Corriendo Detrás de la Verdad…
❝Vivir más allá del final de tu mito es algo peligroso.❞ Anne Carson
❝No hay un crimen, no hay una evasión, no hay un engaño, no hay una estafa,
no hay un vicio, que no viva gracias al secreto.❞ Joseph Pulitzer
❝Para alcanzar la libertad sólo hay un camino: el desprecio
de las cosas que no dependen de nosotros.❞ Epicteto
❝Es más fácil engañar a la gente que convencerla que ha sido engañada.❞ Mark Twain
❝Solo los desdichados profesan la bendición de la fortuna;
los afortunados atribuyen todos sus éxitos a su inteligencia y habilidad.❞ Jonathan Swift
❝Se habla mucho de ‘ser tu auténtico yo’. Me he comido mucho la cabeza con eso.
¿Qué significa ‘auténtico’? Para mí se trata de aceptar esas cicatrices profundas que todos tenemos.❞ Brad Pitt (en su crisis de la madurez)
❝Percíbete como quieras, pero no me obligues a mí a hacerlo,
y mucho menos que haya leyes punitivas que lo respalden.❞ Jordan Peterson
❝El poder reside donde los hombres creen que reside.❞ Lord Varys
…al final ella nos termina por alcanzar, y la llevaremos siempre detrás nuestra.
Es una metáfora a la vez que, quizás, un hecho. La «única» verdad en lo humano es lo que queda atrás, el pasado. Sólo este es susceptible de ser analizado como para tratar de saber algo cierto. De nuevo este tema nos remite a la complejidad. Averiguar si yo fui por un camino o por otro, en mis caminatas, se puede verificar por la ruta que quedó grabada por el GPS de mi móvil. ¿Y si no hubiera ningún registro?, yo contaría con mi memoria, el resto de las personas con esta capacidad voluble del cerebro humano y de la confianza que depositasen en mí. Pongamos que digo que he hecho X ruta. Si se diera el caso que tuviese Alzheimer es posible que no fuera así y que lo que contase fuera una manera de dar por cierto un relato, y ante el hecho que he de ocultar la «verdad» de mi estado mental en decadencia. En otro caso, quizás, no me interese contar algún hecho de uno de los desvíos, y lo omita a aquellos a los que se lo cuento. En ese caso cuando esa persona cuente mi caminata a su vez a otra persona, él no mentirá… contará lo que cree que es verdad, basado en el grado que tal persona deposite en mí.
Y ahí deviene la complejidad. Me asombra que las personas hablen del pasado con tanta certeza, como si este sólo pudiera ser una verdad, cuando la realidad es que esta es sólo aquella de lo que ha quedado evidencia, a partir de una gran cantidad de fuentes. Pero…, ¿qué fuentes?, hay alguna que no cometa fallos y que a la vez no esté queriendo distorsionar la verdad. Se nos escapa que, por el punto uno, el propio relatador primero hierre al contar su propia versión, y que por el punto dos, no nos esté contando la verdad bajo algún interés. Este punto tiene que ver con los secretos de Estado, aquellos que por su relevancia, e interés para los posibles enemigos —o potenciales enemigos de ser conocida tal historia—, es mejor no contar. ¿Es fidedigno lo que sabemos de Napoleón, o de Dostoievski…, o la de cualquier parte de la historia de cualquier personaje o de cualquier población, cultura o nación? ¿Por qué damos fe cuando creemos saber qué es lo que quiso decir Marx con tal párrafo o bajo tal o cual idea concreta? La clave está en la anterior pregunta…, se trata sólo de fe. De aquello que queremos creer sobre tal suceso o sobre tal o cual agente —persona, cultura, nación— del pasado. Sí, es cierto que la historia la escriben los vencedores, pero a la vez también es cierto que la historia la escriben sus más acérrimos enemigos. «La leyenda negra» relatada y difundida por aquellos que inventaron la imprenta y por aquel entonces enemigos de España, como ejemplo. De esta manera lo que se cuente, pongamos este otro caso, del feminismo de la última década, en años venideros, será tanto aquello que cuenten los que venzan en la actual guerra cultural, como aquellos que sean los vencidos y su propia versión.
Analicemos la cuestión sobre el presente. Qué se contará de la invasión de Ucrania por parte de Rusia. O habría que decir no de Rusia, sino de Putin. ¿La «verdad» sólo está en la mente de esta persona? ¿Y si está enfermo?, como así han dicho muchos de sus detractores. De ser así, quizás, y tratando Putin de ser sincero, en una futura autobiografía, sabríamos aquella raíz que fue la que inició todo este relato que ahora estamos viviendo. En otro caso. Ha corrido la noticia de que China ha entrado en varios espacios aéreos de zonas con las que tiene conflictos, como Japón, Australia o Taiwán. Al final China se ha pronunciado, diciendo que son bulos que ha creado Estados Unidos para que la opinión pública internacional no los vean con buenos ojos. ¿Cuál de las dos versiones es verdad?, si es que es alguno de los casos, que incluso puede que sea otra. ¿Cómo puede algo tan abstracto como un país «hablar» y pronunciarse sobre algo? ¿Es algo España?, una sola realidad y unidad. Todos sabemos que no es así. Todas las naciones están fragmentadas en muchas, o incluso cientos de identidades. Quizás tantas como habitantes tenga. Mi «verdad» y punto de vista de lo que es España, quizás no la comparta nadie. Quizás sólo sea mi propia verdad. ¿La voz de un país es la voz de la mayoría? Cuál…, ¿la «verdad» que tenía el pueblo alemán bajo el mandato de Hitler?
Sé por dónde va vuestro pensamiento. Indistintamente de todas esas voces, la «verdad» subsiste bajo todas ellas, cual capa o terreno en el que se construye una realidad histórica. ¿Y si no hay historia y sólo existe el relato?, aquello en lo que queremos poner fe todos, un pueblo, con respecto a la nación a la que pertenecemos. Pero si la «verdad» de la invasión rusa a Ucrania sólo está en una mente, la de Putin, ¿es fiable la realidad que es Putin como para hablar de que existe la verdad?
A lo que quiero llegar es al meollo común de todos mis escritos. Al dilema del Ser y del aparecer. Voy a analizar este tema desde un ángulo que nunca he tratado. Hoy existe una cultura judía que ni siquiera implica creer en Dios, ya que muchas personas judías, como es el caso de Woody Allen, son ateas, pero profesando o dando fe a su identidad judía. ¿Qué es lo judío si nació de la nada?, ¿lo es Abraham como principal padre fundador?, pero este ya seguía una tradición…, ¿cómo tratar de alcanzar un inicio?, ¿es posible?, es «real», factible y tiene sentido tratar de buscar ese inicio. Ahora apliquemos la misma regla para una persona. ¿Qué soy yo?, cuál es esa raíz o núcleo. ¿Lo es mi carácter?, mi seña de identidad escrita en mi ADN. ¿Existe realmente tal núcleo?, tal identidad «auténtica» y fuera de todo aparecer. Y de ser así, ¿es «ella» la que siempre «habla» o se manifiesta entre bambalinas? Tanto en el tema de la cultura judía, como en el de la individualidad, nuestro cerebro se comporta de forma esencialista. Tal ente existe y es fiel a sus «premisas» de base. ¿Quién cree que si Napoleón naciese hoy sería el Napoleón conquistador que todos conocemos?, quizás sólo sería un YouTuber más entre otros…, quizás sólo un sencillo obrero entre miles de millones. Esto nos remite al lema orteguiano de «yo soy yo y mis circunstancias», donde si varían las segundas… ¿varía lo primero? O Woody Allen siempre es Woody Allen independientemente de sus circunstancias. De ser así, ¿acaso no cambió su identidad cuando pasó por el percance público sobre su relación con su hijastra? ¿Uno nunca cambia? Si tomamos tal postura nos acogemos a la vez al hecho de que todo es demasiado determinista. Nacemos con un ser y es con este que morimos: nunca cambiamos. Pero, ¿acaso para algunas personas Woody Allen no se volvió alguien despreciable a partir de lo acontecido con su hijastra? Resta ese hecho y no existiría tal desprecio. Somos Ser o somos nuestros actos. ¿El ser siempre se manifiesta en todos nuestros actos?, y lo que ocurre es que se dan las circunstancias de no caer en ningún acto que contradiga el punto de vista para el resto de las personas. O sea, quizás el valor de una persona nunca quede «manifiesto», si es que lleva una vida muy aburrida y rutinaria, en una época de la historia en donde todo va demasiado bien y «engrasado», como para que tal o cual rasgo de esa persona no se manifieste nunca.
(Si la verdad fuera una no existiría, por ejemplo, tanto revisionismo del marxismo, dividido casi hasta el infinito ente libertarios, existencialistas, marxismo-leninismo, revisionismo, estructural, ortodoxo, analítico, occidental, clásico, neomarxismo, post-marxismo, abierto, instrumental, Freudo-marxismo, centrista y un largo etcétera.)
La ciencia nos dice que al pasar por ciertos traumas o sucesos las personas cambian. Mutan. Un ejemplo claro son los trastornos de estrés postraumáticos. A otro nivel, ¿acaso no está «mutando» el pueblo judío bajo los actuales acontecimientos, con respecto al trato que están dando a los palestinos? La ciencia ahora nos dice que además de la información del ADN, está la información que es llevada a cabo a través de los cambios epigenéticos. La información del ADN varía cuando se da uno de estos cambios. Es posible que los trastornos de estrés postraumáticos conlleven un cambio epigenético. Es más, tal persona transmitirá tal cambio a su descendencia, de tal forma que es posible que sean unas personas más «asustadizas» a partir de tal herencia epigenética. En ese caso el «yo soy yo y mis circunstancias», habría que cambiarlo por «yo soy yo, mis circunstancias, y las circunstancias de mis padres».
Creo que queda claro lo que estoy diciendo, pero demos un giro de ciento ochenta grados a todo este relato.
¿Por qué casi todos creemos estar en la «verdad» y además del «lado de los buenos»? Es el efecto Dunning-Kruger, pero a nivel de la identidad de toda nuestra especie y de la historia, aderezado de la ilusión de la introspección, aquella que afirma que creemos saber qué es lo que sucede en nuestra mente, y que además tiene unas causas muy bien fundamentadas y guiadas, desde un yo o agente con una identidad bien definida. O sea, el pueblo judío es ese dual de efecto Dunning-Kruger y de ilusión de la introspección, a nivel de una cultura a lo largo de toda su historia. Lo mismo para qué es España o qué es la cultura occidental, o la cristiana, etc.
(Dogmatizar es pensar que Franco no hizo nada bueno —ahí tenemos por ejemplo la construcción de casi todas las grandes centrales hidroeléctricas—, o que el PSOE no hace nada mal: inicio de la privatización de las eléctricas…, esas que construyó Franco para todos, y donde ni el PSOE, ni el PP, pidieron permiso para privatizarlas. Para el caso es como si acoges un invitado en tu casa (como lo es cada gobierno y presidente para un país) y empieza a vender utensilios y muebles mientras tú no te enteras. Hoy tal proceder nos pesa, dado el alto coste de la electricidad. Tacharme de franquista es de borreguistas, de no entender el trasfondo del mensaje. Aquí se aplica la frase del Papa Francisco al decir que: «Hay que alejarse del patrón normal de que Caperucita Roja era buena y el lobo era malo; está surgiendo algo global, con elementos muy entrelazados». Léase el párrafo a que todo es gris, y que el bien y el mal no existen en «estado puro». No luchamos por el bien o el mal: simplemente luchamos por que nuestro tipo de apuesta evolutiva sea la más aceptada, la que gane).
Mi relato, mi creencia de lo que somos, es diferente. El cerebro profundo no necesita una identidad, y tampoco sabe que es una en concreto con respecto a otra. El cerebro profundo es estímulo-respuesta, donde la alta variabilidad de los primeros, no siempre dan una misma respuesta. Tiene de referente una programación concreta de un ADN, quizás único, pero dado que tal cerebro, además, tiene que aprender de la validez de sus respuestas, «acumula» datos como para que la apreciación de los estímulos varíen y como para que afecten a sus respuestas. O sea, nadie es nunca tan inocente como cuando era un niño. En todo caso muchas personas mantienen cierto grado de inocencia dado el tipo de buena vida que han llevado, donde nadie o casi nadie los ha defraudado, dañado o incluso los han intentado matar, como así es el caso para otras personas. ¿Se puede pensar que la primera persona está más pareada a la «verdad» humana que la segunda?, cuál de las dos visiones «acierta» a la hora de diagnosticar cómo es la condición humana. O aciertan las dos. Por el principio de no contradicción A no puede ser a la vez no-A. ¿La humanidad no puede ser buena o maligna a la vez?, ¿o es una cosa y otra dependiendo de la situación social? Siendo así, ¿la humanidad tiene personalidades múltiples?, o es sólo que su esencia es la de no tener realmente una esencia «pura», sino mezclada…, no dulce o agria, sino agridulce. ¿Somos y tenemos una esencia, y esta es agridulce? Pero, ¿afirmar tal cosa no es afirmar a la vez que no tenemos una naturaleza? O sea, si alguien me dice que si se puede fiar de tal o cual persona, ¿acaso puedo tener alguna certeza si esa persona es agridulce?, buena y mala a la vez. Desaparece el principio de no contradicción, ¿no hay identidad y por ello A puede ser o no ser A a la vez? Devenimos en el principio de incertidumbre de Heisenberg, a nivel epistemológico, donde algo puede ser o no ser, como así es para el caso del gato de Schrödinger dentro de la caja.
Esto, quizás, quede patente bajo el hecho de que no suelen dar grandes tributos a las personas vivas —hacerles una estatua, por ejemplo—, dado que nunca se sabe todo de ellas, y que además la puede «pifiar» en lo que le queda de vida. Somos, o nos hacemos ser, cuando la muerte muta nuestras posibilidades a sólo aquello que hemos sido —o la gente cree saber— en vida. De vuelta al principio del escrito y que la «verdad» sólo va detrás nuestro. Nunca puede ir delante y lo que va delante, en este caso, es aquello que nosotros creemos, o en otro caso, en aquello en lo que ponemos fe que es. Para el caso no sabemos si el gato de Schrödinger está vivo o muerto, y sólo cuenta la creencia y la fe que pongamos en que esté o en un estado o en otro. Woody Allen pone fe en sí mismo y su integridad, mientras que otros no, la cultura judía tiene una identidad, frente a los actuales hechos que contradicen lo que de ella creíamos, el feminismo tiene una imagen de sí mismo que la gran mayoría de hombres, en sus adentros, no creen, etc.
¿Qué falla en todo lo dicho arriba?, que se trata de tomar las partes por el todo. No existe lo humano, existen personas y las hay buenas y malas. Donde para complicar aún más las cosas, las buenas en su hacer pueden provocar el mal, y a la inversa, las malas, en sus tendencias, pueden favorecer a personas. El «bueno», quizás, este repartiendo siempre lo poco que tiene, pero llegado un momento de profunda escasez no podrá compartir nada, pues nada tendrá, poniendo en peligro su propia vida y la de sus más allegados. El rico acumula y esto puede parecer «malo», pero como no puede llegar a generar más beneficio desde su propio hacer, contrata personas, creando puestos de trabajo, donde además en la escasez aún podrá generar algo a partir de lo que tiene acumulado. Analizándolo de otro modo, el que ha sido habitual en mí, de posicionar a las izquierdas al lado de Heráclito y su fluir o no-ser y a los ricos con Parménides y el ser, ambos filósofos se equivocan, pues caen en el mismo error ya dicho arriba. De simplificar el tema, la siguiente gráfica ejemplifica lo absurdo e iguales que parecen ser las dos posturas de las izquierdas y las derechas. Para las izquierdas el pasado hay que superarlo, buscar el humano que hemos de ser. Para las derechas esa realidad es lo que somos, dado que nos ha creado un Dios, y salirse de tales «mandatos» nos llevan al caos social o al peligro de la nada, al nihilismo. Para las izquierdas hemos de superar lo que somos, pues como demuestra el pasado, sólo genera injusticias y dolor, y en ese proceder hemos de crear un nuevo ser humano. Para la derecha todo intento de llevar a cabo tal cometido, sólo nos ha llevado a derramar sangre y a distopías (¿acaso no lo es la actualidad?).
| Pasado | Futuro | |
| Derechas | Ser (tradición, lo validado). Bien, razón y belleza | Nada (nihilismo) |
| Izquierdas | Nada (parálisis —rigidez— esencialismo) | Ser (lo que hemos de ser, lo esperado). Bien, razón y belleza |
Pero la realidad es muy otra. La humanidad está representada por la campana de Gauss, donde sobre el 80% «vive» bajo lo más alto de la campana y donde, y en un ejemplo, un 10% a la izquierda en la gráfica, vive bajo el miedo, separándose de la masa y no siguiendo sus reglas, y donde el otro 10% a la derecha, son las personas extremadamente osadas, las cuales igualmente se salen de la masa. En un momento de crisis puede que ese 80% de la masa perezca al caer todos en el mismo error. Pero no está claro que tenga que tener más éxito uno, que los dos otros grupos en su proceder, ahí interviene totalmente el azar. El miedo provee de precaución y puede «acertar» en ciertas situaciones. Igualmente para los osados al tratar de hallar nuevas rutas. Este proceder no depende de elecciones, son «juegos» a los que juega la evolución. No pone todos los huevos en la misma cesta. Tiene distintas apuestas en la dirección de que en momentos realmente complicados, alguna de las apuestas sobreviva. Igualmente pone el 80% en la misma cesta, puesto que somos seres sociales y esa cesta es la sociabilidad, o en definitiva, el tratar de validar lo aceptable en lo social a través de subirse al carro, que es donde está la mayoría.
Esto se entiende mejor en algún caso como es el del Covic. Era errado que tratasen de imponer que se vacunase el 100% de la población, puesto que de haber algún problema a posteriori con la vacuna, la humanidad se podría extinguir. E igualmente era errado que algunos rebeldes (10%) o miedosos (el otro 10%, redondéo para hacerme entender) tratasen de imponer su miedo o su rebeldía al 100% de la población, porque ocurría lo mismo ya dicho: que sería poner todos los huevos en la misma cesta, con el consiguiente peligro de que todos se chafasen. En este caso, como en casi todos, hay que dejar hacer a la naturaleza. No imponer nada al 100% y de manera taxativa. Quizás nuestro miedo y rechazo a las dictaduras provengan de tratar de mantener esa regla evolutiva, o cuanto menos no ir contra ella, puesto que estas anulan toda posible divergencia o toda postura que no se alineé a la del dictador o el Estado.
En cierta forma nunca se puede contradecir la regla de oro de Aristóteles, de buscar las posturas intermedias a todo; en uno de los casos dichos arriba predice que no hay que ser ni miedoso ni tan osado como para caer en la imprudencia. En el ejemplo puesto, la mayoría de la humanidad no es ni excesivamente miedosa, ni excesivamente osada. Pero entonces… ¿qué explica el actual estado convulso? En cierta forma los dos extremos tiran hacia su propio lado (conservadurismo o progresismo), tratando de llevarse a la mayoría de los humanos hacia su posición. Esto provoca a que el sistema se polarice o que la campana de gauss se aplane, «engordando» los dos extremos. En ese estado convulso se crean olas de humanos que se mueven de un lado a otro en un recipiente cerrado. O si se quiere tener una imagen…, como ese fue el caso del barco que quería ser volteado, en la película de «Piratas del Caribe», donde la tripulación al moverse a favor del oleaje, impulsaron en extremo la propia tendencia del barco a tambalearse con el oleaje. El resultado final era hundirlo de su estabilidad, pero en la dirección de que diera un giro de 180 grados para volverlo a su «normalidad». Quizás las crisis sólo sean eso: un llevar a sus extremos la situación social y en la dirección que la sociedad se estabilice a su «deseado» centro.
¿Dónde queda la libertad individual en todo este juego?, ¿existe?, yo no elijo ser cobarde u osado. Tomo o asumo mi «destino» (pasividad en Sartre) o en otro caso puedo luchar contra él (compromiso en Sartre). Como la propia vida de Sartre atestigua, su alto compromiso le llevó a equivocarse demasiadas veces, hecho por el cual es ignorado o visto con recelo hoy en día, para una gran mayoría de los franceses, que fueron los que «sufrieron» sus apuestas comprometidas. Igualmente se podrá buscar ejemplos donde el exceso de precaución llevó a errores a tales personas. No se puede sacar ninguna regla o verdad de tales hechos. Es por ello que la evolución no «escoge» tales tendencias como las más validadas.
¿Qué se deduce de lo dicho?, que tal como estructuramos nuestras sociedades, creencias e ideologías, no coinciden con lo que las reglas de los sistemas complejos adaptativos —como así lo es la evolución— parecen establecer. Crear reglas, buscar verdades, tratar de ser coherentes e intentar sacar conclusiones, no pueden ser válidos si nos basamos en lo que queremos creer, frente a lo que la realidad es. Las idealizaciones son sólo eso: idealizaciones.
❝La tradición de todas las generaciones muertas, pesa como una pesadilla en el cerebro de los vivos.❞ Marx
En la actualidad…, ¿vence el nihilismo y el posmodernismo? ¿Cómo salir de este estado de creencias?, o mejor…, de no-creencias. Bajo mi punto de vista la «clave», pero a la vez lo contingente y fatídico, está en la identidad narrativa, aquella que dice y quiere creer que el gato está vivo. Que existe una identidad o agente único bajo todo aparecer. Quizás esto se entienda mejor a través de un análisis arquetípico de la serie «juego de tronos». ¿Qué personaje es el principal?, cuál hace de atractor del caos. La conclusión de la serie puede parecer que es la «verdad de los Stark», los cuales terminan por reinar en cada uno de los reinos (los más simbólicos). El fin vence al mal, el bien es la verdadera naturaleza que hemos de desentrañar de la realidad humana. ¡Conclusión falseada! El atractor de caos de la serie es el personaje de Lord Varys, el eunuco que siempre está detrás de muchas de las tramas que después se suceden. Tal personaje no cree tener una identidad. «Construye» una a partir de una idea: el reino tiene que prevalecer y tiene que ser lo más estable posible; los medios no importan, pero tampoco tienen que ser tan extremos como para que dañe la imagen de lo que ha de ser un reinado. A tal empresa, y bajo las mismas premisas, se une a lo largo de las temporadas el enano —concepto usado para hacerme entender— Tyrion Lannister, el único que sobrevive porque se ha adherido a la «verdad de los Stark», e igualmente y más tarde Jaime Lannister (aunque siempre fiel al amor incestuoso hacia su hermana), pero que en realidad es la verdad sustentada por Lord Varys. La verdad, en ese caso, no es real —los Stark—, sino transfenoménica…, puesto que no es lo que el humano es, sino lo que este debería de ser, o aquello por lo que habría que luchar.
(Al buscar el nombre del eunuco —en su momento, este escrito lleva parado más de un mes—, me encontré un artículo que defendía la misma postura que yo digo aquí…, he perdido el enlace. Buscando ahora encontré otro, o sea que es algo que de común han pensado bastantes/muchas personas.)
¿El problema?, que cada persona o cultura tiene una idea distinta de aquello que tendría que ser lo humano, lo que de nuevo me devuelve a la idea de que no existe la verdad, y que la «construimos» a partir de la idea que cada persona o cultura cree que ha de ser la humanidad. No hay forma de desenredar el ovillo, es una realidad —que cual uróboros— se muerde a sí misma por la cola. Busca la verdad, pero sólo encuentra que esta es buscándose, sin que remita a nada externo a tal círculo cerrado. Buscamos una esencia y sólo descubrimos que somos en tanto que no tenemos esencia. Esta realidad no define nada, define, si acaso, la no-esencia. Se encuentra como sólo buscándose, mordiéndose la cola de esa nada impertérrita y muda. Yo lucho contra el feminismo y esa lucha me define, pero en realidad deja intacta la «verdad» porque sólo me define tratando de negar una realidad —identidad— a tal movimiento. Yo no soy, como tampoco el feminismo es, y sólo soy en tanto que niego el feminismo, mientras a la vez el feminismo niega los paradigmas que, como los que yo, niegan al feminismo. Tratarnos de crearnos una identidad al negar las premisas de aquellos que creemos que niegan nuestra identidad, y esa parece ser la «única realidad», la de ser en tanto que nos negamos a que nos nieguen. Negando «verdades» que nuestros otros creen tener, no afirmando tener por ello una verdad nuestra y vinculante a alguna realidad, sino en tanto que no somos lo que la otredad cree creer.
O quizás la «verdad» es más sencilla que el aparente galimatías del párrafo anterior. La evolución sigue unas reglas, al modo que un pastelero retira los dulces que han quedado chafados, y sólo deja los más vistosos y sabrosos. No tiene una meta en tanto que no tiene un origen o sentido, bajo la premisa que lo cánido no existía en un cielo platónico que se realizó en la tierra. De los tantos documentales de animales que he visto, siempre me ha sorprendido cómo selecciona la hembra a sus parejas. Cómo para lo que mis ojos son dos machos que hacen lo mismo o equivalente, la hembra selecciona a uno y rechaza al otro. En otro caso una loba tenía una pareja fija, pero de repente y ante los ojos de su «amante», eligió a otro macho distinto, haciéndole ver que no era algo permanente. Le decía algo así a «no puedo poner todo los huevos en la misma cesta», he de seleccionar una variación genética para poder seguir la regla que me dicta mi instinto». Al macho «fijo» se le notó contrariado, pero aceptó la disposición de la loba, sin guardar ningún resentimiento hacia el otro macho. A lo que quiero llegar es que ningún animal «medita» sus acciones tanto como el hombre, quizás nosotros tampoco lo hagamos y sea eso lo que queramos creer. Lo que la evolución crea son emociones o sensaciones positivas y negativas, pensamientos. Y son las emociones, sensaciones e intuiciones las que nos suelen guiar. Una emoción puede parecer nueva en lo humano a través de los sentimientos, pero tales afectos tienen dos lados, el emocional y el racionalizado. Seguramente el que más peso tenga sea el emocional. Igualmente ha de ser el más «real», en tanto que lo ha creado la evolución durante eones de tiempo, mientras que el racional se «maneja» a través del lenguaje, donde este medio es demasiado frágil e intangible. Esto es: las palabras nacen y mueren en unas décadas o años, a veces incluso en unos días, pero lo que siempre queda es el substrato emocional de toda palabra o mensaje a través del lenguaje corporal.
Hace un tiempo que no leo y mi memoria está borrosa, pero revisando los títulos de los últimos libros que leí, creo que fue Robert Wright el que dijo que lo que la hembra selecciona son módulos comportamentales. Modos de comportamiento que están relacionados con ciertas partes de los cerebros. O sea, la honestidad no puede reducirse a una zona del cerebro, donde si te la extirpan la pierdes, pero sí puede ser cierto que sea una parte de este el que lleve la mayor parte de esa forma de comportarse. Pero esto no es muy distinto a lo que yo digo de que la evolución «maneja» y crea conceptos, como en este caso es la honestidad. Tal palabra es demasiado humana, quizás el concepto habría que definirlo por su contrario: como aquel comportamiento que no es engañoso. La trampa o el engaño sí es un concepto que maneja la evolución, tal como así se expresa en el camuflaje y otros modos fisiológicos de engaños a la vista, que al final conllevan ciertos tipos de comportamientos tramposos. Las hembras, en ese caso, «eligen» la pronunciación de ciertos comportamientos, que implican a unas partes del cerebro sobre otras, que implican seleccionar un tipo de cerebro sobre otros. Pero ahí está el caso que si la humana sólo «escogiera» la honestidad, lo tramposo ya no debería de existir en lo humano, luego al seguir la regla de «no poner todos los huevos en la misma cesta», que parece ser universal en la vida, los tramposos siguen existiendo.
Pero aún no hemos llegado al fondo de toda la cuestión, sólo hemos visto lo más evidente. Al ser animales sociales no queda en «manos» de la hembra toda la selección. En casi todo animal de una sociedad compleja, al individuo que rompe alguna regla tácita dentro de su especie, se le rechaza y se le expulsa de la manada. Tal individuo ya no podrá procrear, o por lo menos a simple vista, con lo que la hembra ya tendrá menos peso a nivel selectivo. Sigue siendo una mirada sencilla a tales complejidades. Si la primera selectora es la hembra, las sociedades complejas se crearon bajo las primeras reglas del tipo de selección de las hembras, luego el «lenguaje» de las hembras siempre subyace dentro de las sociedades complejas (esto aún tiene su vuelta de rosca). O sea, y para simplificar, si yo tengo como primer parámetro seleccionar los números pares, rechazo en esa elección a los impares, ¡claro!, pero a la vez al final esa sociedad de números pares podrá crear sus propias reglas, como rechazar los números de caligrafía angulosa como el 4, pero la base social parte de haber rechazado en primer lugar a los impares. La vuelta de rosca que quedaba pendiente es el macho y las violaciones o el rechazo de que sea sólo la hembra la selectora. Bajo tantas variables… ¿cómo tratar de deducir alguna regla?, o cuanto menos cuál es la que manda en lo humano. O para ir al caso, los humanos menos honestos es más posible que sean los que más riquezas puedan llegar a tener en posesiones, que a su vez serán los que podrán tener una mayor cantidad de descendencia. Juegan a tres cartas: algunas hembras lo seleccionan (selección sexual reglada por la evolución), pero a la vez «compra» a algunas hembras y a otras las domina por la fuerza. Ese pudo ser el caso de Gengis Kan, al cual se le atribuye ser el ancestro de alrededor de dieciséis millones de humanos en la actualidad.
(Estas dos ventajas, la de la hembra al ser selectiva —selección sexual— y la del hombre: expandir más rápida y profusamente su apuesta —principio de Bateman— , es una de las luchas de los dos sexos, que existe desde que nació la sexualidad como apuesta reproductora.)
A estas alturas todas las líneas fronterizas de alguna verdad han quedado borradas o cuanto menos se han vuelto demasiado difusas. Las reglas evolutivas se siguen de forma férrea fuera de los animales sociales, donde las hembras prefijan casi todas las reglas, pero en cuanto entra en juego lo social, las reglas se vuelven más complejas cuanto más complejas sean tales sociedades. ¿Llega algún momento, por ello, en el que la evolución deja de jugar sus cartas? ¿Es ese el caso del humano? A lo que quiero llegar es que las derechas en cierta forma pueden tener razón al tratar de asentar que tales reglas existen, pero a la vez las izquierdas también tienen su cupo de verdad, en tanto que las sociedades humanas son tan complejas como para que tengamos más de moldeables que de esencias. ¿Hacia que tenemos que tender o apostar? La apuesta de las derechas, que es la «seleccionada» por el eunuco de juegos de tronos, es que aunque ya no tengamos una naturaleza, hemos de comportarnos como obedeciendo a lo mejor de una hipotética naturaleza humana. O para ser más claros…, durante la Edad Media y en una mezcla de las ideas cristianas y de lo que ha de ser un buen macho a nivel evolutivo, se creó el concepto de noble y la nobleza, donde por tales reglas tales personas se exigían a sí mismas un modo de comportamiento. Frente a tal distingo existía el vulgo, en el cual se daba esa amalgama confusa, que he nombrado arriba, en donde la sociedad se ha vuelto tan compleja (caótica) que ya no parece obedecer a ninguna regla…, ni a las evolutivas ni a las sociales. De esto es «testigo» el hecho que sean las ciudades más grandes donde mayor delincuencia se da. En cierta forma en los pueblos pequeños aún se siguen las reglas evolutivas y de lo que era el humano en sociedades pequeñas y con unas reglas sencillas, mientras que cuanto más crece una ciudad más parecen desdibujarse todas las reglas…, tanto las naturales como las sociales.
La «inocencia» de las izquierdas es pensar que el vulgo, que la masa, se comportará «bien», si se le da todo lo necesario para vivir cómodamente, pero tal como queda demostrado en las actuales redes sociales, esa idea es demasiado ingenua e imposible. Quedan por tanto dos ideas, o gobernar con «mano de hierro», legislando todo lo posible, o retomar ideas tan aparentemente caducas como la de la nobleza, o la búsqueda de cierta rectitud en nuestros comportamientos. O dicho de otra forma…, retomar los conceptos de las virtudes, ligadas a las religiones y bajo ciertas ideas esencialistas. O en definitiva…, las actuales sociedades viven bajo la idea de que la no nobleza no obliga, o dicho de otra forma, que lo más importante es la libertad, sin casi límites o sólo sobre aquello que la ley nos imponga. ¡Claro!, en los hechos, como no se «eligen» las obligaciones de lo que es lo noble, a los Estados no les queda otra que operar con mano de hierro, tratando de legislar todo lo que sea posible (las vallas de impedimento para los peatones, o los realces en el asfalto para que los conductores se vean obligados a reducir la velocidad, como ejemplos). Pero, ¿al final no es lo mismo?, no se llega al mismo resultado. No, puesto que las leyes son tomadas por imposiciones, mientras que tratar de ser noble es algo que uno mismo ha de elegir…, o de vuelta a Lord Varys, el eunuco, uno ha de elegir tomar cierto papel en la sociedad, por el bien de la sociedad, que al final va a ser bueno para cada uno de los individuos que la compongan. O visto bajo otro ángulo, la identidad narrativa no es «real», no como la piedra a la que podamos dar una patada, pero lo es en tanto que al «revestirnos» de ella, es a esta a la que hemos de ver como real. En cierta forma es a la «conclusión» a la que llegó la evolución y es por ello que las personas que tienen a tal rasgo como el principal, no sean sensibles a que viven bajo tal engaño, ya que toman tal identidad como la única y real. Creen ser un yo, y que este yo o identidad mueve todos los engranajes de su ser; ser que es lo nuclear de lo humano. Que tal núcleo es nuestra alma. Por el contrario hay personas —los realistas depresivos entre ellos— que no creen en tal tipo de identidad y sólo se ven como una amasijo de módulos cerebrales, los cuales cada uno de ellos tienen su propio criterio y «alma». O para tratar de ser más claro: la identidad narrativa es el traje del emperador, del cuento de Hans Christian Andersen, mientras que los realistas depresivos, entre otros, son el niño que ven desnudo al rey. Yo siempre he defendido la visión del niño, pero viendo hacia donde está yendo la sociedad, ahora me postulo al lado de Lord Varys, y ante la creencia que hemos de respetar que el emperador se crea vestido. Elijo la nobleza, porque quiero a mis hijos bajo la creencia que están vestidos, pues la total desnudez sólo crea caos y nihilismo…, ingobernabilidad, y al final las dictaduras, ante la imposibilidad de que la sociedad mantenga un orden mínimamente cómodo para vivir en ellas.
Ned Stark: Dime algo Varys, ¿a quién sirves realmente?
Varys: Al reino, mi señor. Alguien debe de hacerlo.
(Reino y narrativa son lo mismo en tal frase. En otro caso podría haber dicho «a Dios», pues el reino era la representación de Dios en la tierra, idea propia de los conservadores y los religiosos.)
¿He dicho algo?, se deduce alguna verdad. ¿Cómo ha de ser una verdad tal, si es un constructo? Si uno la elije y no es naturaleza. O sea, lo real es mi piel, pero con lo que me vista puede ser real, cuando lo tengo puesto, y no real, puesto que me la quito y la puedo quemar sin por ello perder nada de mi realidad. O de vuelta al párrafo anterior. ¿Cómo es el traje del emperador si no es real y cada uno se lo puede imaginar como quiera?, o en el caso de la ideación de Lord Varys, cómo ha de ser un reino si nos hemos de imaginar cómo es un reino ideal. Evidentemente estoy hablando de las culturas y sus guerras. Cada cultura —o cada ideología o religión— se creen en la verdad, mientras que las otras se engañan. Lo que he «descubierto» arriba no es nada si casi cualquier cosa se adapta a tal premisa.
Vamos a dar dos giros para ver el mismo tema bajo otros ángulos.
1. ¿Qué es una decisión? Es la toma de un camino y/o actitud a seguir a partir de evaluar distintas posibilidades. Se supone que tal elección elige lo mejor a partir de contar con todo los datos posibles. Esta reducción es una regla, una «verdad»…, la estructura de la decisión, pero ¿dice realmente algo de alguna verdad? Por las decisiones que toman nuestros políticos y cada uno de los países sobre el conflicto de Ucrania y Rusia, se puede deducir que ningún gobernante o país se ha mantenido firme ante ciertas decisiones. Sí una de ellas…, la de tomar postura al lado de un bando u otro (y no siempre), pero no sobre otros aspectos del conflicto. Todos los países y gobernantes han tenido que ir adaptando sus decisiones dependiendo de las circunstancias. Se me antoja que tales estructuras se pueden asemejar al andar, y en el caso humano al bipedismo. La estructura (verdad) son las piernas y el sistema de equilibrio del cuerpo, pero cada paso, en espacios naturales complejos, parten de algo externo como el terreno, en donde los dos «sistemas» ponen e imponen sus propias reglas. Lo fijo es el terreno, lo moldeable, lo adaptable, es el andar. Si se anda por un paraje de altas hierbas que además es rocoso, y donde tales desniveles no se pueden ver, el andar tiene que ser lento y precavido. Si se está en un llano no pedregoso se puede incluso correr.
Creemos tener verdades cuando lo que estamos haciendo siempre en la vida es andar por terrenos pedregosos a los que nos tenemos que ir adaptando. Bajo mi punto de vista, a la biomecánica de nuestro sistema esquelético-muscular no se le puede considerar una «verdad» per sé, luego nuestro andar se basa más en su adaptabilidad que a una «verdad» subyacente. De hecho constantemente nos ponemos a prueba e intentamos distintas cosas al andar por sitios de mucha dificultad, casi ignorando los límites que tenemos como conjunto esquelético-muscular (pongo como ejemplos a las bailarinas de ballet y su posición de puntillas sobre un solo pie, o lo que es capaz de hacer un escalador en una escarpada y vertical montaña).
—Creo que tus argumentos son endebles. «Somos» esa estructura esquelético-muscular, esa es nuestra verdad, los tanteos sobre el terreno siempre son a partir de tal estructura.
—Claro, a lo que quiero llegar es a algo muy abstracto que quizás no quede demasiado evidenciado desde el primer punto de vista. Vayamos al segundo.
2. El juego «Craft The World», como otros, se basa en que sólo está iluminado el terreno que ya has visitado. No conociendo qué hay más abajo (puesto que se basa en ir haciendo minas). Pongamos, para simplificar, que la «verdad» que vas descubriendo son totales de los números que vas encontrando. Se encuentra un número y los sumas, y en ese momento tu verdad es «220». Si discutes contra otro jugador, en su otro mundo, él te dirá que no es 220, sino 240. La «verdad» varía puesto que como es un juego «sand box», los terrenos nunca son iguales. ¿Qué es la verdad si para ti es una, y es otra para el otro jugador? Cada persona nace dentro de una cultura, con su único ADN, dentro de una época, con un género, en una condición social, etc. ¿Cómo hacer ver a otro tu propia verdad si la suya no es la misma? Nos agrupamos en la medida que nuestros mapas mentales sean lo más iguales posibles, pero nunca pueden llegar a ser iguales. Ahí están todas posibles variantes del feminismo, de la izquierda o incluso de lo que ha de ser el cristianismo. Da igual que pueda haber una realidad subyacente, —las personas de Derechas, dadas unas particularidades de sus cerebros, y al final, quizás, de una tipología del ADN— si como conclusión unos y otros se pueden llegar a matar por sus ideas y diferencias, o entrarán en liza, como ese es el caso de las distintas izquierdas durante la convulsa primera mitad del siglo pasado, o de las distintas interpretaciones del cristianismo desde sus inicios.
(El mapa completo al descubierto es la vida de cada uno. Los jóvenes se equivocan al deducir que su «número» es la verdad de lo humano. Hay que esperar a envejecer para estar más cerca de ver toda la realidad humana. Una mujer que no es madre no debería denominarse feminista, pues no ha visto aún su/el mapa —o de la realidad femenina— al completo.)
La estructura básica de la condición humana no es tan estructurante como para sentirnos dentro de un todo, frente a las pequeñas diferencias, que se vuelven mayúsculas, dentro de lo social. De nuevo el tema de las Derechas y las Izquierdas, las dos partirán de puntos de vista tan alejados de tales estructuras, como para que no se entiendan y entren en lucha. Visto así, en lo humano, sólo existe la interpretación de tales estructuras y a partir de las pequeñas variaciones con las que cada cual nace —y se ha estructurado en su niñez: cultura, ideología, lenguaje…—, las cuales ya balancean en algo tales visiones.
Fin narrativo. Ya están echadas todas las cartas sobre la mesa. Ninguna verdad sale a la luz, excepto lo esquiva que es. La relatividad, el escepticismo, vencen. De ahí al nihilismo sólo hay un paso. Volvamos a Juego de tronos y a Lord Varys. Este apostó por Daenerys Targaryen, la madre de dragones, pero en la última serie se volvió egoísta, iracunda y caprichosa. Varys muere ante el dragón, y ante la idea de que había traicionado a su reina, Daenerys, al desvelar el origen de Jon Nieve. Lord Varys, así, como buen pie que se adapta al terreno, trató de cambiar su lealtad hacia Jon Nieve, pero se torció ante el hoyo que le puso el «destino», y su adaptabilidad le pasó factura. La vuelta de rosca de esta trama es que los Stark no son la verdad del reino, quizás esa generación que conocemos, o quizás por algunos años, pero sin saber nunca cómo serán los siguientes años y las siguientes generaciones. ¿El «bien, la verdad y la belleza» es la estructura última?, ¿dónde está escrita tal «verdad» si la evolución sólo es adaptación. En otros animales su «fealdad» o su fiereza llegando a lo cruel son su «verdad». La única «verdad» es la continuidad de la especie…, contra «viento y marea», contra todo lo que queramos creer noble, bello y bueno…, y en donde en tiempos de guerra, quizás, no haya un ser más despreciable sobre la tierra que el humano. ¿Por qué pensar otra cosa?, que alguien me demuestre que me equivoco.
Conclusiones últimas. La evolución, en su jugar a no «poner todos los huevos en la misma cesta», crea tipologías humanas opuestas. Unas no tienen por qué ser mejores en el «gran orden universal» de nada, esos valores los pone cada individuo y cada cultura. En un ejemplo, la ciencia ha descubierto que «las personas más propensas a divagar» son mejores para el cambio de tareas, para el pensamiento en paralelo y la multitarea. En la actualidad se impone la idea de que tenemos que ser unas personas centradas y focalizadas a un solo trabajo y meta. En cierta forma el sistema «castiga» a las personas que divagan (vagar, vago), ya que todo el tipo de enseñanza está dirigido al segundo tipo de humano: el centrado y monotarea. Y bajo esta misma idea, cualquier otra característica humana. Cuando se junta la idea básica evolutiva de «no poner todos los huevos en la misma cesta» y lo social, los humanos que son distintos, y en colaboración, suman factores que hacen que tal grupo poco heterogéneo sea más óptimo para prosperar. O sea, y es algo evidente, ¡lo sé!, es la disparidad de formas de ser —individualidades— lo que nos hace unos animales y sociedades especiales. Dos escarabajos harán casi siempre lo mismo y de la misma forma. Un animal es más individual cuanto más inteligente sea. Nuestros gatos y perros no se comportan todos iguales en iguales circunstancias, son más individuales, más caóticos, más divergentes, más impredecibles…, más divertidos ante su aleatoriedad.
¿Por qué se empeñan que hombres y mujeres seamos iguales?, quizás lo amable —hasta llegar a lo deseable, aunque a veces también a lo odiable— del otro sexo sea su impredecibilidad. Vamos a visitar otras culturas por lo distinto a la nuestra, no por sus similitudes y lo que nos iguala. ¿Nos reconocemos en nuestras diferencias?, o nos reconocemos en esa estructura intangible y poco validadora de algo, pero que en definitiva sea aquello a lo que podamos llamar «humano». Quizás al final todo se reduzca a aquello de «nada de lo humano me es ajeno», bajo la rúbrica que eso humano es tanto su parte buena como su parte mala…, lo excelso de su belleza, pero también su fealdad. Lo errático de su verdad, pero también lo fatídico de que para el resto de los animales sí poseemos una naturaleza, y por ello una «verdad» transfenoménica y bajo el signo de que es la especie lo que ha de sobrevivir. El nihilismo es nuestro único enemigo, hay que apostar por «verdades», como Lord Varys, aunque en ello nos vaya la vida. Equivocarse nos define como humanos. Nos equivocamos porque no hay caminos —verdades— y estos se hacen al andar. Al luchar, sea el que luche y por lo que luche, se lucha inevitablemente por mantener y mejorar la especie. El nihilismo, la muerte del relato, es el único peligro de la especie. Hay que poner fe en Lord Varys, aunque este a veces se equivocase.
No he dicho nada. Cada uno tomará para sí lo que coincida con su propia verdad.
Offtopic. Este pretende ser mi último escrito. Quizás escriba en otro lado para descubrir las estructuras humanas, pero mi tipo de apuesta es la de no ser como Lord Varys, apostar para al final poderme equivocar, y puesto que los que dudamos también somos «otros huevos» en otra cesta (otros verán que estoy siendo «un» Lord Varys, y sí creo y lucho por algo, pero he decidido dejar que las piezas del puzle encajen por sí solas en ese «gran todo»). Somos algún diez por ciento en alguna curva de Gauss. No somos el monto dentro de la curva, sino lo «raro» dentro de la masa.
Me salgo de toda lucha porque sólo hace que incrementar mi acritud y odio, y no creo que sea sano en una mente que ya de por si no tiende a lo sano. El mundo, y sobre todo las redes sociales, vamos hacia ello, pues es el camino —destino— de toda crisis: el llevar a tal grado la estigmatización del otro, como para llegar a deshumanizarlo y matarlo…, llegado el momento. No me creo más sabio, o en una postura más acertada o la correcta. Sólo es una decisión personal, y quizás egoísta. Mi escepticismo me hace quedarme de lado de todo, sigo «mi naturaleza».
En el vídeo enlazado abajo, del extraño Fabián C. Barrio, crea una hipótesis similar a la mía de la «verdad» sobre dos ejes, que yo plasmé en el escrito «el mundo es como tú crees que es» del 19 de abril, y que es anterior al del YouTuber. Seguramente sólo es una coincidencia, además Fabián lo referencia con respecto a individualidad y colectivismo, pero claramente el primero es más extrapolable al hombre y lo segundo a la mujer.
(Ventana de Overton o curva de Gauss hablan del mismo concepto, bajo distintos nombres. Hablan de dónde se posiciona o está la mayoría humana.)
Otro YouTuber interesante que he encontrado hace poco es Proxy. Con un desmerecido bajo número de seguidores y visitas. Lo estoy desentrañando; bajo sus audios y los analizo sin los vídeos…, habla igualmente de dos ejes. Tenemos muchas similitudes.
(Falta algún gráfico. Ya para mañana. No tengo ganas de poner enlaces.)

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