capas, la piel, nuestra imagen corporal, es lo único importante. Bajo esa premisa tendemos al narcisismo, a primar la juventud (en mi ciudad la alcaldía ha puesto unos carteles sobre que hay que tener respeto a las personas ancianas; si lo que se valida es lo joven, tal edad es otredad, su "enemiga" «edadismo»; antes no había que decir nada sobre el respeto a las personas mayores: se daba por hecho y era algo que los padres inculcaban a piedra; tenía que ver también a que se solía convivir con ellos, mientras que en la actualidad están las residencias para las personas mayores; la antropóloga Margaret Mead decía que los hijos se tenían que criar cerca de los abuelos), a la apariencia externa, la ropa y cualquier otro añadido en nuestra piel, como así los son los tatuajes o los piercing. No quiero alargarme en este párrafo, pues tal idea no tiene mucho más que decir, hay infinidad de documentales sobre el tema y ya se ha hablado mucho de ello.

    (Acabo de pegar al escrito algo que estaba en el portapapeles, pero traducido al inglés —por algún atajo de teclado en una mal pulsación sobre las teclas—, y no sé ni que teclas ni qué programa hace tal cosa. ¡Que caos!, que genial.)

   La cuestión central es que lo que está ganando es la postura —desarrollada durante todo el escrito— del cerebro competitivo y sólo centrado en la productividad, las finalidades y los logros. Su lógica es rayana: sobrevive lo que gana. Si hay que presentarse a un trabajo y para alguien "todo vale", "ganará" a aquel otro que se ponga restricciones, o anteponga su dignidad o sus valores morales. Si algo nos muestra —de forma equivocada, pues se ponen por los suelos— las últimas series norteamericanas e inglesas como "Llegar a ser Dios en Las Vegas", "Flack" o "Fleabag" —por poner sólo tres ejemplos claros— es que el humano ha perdido el rumbo hace ya tiempo, que los valores morales brillan por su ausencia. —¿Estás haciendo una llamada al pánico moral? —¿Eso parece?, ¡vaya!, sigo… Tal modelo es hacia el que tiende toda sociedad, pues los que ahora "mandan" y a los que hay que igualar, son esas dos culturas, en donde una es la que tiene la hegemonía cultural —Estados Unidos— y la otra es la anterior —Inglaterra—, y en donde las dos se basan en los valores y la mentalidad de los anglosajones. De la antigua URRSS se sabe que trataban a todo individuo con pretensiones capitalistas como "enfermo" al que había que curar, pero para los ideales del sueño americano la cuestión es peor, pues todo el que no lo persiga es un perdedor que muy posiblemente sea tratado como inferior, o como un parásito de su sociedad (¿el humano es un parásito de los hidrocarburos?, cuando un huésped muere, lo hace a su vez su parásito). Lo que me asombra al ver películas o series norteamericanas es la facilidad con la que se crean profesiones totalmente innecesarias, y la facilidad con lo que su sociedad las acepta y paga a dichas personas remuneraciones tan altas. Yo sentiría que estoy engañando a esas personas, sentiría incluso que me estoy engañando a mí mismo por dar valor a tal labor, pero en la mentalidad del sueño americano no cabe tal auto-cuestionamiento o autocrítica. Pensemos por ejemplo en el caso de esa plataforma en Internet para cubrir las infidelidades. Estaría bien que la usasen para engañar a sus directivos o empleados. El "no todo vale" cada vez se vuelve más holgado por el proceso de la normalización progresiva. Hemos normalizado que el centro de lo social es el individuo. Al llegar en el neolítico a las ciudades se fue acabando con el concepto de familia extendida hacia la de la familia nuclear: una hogar, una sola familia de padre e hijos. Hoy se está acabando incluso con este modelo, pues por un lado se han desdibujado los roles y por otro lado cada una de esas personas tienen su propia habitación y su intimidad. Cada vez hay menos "momentos familiares"; prima más la individualidad, la identidad narrativa proyectada en lo virtual, que la identidad entramada dentro de una familia.

Di la verdad. No sabes cómo acabar.
Es cierto. La idea principal la he perdido por el camino, pues ciertas conclusiones del escrito las contradecían. Por lo demás yo no quiero hacer una radiografía del momento actual. Tan sólo trataba de mostrar un porqué y darles unas bases más o menos científicas. La mayoría de los documentales sobre estos temas —redes sociales, narcisismo e identidad— se quedan en la superficie, y yo he tratado de ir a sus raíces.
Haz un pacto honesto contigo mismo: remata ante la falta de soluciones "viables" o "reales" y admite tus contradicciones. De paso revisa el título.

    Mis conclusiones —al empezar el escrito— era que el realista depresivo es más capaz que otras personas de librarse de todas las identidades hipostáticas, en donde incluso la nacional y la religiosa los son. Para Lacan, tanto lo real, lo simbólico y lo imaginario eran un fraude, aunque yo restaría de ahí lo real, si por ello entendemos el carácter y las "necesidades" de unas reglas para lo social que han nacido desde lo natural, como lo es la endogamia. En esa medida el depresivo realista está más libre de luchar o sacrificarse por ellas, luego ese tipo de personalidad está más preparado para crear un proyecto humano. Una segunda conclusión es que es más "aceptable" y comprensible una identidad nacional y religiosa —sin llegar a extremos— que la actual tendencia hacia sustentar y dar fe a la identidad narrativa de la multi-máscara, de aceptarse como habitado por multitudes, que por lo demás es falaz. En ese estado de aceptarse como un ente cristalizado y performativo, dúctil, moldeable, el humano es más propenso para la aculturación, para aceptar las posturas de la actual hegemonía cultural, en "manos" de un "pueblo" que se inició con ciertas premisas equivocadas y desajustadas para el momento actual, en donde se sigue manteniendo o crece el nivel de la producción y consumo, cuando el planeta y el clima nos están diciendo que lo estamos haciendo mal. Las culturas que viven (vivían) en la escasez —o nacieron bajo esa coyuntura— se tuvieron que basar en ponerse propósitos a largo plazo dada la situación en la que vivían. En definitiva, lo importante eran las finalidades (telos), mientras que las sociedades que vivían en regiones sin escasez se basaban en lo atélico (sin fines), en la vida del día a día rodeados de los suyos y disfrutando de las pequeñas cosas. ¿Por qué tratar de ir a otros planetas o al futuro si en el proceso no vivimos el presente o lo hacemos tan ciegamente que dañamos el planeta en el que estamos? Hoy no hay escasez ni de alimentos, ni de viviendas; sólo hay escasez de trabajo. En un mundo dirigido hacia un proyecto, todos tendríamos que tener trabajo, repartiendo por igual el total de horas de todos los puestos existentes. ¿Qué salen seis horas al día?, ¿qué se cobra menos?, pues habría que adaptar los gastos a esos ingresos y de esa manera no sobrecargar a la naturaleza y al clima por nuestros excesos. Tales metas pondrían como medio el volver a fabricar productos de calidad o que fueran fácilmente reparables. La infancia y la vuelta a la familia es crucial para volver a un estado donde habría menos trastornos mentales. Eso pasa por que el centro sea de nuevo la mujer. Tener menos hijos, pero de "calidad" criados por madres —las que así lo deseasen— que cobrarían por estar con ellos hasta los doce años o así. En ese proceso esos cerebros volverían a recuperar un equilibrio que hoy se está perdiendo en todo humano proveniente de las familias disfuncionales. Las sociedades actuales van encadenando generación tras generación la tara de dicho estado de cosas —donde en la siguiente es peor— hasta llegar a ciertos prototipos de humanos totalmente "descolocados" (nihilizados) de lo que es la realidad, situación que se da sobre todo en las culturas más "avanzadas".  Luka Magnotta es un "hijo" (un "producto") de nuestra era: todos somos culpables del asesinato que cometió, como así al final dicen en el documental sobre él. La globalización no tiene sentido si por ello entramos en una dinámica del mercado donde es más barato un tomate del otro lado del mundo, que uno que ha cultivado un agrícola vecino. Las corporaciones no deberían de poder establecerse en otros países. Con esa restricción no crecería tanto su poder, pues a la larga estamos yendo hacia las corporatocracias. La película "Dark waters" es una más de ese tipo de films denuncia, en este caso contra corporación la industria química DuPont, en donde se nos dice que el 99% de los humanos hemos sido infectados por una molécula sintética larga de carbono (C-8), que es un cancerígeno. La película muestra la total connivencia entre tal empresa y el Estado, donde este no hace nada, pues es lo que dicta tal entramado entre los dos tipos de poder. Deberíamos volver al modelo del supermercado, todo más local y descentralizado, que apoyase las pequeñas y medianas empresas, tratando de evitar incluso los hipermercados —en realidad restan puestos de trabajo a su alrededor, con menos pequeñas tiendas—, que además hacen necesario el automóvil. Las identidades son un conflicto, más cuanto más distintas sean. Todo inmigrante tendría que aceptar perder su identidad integrándose en la sociedad que la acoja. Me gustaría pensar que puede ser de otra forma, en este escrito he tratado de mostrar los porqués, y el porqué de tal apuesta cuestionable y aparentemente discriminatoria, pero el caso de los musulmanes y los Judíos en Europa, en siglos pasados, creo que nos están diciendo que es un sueño imposible. En la actualidad hay infinidad de conflictos —armados o no— entre distintas identidades. El solo experimento de los niños y su predilección de sus iguales, aunque hayan hecho el mal, ya debería de validar lo que digo. Se puede educar, sí, pero eso sólo es una máscara de endeble goma, que se caerá durante las grandes y profundas crisis. No es algo del pasado: parte de unas estructuras cerebrales—y por ello sociales— que no se pueden cambiar. Tarde o temprano las cosas se pondrán feas, que no lo sea en un momento dado de abundancia no quiere decir que no lo será en un futuro, cuando se llegue a algún tipo de escasez. Construir las sociedades bajo la idea de "por ahora todo va bien", es el gran fallo de la humanidad. La actual tendencia a las extremas derechas son un aviso, o alerta temprana, de lo que pueda estar por venir.

Te estás poniendo "ñoñas", utópico, y entrando en temas conflictivos que no todos verán bajo tus premisas. Además, y como se suele decir, "hecha la ley, hecha la trampa". Las corporaciones o los individuos se sabrían "aprovechar" de tales disposiciones para su beneficio.
Ya. Como he dicho, no creo en la comunicación, habrá inmensidad de malas interpretaciones. Quien sea de mi misma identidad estará más cerca de no interpretarme mal. Remata tú el escrito. Me he cansado incluso a mí mismo.

    Tu escrito partía del error de ir contra las identidades, cuando lo hace a partir de la defensa de un tipo de identidad. Es cierto, he atacado a Peirce, pero en el fondo me cae bien pues era una persona que se aisló en lo posible de la sociedad, y nunca publicó sus escritos filosóficos, que los encontraron desordenados y sin saber cómo empezar a leerlos. Es de mi misma identidad. El "verdadero" realista depresivo no trata de cambiar nada pues sabe que es imposible. El mundo humano es caos, es sistema, y nunca llegará a un proyecto. A mí me dan igual mis escritos, los podría borrar mañana, pero claro, está el instinto de comunicación que nos empuja a contar al resto que no hay que ir tras de aquel monte pues hay una manada de lobos muy feroces. La soledad nunca termina de existir por cuanto todo cerebro está "contaminado" con una u otra directriz o patrón de lo social. El "verdadero" realista depresivo ha de ser nihilista y cínico, pues no hay nada que hacer ni a partir de lo moral, ni de la razón, ni de nada. El Joker en "Batman: el caballero oscuro", o el alter ego del personaje principal de "El club de la lucha", representan muy bien ese sacar la lengua a una sociedad que en su soberbia y sesgo optimista se pretende justa y sabia. La vida es caos, cada sistema trata de hallar un equilibrio. A más variables mayor problema para hallar un equilibrio, pues en muchos casos es un imposible. La vida es el caos de la guerra que representa la película "Apocalypse now!", frente a lo bien que lo puedan tener planificados en sus mapas los generales. La base de las sociedades deberían de ser los derechos naturales, pero sólo son una "bonita" disposición, una buena intención, que se añade a las distintas constituciones y se quedan sólo en el papel. ¿Valoro mis escritos?, más que muchos otros que están publicados, pero no le doy —ni me doy— la suficiente importancia como para que me tengan que pagar por escribirlos. No soy un "parado", siempre estoy activo y forzando mi mente y mi cuerpo: eso ya tendría valor en las tribus de cazadores-recolectores, pero hoy en día solo cuenta que se gane dinero, pues de lo contrario eres un parásito. Que el humano sea un signo que necesita comer para entregar a otro sus signos, no deja de ser una paradoja, cuando el Estado podría poner una renta básica y restar esa necesidad a toda persona creativa. En tiempos de la biblia, más cercanos a nuestros orígenes acertaban al decir "no me des ni pobreza ni riquezas, dame sólo el pan de cada día", (Proverbios 8). Todo ese credo de buscar el ganar prestigio y dinero por tu laborar es parte de la mentalidad que he tratado de atacar. Si tratase de publicar tendría que atenerme a ciertas cuestiones que no estoy dispuesto a asumir, por no ser parte de mi talante (carácter), ni siquiera he tratado buscar seguidores en las redes sociales, ni he pedido ni necesito que me den las gracias por las tantas gráficas que he hecho o he traducido. El valor me lo doy yo a mí mismo porque parto de mis Ser y no de mi hacer o tener. Puedo escribir ciertas cosas, pero ninguna merece una simple discusión o que las tuviese que defender públicamente. Hay que recordar al cínico Groucho Marx cuando dijo: "estos son mis principios, si no le gustan tengo otros." Le puedo dar el valor que sirva para alguien y para sus adentros, pero no tiene o quieren tener un valor social. La "verdadera" dialéctica ha de ser interior y menos social, como "demuestra" este escrito, en donde me he tenido que "reajustar" a las "verdades" que iban emergiendo. La postura contraria, desarrollada en lo social, tiende a ser doctrinaria o la base de una ideología, que además "endiosa" a su autor. Hoy en día debería ser preferible y tener más valor social una familia que vuelve al campo y aprende a cultivar y a cuidar el ganado que un nuevo YouTuber. Para mí tiene más valor cualquier albañil o agricultor que Steve Job, típica representación que he tratado de desnudar aquí. Vendía humo, era un trilero de guante blanco, y su "producto" se sigue vendiendo como un signo de estatus, de aquellos que quieren sentirse superiores a la media. ¿Cómo puede ser que una persona con los derechos de autor de una sola canción o un solo libro pueda vivir toda la vida?, o en otro caso esa familia que se hizo multimillonaria por tan sólo un vídeo viral de YouTube. Esta es la mentalidad que ataco. Los derechos de autor están sustentados sobre los que tienen la actual hegemonía cultural, cuando ellos se basan en los conocimientos de los Romanos y griegos, y a estos no les llega ni un céntimo. Los derechos de autor son como lo que en su momento fue poner vallas en los campos y decir esto es mío. ¿Acaso el humano cree ser inteligente al basarse en aquello de "yo lo vi primero", tan infantil? Valoro más una buena novela que un farragoso escrito de Baudrillard o Derrida. Hay más psicología en Somerset Maugham, Dostoevsky, Fernando Pessoa, García Márquez o Charles Bukowski que en muchos estudios científicos sobre la condición humana —no es una queja trivial; cuestiono que una novela o poesía mantiene el alma humana, mientras la ciencia la des(cons)truye— . "La psiquiatría es un monólogo de la razón sobre la locura", decía Foucault. Sartre se propuso escribir todos los días y así lo hizo, pero la mayoría de esos escritos están vacíos de significados. Si como dijo Peirce, el propio humano es un signo, su significado… ¿es no tener significado?, ¿ningún valor transcendental? O sólo es sus sueños nunca realizados. En su momento su significado era estar en una guerra permanente, en otro ser religioso, lo retoca y crea al religioso guerrero. Ante el fracaso de todo significado anterior —del metarrelato— lo mejor es… ¿dudar de todo significado? ¿Hoy cuál es?, ¿que somos individuos mutables? No es más que otro fracaso más en darnos un significado. Si fuera un buen camino me callaría, pero hoy la insatisfacción ante el vacío de Ser es general. Incluso una película tan poco "seria" como "Jay y Bob el Silencioso contraatacan" "aciertan" cuando dicen que "la gente odia tanto el presente que se quiere refugiar en el pasado". El proyecto humano tendría que basarse en volver a las raíces que por milenios nos hicieron humanos: grupos locales basados en las familias extendidas, en una cultura local que signaba sus cerebros a un equilibrio, tanto internamente como con el medio. La vergüenza como base homeostática de todo aquel que rompa el equilibrio forzando la retroalimentación positiva tanto del medio como de los cerebros. —Creo que me estoy inmiscuyendo en tu voz. —Sí. El saber no es el fin del humano, su papel sólo lo tiene que tener lo atélico, ese vivir día a día con tus personas queridas. El saber te aísla en una torre donde bajo ella sólo hay aridez. El conocimiento te hace único y más tendente a no poder conectar con nadie.

    (A fecha de dieciocho de enero me llega un enlace al escrito de Aeon "la racionalidad de la Ilustración no es suficiente: necesitamos un nuevo romanticismo", que no aporta demasiado, si bien anuncia una vuelta a la lucha dicotómica.

    —Estamos divagando, quedándonos en minucias detallistas y perdiendo la visión global. —Ya. Pretendo mostrar que para el viejo espíritu humano una vida no era medida por su productividad. Uno no mide cuánto le aporta su perro y lo alimenta según ese aporte. ¿Por qué lo hacemos con los humanos? Una vida es valiosa por serlo. El que la mide por su valor, es que quiere o se cree con un valor superior al resto, los cuales tienen que tratar de igualarlo: retroalimentación positiva sin freno. Mentalidad del macho en la naturaleza que ha de competir por copular, y cada una de esas cópulas es una especie de desprecio hacia sus competidores. "Me satisface más tu derrota que mi propia victoria", nos dicen en la serie Mr. Robot, evocando un pensamiento universal. Toda identidad siempre ha de ser bajo la premisa que su otredad pierda. Ahí está Estados Unidos, que no firma los convenios mundiales sobre la evitación del cambio climático, pues eso significaría que otro país o cultura le quitase el poder. Parece preferir que la existencia el humano se ponga en peligro que dejar que otro le gane. A nivel más individual, todo YouTuber  o Instagramer siempre quiere ir un paso más allá en la "locura" que dejar que otro le gane en seguidores. Que "los fuertes nunca quieren renunciar a sus privilegios" (Mr. Robot) es uno de esos conocimientos tácitos, complicados de defender en un mundo que se oculta tras sus máscaras, al igual que la sentencia de que "la desigualdad es un estado hacia el cual se inclina la naturaleza en todos los ámbitos", como nos recuerda Houston Stewart Chamberlain.

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    Últimas reflexiones después de lo tormentoso e in-articul(ad)o (doble acepción forzada, donde la segunda es que niegue ser un artículo) de los últimos párrafos.

   Este escrito ha ido dando tumbos, y peca de exceso y de irse por las ramas en demasiadas ocasiones. Lo acabé, más o menos, el dieciocho de enero y llevo casi una semana corrigiendo, poniéndole los enlaces y a su vez añadiendo pequeños detalles aquí y allá. No tiene un final definido. Si tal cosa se hiciese en una película sería fuerte y negativamente criticada. Yo lo acepto como artista, donde asumo el papel del azar y el que una obra tenga algo de alma.  Es perfecta en su imperfección: ¿no es lo que diría cualquier madre sobre sus hijos?  En definitiva: "el Arte es la búsqueda y no el resultado final", nos dicen en la película "Entourage". En escritos atrás decía que había una teoría que propone que las generaciones tienen unos papeles o guiones preestablecidos. Había oído sobre ella, pero ni siquiera sabía su nombre, por lo que no podía documentarme. Al final de los escritos la encontré de forma casual, ya que cuando pongo enlaces me pierdo en nuevas investigaciones a partir de los enlaces internos de tales entradas en la Wikipedia. La teoría se llama "generacional de Strauss-Howe", y siguen cuatro ciclos en un total de unos ochenta años. Lo que más me llamó la atención era saber que yo estaba dentro de la denominada generación "profeta". En mis escritos trato de huir de ese arquetipo, de hacer de vocero de lo que está por venir, pero se quiera o no sale a relucir una y otra vez. Bajo esta teoría de nuevo el determinismo y el sistema vence sobre el proyecto. El humano —ni en lo individual, ni en lo social— tienen realmente el "control" de sus vidas, pues estamos sumidos dentro de los ciclos de los sistemas y de los "dictados" del ADN. Tenemos cierta holgura, como la que pueda tener un tornillo viejo en su tuerca, pero ningún movimiento dentro de dicho traqueteo evita que se rosque o desenrosque en una misma longitudinalidad, y ni que se salga de la rosca, pues ha sido remachado para que no lo haga. En unos documentales que estoy viendo estos días, sobre el desarrollo cerebral de los bebés, nos hacen ver que los estereotipos sobre el género se moldean y se pueden cambiar. De nuevo falacias: lo que sea el hombre y la mujer no es reducible a quién plancha, va a trabajar o les cantan las nanas. Es algo más profundo y menos medible por medios científicos. Todos tenemos la intuición de tal diferencia, pero no sabríamos decirla con palabras. Quizás tenga que ver con que "todos los animales que pueden aprender y pensar nacen conociendo qué es aquello acerca de lo que tiene que aprender y pensar", como dijo H. Plotkin. Volviendo a la teoría generacional de Strauss-Howe…, mientras que ellos ponen a cuatro agentes interaccionando y actuando a partir del anterior y el que le sigue, yo lo he reducido a sólo dos. Quiero pensar que entre medias de mi ciclo dual —no es mío, es por hacerme entender, es esa dualidad que siempre se ha tenido en cuenta, como hago ver al principio— y el de ellos de cuatro, ha de haber uno de tres. Lo que trato de decir, y representado por ondas, como pueden ser las sonoras, es que hay una onda alta y larga, que es dual, y otras dos ondas de tres y cuatro subsumidas unas bajo las otras. La música se divide en melodía, armonía y ritmo. La dual habría de ser el ritmo, mientras que la de tres sería la guitarra del bajo: que media entre la melodía y el ritmo, mientras que la de cuatro pulsos sería la melodía. Para el "saber" de los horóscopos —sin afirmar que tenga que haber una relación entre la posición de los planetas y la persona en el momento de nacer, sino tan sólo como el tipo de análisis que los "intelectuales" o "científicos" en sus épocas hicieron de lo que percibían con ciclos —, todo signo estaba dentro de esas divisiones a dos, a tres y a cuatro. La dual es lo masculino y lo femenino, o positivo y negativo —sin ninguna connotación sexista o moral: tan sólo analizado bajo el punto de vista de las generalidades de cómo es en la naturaleza, no en el humano—, que encajaría con la dualidad de retroalimentación positiva y negativa, los humanos que hacen de freno y de acelerador al sistema, que he analizado una y otra vez. Yo sé que tengo más la naturaleza femenina que la masculina (o por lo menos en invierno). La división a cuatro era la de los elementos fuego, tierra, aire y agua. Entre medias, y que es la que faltaría en el sencillo análisis que he puesto arriba, estaría la triada de cardinal, fijo y mutable. El primero inicia un ciclo y marca sus pautas, crean un nuevo paradigma, los segundos tratan de prefijarlo, volverlo estable, restando los problemas con el paradigma anterior y preparando la siguiente generación, el tercero cuestiona lo dado, no creando un nuevo paradigma, sino volviendo el actual mutable, multifacético y al final inestable. Hoy estaríamos en ese tercer estadio de la mutabilidad; ante dicho estado se vuelve a iniciar el siguiente ciclo con lo cardinal. No hay que ver los tres estadios con unos cortes precisos, y un antes y un después; durante cada uno de los estadios va emergiendo el siguiente, o los tres están siempre, pero los más opuestos están o en su nacimiento o en su muerte. Si hubiera que poner nombre arquetípicos a tales estadios, el cardinal es el "mesías", el fijo "los apóstoles" y el mutable "los apóstatas". —Ya estás cayendo de nuevo en la imposturas intelectuales, en tratar de hallar estructuras donde quizás solo hay caos. —Ya, es que soy la razón y esa es mi "función".

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   Con esto doy por acabado el escrito. Algunas puntualizaciones. No me he vuelto loco, ni tengo un trastorno de identidad disociativo, es evidente, pero conviene decirlo ante la duda (aunque tampoco tengo en claro si son dos lados de una bipolaridad, esa que en la antigüedad llamaban el gemelo perverso o doppelgänger). Sólo es un recurso estilístico, y dado que una de las posturas intenta representar a lo dionisiaco y la otra lo apolíneo, que es una de las bases del escrito  (quería haber creado un tercer personaje, que me tachase los escritos que no le gustasen —a modo de superyó—, pero ahora mismo ya estoy agotado, pues tendría que volver a repasar todo el manuscrito, y es demasiado largo y puesto que me llevaría de nuevo al proceso de revisarlo y retocarlo; también dudo si tanto tachado no sería demasiado incómodo de leer). He terminado por dejar las redes sociales (publico un último tuit con un enlace de este escrito), porque no quiero entrar en sus dinámicas. Igualmente quiero dejar de escribir lo que, en muchos casos, mi lado racional considera "tonterías" e imposturas. A todo esto me di cuenta de otro ciclo de mi vida y comportamiento. En invierno dudo más de mis escritos y los dejo sin publicar, como es el caso de "En busca de lo animal del hombre", en dos partes, que escribí el invierno pasado y no los publiqué hasta el pasado octubre. Dejar las redes y de escribir es una "decisión" desde la razón, que de esa manera trata de renegar de distintas compulsiones de mi carácter. De cualquier forma no sé si es más "válido" mi yo de invierno o mi yo de verano, que es demasiado impulsivo, optimista y menos comedido. Por otro lado, si todo es tan determinista, como hago ver una y otra vez… ¿qué sentido tiene escribir?, ¿lucirme?, dar un sentido absurdo al acto inútil que es subir la roca en la montaña, para que esta termine por volver a rodar pendiente abajo (mito de Sísifo). Para qué propósito pensar, ¿para averiguar que la vida no tiene ningún propósito?, y a partir de ahí, qué hacer con tal información. En otro lado defendí la autoeficacia, pero este concepto y estructura es parte del paradigma actual humano, que como he tratado de hacer ver en el presente escrito, está errado. "La autoperfección es simple masturbación (…) te digo: no estés completo nunca. (..) te digo: hay que evolucionar, deja que las fichas caigan donde caigan", nos dice el "profeta" y dionisiaco Tyler Durden —del escritor Chuck Palahniuk, de mi misma generación— en la película "el club de la lucha".

   ¡Ah!, el tema del título. No lo cambio, quizás en un libro, y para que fuese vistoso, sería "el árbol de la vida: en busca de la naturaleza humana". Volviendo a la analogía de la interacción de la información como reacciones químicas, este escrito es la suma de muchos componentes químicos externos a la "molécula compleja" que es mi mapa mental. Se ha necesitado mucha energía para crear todas las reacciones posibles, que lo da la alimentación, y si en toda reacción hace falta un medio o disolvente, que en la tierra es el agua (H2O), en dicha analogía es el cerebro. Haciendo un ejercicio desde la razón y la lógica más extrema —¿estúpida? ¿Cuánta energía ha requerido este escrito? Si el cerebro gasta un 20% de la energía del cuerpo, pongamos que ha sido un 10%, puesto que mi vida está centrada a estar delante del ordenador, pero hay que tener en cuenta que el cerebro a la vez  "gestiona" parte del cuerpo, entonces a nivel del dinero gastado en la comida, y de mi vida sencilla, serían unos 10 céntimos al día: me ha costado sólo unos 3 euros, que es el total por un mes de laborar para el escrito, más o menos. Eso sería el gasto en la prehistoria y los inicios de las  culturas tribales, el resto de los gastos son debido a los altos costes en los que estamos viviendo en la actualidad. —El análisis no es exhaustivo, puesto que cuando has sentido placer en tu labor, el cerebro generaba menos gasto energético, aunque puede que se compense con esos otros momentos de estrés y alta concentración que generaban exceso de gasto.  

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     "Desde el principio había creído que cambiar el mundo era hacer algo, realizar una acción, ¡luchar por algo!, pero ya no estoy tan seguro. ¿Y si cambiar el mundo sólo consiste en estar aquí?" Mr. Robot
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(Descargar revisión del mapa mental a fecha 25 de enero, sobre la "Supervenciencia")


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