Identidad Narrativa y Realismo Depresivo
"Todos estamos aquí para hacer lo que tenemos que
hacer." Matrix Reloaded
"Nada es complicado, pensarlo es lo que lo
complica." Vikings
"Somos los hombres huecos, los hombres rellenos de
serrín, que se apoyan unos contra otros, con cabezas embutidas de paja."
T.S. Eliot
"Cuando la sociedad se refiere a la falsedad de la
mayoría como la verdad, podría ser fatal." Thomas Szasz
"Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad? Eso
es lo que significa ser esclavo." Blade Runner
"—¡Es un robot! —Debí haberlo
sabido. Ningún ser humano es tan humano." Alien resurrección
"—¿Crees que estamos muertos por dentro? —Creo que estamos en coma
inducido." The Morning Show
"Honra merece el que a los suyos se parece." Refrán
popular
"Siempre que enseñes, enseña a dudar sobre lo que
enseñas." Ortega Gasset
"Las mentes más inteligentes son aquellas que pueden
entretenerse con una idea sin creer en ella necesariamente." Aristóteles
(¡Atención!, este escrito —que podría ser un libro— ocupa alrededor de cincuenta páginas. Descargar archivo PDF para el que lo quiera leer offline. Corregido y ampliado)
El título quizás
tendría que haber sido "Identidad
narrativa contra realismo
depresivo", o a la inversa. Este escrito tiene varios inicios o
introducciones. Lo aviso pues parecerá que salto de un tema a otro sin sentido.
Todos son válidos, pues crean un ambiente previo a lo que será el escrito,
aparte de obedecer a que ha sido retomado una y otra vez. Por otro lado hay que
tener en cuenta, como nos dice uno de los ancianos del consejo de Sion en
una conversación con Neo, que no pretendo llegar a ninguna conclusión, pues con
la edad se deja de creer que la verdad sea unidimensional o racional, apostando
por el contrario a que no es unívoca y sí caótica. Mientras lo escribía ciertos
artículos del magazine online Aeon me influyeron, y me hicieron revisar y
ampliar ideas. Estos son los principales:
- Charles S. Peirce: el Aristóteles americano de Daniel Everett
- Proyecto y sistema de Paul Kahn
- Cómo el pensamiento de Schopenhauer puede iluminar una crisis de mediana edad de Kieran Setiya
- Realismo depresivo de Julie Reshe (yo ya había tratado este tema, pero es mejor el de esta autora.)
- Spot the WEIRDo de Robert Colvile
Finalmente opté por
dejar de leerlos para dejar de revisar una y otra vez el escrito bajo sus
ideas e influencias. La imagen de la cabecera es igualmente de Aeon. La escogí pues tiene que ver con el escrito, ya que todos miran un mismo evento, pero cada persona y sus distintas expresiones, posturas y gestos, los hacen únicos, —indiferentemente de esa misma fuente o signo—. Cada humano vive la vida desde su alma, desde su individualidad, desde su propio mapa mental. Igualmente me gustó porque no es pose, y "caza" las señales honestas de cada persona. Si se mira a una por una llegas a conocer algo a esa persona; analizadas en su conjunto hablan sobre el ser humano.
Todo
escrito es una violación a una hoja en blanco. En un mundo donde el significado
muere, esta propuesta es tan válida como cualquier otra, al igual que una
mentira es una mezcla de cera y un miércoles, o haber oído la voz de mi propia
alma, que está ronca de tanto callar. Toda "verdad" poética lo es,
pues habla del alma humana, manteniéndola a su vez intacta. En este escrito no
sé si desnudo al emperador —referencias al famoso cuento
de Christian
Andersen— o lo he sobrecargado tanto de ropa como para que al final se
parezca a un payaso.
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En la película
"Ad
astra", casi al final, el protagonista —en sus eternos monólogos— se
pregunta que porqué continuar, que porque seguir luchando por mantenerse vivo.
Su protagonista no se contesta. Es algo que cada espectador a de responder por
sí mismo, pero ¿acaso lo hace?, y si así fuere, ¿sería tal contestación
legítima? No será que lo que hace seguir adelante, a todo héroe contra lo
imposible, es algo tan sencillo como que está programado para hacerlo. Cada una
de nuestras células claman vida. Así lo argumenta el agente Smith ante la misma
cuestión a Neo, en donde a la pregunta de por qué persiste (rasgo
de la personalidad), Neo contesta: "porque yo lo elijo", tema y
respuesta sobre la que volveré después.
¿No será, como argumenta Smith, que nuestra razón simplemente no sabe
silenciar a cada una de las células?, que parezca que acata sus órdenes, como
nos hace ver Riplay en la película "Alien
resurrección", pues a la pregunta "¿por qué sigues viviendo"
que le hace la androide, esta le contesta con un lacónico y cansino: "no
tengo otro remedio".
Este es un intento
de diálogo entre el "monstruo" (en texto
granate, que no hablaré mucho y haré de la "voz del diablo") y
la razón (en negro). ¿Acaso no son lo mismo?, según
pregona el inconsciente colectivo intelectual. Pues quién fue más monstruo:
Hide por seguir su naturaleza instintiva, o el Doctor Jekill por crearlo. La intención de Jekill no fue esa, aunque me imagino que me
vas a hablar sobre el eterno miedo de jugar a ser Dios, de alterar lo natural,
en donde tal alteración ya es en sí el mal. Lo que la sociedad de hoy niega lo
termina por aceptar la sociedad dentro de cien años. Bajo esa cantinela el
hombre nunca ha dejado de jugar a ser Dios, y normalizamos hoy lo que se negaba
o se cuestionaba hace cien años.
De fondo se encuentra la dualidad de dejar que la
naturaleza siga su curso o que el humano tome el control. Los límites de tomar el control suena a lo eugenésico. Pero mientras tanto —parece ser— que dejar que la
naturaleza siga su curso tampoco "funciona" muy bien, pues
arrastramos todos los "males" de la condición humana, sin que ninguna
disposición legal o moral las mitigue o las aminore.
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Aquí enlazo en
cierta medida con mi escrito anterior, pues lo explicado es una metáfora sobre
complejidad y simplificación, entre la vida y los estereotipos. Si se mira el
ramaje, de la mayoría de los árboles, no nos dirán nada. Son demasiado caóticos
como para que el cerebro encuentre un patrón que le pueda llamar la atención.
El cerebro lo analiza como una masa sin forma ni orden. Pero se equivoca, pues
todo árbol o arbusto sigue un simple algoritmo que está en cada una de sus
bifurcaciones, hasta en las más pequeñas de sus más pequeñas ramas. Sin embargo
si se nos muestra un gráfico sobre un prototípico árbol, el cerebro lo
reconocerá como tal. Es más fiel la foto del ramaje que la gráfica en blanco y
negro sobre la realidad del árbol, pero el cerebro de alguna forma se ha
percatado de ese algoritmo y que está bien expuesto en el dibujo. Ese mismo
algoritmo, con variaciones, se sigue en las arterias, y tanto el cerebro como
los pulmones, en sus arterias, son similares a los árboles.
El humano primitivo
podría reducirse al dibujo de un árbol prototípico. La complejidad vino dada
por las ciudades, que son como los ramajes de los árboles. Cada rama —persona—
parece ser única, pues parece tener su propia identidad diferenciada del resto
que le rodea, pero el algoritmo sigue detrás. En la vegetación tal concepto y
algoritmo se llama tropismo,
quizás en lo humano habría que llamarlo homotropismo (el prefijo homo es dudoso
ahí, pues también se refiere a igual, frente a variedad). La forma general del
árbol humano —al igual que en estos— son las jerarquías. Las ramas principales
sustentan a las menores, que siguen su curso. Una ramita no repercute en la
rama principal, pero si esta última se daña o se quiebra todas las demás ramas
seguirán su mismo "destino". Hay muchas formas de ramitas, pero lo
que importa de ellas es su función. No te andes por
las ramas. Al operar en sociedad todos tenemos un rasgo principal, que
en muchos casos es la profesión (función). Decimos "voy a ver al
médico", no a Jesús López, en otros casos decimos "el padre de
Pepe", etc. En estos ejemplos se sigue que lo multifacético de una persona
no es intrínseco a ella misma, sino que viene dado por la complejidad de las
sociedades de las grandes ciudades actuales. Tampoco
hay que olvidar que cada humano, como totalidad, es bajo la idea de que ha de
ser considerado en integración con sus instintos, los
cuales se suelen ignorar (todos tenemos "pecados" y tendencias que
han de ser ocultadas a los otros). Antes sólo existía el chamán, más
tarde el doctor, hoy cada uno de ellos está especializado en una rama muy
concreta de la ciencia; tantas que en muchos casos no son deducibles bajo sus
complejos nombres. El cerebro, en su necesidad de simplificar, los llamará a
todos médicos o doctores. El humano medio, al ver el ramaje, se negará a que
existan algoritmos que reduzcan tal complejidad, pero existe. En un segundo
proceso, todo humano tiene la necesidad ontológica de sentirse único y
especial, pues es lo que le sustenta el orgullo
(como actitud
implícita, que conlleva el egotismo
implícito), que es uno de los motores que le dan empuje en la vida. Tal
orgullo no es gratuito, puesto que al final puede que la evolución tienda en la
dirección que toma dicha persona o por cierta mutación que porte. En cierta
medida los estereotipos —sin llegar a afirmar que sea en todos los casos— se
refieren a esos algoritmos. En resumidas cuentas: sí hay unas reglas implícitas
en el caos de la actual condición humana. La individualidad o lo multifacético
de cada individuo ofusca el ver esos algoritmos, pero están ahí detrás, aunque
aceptar tal regla hiera el orgullo humano y su pretendida libertad.
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Parte de este escrito —abajo— ya estaba redactado antes de
ver la serie documental "¿Por qué odiamos?". Me ha animado a seguir
con él artículo "Project
and system", pues en el fondo —su autor y yo— hablamos de lo mismo, si
bien el autor lo hace desde su propio mapa del mundo, mientras que el mío es
muy distinto. Bajo mi punto de vista la identidad narrativa es una entre tantas
que creen y buscan el proyecto, mientras que el realista depresivo al ver la
realidad no se deja engañar por tal optimismo y sólo ve y analiza la vida como
sistema. O sea, desearía un proyecto humanista e igualitario, pero las pruebas
del desarrollo histórico y el día a día, sobre todo con los documentales de
tipo denuncia, me dicen que es imposible. El que el escritor del artículo
llegue a unas conclusiones y yo a otras me hace pensar en los juegos de rol y
de ir cogiendo distintas rutas, en donde recoges distintos objetos, o uno se
encuentra con unos personajes u otros, y según se dirijan las conversaciones
con ellos te dan unas pistas u otras. Cada siguiente pantalla o reto parte de
lo dado, de cada circunstancia a partir del pasado. Varios jugadores llegan a
distintas metas por distintos caminos, con distintos atributos, pero la trama
siempre es la misma: resolver el enigma del juego. El naturalista
se dejará llevar por los impulsos, por el instinto, mientras que el jugador
sistemático tratará de recorrer todas las habitaciones y agotar todas las
conversaciones con todos los personajes. El
naturalista seguramente acabe antes el juego. Ya, pero quizás se
encuentre en un callejón sin salida y sin haber resuelto el juego, y de pasó
habrá agotado todos sus recursos y energía, con lo que no querrá volver a
empezar ni retroceder. Creo que en esa situación
estás tú ahora. Estás hablando de la división a dos del ser humano, entre los maximizadores,
analizar todas las vías posibles, y los satisfactores,
vivir el momento o aprovechar el momento del aforismo "carpe diem",
en su reducción más clara.
No lo sé
exactamente, o puede que Herbert
A. Simon sólo analizase desde uno de los lados del prisma una figura
geométrica compleja. Pero una de sus conclusiones y conceptos ya
"sentencia" su forma de ver la vida, pues a la ecuación añade el
concepto de racionalidad
limitada, en donde los satisfactores —y sin que él afirmase tal cosa—
pueden tener unos límites cognitivos para tender a sus tipos de elecciones, y
por ello formas de comportarse y de vivir. Hay demasiados factores a tener en
cuenta como para reducirlo a dos estados o tipologías humanas. Alguien sin
dichos límites cognitivos puede "elegir" ser satisfactor. En otro
caso, alguien muy honesto y empático parecerá que tiene límites racionales en
ciertos comportamientos, mientras que estos sólo obedecen a que antepone su
honestidad o a los otros por encima de sus propios criterios maximizadores. En
definitiva: un maximizador puede llegar a ser o a comportarse como una máquina
fría. Ya se sabe que uno de los problemas de los nazis fue el optimizar al
máximo el genocidio y sus costos. Al principio ponían varias personas solapadas
unas detrás de otras para gastar sólo una bala al matarlos. Las multinacionales
ahora mismo están actuando igual: sólo importan las ganancias, lo demás —las
personas— sólo son variables dentro de complejos algoritmos.
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Paul Kahn en su
escrito "proyecto y sistema" —el segundo en tanto que lo natural es
un sistema
complejo evolutivo—, hace una división con un lenguaje nuevo sobre una
dualidad que siempre ha existido, y en donde cuestiona si el humano no debería
superar su estado sistémico hacia uno en donde se construye. Ya Nietzsche lo
dividía entre lo apolíneo
(razón) y lo dionisiaco (instinto). A los inicios de la Ilustración
estaba la dualidad entre la razón y los Románticos
(emoción). En su momento, y salvando las distancias, el cristianismo —en sus
primeras andaduras bajo el Imperio Romano— era razón frente a lo Bárbaro. Los
fundadores de la filosofía lo dividían entre lo humano (razón) y la bestia
(instinto). Como hecho anecdótico la serie de películas Matrix contraponen a
Oráculo, la madre —instintiva, emotiva, caótica—, frente al padre: pura
racionalidad fría y calculadora de la máquina. Estas distintas proyecciones
sobre lo social a la vez vienen dadas por nuestra doble naturaleza de instinto
y palabra,
o inconsciente
y conciencia.
La ciencia hoy podría dividirlo entre la memoria
implícita, más corpórea, instintiva y física, y la explícita,
basada en los lenguajes altamente simbólicos. De todo esto se sigue que la
sociedad suele ser, o en ellas suelen manifestarse, las distintas
manifestaciones de las estructuras cerebrales.
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Empecemos con un
breve comentario sobre la serie "¿por qué odiamos?" (Why
do we hate?) El primer capítulo expone la trama evolutiva del simio del que
surge el humano (agresivo despiadado), frente a otro que son los bonobos
(basados en la confraternización y sustentada en el sexo). Argumentan que una
misma especie se vio dividida por el río Congo: la parte sur era rica en
recursos y es allí donde prosperó el bonobo, mientras que en el norte primaba
la escasez y fue esta la que llevó a que las distintas manadas de chimpancés —o
simios de los que procedemos y por ello el posterior antecesor humano— a que se
vieran obligadas a luchar por los territorios, y en donde las guerras y el
infanticidio fueron su camino evolutivo para sobrevivir. Los siguientes
capítulos muestran distintas teorías o cómo se revela en el humano tal
condición, llegando a la resbalosa y no consecuente conclusión, en su última
entrega, de que cada humano ha de tratar de llegar a la conciencia o atención
plena (mindfulness)
para controlar ese "animal" que nos habita, ignorando por completo
que fue el concepto de escasez el que nos dio nuestra actual condición
cerebral, y que la situación actual de crisis es una en donde de nuevo se da la
escasez —o más bien el mal reparto de los recursos—, y que una solución más
realista sería crear un mundo donde nadie sufriese de carencias. Bajo mi punto
de vista está claro el porqué de esta extraña y falaz conclusión de poner a
cada individuo como el "responsable" de la condición humana o la
situación actual. Es un documental Estadounidense, nación que defiende a
ultranza el feroz y desigualitario capitalismo
en el que vivimos. De nuevo la eterna lucha entre las derechas (naturalista o
sistema: dejar que la vida y su lenguaje siga su curso) y las izquierdas
(proyecto: usar la razón para llegar a una nueva disposición fuera de lo
natural) en el análisis de la realidad.
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Mis escritos
albergan —de manera extraña y ambigua— las dualidades mostradas arriba, y como
tal no están exentos de contradicciones. Voy a analizarlas, no para
resolverlas, pues no sé si lo podrían ser, sino tan sólo para dejarlas sobre la
mesa. Bajo mi punto de vista, y que valga como conclusión, tal dualidad es
irresoluble, pues llama a nuestra doble naturaleza, y cada época y sociedad
llega a unas conclusiones distintas en la medida que en esa época y sociedad
hay o se da una mayoría de humanos que tienen en primacía una condición frente
a las otras, a partir de las "necesidades" ambientales. Tal estado no
está libre de contradicciones, pues el que una de las tendencias venza sobre
otras, ¿por qué es?, ¿los intelectuales
o los líderes
han manipulado a la masa en una dirección u otra?, ¿es la masa
la que llega por sí sola a tal "conclusión"?, lo hace en la medida de
adaptar su mentalidad a la era de escasez o la abundancia que le ha tocado
vivir. Y de ser así —de nuevo— ¿no ha ganado lo natural a lo deseado?, el
instinto adaptativo a la razón.
Una de mis primeras
contradicciones es "defender" al cazador-recolector,
pues se basa en el pensamiento
mágico y como tal descarta la razón.
Una creencia peligrosa se basa en esta estructura. Algunos antropólogos al
"descubrir" ciertas tribus morían en sus manos tan sólo al ser
vistos. En los cerebros de esos humanos no se da(ba) ni el más mínimo atisbo de
culpa. Lo mismo ha ocurrido con ciertos hechos del último siglo con respecto a
ciertas dudosas religiones (la película "midsommar"
es una muestra de lo que quiero decir), calificadas de sectas, o sin ir más
lejos la Alemania nazi.
El segundo dilema de
mis escritos proviene del primero, y es el núcleo del conflicto dual entre lo
natural y la razón. Una tribu mantenía su identidad cultural/étnica por tales
tipos de comportamientos del pensamiento mágico. ¿Cuánto se puede ser de permeable
a la razón, sin a la vez caer en la aculturación
y por ello en la pérdida de la identidad
cultural propia?, y por ello en el dominio cultural de un país o cultura.
El caso más conocido es el etnocentrismo de los blancos y por ende la
occidentalización. Yo como europeo no lo siento como "peligroso",
pero sé que es bajo sesgos, e incluso diferencio la
"occidentalización" europea de la estadounidense, en tanto que esta
sí la veo tendente a lo corrupto.
De los dos
anteriores se sigue que 1. las diferencias culturales crean conflictos.
2. la aculturación implica poder, puesto que lo "grande" arrastra a
lo "pequeño" (tronco, ramas principales, ramas, ramitas). En esa
dirección: ¿hay que mantener la identidad propia, donde una parte es la
cultural/nacional/creencias?, ¿o hay que "derribar" toda diferencia
hacia una unificación de todo lo humano?, esto supone romper con todo signo
cultural que implique parte de la propia identidad. Por lo demás, ¿quién ha de
ceder parte de su identidad a otra que ya lo tiene?, tal proceso se concibe
como una derrota. Se suponía que Internet podría ser ese sistema hacia una monocultura
o cultura global, pero los idiomas son un problema. Ahora el idioma
internacional es el inglés (imperialismo
lingüístico), luego da preferencia a la cultura
anglosajona, en donde tal coyuntura a la vez implica aculturación.
El siguiente
problema es la praxis,
la puesta en marcha de ir a una igualación cultural. Alguien
"dominado" por el pensamiento mágico no va a ceder ni un ápice en su
postura. No puedes decir a alguien que deje de creer en Dios, o su inversa:
decir a un ateo que crea en Dios, al igual que no puedes decir a alguien que
deje de sentir amor. Tales procesos no los "domina" el sistema
ejecutivo del cerebro o razón. Por otro lado sería una pérdida
de la identidad. En otro ejemplo se encuentra la paradoja de la libertad:
no se puede obligar a nadie a ser libre, pues tal máxima ya implica en sí misma
una orden u obligación. En un caso concreto la Unión Europea alienta a que
España se "adapte" a los horarios del resto de Europa, donde se
acuestan y se levantan antes. La cadena de televisión nacional avisa en sus
emisiones que ciertos programas o películas van a acabar tarde, en la dirección
de recordar que quizás sea mejor irse a dormir, pero ni la sugerencia de
Europa, ni las subliminales de RTVE sirven de nada, pues la mentalidad española
es la de acostarse tarde. Si se analiza bien este tipo de costumbres (tratando
de hallar los algoritmos homotrópicos), vienen dadas por las latitudes. En
España, en su largo y caluroso verano, sólo se está cómodo al anochecer, cuando
el sol cae alrededor de las diez, que es cuando al español sale a reunirse y
disfrutar de lo que queda del día, que al final siempre se alarga. Las antiguas
tribus del norte eran lo contrario a este comportamiento. Tenían que aprovechar
las pocas horas de luz en donde el sol realmente calentaba. Casi toda Europa
occidental se han visto invadidas por las tribus del norte, que han ido llevando
así sus propias costumbres a las tierras conquistadas. La propia Francia es de
los francos,
una tribu del norte germana. Inglaterra ya no es de los bretones (o los
originarios de bretaña), sino de los anglo-sajones
(germanos). Por el contrario muchas de las costumbres españolas, como los
patios interiores y las ventanas cerradas, nos vienen dadas por los musulmanes.
El español así parece tener una mentalidad dual, pues quiere estar en la calle
rodeado de gente —se da la paradoja que en verano los españoles se sientan en
las terrazas, cuando en realidad hace más fresco dentro de los locales
refrigerados—, pero a la vez al llegar a su casa quiere estar totalmente
aislado. No hay un antes y un después en la historia humana, arrastramos las
costumbres que forman parte de una identidad, que es percibida cuando es
comparada con otras.
Tienes
que aclarar a tus lectores que tales ideas proceden de las teorías sobre el
"determinismo
medio-ambiental", si bien tú tienes tus propios puntos de vista. En
otros escritos has defendido —sin conocerla— la llamada "paradoja
ecuatorial", que dice que "alrededor
del 70% del desarrollo económico de un país se puede predecir por la distancia
entre ese país y el ecuador, y que cuanto más lejos del ecuador esté un país,
más desarrollado tiende a ser. La teoría es el argumento central de Philip M.
Parker 's en su libro "Physioeconomics: La base para el crecimiento
económico a largo plazo", en donde argumenta que, dado que los seres
humanos se originaron como mamíferos tropicales, los que se trasladaron a
climas más fríos tuvieron que optar por restaurar la homeostasis fisiológica a
través de la creación de riqueza. Este acto incluye la producción de más
alimentos, mejores viviendas, calefacción, ropa de abrigo, etc. Por el
contrario, los seres humanos que permanecieron en los climas más cálidos, al
ser fisiológicamente más cómodo simplemente debido a la temperatura, tuvieron
por lo tanto menos incentivos hacia el trabajo y por ello para aumentar sus
niveles de confort. En conclusión el PIB (Producto Interno Bruto) de un país,
de acuerdo con Parker, es directo a la compensación natural de los seres
humanos a su clima.", (fuente Wikipedia). Por otro lado, tales
hipótesis las manejas no bajo la idea de que las sociedades prósperas sean la
finalidad de lo humano. El estado óptimo humano es el más cercano a como la
evolución le llevó con respecto a estar en equilibrio con su medio. Ese estado
son los de los cazadores- recolectores. A partir de salir de África y ese
medio, las cosas se empezaron a poner "feas". En definitiva, que son
las sociedades mal llamadas civilizadas, las que nos han llevado a las actuales
paradojas, como el cambio climático, los trastornos mentales, entre los que se
encuentran la psicopatía y en donde desde esta —y en parte por los medios de
comunicación y el cine— han "favorecido" la proliferación de los
asesinos en serie, amén de un desnivel socioeconómico excesivamente injusto, y
una actual pérdida de identidad universal por parte del humano, que ni se
siente natural, ni social, y en ese medió camino e indecisión sólo le queda por
optar por el individualismo.
Sí, eso es. No
quiero alentar diferencias étnicas, pues las primeras propuestas del
determinismo medioambiental alentaron las colonizaciones y el orgullo ario,
entre otros tantos desvaríos. Trato de mostrar tan sólo un posible camino hacia
el momento actual, del predominio de ciertos países y culturas, que en su
momento fueron las que más pasaron por esos cuellos de botella del clima y la
escasez. Por otro lado no es una cuestión étnica, sino de cultura y mentalidad,
a la vez que entraban en juego posibles mutaciones genéticas que propiciaron
dichas nuevas formas de pensar, como trataré de explicar.
De las tribus del
norte de Europa se sigue la máxima que domina el lenguaje de la actualidad,
pues proviene de la cultura dominante que es la anglosajona, del esfuerzo y el
trabajo. Lo que hoy tenemos como regla cultural y social suele nacer de lo
evolutivo, por muy pequeño o insignificante que pueda parecer o ser. Quien viva
en una vivienda vieja y sin calefacción, en lo más profundo del invierno se da
cuenta que su única baza es la de no perder calor, así uno se abriga todo lo
que puede. Salir a la calle tiene el doble esfuerzo calorífico de cambiarse a
la ropa de calle, que está helada, y salir a la intemperie. El cuerpo ofrece
una fuerte resistencia a pasar por tal trance de forma innecesaria, que se
impone en el cerebro y que sólo la conciencia más fuerte y persistente doblega.
Por este mismo proceso han pasado los pueblos del norte durante milenios, y
antes que el sapiens el neandertal. De estos hemos heredado la depresión, según
últimas investigaciones. Este inicio de tal "trastorno" nos induce a
pensar que el neandertal, que pasó por la última glaciación en la fría Eurasia,
bajaba su ritmo de vida en invierno, quizás a algún estado cercano a la
hibernación. Por inercia, ante el intenso frío, el cuerpo recurre a ovillarse,
a no tratar de perder calor. Pero el humano moderno tenía que laborar, luego la
reflexión o conciencia (voluntad) tenía que tomar el control de lo que el
cuerpo le decía. Todo humano que ha sobrevivido a tal inercia lo consiguió a
través de hacer que se impusiese el "proyecto", en el lenguaje de
Paul Kahn, a la naturaleza, al sistema. Como el humano además es cultura
transmitida, esa validación se ha transmitido de padres a hijos, y es hoy la
que nos domina bajo el predominio de lo anglosajón. Japón o los hebreos son
otros ejemplos de culturas con una herencia de carencias, en donde se tuvo que
imponer la razón frente a lo más instintivo. Saco esto a colación porque
queramos o no lo evolutivo precede a lo cultural, y es lo primero lo que
explica a lo segundo a poco que uno piense en ello. ¿No es extraño que junto a
España, México y Argentina sean donde más "ruido" hace el feminismo?
Los dos países latinos nombrados es donde más emigraron los españoles, frente a
otros países más ecuatoriales. ¿Tiene algo diferente la mujer íbera frente a
las de otras culturas a nivel genético?, ¿o lo tienen sus hombres y el
comportamiento femenino depende de este?
Detengámonos aún más
sobre todo esto. Siempre ha existido el concepto de los "hombres de
frontera", solían ser las personas que tenían problemas a la hora de
adaptarse a las sociedades establecidas. Si se analiza la expansión humana, es
de suponer que se tomó el sur y que los humanos fronterizos fueron abriendo
camino hacia el norte. Cuanto más al norte más liminal tenía que ser tal grupo.
Establezco una dinámica que no tiene que ser válida al cien por cien. Habría
migraciones que obedeciesen a otras reglas. Un rasgo humano es la búsqueda de
sensaciones, los amantes de las novedades o la adrenalina. Se ha apuntado que
tal característica es por una mutación en el receptor
de la dopamina D4, que se encuentra en el gen DRD4, si bien hay que tener
en cuenta que lo más seguro es que tales características obedezcan a un rasgo
complejo en el que entren en juego varios genes. Tal capacidad alterada de la búsqueda
de novedad parece venir dada como un sistema adaptativo que se hereda, pues
la persona la tiene que haber heredado de los dos padres (doble alelo), pero a
la vez se activa o permanece desactivada dependiendo de la calidad
de la crianza. Es de suponer que una peor crianza supone una peor situación
ambiental, como así lo confirman estudios sobre aves, donde la presión invasora
de otras aves, o de los propios humanos, hace que en tales aves se active el
gen DRD4 y por ello tengan una mayor capacidad para la búsqueda de la novedad.
En el humano tal rasgo se va heredando a lo largo de las generaciones, y fue
este el que a través de las sucesivas descendencias, seguramente promovido por
los cambios climáticos, hizo que los pueblos del norte fueran invadiendo el sur
hasta conformar —a grandes trazos— la Europa de los siglos pretéritos y la
actual. De ahí la aparente división en prosperidad de la Europa latina frente a
la de origen germano o de los pueblos del norte, como los escandinavos. También
está ahí la paradoja que es Rusia, que parece ser la apuesta más liminal de
toda Europa al ser la que está más al norte. Hay que aclarar que tal tendencia
en desmedida es proclive a la vez al exceso de impulsividad, y por ello a la
falta de control. Ese rasgo de búsqueda de la novedad, de no sentirse a gusto
con lo dado, parece ser el dominante en la actualidad.
Lo que he perfilado
en lo precedente es un dibujo o croquis, al modo que lo hace lo mostrado arriba
con un árbol, sin afirmar que tenga por qué haber sido así, y sabiendo que he
perdido la descripción de todos los detalles. Hacer hincapié en lo que dicta el
sistema adaptativo… ¿es peligroso para el proyecto? La razón ilustrada buscó
porqués y creó el concepto de raza que tantos quebraderos han creado en la
historia. ¿Toda búsqueda de las diferencias están erradas bajo la premisa que
lo nominado "encajona" la pluralidad? Pero, ¿cómo crear un proyecto
que ha de basarse en la realidad si se ignoran datos? ¿Estoy promoviendo la anglofobia?
No, trato de cuestionar el capitalismo, que lleva al atroz individualismo
que desgarra el tejido de lo social y a la vez al consumismo que podría
terminar con la estabilidad climática del planeta. Cualquier humano en su
plasticidad puede adaptar su comportamiento al más ecológico y adaptado a la
situación actual, y la que está por llegar. Sólo "ataco" la mentalidad
predominante que es la mayoritaria en el panorama actual. Sé que las nuevas
generaciones son más de mentalidad tipo "proyecto" (racionales) y
tratan de no "leer", o tener en cuenta, estos tipos de datos. En la
superficie domina, por ejemplo en la programación de las televisiones, el
"buenrollismo", pero a la vez solapada a esta máscara, está la
realidad de la calle que parece decir otra cosa. La propia ciencia, por el
sentimiento de culpabilidad de haber propiciado el problema del racismo, ya no
hace el tipo de análisis o investigaciones como los mostrados aquí. Si uno se
da cuenta y lee el momento actual no sirve de nada ignorar los problemas como
si estos no existiesen. En psicología se sabe que un trauma se alimenta de su negación,
pues el cerebro cada vez genera más recursos alienados (defensas, sesgos,
falacias, comportamientos desadaptados) con respecto a lo que es la realidad.
El cerebro cada vez "anula" más y más estructuras y funciones que son
las que nos hacen humanos. Ese primer proceso de negar que se tiene tal
problema, es la base de toda adicción y la parte nuclear de una gran mayoría de
los trastornos mentales graves. Una vez que se pasa esa barrera la conciencia o
razón va "cediendo" estructuras y funciones a esa distorsión de la
realidad. Es de deducir que lo social pasa por los mismos procesos. El
holocausto judío, así, es la manifestación delirante, maniaca y obsesiva que la
sociedad europea fue creando por siglos en sus entrañas, al mantener una isla
identitaria dentro de su "Ser" e identidad.
Tendrías que mencionar cómo encaja la conquista Griega
por parte de Alejandro Magno, el caso de los Romanos y las conquistas de
España, pues los tres son culturas latinas y del sur y el calor, y no encajan
con la visión que has plasmado arriba. Ya. Hay infinidad de otros
"éxitos" de distintas culturas en donde cada una tienen sus propias
teorías. Grecia y Roma se explican por lo que ya he dicho en otro lado sobre el
papel del mediterráneo, que era una vía rápida de moverse, mientras que en ese
momento el resto de las culturas europeas vivían en densos bosques aislados y
sin casi movimiento, al principio allí no había ni caballos. España tenía esa
misma "marca", le llegaban invasores por todo los lados. Después de
los Romanos llegaron una primera oleada de vándalos, suevos y alanos,
seguidamente los visigodos (todos pueblos germanos) y después los árabes del
norte de áfrica (moros). El caso de las conquistas de España se explica por un
proceso similar al de los Estados Unidos actual, que tiene como uno de sus más
importantes movimientos de capital la investigación y fabricación de armamento.
España vivió durante varios siglos en una sociedad bélica ante la necesidad de
reconquistar la península (militarismo).
Justamente cuando estaba terminando ese proceso Colón llegó a las américas.
Simplemente adaptaron su mentalidad bélica a las nuevas "conquistas".
Ya tenían los medios y los comandantes preparados para tales situaciones, sólo
los reajustaron. Se puede decir que se dejaron llevar por el sesgo
optimista, al igual que un adicto a los juegos no puede dejar de seguir
jugando cuando obtiene un premio. Había que seguir con la "racha".
Con esto y lo dicho arriba no quiero decir que unos u otros sean los buenos o
los malos. No estoy tratando de dar connotaciones morales a mis análisis. Sólo
trato de dar un posible porqué evolutivo y cerebral de la actual mentalidad del
trabajo y del mayor rendimiento. En su momento otras culturas fueron por esos
mismos derroteros, pero por otros caminos. Hay distintas formas de llegar a las
mismas metas o situaciones. Sólo hay que analizar el caso de los dinosaurios,
que dominaron el planeta con el gigantismo, y el momento actual en donde ese
papel lo hace el humano y su "inteligencia". Ninguna conquista
durante la historia ha estado bien, y ninguna es justificable de ninguna forma.
Yo no estoy de acuerdo con que el día de la fiesta nacional en España sea el 12
de octubre, no es algo a celebrar, sino todo lo contrario. Por lo demás el
determinismo medioambiental es aplicable al pasado, sigue teniendo alguna
repercusión proveniente del pasado, pero ya no opera en tanto que el humano ha
"dominado" en alto grado el medio. La mayoría de las medianas y
grandes empresas tienen aires acondicionados, luego la temperatura ya no tiene
un papel tan central a nivel de cerebro y de la economía. Sigue influyendo en
temas como el turismo, claro, y esa es una nueva baza a tener en cuenta.
Repercute igualmente a nivel de clases. En las sociedades actuales la salud no
es democrática.
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Retomemos el tema de
las diferencias culturales o de identidad. La regla aristotélica de que la
"verdad" está en el medio de los opuestos, es aplicable al
concepto de tolerancia,
puesto que es el punto medio entre la intransigencia
y la total permisividad,
pero ¿hasta qué medida es válida la tolerancia? En ciertas culturas el tirarse
provechos después de comer es una norma de agradecimiento y de hacer ver el
agrado por lo comido. En occidente, y por lo general en todas las culturas,
está mal visto. Otro caso más claro es la ablación
del clítoris. ¿Cómo resolver el problema de la tolerancia en todos los
casos, si en sí mismo la tolerancia puede implicar intolerancia para aquel otro
que no acepte sus paradigmas? O sea, ¿hay que ser intolerante con los
intolerantes? Tal paradoja la expuso Karl Popper cuando dijo que "para mantener una sociedad tolerante, la
sociedad debe ser intolerante ante la intolerancia". Y por lo
demás… ¿quién tiene —o cree tener— la regla universal de no estar en lo
equivocado?, de tener el proyecto "correcto" de lo humano. Quien así
lo defienda ya está ejerciendo poder —y por ello se cree superior— sobre el
resto de las culturas. Lo que quiero hacer ver es que el proyecto humano
siempre nace de estados previos (parafraseando a Barthes: no existe el grado
cero de la "escritura", del metarrelato, todo momento histórico sigue
un discurso empezado con la aparición de la vida y en eterno desarrollo), y por
ello de cuestiones culturales, que como hemos visto suelen venir de hechos
evolutivos, luego todo proyecto siempre va a parecer imposición, aculturación y
negación de otras posibles culturas, a las que se las aplasta y se les anula.
Lo que se deduce de la historia, esa que en teoría no hay que olvidar para no
repetir los mismos falsos pasos, es que lo que suele ganar no es la razón, lo
que gana es lo que tiene más poder, luego lo que al final vence no es el proyecto,
sino lo sistémico. En un caso más claro; he expuesto distintas ideas y
conceptos de lo anglosajón no de forma gratuita, sino porque hoy ya no tiene
sentido su "mentalidad" del trabajo, hace ya mucho tiempo que hemos
dominado a la naturaleza como para que ya no nos sea amenazante a diario, y
puesto que de seguir su "lógica", terminaremos acabando con los
recursos de la naturaleza, e irrevocablemente iremos hacia una crisis sin
precedentes sobre el calentamiento global. Tres de las grandes potencias:
Estados Unidos, Inglaterra, Alemania —y en menor medida Francia— se basan en la
mentalidad del trabajo (en oriente Japón, a la que se está sumando China por
inducción del sistema) y son las que "imponen" su forma de pensar al
resto del mundo, como para que todo humano, y país, si quiere sobrevivir, tenga
que adaptar su cerebro a esa misma mentalidad y paradigma.
Es de suponer que si
las sociedades viven de forma global, como es la tendencia actual, al final,
quizás al cabo de un siglo o más, todas lleguen a una media consensuada. ¿Será
así? Las redes sociales han demostrado que al igual que el cerebro tiene sesgos,
el "cerebro" social lo tiene en igual medida, ya que en Internet no
prima la razón, sino dichos sesgos de lo social. Muchos de ellos provenientes
de primitivas cerebrales. La teoría de la distancia del llanto del bebé, nos
recuerda que nos preocupamos de un niño si su lloro es cercano y audible, de
tal manera que aunque sólo sea para que no nos sea molesto lo atenderemos.
Internet es lo opuesto al rastro de esta primitiva, pues todo es lejano y no
oímos esos "llantos". Nos pronunciamos de forma poco moderada sobre
ciertos temas porque no vemos o percibimos el dolor directo que producimos.
Aquí de nuevo la distancia entre lo "programado" en el cerebro y la
razón, en donde en este caso debería de imperar la razón y no el sesgo de no
percibir el daño provocado.
El movimiento de las
personas (migración) tampoco parecen resolver tales temas. Estados Unidos ha
sido un "experimento" de esa integración de culturas y no parece ir
demasiado bien, sigue habiendo divisiones, disputas y conflictos sobre el origen
de cada uno de los ciudadanos. En cierta ocasión tenía de compañero de piso un
Senegalés, con el que tenía más puntos en común que con muchos españoles.
Estaba integrado en la sociedad, pero en el fondo se sentía solo, pues vive en
medio de cristianos, mientras él es musulmán, y no puede hablar con nadie con
su lengua primera. A veces pensaba en irse a Francia e ir a algún barrio de
musulmanes, pero yo le hablaba de los problemas que conllevan ese tipo de
aislamientos en barrios en otros países (y que empieza darse en España, que
siempre va "retrasada" con respecto a otros países debido a la
dictadura de Franco), donde al final se pronuncia el racismo. De nuevo me
remito al párrafo de la tolerancia: no es una solución "real". Cuando
un emigrante se integra en sociedad, y puesto que se le analiza de forma
individual por su carácter, es distinto que cuando se aíslan en barrios, en
donde lo que "analizan" los ciudadanos de dicha sociedad es el
crecimiento de tal isla identitaria frente a la propia. En algún momento —sobre
todo durante las crisis— a tal isla se la analizará como una amenaza para la
propia identidad. En otras palabras: son conflictos que se barren bajo la
alfombra que tarde o temprano se visualizarán o se remarcarán.
Los párrafos
anteriores nos hacen ver que no parece haber ninguna regla válida para lo
social. Cada cual interpretará cada una de las premisas extensionales de dichos
párrafos a su manera, creando una cacofonía o ruido de fondo de la comunicación
en lo social. Parecen ser temas irresolubles que sólo generan problemas,
dilemas y conflictos.
Todo esto lleva a la
ética y si esta ha de estar sustentada en la razón
—a partir del contrato social— o en el intuicionismo
(lo natural).
Si ha de basarse en las primitivas o en la razón. Hay que fijarse que cuando el
humano primitivo llegó a los tabús
estos se basaban en muchos casos en primitivas que tienen todos los animales,
como la evitación de la endogamia.
"Captar" esas primitivas es la postura intuicionista, pero tiene sus
problemas, pues el cerebro y la evolución pueden tener como máxima preservar la
vida, pero el humano a la vez tiene el "mecanismo" cerebral de volver
a otro humano como no-humano, como para que sea "aceptable" para el
cerebro matarlo. En la naturaleza impera la "teatralización", las luchas
entre machos se suelen basar en mostrar los atributos de lucha (cuernos,
garras, colmillos), medirlos y en ese proceso evitar la confrontación, en donde
pueda peligrar la vida o la integridad física. En algunos casos dos contrarios
no se "conformarán" y se enfrentarán a muerte. El humano es una de
esas especies. La teoría es que nuestros predecesores vienen de la misma línea
que los chimpancés, en donde estos y dado la escasez de los alimentos, luchaban
constantemente por el territorio, matando y comiéndose a las crías de otras
manadas, pues así no proliferaba su descendencia, con la que ya no tendrían que
competir. Ese mecanismo repetido por cientos de milenios es el que nos domina
en situaciones de escasez y durante las crisis profundas.
El cerebro tiene
unos mecanismos por los cuales "avivar" y mantener el odio hacia lo
"otro". Pongo un caso extraño pero ejemplar. Juego a "craft the
world", en donde unos enanos se ven atacados de forma constante por
distintos enemigos. De forma rara al enemigo que más "odio" es a una
especie de gusano, pues de alguna forma llama a este circuito del odio dentro
del cerebro. La cuestión, después de meditarla, es como sigue: otro enemigo,
como un gigante u otros "humanoides" enemigos más iguales a lo
humano, me parecen rivales en igualdad. De alguna forma mi cerebro los asume
con una inteligencia y que "obedecen" a unas reglas similares a las
mías. Sin embargo el gusano no está dentro de esa categoría. Recordar, sin ir
más lejos, que se recurre al insulto de gusano —o vil gusano— cuando
despreciamos a alguien en esa medida: como lo más bajo, nimio y despreciable
de la vida. Cada vez que uno de esos gusanos mata a uno de mis enanos me siento
más herido —emocionalmente rabioso para que andar con eufemismos—, de tal
manera que lo ataco con todas mis fuerzas disponibles. Soy una persona que se
mueve por la razón y no tengo este mismo sentimiento por ningún otro ser
humano, colectivo, cultura o etnia, pero esa "emoción" por ese gusano
me ha hecho "comprender" el racismo y cualquier otra forma de odio
hacia la otredad, pues activa esa primitiva -o proceso programado- que está en
todos. Comprender quiere decir que la he sentido como para saber a qué se
refiere, pues antes no lo sabía; aunque mi razón no la entiende, no comparte —o
ve como razonable— tal estado o secuestro del cerebro por parte de esta
estructura tan antigua. Con todo, la razón no hace que disminuya esa pasión
ciega y negativa hacia el gusano. Razón y primitivas son dos estructuras que se
ven detrás de un cristal y no se llegan a tocar. Ni una ni otra alteran la
realidad de su contraria. Por medio de la razón puedo tomarme unos segundos
para hacer que la emoción aminore, o puedo salir del juego. Pero sólo son
distintos medios de evadir que una estructura y otra no puedan comunicarse como
para que una venza sobre la otra, pues su base es que tienen dos lenguajes no
traducibles del uno al otro. Recordar que una emoción, como el enamoramiento,
se siente, no es palabra, y que esta no lo frena, o si se quiere traer aquí la
arquetípica frase de Pascal: "el corazón tiene razones que la razón no
entiende".
Con este ejemplo
quiero dar a entender que todos tenemos tal estructura, el caso es si se llega
a activar o no. En mi ejemplo me la ha "despertado" un simple gusano
en un juego, pero es posible que me la despertasen ciertos japoneses o alemanes
de la II Guerra Mundial (la paradoja de la intolerancia hacia los intolerantes).
¿Y que se "despierta"? Son distintos procesos, pero uno de ellos es
el pensar que nuestra identidad ha de ser salvaguardada, que a la vez implica
cierta arrogancia de tener la identidad "verdadera" o humana,
mientras que otras están lejos de esta, más cuanto más alejadas estén de dicha
identidad "verdadera", como así lo es el gusano en el juego. En ese
caso la razón no escapa de esta misma trampa, pues una persona que use sobre
todo la razón "despreciará" o sentirá como otredad a todo aquel que
esté lo más alejado de tal capacidad de usar la razón. La cultura occidental o
etnocentrista se basa en tal tara de la propia razón. Como tal dividió lo
humano entre aquellos que hacen uso de la razón, frente al resto que no lo
hacían y que por ello eran "salvajes" o no "civilizados".
Entonces si no vale
ni la razón ni el intuicionismo… ¿a qué "agarrarse"?, o hay que
volver a revisar la razón para que sea lo que ha de ser. Con esto de nuevo
llegamos a la tolerancia, que en realidad como hemos visto no resuelve nada,
sino que cubre, cual alfombra en el salón, los problemas barridos bajo ella e
inherentes de toda diferencia.
Volvamos a las redes
y por extensión a todo lo digital, puesto que en ellos se dan tres de las
estructuras que he analizado: la parsimonia,
la identidad y la distancia. El principio de parsimonia, del mínimo esfuerzo,
sale a flote a la menor. Parte del éxito del navegador Chrome de Google han
sido las extensiones: la capacidad de dotarle de todas las herramientas,
funciones y utilidades que podamos necesitar. Si estamos en el navegador no
queremos recurrir a un programa instalado en el ordenador, pues de alguna forma
el cerebro le parece un proceso más trabajoso. ¡Fijarse que no hay que generar
ningún movimiento corporal especialmente largo y duro!, tan sólo hacer varios
clics extras del ratón. En cierta forma eso que la ciencia ha denominado con el
nombre de área de trabajo del cerebro, es como si tuviese unas paredes y un
afuera, y que tener que salir a otro programa en el ordenador es como cambiar
el área de trabajo…, para el caso como ir a otra habitación que tendrá otras
herramientas y formas de trabajar con ellas. Es vaciar el área
de trabajo actual, que funciona con el cebado
(procesos prestablecidos en uso: neuronas que se mantienen activas), para hacer
que el cebado se prefije ahora con otros procesos distintos. Es un doble gasto
de energía cerebral, en tanto que hay que inhibir las neuronas activas
(cebadas) y activar unas nuevas. Por otro lado este proceso de inercia conlleva
más energía que la directa mostrada aquí, pues tales procesos crean residuos
metabólicos que el sistema
glifático (de las células
gliales: el sistema linfático del cerebro) ha de "limpiar" cuando
dormimos, generando de nuevo más gastos cuantos más residuos se hayan creado.
Atención a la sutileza de Stuart Kauffman sobre la interacción entre energía
y trabajo
en física: "la primera sorpresa es que se necesitan restricciones en el
lanzamiento de energía para realizar el trabajo, pero se necesita trabajo para
crear restricciones. La segunda sorpresa es que las restricciones son la
información y la información es restricción". Lo que quiero mostrar es que
todo animal —toda vida— está programada para seguir el principio del mínimo
esfuerzo, dado que la máxima en la vida es la escasez. Para que un humano se
active y gaste más energía de la necesaria se tienen que dar una de dos
posibilidades: la natural o pulsión
que es que "necesite" algo, o la alentada por la voluntad:
obligarse a ello. Si el humano se sale en alguna medida de la regla de la vida
del mínimo esfuerzo es o bien porque ese humano en concreto ha cogido algún
camino obsesivo como parte de su necesidad, o bien por exigencia de la
sociedad. El macho en la mayoría de las especies está programado para el gasto
excesivo de energía según el principio
del hándicap (de la desventaja). El caso más conocido es la cola del pavo
real, pero es general de casi todas las especies. El macho suele hacer más
gasto ya sea en el colorido, en el canto, en la cornamenta, en el pelaje, en el
tamaño o en su comportamiento. Un caso que he conocido hace poco es el del pez nocomis
leptocephalus, hace un montículo de unas siete mil piedras, llevadas con la
boca una a una (que han provocado que a lo largo de la evolución su mandíbula
sea mayor que con respecto a la de su fémina), para llamar la atención de una
hembra que deposite sus huevas, y que de esa manera queden protegidas de la
corriente. Tal cantidad no sería necesaria, es una de las típicas carreras
armamentistas entre machos de una misma especie: "que tú haces un
montículo de cien piedras, pues yo de doscientas", comportamiento brabucón
encaminado nada más que para llamar la atención de las hembras y poder tener
sexo. ¿No nos es familiar este comportamiento con respecto al de los hombres?
Retomo, que me he
desviado un poco. La segunda forma de gastar más energía de la necesaria es por
medio de la voluntad. La sociedad humana tiene esta base. Si en un primer
momento, por medio de la inversión
de la dominancia, se usó la vergüenza
a todo aquel que quería sobresalir del resto, cuando el humano optó por la
agricultura y la ganadería, que eran procesos tediosos, largos y muy físicos,
se temió más a todo aquel que no "arrimase el hombro", que no luchase
contra el principio natural de la parsimonia. En el caso del pez nocomis
leptocephalus vemos una regla evolutiva: una tendencia o comportamiento tiende
a desproporcionarse con el paso de los milenios hasta volverse una desventaja.
En el caso del humano esa tendencia fue el de laborar hasta la extenuación, por
mediación de imponérselo uno a sí mismo, o sea, por la voluntad. Puede que esta
disposición al principio fuese evolutiva, impuesta por la hembra para
seleccionar al macho —como así es de forma general en la naturaleza—, pero al
final fue parte de nuestra condición humana. Según hipótesis, en algún momento
de la evolución humana fue la hembra la que tuvo que "tomar el
trabajo" de conquistar al hombre y se invirtió en parte el dimorfismo, lo
que hizo que el proceso de esforzarse, de hacer uso de la voluntad en lo
social, se dé en los dos sexos, si bien según estudios sobre la teoría
de la rigidez (inercia mental) y el efecto
Einstellung, hay algo de diferencia entre los sexos, que es de suponer que
provenga de esa tendencia general del macho hacia el exceso en la naturaleza
(diferencias pequeñas y no todos los estudios coinciden; según mi opinión esa
diferencia puede ser por los temas tratados: cada sexo tiene
"pasiones" distintas).
No me he desviado.
Profundizo en el tema bajo distintos aspectos. A poco que uno piense lo que
demuestra la teoría de la rigidez o el efecto Einstellung no es simple y
llanamente la vagancia, sino la capacidad de cambiar el punto de vista personal
por alguna novedad. De ser adaptativo a cambiar de mentalidad,
de replantear lo dado en el mapa interno, con respecto a lo nuevo que esté en
el medio. En definitiva, que de nuevo entre en juego posiblemente el gen DRD4
que modifica el receptor de la dopamina D4. Me doy cuenta que "amante de
la adrenalina" no encaja con razón, son incluso lo contrario. Tengo que
resolver esta aparente paradoja, de nuevo volvemos al tema de la dualidad de
instinto y razón. El lector avispado ya se ha
percatado de tus conclusiones. Los genes no son taxativos a cómo se
tienen que expresar en la vida, en el comportamiento, en lo social. Lo que
"dice" el gen DRD4 es que la dopamina
no "funciona" de la forma esperada, que parece no adecuarse a que el
sentimiento de premio, del placer de lo bien hecho, y por ello de la memoria
y el aprendizaje,
sea el previsto o lo normalizado por la evolución. En el sistema
de recompensa se pueden dar tres posibilidades: 1. la recompensa fue mejor
de lo esperado (un error positivo); 2. que la recompensa fue exactamente como
se esperaba (sin error); o que la recompensa fue menor de lo esperado (un error
negativo). En los tres casos se deduce que el cerebro hace un pronóstico, que
parte del mapa interior, y que el sistema verifica si ha acertado o no. Dicho
de otra forma: la dopamina en gran medida está vinculada a la novedad. Lo
sabido y consabido no mueve el sistema
dopaminérgico. Lo ritualizado, las costumbres, dan una sensación agradable
por otros neurotransmisores, en donde prima la ausencia del cortisol,
que tiene como base el miedo. O sea, estar en casa puede generar placer porque
sabemos que estamos fuera de todo riesgo (en teoría), este placer difuso y poco
acentuado se basa en la serotonina.
Así que nos
encontramos que todo aquel que tenga alterado el receptor de la dopamina D4
tiene un placer menos intenso ante el premio (aquel de "lo mejor de lo
esperado") de tal manera que o bien siempre busque la novedad (búsqueda de
novedad), o que quiera mantener "el pie pisando el acelerador" para
sentir realmente la sensación de premio (adicción).
En el primer caso eso quiere decir que no se atiene a lo dado, al mapa interno,
de tal manera que ha de estar saliendo constantemente de su zona
de confort y por ello de la inercia cerebral. Tal estado se puede traducir
como estar probando todas las posibilidades, aunque en su momento se hallase
una que "funcionase". La vida es prueba
y error, sí, pero un sistema dopaminérgico "normal" se detiene
—aprende— cuando da con un comportamiento válido que al final lo vuelve
rutinario, costumbre o parte del mapa mental, mientras que alguien con el gen
DRD4 modificado no se sentirá completamente satisfecho y seguirá probando más
posibilidades. Todo animal se atiene a la primera fórmula, es lo que es porque ritualiza
a modo de instinto todo aprendizaje que ha funcionado el primero, sólo el
humano —o algunos de ellos que son los que dan los grandes pasos de la
humanidad—no lo hace(n) así.
En resumen, el
amante del riesgo sólo es una manifestación de algo mayor que no tiene por qué
implicar algo físico, sino igualmente algo mental. Es la disposición de no
sentirse totalmente satisfecho y permanecer inquieto como para obligarlos
siempre a ir más allá, en donde ese más allá también implica a las propias
capacidades cognitivas. Así que nos encontramos con dos teóricos humanos, uno
que ha hallado una solución a cada cosa, sin saber si es la más optima, frente
a otro que tiene muchas posibles soluciones a esas mismas cosas. Es fácil
deducir que el segundo es más racional, en la medida que siempre evaluará más
cosas de una misma vez. Es por esto que haya cierta diferencia en el tema de la
rigidez entre los dos sexos, puesto que el macho es el que se ha visto una y
otra vez sometido a explorar y a encontrarse con novedades, y puesto que la
testosterona le empuja(ba) más a ello.
Llegados a estas
alturas hay que revisar lo escrito. Por un lado nos encontramos que las
dualidades pueden ser bastante engañosas, puesto que la razón, o su exceso,
puede haber venido dada por una predisposición a ser más impulsivo,
como así lo son los amantes del riesgo. A la razón no sólo se llega por un
camino, como veremos abajo, y además esta es una disposición o forma de operar
con el área global de trabajo. O sea, que ser hombre o mujer no predispone a
ser más o menos razonable, o usar mejor o peor la razón, si bien sí los puede
capacitar (alentar, predisponer) de distintas formas. En las tribus del norte
es muy posible que el que sobreviviese fuese todo aquel que tenía las
capacidades que provee el gen DRD4 modificado, ya fuese para la lucha o para
crear estrategias de lucha y más tarde para el comercio. Con el paso del tiempo
las luchas se fueron dejando de lado y lo que principalmente se manifestaría,
alentado por lo social y el aprendizaje de padres a hijos, fuera usar la
voluntad de ejercer poder sobre la inercia mental, a través de la razón, pues
la mal llamada voluntad en realidad es una capacidad del sistema ejecutivo para
imponerse metas y cumplirlas, frente a la mera motivación que emerge de los
propios deseos. La película "Lucy
in the sky" (basada en Lisa
Nowak, en teoría con algo de Asperger,
de ahí la explicación de ciertos comportamientos durante la película como ser
excesivamente fría y calculadora ante ciertos aspectos de su vida) es una
prototípica imagen de la cultura anglosajona del culto al trabajo y la
voluntad, de salir de la zona de confort, como nos recuerda su protagonista
ante el consejo de su abuela de que "jamás te instales en la rutina",
que de nuevo nos muestra la tendencia de la búsqueda de la novedad frente a lo
rutinario. O sea, es muy posible que una predisposición
genética de sólo algunos fuera la que creó el rasgo mantenido en lo social
de hacer que lo que se impusiese fuera la capacidad de la voluntad, que es una
parte de las capacidades de la razón, que era necesaria para trabajar duro y
que fue la que al final se convirtió en aquello de que el trabajo era la base
de la vida. La hipótesis
léxica establece que "los primeros
estados que esas características de personalidad, que son importantes para un
grupo de personas, eventualmente se convertirá en una parte del lenguaje de ese
grupo. El segundo se deriva del primero, indicando que las características más
importantes de la personalidad son más propensas a ser codificadas en el
lenguaje como una sola palabra." De esta manera esa palabra, en
realidad concepto, de las tribus del norte era posiblemente la de persistir
(voluntad racional de luchar contra viento y marea). En el caso de Estados
Unidos lo es el concepto del sueño
americano, donde nace a su vez de la idea de persistir, por cualquier
medio, para alcanzar las propias metas.
Nietzsche
no era más alemán al alentar hacia lo dionisiaco, según este planteamiento,
pues el alemán es más apolíneo, razón fría y calculadora (cabezas cuadradas, en
sus dos sentidos, en un insulto de sus contrincantes de las dos grandes
guerras; las filosofías más profundas y sistemáticas son de los filósofos
alemanes, como son el caso de Kant o Hegel). Dicho más claramente: si bien
la característica de la que estoy hablando se da sólo de forma
"natural" en algunas personas, la que puedan tener algún gen dañado
del sistema de recompensa, es la que se terminó de imponer como rasgo de su
cultura, sin que por ello toda persona tuviese ese rasgo de forma
"natural". Recordar la metáfora de la rama principal, las secundarias
y sus ramitas. En este caso estoy diciendo que si bien hago mención a la cultura
anglosajona, germana, o del norte de Europa, no afirmo que tal concepto exista
como raza con cierta característica genética, sino que en cada uno de sus pasos
fueron tendiendo hacia una predisposición social, que fue la que
"eligieron" como parte distintiva de su carácter
patrio o cultural.
En otros escritos ya he hablado sobre el rasgo distintivo —lo que nos hace
diferentes del resto— es sobre lo que se suele pronunciar una personalidad, e
igualmente ocurre a nivel de una cultura, ideología o país. En los países
latinos de Europa ese mismo rasgo de la búsqueda de la novedad se manifestó de
otras maneras y nunca se quedó como parte de su identidad (a grandes trazos la
mejor música clásica es de autores del norte de Europa, mientras que España
destaca en pintores). Los latinos europeos sí son lo dionisiaco (diversión,
trabajar para vivir) frente a lo apolíneo de las tribus del norte (vivir para
trabajar). Estas divisiones son odiosas, fallan según qué momento de la
historia se analice, pero es la que "funciona" para hacer una caricatura
de la situación actual, o para hacerla de la historia a grandes rasgos. Huelga
decir que a nivel de éxito comercial "vence" la actitud de la
voluntad, la razón y la cultura del trabajo frente a cualquier otra, luego es
la que se ha terminado por imponer de forma global en la actualidad.
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Ahora
me toca a mí postular algo similar y desde otro ángulo. El receptor
de la serotonina 5-HT parece ser un candidato que predispone a la depresión.
Bajo mi punto de vista, y al igual que has argumentado arriba, a la razón se
llega por muchos caminos. Tanto la mutación genética del receptor de la
dopamina, como el de la serotonina, crean individuos incómodos dentro de sus
sociedades, que son los que yo denomino como preconcientes, si bien siguen
caminos y propósitos muy distintos, puesto que los segundos son lo opuesto a
los primeros, ya que tratan de frenar los excesos de cambios en el sistema. En
ese caso se pueden reducir a los primeros como los aceleradores y a los
segundos como el freno del sistema. Recientemente se ha asociado el origen de
la depresión a la función que hace la habénula
en el cerebro. Esta es sobre todo inhibitoria, detecta si lo que entra por los
sentidos son algo nuevo o no. Si está dañada dice al sistema que no hay nada
nuevo, luego no crea ninguna respuesta emocional: si la habénula se la inhibe
con ketamina
(inhibir su inhibición) la "depresión mejora", puesto que la novedad
vuelve a entrar en juego. Cabe pensar si los amantes del riesgo no parten del
mismo problema: que la habénula esté diciendo al sistema que no hay ninguna
novedad y en ese proceso se busque más de lo necesario. Con esto volvemos al
tema de los rasgos complejos: es complicado reducir a un solo gen o un receptor
o neurotransmisor
un comportamiento o uno desadaptado, si bien pueden ser los
"interruptores" que los predispongan. En los amantes al riesgo parece
predominar la ausencia del miedo, mientras que en los depresivos se puede
manifestar de forma exagerada, lo que nos lleva a otra parte del cerebro: la amígdala
y al papel del cortisol. Casi podríamos decir, ya fuera de la naturaleza y al
humano como su único depredador, que los segundos temen a los primeros.
Pero
qué sabe de forma implícita el cerebro del realista depresivo con respecto al
resto. En otro lugar dije que pareciera haber un algoritmo que determinase que
cuanto menos se ame a la humanidad más se ame a la naturaleza (a los perros en
un caso concreto y repetido hasta la saciedad en las redes sociales como meme).
Todo solitario se refugia en la naturaleza, a la cual ensalza. Es más, sí es
sensible a la belleza de la naturaleza y a sus novedades. Luego la habénula no
parece operar ahí, no le inhibe a apreciar la belleza y las formas extrañas en
las que se manifiesta lo natural. La respuesta, a la pregunta que ha quedado en
el aíre, es que el realista depresivo no ve novedad en lo humano, pues de
alguna forma predice
que siempre es decepcionante, al igual que predice que no existe realmente la
comunicación, y que por ello todo humano es un ser condenado a la soledad.
Enclaustrado en su individualismo cerebral. Predice, además, que el miedo
es lo que explica lo social, y que todo son máscaras que esconden los miedos
internos de todo humano. Así el actual "buenrollismo",
y las nuevas generaciones, siguen esa misma premisa, pues intentan escabullirse
de los temas irresolubles sobre nuestra "negra" condición
humana. Hacen lo mismo que los niños: se tapan los ojos creyendo que de esa
manera el resto de las personas o los peligros no los "ven" a ellos.
Basan su vida en la ocultación, en la negación. No ver las noticias y ver sólo
series de humor o fantasía es no afrontar la realidad, es crear mecanismos de
defensa ya dictados desde la propia razón.
En otros
lugares he hecho una defensa ciega al espíritu de los ñinos (sí, sé que
está mal escrito, he llamado a tu corteza
cingulada anterior detectora de errores para que entre en juego la
atención) y su bondad innata, pero la defensa de la identidad surge en un
proceso posterior a los pocos meses. En un experimento sobre la bondad de los
niños se hace un pequeño teatro de marionetas donde dos, cada una con un color
distinto, hacen el mal o el bien a un tercer muñeco, y en donde al final se les
hace elegir uno de los muñecos, y por lo general "eligen" al que hizo
el bien, rechazando así a la vez al "malo". Esto es una demostración
de que venimos dotados de una moralidad innata. Pero en otro experimento se
hacía que uno de los muñecos tuviese sus mismas preferencias y con los cuales
se identificaban, que serían los que después fueran los que hicieran las
acciones "malas" sobre un tercer muñeco indefenso y víctima. Se les
volvió a dar a elegir y optaron por los muñecos con los que se sentían
identificados, indistintamente de que hubieran hecho el mal. O sea, es antes la
defensa de la propia identidad que los actos morales. O dicho de otra forma:
tendemos a no ver como tan malas las acciones de aquellos que son de nuestra
propia identidad o lo que es lo mismo: es antes lo identitario que la
evaluación "correcta" de lo moral. Con tan sólo tener en cuenta este
experimento ya se invalida al intuicionismo moral. La razón tiene que entrar en
juego para "desmontar" esta tendencia errada de nuestra naturaleza.
Como dicen en la serie documental "¿por qué odiamos?", tendemos a
pensar que nuestras acciones contra el otro lado están motivadas por el amor a
nuestra gente, mientras que sus acciones contra nosotros están motivadas por
odio hacia nosotros".
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Perdón por la
interrupción en tu discurso. Un breve alto en el escrito, para explorar otros
caminos. Lo he abandonado durante más de una semana porque unas cosas me
llevaron a otras y de repente había perdido el rumbo. El mapa mental que he
creado se basa en los artículos de la Wikipedia inglesa. En muchos casos me es
complicado traducir sus términos, y en otros imposible. El propio traductor de
Google a veces los traduce de una manera y otros días de otra, y dentro del
propio escrito el mismo concepto, y dentro de cada contexto, lo traduce de
distintas maneras. Un ejemplo claro es que "nuestro" concepto de
recato para ellos es modesty,
en donde su traducción literal, claro está, es modestia. Salta a la vista la
diferencia en el lenguaje español, no creo que tenga que explicarlo en demasía.
Modestia va sobre no aparentar por encima de los demás, mientras que recato va
sobre el ir moderado/a a la hora de vestir, como para no mostrar en exceso los
atributos sexuales. En unos casos y otros veía que el lenguaje científico
estaba dominado por el idioma inglés, que además viene dado por su mentalidad y
cultura. Volvamos a la frase de Neo, en la película Matrix, a la arenga de
Smith sobre porque se levantaba una y otra vez en su lucha final. Neo dice
"porque yo lo elijo (persistir)". ¿De dónde viene la elección del
concepto persistir?, si tal guion lo escribiese un español seguramente elegiría
otro término, lo mismo para un alemán o un japonés. Tal concepto viene dado por
su cultura del trabajo, basado en la voluntad, en tanto que volición…,
elección hecha y dirigida desde la razón, desde la palabra o discurso —en donde
discurso es otro caso de un término inglés que trata de imponerse, aunque este
sólo se refiera a un soliloquio—. A la vez la división de los cinco grandes
rasgos de la personalidad (OCEAN)
vienen dados por su cultura, en donde persistir forma parte de los rasgos
"positivos" del buscador de novedades (apertura
a la experiencia), la persona responsable, el extrovertido,
el
amable y la parte más positiva del neurótico
(que en su suma es uno de los dos "prototipos" que yo estoy
analizando). En otro ejemplo, dentro de esos cinco rasgos, se encuentra
"conscientiousness", traducible por concienzudo
o escrupulosidad, cuando en castellano sería equivalente a responsabilidad. En
Estados unidos se refieren con el concepto y siglas "WASP",
al protestante anglosajón blanco (considerado como la clase privilegiada),
donde a WASP "la "W" y la "P" se agregaron en la
década de 1950 para formar un epíteto humorístico que implica
"pulcritud" ("waspishness") o alguien que probablemente
haga comentarios agudos y ligeramente crueles", (fuente Wikipedia, tal
como lo entiendo es lo que en España llamaríamos, en lenguaje llano,
"tocapelotas"). Todo esto me llevó a pensar que la medida del mundo y
sus valores vienen dados por los términos de predominancia inglesa y su
cultura, que a la vez remiten a las lenguas y culturas germanas. Cambiando de
ámbito, otra gran dominancia proviene del latín y este del griego, y por lo
tanto a los conceptos de las filosofías de la Grecia clásica. En uno u otro
caso se da un etnocentrismo,
que es sobre todo de la cultura
occidental, y con esto llegamos de nuevo al concepto de occidentalización.

¿Por qué validamos
como "bueno" los valores que vienen impuestos por los occidentales?,
y en la actualidad por los estadounidenses, y su lengua y cultura inglesa. A
todo esto leí varios artículos provenientes del Magazine online "Aeon"
sobre el sesgo RARO, que proviene del acrónimo inglés WEIRD
(western, educated, industrialized, rich and democratic) Se suele decir que
"no es mal sastre aquel que reconoce su paño", la propia cultura
dominante ha estudiado el sesgo RARO en la medida que casi todos los estudios,
para llegar a las conclusiones de lo que es el ser humano, se basan en las
personas "RARAS", o sea,
"educados, industrializados, occidentales, ricos y
democráticos", cuando ese humano tan sólo representa al 12% de la población
mundial. Menos si se tiene en cuenta que si esos estudios se llevasen a cabo en
la Europa latina los resultados serían posiblemente distintos, pues tienen una
mentalidad muy diferente que las de origen protestante/germana, en donde entre
ellos también se encuentran los de origen inglés. En los grandes cinco rasgos
de la personalidad —en realidad diez, pues son los cinco más sus contrarios—,
por ejemplo, se ignora el humor (que podría ser parte del extrovertido), cuando
los latinos europeos lo pondrían como un rasgo importante. En oriente es
posible que el rasgo más relevante fuese el de la amabilidad o agradabilidad,
por ser el más cercano a la espiritualidad.
Esta línea de
pensamientos me llevaron a conceptos como los del imperialismo
cultural, la americanización,
la homogeneización
cultural, la
globalización cultural o monocultura, el neoimperialismo…,
que son mil formas de hablar de la misma problemática o tema, que en principio,
pienso yo, parten del imperialismo
lingüístico, pues el primer paso en todos estos procesos suele ser aceptar
un término que no es propio, que a la vez tiene una carga conceptual de la
cultura dominante, que es la que termina por "conquistar" a las
mentes individuales de los otros países o culturas. La teoría de la nivelación
de los dialectos y de la estandarización
de un idioma nos dicen que toda diferencia entre los modos de hablar tienden
a disminuir con el tiempo, llegando a posiciones promediadas para la mayoría de
los hablantes. Sin llegar a sostener la teoría
de Sapir-Whorf (si acaso en un proceso de miles de años, dada la herencia
dual), sobre que el lenguaje estructura la cognición y por ello al final el
cerebro, sí creo que la mayoría de las personas al ser miméticas
(o meméticas) —al seguir las tendencias
y las modas— "aceptan" de buen grado todo lo que pueda implicar
una palabra o concepto,
y por ello acomodan su manera de comportarse —identidad narrativa— a tales
estructuras a partir de las palabras. El "lenguaje" de YouTube es un
claro ejemplo de lo que quiero decir: o entras dentro de tal lenguaje o no
tienes seguidores y "me gusta".
Dicho esto dejo que
mi alter ego retome el escrito, pues las conclusiones y tramas que se derivan
de estas lecturas son las que ya tenemos en mente.
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Vuelvo
al tema de la habénula. Se ha comprobado que en aquellas personas en las que
dicha parte del cerebro inhibe en exceso, tienen un hipocampo
más pequeño que la media. ¿Demuestra tal cuestión que se trate de un trastorno?
Pienso que tanto la amígdala como el hipocampo hacen unas funciones similares,
hacen de indexadores de las experiencias, si bien la amígdala lo hace sobre
todo de las emociones negativas, y por ello, seguramente el hipocampo de las
positivas. Me repito, ya sé, pero uno de mis postulados principales es que
premio y castigo son una redundancia del sistema y que primero fue el del dolor
y por ellos su evitación. Proceso que es llevado a cabo por la amígdala. En ese
caso habría que saber si las personas con una habénula "cautelosa en
exceso" —demasiado inhibidora—, tiene una amígdala más grande que la
media. Si fuera así, existirían esos dos principales prototipos humanos con
esos dos rasgos anatómicos muy distintos: hipocampo grande/amígdala pequeña y
su inversa. Y de nuevo de ser así, es muy posible que lo que hace el hipocampo
sea la función que es la llamada como el locus
de control. Estoy tratando de recrear una hipótesis, una posibilidad, holística
o global. Lo que hace el locus de control es mediar para hacer que todo tienda
o cobre rasgos positivos, o sea para hacer que tal persona sea optimista.
Eso ha de crear un gran nivel de estrategias
por las cuales esa persona salga bien del paso, salga lo más indemne posible de
toda situación que pueda ser problemática, negativa o complicada. Tales
estrategias explicarían el tamaño del hipocampo. Por el contrario, el realista
depresivo no se deja engañar por tales "argucias" del locus de
control. Siguiendo la misma lógica, y para terminar de dar sentido a la
hipótesis en construcción, el locus de control es la base de la identidad
narrativa. Para este tipo de identidad lo importante no es lo fidedigna que sea
con respecto a la verdad, sino que tal hipóstasis sea efectiva o
"funcione" para vivir. O sea, de forma profunda es máscara, y no Ser,
pero en tanto que tiene una finalidad y justificación de ser, Es, y tal
necesidad ontológica la cualifica para ser válida. De vuelta a Neo, como
prototipo de la identidad estadounidense, persiste en luchar porque lo elije —o
así lo cree— y al creer (sentir) que esa premisa es válida ya la valida por sí
misma, puesto que "funciona".
Para
un buen analista,
para un depresivo realista, esa argumentación es falaz por dos cuestiones. 1.
recurre a la paradoja o trilema
de Münchhausen, por el cual una persona se pueda sacar de un pozo tirándose
él mismo de su cabello y 2. no está claro que sea simplemente porque sea una
disposición meramente instintiva y no tenga que ver el prefrontal o sistema
ejecutivo en su capacidad para persistir. Si uno se trata de suicidar tirándose
al río sabiendo nadar, es casi imposible persistir para que el cuerpo no trate
de mantenerse a flote. Por eso la mayoría de los suicidios "exitosos"
tienen que ser pensados para "anular" o "bloquear" esta
capacidad instintiva. O bien no saber nadar, o adentrarse en el mar hasta
cansarse, o ponerse un peso añadido al cuerpo para que se hunda. Del primer
punto se deduce la actitud. Según dictan las creencias humanas —en realidad sesgos—:
"querer es poder", pero ¿es realmente así? Está claro que no al cien
por cien, y de ser según una probabilidad, ¿con cuánta probabilidad puede
repercutir la actitud en las acciones diarias? Nadie lleva más las cuentas que
la propia evolución. Al parecer la postura optimista es la que
"gana", tanto como para que la evolución haya creado el locus de
control y la identidad narrativa. En definitiva, que tales rasgos no los
"elige" uno, sino que es lo que "viene de serie" en todo
humano que nazca con buenas condiciones y tenga una infancia feliz, lo que de
nuevo nos remite al punto dos: que es una condición "natural" y no se
elige. Así lo hace ver la teoría de los cinco caracteres (OCEAN) analizados arriba,
al decir que la predisposición con la que se nace suele perdurar para toda la
vida. Querer salir de ese círculo vicioso argumentativo es imposible, una y
otra vez la naturaleza estará como sustrato a toda elección. Este es el
argumento de Richard
Dawkins para explicar el "arranque" de la propia vida (materia
no-animada/animada), pues la actitud parte del mismo dilema
(no-acción/acción): "las diferentes células reciben diferentes
combinaciones de productos químicos, que activan diferentes combinaciones de
genes, y algunos genes funcionan para activar o desactivar otros genes."
Para
simplificar, que puede que mis argumentos parezcan un nudo
gordiano. El locus de control es una falacia
a nivel evolutivo y como mecanismo de supervivencia, al modo que como decía
Quevedo "es un ciego llevando a cuestas a
un tullido", y en tanto que es un argumento circular y de regresión
al infinito. El locus de control funciona porque funciona, ¿y porqué
funciona…?, ¡porque funciona! Como tengo una actitud positiva funciona porque
es positiva... ¿porque no genera dolor o angustia?, tal cuestión no tiene que
ver con la "verdad". Pero para terminar de diagnosticar tal proceso
analicémoslo más en profundidad, aunque podría bastar con decir que el
pesimismo también "funciona" a nivel evolutivo, puesto que
"persiste" (rechifla). Lacan
trató de superar las contradicciones freudianas bajo un nuevo lenguaje. Su
triada —frente al ello,
el yo y el superyó—, era lo
simbólico, lo
imaginario y lo
real. Argumentaba que en lo real no hay un opuesto a la existencia, puesto
que en esta toda materia solo cambia de estados o es permanente cambio. Para lo
imaginario, y puesto que toda la realidad puede reducirse a contrarios, la
muerte es otro estadio —el contrario a la vida— que existe como tal. O sea, que
hay una existencia de lo "no vivo" o nada, y eso o bien puede ser un alma,
o bien un lugar como el cielo o el infierno. Es fácil identificar lo imaginario
con el locus de control y por ello con la identidad narrativa. Quien cree en
algo transcendental, en una vida después de la muerte, en algún más allá, vive
más tiempo que el ateo —por norma
general—. Los Estados Unidos es la nación occidental más devota (reduciendo
para este caso a occidente a los países europeos y donde son mayoritarios sus
emigrantes: Australia, Canadá…). En su series y cine siempre rezuma el nombre
de Dios y la apuesta hacia la fe y en que todo ha de tener una explicación bajo
algún plan divino. Es muy posible que los países latino-europeos —junto a la
península escandinava—, sean donde crece el ateísmo o el agnosticismo más que
la media. Puede que mis argumentos sean reduccionistas
en demasía, pero parecen "funcionar" analizándolos desde distintos
puntos de vista, luego da indicios a que sea "medible" y por ello
cuantificado por métodos científicos.
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Vuelvo a
interrumpirte, aunque creo que ya llegaste a ciertas conclusiones. De nuevo he
tenido un tiempo largo de receso en el escrito, en parte porque el cerebro que
soy se ha ido por otros derroteros. Quiero traerlos aquí por ser de interés y
porque en alguna medida explican muchos tramas, como lo es el dar una
explicación a la senectud, tema tratado en el escrito anterior. Durante años me
he centrado en las neuronas
y he hecho mención de forma esporádica a las células
gliales, que forman parte del cerebro, pero de repente me vino a la mente
una posibilidad interesante de ser tomada en cuenta.
Nunca me han terminado de
gustar las distintas teoría sobre la memoria, por no encajar a cómo las
"vivo" yo, a mi propio análisis fenomenológico. Se me ocurrió que las
células gliales mantuviesen la conexión entre varias neuronas hasta que por la
noche estas creasen una conexión "fija". En ese lapsus las células
gliales dejan de hacer ese proceso que hacen durante el día y llevan a cabo su
trabajo nocturno de hacer limpieza de los residuos cerebrales (sistema
glifático). Para entenderlo mejor recurro a una imagen gráfica. En las
placas base del ordenador hay unas terminaciones del circuito que sobresalen
como unos pequeños alambres de metal, a modo de machos. Tales circuitos están
abiertos y se puentean con los llamados jumpers, que cierran el circuito. En
las actuales placas ya casi no existe tal estrategia de diseño, si acaso para
volver la BIOS
a su estado de fábrica. En las antiguas placas servían para "decir" a
la placa a qué velocidad de reloj tenían que funcionar y el multiplicador a
usar, dado la CPU insertada en su zócalo. Tal medida era llevada a cabo porque
las tecnologías se mantenían durante más tiempo que ahora y una misma placa
perduraba y se aumentaba su rendimiento con un nuevo microprocesador, gráfica o
más memoria. Pues bien, las células gliales hacen esa función de puentear dos
neuronas o más neuronas durante el día, como un estado previo. Por mi
experiencia, al dormir poco, se mantienen esos estados conectados de las
células gliales y los "arrastras" durante días en ciertas
"obsesiones" o ideas fijas, que las "pierdo" si un día
duermo mucho. He estado leyendo en el tema y aunque no he confirmado la
finalidad que digo yo, parece ser que así es: que el sistema glial es más vital
de lo que se pudiera pensar. Tiene su propio sistema de neurotransmisores, por
los que mantener las neuronas conectadas, pero además repercuten en el sistema
sanguíneo como para hacer que cierta zona tenga más nutrientes y por ello
oxígeno, o en su caso contrario que se lo "niegue". Además una sola
glía conecta con cientos de neuronas a la vez, con lo que con tan sólo una de
ellas se hace esa función de puente intermedio, que se mantienen durante el
día, y que se "borra" o se mantiene durante la noche, a nivel de sólo
las neuronas. Por otro lado las células gliales son las más antiguas y es muy
posible que fueran las que primero "funcionasen" como estados de
memoria, pues la neurogénesis
primero se inicia creando una célula
glial radial, que más tarde se diferencia hacia otros tipos de células
gliales o neuronas. La senectud se "inicia" con una cada vez menor
producción de nuevas células gliales, aquellas que mantienen el cebado, la
memoria de trabajo, y memoria a corto y medio plazo. Estás sí mueren y no son
reemplazadas, frente a las neuronas, y por ello se tiene una buena memoria del
pasado, pero no de los procesos actuales o diarios.
Uniendo ideas, con
aquellas en las que digo que todo humano tiende a la ritualización, a crear
hábitos, es muy posible que este tipo de células sean más necesarias para
aprender y por lo tanto para la niñez y la adolescencia. La siguiente
conclusión es personal y no la he podido verificar. Si el humano tendió a hacia
la neotenia,
a mantener los rasgos infantiles, y por ello mantuvo más tiempo en edad la
frente abultada (redondeada) eso llevó a que su sistema glial se adaptase a
mantenerse durante más tiempo. A que se renovase durante una edad más larga su
sistema glial, de tal manera que mantuviese durante más años la
neuroplasticidad. Se han hecho experimentos para que ciertos ratones tuviesen
un sistema glial como el humano y eran más proclives a querer aprender y más
inteligentes que la media (ir
al estudio). Esto une el presente tema con el de la neofilia o el deseo o
búsqueda de la novedad analizados arriba. La evolución no lleva a un mismo
destino por un sólo camino, sino por varios que se han cruzado de forma
azarosa. Todo humano tiene esa predisposición (se aburre
fácilmente, en una de sus manifestaciones negativas), si bien en algunos está
en desmedida por ese posible cambio en el gen DRD4 que repercute en el
comportamiento de la dopamina.
En los
dos casos, en el del "optimista" y el "pesimista",
la neuroplasticidad persiste, si bien
repercute en dos centros cerebrales distintos. Por otro lado, no todo aquel
"habitado por la niebla" cae en la mediocridad. Siempre se afirmó que
se encontraban más sabios entre los que en la antigüedad se les denominaba como
melancólicos
y que hoy estarían "etiquetados" como neuróticos
o depresivos. A lo que quiero llegar —y en sus dos extremos— es que tanto para
buscar el placer, como para evitar
los riesgos, hay que hacer uso de muchos mecanismos cerebrales que van a
cablear sobremanera el sistema, y que la inteligencia "consiste"
precisamente en la alta complejidad de la materia
gris, de las altas conexiones entre neuronas. Paradójicamente tanto para
ser optimista (alegre), como para ser pesimista (neurótico, depresivo…, se me
ocurre Woody
Allen a modo de ejemplo) se ha de tener un sistema glial muy sano, como
para cablear durante el día posiciones intermedias que se consolidarán por la
noche. Entre medias de esas dos postura se encuentra el hombre medio, el
olvidadizo, el que "rutiniza" su vida y se siente "bien"
por dicha disposición, aquel que nos recuerda Nietzsche en su lapidaria frase
de "benditos sean los olvidadizos, pues superan incluso sus propios
errores".
Me
toca a mí soltar una parrafada científica, para dar un nuevo giro a la presente
narración y estar más cerca de su final. En mis escritos —y en una de mis
aparentes contradicciones— he defendido el individualismo.
Aposté por sustentarlo por la tendencia de la vida hacia lo autopoiético.
El problema es que no tiene sentido a nivel evolutivo, puesto que en el sistema
sexual en el que se encuentra el humano se necesita "conectar" con
otra persona para tener descendencia, y dado que para que esta tenga ventaja se
necesita del esfuerzo aunado de los dos padres. De casualidad encontré una
propuesta científica que valida lo dicho por mí. Tiene el exótico nombre de
"hipótesis
de pleiotropía antagonista" (pleiotropía:
cuando un gen influye en dos o más rasgos fenotípicos aparentemente no
relacionados). "La pleiotropía antagónica
es cuando un gen controla más de un rasgo, donde al menos uno de estos rasgos
es beneficioso para la aptitud del organismo y al menos uno es perjudicial para
la aptitud del organismo", (fuente Wikipedia). Un claro caso de
ejemplo es que ciertos tipos de enanismo, al tener dañado el sistema de las
hormonas del crecimiento, esto hace que las células cancerosas no se puedan
dar. La paradoja (Lek)
es que si estamos en una selección
sexual, a la larga acabaría con la diversidad, puesto que los machos más
competitivos serían los seleccionados y serían sus rasgos los que se
heredarían. La conclusión más llana, y que es la que viene al caso, es que si
se es padre se tiene un gasto energético extra, que al final repercute en una
peor aptitud para vivir, mientras que si no se es padre tal "ahorro"
repercute en la aptitud individual (más locuaz, inteligente, personalidad más
rica, buscador de novedades…). O de otra forma: si hay un gen que
"determine" la tendencia a la soledad o el individualismo —o en su
contrario que no busque la sociabilidad—,
puede ser "negativo" en la medida que lo social es muy estimulante y
es donde se encuentran pares que nos ayudarán en momentos difíciles, pero lo
social crea un desgaste mental —ansiedad, estrés, frustraciones…— que a la
larga repercute en la aptitud, lo que por ese lado ese posible gen hacia la
soledad favorecerá al individuo.
Bajo
mi punto de vista no existe tal paradoja en la pleiotropía antagonista. Muchas
hembras (y entre ellas la humana) selecciona a un tipo de macho que se
"desgasta" en la paternidad, mientras que le es "infiel"
con aquel otro que al estar solo tiene una mejor aptitud física
("mejores" espermatozoides). Por otro lado la selección sexual tiene
programado tender a la variabilidad, a no "cerrar puertas" a las
distintas "manifestaciones" de las buenas aptitudes —bajo el límite
de "rechazar" lo más liminal y extraño, como nos dice la hipótesis
de la koinofilia—. Tiene una doble dirección, ya que la mujer que no
apuesta por la maternidad (que es la tendencia hacia la que vamos) atraerá más
hombres hacia sí, por tener una mejor aptitud —ahí está el caso de Lou
Andreas-Salomé, que en su fuerte individualismo atrajo hacia sí a hombres
como Nietzsche, Paul Ree, Freud o Rilke—. Esto aparentemente
"resuelve" el dilema de porqué la hembra sigue siendo
"necesaria" para seleccionar su pareja, pues es otro de los problemas
evolutivos que encaminaría la selección hacia un solo camino de los machos más
aptos, y en donde llegado a cierto estadio ya no debería hacer falta la
selección de la hembra. Ellas "modulan" la selección dependiendo de
los cambios ambientales y ecológicos, entre los que en el humano se incluye lo
social (hay que recordar nuestra tendencia
a la herencia
dual —natural y cultural—, vuelvo a esto más abajo). El individualista,
así, se mantiene pues aunque no parezca aportar nada a la sociedad, es posible
que tenga una mejor aptitud física hasta una edad más avanzada
("viejo" artista, intelectual, emprendedor, "sabio"), y
puesto que puede que sí sea seleccionada para tener sexo
esporádico, sin que por ello se tenga porqué hacer cargo de la
descendencia. Esta es una tendencia actual, cada vez se mantienen menos los
matrimonios —cada uno de los cónyuges tiende a seleccionar a parejas solteras
con una mejor aptitud— y se tiende más a las apuestas individualistas y poco o
nada comprometidas hacia la descendencia. Viene un salto triple mortal
conceptual. ¿Acaso no puede estar programado por la evolución en situaciones en
las que se está llegando a un límite de los recursos y hay que bajar la
tendencia reproductiva? El feminismo puede que sólo "prospere" —no me
refiero al de los derechos— porque es un consecuente dada la alta población
mundial, en donde la tendencia individualista de la mujer es de desear. Ya he
analizado en otros lugares que la evolución tiene "planificado"
dichas eventualidades "modificando" comportamientos a nivel génico y
hormonal. Después de una catástrofe se suele "disparar" la
fertilidad, pues de alguna forma el "sistema" detecta que la especie
puede estar en peligro. Igualmente ante el exceso de población (efecto
Allee) o la escasez de alimentos se baja la tasa de natalidad, y se da una
mayor dificultad para quedarse embarazada, tendencia a los abortos espontáneos
y las muertes prematuras de los recién nacidos —en la actualidad hay problemas
para la natalidad, pero los padres pueden recurrir a distintos métodos
"artificiales" para poder procrear, lo cual puede ir contra lo que
"dicta" la evolución—.
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Es mi turno, aunque
lo que sigue lo podría decir cualquiera de los dos. Una vida humana sigue la
misma estructura que lo social o un árbol. Su transcurrir es ese ramaje confuso
que parece no obedecer a ninguna regla o patrón, pero eso sólo ocurre si uno se
fija en los detalles, en las pequeñas acciones, en el caos del día a día, mes a
mes, año a año. Si por otro lado se analiza una vida al completo salen las
grandes ramas secundarias, las primarias y el "tronco", que definirán
qué tipo de árbol que se es o era. Hay que suponer que el ADN tiene algún tipo
de organización similar a la hora de "crear" una individualidad. La
teoría de los cinco grandes rasgos da cinco tipologías o troncos básicos, en
donde una de ellas es el rasgo principal y las otras sus ramas primarias. Hay
que fijarse que siempre ha existido una división a cuatro temperamentos
a lo largo de la historia humana, donde la más antigua era representada por los
cuatro
elementos: agua (emoción), aire (intelectualidad), tierra (práctico), y
fuego (pasión), las que después se derivaron hacia los cuatro
humores. Se desecharon por anticientíficas, pero al final los cinco grandes
—por análisis
factoriales— llegaron de nuevo a cinco. El quinto, aquí y en discordia, es
el neuroticismo, que puede ser uno que está emergiendo como nuevo en las
sociedades actuales (no creo que haya neuróticos entre los cazadores-recolectores).
Estos grandes trazos son los que proporcionan un carácter. La personalidad
es lo que uno hace con su carácter, dentro de una sociedad o situación dada.
Según la teoría de los cinco grandes, la ausencia de los rasgos positivos dan
como resultado los trastornos
de la personalidad, según una lectura, y cualquier tipo de trastorno
mental según otra. Esto nos dice la Wikipedia:
"Cloninger lo ha descrito como «fuerza de
voluntad», que se define como «un concepto abstracto metafórica para describir
el grado en que una persona se identifica con el yo imaginal (Lacan) como un
sistema integrado, toda persona con propósito, en lugar de un conjunto
desorganizado de los impulsos reactivos». La investigación de Cloninger ha
encontrado que la baja autodirección
es una característica común importante de trastornos de la personalidad en
general. La autodirección está conceptualmente relacionado con el
locus de control. Esto es, la baja autodirección está asociada con locus
de control externo, mientras que alta autodirección está asociada con locus de
control interno. En el modelo de cinco factores de la
personalidad, la autodirección tiene una fuerte asociación inversa con la
neurosis y una fuerte asociación positiva con la escrupulosidad
(responsabilidad). Cloninger sugirió que los tres temperamentos originales de
TPQ, búsqueda de novedades, evitación de daños y dependencia de las recompensas, se correlacionaron con baja actividad dopaminérgica
basal, alta actividad serotoninérgica y baja actividad noradrenérgica basal,
respectivamente." Cabe preguntarse dos cosas: 1. si este esquema no
será porque cada vez cuestionamos más lo dado como "natural" y en esa
lucha interna —negación de uno mismo, superarse… y "encajar" en lo
social— es cuando se crean los distintos trastornos. "¿Por qué todo los
salvaje nos da vergüenza?", dicen en la película "Blaze".
2. ¿Tales sucesión de hechos no será porque lo que se ha establecido en lo
social, y por ello ha vencido, sea el poner el esfuerzo y el trabajo como la
base de lo humano?. En ese caso no serían una condición evolutiva, sino social,
como propone el construccionismo
social. Otro factor a tener en cuenta es la hipótesis que estoy tratando de
perfilar de fondo en este escrito, sobre dos grandes contrarios, en donde los
dos son partes de un sistema dinámico dual, en donde uno de los polos hace de retroalimentación
positiva y el otro de negativa.
En cuanto el sistema se desequilibra entra en juego su contrario para balancear
la homeostasis a su posición media. Algunos teóricos, entre ellos —y como se ha
visto arriba— Cloninger, sobre los cinco grandes los asocian a los principales
neurotransmisores y sus funciones: adrenalina (fuego, pasión), serotonina,
dopamina, cortisol (¿tierra?, ir a lo seguro, evitación de daños) y yo añadiría
la oxitocina (emoción, empatía). No trato de decir que sea así, tan sólo
muestro con lo que me he encontrado en mis lecturas y las extrapolo hacia las
viejas ideas. Es de suponer que el elemento aire (intelectualidad, creatividad,
inventiva, emprendedor) lo dé alguna suma de factores de la dopamina y la
serotonina, los dos en discordia que crean las personas resolutas, inventivas y
seguras; o en su lado contrario —y en ausencia de que "funcionen"
bien dichos neurotransmisores—, las personas obsesivas, neuróticas, dependientes
o las depresivas. ¡Claro!, no hay sólo cuatro tipo de personas, se supone que entran
en juego factores secundarios, cómo actúa el principal neurotransmisor con el
resto, y al final se llega a posiciones de nueve, doce, dieciséis, según otros
tipos de clasificaciones. Sé que no somos tan reductibles, cada humano es
único, pero esa unicidad lo dan factores como el ambiente donde se vive
(subpersonalidad), las personas que nos rodean, y la situación que nos haya
tocado vivir en la época en la que hayamos nacido. En definitiva… ramaje.
Vuelvo a tomar un
aparente desvío. Hay distintas teorías semióticas
(estudio de los signos), la más asentada —y que es la que se enseña en la
actualidad— es la de Saussure,
que crea la división entre signo,
significado
y significante. Pero
de fondo va emergiendo la semiótica de Charles
S. Peirce por estar a la vez enraizada dentro de una visión más holística o
sistémica que explique la realidad. No es totalmente de mi agrado, pues toda
teoría semiótica ha de basarse en primer lugar en una teoría
de la información, que a la vez nos va a remitir a qué es información a
nivel de la materia inerte y de la vida, pero su sistema conceptual tiene
ciertos aspectos a tener en cuenta. Peirce distinguía entre índice,
icono
y símbolo.
De forma extraña ciertas ideas que perfilé en "señalar
y suponer: la desintegración de la comunicación", encajan en cierta
forma con la ahora clásica percepción de Peirce —sin que yo hubiera
profundizado en tal división—, si bien nuestras respectivas conclusiones
parecen ser contrarias (a modo de anécdota y de mis problemas con la memoria…,
cuando leí algo sobre Peirce me sonaba familiar con respecto a algo que yo
había escrito, pero no recordaba el qué, dónde estaba y qué decía en dicho
escrito: lo tuve que buscar; al leerlo casi no me reconozco en el escrito, lo
tuve que leer para tenerme a "mí mismo" —o
a ese otro que fuiste al hilvanar esa cadena de signos— como base del
presente). Cuando hablé en tal escrito sobre la cuestión de señalar con el dedo
un objeto peligroso, encajaba con el concepto de índice (dedo índice: el que
indica), pero si bien se "ajusta" en que sea un índice, aquello que
indica (signo, a lo que se señala) puede ser a la vez o bien un símbolo (una
convención humana) o un icono o un índice. Por otro lado tal sistema no puede
ser rígido, ya que evolucionan y pierden su sentido y su
"naturaleza". La risa es (era) un índice, ya que manifestaba una
reacción natural en bruto de una emoción o sensación corporal; sin embargo una
sonrisa "nace" en primer lugar —evolutivamente hablando— como una
risa suavizada, pero al final puede tener una doble naturaleza: 1. la sonrisa
natural al volver a ver a alguien querido, 2. la sonrisa "exigida" a
las personas que atienden al público. El primer tipo es un índice, el segundo
un símbolo (establecido socialmente). Y cuándo es uno u otro si a un cliente se
le puede coger aprecio como para que nos "nazca" una sonrisa al
volver a verlo. Por eso el trasfondo con los signos es un problema con la
información, independientemente de las "estructuraciones" que se
puedan hacer de los signos usados para dicha información. La clasificación de
Peirce, aunque estructurada, no resuelve si tal transferencia de datos entre
dos o más comunicantes es algo a tener en cuenta por válido (verdad) o es una
falsa información.
~ Gráfica de Darin McNabb en la Fonda Filosófica ~
Peirce construye una
trama de la realidad para que encaje con un plan previo, que es la vieja idea
occidental de que la razón es el bien supremo del hombre, y que esta ha de ser
un "regalo" (don)
de Dios (los
sacrificios humanos eran devolver un regalo de Dios, ser agradecidos con
Él). De nuevo la dicotomía entre emoción y razón, de sistema y proyecto, que es
el hilo conductor del escrito. La emoción puede dar tanto el amor como la ira,
la que media o direcciona las emociones hacia un proyecto es la razón, mediado
por el auto-control (tratando de dar amor o empatía y encajonando o negando la
ira). Como nos dice Cloninger: "la fuerza de voluntad se define como un
concepto abstracto y metafórico para describir el grado en que una persona se
identifica con el yo imaginal, como un sistema integrado, la totalidad de una
persona con propósitos, en lugar de un conjunto desorganizado de los impulsos
reactivos". En mi escrito decía justamente lo contrario, que las
emociones eran claras y se "crearon" como sistema de señales
honestas (dentro de la teoría
de la señalización), que es la base de la información, mientras que la
disparidad y complejidad hacia la que ha ido el humano nos ha llevado a un
sistema complejo de símbolos, mediados por la palabra, que nos dan una y otra
vez información falsa, por medio de engaños, mentiras y ocultamiento de las
verdaderas finalidades. ¿Por qué nos gusta a todos los bebés sino por
sus señales honestas?, un bebé nunca fingirá una sonrisa. Se puede pensar que un síntoma externo en la piel es y
siempre será un índice, pero como en el humano se dan las enfermedades
psicosomáticas, la hipocondría
y la somatización,
esos "índices" vuelven a tener una doble naturaleza de verdadero o
falso. En algunos casos los síntomas "evolucionan" para dejar de ser
un índice, puesto que lo único que hacen es crear un lenguaje (signo) que
quiere decir: "¡eh!, necesito vuestra atención", en cuyo caso es un
proceso al que se ha llegado por medio de las sociedades modernas humanas, y
por lo tanto es un extraño modo de comunicación en tanto que símbolo. Se me
puede argumentar que nunca deja de ser un índice, pues sigue revelando un
proceso físico, aunque más complejo, pero por esa misma coyuntura ha pasado la
propia palabra, pues una de las hipótesis
del origen del lenguaje, nos dice que provienen de antiguas onomatopeyas,
que en su momento operaban como índice. No es algo del pasado del cerebro y
cuyo mecanismo haya dejado de operar, fijarse por ejemplo que en España para
referirse a un vaporizador se usa la onomatopeya de "flusflús", o sin
ir más lejos, y universal por los comic, el "¡bang!" del hipotético
sonido de un disparo. ¿Es distinto sonreír que decir "te quiero"?, la
sonrisa que nace al ver a alguien al que se aprecia implica un "te
quiero". En ese caso "te quiero" es una forma compleja de
índice, indistintamente que sus signos sean de este idioma y tipografía o en
otro idioma e ideogramas: en todos los idiomas existe, luego nació y evolucionó
como un índice. Bajo mi punto de vista, una reacción psicosomática es símbolo
puesto que cada enfermo usa uno o varios síntomas distintos, al igual que amor
se puede decir con love, amour, liebe o cualquier otro idioma y tales signos
usados son símbolos. En todo caso nos encontramos que los signos son casi
siempre multi-signos, pues no terminan de encajar dentro de los esquemas —o
simplificaciones— creados por los humanos, y que el problema con los signos es
su función en tanto que información y en la medida que esta pueda transmitir
algo verdadero o algo falso, y en donde en el segundo lugar deja de ser
información en tanto que esta ha de implicar comunicación entre dos entes, en
donde para los dos tal uso del signo sólo quiere decir una sola cosa y esta ha
de estar libre de ambigüedades (Ser no implica comunicación a nivel interno, en
tanto que esta sólo puede ser tautológica por ser meramente información).
A todos estos
planteamientos llegué al leer un escrito en el magazine online Aeon sobre Peirce
y un experimento con las abejas, pero mi mente lo llevó más lejos que el autor,
pues mi base es distinta y opuesta a la de Peirce, al que el autor de dicho
escrito tiene como referente. Este es el resumen del experimento:
"Aquí mostramos que las abejas melíferas son
capaces de aprender a hacer coincidir un signo con una numerosidad, o una
numerosidad a un signo, y posteriormente transferir este conocimiento a nuevos
estímulos de numerosidad cambiados en las propiedades de color, la forma y la
configuración. Mientras que las abejas melíferas aprendieron las asociaciones
entre dos cantidades (dos y tres) y dos signos (forma N y forma T invertida),
fracasaron en revertir su tarea específica de coincidencia de signo a numerosidad,
con la coincidencia de numerosidad a signo y viceversa (es decir, una abeja
melífera que aprendió a hacer coincidir un signo con una serie de elementos no
fue capaz de invertir este aprendizaje para hacer coincidir la numerosidad de
los elementos con un signo). Así, si bien las abejas podían conocer la asociación entre un
símbolo y la numerosidad, que estaba vinculada a la tarea específica, las
abejas no podían extrapolar espontáneamente la asociación a una tarea novedosa
e inversa. Por lo tanto, nuestro estudio
revela que el requisito básico para la representación simbólica numérica puede
ser cumplido por el cerebro de los insectos, lo que sugiere que la ausencia de
su aparición espontánea en animales no se debe a su limitación cognitiva."
Lo que nos dice Daniel
Everett, el autor del artículo en Aeon, es que lo que han probado los
científicos no es la simbolización en las abejas, puesto que lo que las abejas
aprenden es un índice, al igual que en la naturaleza —para ellas—una flor es un
índice para el polen. Esto se ve más claro en el caso del perro
de Pávlov, la campana y la comida. El perro saliva al escuchar la campana,
pues previamente se tocaba la campana cada vez que se le daba comida. La
campana actúa a modo de un dedo indicador, donde los dos "objetos"
sensoriales, sonido de campana y comida, se han vuelto unidad, y en ese caso el
sonido de la campana es de tipo índice.
Lo que más me llamó
la atención no fue el escrito de Daniel Everett, sino el experimento de las
abejas, unido posteriormente a la estructuración semiótica de Peirce, unido a
la vez a lo que había aprendido de las células gliales, y a la vez a otros
conocimientos en los que he ido centrando mis escritos. Aquí trato de mostrar
cómo de forma azarosa se crea una nueva idea, en donde si falta uno de los
componentes no se crea la misma "reacción química", hacia un nuevo
compuesto químico complejo (más fácil: la paella sin azafrán no es lo mismo;
para el pobre: el colorante amarillo). En varios escritos he llamado la
atención sobre que el cerebro es sobre todo predictivo. Esta regla no se cumple
si da con algo nuevo, en cuyo caso esa impronta crea un nuevo trozo del mapa
cognitivo, por lo cual las siguientes veces tendrá esa novedad y primera vez
como mapa predictivo al que "mirar" en su mapa interno. Con lo que se
encuentran los científicos, con el experimento de las abejas, es con ese proceso.
La abeja se encuentra con una novedad y crea una regla (mapa, cognición) en su
cerebro, pero falla si se invierten las reglas, por no ser capaz de extrapolar
dicho mapa a una situación similar (familiar). O sea, hacen lo que he dicho en
otros lugares, casi todo animal trata de crear reglas que se vuelvan en cierta
forma como lo que son los instintos: acción/reacción y no la
"olvidan". Lo complicado para los animales es desaprender u olvidar,
ya que si las abejas no tuvieran la experiencia previa hubieran aprendido cómo
funcionaba la operación inversa. En este caso lo aprendido
"interfiere" (ruido cognitivo) en el caso inverso, en el que trata de
usar el mismo mapa cognitivo interno, pero que al comprobar que no
"funciona" no sabe resolver el "dilema". En el humano no se
da tal límite. Un niño, como nos dicen en el experimento de las abejas, puede
aprender que un interruptor enciende la luz al ponerlo hacia arriba, pero si
este dispositivo se invierte, aprende que se enciende hacia abajo. Puede
aprender que honey quiere decir miel en inglés, pero que según en qué contesto
puede ser una expresión de cariño hacia otra persona (dulzura). A la hipótesis
que me llevó todo esto es que el humano al perder la unicidad comunicativa de
los signos, al llegar al multi-signo, tal como lo he expuesto arriba, al tener
que interpretar lo que el otro quería comunicar, se vio en la necesidad
evolutiva de que sus células gliales "hablasen" o se conmutasen a
varios estados posibles, no descartando ninguno de ellos hasta haber agotado la
comunicación. Esto es, si de repente digo: "cerdo…" y hago una pausa
estando viendo una película con otra persona, esta dejará tal signo de manera
indeterminada o puede que piense que he olido ese pedo que se le ha escapado
hace un rato y que creía que no olía, pero al seguir la frase con "…es lo
que quiero cenar esta noche". Las células gliales se han conmutado a ese
otro y nuevo estado de la información. Tal idea me la terminó de confirmar al
saber que las células gliales son las que posiblemente se conmuten entre varios
grupos de neuronas, cuando nos presentan una imagen de primer plano y fondo y
vamos de una a otra sin poder ver las dos a la vez (la copa y los dos
perfiles).
Dando una vuelta de
rosca al tema, el humano también pasa por el proceso de que le sea complicado
desaprender algo. Sobre todo de la memoria
implícita, que es básicamente motora/sensorial y por ello crea esquemas o
patrones de comportamientos sobre todo motores (es lo que "hicieron"
las abejas del experimento). Si alguien aprende por sí mismo mecanografía o
piano puede adquirir manías, que después es muy complicado que un curso o
profesor le corrija. En otro ejemplo aprender un nombre es motor, ya que es una
secuencia de procesos de la colocación de los músculos bocales. En mi caso
estaba usando la palabra incorrecta sipnasis por la de sinapsis. Algunos de mis
escritos tienen errores tontos de este tipo. De alguna forma cuando lo leo no
me quedo en los detalles del orden de las letras y para mi cerebro una palabra
y otra son la misma. Vemos así que como se aprenda algo es como se queda prefijado,
y que todo aprendizaje tiene esta debilidad, pues como de alguna forma uno lo
"aprenda mal", cargará por siempre con esa tara, hasta que alguien le
haga ver el error. Lo que he analizado arriba es el papel que hace el mecanismo
de potenciación
de la memoria, de las conexiones entre las neuronas. Cuanto más se repita
una acción más se fortalece una conexión. La evolución de alguna forma se
"dio cuenta" que esto a la vez puede ser un "fallo", pues
llegado a cierto estado tal conexión no se romperá nunca. Para paliar tal
"defecto" creó la "depresión
a largo plazo" —depresión en tanto que debilitamiento de una
conexión—, esto nos dice la Wikipedia: "como
proceso opuesto a la potenciación a largo plazo (LTP), la
depresión a largo plazo (LTD) es uno de varios procesos que sirve para
debilitar selectivamente las sinapsis específicas con el fin de hacer un uso
constructivo del fortalecimiento sináptico causado por LTP. Esto es
necesario porque, si se permite que continúe aumentando en fuerza, las sinapsis
finalmente alcanzarían un nivel máximo de eficiencia, lo que inhibiría la
codificación de nueva información." Tal sistema está sobre todo
implementado en el cerebelo,
que tiene que ver con el aprendizaje de patrones motores, y en el hipocampo, no
así en la amígdala, por ello son más persistentes los traumas
que los momentos felices: conviene no olvidar aquello que puso en peligro la
propia vida o la propia identidad. Para entender un porqué de estos
"virajes" y complejidades de la evolución sólo hay que analizar a una
presa y su depredador, pues uno de los motores de la evolución es el juego del
"ratón y el gato", y su carrera armamentista de usar distintas
estrategias para "ganar" al contrario. Si una gacela ante cierta
situación siempre virara bruscamente hacia la izquierda, su depredador lo
aprendería (predeciría) y ante tal situación su mapa mental le diría que
saltase a la izquierda y atraparía a su presa. En ese caso, para un cerebro
"adaptado", es más conveniente no tener tan prefijados ciertos
patrones de movimientos, y dejar que entre en juego algo de aleatoriedad. ¿Se
intuye bajo este ejemplo qué es la "libertad"?: es un cerebro
programado para no crear patrones fijos —de eso se encarga el sistema de
depresión a largo plazo— y dejar que entre en juego algo la aleatoriedad. El
humano es el ser vivo más "aleatorio" del planeta; un joven más que
un anciano, puesto que el cerebro es necesario que sea más neuroplástico en
dicha edad. Aleatoriedad a la vez puede ser tomada como espontaneidad.
De nuevo sale sistema y proyecto: una persona muy racional, al tratar de
controlarse, anula de su "sistema" a la vez la espontaneidad, se
vuelve "rígido" , predecible para los demás —a modo de anécdota, Kant
era tan racional y predecible, se cree que tenía asperger, que las personas se
fiaban más de la hora que era, en su programado paseo al atardecer, que del
reloj del ayuntamiento—. El actual dilema del consentimiento sexual es que se
resta espontaneidad a unos actos que de por sí requieren constantemente de la
novedad y por ello de la espontaneidad. Racionalizarlo
le quita parte de su "magia".
Una creencia
religiosa —bajo estos puntos de vista— es algo aprendido en la niñez que se
"engancha" con ciertos mecanismos evolutivos —al igual que opera el
aprender el idioma de los padres— y que casi ninguna persona está dispuesto a
revisar y mucho menos "olvidar". Entre medias de una creencia
religiosa, y una mera opinión revisable que no nos importe cambiar, se
encuentran las creencias
perseverantes, aquellas que contra más evidencias nos pongan delante para
anularla, más el cerebro se obstina en mantener. Toda energía que opere
contra ella no la debilita, sino que la fortalece. Todo esto de nuevo nos lleva
a las conclusiones del párrafo anterior, a que el sistema más plástico y
"endeble" es el de la memoria declarativa, entre la que se encuentra
la memoria semántica. El multi-signo —o los signos hipostáticos— que son las
palabras, las ideas y los conceptos, al no tener una identidad "fija"
y única, son más proclives a no quedarse bien prefijados en el cerebro (odio
del idioma castellano el tratar de seguir el rastro femenino o masculino del
sujeto de la frase: es un gasto cerebral inútil, sobre todo cuando el género
sobra al referirse a conceptos abstractos y asexuados). En esta doble
naturaleza de la memoria humana encajan dos refranes que pareciera que se
contradigan: "el humano es un animal de costumbres" y "el humano
es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra". La primera
se refiere al proceso por el cual el cerebro crea mapas del mundo y a la
memoría implícita (es adrede lo de la tilde mal puesta, pues de esa forma es
multi-signo, a este tipo de cuestiones llegaba Derrida y su "différance";
el juego de conceptos es que si uno es memoria y esta es tan voluble, sus
"fallos" te hacen estar muriendo una y otra vez), a los que se
"acomoda" para ahorrar energía y ser lo más óptimo posible; y el
segundo refrán se refiere a la memoria declarativa, aquella que es más plástica
y sobre todo porque se suele referir a signos cuyas entidades son muy dudosas o
ambiguas, lo que me lleva de nuevo a que el cerebro es una máquina de etiquetar
la realidad, y ontológicamente "odia" la falta de identidad o la ambigüedad.
Los sesgos
y los estereotipos,
así, son una "necesidad" del cerebro, pues casi es la única forma que
algo quede bien prefijado en la memoria. Ir contra esta manera de proceder
quiere decir estar haciendo llamadas al sistema ejecutivo, a la conciencia, al
prefrontal: la parte del cerebro de mayor gasto energético. Remarco esta idea,
pues de nuevo nos lleva al tema central de la pasividad a la que tiende el
cerebro, frente a estar constantemente en alerta. El feminismo,
el movimiento
LGTB y las etnias
o grupos
minoritarios, se han vuelto "incómodos" no porque digan
"verdades" —que también—, sino porque nos "obligan" a estar
midiendo cada palabra. Como todos estamos en algún lado mayoritario, todos de
repente estamos "condenados" a estar haciendo uso excesivo del
prefrontal. Esto lo hago ver por la cuestión que no es un proceso nuevo. Es uno
de los motores que han creado la humanidad, pues en todo momento de la historia
siempre ha existido un "otro", una "diferencia", con su
propio uso o connotación de los signos, sobre el cual nuestro
"lenguaje" y modo de operar del cerebro se tenían que estar
reajustando. La dirección evolutiva en ese caso es hacia la razón (uso atento
de las funciones del prefrontal: sistema ejecutivo, atención, concentración…
conciencia). Hoy este "mecanismo" está en desmedida por la
proliferación de los nuevos medios de comunicación globales, como lo son las
redes sociales.
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"Una frase tonta me ha dejado en suspenso, he fallado no es como yo la pienso (...), que no es lo mismo equivocarse en unas cosa, que en una esposa." La cinta rosa - Luccio Battisti
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La paradoja de todo
esto es que una de las cuestiones que nos volvieron inteligentes fue la falta
de claridad en la comunicación, y seguramente dada las sociedades cada vez más
complejas que fuimos creando. O dicho bajo un aspecto más positivo y optimista:
al crearse clanes que reuniesen varias familias, se unían dos lenguajes de
signos, en donde para cada uno de ellos funcionaba a modo de índice, pero para
el otro al tener otro distinto dejaba de ser un índice para convertirse en un
símbolo (una convención social de qué quería decir). Este proceso por cientos
de generaciones y distintas nuevas agrupaciones terminaron de dar forma a un
primer lenguaje acordado en lo social, que de esa forma dejaba de ser indexal.
Para el cerebro y la evolución eso significó que todo humano tenía que nacer
bajo la premisa de hacer uso de un lenguaje, y bajo la premisa que previo a
este existía un modo de comunicación indexal en donde signo y objeto eran
unidad (unicidad), como así son los índices, tal como nos refiere Peirce, o lo
eran las expresiones de las emociones
básicas o algunos gestos, como lo es el de indicar con un dedo a un objeto.
O sea, que de ser así fue lo multicultural lo que dio un "empujón"
evolutivo a la inteligencia humana al crear la paradoja de que lo indexal no
era suficiente para que se comunicasen dos culturas distintas, y en ese proceso
se llegó a la simbolización y a los lenguajes acordados. Tampoco hay que
despreciar el gasto cognitivo que se requiere para detectar las mentiras y las
dobles u ocultas intenciones
del resto de las personas, tal como sugieren ciertas hipótesis de las psicologías
evolutivas, económicas
y ecológicas.
Provocaron un cambio de paradigma cerebral, por el cual una sola glía
encontraba no solo un sentido a un signo, sino varios sentidos posibles, lo que
obligó a dichas células a adaptarse a esa nueva situación cambiando su forma de
actuar en el cerebro. Una de las premisas de la neuroplasticidad consiste en
entender que está dentro de una metaplasticidad,
un sistema de aprendizaje en donde el mismo sistema de aprendizaje es plástico,
cambiante y se tiene que adaptar a nuevas maneras de ser plástico.
Lo que sí me gusta
de Peirce, para resolver el dilema del dualismo
cartesiano, es el concepto de "interpretante".
Anula la necesidad de que exista un único agente
en el cerebro que interprete la realidad, y en su lugar no coloca nada más que
la propia cognición que cierta parte del cerebro haga de la realidad. Traducido
a un lenguaje científico, una zona del cerebro interpreta que tal color afuera
es el rojo. Otro se ocupa de saber que es una bola y otra zona se ocupa en
aunar esas dos interpretaciones como que lo que se tiene en la mano es una bola
roja. El cerebro, así, es un continuo en el que todo en el mundo son signos a
"leer" y entrelazar para crear su propio mapa del mundo. No estoy
tratando de ser fiel a las ideas de Peirce, las estoy traduciendo a mi "idioma", puesto que él era un
continuo y yo soy otro distinto, pues manejo otros signos distintos a los
suyos. O para volver a mi metáfora del árbol, yo no puedo dar sus mismos
"frutos" porque los dos somos árboles distintos. Él parte de la
existencia de Dios, y en ciertas de sus ideas se vislumbra la presencia de
Dios, mientras que yo soy ateo.
Quiero detenerme en
esta particularidad de la filosofía de Peirce. He de avisar que no lo he leído
—ni ganas: me he "cansado" o desilusionado de la filosofía que pierde
"contacto con tierra", Peirce fue cofundador del pragmatismo,
pero parte de su filosofía no es nada pragmática al perder el contacto con lo
"real"—, y me baso en los vídeos de la "fonda filosófica"
(interpretación/reducción de una interpretación/reducción). Darin McNabb nos dice en sus
vídeos que Peirce hace la connotación que "al
igual que decimos que una pelota está en movimiento y no que el movimiento está
en la pelota; deberíamos decir que nosotros estamos en la conciencia y no que
la conciencia esté en nosotros" (…) "Así el humano no es más que otro
signo dentro de un nodo, dentro de una vasta red de semiosis". Se
puede pensar —para el cerebro que soy ese fue el camino fácil— la idea de que
esa "conciencia" general puede ser Dios. Que cada interpretante es
una neurona o conexión neuronal de Dios. Una segunda idea fue pensar en el meme
de Richard
Dawkins: el ADN
como un "vehículo" de la información, en donde el propio ADN y la
evolución "discute" sobre la validez de sus signos, de su
información. Sin tratar de saber cómo era para Peirce, bajo mi punto de vista
tal idea sólo habla de sistemas,
pero eso sí: de sistemas
vivos. La materia inerte del universo no es comunicación. Para que tal cosa
se dé tiene que haber un locutor y un oyente, o un signo y un interpretante, y
en este segundo caso, en la medida que el segundo tiene que estar
"revisando" el signo, si este es cambiante o multifacético (de
interpretaciones multidimensionales). En ese caso un ecosistema
concreto es una red de signos/interpretantes, en donde todos tienen que hallar
un equilibrio, un "lenguaje" común como quien dice. En la medida que
el medio es cambiante los signos varían y cada interpretante tiene que
reajustar su punto de vista del signo. La evolución (el tiempo) y sus
"reglas" son las "mediadoras" para llegar al equilibrio de
un ecosistema dado. Yo al final me he adaptado a decir que la simbolización
cerebral, la comunicación o la interacción de los sistemas, como lo es el
social humano, son como reacciones químicas: se darán o no darán si sus
"componentes" tiene la potencialidad para que así sea, y una reacción
varía a otra, y por ello crea un tipo de molécula compleja u otra, dependiendo
qué "componentes" entren o no en juego. Arriba he puesto un caso, o
todo este escrito lo es. Hoy —diez de enero— me ha llegado para leer un
artículo de Aeon sobre el realismo
depresivo, y me veo "obligado" a tenerlo en cuenta por ser un
"componente" que está ligado a la "molécula compleja" que
es este mismo escrito. Bajo esta línea hay una gran cantidad de apuntes
(componentes químicos) que no se si al final se "ligarán" al flujo
del escrito.
Así que tenemos que
un individuo es un continuo en un flujo de información que transita entre
distintos nodos. ¿Dónde se queda el agente que creemos ser? Si el humano fuera
tan "pasivo" —sin agente, como sucede en la vida "simple"—
tendrían sentido frases como "uno no elige las cosas en las que cree…,
ellas te eligen a ti", o uno de los fundamentos de la hermenéutica,
que dice que uno no tiene un idioma, sino que el idioma lo tiene a uno….
Extrapolable a lo que es una identidad
cultural: un individuo es un nodo dentro de su cultura, la cultura tiene al
individuo y no es que el individuo tenga una cultura. De nuevo sale a colación
los sistémico y el proyecto. Si todo fuera como revelan tales frases, un
individuo tan sólo sería una neurona dentro de una red de neuronas, donde si
esta "disiente" de la "voz" general, no se tendrá en
cuenta, y en caso de estar interrumpiendo una y otra vez el flujo de la
información cerebral (interferencia cognitiva), el sistema glial le podría
programar su muerte.
Uno de
mis temas recurrentes es que la información se reajusta en el cerebro por sí
sola sin necesidad de que uno (ese hipotético agente que somos) lo haga. El
meme o frase hecha de "consúltalo con la almohada" nos habla de esa
capacidad del cerebro. Los conceptos como "imaginación activa", "intelecto activo", "cognición implícita", "síntesis creativa", "aprendizaje automático" o la de "síntesis del prefrontal", nos hablan de esos tipos de procesos no
supervisados que el cerebro hace por sí solo. Por eso tiene sentido la frase de
David Bohm
en "Pensado como un sistema (1992)" cuando dice: "usted no decide qué hacer con
la información, la información se hace cargo". Introducimos elementos químicos en el cerebro y
ellos solos tienen la capacidad de encontrarse o enlazarse para crear moléculas
complejas, nuevas ideas, maneras de operar cognitivamente o nuevos conceptos.
Uno de mis referentes más antiguos es el de "pregunta abierta": algo
que nos sea "vital" y que quede sin resolver es en lo que trabaja el
cerebro implícito cuando está "desocupado". Esto también tiene su
equivalente en informática: un antivirus o un desfragmentador de archivos se
pondrán a trabajar en cuanto detecten que no se está trabajando en el sistema,
que está ocioso. Vemos así que es algo implícito en todo sistema y que opera
para ser óptimo con respecto a los recursos, límites y energía de dicho
sistema. El cerebro de un enfermo grave no ocupara esa energía en su cerebro y
los procesos arriba descritos. Es algo que se da cuando se tiene o bien exceso
de energía o cuando se tiene una necesidad imperiosa (el hambre agudiza el
ingenio). Con esto último encajan las personas que tiene algún tipo de
desajuste en los receptores de la dopamina y la serotonina: siente una falta de
homeostasis
y tienden a tener este sistema más activo que la media. Peirce en este caso
también se "equivocaba" —por lo menos en sus deducciones o
conclusiones finales— con su concepto de abducción.
Este autor se refería con este concepto a lo que he descrito yo arriba. El
cerebro se ve "secuestrado" (abducción) en trabajar en procesos de
manera automática, detectando patrones y teniendo unas primeras deducciones
aproximadas de ciertos temas. Pero hay que tener en cuenta que para cada cual
esos temas son distintos. Mi cerebro no va usar una sola conexión en tratar de
deducir qué jugador va a ser contratado en la siguiente temporada por el Real
Madrid, por ejemplo. En mi caso, y en la propia cuestión del concepto de
"pregunta abierta", mi cerebro ha analizado cada una de las
propuestas de la ciencia para ver o tratar de encontrar similitudes. Este ha
sido un proceso de años, y en realidad el cerebro aún no ha cerrado la pregunta,
pues ninguna de las propuestas científicas lo terminan de satisfacer…, cierran
la pregunta. Volviendo a Peirce, en ese proceso no está Dios, dándonos
respuestas, ni son las musas, ni nuestros ancestros hablando en nuestro
interior, ni nada ajeno a ciertas premisas de lo que es un sistema evolutivo y
por nuestro cerebro adaptativo. La finalidad de la vida no es la búsqueda de la
verdad y esta es transcendental, ni el humano es la "pieza clave" de
esa búsqueda. Todo sistema es adaptativo y en cuanto haya una "posición" adaptada
deja de "preguntar" al medio. El humano porta varias mutaciones hacia
la insatisfacción en ciertos individuos, amén que pueda ser debido al vigor híbrido
al cruzarse con los homínidos europeos, que son los que marcan la dirección de
las culturas, las mentalidades y la historia. No hay más. En realidad ya
podríamos crear una sociedad estable y no lo queremos ver porque la mentalidad dominante (y enfermiza, si se piensa bien) es la de la insatisfacción, origen de
la envidia, en donde todo humano quiere ser igual que los grandes, y en tanto
que estos posiblemente tengan tales mutaciones de genes (tenemos como referente
a "enfermos" del sistema). La ciencia —el conocimiento— no nos está
llevando a Dios como creía Peirce…, nos aleja cada vez más, pues era parte del
pensamiento mágico, y la razón es árida y mata el espíritu. Desgrana la
realidad, la cuantifica,
perdiendo en ese proceso lo emergente.
Ahí está el caso del sabor del tomate. Es (era) un emergente dado cierto
equilibrio dado sus nutrientes (vitaminas, minerales… moléculas complejas),
pero casi todo tomate hoy es un híbrido con una mutación que impedía que
madurase. Se optó por esta hibridación para que los tomates se distribuyesen
por todo el mundo, aguantando semanas, ante el tomate "natural" que
se pudre en tres días. Al frenar su maduración no se terminaban de crear sus
nutrientes, que eran los que en su número y proporción creaban el emergente
sabor a tomate. Ahora hay que comer dos tomates para tomar la misma cantidad de
nutrientes de lo que era antes un tomate. Este ejemplo no es gratuito. ¿No
estamos acaso haciendo lo mismo con el humano?, su casi único "uso"
para la productividad, la cuantificación de sus "componentes", de sus
habilidades y "funciones" desgranan lo humano en tanto que totalidad,
que era donde se daba su estado emergente. La ciencia "desagrada"
porque "rompe" el "juguete" para ver sus entrañas, cuando
al final no es capaz de volver a unir sus piezas. Decía Skinner que "la ciencia no deshumaniza al
hombre, lo deshominiza". Por otro
lado, ¿quién decide este tipo de cosas? La sociedad tiene sus propios
mecanismos implícitos, a modo de cognición implícita e inconsciente, de las
cuales el prefrontal que es cada individuo —como masa: cognición colectiva—, no
se entera. Al igual que no hay un "verdadero" agente al mando en el
cerebro, tampoco lo hay en lo social. Estos trabajan —se activan— siempre a
posteriori y sólo si algo se vuelve "alarmante" en alguna acción
(tomate sin sabor). Por lo demás… una vez que se tiene la información, ¿se
puede hacer algo? El cambio climático, las continuas llamadas de atención en el
tema, las distintas plataformas o recogidas de firmas, y las multitudinarias
manifestaciones no crean cambios reales. En otro ejemplo, de mis propias
"preguntas abiertas", encontré en el concepto del prepulso
dañado (analizado escritos atrás) como un tipo de síntoma de esas personas
genéticamente diferentes a la media. Es un concepto abstracto que no terminaba
de entender. Hace unas semanas me di cuenta que hacía demasiados clic falsos
con el ratón del ordenador, en donde yo creía que lo había pulsado, pero el
sistema no hacía nada. Me percaté que el interruptor del clic izquierdo del
ratón no sonaba, pues se daña con el tiempo. No sé si tal clic es premeditado o
accidental por parte de los fabricantes, pero el caso es que se adapta a
ciertas formas de trabajar del sistema nervioso, que tiene que verificar o
cerrar el circuito de retroalimentación de salida, con alguna entrada
(respuesta del medio). Achaqué que los falsos clic se pudieran deber a esa
ausencia del sonido, en donde el sistema nervioso no es capaz de
"saber" si lo ha pulsado con bastante intensidad o no, en parte tengo
un problema con el sistema motor fino del cerebro. Azararse, en el lenguaje coloquial, suele venir por esta
disposición: hay dos apuestas evolutivas contrarias, la mía es hacia el habilidades motoras gruesas, si estoy "dentro de la zona" va bien, pero falla según qué estados o situaciones. Al parecer
los niños de corta edad que tienen contacto con los móviles y las Tablet tiene
una mejor coordinación del motor fino, si bien les puede perjudicar a las
habilidades gruesas y están demasiado tiempo con ellas. El sistema motor fino
está implicado con el habla, ya que los movimientos faciales y bocales que
entran en juego requieren de ese sistema. El gen FOXP2 tiene relación con el habla, se cree que los
neandertales tenían un lenguaje o vocalización más reducida. Es posible que
fuera porque su tipo de caza y herramientas eran más burdas, lo que hizo que no
tuviesen tanto control de las habilidades del sistema motor fino. En lo dicho
arriba se da una redundancia en el sistema informático, como así será en la
evolución del cerebro, que crea varios sistemas redundantes de verificación,
pues el sistema operativo a la vez trata de detectar las falsas pulsaciones o
dobles clic y los trata de "subsanar". La conclusión de esto, y
llevado al concepto de si un árbol cae y no hay nadie allí, es que todos
sistema adaptativo suele basarse en circuitos cerrados, de retroalimentación, en donde si tal proceso no se cierra, es verificado, es como si no
ocurriese, tal como sucede con el tema de las acciones automáticas, de las
cuales al final la conciencia duda si las ha llevado a cabo o no. ¿A quién no
le ha pasado que si se pone a pensar cuál es el PIN de su móvil, de repente se
dé cuenta que no lo sabe decir, pues era un automatismo de los dedos?
Con
esto volvemos a las células gliales. ¿En qué medida recordar es uno de los
papeles que hacen dichas neuronas cuando por la invocación de la conciencia o
un objeto externo, correlaciona (enlaza) lo actual a un patrón, signo o trozo
de mapa mental en nuestro cerebro? Lo que propongo es que tales células son
como los bibliotecarios de la gran biblioteca que es el cerebro, en donde las
neuronas son libros o archivadores semi-pasivos, y son las neuronas gliales las
que crean las asociaciones entre ellas en un momento dado. El problema es que
no son unidad, en cada zona existen otros bibliotecarios y se consultan entre
ellos sobre si tal "libro" está en su "base de datos", o es
un "libro" lo bastante interesante como para tenerlo en
"propiedad". Puede parecer que de nuevo introduzco en tales procesos
un agente con unas intenciones: el sistema glial como
"bibliotecarios". No es así. Lo que propongo es que son las células
gliales las que en sus conexiones mantienen no los datos, sino las
"preguntas abiertas". En ese caso están "hambrientas" de
todo dato externo que puedan "cerrarlas", en las que puedan hacer que
tal "respuesta" a las "preguntas abiertas" las puedan
archivar en las neuronas, que son así más pasivas. Las neuronas son el mapa
interno del mundo y las células gliales los que "dibujan" ese mapa,
en cuyo caso tienen la función de estar al tanto de las novedades o de las
partes de la realidad sobre las que no saben aún o sobre las que tienen dudas.
Hay que tener en cuenta que según las últimas investigaciones hay una
proporción de 1:1 de neuronas y células gliales, si bien algunas no hacen las
funciones de las neuronas. Son principalmente los astrocitos
los que hacen las funciones que estoy teorizando aquí. Volviendo a la analogía
entre las glía y los jumpers de las placas bases: en cada momento el sistema
neuroglia del cerebro lo "puentea" de una manera concreta para
adaptarse a los "signos" externos (predictibilidad, inferencia
abductiva). En aquellas placas, de hace más de una década, las placas base
tenían un número importante de este tipo de interruptores, a base de jumper, de
tal manera que era la forma que se podía hacer overclocking para forzar al
ordenador a ir más rápido. Muchas personas con esa misma placa base no llegaban
a las mismas "conclusiones" y tenían cada uno los jumpers puenteados
de distintas maneras. Abstrayendo: cada una de esas placas, siendo iguales,
tenían distintos tipos de "personalidad". Así y volviendo al humano,
y como ejemplo, la teoría de la subpersonalidad nos dice que es "…un modo de personalidad que se activa (aparece de forma
temporal) para permitir a una persona hacer frente a ciertos tipos de
situaciones psicosociales. (…) el modo puede incluir pensamientos,
sentimientos, acciones, fisiología y otros elementos del comportamiento humano
para presentar un modo particular que funciona para negar situaciones
psicosociales particulares."
Igualmente la teoría del espejo social nos dice que "las personas no son capaces de autorreflexión sin
tener en cuenta la interpretación de la experiencia por parte de un compañero.
En otras palabras, las personas definen y resuelven sus reflexiones internas a
través del punto de vista de los demás"; en definitiva, que uno adapta su "identidad", pensamientos
y comportamientos, dependiendo de con que persona o en qué grupo se encuentre
(es más fácil caer en lo "machito" entre un grupo de sólo hombres).
Por otro lado la teoría de la acomodación a la comunicación define… "«los cambios de comportamiento que la gente hace al
sintonizar su comunicación a su pareja, el grado en que las personas perciben
su pareja para sintonizar adecuadamente con ellos.» La base de la teoría de las
mentiras es la idea de que las personas se adaptan (o acomodan) su forma de
hablar el uno al otro. Hacer esto ayuda a la aprobación de ganancia del
remitente del mensaje desde el receptor, aumenta la eficiencia en la
comunicación entre ambas partes, y ayuda a mantener al remitente una identidad
social positiva. Esta teoría se ocupa de los vínculos entre el lenguaje, el
contexto y la identidad." Me
estoy deslizando hacia la identidad narrativa lo sé, es la finalidad del
escrito —sólo he puesto tres ejemplos o conceptos, hay más, como el modelo de covariación, en donde en esta caso tiene en cuenta la
temporalidad—. Lo que se deduce de todo lo dicho es que el cerebro humano no es
más que otra forma, quizás extralimitada, de un sistema adaptativo. Un sistema
que por su alta tendencia a la plasticidad creó un estado emergente,
en donde el total era más que la suma de sus partes. Se requiere incluso para
cada edad: de joven uno acciona en el mundo bajo la posible premisa de
"ahora no tengo tiempo, lo hago más tarde", pero como con la edad
falla la memoria de trabajo y a corto plazo, el cerebro —que no la persona o un
agente al mando—, se adapta a tener que hacer las cosas en el momento que
suceden, obviando en la medida de lo posible el "ahora no tengo tiempo, lo
hago más tarde". Bajo esta nueva limitación de la memoria de trabajo se
tiene una menor capacidad para la multitarea.
¡Atención spoiler!, te pasará también a ti por mucho que mimes y entrenes al
cerebro, luego dos cosas: 1 respeta esa aparente lentitud y "torpeza"
de las personas mayores y 2. la evolución tiene ciertas cuestiones programadas
y de nada vale el proyecto, lo que uno pretenda, sino lo que viene dado en el
sistema, puede haber algo de holgura y el entrenamiento puede repercutir, pero
al final ese estado nos alcanza a todos. Por esto, y otras cuestiones
similares, no puede darse la comunicación entre un anciano y un joven, pues
parten de estructuras y funcionamientos totalmente distintos (el joven no
entiende el apremio de los adultos, y a estos la aparente "dejadez"
de los jóvenes —puse "dejez" y estaba empeñado a que era así, después
de unas horas el cerebro que soy me "devolvió" a la conciencia que
era dejadez—). En estos casos y otros tantos, el cerebro se "puentea"
—en mi supuesto lo hacen las neuronas gliales— para adaptarse a las distintas
situaciones y edades porque, volviendo al lenguaje de Pearce, un humano no es
más que otros signo que a la vez es un interpretante y un "objeto"
dentro de un sistema semiótico…, de información en flujo, de comunicación.
Un breve inciso para
reforzar las teorías del determinismo medioambiental. Todo circuito electrónico
opera bien bajo cierto rango medio de temperatura. Al hacer overclocking, sí,
se sube la velocidad, pero repercute en la estabilidad del sistema que empieza
a cometer más fallos. Hay programas que calculan un promedio válido entre
fallas y velocidad límite. Si por ganar unos segundos el sistema se
"cuelga" y se reinicia de manera constante, tal elección al final es
la menos óptima. Igualmente el frío afecta al ordenador. La BIOS de mi actual
placa tiene un retardo bastante apreciable de arranque a temperaturas más bajas
de diez grados. Las nuevas SSD, al no ser mecánicas y tener un motor como los
discos duros, también tienen problemas con el frío durante el primer arranque
del día. Con todo, siempre es preferible el frío, puesto que la electricidad en
los circuitos y los chips generarán calor, mientras que el exceso de calor es
más complicado controlarlo. El cerebro humano y su sistema nervioso se basa en
impulsos eléctricos y reacciones químicas, que igualmente se ven entorpecidos
por las temperaturas extremas. En fríos muy intensos el cerebro llega a estados
paranoicos y dementes. Ante el exceso de calor la concentración
se mantiene por un menor tiempo y de paso se es más tendente a la ira, puesto
que el freno que es el prefrontal entra menos en función por su exceso de gasto
en dichos estados, en donde el "sistema" se ocupa en otras cosas como
la regulación de la temperatura. La evolución adapta a cada humano a su clima,
creando cambios a distintos niveles, como en los comportamientos, y por ello al
final en las mentalidades de las distintas culturas. Los serpas en el himalaya
son un ejemplo claro de adaptación climática. Los occidentales se ponen
"medallitas", pero casi nunca mencionan que a su lado iban sherpas
cargando con más peso que ellos. Si el clima del planeta cambiase hacia
temperaturas muy bajas, los sherpas y su descendencia —por su adaptación
a las altas alturas y la falta de oxígeno—serían los más favorecidos, y su
cultura podría llegar a ser la "dominante".
Volviendo a los temas centrales… y teniendo en
cuenta todos los puntos de vista arriba expuestos, ¿cuál es nuestra identidad?,
dónde queda ese agente que "aparece" a modo de diálogo interior, o
como conciencia
que emana en soledad. Bajo todo lo expuesto, la idea que trato de plasmar es
que existe lo que se llama el carácter o temperamento, que es con el que se
nace, mientras a la vez somos entes con una gran tasa de adaptabilidad
(neuroplasticidad) por la cual creamos una identidad "modelada" por
el medio y cada circunstancia (el "yo soy yo y mis circunstancias" de
Ortega y
Gasset, "existencialista"
adelantado a estos). O volviendo a la metáfora del árbol. Independientemente de
por dónde se vayan las ramas, un arce siempre será un arce, e
independientemente que el coreano sea más pequeño, o que en otoño sus hojas
sean rojizas y en verano verdes. Los rasgos individuales no son su
"esencia", esta lo da las generalidades aplicables a todos los arces.
Me canso de
encontrar sutilezas filosóficas de lo que hace el cerebro, de
cómo conoce y crea una representación,
en donde dicho dilema a la vez implica el problema de la conciencia. Toda
teoría filosófica "falla" si en su abstracción no tiene en cuenta que
el cerebro no es unidad. Que por un lado está la memoria y la cognición
implícita, y por otro lado la explícita, en donde en una de sus partes está la
memoria semántica, y finalmente la conciencia. Lo que no me gusta de Peirce, y
derrumba toda su edificación, es que pone la iconicidad (primaridad) antes que
el índice, cuando evolutivamente hablando es a la inversa. Los primeros seres
vivos sólo eran detectores químicos y de la luminosidad o el calor, eran
acción/reacción, causa/efecto. Esta forma de accionar en el mundo es de tipo
índice, ya que lo único que les "interesaba" era "saber" si
el agua era demasiado salina o alcalina, y si estaban cerca de la superficie y
por ello de los rayos del sol. Hasta crear unos sentidos complejos y un sistema
nervioso algo más centralizado, la vida no pudo crear una representación del
mundo (mapa mental) que es la base de la iconicidad. La conciencia y la razón
son las últimas en llegar. Esta sólo es un foco
que alumbra a una parte del cerebro. Si enfoca sobre una imagen real
(imaginar un árbol concreto que he visto esta tarde) lo está haciendo a la
memoria implícita, no se tiene una representación vívida, tan sólo ciertas
características borrosas; si la conciencia enfoca (como la tengo yo si miro al
segundo monitor, en donde tengo una búsqueda de Google imágenes sobre arces)
entra en juego las clasificaciones
y los conceptos de la ciencia sobre lo que es una especie;
si cierro los ojos puedo llegar a hacer una abstracción de qué es un arce, que
en la prehistoria era sólo a través de las imágenes propias, pero que hoy está
"contaminada" con las ideas de la ciencia; si tuviese que representar
a un arce lo haría por su tipo de hoja, tal como lo hace la bandera canadiense,
pues el cerebro ha "buscado" su distintivo (novedad) —siempre lo hace
con todo, una persona "aburrida" es alguien sin distintivos—; una
obra abstracta sobre un árbol tendrá, quizás, algún componente emocional, o
quizás conceptual, como es mi tipo de arte. Aquí —y lo dicho arriba sobre el
encuentro de dos culturas— tenemos que la estructura de Peirce de nuevo puede
"fallar"; una cruz seguramente es de tipo índice para el cerebro de
un creyente, pero no para una persona de otra religión o un ateo. El cerebro de
un creyente puede crear estigmas
sobre su propio cuerpo por esta propiedad indexal del cerebro, pues tales
signos para él son al modo de causa/efecto, acción/reacción. Qué es distintivo
para el cerebro de un objeto lo convierte de tipo índice. El cerebro grada y
signa el mundo a niveles superficiales o profundos. Uno cambia de marca de
jabón, pero no con la misma facilidad de religión…, entre medias de los dos, de
marca de un móvil. Por otro lado eso es para el cerebro profundo o el módulo
que trabaje con dicha indexación, pero no para el prefrontal, que sí lo puede
tratar como símbolo. En un ejemplo, una araña es indexal del miedo y repulsión
para un aracnofóbico,
pero no para un científico que esté acostumbrado a su contacto. Por cierto, el
mismo módulo que tiene que ver con el asco o la repulsión hacia algo, como una
araña, es el mismo que se activa con el racismo, la ínsula
anterior, que es parte del circuito del odio. Volviendo al ejemplo del
arce, seguramente las células gliales sean las que se encarguen de conectar
distintos grupos de neuronas y zonas del cerebro para crear cada una de las
formas de "analizar" o "representar" un arce. La conciencia
(el prefrontal) no hace una copia sobre cada modo de representación, sólo es el
último interruptor que ha modo de verificador cierra cada uno de los circuitos
implicados, y en donde dada esa propiedad parece ser el agente o
"protagonista" de tales procesos. Este módulo se puede
"divorciar" de los significados que le entregue el cerebro profundo.
Verificar y dudar
es lo mismo, luego esa propiedad es una de las centrales del prefrontal: poner
todo en duda, incluso lo que le "entrega" el cerebro profundo. ¿Es un
mejor mecanismo para estructurar los signos el cómo lo debe de hacer el cerebro
que los propios signos en su pura abstracción
por medio de la razón?
No sé si habré
aportado algo nuevo o no al panorama del pensamiento entre todos mis escritos e
ideas, pero creo que el concepto de que la conciencia "nació" a
partir de un último sistema de verificar puede ser uno de ellos. Tampoco es
exactamente "mío", puesto que lo adapté a partir del libro inacabado
sobre ética de Sartre.
La "prueba" más palpable es no estar seguros si hemos llevado a cabo,
a posteriori, una acción cuando la hemos llevado a cabo de forma automática,
como es el caso de dudar de repente si hemos cerrado con llave nuestra casa al
salir. La conciencia no las supervisa y no tiene conocimiento de tal proceso,
pues su sistema no ha entrado en juego. Un obsesivo-compulsivo,
en primer momento, es aquel que "no quiere" no dejar de verificar
todo, que duda —o teme— sobre la eficacia de los procesos automáticos, que se
siente en peligro si la conciencia no está presente. En el caso que nos toca,
la conciencia supervisa esas "decisiones" que el cerebro de fondo
toma como la mejor acción, y este sistema verificador lo deja pasar o no. La
cuestión es que es una zona o estación de paso que se ve a sí misma dentro de
ese mismo proceso de verificar, o sea, que tiene la capacidad de verificar lo
verificado, y en ese proceso se crea esa sensación de una presencia o agente. "Al final, somos
espejismos autopercibidos, autoinventados y encerrados en esos pequeños
milagros de autorreferencia", nos dice Douglas Hofstadter.
Como somos principalmente seres sociales —ya no está en juego nuestra
supervivencia en la naturaleza, sino en las ciudades— lo que principalmente
supervisa tal zona es nuestra identidad
social. En ese proceso se cuela que tal entidad existe, puesto que es el
"objeto" sobre el cual el interpretante que es ese verificador crea
un juego de signos o lenguaje. Nace así en primer lugar nuestra reputación
en lo social (en el mundo anglófono "face",
y este proveniente de un concepto japonés), para al final devenir a que el
propio proceso de verificar tal entidad es la parte más significante de tal
entidad. Si se me cuestiona si soy concienzudo, el proceso verificador hace de
interpretante de tal signo y "construye" o devuelve tal premisa al
cerebro para afirmarse o negarse en tal asignación (a-signar: poner una
etiqueta sobre lo que somos para otro interpretante). A todo esto sale otra
estructura. Al igual que para un creyente una cruz es indexal, en el proceso de
verificar una identidad personal, esa que estamos denominando como identidad
narrativa, dicha identidad debería ser símbolo para el prefrontal, en tanto que
razón desligada o divorciada del mundo de los signos (duda), pero de hecho no
pone tal identidad en tal rango, sino que la "toma" de modo indexal.
O sea, no tenemos un signo que es nuestra identidad, sino que somos tal
identidad. Al modo que como dijo Peirce de que "nosotros estamos en la
conciencia y no que la conciencia esté en nosotros", pero que habría que
modificarla —por las conclusiones previas— a decir que "nosotros no
tenemos una conciencia, si no que nosotros somos la conciencia", pero con
la premisa que la conciencia es sólo un epifenómeno, y que por lo tanto tal
frase es reducible a que nosotros somos el cerebro. Este distingo ya nos lo
hizo ver Sartre, pues el habla humana se nomina a sí misma siempre distanciada.
Decimos tengo pena, en vez de soy pena. Este "problema" nos viene
dado por la filosofía
griega y su distinción entre ser
(estar), hacer y tener, entre el Ser
y lo que le sucede a ese Ser (esencia,
contingencia/accidente).
No sé si se da en otros idiomas o culturas ajenas a la occidental.
Parece haber una
aparente contradicción entre los dos principales argumentos del párrafo
anterior, pero no lo hay. Para el humano es su conciencia —ese ser que
entreteje lo que supervisa—, y es esa capacidad cerebral de volver indexal todo
aquello en lo que cree que es su Ser, mientras que su cuerpo y sus emociones
son algo que tiene o le suceden a ese Ser. Esta forma de tomarse a sí mismo es dualista.
Dualismo, así, no es algo en lo que tal o cual filósofo crea, sino un modo
"errado" de operar del cerebro al disociar cuerpo y conciencia. Parte
del hecho que en el "nacimiento" de la conciencia, y esta en tanto
que social y con normas, tal entidad se distanciaba de ciertas
"propuestas" y formas de actuar del cerebro profundo, como para ser
"vigiladas" o "negarlas", en donde supuestamente tal
entidad ya no es ese cuerpo tan visceral e instintivo. El prefrontal o razón,
al negar o poner en duda un instinto crea una desunión entre conciencia y
cuerpo, que después no remeda. Pero esto creaba un dilema, dado que igualmente
lo cultural era aquello sí aceptado y no negado —se reniega del cuerpo para
abrazar lo aceptado como rito para lo social—. En esa dirección la conciencia
sí era a la vez el ser de aquello que no negaba. Aquello que coincidía con lo ritualizado
dentro de la cultura en la que se nacía. Sale en este proceso y función del
prefrontal que si algo lo deja pasar (que no haga falta verificarlo) es que es
parte de uno mismo, mientras que todo aquello que cuestiona o verifica, no es
parte —o es susceptible— de no ser parte de su identidad. En esta dirección
cualquier rito
de su cultura no era verificada o puesta en duda por el prefrontal, luego era
parte de su identidad. Así se entiende que el cerebro de un individuo de una
tribu no tuviese ningún tipo de disonancia o conflicto para que su hijo fuese
sacrificado, puesto que su conciencia no supervisaba tal acto como erróneo y
dado que tal acto no era un signo de tipo símbolo… social, sino vuelto indexal
para su cerebro. Tales capacidades son las que muy bien pudieran llamarse como pensamiento
mágico. Para una conciencia con una fe en algo no hay distancia entre lo
que cree y su modo de conocer aquello en lo que cree, puesto que para ese
estado de la información no es comunicación del cerebro profundo al prefrontal,
sino simplemente información… y como ya he dicho en tal estado la información
es sólo tautológica.
Hay que entender la inversa de un estado emergente. Si a tal estado se llega
por la suma de sus partes, si faltase alguno de los componentes, como es la fe
de la conciencia en sí misma, no se podría dar tal emergencia. La conciencia
emerge dado la fe que pone en la validez de sus estructuras. En esa medida no
se puede auto-cuestionar, o sólo de manera abstracta, sin alterar su
naturaleza. Hagamos una analogía con el caso del sabor del tomate: tal
"ente" —poniendo el sabor como conciencia— no se podría cuestionar su
naturaleza, si le faltase por ejemplo los polifenoles, puesto que no existiría
el sabor del tomate para que se pudiera dar tal capacidad para cuestionarse. Es
un estado de todo o nada, como demuestra el coma
o los estados
de inconsciencia, el yo (o yoidad) sólo emerge en tanto un cuerpo toma
conciencia de sí. Con esta estructura básica ya contaba la evolución antes de
la conciencia, puesto que la "ley
de todo o nada" en el sistema nervioso establece que si no se llega a
un umbral de excitabilidad máximo, una fibra nerviosa o muscular no se
activará. Para tener en claro esta estructura tautológica en un ejemplo…, a una
persona bella no le hace falta decirse con palabras que es bella (comunicación
de sí sobre sí), el sólo hecho de mirarse al espejo ya le da tal información.
(Yo no saludo y trato de entrar en convencionalismos con mis más allegados, al
igual que no me doy los buenos días a mí mismo cada mañana al despertarme…,
dejo que se manifiesten las señales honestas, pero no sé si ellos lo entenderán
y sentirán así). Nos encontramos de esta manera que Ser y conocer
son dos estructuras metafísicamente distintas, puesto que el Ser internamente
sólo proyecta su ser, mientras que conocer implica siempre algo externo al Ser,
en donde este simboliza o iconiza tal exterioridad. (En un retrueque de tales
argumentos, Peirce y los que pongan "fe"
en su estructuración, en tanto que esta forma parte de su identidad, no la
verifican o la ponen en duda como externa a su Ser).
—Un
párrafo muy denso. Acabas de ir contra cierto supuestos en los que tratabas de
basar el escrito, así como sus conclusiones. Por lo demás, tú has sido durante
tu vida aquellos que en algunos casos denuncias o pones como negativo.
—Ya me he dado
cuenta y sé que ese ha sido mi pasado. Pero por otro lado creo que ciertas
otras ideas han salido ganando en esta dialéctica sobre el "papel".
Retomo así algo que
estado diciendo en los últimos escritos. "Verdad"
para el cerebro profundo o no racional (y para la razón en tanto que
"infestada" por una identidad, como creo que ha quedado en claro en
el párrafo anterior) es aquello que es su mapa interno, más "pegada"
(acoplada) en tanto que más profunda a sea la estructura en la que se
encuentre. Por lo dicho de tal estructura, y su relación con el conocimiento y
la dualidad identidad/otredad, hombre y mujer tendrán sus propias
"verdades" y nunca existirá una "verdadera" comunicación,
porque la premisa de la información indexal es que no se dé un divorcio entre
el objeto y su signo (y que por ello sólo sea tautológica, como el "creo
porque creo" de la fe)…, y en tanto que el mapa interno tiene sus propias
estructuras para "colocar" y reestructurar el mapa (la capacidad
cognitiva) bajo ciertas directrices y no de otras. De esta manera el prefrontal
vive ajeno a una emoción como el enamoramiento o el desenamoramiento (mapa del
mundo en definitiva de unas estructuras muy antiguas) sin poder llegar a
tocarlas, y mucho menos modificarlas.
Lo que Peirce y los racionalistas
intentan es hacer que la razón se "desembarace" de tales límites y
taras, y que el humano sólo sea razón, o ese estadio cerebral que sólo duda o
pone "fe" en las "verdades" de la razón o científicas, pero
en el proceso no resuelven que el cerebro profundo tiene sus propias
estructuras y eso es lo que en "realidad" somos. Fijarse —uniendo lo
antedicho con el principio del escrito sobre el "determinismo"
medioambiental y a la fría razón de lo anglosajón— que las principales
corrientes filosóficas en Estados Unidos han sido el pragmatismo, el utilitarismo,
y la fría y calculadora filosofía
analítica, mientras que en la llamada filosofía continental —para referirse
a la europea—, se han llegado a las posturas contrarias, como así lo es el posmodernismo
o el deconstructivismo.
De nuevo sale a colación el determinismo medioambiental, pero a nivel de
edades. Europa parece ser y comportarse, en sus filosofías y credos, como un
anciano cínico (en una cultura anciana y con achaques), mientras que Norte
América aún tiene el optimismo y los idealismos propios de un joven. Hace unos
días me encontré con el meme de "la ciencia nos calienta la cabeza, pero
nos deja frío el corazón". A la persona media, al cerebro profundo, no le
gusta la razón y las cosas con las que se encuentra la ciencia, porque de esa
manera se niegan a sí mismas. Una razón pura y analítica es robótica. Nadie
quiere convertirse en un esclavo de la lógica. Dos
inteligencias artificiales iguales, y manejando la misma secuenciación y datos,
son iguales, clones. Una persona ajena, y sin ver cuál de ellas le ha dado una
respuesta, no tendría la capacidad de saber si es de la primera o de la
segunda. El humano parte de su individualidad, y su Ser está sustentado en
dicha individualidad. Si sólo fuera razón, al modo de una IA, no nos
diferenciaríamos. Todo sistema trata de anular la redundancia, en el ADN sólo
se manifiestan ciertas particularidades, luego todo humano sería
"despreciable", un ente redundante no necesario: una distopía, no
algo a desear. Por lo demás es un imposible, pues todos nacemos distintos y así
está dispuesto en el ADN, y por ello nuestros actos y "conocer" se
"crean" a partir de unas estructuras previas en el mapa mental —que
es lo que es un cerebro—, y cuyo mapa se irá aumentando y reestructurando a lo
largo de la vida a partir de dicha estructura base. Retomo ciertas otras
conclusiones al final.
A todo esto sale que
cuando el cerebro crea una acción en el mundo, cuando crea un esquema de
comportamiento, "predica" la acción, donde esta es un verbo. Esta
"gramática" básica de la acción, o esquema central de accionar en el
mundo, es sobre la que más tarde se formalizó el lenguaje de las palabras.
Fijarse que el yo o identidad individual —bajo la concepción actual— pudo nacer
por algo tan trivial como caer en la cuenta de que el sujeto de ciertas
acciones que se comunicaban era uno mismo. En muchas películas, donde dos
personas no hablan el mismo idioma, al señalarse a sí mismos a la vez que dicen
su nombre, están alentando para saber el nombre de su interlocutor. Ese
gesto/índice debió de ser uno de los primeros: indicarse a sí mismo y hacer el
gesto de lanzar algo con el brazo sería anunciar que se iba de caza (se parece
a la teoría de la apelación de Althusser —que no conocía y he leído de ella
después de escribir esto, pero a nivel de evolución cerebral). Hay una teoría,
de la que no recuerdo el nombre, que dice que en todo idioma las palabras más
cortas son las más usadas. Seguramente porque en su origen eran onomatopeyas.
El inglés, sin academia, es más onomatopéyico y sujeto a tal regla, como lo
demuestran los tan necesarios y vitales help o run. Para los Romanos los
germanos eran bárbaros -el inglés es de origen germano—, entre otras cosas, por
su lenguaje. Los pronombres son cortos en todos los idiomas. Volviendo a la
premisa de este párrafo; si en la directriz de incluir el sujeto de una acción
uno se hacía alusión a sí mismo, este proceso "filtrado" por la
propiedad revisora del prefrontal dio "nacimiento" al yo o a la
conciencia como yo. Yo como sujeto de la acción y como distinto a otro. La ciencia
ha averiguado que si no se tiene recuerdos de los primeros años de vida es
porque el niño aún no ha creado un yo, que es al que le suceden tales cosas
("el surgimiento y
desarrollo temprano de la memoria autobiográfica" de Mark L. Howe y
Mary L. Courage). La partícula "yo" —y esta a partir de dicha
estructura— ha de etiquetar en la memoria la información de una forma distinta
que sin dicha partícula (en ciertos trastornos ese proceso se daña). Con la tendencia
hacia la complejidad del habla, y en el encuentro con otras culturas con otros
idiomas y ritos, la identidad pasó por un segundo proceso, por el cual uno se
percibía como individualizado con respecto al resto, incluso de su propia
tribu. Explico esto. Un lémur vigilante es igual que otro lémur vigilante en
tanto que sus acciones o comportamientos son lo mismo. Pero la cultura humana
—en el encuentro de varias— al dejar de ser icónica o de tipo índice se volvió
simbólica, concertada en lo social. Cada grupo en la medida de incorporar los
símbolos —por necesidad de comunicarse— de otras culturas creaban la distinción
de lo propio, que era de tipo icónico o índice, a lo puramente acordado como
símbolo. El problema del símbolo es que no es unidad con su objeto —la palabra
perro no es un perro—, y en ese divorcio cada cerebro creaba su propio mapa
mental o interpretación de esos símbolos, que a la larga a la vez ni siquiera
creaba unidad dentro de un grupo con la misma cultura, pues cada uno de sus
individuos tenía unos u otros símbolos y los interpretaba de una u otras
maneras, de tal manera que en esa tendencia la evolución llevó (se encaminó)
hacia la individualización. Recordar la fuerte metáfora de la biblia y la torre
de Babel. Bajo mi punto de vista no representa a los idiomas, sino el
"nacimiento" de la individualidad frente al saber y hacer común. En
definitiva, a la interpretación que hace cada cerebro del mundo, a que cada
cerebro es y tiene su propio mapa mental. Cuanto más signos manejemos o creemos
mayor variaciones en cada uno de los mapas con respecto al resto. Tan sólo hay
que fijarse en la multitud de "interpretaciones" del cristianismo o
en la multitud de puntos de vista filosófico sobre como crea el cerebro una
representación. Ni siquiera cabe llamar aquí a la lógica como esencia de la
razón, base sobre la que Peirce trata de sustentar su sistema —falla igualmente
en la filosofía analítica—, pues habría de ser la base elemental de todo filósofo
y no parece llevar a nada. Todo filósofo cree estar en lo "cierto" y
que el resto se equivoca. Babel y el
árbol del conocimiento están unidos, pues los dos hablan de la toma de
conciencia y por ello del distanciamiento entre la conciencia y el objeto de la
conciencia, entre el signo y su objeto dentro de los símbolos, cosa que no
sucede con lo indexal. Así se puede afirmar que si morder la manzana significó
tender al individualismo, la soberbia fue un trozo de la manzana que se nos
quedó entre los dientes, y hoy —más que nunca— la volvemos a masticar.
Volviendo a la
dualidad de sistema y proyecto. Analizado bajo todo lo expuesto, el segundo
consiste en realidad en tratar de crear coherencia y unidad en una sociedad
dada, que era lo que teníamos en la prehistoria, y es la que tienen en la
actualidad cada una de las culturas de cazadores/recolectores aún existentes.
El "problema" de llegar a un proyecto, analizado tal como lo he
hecho, es irrealizable, puesto que de lo que se trata es de volver a un estadio
donde el símbolo no existía y sólo existía lo icónico y lo indexal. En
definitiva, el proyecto "pretende" que no exista la
"otredad", que todo signo sea unicidad y sin ambigüedad para todas y
cada una de las culturas y los cerebros… un imposible lógico, e incluso genético,
puesto que eso es sólo es/fue posible por los ritos y la "llamada" al
pensamiento mágico, en donde las tribus anulaban dichas individualidades frente
a lo grupal: inviable hoy en día (los nacionalismos son un intento a que exista
y se mantengan en el sistema dichas propiedades o estructuras de lo tribal; una
dictadura el control de toda disidencia). Abrimos la caja
de Pandora, y ya no hay vuelta atrás.
He dejado aún en el
aire qué es la conciencia y si tiene algún papel en la "máquina" que
es el cerebro. Me detengo en un proceso trivial para hacer ver una de sus
propiedades. En la nueva era audio-visual las películas y series se las tiene
que ver para dejar en claro qué tipo de personaje representa un actor/actriz.
En esta dirección hacen (o hicieron) de asentadores de los estereotipos. A un nerd
(el antiguo empollón en España) se le podía representar con unas grandes gafas,
su ausente y ecléctico gusto para seleccionar la ropa, etc. Einstein
repercutió en esa imagen de "sabio" descuidado por su apariencia.
Para él era una cuestión económica: no quería perder el tiempo y su energía
mental sobre tal "nimiedad". Paradójicamente en ese proceso ciertos
nerd's empezaron a adoptar esa exterioridad para hacer ver su
"identidad", de esta manera se crea una retroalimentación entre el
medio que son las películas y series, y los cerebros individuales. El que uno
siga una moda puede ser por dos factores, o bien desde el cerebro profundo, a
modo de conformidad
con las señales sociales, o de otra forma el prefrontal puede tomar tal estereotipo
y aceptarlo o elegirlo. Ahí entra en juego el prefrontal al retroalimentar el
sistema, otra cosa muy distinta es averiguar si en el fondo era conformidad, presión
social, o una simple decisión aislada del entorno. Nunca somos un ente
aislado de lo social, luego no hay libertad, puesto que se parte de unas
premisas (variables) dadas en lo social. Tampoco tenemos la capacidad mental si
tal elección a la larga va a ser para bien o para mal (velo
de ignorancia). Suelen ser apuestas vagas, a partir de supuestos difusos,
de tendencias sociales ambiguas. Pero en este supuesto sólo estoy hablando de
algo demasiado "externo" al cerebro.
Vuelvo, como otras
veces, a la equiparación entre cerebro y ordenador. ¿No asombra todas las
posibilidades que se pueden dar para montar un PC? Distintas placas base (donde
desde hace tiempo estas tiene integradas una tarjeta de red y una de sonido),
microprocesadores, tarjetas gráficas, memoria, discos duros o SSD. Incluso algo
tan externo como un monitor repercute en el modo de operar de la gráfica, que a
la vez repercute en la placa y al final en la CPU. Se suele tener dos tarjetas
de sonido: la de la placa base y la de la tarjeta gráfica. El sistema
"sabe" cuál de los dos sonará. En este caso vemos que lo importante
son las vías (buses) en la placa base y que el sistema conmuta vías. Lo mismo
para el cerebro. Además cada componente tiene su propio sistema de control,
hacen sus procesos y entregan los resultados al sistema, hay distintas
interfaces que comunican cada una de las partes, que en su equivalente en el
cerebro son regiones con sus correspondientes funciones. Es equivocado decir
que el cerebro tiene más conexiones entre las neuronas que estrellas hay en el
universo para maravillarnos de su complejidad. Lo importante son las vías entre
las distintas zonas. En un ejemplo, una fotografía digital puede tener diez
megas de información, pero si la abrimos sólo es la fotografía de una flor.
Muchas conexiones y neuronas son procesos redundantes o que trabajan en
procesos de muy bajo nivel, como la relación de horizontalidad/verticalidad del
perfil de un objeto. Lo asombroso de la arquitectura de un ordenador, con
tantas variables y potenciales problemas, es que funcione y sea altamente
estable. Tal "diseño" es equiparable al cerebro humano, pues ciertas
disposiciones del ADN, de los primeros años de vida, y la época y lugar en
donde se nazca van a repercutir en la arquitectura de tal "máquina".
En un ordenador tales variables han de estar "sujetas" a dos bases:
la BIOS de la placa base, y el kernel
(núcleo) del sistema operativo. Ningún software (excepto el especializado y
siempre bajo supervisión del usuario) puede ir contra las premisas de la BIOS,
ni puede acceder al kernel del sistema (cada componente puede tener su propia
BIOS o su propio núcleo o base de operar). Lo que siempre he tratado de hacer
ver es que el cerebro ha de tener esa misma arquitectura, que tenga ciertos
núcleos o bases que son "intocables". La conciencia es software en el
sistema, la prueba más clara es un proceso de enamoramiento/desenamoramiento,
el prefrontal no manda sobre tales procesos. Lo que sí puede es hacer distintas
estrategias para sobrellevar lo mejor posible tales estados. Otro ejemplo es el
acceso a la memoria. El kernel del sistema operativo no deja que ningún proceso
acceda a la zona que ha creado en la memoria sobre sus líneas de programación.
La conciencia no es como una mano que aceda a su capricho sobre lo que la
memoria del cerebro, la conciencia hace una "petición" y los bibliotecarios
le pueden traer o no dicho "libro". El kernel de cerebro ha creado a
lo largo de la evolución mecanismos de defensa (de autoprotección) para que en
caso que algo haya creado un trauma la conciencia no acceda a tales memorias. —¿El Kernel del individuo son sus más sucios y recónditos secretos?, escondidos incluso para sí mismo, ¿no será por eso que llegar a ese "Kernel" es el deseo más profundo de todo amante?, ¿el del amante el no revelarlos, para que no
lleguen a su núcleo y mantener la chispa?, ¿sin secretos el Kernel es más "estandar" y
monótono, atrae menos?;
¿la hiperrealidad del porno —Baudrillard— acaba con lo más profundo del deseo
sexual?, que se basaba en el secreto y el tabú. El defecto de este "sistema",
de no acceso a lo profundo del cerebro y sus mecanismos de defensa, es que puede ser peor el remedio que la
enfermedad, puesto que crea desajustes con la realidad a la hora de crear un
mapa del mundo. En otro ejemplo vemos lo catastrófico y complejo que son todas
estas cuestiones. El feminismo ha levantado la alfombra para ver que hay bajo
ella, y en ciertos casos descubrió que la falta de salud mental de una mujer
adulta (el mismo caso se ha dado en hombres) eran debido a que habían pasado
por algún tipo de abuso sexual en la niñez y sus mecanismos de defensa los
habían ocultado de tal manera que al final se manifestaban en trastornos
mentales. Hasta ahí bien. El problema que vino más tarde es que ciertos
terapeutas, tratando de indagar si pudiera haber habido algún trauma de este
tipo, terminaron por crear falsos
recuerdos a sus pacientes. Esto es: no habían pasado por ningún tipo de abuso
sexual, pero al final creían que sí. Esto ocurre por otra de las partes del
diseño del "kernel" del sistema: el cerebro prefiere cualquier causa,
por muy terrible que pueda ser, que ninguna (horror
vacui). Para el cerebro todo tiene que seguir la lógica de la causa y el
efecto. ¡Pero un momento!, el cerebro profundo sí sabe la "verdad"…,
¿a qué se engaña? A la conciencia, al prefrontal que asume y "acepta"
(¿elige?) que es la causa más probable. En este proceso volvemos a lo que hace
un friki al "aceptar" un estereotipo: retroalimenta al sistema.
~ El cerebro es "simple" analizado desde sus principales vías ~
Una
breve interrupción para tocar estos delicados temas, pues tienen que ver con el
párrafo anterior. La serie "the
morning show" —¡espoiler para el que no haya visto la serie y tenga
pensado verla!— trata de un caso hipotético a partir de #MeToo
(personas que denuncian casos de abusos sexuales o violaciones después de
años). Al final una de las mujeres implicadas en el caso se suicida. Está claro
que sin el primer suceso esto no hubiera ocurrido, luego el primer culpable es
el hombre que le creó tal trauma, pero ¿quién está libre de culpa si se supone
que el cerebro tiene mecanismos de defensa y el #MeToo ha reavivado viejas
heridas a toda persona que ha pasado por tales actos? En la serie todos son más
o menos culpables, porque ponen sobre esta víctima el peso de la defensa o el
ataque hacia el inculpado. La sonsacan desde varios frentes para saber cada
detalle, lo que obliga a dicho cerebro a revivir una y otra vez tal proceso,
reviviendo a la vez la parte emocional, e incluso me imagino que la de su
propia "carne". Hasta ese día, habían pasado años, lo sobrellevaba,
pero pasar por todo este proceso fue demasiado para dicha persona. —Por cierto, por orden de Apple TV, Twitter nos borró uno
de los mensajes en los que hacía alusión a la serie; no decía gran cosa, algo
así como "qué clarificadora es la serie…, se está poniendo interesante", (el gran hermano nos
vigila). El propio
feminismo al alentar el #MeToo es igualmente culpable en alguna medida. Según
mi punto de vista el final y el suicidio no son consecuentes con la trama. Es
un artificio de la serie para acabar de una manera más dramática. El suceso no
fue, a nivel de leyes, una violación, ella no supo salir del paso y no dijo no
o basta, o quiero irme a casa, y se dio un acto sexual no aceptado internamente
por parte de ella. La trama de las serie intenta denunciar la "cultura
de la violación", en este caso a nivel corporativo y dentro de las
grandes empresas. No creo que ese clima se dé en las empresas de países como
España. La raíz del problema, sí, son ciertas estructuras de la
"naturaleza" del macho, pero también de algunas mujeres que sí están
dispuestas a tener sexo por conseguir un puesto más alto de trabajo, o
cualquier otro tipo de poder o reconocimiento—nos viene de la prehistoria no es
un proceso que nazca de la nada—. Ahí está el ejemplo de la película "Richard
Jewell", basada en hechos reales, en donde una periodista seduce y
tiene sexo con un agente del FBI, para que le filtre alguna información que
pueda publicar. La seducción va en las dos direcciones, ¿es más agresivo si un
pene entra en una vagina, que si una vagina rodea un pene? Dos no juegan si uno
no quiere, en cuanto algunas mujeres sí entraban en ese juego, en las
corporaciones y por arribismo,
propiciaron para que el juego se mantuviera, con la consiguiente presión sobre
esas otras mujeres que no querían tener sexo para conseguir un cargo más alto.
Ese "juego" se puede haber dado en mentalidades como las de los
estadounidenses, pero no en otros tipos de culturas menos arribistas. Con todo
si el feminismo logra acabar con esa lacra en las corporaciones bien está, pero
no así acabará con las violaciones y abusos sexuales, luego airearlos, bajo mi
punto de vista, va contra lo que trata de hacer el cerebro al bloquear ciertos
recuerdos, y en ese caso es para mal.
Las
series que tratan estos temas adaptan sus guiones a las opiniones de las redes
sociales, y si en algún caso hacen o dicen algo excesivamente inconveniente
para un colectivo lo remedan en siguientes capítulos. En uno de los capítulos
iniciales una de sus protagonista dice: "¡Por
favor, cuál es el problema! Los tíos a menudo meten la polla donde no deben,
pero ¿quién de nosotras puede asegurar que no haría lo mismo si tuviera otros
atributos? Los tíos son así por naturaleza y eso es imposible de cambiar. Dan
igual las mentiras que nos contemos y cuántos reportajes hagamos..., así que,
¡Mazel tov!", pero el personaje se tuvo que desdecir en el capítulo
final dado el suicidio y me imagino que por las protestas de las feministas en
las redes sociales. En otra serie, "Flack",
que se trata de una empresa que saca de apuros a los famosos o a las personas
de la élite, no dudan en hacer uno de los capítulos centrándose en cómo una
artista menor de edad gana fama recurriendo a un falso vídeo sexual filtrado,
azuzado y apoyado por su propia madre, pero en un capítulo posterior,
posiblemente debido a la indignación de las feministas, la protagonista no duda
en no proteger a un magnate que ha perdido el control de unos vídeos
comprometidos, y en donde supuestamente (no lo dicen claramente, se lee
entrelíneas) se encuentran vídeos de sexo con menores de edad. La serie mostró una doble
moral. Para mí es peor el caso de la
menor y la madre, pues algunos machos son un caso perdido y siempre ha sido
así, pero que ahora las madres entren en el mismo lenguaje, y sobre todo con
una hija menor de edad, y sea simplemente por fama y dinero, fue algo demencial
que lo legitimasen en la serie. Antes de la
masificación de Internet y las redes sociales
las películas y las series se limitaban a mostrar la realidad. Hoy todo
guionista ha de estar "condenado" a "maquillar" las
palabras, a ser políticamente
correcto. No hablar de algo, o contarlo "disfrazado" o atenuado,
no acaba con el problema: es minimizar
la realidad. Con todo, casi siempre el cine ha tratado de no tocar ciertos
temas, como los de las violaciones, pero quizás por esa "sabiduría"
de entender que hay cosas demasiado delicadas como para ser tratadas. Al fin y
al cabo uno no le recuerda todos los días a un viudo/a su pérdida, o se le
recuerda a una persona que ha pasado por un abuso o violación el día de tal
suceso. Cada humano venimos de serie con el saber y "respetar"
ciertas formas de operar del cerebro (reglas
tácitas, sin la tilde son unas tazas pequeñas), como es el caso del olvido
de los procesos traumáticos o de mucho dolor. No hay que escarbar en las
heridas de las personas, como tampoco queremos que lo hagan con las nuestras,
eso sólo puede estar en manos de los terapeutas especializados en tales temas.
Con esto vuelvo al
prefrontal como sistema verificador. Al prefrontal o conciencia llegan ciertos
tipo de datos y los "acepta" o lo da como "inválidos", pero
su "criterio" no tiene nada que ver con la "verdad", puesto
que no sabe de las directrices del cerebro profundo, ni tal
"elección" va a modificar las estructuras de las capas más profundas
del cerebro. Por otro lado el prefrontal al "negar" algo que le diga
el cerebro profundo sólo va a generar una duda que puede que al final cree un
trastorno, como es el caso de los falsos recuerdos de una violación de la
niñez, pues crean a partir de entonces distintos procesos en cadena: desconfiar
de los hombres, tener demasiada cautela, vivir atemorizada por otra violación.
Tal estado se llama hipervigilancia.
Se puede pensar que si tal proceso tiene efecto para lo malo debería de tenerlo
para lo bueno. Vuelvo al ejemplo del ordenador. Este tiene una velocidad límite
que no puede ser sobrepasada. Si el optimismo consiste en creer que se puede
sobrepasar ese límite, es un optimismo negativo. Lo que sí se le puede hacer a
un ordenador sin peligro es hacer que vaya lo más lento que se quiera. Un
pesimista que no deje ir al sistema a su velocidad "normal" es menos
negativo que un optimista que sobrepase los límites del sistema. Una persona
"normal" aceptará la velocidad a la que se prefija el ordenador por
defecto. El problema que descubrió la evolución es que el prefrontal y el
agente que allí emergía no era estable bajo las premisas a como estaba
construido el cerebro y dado que este está en un medio que, por la segunda ley
de la termodinámica, tiende al desorden y lo caótico. Para que ese agente
estuviese estable tenía que tener las sensación que tenía control sobre el
medio, y en ese proceso creó varios mecanismos bajo los que todos nacemos, como
el locus de control (remito al escrito
de Julie Reshe en Aeon sobre realismo depresivo en su piel, pues me ahorro
de volver a explicar todo lo que significa tal "condición"). AMD,
fabricante de microprocesadores, al ser la competencia de Intel, ha tenido que
recurrir a distintas estrategias para tener un espacio en el mercado. Como sabe
que el usuario es más "feliz" si hace overclocking
al sistema, vende los microprocesadores con cierta velocidad, diciendo que se
puede llegar a otra bastante más alta. ¿Engaño? Si creemos o afirmamos que es
un engaño en este caso, ¿por qué creemos que el locus de control no lo es? En
su escrito Julie Reshe nos hace ver que la mayoría de la gente —pues el falso o
sesgo
optimista es como venimos de fábrica— cree ser mejor de lo que es, incluso
en sus resultados académicos, cuando las estadísticas dicen lo contrario. En
ese caso y otros el escrito en Aeon —basado en estudios— nos dice que el
realista depresivo suele tener un punto de vista más ajustado a la realidad.
Resumiendo lo que
antecede. Un realista depresivo no es un pesimista, yo me tengo en alto valor,
no me infravaloro.
Si acaso me infravaloro bajo el punto de vista del optimista, pero dado que el
de ellos está inflado
la visión de mí mismo está bastante ajustada a la "realidad".
Volviendo al ejemplo del ordenador. ¿Uno puede forzar un poco más allá del
límite a la máquina?, sí, pero a la vez este proceso pasa por perder
estabilidad y años de durabilidad. Recordar lo que se le dice al replicante de Blade
Runner: "la luz que arde el doble de
brillante, arde la mitad de tiempo". Por otro lado está el impacto
social de tal tendencia, que es una de las metas a la que quiere llegar este
escrito. El exceso de "brillo" del humano nos ha traído a las
actuales paradojas de la sociedad, donde estamos acabando con la vida natural y
estamos creando un cambio climático. Hemos actuado no como vida en el planeta,
sino como un virus o un cáncer, como nos recuerdan en "Matrix".
No hemos leído bien las señales, aquellas que todos los animales tienen de
base, porque se fundamentan en los signos indexales de los ecosistemas y de la
evolución, y hemos tratado de fundamentar nuestra vida en la "razón",
con su fantasmagórico juego de símbolos vacíos de significado relevantes para
el resto de los sistemas y en la voluble, irreal y falseado agente que es la
conciencia como falso "conductor" al volante de tal sistema. Los
grandes saurios "dominaron" (lenguaje antropomórfico)
el planeta durante 135 millones de años. ¿Seremos como el replicante de Blade
runner que al brillar con el doble de intensidad duraremos mucho menos? La
vergüenza actuó a modo de "bajar los humos" de las personas engreídas
—en esa medida no dejaba de ser la evolución tratando de reajustar la velocidad
del sistema—, para que de esa manera se mantuviesen los sistemas tribales
estables, la mujer era la principal "creadora" y promotora de tal
sistema y proceso para frenar al macho, más tendente a los excesos (testosterona,
adrenalina, esteroides).
Durante una época el cristianismo hizo igualmente de freno poniendo a todo
exceso como un pecado.
El arte y la idea de "Memento
Mori" nos recordaba la banalidad de creerse grande y lo democrática
que era la muerte. Con la "muerte
de Dios", con la llegada de la Ilustración y la "fe" en la
razón, todo freno dejó de ser válido. Esa
muerte de Dios se inició con el Luteranismo y las siguientes guerras entre
Católicos y Protestantes, si se piensa bien. Está claro que para Lutero la
Reforma era una cuestión de cómo interpretar la biblia, pero ¿era así
igualmente para los comerciantes germanos?, ¿en qué medida no vieron un medio
para desligarse de la forma de entender la vida, un cambio de paradigma, pues
el catolicismo frenaba el crecimiento de los comerciantes desde sus credos? La falsa idea en que podemos crear un
proyecto —que la razón y la conciencia vencerán a los sistémico— nos alienta a
ir cada vez más rápido hacia ese teórico cambio
de paradigma, sin que este al final llegue y con el problema añadido de que
cada vez aceleramos más el sistema hacia un catastrófico final. El sistema ya
ni siquiera escucha a los expertos y pareciera que fuéramos en un vehículo sin
conductor y sin frenos. Las libertades (opiniones) individuales, aunque
mayoritarias, tampoco logran tomar tal mando, pues aunque sus palabras dicen
unas cosas, sus acciones dicen otras. No acelerar el sistema no es tener
conciencia y nominarlo. No acelerar el sistema tendría que significar, por
ejemplo, renunciar a tener un vehículo y no viajar en exceso, en un mundo
occidental que casi cada persona tiene un vehículo y su único incentivo en la
vida suele ser unas largas y lejanas vacaciones. No tratamos de arreglar lo que
se estropea: es una buena excusa para comprarse algo nuevo. En este tipo de
acción (¿elección?) "validamos" la obsolescencia
programada. Al aceptar y entrar dentro de las reglas del capitalismo y el
consumismo (jugar a su juego, aunque sea de forma pasiva y a regañadientes)
hacemos grande al sistema en nuestro hacer, frente a una conciencia que se cree
falsamente ecológica (falsa conciencia de…, que es uno de los signos de tal
estructura o aparente agente al mando). De nuevo los desmanes de
sobrevalorarnos y del locus del control. De nuevo los sistémico jugando sus
cartas.
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Da un
respiro al lector. Deduzco que aunque arriba hayas usado el lenguaje de Peirce,
este no te haría falta, pues siempre has dicho lo mismo pero bajo
"otros lenguajes"; desde
siempre has utilizado el concepto del multi-signo; y por lo demás es lo mismo
que han denunciado los posmodernos: que la razón general es la cárcel cognitiva
de lo individual, que la unidad de los signos es falaz y tan sólo una
construcción de la razón, en tanto que razón social. ¿Es el de Peirce un
lenguaje "mejor"?, sólo has adaptado tu propio lenguaje al suyo, en
parte para hacer ver alguno de sus fallos. Tu escrito "Señalar y suponer -
la desintegración de la comunicación", se basa en hechos científicos como
el concepto de señales honestas, que no se basan en ninguna semiótica, sino en
algo tan básico en la evolución y la vida como lo es el engaño, como una
estructura más dentro del sistema de supervivencia. No hay
"verdades", existe el engaño como estructura truncada de lo que es y
debería de ser una señal honesta o simple información dentro de un mismo
sistema, que al ser uno no requiere de comunicación, sino de la unicidad de sus
signos. A todo esto, y en la misma línea de investigación, hemos averiguado que
hay una zona y neuronas en el cerebro dedicadas a la posición
de la cabeza. ¿Por qué? Es el primer modo de señalar o primer índice en la
naturaleza y la evolución. La posición de la cabeza de otro pez indica a un
depredador si puede estar desprevenido o no, o lo mismo para la presa de si el
depredador le ha "echado el ojo". Los ojos de las presas se adaptaron
para tener casi una vista de 180 grados y la de los depredadores a la vista
frontal. En los primates se volvió frontal por la necesidad de saltar entre las
ramas y los árboles. El señalar objetos con el dedo, como hace el hombre, fue
una necesidad más precisa dentro de este sistema tan primario, al igual que
nuestra esclerótica
sea blanca con respecto al resto de animales: para saber en qué dirección mira
otro humano. La evolución “no da puntada sin hilo”, todo tiene un porqué y un
origen aparentemente "tonto" y azaroso.
Este escrito se está
alargando en exceso, vamos a darle el tiro de gracia para que —cual cadáver—
deje de deambular sin dirección. Vuelvo a las redes sociales, Internet y la
globalización. Lo que suele hacer toda persona en dichos medios es buscar a sus
"iguales". En la vida de un pequeño pueblo uno interacciona con las
pocas personas de tal espacio: ha de "aceptar" de alguna manera la
otredad. Las grandes ciudades fueron un primer camino hacia lo identitario. Se
buscaba vivir en los barrios o zonas más cercanas a los de nuestra propia
identidad. Hoy hay ciudades casi exclusivamente para ciertas identidades o
tendencias, como ciudades para personas mayores, para la juventud, para el
juego… Urbanizaciones para millonarios, para ricos…, barrios de la clase media,
para artistas, para pobres… Barrios de judíos, de chinos, de musulmanes.
Internet no ha significado salir fuera de la propia identidad para acercarse a
culturas ajenas. La mayor tendencia es la posición contraria, la de buscar cada
vez más cada detalle que aíslen ciertas identidades a grupos muy específicos.
Eso no está pareciendo que nos lleve a la tolerancia, sino a cada vez más
"guerras" soterradas por doquier. A monólogos que no buscan la
comunicación, sino al "ataque" de lo "otro". Ni siquiera
bajo la supuesta idea de que en su dialéctica puedan llegar a unas conclusiones
mediadas. Suelen ser "ataques" con la única intención de herir o
negar al otro.
Con esto vuelvo al
realismo depresivo. Quizás, como dijo el poeta, esta tipología sólo sabe una
cosa, pero es algo muy "poderoso": que la identidad es la base de
todos los conflictos. Y cuando digo identidad no me refiero al carácter, eso
sólo es ser. Me refiero a la construcción de una identidad social, que
irremediablemente (17 letras) lleva a una identidad narrativa. Yo soy cuando
dejo que mi carácter se exprese, soy construcción cuando tengo que adaptar esa
identidad dentro de las normas sociales. Soy en mi hacer, soy "otro"
en tanto que "actúo" de forma reactiva y adaptativa, o para finalizar
este modo de decir lo mismo de distintas formas y parafraseando a Kierkegaard:
al elegirme a mí mismo, no dejo que otros lo elijan por mí. El individualista
se cuestiona la adaptación óptima del ente social que propone la teoría
del rasgo distintivo óptimo, por el cual una persona analiza y lima sus
asperezas para el bien de lo social. El realista depresivo suele tender a la
soledad porque no quiere adaptarse y porque tampoco quiere que se adapten a él,
pues lo que no quiere para sí mismo no lo quiere tampoco para ningún otro. No
es algo lógico, puesto que hay que reproducirse y hay que colaborar, pero la
vida nunca se pensó para ser "lógica"..., ni moral, como nos recuerda
Michael Ruse con respecto a lo segundo al decir que: "la moralidad es una ilusión colectiva de los genes; necesitamos
creer en la moralidad y, por tanto, gracias a nuestra biología, creemos en la
moralidad; no hay ningún fundamento «ahí
fuera», más allá de la que le pueda dar
la naturaleza humana". El antinaturalismo,
como manifestación contra la vida por su absurdidad, está contra ella, pues es
una enfermedad genética y degenerativa de la materia, y puesto que sólo es un
sistema de dolor que "inventó" el placer para contrarrestarlo, pero
donde a la vez este sistema se volvió dolor en tanto que había que buscarlo
eternamente (Schopenhauer).
"No soporto estar consciente todo el rato", nos dicen, bajo estas
premisas, en la película "Senderos
de honor". La base de la vida es el dolor, sino ¿por qué inventarse el
cielo si la propia vida ya lo fuese? La genial serie "The good place", en su último
capítulo, en donde llegan al cielo, sus protagonistas se encuentran que todas
las personas son estúpidas y apáticas, pues tener todo lo que se desea sin
ningún esfuerzo no genera ningún reto para el cerebro. A la misma conclusión se
llega en la trilogía "Matrix", donde un primer mundo perfecto no fue
del agrado de los humanos y lo tuvieron que remedar. El dolor —o la escasez,
que es la esencia de la vida— tiene que ser la base desde la cual tratar de
remontar ese estado. La insatisfacción genera movimiento, la
felicidad quietud. No queremos que nos "entreguen" la
felicidad, queremos lucharla. El sexo
fácil o gratis no "sabe" igual que aquel otro por el que hay que
"pelear". Lo gratis está bien pero no se le da el mismo valor que
algo de un alto precio. Bajo estas premisas este escrito parte de la desventaja
del poco valor que tiene lo gratis. Para Mary Wollstonecraft la felicidad era la saciedad poco
profunda de los deseos, (fuente
Aeon). La total perfección genera malestar, apatía y estupidez,
luego la escasez y el dolor es la base y el primer motor de la vida sensitiva y compleja. Un
medio camino —de todo lo analizado arriba— es aceptarnos todos con
nuestros errores, pero la vida social está hecha para castigar todo lo liminal
y que no se adapte a sus modelos o sus promedios. Sea como fuere que sea un
gobierno, en la actualidad nunca deja de ser una ideocracia.
Las redes sociales nos "empujan" a readaptarnos a ciertas normas,
comportamientos y lenguajes, en donde tal premisa hace de la directriz que en
otros casos ideocráticos lo harían sus líderes
o las ideologías.
Casi todo el cine y las series se han adaptado a este lenguaje casi como el
único. Llegamos así al humano
unidimensional de Marcuse.
En un ejemplo, si no se aceptan las premisas feministas se es un machista,
sin tratar de establecer si tales premisas son ciertas. Tal apelativo crea
ansiedad (como se demuestra en la edición de GH Vip 2018 de España, en las
reacciones demasiado temerosas —llegando incluso a ataques
de pánico— de dos de sus concursantes), luego se evita toda posible
polémica y disensión
hacia dicho colectivo, que se erige así en la voz de lo que son los sexos, los
géneros, incluyendo al hombre, donde este —según el feminismo— igualmente tiene
una visión equivocada sobre sí. Según el feminismo el hombre tiende más al
suicidio porque el orgullo que le exige la sociedad no puede quedar herido y
porque en esa coyuntura no deja salir su lado emocional. No quiero alargarme
para hacerles ver en que están erradas.
En todo lo previo
salen dos conceptos a tener en cuenta: la autenticidad
y la diferencia entre sujeto (como es el social) y el yo.
De nuevo en todos mis escritos me he deslizado de un lado a otro. Mis últimas
opiniones es que somos el carácter, lo dado por el ADN, pero a la vez también
sostengo que uno ha de ser ese ser que emerge como razón y donde esta tiene
como base la duda, la falsabilidad,
y es verificabilidad.
En los dos casos hay dos estructuras que ni siquiera en su raíz contienen o se
vislumbra un ego. Ese emerge por el concepto de apelación (explicado arriba),
el otro me nombra y sé que dichas estructuras son las que emergen para y dada
la existencia del otro y la sociedad en su conjunto con su cultura, leyes, normas
y convenciones.
Llamamos a los niños encontrados abandonados en bosques y selvas como salvajes
o ferales pues no tienen ese yo o ego que media entre su Ser y lo social.
Soy yo porque el otro me apela como sujeto distinto a él. Esas dos estructuras
son la cognición implícita, esa que emerge como resolutor de problemas y
constructor del mapa mental interno, a nivel profundo, y por otro lado está la
llamada síntesis creativa del prefrontal. La primera "soluciona" o
construye a partir de los pilares que son las estructuras heredadas (carácter)
y formadas en los primeros años, las segunda es simplemente una resolutor de
problemas al modo de una CPU. Tiene la capacidad de estar más "libre"
de lo dado. En ese módulo todos somos iguales, en tanto que es razón,
sustentada por la lógica, y estructura la realidad a partir de que su base es
la duda, —la diferencia, y es por lo que no puede ser una razón
"real", es que cada uno tiene ciertas cosas que son intocables para
este módulo—. El prefrontal tiene la capacidad de no dar nada por sentado. La
zona media de esas dos estructuras construyen una identidad lo más coherente
posible entre esos dos contrarios que no tienen una capacidad real de
comunicarse entre ellos. En una metáfora: es como un hijo que manda mensajes
entre sus dos padres, porque estos no se hablan. Siendo así ese segundo estado
incluso tiene la capacidad de cuestionar el carácter. Entonces… ¿dónde está el
Ser auténtico?, y ¿se puede determinar que uno sea el "ángel" y el
otro el "demonio"? No hay nada que diga algo con contundencia en
ninguno de los casos. La razón fría es capaz de crear los genocidios y al
psicópata, y la parte más profunda del carácter, "aliada" con una
religión o ideología en una época equivocada, igualmente producen los mismos
efectos "desastrosos" o dan como resultado una persona impulsiva y
violenta. De nuevo sale a colación la media
dorada de Aristóteles.
El problema, bajo mi punto de vista, es que la identidad narrativa es la más
falseada o menos auténtica. En la antigüedad, y hasta el siglo IXX, el oficio
de actor
estaba mal visto; quizás porque nos recordaba demasiado claramente que la
acción (actuar)
no nos representaba como seres, sino como una impostura, como nos recuerda
David Egan cuando dice que "todos tenemos un sentido intuitivo de cómo
llevar a cabo los personajes de ficción, porque nosotros mismos lo realizamos
todo el tiempo". Una religión o un credo, que se puede manifestar como una
ideología de izquierdas o derecha, está acoplada (pegada) al carácter, ya que
se nace o no con dicha estructura. Pero esa estructura en tanto que dependiendo
de la sociedad, lugar y la época en la que se nazca, la van a
"rellenar" con una u otra. Con la capacidad heredada de ser
religioso, si se nace en la India se es hindú, en oriente medio musulmán y en
Europa cristiano (a nivel más probable en estadística). Esta estructura o
capacidad de crear una identidad acorde a la sociedad es muy antigua, puesto
que nacemos para aprender. En su estadio más primitivo se tenía que aprender
que frutos comer y cuáles no, o a partir nueces con piedras, o a coger termitas
con una rama. Cuanto más cosas se tenían que aprender más compleja era esa
sociedad, que la podía hacer diferente de otras. A esa base se unió a la larga
el aprendizaje de los ritos y las creencias, y esa es a la estructura a la que
me refiero, que es donde se encuentra la identidad
nacional y la religiosa.
Con las ciudades, y por ello es un estadio relativamente nuevo, tales
estructuras no suplían todas las posibilidades (combinaciones, interacciones de
componentes químicos y moléculas) que se pueden dar o que el medio exige al
cerebro para que se adapte. En ese nuevo medio nace una identidad adaptada a
cada situación, un ser hipostático
o subpersonalidad a modo de espejo social (nombrados y definidos arriba), entre
esas identidades profundas y las capacidades del prefrontal. A ese conjunto de
identidades a su nivel más superficial es a la que por comodidad se llama identidad
narrativa. Esta es sólo piel. De nuevo sale una dualidad: el carácter está
"pegado" —acoplado— a la identidad nacional o religiosa, son dos
estructuras menos móviles o volubles…, más fijas. Por otro lado el prefrontal
supervisa sobre todo la identidad narrativa, pues como hemos dicho no tiene
tanta comunicación con las estructuras profundas. Las interacciones de esas dos
estructuras crean una zona central dedicada básicamente a resolver los
conflictos entre esas dos zonas y una persona, como sujeto
(de sujetar), como yo,
como agente,
como personalidad
(y su solapada subpersonalidad),
se es esa estructura central. Los dos opuestos le hacen ir de un extremo a otro
según las situaciones, mientras que esta aparente unidad trata de domeñar las
posibles contradicciones a un punto mediado. No hay que ver en tal estructura
tres agentes: es el propio cerebro "dialogando" consigo mismo… o
mejor, puesto que no es habla, interaccionando en sus conexiones y su química.
Una persona cabal, íntegra
(integrar) es aquella que no tiene ningún conflicto interno, en donde en tal
proceso tampoco los suele tener a nivel externo o en lo social. Pero para que
tal persona se dé, o bien es porque es mediocre (común, normal… "normie"
y peyorativamente en jerga inglesa), o bien es porque es un "sabio",
que se suele asociar como estereotipo a ciertos ancianos. Explico esto. Si se
nace sin problemas genéticos que le predispongan a uno a tener un carácter
extremo, como los analizados arriba sobre los receptores de la dopamina o la
serotonina, el lado profundo no está desintonizado de la media y por lo tanto
de la sociedad. Si no es así, el prefrontal —si entra en juego, en las personas
subcontroladas eso no ocurre— se vuelve más activo de lo normal (persona
neurótica en la teoría de los cinco grandes), tiene que estar más pendiente de
"vigilar", verificar, los "resultados" que el entrega el
cerebro profundo. En ese proceso es complicado hallar un equilibrio medio y
quizás por esta dificultad añadida, y puesto que el prefrontal de estas
personas es más "quisquilloso", no crea ni cree (de la cercanía de
creer y crear) en esa identidad media más social. Sabe o siente que tal
identidad es máscara,
lo que retroalimenta aún más su incapacidad para crearla y poder creer en ella.
Aquí a la vez sale otra regla. Es más sólida o menos hipostática la identidad
nacional y la religiosa que la social. Si una persona con dichos conflictos
llega a un estado estable dentro de su caos, se volverá cabal por medio de la
sabiduría. Los conceptos de autenticidad dentro de los distintos autores como Heidegger,
Marx,
Sartre
o Umberto
Eco no nominan a una misma autenticidad. Cada una de ellas son
"adaptaciones" de cada uno de esos cerebros, con sus propios
conflictos, y según la vida que les tocó vivir.
Para Tolkien
la felicidad y la bondad de corazón nace en las mentes de las personas
sencillas, que es lo que representan los hobbits
(el hombre
representa a la mentalidad anglosajona o la general: corrompible, que le
dominaban las pasiones). El hobbit es como aquella que es la más cercana a cómo
eran los cazadores-recolectores y lo son las personas de los pequeños pueblos,
donde difícilmente pueda emerger una identidad hipostática (no dejan que nazca
en el otro, se conocen y eso crea un tipo de control, para bien o para mal, —el
nadie es profeta en su tierra: "¿No es Este el Hijo del carpintero? ¿No se
llama Su madre María, y Sus hermanos Jacobo (Santiago), José, Simón y
Judas?"—). Bajo esta rayana lógica, y si hemos ido yendo de estructuras
habitables pequeñas a cada vez más grandes, Internet es el mayor espacio
habitable posible y donde más se está dando dos posiciones contrarias, en tres
estadios: 1. por un lado las identidades iguales se buscan, pero por otro 2.
uno no sólo tiene una dimensión y pertenece a varias identidades. Como
resultado 3. Internet es allí donde uno se puede estar cambiando de identidad
una y otra vez sin fin. Se crea un perfil en una red social con unas formas de
comportarse, si tal identidad falla o hemos creado enemigos o desavenencias,
borramos tal perfil y creamos uno nuevo y "probamos" otra identidad.
Una persona que sólo tenga su perfil "real" (casi nunca lo suele ser:
damos el lado bueno o aceptable), no genera demasiado movimiento. Lo que más
emerge en la red es la mutabilidad (en teología el Único Ser Inmutable
es Dios), de tal manera que se ha vuelto viral el aceptarse como un ente
multifacético. La frase de Walt
Whitman de: “¿que yo me contradigo?, pues
sí, me contradigo, ¿y qué? (yo soy inmenso, contengo multitudes)"
define muy bien esta idea. Ahora… ¿es "real"
ser multitud? En situaciones de alta tensión y crisis sale el carácter, ese
núcleo "duro" (rígido) que somos. Cuanto mejor viva una sociedad (las
del primer mundo) más superficial y lejos de ese núcleo se manifiesta tal
sociedad. A Internet y las redes sociales "le dan vida" este tipo de
sociedades y personas, pero lo dicho no responde a de si somos multitudes.
Habría que hacer una gráfica donde por un lado se encuentren los grados de
libertad de los cinco estadios que he representado del cerebro, en donde el
carácter permanece de por vida, la identidad religiosa y nacional es bastante
inamovible, y en donde en la cúspide de esa pirámide, el prefrontal y razón son
la libertad de la que nos hablaba Sartre. Somos en primer lugar cinco facetas,
pero que tienen como finalidad ser unidad —el cerebro por medio de la evolución
ha creado estructuras en esa dirección, como la disonancia
cognitiva, moral,
emocional,
el locus de control, o los alief;
cada una entre las distintas capas—, o por lo menos eso decía el
"guion" hasta ahora sobre lo que tenía que ser un humano. Si se puede
hablar de la muerte
del sujeto, como es así en la base del posmodernismo,
es que ahora aceptamos que no tiene por qué haber coherencia entre esas cinco
facetas —el sujeto está menos sujeto—, y en tanto que como —en parte— estamos
tendiendo hacia el papel del prefrontal, este es en tanto que es nada, o lo que
este módulo se quiera hacer ser. Pero esa identidad no crea Ser, sino un ser
hipostático o cristalizado,
sobre las estructuras sobre las que se sustenta. No referimos como pose a lo
que no queremos llamar simplemente como máscara. Pose a la vez remite a la
postura que adoptamos para dar una "buena" imagen en ante una cámara.
Tanto una como otra provienen de postura, donde estas tenían en su origen
provenientes de las señales honestas como el la postura cabizbaja de alguien
triste, avergonzado o triste —como así lo hicieron ver Freud o Darwin, pero que
con el paso del tiempo llevaron a posturas mediadas por las normas sociales
(cruzar las piernas al estar sentado para evitar miradas a las zonas genitales,
por ejemplo). ¿Hoy es todo pose? Por muy multitudes que pueda ser o se crea
Whitman, su núcleo es de artista
(que no es un estereotipo, sino un tipo de carácter en cuya base hay algún tipo
de problema genético que repercuta en los neurotransmisores o sus receptores, o
bien una infancia traumática, Whitman es uno más añadir a las personas
solitarias que se refugiaron en la naturaleza), y este es el director de la
orquesta en la sombra de esos otros instrumentos que crean una tonadilla o
canción en su cabeza.
La primera
estructura es la física, la corporal, con sus funciones vegetativas, instintos
(comportamiento incorporados) y reflejos.
Uno no puede evitar que su estómago digiera, o que si algo va hacia el ojo este
se cierre. En la segunda estructura, la identidad nacional y religiosa
(cultural) crea unas estructuras asentadas en las emociones. Para un ateo no
significa nada que se queme una cruz: un cristiano quizás pueda sentir dolor,
odio, ira…; lo mismo para la bandera del país. En la última capa, el prefrontal
cuestiona todo: es totalmente libre, puede cuestionar su indignación y
moderarla o dejarla salir. Es muy posible que la gráfica de la libertad en las
distintas capas sea una exponencial,
donde en las capas "bajas" crezca poco, pero en donde la del
prefrontal sea su 100%. La identidad narrativa es máscara, su grado de libertad
estará entre el 60 al 90 por ciento. Pero la vida siempre está guionizada, en
tanto que por lo general no se acepta el ser totalmente voluble, y mientras que
ese grado de volubilidad se "pacta" en lo social. Hoy la tendencia es
a que hay que ser lo más adaptable posible, pero de nuevo es parte del guion…,
lo cual es una paradoja:
la de obligar a alguien a cambiar bajo la premisa de que es libre (paradoja que
igualmente tiene el feminismo: "no seas tal tipo de mujer, sino este otro
tipo: el nuestro", atacan
el construccionismo
social, pero como somos entes performativos
y sociales al final crean un nuevo tipo de construccionismo). Igualmente hay que tener en cuenta que aquella persona
que es capaz de no tener ninguna premisa como válida, que es capaz de
cuestionar todo y nada le prefija, es la base de un psicópata.
La principal diferencia ente este y un sociópata, es que el primero suele ser
un solitario, mientras que el segundo está bien integrado en la sociedad, de
tal manera que puede llegar a ser indetectable. Para un psicópata, ni lo que le
pueda decir el instinto moral de no matar, ni lo que le pueda decir los social
de la preservación de la vida sustentado en la empatía por el dolor del que
muere y los que le sobreviven, ni lo que le diga su imagen social, le dictan
nada. Como dijo Max
Horkheimer: "podríamos describir el fascismo como una síntesis
satánica de la razón y la naturaleza", en donde razón son las capacidades
del prefrontal. Es así que se entienda la frase de Hume
que dice que : "la razón es y debería ser esclava de las pasiones",
en donde con pasión se refería a la parte natural o profunda del hombre.
A lo que quiero
llegar es que somos esa suma de capas y en tanto que no nos vemos o percibimos
por capas. Pensamos que el prefrontal, la conciencia, ese agente al mando, es
el que se indigna con la quema de la bandera. No, es una capa profunda que
manda una información/emoción en un circuito y el prefrontal lo verifica como
"sí, soy yo el que siente rabia". A la vez creemos que algo de la
máscara o la identidad narrativa nos es vital, cuando realmente no es así o
bien no es parte de esta, sino de algún módulo más profundo. Entrar en un gran
centro comercial llama a la misma zona que entrar en una gran catedral; el
logotipo de Apple llama a la misma zona que una cruz. Los "matices"
se añaden en otras partes del cerebro. Uno puede tener una discusión acalorada
por defender su religión o a Apple, pero —quizás— muriese por su religión, pero
no así por Apple. Yo no soy nacionalista y religioso, estructura profunda, y
eso me puede dar algo más de "libertad" de acción en la vida, pero en
el núcleo esta mi carácter, que me "predispone" a tener más
"simpatía" con los partidos socialistas y comunistas, que con los de
derechas o el capitalismo. Yo si tengo tres gominolas y estoy con otra persona
le doy una y media. No sé de qué manera fuimos hacia lo que somos ahora, a
personas que dan sólo una o ninguna. En ética y teoría de juegos plantean el
dilema de "tu
cortas la tarta y yo elijo el primero". En ese caso el que corta se ve
"obligado" a ser justo.
En los distintos experimentos sobre el tema —con dinero por medio— no siempre
el que reparte lo hace de manera justa, con la condición que si el otro no lo
acepta, ninguno de los dos recibe nada. Se da un porcentaje bastante elevado de
no dividir por la mitad y que la otra persona no lo acepte. Esta estrategia
en la naturaleza se llama de rencor o despecho.
Un satisfactor, volviendo al principio, es posible que se
"conformase" con lo que el otro le dé, aunque no sea justo. ¿En qué
medida no es lo que se ha ido dando de forma acumulativa durante la historia
humana? Hoy estamos en el extremo más pronunciado de esa "bondad" del
satisfactor con respecto al maximizador, donde el 10% de los humanos tienen el
90% de las riquezas, frente al resto del 90% que sólo tiene un 10% (principio
de Pareto, en donde en este caso la división es 20/80). Puede el sistema
frente al proyecto, pues tal regla se sigue de forma general en todos los
sistemas (depredadores/presas, por ejemplo); así que por mucho que todo humano
crea poder llegar a ese estado maximizador, o los que lo son crean que es por
elección, los números de los sistemas dicen otra cosa.
En sus inicios,
entre los animales de manada, como he dicho en otros lugares, la testosterona
no se reparte "democráticamente", sino que se reparte según la
posición jerárquica. El alfa
tiene una mayor cantidad, que le va hacer que tenga más gasto metabólico, que a
la vez va a necesitar más carne o la de mejor calidad, y es por esto que es el
primero en comer y elegir lo mejor. Para el macho en la naturaleza el centro
del universo es el mismo. La maternidad por el contrario pone como el centro de
su vida a otro ser distinto de sí misma: al hijo. No sé cómo el feminismo podrá
hallar esos dos "sistemas" como iguales. El macho humano tendió a cuidar
a su prole, lo que le pone más cerca del papel femenino de la naturaleza
(leer artículo de Aeon
al respecto), pero puede no llegar a él hasta no tener sus propios hijos,
mientras que la mujer lo suele tener de base. La mujer era la posición fija de
este sistema —su regulador homeostático, el atractor
de caos (regulador)-, anclada a las necesidades del hijo, el macho era
mutable y podía llegar a fijarse en una posición, pero hoy en día la misma
mujer se ha vuelto mutable, y el único perjudicado ha sido el eje que es el
hijo. Pero un hijo es un futuro adulto, luego "aprende" del sistema
que no hay nada fijo, que todo es mutable, con el perjuicio a la larga en el
cerebro evolutivo/social humano, que estaba signado a hacer "girar"
engranajes sobre la descendencia, y eso era lo que le construía un sistema
emocional estable, mientras que generación tras generación terminan por hacer
cambios epigenéticos,
que muten esos cerebros a ser inestables y mutables, porque así parece ser su
entorno y parece una "exigencia" del medio. Las nuevas generaciones
no son su propia construcción (porque persistan
en ello) y adaptados a un nuevo medio como lo es Internet, donde pueden incluso
dudar de su género, como ellos quieren creer. Son el producto de un ecosistema
inestable que están creado cambios epigenéticos, que además "encajan"
con la mutabilidad que es el propio Internet.
Lo extraño de la
época que nos ha tocado vivir, y bajo la falsa idea que "somos
multitudes", que somos sobre todo
neuroplasticidad, es que estamos poniendo más "fe" en la
identidad narrativa que en el resto de las identidades. Bajo mi punto de vista,
poner fe en la máscara es la más cara de todas las apuestas posibles (cacofonía
y juego de palabras intencional). Primero porque es la posición más cercana a
la psicopática. La serie documental "A los gatos ni tocarlos:
un asesino en internet", es un claro ejemplo de lo que quiero decir.
Se trata sobre el caso de Luka
Magnotta, una persona que mató a otra y lo emitió por streaming
en Internet. Primero quiero traer aquí los distintos diagnósticos de distintos
psiquiatras, pues pone en evidencia que tal doctrina no es positiva y sí muy
falible. En medicina unos síntomas y unos análisis seguramente sólo lleguen a
un mismo resultado, respuesta o enfermedad. En psiquiatría y las ciencias
humanas nada es igual.
Experto
|
Diagnóstico
|
Procurador/ Defensa
|
Dr. Roy
|
Trastorno límite de
la personalidad con rasgos histriónicos.
|
Independiente
|
Dr. Paris
|
Trastorno límite de
la personalidad.
|
Procurador
|
Dr. Chamberland
|
Trastorno de
personalidad antisocial, trastorno de personalidad histriónica,
trastorno de personalidad narcisista. |
Procurador
|
Dr. Allard
|
Esquizofrenia
paranoide.
|
Defensa
|
Dr. Watts
|
Esquizofrenia,
trastorno de personalidad histriónica, rasgos de personalidad límite,
parafilia.
|
Defensa
|
Dr. Barth
|
Esquizofrenia
paranoide.
|
Defensa
|
Lacan se refería a
lo imaginario, el equivalente a lo que yo trato como identidad narrativa, como
la capacidad mimética
humana para reajustarse a los modelos sociales, esto nos dice la Wikipedia:
"lo Imaginario, un reino de las
apariencias superficiales que son inherentemente engañosa, es
"fraude". Bajo un simple y un propio diagnóstico cuestionable,
Luka Magnotta simplemente escogió unos modelos sociales equivocados. Se había
obsesionado con las películas de los asesinos en serie como "American
Psycho", la serie de películas sobre Hannibal
Lecter, o la serie "Dexter".
Había "amoldado" sus comportamientos a los de tales personajes de
ficción. Casi todos sus "comportamientos" eran puramente imitativos
de las acciones y formas de operar de dichos personajes. Pero, claro, no toda
persona es capaz de matar. Cuando una persona pasa por fuertes traumas en su
niñez la capa social queda en entredicho. En la niñez validamos y volvemos
nuestra la piel de las convenciones sociales, pues esta es la que nos dan los
seres en los que confiamos y que a la vez nos protegen: nuestros padres. Sin
padre y una madre con sus propios problemas mentales, el niño que fue Luka
Magnotta nunca prefijo esa identidad como propia, no creo una identidad social
y por ello no daba fe a tales convenciones y normalizaciones regladas en lo
social. "Lo que el individuo es para sí mismo no es algo que él inventó.
Es lo que sus seres queridos han llegado a tratar ... como lo que es", nos
recuerda Erving Goffman. En ese proceso su identidad se quedó suspendida entre
la razón, que crea la identidad narrativa, lo imaginario (mimético) en Lacan, y
los instintos. Los modelos que más se acercaban a él mismo eran los mostrados
en las películas arriba mencionados, luego su identidad narrativa se reajustó a
dichos modelos.
Con todo esto llego
a la finalidad del escrito: la mentalidad o modelo social que hoy en día es al
que el humano se tiene que "prefijar", no es el mejor modelo de todos
los posibles. Se cuestiona la identidad nacional o la religiosa, ya nadie se
dice religioso, porque es casi una parte vergonzante de mostrar (Estados Unidos
como excepción, o quizás sólo sea una tendencia de Europa). Ya no nos sirve de
modelo lo nacional y nuestra cultura porque estas son por las que la humanidad
ha cometido tantos "errores" a lo largo de la historia. Pero si
quitamos tales capas… ¿qué queda?, por un lado el carácter y por otro la
identidad narrativa. Retrocedamos un paso y recordemos: el prefrontal verifica,
es una última capa. Se reajusta y llama un yo a partir de una identidad dada.
Si el carácter, y la identidad nacional y la religiosa están en entredicho,
sólo le queda la identidad narrativa para prefijarse. Niega todo lo dado
excepto la identidad narrativa. No es así, realmente no funciona tal supuesto,
pero esa es la base en la actualidad. El documental "sígueme" , que
trata sobre las redes sociales, sobre todo en Instagram, que se basa en la
imagen externa (nuevo lenguaje: predomina el exceso de pose y la belleza: el lookismo
en una nueva manera de discriminación), en algunos de sus personajes mostrados,
es una evidencia de lo que quiero decir. Si la identidad narrativa es lo más
externo de todas las capas, la piel, nuestra imagen corporal, es lo único
importante. Bajo esa premisa tendemos al narcisismo, a primar la juventud (en
mi ciudad la alcaldía ha puesto unos carteles sobre que hay que tener respeto a
las personas ancianas; si lo que se valida es lo joven, tal edad es otredad, su
"enemiga" «edadismo»;
antes no había que decir nada sobre el respeto a las personas mayores: se daba
por hecho y era algo que los padres inculcaban a piedra; tenía que ver también
a que se solía convivir con ellos, mientras que en la actualidad están las
residencias para las personas mayores; la antropóloga Margaret
Mead decía que los hijos se tenían que criar cerca de los abuelos), a la apariencia externa, la ropa y
cualquier otro añadido en nuestra piel, como así los son los tatuajes o los
piercing. No quiero alargarme en este párrafo, pues tal idea no tiene mucho más
que decir, hay infinidad de documentales sobre el tema y ya se ha hablado mucho
de ello.
(Acabo de pegar al
escrito algo que estaba en el portapapeles, pero traducido al inglés —por algún
atajo de teclado en una mal pulsación sobre las teclas—, y no sé ni que teclas
ni qué programa hace tal cosa. ¡Que caos!, que genial.)
La cuestión central
es que lo que está ganando es la postura —desarrollada durante todo el escrito—
del cerebro competitivo y sólo centrado en la productividad, las finalidades y
los logros. Su lógica es rayana: sobrevive lo que gana. Si hay que presentarse
a un trabajo y para alguien "todo vale", "ganará" a aquel
otro que se ponga restricciones, o anteponga su dignidad o sus valores morales.
Si algo nos muestra —de forma equivocada, pues se ponen por los suelos— las
últimas series norteamericanas e inglesas como "Llegar
a ser Dios en Las Vegas", "Flack"
o "Fleabag"
—por poner sólo tres ejemplos claros— es que el humano ha perdido el rumbo hace
ya tiempo, que los valores morales brillan por su ausencia. —¿Estás haciendo una llamada al pánico moral?
—¿Eso parece?, ¡vaya!, sigo… Tal modelo es hacia el que tiende toda sociedad,
pues los que ahora "mandan" y a los que hay que igualar, son esas dos
culturas, en donde una es la que tiene la hegemonía cultural —Estados Unidos— y
la otra es la anterior —Inglaterra—, y en donde las dos se basan en los valores
y la mentalidad de los anglosajones. De la antigua URRSS se sabe que trataban a
todo individuo con pretensiones capitalistas como "enfermo" al que
había que curar, pero para los ideales del sueño americano la cuestión es peor,
pues todo el que no lo persiga es un perdedor que muy posiblemente sea tratado
como inferior, o como un parásito
de su sociedad (¿el humano es un parásito de los hidrocarburos?, cuando un
huésped muere, lo hace a su vez su parásito). Lo que me asombra al ver
películas o series norteamericanas es la facilidad con la que se crean
profesiones totalmente innecesarias, y la facilidad con lo que su sociedad las
acepta y paga a dichas personas remuneraciones tan altas. Yo sentiría que estoy
engañando a esas personas, sentiría incluso que me estoy engañando a mí mismo
por dar valor a tal labor, pero en la mentalidad del sueño americano no cabe
tal auto-cuestionamiento o autocrítica.
Pensemos por ejemplo en el caso de esa plataforma en Internet para cubrir las
infidelidades. Estaría bien que la usasen para engañar a sus directivos o
empleados. El "no todo vale" cada vez se vuelve más holgado por el
proceso de la normalización
progresiva. Hemos normalizado que el centro de lo social es el individuo.
Al llegar en el neolítico a las ciudades se fue acabando con el concepto de familia
extendida hacia la de la familia
nuclear: una hogar, una sola familia de padre e hijos. Hoy se está acabando
incluso con este modelo, pues por un lado se han desdibujado los roles y por
otro lado cada una de esas personas tienen su propia habitación y su intimidad.
Cada vez hay menos "momentos familiares"; prima más la
individualidad, la identidad narrativa proyectada en lo virtual, que la
identidad entramada dentro de una familia.
—Di
la verdad. No sabes cómo acabar.
—Es cierto. La idea
principal la he perdido por el camino, pues ciertas conclusiones del escrito
las contradecían. Por lo demás yo no quiero hacer una radiografía del momento
actual. Tan sólo trataba de mostrar un porqué y darles unas bases más o menos científicas.
La mayoría de los documentales sobre estos temas —redes sociales, narcisismo e
identidad— se quedan en la superficie, y yo he tratado de ir a sus raíces.
—Haz
un pacto honesto contigo mismo: remata ante la falta de soluciones
"viables" o "reales" y admite tus contradicciones. De paso
revisa el título.
Mis conclusiones —al
empezar el escrito— era que el realista depresivo es más capaz que otras
personas de librarse de todas las identidades hipostáticas, en donde incluso la
nacional y la religiosa los son. Para Lacan, tanto lo real, lo simbólico y lo
imaginario eran un fraude, aunque yo restaría de ahí lo real, si por ello
entendemos el carácter y las "necesidades" de unas reglas para lo
social que han nacido desde lo natural, como lo es la endogamia. En esa medida
el depresivo realista está más libre de luchar o sacrificarse por ellas, luego
ese tipo de personalidad está más preparado para crear un proyecto humano. Una
segunda conclusión es que es más "aceptable" y comprensible una
identidad nacional y religiosa —sin llegar a extremos— que la actual tendencia
hacia sustentar y dar fe a la identidad narrativa de la multi-máscara, de
aceptarse como habitado por multitudes, que por lo demás es falaz. En ese
estado de aceptarse como un ente cristalizado y performativo, dúctil, moldeable,
el humano es más propenso para la aculturación, para aceptar las posturas de la
actual hegemonía cultural, en "manos" de un "pueblo" que se
inició con ciertas premisas equivocadas y desajustadas para el momento actual,
en donde se sigue manteniendo o crece el nivel de la producción y consumo,
cuando el planeta y el clima nos están diciendo que lo estamos haciendo mal.
Las culturas que viven (vivían) en la escasez —o nacieron bajo esa coyuntura—
se tuvieron que basar en ponerse propósitos a largo plazo dada la situación en
la que vivían. En definitiva, lo importante eran las finalidades
(telos),
mientras que las sociedades que vivían en regiones sin escasez se basaban en lo
atélico (sin fines), en la vida del día a día rodeados de los suyos y
disfrutando de las pequeñas cosas. ¿Por
qué tratar de ir a otros planetas o al futuro si en el proceso no vivimos el
presente o lo hacemos tan ciegamente que dañamos el planeta en el que estamos? Hoy no hay escasez ni de alimentos, ni de
viviendas; sólo hay escasez de trabajo. En un mundo dirigido hacia un proyecto,
todos tendríamos que tener trabajo, repartiendo por igual el total de horas de
todos los puestos existentes. ¿Qué salen seis horas al día?, ¿qué se cobra
menos?, pues habría que adaptar los gastos a esos ingresos y de esa manera no
sobrecargar a la naturaleza y al clima por nuestros excesos. Tales metas
pondrían como medio el volver a fabricar productos de calidad o que fueran
fácilmente reparables. La infancia y la vuelta a la familia es crucial para
volver a un estado donde habría menos trastornos mentales. Eso pasa por que el
centro sea de nuevo la mujer. Tener menos hijos, pero de "calidad"
criados por madres —las que así lo deseasen— que cobrarían por estar con ellos
hasta los doce años o así. En ese proceso esos cerebros volverían a recuperar
un equilibrio que hoy se está perdiendo en todo humano proveniente de las
familias disfuncionales. Las sociedades actuales van encadenando generación
tras generación la tara de dicho estado de cosas —donde en la siguiente es
peor— hasta llegar a ciertos prototipos de humanos totalmente
"descolocados" (nihilizados)
de lo que es la realidad, situación que se da sobre todo en las culturas más
"avanzadas". Luka Magnotta es
un "hijo" (un "producto") de nuestra era: todos somos
culpables del asesinato que cometió, como así al final dicen en el documental
sobre él. La globalización no tiene sentido si por ello entramos en una
dinámica del mercado donde es más barato un tomate del otro lado del mundo, que
uno que ha cultivado un agrícola vecino. Las corporaciones no deberían de poder
establecerse en otros países. Con esa restricción no crecería tanto su poder,
pues a la larga estamos yendo hacia las corporatocracias.
La película "Dark
waters" es una más de ese tipo de films denuncia, en este caso contra
corporación la industria química DuPont, en donde se nos dice que el 99% de los
humanos hemos sido infectados por una molécula sintética larga de carbono (C-8),
que es un cancerígeno. La película muestra la total connivencia
entre tal empresa y el Estado, donde este no hace nada, pues es lo que dicta
tal entramado entre los dos tipos de poder. Deberíamos volver al modelo del
supermercado, todo más local y descentralizado, que apoyase las pequeñas y
medianas empresas, tratando de evitar incluso los hipermercados —en realidad
restan puestos de trabajo a su alrededor, con menos pequeñas tiendas—, que
además hacen necesario el automóvil. Las identidades son un conflicto, más
cuanto más distintas sean. Todo inmigrante tendría que aceptar perder su
identidad integrándose en la sociedad que la acoja. Me gustaría pensar que
puede ser de otra forma, en este escrito he tratado de mostrar los porqués, y
el porqué de tal apuesta cuestionable y aparentemente discriminatoria, pero el
caso de los musulmanes y los Judíos en Europa, en siglos pasados, creo que nos
están diciendo que es un sueño imposible. En la actualidad hay infinidad de
conflictos —armados o no— entre distintas identidades. El solo experimento de
los niños y su predilección de sus iguales, aunque hayan hecho el mal, ya
debería de validar lo que digo. Se puede educar, sí, pero eso sólo es una
máscara de endeble goma, que se caerá durante las grandes y profundas crisis.
No es algo del pasado: parte de unas estructuras cerebrales—y por ello
sociales— que no se pueden cambiar. Tarde o temprano las cosas se pondrán feas,
que no lo sea en un momento dado de abundancia no quiere decir que no lo será
en un futuro, cuando se llegue a algún tipo de escasez. Construir las sociedades
bajo la idea de "por ahora todo va bien", es el gran fallo de la
humanidad. La actual tendencia a las extremas derechas son un aviso, o alerta
temprana, de lo que pueda estar por venir.
—Te
estás poniendo "ñoñas", utópico, y entrando en temas conflictivos que
no todos verán bajo tus premisas. Además, y como se suele decir, "hecha la
ley, hecha la trampa". Las corporaciones o los individuos se sabrían
"aprovechar" de tales disposiciones para su beneficio.
—Ya. Como he dicho, no creo en la comunicación, habrá inmensidad de malas interpretaciones. Quien sea de mi misma identidad estará más cerca de no interpretarme mal. Remata tú el
escrito. Me he cansado incluso a mí mismo.
Tu escrito partía del error de ir contra las identidades,
cuando lo hace a partir de la defensa de un tipo de identidad. Es
cierto, he atacado a Peirce, pero en el fondo me cae bien pues era una persona
que se aisló en lo posible de la sociedad, y nunca publicó sus escritos
filosóficos, que los encontraron desordenados y sin saber cómo empezar a
leerlos. Es de mi misma identidad. El "verdadero" realista depresivo
no trata de cambiar nada pues sabe que es imposible. El mundo humano es caos,
es sistema, y nunca llegará a un proyecto. A mí me dan igual mis escritos, los
podría borrar mañana, pero claro, está el instinto de comunicación que nos
empuja a contar al resto que no hay que ir tras de aquel monte pues hay una
manada de lobos muy feroces. La soledad nunca termina de existir por cuanto
todo cerebro está "contaminado" con una u otra directriz o patrón de lo
social. El "verdadero" realista depresivo ha de ser nihilista y
cínico, pues no hay nada que hacer ni a partir de lo moral, ni de la razón, ni
de nada. El Joker en "Batman: el caballero oscuro", o el alter ego del personaje principal de "El club de la lucha",
representan muy bien ese sacar la lengua a una sociedad que en su soberbia y
sesgo optimista se pretende justa y sabia. La vida es caos, cada sistema trata
de hallar un equilibrio. A más variables mayor problema para hallar un
equilibrio, pues en muchos casos es un imposible. La vida es el caos de la
guerra que representa la película "Apocalypse now!",
frente a lo bien que lo puedan tener planificados en sus mapas los generales.
La base de las sociedades deberían de ser los derechos naturales, pero sólo son
una "bonita" disposición, una buena intención, que se añade a las
distintas constituciones y se quedan sólo en el papel. ¿Valoro mis escritos?,
más que muchos otros que están publicados, pero no le doy —ni me doy— la
suficiente importancia como para que me tengan que pagar por escribirlos. No
soy un "parado", siempre estoy activo y forzando mi mente y mi
cuerpo: eso ya tendría valor en las tribus de cazadores-recolectores, pero hoy
en día solo cuenta que se gane dinero, pues de lo contrario eres un parásito.
Que el humano sea un signo que necesita comer para entregar a otro sus signos,
no deja de ser una paradoja, cuando el Estado podría poner una renta básica y
restar esa necesidad a toda persona creativa. En tiempos de la biblia, más cercanos a nuestros orígenes acertaban al decir "no me des ni pobreza ni riquezas, dame sólo el pan de cada día", (Proverbios 8). Todo ese credo de buscar el ganar
prestigio y dinero por tu laborar es parte de la mentalidad que he tratado de atacar.
Si tratase de publicar tendría que atenerme a ciertas cuestiones que no estoy
dispuesto a asumir, por no ser parte de mi talante (carácter), ni siquiera he
tratado buscar seguidores en las redes sociales, ni he pedido ni necesito que
me den las gracias por las tantas gráficas que he hecho o he traducido. El
valor me lo doy yo a mí mismo porque parto de mis Ser y no de mi hacer o tener.
Puedo escribir ciertas cosas, pero ninguna merece una simple discusión o que
las tuviese que defender públicamente. Hay que recordar al cínico Groucho Marx
cuando dijo: "estos son mis principios, si no le gustan tengo otros."
Le puedo dar el valor que sirva para alguien y para sus adentros, pero no tiene
o quieren tener un valor social. La "verdadera" dialéctica ha de ser
interior y menos social, como "demuestra" este escrito, en donde me
he tenido que "reajustar" a las "verdades" que iban
emergiendo. La postura contraria, desarrollada en lo social, tiende a ser
doctrinaria o la base de una ideología, que además "endiosa" a su
autor. Hoy
en día debería ser preferible y
tener más valor social una familia que vuelve al campo y aprende a
cultivar y a cuidar el ganado que un nuevo YouTuber. Para mí tiene más valor cualquier albañil o agricultor que Steve Job, típica
representación que he tratado de desnudar aquí. Vendía humo, era un trilero de
guante blanco, y su "producto" se sigue vendiendo como un signo de
estatus, de aquellos que quieren sentirse superiores a la media. ¿Cómo puede
ser que una persona con los derechos de autor de una sola canción o un solo
libro pueda vivir toda la vida?, o en otro caso esa familia que se hizo multimillonaria por tan sólo un vídeo
viral de YouTube. Esta es la mentalidad que ataco. Los derechos
de autor están sustentados sobre los que tienen la actual hegemonía cultural,
cuando ellos se basan en los conocimientos de los Romanos y griegos, y a estos
no les llega ni un céntimo. Los derechos de autor son como lo que en su momento
fue poner vallas en los campos y decir esto es mío. ¿Acaso el humano cree ser
inteligente al basarse en aquello de "yo lo vi primero", tan
infantil? Valoro más una buena novela que un farragoso escrito de Baudrillard o Derrida. Hay más
psicología en Somerset Maugham, Dostoevsky, Fernando Pessoa, García Márquez o Charles Bukowski
que en muchos estudios científicos sobre la condición humana —no es una queja
trivial; cuestiono que una novela o poesía mantiene el alma humana, mientras la
ciencia la des(cons)truye— . "La psiquiatría es un monólogo de la razón
sobre la locura", decía Foucault. Sartre se propuso escribir todos los
días y así lo hizo, pero la mayoría de esos escritos están vacíos de
significados. Si como dijo Peirce, el propio humano es un signo, su
significado… ¿es no tener significado?, ¿ningún valor transcendental? O sólo es
sus sueños nunca realizados. En su momento su significado era estar en una
guerra permanente, en otro ser religioso, lo retoca y crea al religioso
guerrero. Ante el fracaso de todo significado anterior —del metarrelato— lo
mejor es… ¿dudar de todo significado? ¿Hoy cuál es?, ¿que somos individuos
mutables? No es más que otro fracaso más en darnos un significado. Si fuera un
buen camino me callaría, pero hoy la insatisfacción ante el vacío de Ser es
general. Incluso una película tan poco "seria" como "Jay y Bob el Silencioso contraatacan" "aciertan" cuando dicen que "la gente odia tanto el presente
que se quiere refugiar en el pasado".
El proyecto humano tendría que basarse en volver a las raíces que por milenios
nos hicieron humanos: grupos locales basados en las familias extendidas, en una
cultura local que signaba sus cerebros a un equilibrio, tanto internamente como
con el medio. La vergüenza como base homeostática de todo aquel que rompa el
equilibrio forzando la retroalimentación positiva tanto del medio como de los
cerebros. —Creo que me estoy inmiscuyendo en
tu voz. —Sí. El saber no es el fin del
humano, su papel sólo lo tiene que tener lo atélico, ese vivir día a día con
tus personas queridas. El saber te aísla en una torre donde bajo ella sólo hay
aridez. El conocimiento te hace único y más tendente a no poder conectar con
nadie.
(A fecha de dieciocho de enero me llega un enlace al
escrito de Aeon "la racionalidad de la Ilustración no es suficiente:
necesitamos un nuevo romanticismo",
que no aporta demasiado, si bien anuncia una vuelta a la lucha dicotómica.
—Estamos divagando, quedándonos en minucias detallistas y
perdiendo la visión global. —Ya. Pretendo
mostrar que para el viejo espíritu humano una vida no era medida por su
productividad. Uno no mide cuánto le aporta su perro y lo alimenta según ese
aporte. ¿Por qué lo hacemos con los humanos? Una vida es valiosa por serlo. El
que la mide por su valor, es que quiere o se cree con un valor superior al
resto, los cuales tienen que tratar de igualarlo: retroalimentación positiva
sin freno. Mentalidad del macho en la naturaleza que ha de competir por
copular, y cada una de esas cópulas es una especie de desprecio hacia sus
competidores. "Me satisface más tu derrota que mi propia victoria",
nos dicen en la serie Mr. Robot, evocando un pensamiento universal. Toda
identidad siempre ha de ser bajo la premisa que su otredad pierda. Ahí está
Estados Unidos, que no firma los convenios mundiales sobre la evitación del
cambio climático, pues eso significaría que otro país o cultura le quitase el
poder. Parece preferir que la existencia el humano se ponga en peligro que
dejar que otro le gane. A nivel más individual, todo YouTuber o Instagramer siempre quiere ir un paso más
allá en la "locura" que dejar que otro le gane en seguidores. Que
"los fuertes nunca quieren renunciar a sus privilegios" (Mr. Robot)
es uno de esos conocimientos tácitos, complicados de defender en un mundo que
se oculta tras sus máscaras, al igual que la sentencia de que "la
desigualdad es un estado hacia el cual se inclina la naturaleza en todos los ámbitos",
como nos recuerda Houston Stewart Chamberlain.
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Últimas
reflexiones después de lo tormentoso e in-articul(ad)o (doble acepción forzada,
donde la segunda es que niegue ser un artículo) de los últimos párrafos.
Este escrito ha ido dando tumbos, y peca de exceso y de
irse por las ramas en demasiadas ocasiones. Lo acabé, más o menos, el dieciocho
de enero y llevo casi una semana corrigiendo, poniéndole los enlaces y a su vez
añadiendo pequeños detalles aquí y allá. No tiene un final definido. Si tal
cosa se hiciese en una película sería fuerte y negativamente criticada. Yo lo
acepto como artista, donde asumo el papel del azar y el que una obra tenga algo
de alma. Es perfecta en su imperfección:
¿no es lo que diría cualquier madre sobre sus hijos? En definitiva: "el Arte es la búsqueda y
no el resultado final", nos dicen en la película "Entourage".
En escritos atrás decía que había una teoría que propone que las generaciones
tienen unos papeles o guiones preestablecidos. Había oído sobre ella, pero ni
siquiera sabía su nombre, por lo que no podía documentarme. Al final de los
escritos la encontré de forma casual, ya que cuando pongo enlaces me pierdo en
nuevas investigaciones a partir de los enlaces internos de tales entradas en la
Wikipedia. La teoría se llama "generacional de Strauss-Howe", y siguen cuatro ciclos en un total de unos ochenta
años. Lo que más me llamó la atención era saber que yo estaba dentro de la
denominada generación "profeta". En mis escritos trato de huir de ese
arquetipo, de hacer de vocero de lo que está por venir, pero se quiera o no
sale a relucir una y otra vez. Bajo esta teoría de nuevo el determinismo y el
sistema vence sobre el proyecto. El humano —ni en lo individual, ni en lo
social— tienen realmente el "control" de sus vidas, pues estamos
sumidos dentro de los ciclos de los sistemas y de los "dictados" del
ADN. Tenemos cierta holgura, como la que pueda tener un tornillo viejo en su
tuerca, pero ningún movimiento dentro de dicho traqueteo evita que se rosque o
desenrosque en una misma longitudinalidad, y ni que se salga de la rosca, pues
ha sido remachado para que no lo haga. En unos documentales que estoy viendo
estos días, sobre el desarrollo cerebral de los bebés, nos hacen ver que los
estereotipos sobre el género se moldean y se pueden cambiar. De nuevo falacias:
lo que sea el hombre y la mujer no es reducible a quién plancha, va a trabajar
o les cantan las nanas. Es algo más profundo y menos medible por medios
científicos. Todos tenemos la intuición de tal diferencia, pero no sabríamos
decirla con palabras. Quizás tenga que ver con que "todos los animales que
pueden aprender y pensar nacen conociendo qué es aquello acerca de lo que tiene
que aprender y pensar", como dijo H.
Plotkin. Volviendo a la teoría generacional de Strauss-Howe…, mientras que
ellos ponen a cuatro agentes interaccionando y actuando a partir del anterior y
el que le sigue, yo lo he reducido a sólo dos. Quiero pensar que entre medias
de mi ciclo dual —no es mío, es por hacerme entender, es esa dualidad que
siempre se ha tenido en cuenta, como hago ver al principio— y el de ellos de
cuatro, ha de haber uno de tres. Lo que trato de decir, y representado por
ondas, como pueden ser las sonoras, es que hay una onda alta y larga, que es
dual, y otras dos ondas de tres y cuatro subsumidas unas bajo las otras. La
música se divide en melodía, armonía y ritmo. La dual habría de ser el ritmo,
mientras que la de tres sería la guitarra del bajo: que media entre la melodía
y el ritmo, mientras que la de cuatro pulsos sería la melodía. Para
el "saber" de los horóscopos —sin afirmar que tenga que haber una
relación entre la posición de los planetas y la persona en el momento de nacer,
sino tan sólo como el tipo de análisis que los "intelectuales" o
"científicos" en sus épocas hicieron de lo que percibían con ciclos
—, todo signo estaba dentro de esas divisiones a dos, a tres y a cuatro. La
dual es lo masculino y lo femenino, o positivo y negativo —sin ninguna
connotación sexista o moral: tan sólo analizado bajo el punto de vista de las
generalidades de cómo es en la naturaleza, no en el humano—, que encajaría con
la dualidad de retroalimentación positiva y negativa, los humanos que hacen de
freno y de acelerador al sistema, que he analizado una y otra vez. Yo sé que
tengo más la naturaleza femenina que la masculina (o por lo menos en invierno).
La división a cuatro era la de los elementos fuego, tierra, aire y agua. Entre
medias, y que es la que faltaría en el sencillo análisis que he puesto arriba, estaría
la triada de cardinal, fijo y mutable. El primero inicia un ciclo y marca sus
pautas, crean un nuevo paradigma, los segundos tratan de prefijarlo, volverlo
estable, restando los problemas con el paradigma anterior y preparando la
siguiente generación, el tercero cuestiona lo dado, no creando un nuevo
paradigma, sino volviendo el actual mutable, multifacético y al final
inestable. Hoy estaríamos en ese tercer estadio de la mutabilidad; ante dicho
estado se vuelve a iniciar el siguiente ciclo con lo cardinal. No hay que ver los tres estadios con unos cortes precisos,
y un antes y un después; durante cada uno de los estadios va emergiendo el
siguiente, o los tres están siempre, pero los más opuestos están o en su
nacimiento o en su muerte. Si hubiera que poner nombre arquetípicos a tales
estadios, el cardinal es el "mesías", el fijo "los
apóstoles" y el mutable "los apóstatas". —Ya estás cayendo de nuevo en la imposturas intelectuales, en tratar de hallar estructuras donde quizás solo hay
caos. —Ya, es que soy la razón y esa es mi "función".
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Con esto doy por
acabado el escrito. Algunas puntualizaciones. No me he vuelto loco, ni tengo un
trastorno
de identidad disociativo, es evidente, pero conviene decirlo ante la duda
(aunque tampoco tengo en claro si son dos lados de una bipolaridad, esa que en
la antigüedad llamaban el gemelo
perverso o doppelgänger).
Sólo es un recurso estilístico, y dado que una de las posturas intenta
representar a lo dionisiaco y la otra lo apolíneo, que es una de las bases del
escrito (quería haber creado un tercer
personaje, que me tachase los
escritos que no le gustasen —a modo de superyó—, pero ahora mismo ya
estoy agotado, pues tendría que volver a repasar todo el manuscrito, y es
demasiado largo y puesto que me llevaría de nuevo al proceso de revisarlo y
retocarlo; también dudo si tanto tachado no sería demasiado incómodo de leer).
He terminado por dejar las redes sociales (publico un último tuit con un enlace de este escrito), porque no quiero entrar en sus
dinámicas. Igualmente quiero dejar de escribir lo que, en muchos casos, mi lado
racional considera "tonterías" e imposturas. A todo esto me di cuenta
de otro ciclo de mi vida y comportamiento. En invierno dudo más de mis escritos
y los dejo sin publicar, como es el caso de "En
busca de lo animal del hombre", en dos
partes, que escribí el invierno pasado y no los publiqué hasta el pasado
octubre. Dejar las redes y de escribir es una "decisión" desde la
razón, que de esa manera trata de renegar de distintas compulsiones de mi
carácter. De cualquier forma no sé si es más "válido" mi yo de
invierno o mi yo de verano, que es demasiado impulsivo, optimista y menos
comedido. Por otro lado, si todo es tan determinista, como hago ver una y otra
vez… ¿qué sentido tiene escribir?, ¿lucirme?, dar un sentido absurdo al acto
inútil que es subir la roca en la montaña, para que esta termine por volver a
rodar pendiente abajo (mito
de Sísifo). Para qué propósito pensar, ¿para averiguar que la vida no tiene
ningún propósito?, y a partir de ahí, qué hacer con tal información. En otro
lado defendí la autoeficacia,
pero este concepto y estructura es parte del paradigma actual humano, que como
he tratado de hacer ver en el presente escrito, está errado. "La
autoperfección es simple masturbación (…) te digo: no estés completo nunca.
(..) te digo: hay que evolucionar, deja que las fichas caigan donde
caigan", nos dice el "profeta" y dionisiaco Tyler Durden —del
escritor Chuck
Palahniuk, de mi misma generación— en la película "el club de la
lucha".
¡Ah!, el tema del título. No lo cambio, quizás en un libro, y para que fuese vistoso, sería "el árbol de la vida: en busca de la naturaleza humana". Volviendo a la analogía de la interacción
de la información como reacciones químicas, este escrito es la suma de muchos
componentes químicos externos a la "molécula compleja" que es mi mapa
mental. Se ha necesitado mucha energía para crear todas las reacciones
posibles, que lo da la alimentación, y si en toda reacción hace falta un medio
o disolvente, que en la tierra es el agua (H2O), en
dicha analogía es el cerebro. Haciendo un ejercicio desde la razón y la lógica más
extrema —¿estúpida? ¿Cuánta energía ha requerido este escrito? Si el cerebro gasta un 20% de la energía del cuerpo, pongamos que ha sido un 10%, puesto que mi
vida está centrada a estar delante del ordenador, pero hay que tener en cuenta
que el cerebro a la vez
"gestiona" parte del cuerpo, entonces a nivel del dinero
gastado en la comida, y de mi vida sencilla, serían unos 10 céntimos al día: me
ha costado sólo unos 3 euros, que es el total por un mes de laborar para el
escrito, más o menos. Eso sería el gasto en la prehistoria y los inicios de las culturas tribales, el resto de los gastos son
debido a los altos costes en los que estamos viviendo en la actualidad. —El
análisis no es exhaustivo, puesto que cuando has sentido placer en tu labor, el
cerebro generaba menos gasto energético, aunque puede que se compense con esos
otros momentos de estrés y alta concentración que generaban exceso de gasto.
(Descargar revisión del mapa mental a fecha 25 de enero, sobre la "Supervenciencia")
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"Desde
el principio había creído que cambiar el mundo era hacer algo, realizar una
acción, ¡luchar por algo!, pero ya no estoy tan seguro. ¿Y si cambiar el mundo
sólo consiste en estar aquí?" Mr. Robot
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(Descargar revisión del mapa mental a fecha 25 de enero, sobre la "Supervenciencia")












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